sábado, 14 de febrero de 2026

Dependencia política y violencia regulada: la policía que no cambió en Santa Fe

La reciente protesta salarial expuso las tensiones estructurales de la fuerza, su relación con el poder político y judicial, y la dependencia del gobernador Maximiliano Pullaro de un sistema que nunca fue profesionalizado, según analizó Enrique Font en Señales
Crisis salarial y tensiones estructurales: un problema mayor que los sueldos
La tensión salarial que atravesó esta semana a la policía de la provincia de Santa Fe volvió a poner en primer plano un problema que, para Enrique Font, excede largamente la discusión por los sueldos. Exsecretario de Seguridad Comunitaria del Ministerio de Seguridad provincial, máster en Criminologías y profesor en la Universidad Nacional de Rosario, Font es una de las voces que más ha estudiado la trama compleja que une a la policía santafesina con la política, la Justicia y el fenómeno de la violencia en Rosario.

El acuerdo salarial alcanzado por el gobierno provincial —que incluyó aumentos pero mantuvo una porción significativa de los ingresos en carácter no remunerativo— cerró formalmente el conflicto. Sin embargo, para Font, lo que quedó expuesto fue mucho más profundo que un reclamo coyuntural. La protesta, extendida en distintas ciudades de la provincia, reveló no solo el malestar por los ingresos sino tensiones estructurales dentro de la institución policial y en la propia política de seguridad.

El contexto económico y la relación con otras fuerzas
Una primera lectura, admite, podría inscribir el conflicto en un marco más amplio: la policía forma parte de ese 70% de trabajadores asalariados que, bajo el gobierno de Javier Milei, perciben menos de un millón de pesos mensuales. Esa realidad golpea al conjunto del empleo público —salud, educación y fuerzas de seguridad— y constituye el telón de fondo del reclamo.

Pero en Santa Fe, advierte, intervienen otras variables. Font señala que el actual gobernador, Maximiliano Pullaro, ya había ocupado cargos clave en materia de seguridad cuando fue ministro durante la gestión de Miguel Lifschitz. En aquel entonces, recuerda, Pablo Cococcioni se desempeñaba como secretario. Durante la campaña y luego al asumir la gobernación, Pullaro apeló —según su análisis— a una retórica de demagogia punitiva, una narrativa de inspiración "bukeleana", un "bukele de utilería", ironiza, que colocó discursivamente a la policía en un lugar central.

Sin embargo, ese protagonismo fue más retórico que estructural. Ni cuando fue ministro ni ahora como gobernador —con Cococcioni al frente del Ministerio de Seguridad— se impulsaron transformaciones profundas dentro de la fuerza. Y para Font, allí reside uno de los núcleos del problema.

Reformas estructurales que nunca llegaron
Las policías argentinas, explica, arrastran conflictos históricos y en distintas provincias se ensayaron reformas destinadas a ordenar y profesionalizar su funcionamiento: modificar estructuras de gestión, mejorar condiciones laborales, diseñar carreras con incentivos claros, vincular ascensos a formación y capacitación, y aproximar su lógica organizacional a la de otras burocracias estatales como salud o educación, sin perder la especificidad del trabajo policial.

Nada de eso —subraya— ocurrió en Santa Fe. Profesionalizar implicaría, por ejemplo, construir una carrera policial con formación sistemática, generar incentivos para capacitarse y atar los ascensos a ese proceso. Del mismo modo que en educación se estimula la formación continua, la policía debería contar con mecanismos similares.

También menciona la necesidad de revisar el régimen laboral. Aunque los agentes pueden realizar horas adicionales en otros empleos, persiste una lógica heredada de estructuras militarizadas que habilita las "recargas" de servicio: extensiones obligatorias de la jornada por decisión jerárquica, cinco horas más que no estaban previstas en la planificación diaria. A eso se suma la falta de previsibilidad en los horarios y la dificultad para regresar a sus lugares de origen.

Desigualdad y falta de vocación profesional
El reclutamiento, señala, se concentra en el centro-norte de la provincia, donde el acceso al empleo es más limitado, mientras que buena parte del desempeño se da en el centro-sur. Esa ecuación revela, a su entender, un problema adicional: la institución no resulta atractiva como opción laboral. "Tenés que estar embromado en términos de acceso al trabajo para ir a la policía", resume, describiendo una fuerza que no logra seducir perfiles diversos ni consolidar vocaciones profesionales.

El bajo desempeño investigativo y la brecha en esclarecimiento de homicidios
En ese marco, el discurso pro-policial del gobernador aparece, para Font, como una narrativa vacía. Sostiene que el respaldo político se traduce más en gestos hacia afuera —presiones sobre el Poder Judicial en casos de uso de fuerza letal o advertencias públicas ante investigaciones por delitos graves— que en una transformación real de las condiciones estructurales de la fuerza. La policía, afirma, ha sido utilizada políticamente, aunque el sentido de ese uso quedaría por desentrañar.

El conflicto salarial, entonces, no es un hecho aislado sino la expresión de una crisis más profunda. Santa Fe, dice Font, es considerada por numerosos especialistas como la provincia con la peor policía del país, no solo por sus déficits de formación sino también por su desempeño. Y ofrece, antes de enumerar indicadores concretos, una advertencia implícita: sin reformas estructurales, cualquier acuerdo salarial será apenas un parche sobre una institución atravesada por problemas mucho más hondos.

La radiografía que traza Enrique Font sobre la policía santafesina se vuelve todavía más cruda cuando la compara con otras fuerzas del país. No se trata solo de una percepción académica ni de una crítica política: los números, afirma, exponen una brecha difícil de justificar. La policía de Santa Fe, sostiene, no esclarece los delitos más graves con la eficacia que muestran otras jurisdicciones.

El indicador más utilizado para medir la capacidad investigativa es el porcentaje de esclarecimiento de homicidios dolosos. Allí la distancia es notoria. En provincias como Córdoba o Buenos Aires, las policías logran identificar sospechosos en nueve de cada diez asesinatos. El proceso judicial posterior —si hay condena o absolución— es otra discusión, pero la identificación del presunto autor se concreta con rapidez. En Santa Fe, en cambio, el número desciende, en el mejor de los casos, a seis de cada diez. Y hay años en que la cifra es aún menor.

La brecha no es solo cuantitativa, también es temporal. En Córdoba y Buenos Aires, los sospechosos suelen ser ubicados y puestos a disposición de la Justicia en plazos relativamente breves. En territorio santafesino, en cambio, se acumulan expedientes que pasan años sin responsables identificados. Hay crímenes graves que permanecen en esa zona gris: el hecho está esclarecido en su materialidad, pero los autores no aparecen.

Cuando se indaga en las razones de esa ineficacia, la explicación que surge desde los barrios —dice Font— es inquietante. Se habla de pagos mensuales, de "arreglos" para no ser identificados o para evitar ser vinculados a un hecho delictivo. Se paga para desaparecer del radar. Se paga para que una investigación se estanque. Esa lógica de regulación informal atraviesa, según su mirada, distintos niveles del delito.

Casos emblemáticos y gestión de la violencia
El asesinato de Luis "Pillín" Bracamonte, líder de la barra brava de Rosario Central, fue un punto de inflexión. El crimen puso bajo la lupa a una organización que, según recuerda, llevaba años bajo observación policial y judicial: la banda conocida como "Los Menores", originada en el barrio 7 de Septiembre de Rosario. Con el tiempo, algunos de sus líderes —incluso detenidos— extendieron su influencia y se movían entre Rosario y barrios cerrados de la Ciudad de Buenos Aires. Bracamonte había advertido públicamente quiénes querían matarlo y que ya habían intentado hacerlo. Tras su asesinato, la presión pública derivó en la detención de algunos integrantes de la banda. Pero el hecho, para Font, evidenció algo más profundo: estructuras criminales conocidas que operaban durante años sin desarticulación efectiva.

El problema no se agota en la eficacia investigativa. También atraviesa el apego a los derechos humanos. La policía santafesina, recuerda, fue la que más personas mató durante la represión de diciembre de 2001. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires hubo cinco víctimas fatales en las protestas de aquellos días, en Rosario se registraron siete —o incluso ocho, según algunas discusiones estadísticas—. Si se pondera la cifra por cada 100.000 habitantes, el impacto rosarino resulta mucho más alto.

La diferencia, subraya, también estuvo en las consecuencias institucionales. Por los hechos ocurridos en Buenos Aires fueron llevados a juicio el entonces presidente Fernando de la Rúa, su ministro del Interior y el jefe de la Policía Federal. Hubo condenas para algunos mandos. En Santa Fe, en cambio, prácticamente no hubo responsabilidades políticas. Apenas unos pocos policías fueron juzgados por hechos puntuales, como el caso de Claudio "Pocho" Lepratti. El contraste dejó la impresión de una fuerza habituada a la impunidad judicial.

Esa es, según Font, la institución sobre la cual el actual gobernador construyó su política de seguridad. Maximiliano Pullaro capitalizó políticamente la reducción de los homicidios registrada en 2024, sobre todo en Rosario. La tasa, que había superado los 20 homicidios cada 100.000 habitantes —con picos de 22 y 23— descendió a un valor apenas superior a 10. La caída es significativa y constituye, admite, un dato objetivo.

Sin embargo, la pregunta que abre Font es cómo se logró esa reducción y qué costos o efectos colaterales implica. Porque mientras los homicidios bajaron, los robos no siguieron el mismo camino. Por el contrario, sostiene que aumentaron, aunque las estadísticas oficiales no siempre lo reflejen con claridad. Basta —dice— recorrer la ciudad para advertirlo, tanto en barrios populares como en zonas de clase media y alta.

La baja de homicidios en Santa Fe no desarticula el narcotráfico: la policía regula el delito más que erradicarlo
El negocio de la venta de drogas, además, no parece haber sufrido un golpe estructural. Cambiaron algunas modalidades: se clausuraron ciertos "búnkeres" y se expandió la modalidad de delivery. Pero la actividad continúa con relativa estabilidad. Si la violencia letal descendió sin que el mercado ilegal se desarticule de manera visible, ¿cuál es la explicación?

Font apunta a dos decisiones clave adoptadas al inicio de la gestión. La primera fue la aprobación, con amplio respaldo legislativo, de la adhesión a las leyes de narcomenudeo, que habilitan a las fiscalías provinciales a intervenir en delitos de drogas a pequeña escala. Se trata de una facultad prevista en la legislación federal, pero muy cuestionada en distintas provincias. Estudios realizados en lugares donde se implementó —como Buenos Aires, Córdoba o Chaco— muestran, según explica, que no debilitó a las estructuras superiores del narcotráfico. En cambio, llenó las cárceles de eslabones bajos, "perejiles", y afectó de manera particular a mujeres involucradas en tareas menores dentro de las redes.

Santa Fe siguió ese camino. En paralelo, señala, se consolidó un control más directo del Poder Ejecutivo sobre el Ministerio Público de la Acusación. Aunque históricamente nunca fue completamente independiente del poder político, en la actual gestión —a través de concursos y designaciones— su alineamiento sería más evidente.

En ese contexto, la policía adquirió una herramienta que antes no tenía con la misma intensidad: la capacidad de regular el negocio minorista de drogas en articulación con fiscales provinciales. El mensaje implícito, describe Font, sería claro: se puede vender, se puede pagar, pero no se puede disparar. Si alguien desborda ese acuerdo tácito, se activan allanamientos y causas que desmantelan el punto de venta.

Desde esa perspectiva, la baja de los homicidios estaría vinculada menos a una reforma estructural y más a una forma de administración del mercado ilegal, donde la violencia se contiene para evitar escaladas que perjudiquen la estabilidad política. No se trataría de la erradicación del delito, sino de su regulación.

Font reconoce que hubo otros factores. Cuando se estudió el aumento extraordinario de homicidios en Rosario durante los años más críticos, aparecieron múltiples causas: falta de esclarecimiento, prófugos que nunca eran capturados, descoordinación entre agencias. También pesó, añade, el funcionamiento deficiente de la Justicia Federal, responsable de investigar delitos complejos vinculados al narcotráfico. Esa ineficiencia contribuyó a la consolidación de organizaciones criminales que operaron durante años con márgenes amplios de acción.

La reducción actual de los homicidios, entonces, no puede analizarse de manera aislada. Para Font, forma parte de un esquema más amplio donde la policía, lejos de haber sido profesionalizada o reformada, continúa operando con lógicas antiguas, ahora reconfiguradas en un nuevo equilibrio de poder. Un equilibrio que disminuye la violencia letal pero deja abiertas preguntas profundas sobre la calidad institucional, la transparencia y la sostenibilidad de esa aparente pacificación.
Judicialización y zonas grises
El panorama de la justicia y la seguridad en Rosario se complica aún más cuando se observa el rol de los actores judiciales. Uno de los ejemplos más claros es el caso de los jueces federales que se encargan de temas de drogas, especialmente en Rosario. Uno de esos jueces, Marcelo Bailaque, se encuentra bajo prisión domiciliaria, con una condena de diez años pendiente, debido a hechos de corrupción. Es un caso que viene siendo investigado desde hace más de 15 años, y a pesar de las sospechas sobre su falta de idoneidad, su situación solo se ha resuelto recientemente. La ineficiencia del sistema judicial, remarca Font, ha tenido repercusiones directas sobre el funcionamiento de la seguridad y la lucha contra el narcotráfico.

Protesta policial y debilidad del gobierno
La reciente protesta salarial evidenció la dependencia política del gobernador Maximiliano Pullaro respecto a la policía. La fuerza no solo defendió intereses económicos, sino que también mostró su capacidad de presión sobre decisiones estratégicas: se puso en entredicho al jefe de la Unidad Regional 2, el MPA detuvo investigaciones, y el gobierno debió retroceder en varios frentes.

Font subraya que la policía santafesina sigue funcionando con lógicas tradicionales, donde los mandos superiores conservan privilegios y la base enfrenta condiciones precarias. Esto genera tensiones internas, fractura lealtades y condiciona cualquier intento de reforma profunda.

Historial de Pullaro y vínculos con jefes policiales cuestionados
Font recuerda que la relación de Maximiliano Pullaro con el mundo de la seguridad no comenzó en su mandato como gobernador, sino años atrás, cuando era diputado provincial por el sur de Santa Fe. En ese momento, respaldó públicamente a un jefe policial, Alejandro Druetta, sobre quien pesaban señalamientos persistentes: en el ambiente político y judicial era conocido como un hombre con vínculos con el narcotráfico.

Cuando un fiscal avanzó en la investigación, Pullaro lo defendió. Años más tarde, Druetta fue investigado en profundidad y finalmente condenado. Font evita hablar de connivencia penal, pero plantea interrogantes políticos: ¿Fue torpeza? ¿Fue voluntad de no saber? ¿Fue una decisión consciente de acercarse igual a determinados sectores policiales? Las preguntas siguen abiertas, aunque no hayan derivado en responsabilidades judiciales directas para Pullaro.

Este patrón, sostiene Font, no fue un episodio aislado. A lo largo de su trayectoria, Pullaro promovió y ascendió a cargos de conducción a policías “muy cuestionados”. No necesariamente condenados ni formalmente imputados, aclara, pero sí señalados por prácticas poco transparentes desde dentro de la fuerza y desde la política. En algunos casos, cuando finalmente fueron investigados, las sospechas derivaron en condenas. En otros, el Ministerio Público de la Acusación, debilitado y con fuerte influencia del Ejecutivo, operó como un manto de contención que evitó avances judiciales.

Casos paradigmáticos: juego clandestino y estructuras judiciales
Font menciona un caso emblemático vinculado al juego clandestino. El empresario Leonardo Peiti, convertido en “arrepentido”, aportó información que terminó comprometiendo a figuras de peso: el fiscal regional Patricio Serjal, el fiscal adjunto Gustavo Ponce Asahad, un empleado judicial y el entonces poderoso senador Armando Traferri. Estas denuncias no involucraban nombres menores dentro de la estructura institucional, y su investigación derivó en algunas condenas y destituciones.

Peiti también señaló a jefes policiales promovidos durante la gestión de Pullaro, incluyendo al jefe de la Policía de Investigaciones, quien hoy integra el gobierno provincial en un cargo ad honorem destinado a detectar gastos en el Ministerio de Educación. Font destaca que este fenómeno de retornos de retirados a posiciones estratégicas es otro foco de tensión dentro de la fuerza.

Dinámica de retirados y desigualdad interna
Según Font, hay exjefes que viven exclusivamente de su jubilación, que depende del salario de los policías en actividad, y otros que se retiraron con patrimonios millonarios y luego regresaron a ocupar posiciones estratégicas. En una fuerza de alrededor de 24.000 integrantes, en una ciudad donde todos se conocen, estas diferencias no pasan inadvertidas: se sabe quién vive en qué casa, qué vehículo conduce cada uno y cómo evolucionó su patrimonio.

Mientras tanto, la base de la pirámide trabaja en condiciones laborales precarias, lejos de sus familias, con salarios erosionados por la inflación y bajo la lógica de recarga horaria. La desigualdad visible erosiona la cultura institucional y se agrava cuando los agentes deben intervenir selectivamente en la actividad delictiva: cerrar un kiosco porque “se salió del acuerdo” mientras otro continúa operando sin sobresaltos. Font subraya que esta selectividad moldea subjetividades, produce cinismo y fractura lealtades internas.

La policía que Pullaro no transformó
Font define así a la policía santafesina:
  • Utilizada políticamente
  • Dependiente de los objetivos políticos del gobernador
  • Funcionando en lógicas antiguas, adaptadas a pactos tácitos y jerarquías económicas paralelas
  • Sin cambios estructurales ni profesionalización real
La protesta salarial expuso la tensión entre un gobierno que construyó su narrativa sobre la firmeza frente al delito y una fuerza que lo obligó a retroceder. Font insiste: lo que no se hizo cuando Pullaro fue ministro, y lo que tampoco se encaró al inicio de su actual mandato, difícilmente pueda hacerse ahora. Las reformas profundas requieren capital político, acuerdos transversales y tiempo. Según el entrevistado, ese momento ya pasó.

Intentos de reforma frustrados
Font recuerda que Marcelo Saín intentó impulsar una ley de transformación policial que estableciera una política de Estado, sostenida por oficialismo y oposición, blindada frente a los vaivenes partidarios. Sin embargo, la ley no prosperó, ni siquiera contó con el respaldo pleno de su propio espacio. El resultado es que cada gobierno administra lo que encuentra, sin modificar la matriz estructural de la policía.

Font enfatiza que las policías no surgen “de un repollo”: son producto de las instituciones políticas y judiciales que las moldean. Todos los partidos que gobernaron Santa Fe desde el retorno democrático tienen responsabilidad en el estado actual de la fuerza. El Poder Judicial provincial y federal tampoco actuó con eficacia para frenar prácticas corruptas dentro de la fuerza.

La violencia reciente: un nuevo pico en 2025
A pesar de la baja en la tasa de homicidios en Rosario en 2024, Font señala que, en 2025, la tasa volvió a aumentar. Aunque sigue siendo baja comparada con los picos alcanzados en años anteriores, el incremento de un 27% en la tasa de homicidios respecto al año anterior deja claro que la violencia no ha sido completamente contenida. Con más de 10 homicidios cada 100.000 habitantes, Rosario sigue estando por encima de otras ciudades de tamaño comparable en Argentina, como Córdoba o La Matanza, que tienen tasas de homicidio inferiores a 5 cada 100.000 habitantes.

Este dato, para Font, es revelador. No solo subraya la inestabilidad del esquema de seguridad en la provincia, sino también la fragilidad de las soluciones que se han implementado. Si bien el descenso de homicidios en 2024 fue notable, no se logró una transformación profunda en la seguridad de la ciudad y mucho menos en las condiciones estructurales de la policía.

Font sostiene que este dato es indicativo de que, aunque la situación mediática haya cambiado, la verdadera transformación en términos de seguridad sigue pendiente. El aumento reciente de homicidios confirma que los intentos por reducir la violencia letal han sido más superficiales que efectivos a largo plazo.

La crisis de gobernanza y la falta de reformas estructurales
En cuanto a la política de seguridad, Font asegura que la actual crisis de gobernanza se ve reflejada en la falta de reformas estructurales que transformen la policía y el sistema judicial. A pesar de que la tasa de homicidios en Rosario se redujo durante el último tiempo, la provincia sigue enfrentando una violencia persistente que no se limita solo a los crímenes letales, sino que se extiende a los delitos menores, como los robos, que aumentaron significativamente.

Font sostiene que el aumento de robos y la estabilidad del mercado de drogas en la ciudad son indicativos de que la violencia no solo se ha gestionado de manera selectiva, sino que también está regulada, en lugar de ser erradicada. Las bandas de narcotraficantes, si bien enfrentan menos enfrentamientos a tiros, continúan operando sin que se debilite su estructura de poder. A pesar de que se clausuraron algunos “búnkeres”, el negocio de las drogas sigue en expansión, y el delivery de sustancias ha reemplazado en parte las modalidades anteriores.

Este fenómeno tiene, según Font, una explicación más política que operativa: la reducción de homicidios está vinculada al control y la gestión del mercado ilegal de drogas. El gobernador Pullaro ha sido parte de una política que no erradica el narcotráfico, sino que lo regula de manera que no escale en violencia. La policía, en este sentido, actúa como un regulador de la violencia, más que como un órgano dedicado a la justicia criminal efectiva. Esta gestión de la violencia, en lugar de transformarse en una política de seguridad integral, ha acabado por generar equilibrios inestables entre política, justicia y crimen.

La dependencia política de Pullaro
Font explica que la dependencia política de Pullaro respecto a la policía santafesina es uno de los factores que limita la capacidad del gobierno para llevar a cabo una reforma estructural real. Aunque el gobernador se presenta como firme en su política de seguridad, en realidad se ve atrapado por las dinámicas internas de la policía. Necesita mantener la cooperación de la fuerza para sostener su narrativa de éxito en la reducción de homicidios y otros índices de violencia. Sin embargo, esta dependencia política lo coloca en una situación de debilidad frente a la protesta policial, como se evidenció en las últimas semanas.

El giro del gobierno ante las presiones de la policía, que lo obligaron a retroceder en varias decisiones, muestra la fragilidad del esquema político que Pullaro ha mantenido. Font enfatiza que esta relación de dependencia está profundamente arraigada, dado que la policía ha sido históricamente utilizada como un instrumento político por diferentes gobiernos provinciales, y Pullaro no ha podido ni siquiera romper con esa lógica.

El dilema de la falta de reformas: ¿se perdió la oportunidad?
Font cree que la oportunidad de una reforma integral de la policía santafesina ya pasó. Los intentos de reformas anteriores, como la propuesta por Marcelo Saín cuando era ministro de Seguridad, quedaron truncos. La ley de transformación policial, que habría permitido un cambio significativo en la estructura de la fuerza, fue rechazada tanto por sectores del oficialismo como de la oposición. Esta ley había sido pensada para trascender las políticas partidarias y construir una estructura policial más profesional y menos politizada. Sin embargo, no prosperó, y lo que ha quedado es un sistema policial anquilosado y lleno de tensiones internas.

Para Font, este rechazo a la ley de reforma es emblemático de la falta de voluntad política para transformar las estructuras de poder en Santa Fe. Cada gobierno que asume administra lo que encuentra, sin cuestionar las dinámicas heredadas. En este contexto, Pullaro sigue dependiendo de una policía que no ha sido transformada y que, como otras instituciones en la provincia, está atrapada en lógicas políticas y económicas de ajuste salarial y clientelismo político.

El círculo vicioso: política, policía y mercado ilegal
Font concluye que, en la actualidad, la policía santafesina se encuentra profundamente vinculada a los intereses políticos de los gobiernos provinciales y a las dinámicas del mercado ilegal de drogas. Esta policía no se ha profesionalizado, ni se han implementado reformas estructurales reales. En lugar de una reconfiguración integral de la fuerza, lo que ha sucedido es una regulación informal de la violencia, donde los actores políticos y criminales coexisten en un equilibrio precario.

El resultado de esta falta de reformas es un sistema de seguridad debilitado que, aunque ha logrado reducir temporalmente algunos índices de violencia, sigue sostenido sobre bases frágiles. La policía santafesina, bajo la dirección de Pullaro, ha evitado grandes estallidos de violencia, pero a costa de un pacto tácito con las organizaciones criminales y de una dependencia política que socava cualquier intento de cambio real. Este círculo vicioso, donde el gobierno depende de una fuerza policial que a su vez depende de intereses ilegales, parece estar destinado a perpetuarse sin una transformación profunda.

La policía que no cambió
La reflexión de Font, en conclusión, es clara: la policía santafesina no ha cambiado. Aunque la reducción de homicidios y la disminución de algunos indicadores de violencia pueden presentarse como logros, la realidad es que la fuerza sigue atrapada en una lógica de poder político, economía paralela y clientelismo. Las reformas estructurales siguen siendo una deuda pendiente, y la policía, lejos de profesionalizarse, sigue operando en función de intereses que no tienen que ver con la justicia o la seguridad pública.

Este es el panorama que enfrenta el gobernador Maximiliano Pullaro, que, a pesar de sus intentos por modernizar la provincia, sigue dependiendo de una fuerza que no ha sido transformada y que, tal vez, ya no puede serlo sin un compromiso político más profundo y duradero.

La reforma sigue siendo una asignatura pendiente
Font cierra su análisis reconociendo que el cambio profundo en la policía de Santa Fe es una asignatura pendiente. Sin reformas estructurales, sin un sistema judicial más eficaz y sin voluntad política real, el ciclo de violencia y corrupción dentro de la policía santafesina continuará perpetuándose. En resumen, la protesta policial fue solo la última expresión de una crisis institucional mucho más profunda que involucra a la política, la justicia y las estructuras de poder en la provincia. Y si bien los gobernantes actuales intentan gestionar estos equilibrios, el futuro de la seguridad en Santa Fe depende de una reforma que todavía está por llegar.

Escuchá la entrevista completa:

Te pagaré en especie: la reforma laboral que recorta derechos y fortalece el poder empresario

Tras una jornada tensa y extensa en el Congreso, atravesada por manifestaciones e incidentes en las inmediaciones del Palacio Legislativo, el Senado aprobó por 42 votos a favor y 30 en contra el proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei. La votación llegó después de 14 horas de debate y más de 40 oradores en el recinto. La iniciativa, respaldada por el oficialismo de La Libertad Avanza y parte de la oposición dialoguista, encontró el rechazo unificado del interbloque peronista.

El texto aprobado introduce modificaciones profundas en el sistema de relaciones laborales. Cambia reglas históricas del vínculo entre empleadores y trabajadores, redefine la relación con los sindicatos y establece un cuestionado régimen de blanqueo laboral. Entre sus disposiciones más resonantes habilita el pago de salarios en dólares o en especie, crea un mecanismo alternativo de indemnización y establece un banco de horas para compensar horas extras. Además, amplía el listado de actividades consideradas esenciales, lo que en la práctica limita el derecho a huelga, y elimina la ultraactividad de los convenios colectivos, una herramienta que hasta ahora permitía que los acuerdos siguieran vigentes hasta ser reemplazados por otros nuevos.

El diagnóstico en disputa: ¿la ley laboral crea empleo?
En ese contexto convulsionado, el abogado laboralista Matías Cremonte analizó en Señales el alcance de la reforma y sus posibles efectos sobre los trabajadores. Presidente de la Asociación Latinoamericana de Abogados y Abogadas Laboralistas (ALAL) y director del equipo jurídico de la Asociación de Trabajadores del Estado, Cremonte no dudó en definir el proyecto como "el ataque más brutal a la acción colectiva desde los tiempos de la dictadura".

Desde su perspectiva, el Gobierno presenta la reforma bajo un argumento que considera falaz: la necesidad de generar condiciones para incentivar el crecimiento del empleo y, por esa vía, impulsar la economía. Según ese relato oficial, la flexibilización de las normas laborales alentaría nuevas contrataciones y reactivaría la actividad productiva. Sin embargo, Cremonte sostiene que ni el Ejecutivo ni nadie puede asegurar que ese efecto se produzca. "La legislación laboral es, en realidad, intrascendente para explicar el crecimiento o la caída del empleo", afirma. A su entender, el empleo aumenta o disminuye en función de las políticas económicas generales y del nivel de actividad: cuando la economía crece y las empresas necesitan producir más, contratan; cuando cae, despiden o dejan de incorporar personal.

El abogado señala que en la actualidad el empleo está cayendo "de manera brutal", que se multiplican los cierres de empresas y que no hay evidencia que permita atribuir esa situación a la legislación vigente. Mucho menos, añade, se puede sostener que una modificación "tan retrógrada" como la aprobada vaya a revertir esa tendencia. Para él, la premisa central del proyecto —que la rigidez laboral es el obstáculo principal para la creación de empleo— está desmentida no solo por la experiencia argentina sino también por la evidencia internacional y hasta por el sentido común.

Transferencia de ingresos y cambio en el equilibrio de poder
Si el diagnóstico oficial es incorrecto, el verdadero objetivo de la reforma debe buscarse en otro lado, sostiene Cremonte. Y lo encuentra en un incremento de la rentabilidad empresaria a costa del salario, tanto directo como indirecto. Cada reducción de ingresos de los trabajadores —sea por menor protección ante despidos, por debilitamiento de la negociación colectiva o por flexibilización de condiciones— se traduce, explica, en una transferencia hacia la ganancia empresarial. Esa transferencia, según su lectura, persigue la "absurda expectativa" de compensar, aunque sea parcialmente, las pérdidas que muchas empresas sufren por la caída del consumo interno y por la apertura de importaciones que dificulta competir con productos del exterior.

En su análisis, la reforma no puede desvincularse de las decisiones más amplias de política económica. Frente a un escenario de retracción del mercado interno y mayor competencia externa, el Gobierno opta por reducir costos laborales. Pero al hacerlo, argumenta Cremonte, profundiza una desigualdad estructural que está en la base misma del derecho del trabajo.

"La relación laboral es esencialmente desigual", sostiene. De un lado está el empleador, que tiene la facultad de contratar o no, y concentra un poder casi absoluto en la organización del trabajo. Del otro, el trabajador o la trabajadora, que necesita imperiosamente ese empleo para sobrevivir. El derecho laboral nació, precisamente, como reconocimiento de esa asimetría y como intento de equilibrarla, aunque fuera de manera parcial. Para Cremonte, la nueva normativa "lima" esa función protectoria y termina por desdibujar la esencia del sistema: en lugar de compensar la desigualdad, la profundiza, otorgando aún más poder a los empresarios en detrimento de quienes venden su fuerza de trabajo.

La acción colectiva bajo presión
Pero el alcance de la reforma, advierte, no se limita a los derechos individuales. También afecta de manera directa la acción colectiva, que considera la herramienta más eficaz con la que cuentan los trabajadores para defenderse. Los sindicatos, organizados en torno a la negociación colectiva y la posibilidad de ejercer medidas de fuerza, verán restringida su capacidad de intervención. La ampliación de los servicios esenciales limita el derecho a huelga, y la eliminación de la ultraactividad debilita la continuidad de los convenios.

Incluso cuando el conflicto se traslada al plano judicial, sostiene Cremonte, la reforma introduce obstáculos. "Cuando lo único que queda es la posibilidad de acceder a la justicia, de reclamar ante un juez laboral el cumplimiento de un derecho vulnerado, también ahí se restringe muchísimo", explica. A su juicio, el proyecto avanza en una dirección que tiende a reducir el alcance de la justicia laboral, cuando no a desarticularla.

Por eso traza una comparación histórica fuerte: solo encuentra un antecedente equiparable en la reforma implementada por la última dictadura cívico-militar. Esta ley, también conocida como la "Ley de Reforma del Sistema de Relaciones Laborales", implementó una serie de modificaciones que limitaban los derechos de los trabajadores y debilitaban las organizaciones sindicales. Aquella normativa, recuerda, también implicó un retroceso profundo en derechos y garantías colectivas.

Frente al argumento oficial de que la flexibilización generará empleo, Cremonte insiste en que la evidencia empírica muestra lo contrario. Con la legislación actual —la misma que ahora se modifica— en distintos momentos del país se crearon millones de puestos de trabajo. Y también, bajo ese mismo marco normativo, se destruyeron empleos. Lo determinante no fue la ley laboral sino el contexto macroeconómico.

El fenómeno, subraya, está ampliamente estudiado a nivel internacional. Organismos como Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) analizaron durante años el impacto de reformas laborales regresivas en distintos países. Hace una década, recuerda, la OIT encargó a un grupo de expertos un estudio comparado sobre las reformas implementadas hasta ese momento. La conclusión fue clara: en ningún caso esas modificaciones —que en su mayoría implicaron recortes de derechos— produjeron un aumento sostenido del empleo ni un crecimiento económico atribuible a la flexibilización.

Para Cremonte, entonces, el argumento central del proyecto "no resiste el menor análisis". Lo que sí deja en evidencia, sostiene, es una redefinición del equilibrio de poder en el mundo del trabajo. La reforma, tal como fue aprobada tras una jornada maratónica en el Senado, no solo altera normas específicas sino que reconfigura el sentido mismo del derecho laboral en la Argentina contemporánea.

Enfermarse, trabajar y perder salario
En medio de la defensa cerrada que varios comunicadores oficialistas venían haciendo del proyecto, hubo detalles que comenzaron a llamar la atención recién cuando algunos de sus impulsores los explicitaron sin eufemismos. Uno de esos momentos ocurrió cuando Federico Sturzenegger, en una entrevista radial en Radio Mitre, se refirió a las licencias por enfermedad. Fue allí, señala Matías Cremonte, donde quedaron en evidencia aspectos que muchos preferían no mirar.

Para el abogado laboralista, el nuevo régimen de licencias es casi un ejemplo paradigmático de lo que considera la lógica profunda de la reforma. Hasta ahora, cuando una persona se enfermaba —no necesariamente por causas vinculadas al trabajo, sino por contingencias de la vida cotidiana— tenía derecho a una licencia paga con el 100% del salario durante un período determinado. Porque, subraya Cremonte, las personas no solo trabajan: viven, hacen deporte, circulan por espacios públicos, se exponen a virus, accidentes o enfermedades graves. Una gripe, una angina, una apendicitis o un accidente doméstico forman parte de la experiencia humana, no de una conducta reprochable.

La reforma modifica de manera sustancial ese esquema. Desde el primer día de ausencia por enfermedad, el salario se reduce al 75%. Y si la lesión o el reposo derivan de una situación en la que el trabajador se expuso voluntariamente —incluso sabiendo que podía lesionarse— el recorte será mayor: cobrará solo el 50% del salario. El ejemplo que utilizó el propio Sturzenegger fue el de alguien que juega al fútbol y se lastima. En ese caso, explica Cremonte, la persona pasará a percibir la mitad de su sueldo.

El impacto no termina allí. También se acortan los plazos de cobertura. Donde hoy la licencia paga alcanza los seis meses —o un año si hay cargas de familia— la reforma reduce esos períodos a tres y seis meses, respectivamente. Luego, el trabajador solo conservará el derecho a que se le reserve el puesto por un año más, pero sin percepción de salario. Para Cremonte, el mensaje implícito es que enfermarse se convierte en un costo individual que el trabajador debe asumir en mayor medida, aun cuando se trate de contingencias ajenas a su voluntad.

El tiempo como campo de disputa: banco de horas y vacaciones
Las modificaciones en materia de vacaciones y la creación del banco de horas completan, a su juicio, un cuadro que afecta la posibilidad de organizar la vida por fuera del empleo. El banco de horas, explica, coloca la administración del tiempo de trabajo casi exclusivamente en manos del empleador, quien podrá distribuir las jornadas según las necesidades de la empresa.

En ese esquema, el trabajador deja de tener una jornada previsible. Ya no podrá saber con certeza que trabaja de lunes a viernes de 9 a 18, por ejemplo. Un día podría extender su jornada hasta 12 horas; otro, trabajar menos. Al final de un período —que puede ser mensual o incluso más extenso— se computará si cumplió con el total de horas pactadas. Si trabajó menos, deberá compensarlo más adelante. Si trabajó más, no necesariamente cobrará horas extras: podrá recibir, en el mejor de los casos, un franco compensatorio.

Cremonte dice que esa lógica complica mucho organizar la vida personal. Estudiar, ir a la universidad, pensar en actividades con la familia o simplemente encontrar un rato para descansar se vuelve un lío. Lo que el Gobierno llama flexibilidad y vende como algo eficiente, para él en realidad le quita al trabajador control sobre su propio tiempo.

En materia de despidos, la reforma mantiene formalmente el principio de una indemnización equivalente a un salario por cada año de antigüedad. Pero modifica la base de cálculo. Hasta ahora se tomaba el mejor sueldo de los últimos doce meses, lo que incluía comisiones, premios por productividad u otros ingresos periódicos aunque no mensuales. Con la nueva redacción, se computará solo el salario "normal", sin contemplar esos adicionales. El resultado, advierte Cremonte, es una reducción concreta del monto indemnizatorio.

Indemnizaciones, FAL y el nuevo esquema de despidos
A esa modificación se suma la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), presentado como una alternativa para afrontar las indemnizaciones. En teoría, el fondo se constituirá con aportes de los empleadores por cada trabajador registrado. Sin embargo, Cremonte sostiene que ese aporte no tendrá un costo real para las empresas, porque al mismo tiempo se reducirá la contribución que realizan al sistema previsional. En otras palabras, lo que se destine al FAL se compensará con una menor transferencia al sistema jubilatorio.

Para el abogado, eso implica que el fondo estará indirectamente subsidiado por los propios trabajadores, que verán resentidos los recursos destinados a sus futuras jubilaciones. Por eso lo define como un mecanismo "perverso" y advierte que puede transformarse en un negocio financiero para aseguradoras y bancos, en una lógica que asocia con experiencias pasadas como las AFJP o con el funcionamiento actual de las ART.

El avance del trabajo independiente y la precarización legalizada
La figura del "trabajador independiente con hasta tres colaboradores", que ya había sido incorporada en la reforma introducida a través de la llamada "Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos", en 2024 y ahora se profundiza. Este es otro de los puntos que generan alarma en el ámbito laboralista. Según Cremonte, se trata de la legalización de prácticas fraudulentas que ya existen en la realidad.

El esquema facilita que una persona que en los hechos trabaja bajo relación de dependencia —cumpliendo horarios, bajo órdenes directas y realizando tareas propias de la empresa— sea obligada a facturar como si fuera autónoma. La novedad más preocupante, sostiene, es que la ley elimina la presunción que hasta ahora operaba a favor del trabajador: si alguien concurría todos los días a un mismo lugar y desarrollaba tareas típicas de la actividad empresarial, se presumía la existencia de una relación laboral.

Con la reforma, bastará la existencia de una facturación o de un contrato de locación de servicios para que el empleador quede prácticamente desresponsabilizado. La carga de probar que existía un vínculo laboral real recaerá con mayor peso sobre el trabajador, que enfrentará más obstáculos para demostrar la dependencia encubierta.

En este entramado de cambios aparece también el llamado "salario dinámico", que habilita el pago en cualquier moneda e incluso en especie. La posibilidad de abonar remuneraciones en bienes o servicios —como comida o alojamiento—, combinada con la reducción de otras garantías, abre interrogantes sobre la estabilidad y previsibilidad de los ingresos.

Para Cremonte, cada uno de estos puntos, analizados en conjunto, revela una orientación coherente: disminuir costos empresariales, flexibilizar obligaciones y trasladar riesgos al trabajador. La reforma, sostiene, no solo reconfigura reglas técnicas, sino que redefine el equilibrio de fuerzas en el mundo del trabajo, inclinándolo todavía más hacia el lado del empleador.

Cuando se le pregunta sobre episodios oscuros de la historia social argentina —como los relatados por Gastón Gori en su libro sobre La Forestal en Santa Fe—, Matías Cremonte acepta la comparación. Según él, el retroceso no se limita a salarios o indemnizaciones: afecta la propia estructura de poder dentro de la empresa.

Uno de los puntos que más le preocupa es la posibilidad de que el empleador varíe de manera discrecional el salario entre trabajadores que realizan tareas similares. La reforma, explica, habilita márgenes de diferenciación que hoy están prohibidos o fuertemente limitados. En ese escenario, un empleador podría premiar a determinados empleados con adicionales específicos y negárselos a otros, sin criterios objetivos ni transparentes.

Esa discrecionalidad, advierte, no es neutra. Puede convertirse en una herramienta para desalentar la afiliación sindical, la participación en medidas de fuerza o incluso el simple reclamo de derechos. "La sumisión puede ser premiada y el reclamo castigado", resume, describiendo un sistema donde la discriminación salarial se transforma en un mecanismo disciplinador.

Teletrabajo y plataformas: desregulación en nombre de la modernización
El capítulo referido al teletrabajo es, para Cremonte, otra de las paradojas de una norma presentada como "modernizadora". La ley laboral más reciente de la Argentina —la de teletrabajo, sancionada hace apenas cinco años— queda derogada sin que se la reemplace por un nuevo régimen específico. En lugar de actualizarla o perfeccionarla, la reforma la elimina.

Con esa derogación desaparecen derechos que habían sido incorporados tras un amplio debate, como el derecho a la desconexión digital. Ese principio buscaba evitar que la jornada laboral se extendiera indefinidamente a través de mensajes y correos fuera de horario. También se esfuman previsiones orientadas a facilitar la organización de la vida familiar, especialmente para las mujeres, que asumen mayoritariamente tareas de cuidado y que, al trabajar desde el hogar, enfrentan una superposición más intensa entre empleo y responsabilidades domésticas.

Asimismo, deja de existir la obligación expresa del empleador de asumir los mayores costos derivados del trabajo en el hogar —como internet o consumo eléctrico— y de garantizar condiciones adecuadas de salud y seguridad. Todo ese andamiaje normativo se elimina sin que otro lo sustituya.

La situación de los trabajadores de plataformas digitales, señala Cremonte, es aún más llamativa. En un momento en que a nivel global se debate cómo proteger a repartidores y conductores que trabajan bajo aplicaciones, la reforma argentina avanza en sentido contrario. En las calles de las ciudades, dice, es visible la precariedad de jóvenes —y cada vez más adultos— que circulan en bicicleta o moto realizando entregas sin cobertura suficiente frente a accidentes o enfermedades.

Mientras organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo discuten la adopción de convenios para garantizar derechos mínimos a estos trabajadores, la nueva normativa local afirma que no son trabajadores en sentido jurídico. Al considerarlos prestadores independientes, los excluye de la aplicación de la legislación laboral y los deja librados a lo que se pacte en contratos individuales con las plataformas.

Para Cremonte, ese supuesto contrato entre partes iguales es una ficción. De un lado se encuentra una empresa multinacional con capacidad de fijar condiciones; del otro, una persona que depende de esa aplicación para generar ingresos. La reforma, sostiene, cristaliza y perpetúa una precariedad que el resto del mundo intenta corregir. "Es un retroceso al siglo XIX", grafica.

El rol del movimiento obrero y el tiempo político
En el plano político-sindical, la mirada del abogado también es crítica. Considera que, ante una ley de este alcance, el movimiento obrero tiene una responsabilidad histórica de hacer todo lo posible para impedir su aprobación. Reconoce que las gestiones para convencer a legisladores son importantes, pero recuerda que la propia Constitución y el Estado de Derecho contemplan otras formas legítimas de intervención ciudadana: la huelga, la manifestación y la protesta.

A su entender, una respuesta que incluyera medidas de fuerza de mayor envergadura sería más eficaz. No se trataría de acciones por fuera del sistema democrático, aclara, sino de herramientas reconocidas por ese mismo sistema. Algunos gremios han convocado paros, pero para Cremonte no alcanza. Espera que, en instancias decisivas, la CGT asuma institucionalmente la convocatoria no solo a movilizaciones, sino también a una huelga general que permita la participación masiva de trabajadores, quienes serían los principales afectados por la reforma.

El tiempo, sin embargo, juega en contra. Si la ley entra plenamente en vigencia, advierte, ejercer esos derechos será mucho más difícil. La ampliación del concepto de servicio esencial abarca, según su lectura, a la mayoría de las actividades económicas. En esos sectores, cualquier huelga deberá garantizar entre el 50% y el 75% de la prestación habitual, según el caso. En la práctica, sostiene, esa exigencia vuelve ineficaz la medida de fuerza.

En cuanto a las asambleas, la situación no sería mejor. La reforma prevé que solo puedan realizarse con autorización del empleador y que el tiempo destinado a ellas sea descontado del salario. Es decir, reunirse para debatir colectivamente condiciones de trabajo quedaría sujeto al permiso de la propia parte empleadora y tendría un costo económico directo para quienes participen.

En ese marco, Cremonte desliza una advertencia implícita: el momento previo a la entrada en vigor plena de la norma podría ser la última oportunidad para ejercer sin restricciones esos derechos colectivos. Si el nuevo régimen se consolida, la capacidad de organizar huelgas y asambleas —pilares históricos de la acción sindical— quedará severamente limitada.

Mientras analiza el tema, el abogado arma un panorama claro: cada cambio, visto solo, puede parecer algo técnico o menor, pero juntos muestran una transformación grande. Habla de la discrecionalidad salarial, la redefinición del trabajo en plataformas, la eliminación de la ley de teletrabajo y las nuevas restricciones a la huelga. Todo apunta, según él, a lo mismo: los empleadores ganan más poder y los trabajadores se quedan con menos formas de defenderse.

La reforma, insiste, no es solo un cambio normativo: es un giro en la concepción misma del trabajo y de su regulación. Y en ese giro, advierte, se juega el equilibrio democrático en el ámbito donde millones de personas pasan la mayor parte de su vida cotidiana.

¿Un retroceso irreversible?
Al ampliar la mirada hacia América Latina, Matías Cremonte encuentra un patrón que refuerza su advertencia. En la región hubo en las últimas décadas diversas reformas laborales de signo regresivo, impulsadas por gobiernos de orientación neoliberal. Sin embargo, sostiene que ninguna alcanzó el nivel de integralidad y profundidad que, a su juicio, concentra el proyecto argentino. Muchas incluyeron aspectos que hoy reaparecen en esta iniciativa, pero ninguna reunió todos esos elementos en un solo cuerpo normativo.

Más inquietante aún, señala, es lo que ocurrió después. Cuando en algunos países cambiaron los signos políticos y asumieron gobiernos progresistas, revertir esas reformas resultó mucho más difícil de lo que se había imaginado. La experiencia de Brasil es ilustrativa: el gobierno del Partido de los Trabajadores, encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva, no ha logrado desandar plenamente la reforma laboral de 2017 impulsada durante la presidencia de Michel Temer. En Colombia, el presidente Gustavo Petro intentó modificar décadas de retrocesos en materia laboral y también enfrentó obstáculos decisivos. En Chile, los intentos de Gabriel Boric Font por revisar cambios regresivos tampoco prosperaron como se esperaba.

Para Cremonte, esa secuencia demuestra que no alcanza con confiar en que un eventual cambio de gobierno resolverá el problema. Aun cuando exista voluntad política, la reversión depende de mayorías parlamentarias, de correlaciones de fuerzas sociales y de condiciones económicas que no siempre están dadas. Las reformas regresivas, una vez consolidadas, tienden a arraigarse.

La apuesta judicial y el principio de no regresividad
Desde el punto de vista jurídico, su postura es tajante: si el proyecto se convierte en ley, será inconstitucional "de principio a fin". El argumento central se apoya en el principio de progresividad en materia de derechos sociales. Según explica, el Estado argentino está comprometido, por tratados internacionales con jerarquía constitucional, a avanzar en la ampliación de los derechos económicos y sociales y tiene prohibido el retroceso. Esa cláusula de no regresividad implica que cualquier norma que disminuya la protección existente vulnera compromisos asumidos por el país.

En la medida en que la reforma reduce derechos laborales previamente reconocidos, cada uno de esos retrocesos podría ser cuestionado por inconstitucional. Sin embargo, Cremonte aclara que esa conclusión teórica no implica una anulación automática. El sistema argentino exige que haya casos concretos, demandas judiciales y sentencias que declaren la inconstitucionalidad. El efecto no es general ni inmediato: se construye caso por caso, a lo largo del tiempo.

Por eso advierte que podrían pasar años hasta que se consolide una jurisprudencia suficientemente sólida como para obligar al Poder Legislativo a modificar aspectos de la ley. El camino judicial, aunque posible, es el menos eficaz y el más lento para revertir una reforma de esta magnitud.

Mientras tanto, el trámite parlamentario avanza con velocidad. El Poder Ejecutivo ya remitió el proyecto a la Cámara de Diputados y busca un tratamiento exprés: un plenario de comisiones —Trabajo y Presupuesto— convocado para un miércoles por la tarde, con la intención de emitir dictamen ese mismo día y llevarlo cuanto antes al recinto. Según trascendió, habría invitados para participar de un debate que, sin embargo, estaría acotado a pocas horas.

Para Cremonte, esa estrategia limita de manera evidente la deliberación democrática. Reduce la posibilidad de que los diputados escuchen a organizaciones de la sociedad civil, especialistas y representantes de los sectores que se verán afectados. El tiempo, en este caso, se convierte en una herramienta política: acelerar el trámite para evitar que crezca la resistencia.

Frente a ese escenario, vuelve a señalar el rol del movimiento obrero. Si el tratamiento se precipita, considera que debería organizarse rápidamente una respuesta que combine movilización, protesta y, eventualmente, huelga. No como un acto de confrontación fuera de las reglas del sistema, sino como el ejercicio de derechos constitucionales expresamente reconocidos.

La presencia de trabajadores y trabajadoras en las inmediaciones del Congreso, sostiene, podría enviar un mensaje claro a los legisladores: quienes serán directamente afectados por la ley están atentos y reclaman que no se la sancione. En definitiva, recuerda, esos diputados representan a una ciudadanía que en su mayoría está compuesta por trabajadores. Muchos de ellos, incluso, votaron a fuerzas políticas que ahora apoyan la reforma.

Esa tensión entre representación y decisión parlamentaria es, para Cremonte, uno de los núcleos del debate actual. La reforma no es una cuestión técnica reservada a especialistas, sino una redefinición de derechos que impacta de manera directa en la vida cotidiana de millones de personas. De allí la necesidad, insiste, de que la discusión sea amplia, transparente y con participación social efectiva.

En ese marco, el momento decisivo parece ser el presente. El debate en Diputados, con tiempos comprimidos y mayorías ajustadas, se convierte en la próxima estación de un proceso que comenzó en el Senado tras una jornada maratónica y que ahora avanza a ritmo acelerado. Para Cremonte, lo que está en juego no es solo un paquete de artículos legales, sino la orientación misma del derecho laboral argentino y el tipo de sociedad que ese derecho contribuye a moldear.

El reloj parlamentario y la carrera contra el 1° de marzo
El reloj no para y la reforma ya está en Diputados. Milei tuvo que firmar un decreto para sumar un día extra a las sesiones extraordinarias, porque antes se habían cerrado por error. Ahora, el oficialismo va a toda velocidad para que el proyecto se apruebe antes del 28 de febrero. Hay una razón de fondo: Milei quiere llegar al 1° de marzo, cuando abre el año legislativo frente al Congreso, con algún triunfo bajo el brazo. Quiere poder decir que logró la ley de modernización laboral, aunque muchos todavía dudan que lo consiga.

Escuchá la entrevista completa:
Foto: Prensa ATE

viernes, 13 de febrero de 2026

Fin de una era en Ecuador: José Luis Manzano toma el control de Diario El Universo tras 104 años de gestión familiar

El histórico Diario El Universo, uno de los medios de comunicación más influyentes de Ecuador y con 104 años de trayectoria, fue adquirido por un grupo inversor integrado por el empresario Yves Maia Pardini y Integra Capital, firma liderada por el empresario argentino José Luis Manzano.

La transacción fue anunciada este 12 de febrero por los hasta ahora propietarios del medio, los hermanos César y Carlos Pérez Barriga y Nicolás Pérez Lapentti, descendientes del fundador del diario. En un comunicado difundido a través de redes sociales, señalaron que la operación "inaugura una nueva etapa para Diario El Universo, enfocada en fortalecer su liderazgo periodístico, acelerar su transformación digital e impulsar su integración multimedia, manteniendo intacto su compromiso editorial".

Los accionistas salientes expresaron su confianza en que la nueva administración aportará "el conocimiento, la experiencia, las sinergias y el respaldo económico necesario" para que el medio enfrente los desafíos actuales y consolide su posición como referente del periodismo ecuatoriano.
Una historia centenaria

Fundado el 16 de septiembre de 1921 por el periodista machaleño Ismael Pérez Pazmiño, El Universo se convirtió en el diario impreso de mayor circulación nacional y, con el paso de las décadas, en un actor central del debate público en Ecuador.

En la era digital, el medio ha evolucionado hacia una plataforma informativa multimedia con fuerte presencia en línea y proyección internacional.

La familia Pérez estuvo al frente de la empresa durante generaciones. Carlos Pérez se desempeñó como director, César Pérez Barriga como gerente general y Nicolás Pérez Lapentti como subdirector de Nuevos Medios. En el comunicado de despedida expresaron: "A nuestros lectores, que nos acompañaron con su confianza por más de un siglo, nuestra mayor gratitud".
 
Los compradores: perfil y alcance regional
Yves Maia Pardini
Yves Maia Pardini, radicado en Florida (Estados Unidos), es socio gerente de Pardini Brokers & Advisors, firma especializada en consultoría estratégica, fusiones y adquisiciones y mercados de capitales. Según el perfil corporativo de su empresa, cuenta con más de 11 años de experiencia en el sector financiero, con foco en estrategia empresarial y desarrollo de oportunidades de negocio.

Entre sus antecedentes figuran la presidencia de Tax Links Consultants LLC, la dirección de Maya Insurance Group —orientada a soluciones de seguros— y la participación en Steps.io, plataforma dedicada a simplificar procesos de constitución de empresas.
Integra Capital y José Luis Manzano
Integra Capital, fundada por José Luis Manzano, es uno de los grupos inversores más activos de América Latina en los últimos años. De acuerdo con información institucional, ha ejecutado transacciones por más de US$21.000 millones desde su creación, consolidándose como actor relevante en mercados emergentes.

En el sector de medios, su portafolio incluye participaciones en América TV, El Cronista, Telefe y la cadena radial La Red, entre otros activos vinculados a comunicación y cultura.

Además, el grupo mantiene inversiones en sectores estratégicos como energía e hidrocarburos, con participaciones en compañías como Metrogas, Edenor, Phoenix Global Resources e Integra Lithium.

Manzano, quien también fue ministro del Interior durante la presidencia de Carlos Menem, asesorará al grupo inversor en esta nueva etapa del diario ecuatoriano.
Nuevo liderazgo ejecutivo

El directorio de Integra Capital designó como nuevo CEO de C. A. El Universo a Ignacio Giménez Zapiola, ejecutivo argentino con más de 25 años de experiencia internacional en medios de comunicación, fintech y sistemas de pagos.

Giménez se desempeñó hasta el 31 de diciembre de 2025 como CEO del Grupo El Comercio de Perú, donde lideró durante casi tres años la estrategia corporativa, la consolidación digital, la diversificación de ingresos y el fortalecimiento financiero del principal grupo de medios de ese país.

Previamente desarrolló una carrera de casi una década en el Grupo Clarín (AGEA), casa editora del diario Clarín, donde ocupó los cargos de Chief Commercial Officer y director de Marketing. Durante esa etapa impulsó el lanzamiento del área de Big Data & Analytics, desarrolló el primer programa de suscripciones digitales del grupo y diseñó estrategias de fidelización de lectores.

Es MBA y BBA en Administración de Empresas por Columbus State University (Estados Unidos), donde se graduó Cum Laude.
 
Compromiso editorial y contexto histórico
Según informó EFE, los nuevos accionistas ratificaron su compromiso de preservar la identidad, la independencia y la línea editorial del diario.

El Universo ha sido protagonista de episodios relevantes en la historia reciente del país. En 2011, el entonces presidente Rafael Correa presentó una demanda por injurias contra los directivos del medio y el periodista Emilio Palacio, a raíz de un artículo de opinión sobre los hechos del 30 de septiembre de 2010.

Los directivos y el periodista fueron condenados a tres años de prisión y al pago de 30 millones de dólares. Posteriormente, el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que determinó que el Estado ecuatoriano violó el derecho a la libertad de expresión.

Una nueva etapa
La operación, cuyas cifras no fueron reveladas, marca el fin de más de un siglo de control familiar directo y abre una etapa caracterizada por la apuesta a la transformación digital, la integración multimedia y el fortalecimiento financiero del medio.

"Hoy nos despedimos del diario El Universo, que por más de 100 años ha sido parte de nuestra familia", expresaron los hermanos Pérez en su mensaje público.

Con el respaldo de un grupo inversor de alcance regional y la conducción ejecutiva de Ignacio Giménez Zapiola, Diario El Universo inicia así un nuevo capítulo en su historia centenaria, en un contexto de profundos cambios en la industria de medios en América Latina.
Comunicado de la Familia
Estimados lectores,
Hoy nos despedimos de Diario El Universo, que por más de 100 años ha sido parte de nuestra familia. Es nuestro deber informarles que hemos vendido nuestra participación accionaria —de los hermanos Pérez— a un grupo de inversionistas liderado por Yves Maia Pardini, emprendedor radicado en Florida con amplia trayectoria en servicios corporativos y financieros, del que también forma parte Integra Capital, de José Luis Manzano, uno de los grupos inversores más activos de Latinoamérica en los últimos años.

La transacción inaugura una nueva etapa para Diario El Universo, enfocada en fortalecer su liderazgo periodístico, acelerar su transformación digital e impulsar su integración multimedia, manteniendo intacto su compromiso editorial.

Integra Capital, liderada por José Luis Manzano, empresario y referente regional en inversiones en medios, telecomunicaciones y tecnología, asesorará al grupo inversor en esta nueva era de El Universo. El grupo cuenta en su portafolio con medios que incluye a los argentinos América TV, El Cronista, Telefe, la cadena de radio La Red, entre otros.

El profesional Ignacio Giménez Zapiola, exgerente general de El Comercio de Lima, Perú, estará a cargo de la nueva operación de El Universo. Giménez cuenta con una amplia trayectoria en medios de comunicación, que incluye su paso por diario Clarín, de Argentina, como gerente comercial y más recientemente la conducción de El Comercio, de Perú.

Estamos seguros de que la nueva administración aportará el conocimiento, la experiencia, las sinergias y el respaldo económico necesario para garantizar que El Universo enfrente los nuevos retos como el medio de comunicación líder y referente del Ecuador.

A nuestros lectores, que nos acompañaron con su confianza por más de un siglo, nuestra mayor gratitud.

Atentamente,
Carlos Pérez Barriga
César Pérez Barriga
Nicolás Pérez Lapentti
Foto: Francisco Verni Peralta
Fuentes: El Universo, Agencias EFE, AFP y Bloomberg Línea

miércoles, 11 de febrero de 2026

La violencia no es la respuesta: Prensa Rosario repudia agresiones a periodistas de El Tres TV


Defendemos el libre ejercicio del periodismo. Sin censuras ni condicionamientos
El Sindicato de Prensa Rosario repudia enérgicamente las agresiones sufridas por periodistas de Canal 3 cuando acudieron a cubrir el conflicto policial en nuestra ciudad
Cualquier agresión contra trabajadoras y trabajadores de prensa es inadmisible. Hemos sido y somos los primeros en defender el derecho a la información y la libertad de expresión, y nuestra historia así lo demuestra.

Diariamente intentamos reflejar lo que ocurre y mostrar lo que sucede en Rosario. Sin embargo, no somos las y los trabajadores de prensa quienes definimos las líneas editoriales de las empresas periodísticas. Son esas empresas las que deciden qué se cubre y qué no, qué se publica y qué se omite, de acuerdo con sus propios intereses.

Entendemos que la información es un bien sensible que no debe convertirse en una mercancía sujeta a las presiones del poder político o económico. Es un derecho de cada ciudadano y ciudadana, y debe asumirse como un reclamo colectivo para que se garantice plenamente.

La sociedad debe saber que quienes llegaron hasta las puertas de la Unidad Regional II para realizar la cobertura son trabajadores enviados por un grupo empresario que determina no sólo los días y horarios en que se desempeñan, sino también qué hechos se cubren y cómo se presentan en cada medio.
El año pasado, en la Convención Constituyente de Santa Fe, lo planteamos con claridad: es imprescindible resguardar los derechos inalienables a la libertad de expresión y al acceso a la comunicación mediante una legislación precisa, ya que constituyen pilares fundamentales de una democracia plena.

Reclamamos la protección y garantía de un ejercicio libre de nuestra tarea, sin condicionamientos ni censuras. En sentido contrario, el gobernador de la provincia, Maximiliano Pullaro, respalda el proyecto de reforma laboral del presidente Milei, que en uno de sus artículos propone derogar el Estatuto del Periodista Profesional, norma que resguarda estos principios.

Las y los periodistas venimos sosteniendo una lucha constante por el ejercicio libre de nuestro trabajo. Somos víctimas de múltiples presiones y padecemos la precarización salarial y laboral, como la inmensa mayoría de las y los trabajadores. Asumimos nuestra profesión con principios éticos y compromiso social. Por eso reafirmamos que no aceptamos agresiones ni descalificaciones hacia nuestros compañeros y compañeras.
Rosario, 11 de febrero de 2026

lunes, 9 de febrero de 2026

Las empresas de medios atacan el periodismo y la libertad de expresión

Las organizaciones sindicales de prensa rechazan la derogación del Estatuto del Periodista Profesional y denuncian que, bajo un falso discurso de modernización, las empresas de medios buscan facilitar despidos, precarizar el trabajo y condicionar la libertad de expresión. Reafirman que sin Estatuto no hay periodismo digno ni libertad de expresión
Declaración:
Las empresas de medios quieren derogar el estatuto y atacar la libertad de expresión de los periodistas.
Modernizar no es precarizar ni facilitar despidos.
¡Defendamos el Estatuto del Periodista Profesional!
En los últimos días tomamos conocimiento de un escrito que las cámaras empresariales de los medios de comunicación de nuestro país hicieron llegar a algunos senadores nacionales apoyando la derogación del Estatuto del Periodista que impulsa el gobierno.

El texto sostiene por un lado que "modernizar no es precarizar" pero no propone ni una sola modernización, sino sólo la eliminación de derechos, en particular la indemnización especial, que tiene como finalidad resguardar la libertad de expresión de las y los periodistas.

Dicho texto no fue difundido públicamente. Las empresas de medios, por un lado escriben sobre la libertad de expresión mientras que, en los hechos, promueven políticas que atacan la libertad, la profesión y a las y los periodistas.

El escrito contiene una serie de falacias respecto del impacto que tendría una eventual derogación.
Por eso nos vemos en la obligación de aclarar:

1- La derogación del Estatuto facilita los despidos y por lo tanto la consecuencia directa e inminente será la destrucción de puestos de empleo formales y su reemplazo por empleo basura. El escrito lo dice claramente buscan legalizar una práctica actualmente ilegal que es la utilización del mal llamado "colaborador". Esta figura esconde una hiperprecarización laboral. Periodistas a destajo sin ningún límite. Sin vacaciones, sin sueldo, sin derecho a enfermarse.

Insistimos: la indemnización especial tiene como objetivo garantizar cierta estabilidad del empleo por la especificidad de nuestra tarea, al estar expuestos a presiones políticas, económicas o de otra índole por el rol que tiene el periodismo en la democracia. Aun con el Estatuto vigente eso no sucede, ya que los salarios de pobreza hacen que incluso con la indemnización especial no sea dificultoso despedir para las empresas de medios. Pero al menos establece un piso de derechos y un resguardo elemental de la libertad de expresión de las y los periodistas.

2- Los salarios de la actividad se encuentran en un piso histórico siendo los trabajadores de prensa y del resto de los gremios vinculados a los medios los que hemos sostenido con nuestro esfuerzo el funcionamiento del sistema informativo en todo el país.

3- Las entidades empresarias se han negado sistemáticamente a negociar de buena fe la forma en que se debe retribuir las nuevas tareas que implica la incorporación de las diferentes tecnologías. El Estatuto no impide ninguna actualización como lo demuestra la existencia de diferentes acuerdos en muchos lugares del país que han incorporado esas tareas sin ningún inconveniente. Los sindicatos hemos promovido numerosas instancias para reformar convenios y discutir actualizaciones, pero son las empresas las que se niegan sistemáticamente.

4- Las patronales se victimizan ante la competencia desleal de las plataformas. Pero, en lugar de intentar regular las plataformas, empresas multinacionales que se valen del trabajo periodístico argentino, con lo que estaríamos de acuerdo y podríamos construir una agenda común, eligen buscar que seamos los trabajadores los que hagamos otra vez el esfuerzo. Se pretende volver a un modelo de trabajo periodístico de principios del siglo pasado. A eso le llaman "modernizar".

5- La existencia del Estatuto del Periodista no impidió que los grandes medios tengan ganancias millonarias todos estos años. Tampoco la hiper concentración mediática que existe en nuestro país. El Estatuto no se cumple íntegramente en todos los medios, más bien lo contrario, miles de periodistas están mal registrados. Pero es un piso de derechos y una ley que permite defender el periodismo y la libertad de expresión. Su derogación, o la eliminación de alguno de sus artículos, bajo un falso argumento de modernización, implicará menos periodistas y un periodismo de peor calidad.

Esta postura de las empresas de medios, que no se animan a sostener públicamente porque contradice su histórico discurso, implica un ataque directo al periodismo y la libertad de expresión.

Firman: 
FATPren – Federación Argentina de Trabajadores de Prensa / CISPren - Circulo Sindical de Prensa de Córdoba / APC - Asociación de Prensa de Corrientes / Sindicato de Prensa del Chaco / SiPreM - Sindicato Prensa Misiones / Sindicato de Prensa de Santa Cruz / Sindicato de Prensa de Jujuy / SiPrenSal – Sindicato de Prensa de Salta / APT – Asociación de Prensa de Tucumán / SiComLaR – Sindicato de Comunicadores de La Rioja / ATPREC – Asociación de Trabajadores de Prensa y Comunicación de San Juan / SiPreMza – Sindicato de Prensa de Mendoza / APSF – Asociación de Prensa de Santa Fe / SPR – Sindicato de Prensa de Rosario / SiPren -Sindicato de Prensa La Pampa Zona Sur / SUPren - Sindicato Único de Prensa de Río Negro / Sindicato de Prensa de Neuquén / STPCh – Sindicato de Trabajadores de Prensa del Chubut / SiTPrenCh – Sindicato de Trabajadores de Prensa del Chaco / SPT – Sindicato de Prensa de Tandil / Sindicato de Prensa Bahía Blanca / Sindicato de Prensa Mar del Plata / Sindicato de Prensa Bonaerense / SiPreBA – Sindicato de Prensa de Buenos Aires

Jeff Bezos y la muerte del Washington Post

Por: Miquel Pellicer
Cuando Donald Graham estrechó la mano de Jeff Bezos (foto), el hijo de Katharine Graham, le aconsejó que no antepusiera motivaciones políticas porque "le podría estallar en la cara". Se acababa de sellar la venta del Washington Post en 2013 por 250 millones de dólares en Sun Valley (Idaho). Días después, el periodista del Post, Paul Farhi, charló con Bezos para publicar una noticia sobre la adquisición. Bezos le dijo a Fahri que "quería poner al Post en la pista de despegue" para crecer y volver a ser una empresa rentable de nuevo. Este par de anécdotas las cuenta Martin Baron, exdirector del Post, en su libro Frente al poder, publicado en 2023. Son un buen contexto para entender lo que está pasando con el medio de comunicación propiedad de Bezos

La narrativa del "magnate salvador" del periodismo, no obstante, ha muerto definitivamente en febrero de 2026. Jeff Bezos se ha cansado de su ‘Rosebud‘ y ha echado un tercio de la plantilla del Washington Post. El Post ha cerrado su sección de deportes y su sección de libros, ha desmantelado su equipo internacional y ha reducido drásticamente la cobertura local. Los recortes en la redacción del Post han impactado en todo el país y los medios están analizando del derecho y del revés lo que está pasando. En la Super Bowl 2019 hizo fortuna el anuncio del Post con la voz de Tom Hanks con el entonces gran lema del periódico: ‘Democracy Dies in Darkness‘. Unas cuantas finales de fútbol americano después. David Remnick, editor de The New Yorker, lanza con ese lema una advertencia difícil de ignorar: la democracia no solo puede morir en la oscuridad; también puede hacerlo a plena luz del día. Y estos días, ciertamente, hemos visto como muere un poco más en Estados Unidos. En palabras de Ashley Parker, una periodista política que recientemente abandonó del Post para incorporarse a The Atlantic, los recortes han supuesto "el asesinato" del periódico. El Post sigue en pie y Bezos sigue siendo el propietario pero la narrativa huele a muerte. Estos días, la redacción del periódico huele a miedo y destrucción.

Contexto mediático
En el segundo mandato de Donald Trump se multiplican los ataques a los derechos civiles en el país, los medios de comunicación ‘legacy‘ están desorientados y cada vez más autocensurados en el tsunami comunicativo de Trump, amenazando a unos e insultando fundamentalmente a mujeres periodistas.

Del fenómeno Trump, contamos diez años desde que en el caucus de Iowa en 2016 quedó segundo por detrás de Ted Cruz, pero desplegando su amenazante estrategia comunicativa. Hemos pasado de la disrupción comunicativa al autoritarismo mediático. En noviembre de 2015, un editorial del Post advertía que "la vileza cada vez mayor de la campaña de Donald Trump supone un desafío para todos nosotros". Un día antes del primer debate entre Trump y Hillary Clinton en septiembre de 2016, el consejo editorial del periódico dejó una frase lapidaria: "El señor Trump ha demostrado ampliamente que es indigno de ocupar el Despacho Oval". El resto de la historia ya la conocemos. Y por el camino, el Washington Post, como otros medios, se ha visto arrastrado por una espiral de intereses, coacciones y también malas decisiones estratégicas.

Contrastes
Respecto al Post, lo que hace una década se presentó como un compromiso filantrópico con la democracia, hoy se revela como una pieza sacrificable en un tablero de ajedrez mucho más grande. El contraste es, cuando menos, paradójico: mientras la redacción de The Washington Post luchaba por su supervivencia, el ecosistema de Jeff Bezos riega con millones de dólares proyectos que huelen más a propaganda que a arte o información. Horas después de los brutales recortes, también se fue a casa el consejero delegado, William Lewis, que justificó su salida "para garantizar el futuro sostenible" de la histórica cabecera.

Will Lewis será recordado, según Max Tani en Semafor, como el ejecutivo que encarnó "una gran oportunidad perdida". Su llegada a finales de 2023 generó un optimismo cauteloso en la redacción, pero esa expectativa se transformó pronto en decepción. Quedó marcado por dos decisiones que dañaron su liderazgo: bloquear una información del propio diario sobre su vínculo con el escándalo de escuchas en el Reino Unido y pilotar, junto a Jeff Bezos, un giro editorial negando el apoyo editorial a la candidata demócrata Kamala Harris en las elecciones de 2024. Este bloqueo a Harris fue percibido como una capitulación política que provocó más de 250.000 suscripciones canceladas en pocos días.

La dimisión de Lewis, tras supervisar importantes recortes y sin un plan de sucesión claro, ha terminado de reforzar la imagen de desorden estratégico. Más que por haber transformado el periódico, Lewis parece destinado a ser recordado como el dirigente que no supo definir su rumbo en un momento crítico y que agravó la crisis de identidad de una de las grandes cabeceras del periodismo estadounidense.
Ver también: El Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, realiza despidos masivos y elimina a un tercio de su personal
Propaganda política con Melania
Mientras el Post recorta para ahorrar unos pocos millones, Amazon MGM Studios ha decidido tirar la casa por la ventana con el documental Melania. Las cifras son mareantes y desafían cualquier lógica de mercado. Amazon pagó 40 millones de dólares por los derechos del documental de la Primera Dama, Melania Trump. Se han invertido 35 millones adicionales en promoción, incluyendo anuncios en los playoffs de la NFL. Sin integridad periodística: Melania Trump tuvo control editorial total sobre la cinta, dirigida por Brett Ratner, un habitual en los documentos Epstein.

Para diferentes analistas el mensaje es nítido: no se busca rentabilidad cinematográfica, se busca comprar influencia. En un contexto de hostilidad regulatoria y política, gastar 75 millones en una hagiografía de la Primera Dama es una inversión en "paz corporativa", no en cultura.

La mirada global del negocio de Bezos
En el caso del Post, la crisis no puede desligarse del ecosistema más amplio de su propietario. Bezos temía que una postura crítica del Washington Post provocara represalias de Trump contra Amazon, especialmente en forma de bloqueo de contratos federales. La computación en la nube, uno de los motores de crecimiento del grupo, depende en gran medida de acuerdos con el Gobierno de Estados Unidos, incluidos el Departamento de Defensa y las agencias de inteligencia. A ello se suma la presión competitiva sobre Blue Origin, que ha quedado rezagada frente a SpaceX y necesita también el respaldo de contratos públicos para consolidarse.

Bezos parece decidido a gestionar cuidadosamente sus equilibrios políticos y empresariales, evitando que el Post se convierta en un obstáculo para los intereses estratégicos de sus otras compañías.

Derrota del periodismo
"Este es uno de los días más oscuros en la historia de una de las organizaciones de noticias más importantes del mundo", escribía Marty Baron en una declaración en respuesta a los recortes anunciados. Baron fue nombrado editor jefe del periódico pocos meses antes de la compra por parte de Bezos en 2013. Durante los ocho años que dirigió la redacción, el Post se consolidó como una de las voces más influyentes frente al poder, especialmente durante el primer mandato de Trump, y obtuvo diez premios Pulitzer. En esa etapa, además, contó con el apoyo firme y sostenido de su propietario.

Pero la perspectiva ha cambiado porque el medio ha dejado de ocupar el centro del proyecto empresarial y su misión se ha debilitado.

Hoy el poder de la propiedad ya no necesita intermediarios ni censura explícita: basta con redefinir presupuestos, prioridades y niveles de riesgo para moldear el resultado editorial. La escala tampoco garantiza legitimidad; comprar medios o crecer vía adquisiciones no construye credibilidad por sí solo y, bajo presión política, el periodismo puede convertirse en moneda de cambio. Si se leen en conjunto los casos de Los Angeles Times, CBS o CNN, el diagnóstico se vuelve más preciso: no estamos solo ante una crisis del modelo de negocio ni ante decisiones erráticas, sino ante un problema de gobernanza y de incentivos.

"Los repugnantes esfuerzos de Bezos por ganarse el favor del presidente Trump han dejado una mancha especialmente fea", escribía Baron en su declaración.

La mayor amenaza no es el cierre abrupto, sino la erosión silenciosa, el adelgazamiento progresivo del proyecto hasta conducirlo a la irrelevancia. En contextos inciertos, el verdadero peligro no es solo la inestabilidad externa, sino la fragilidad interna que los propios medios generan cuando renuncian a su ambición periodística. Por eso, los recortes de Bezos huelen a muerte y derrota.

La pregunta de fondo no es cuánto cuesta sostener un gran periódico, sino cuánto cuesta dejar de hacerlo. Como advierte David Remnick, su propietario es "responsable de una mercancía invaluable": el periodismo como garantía de vigilancia democrática. Conviene recordarlo en un momento de repliegue estratégico: los medios no son solo empresas que optimizan resultados trimestrales; son infraestructuras cívicas que sostienen la conversación pública y el equilibrio del poder. Cuando se debilitan, no sólo pierde una redacción. Pierde la democracia.
Foto: © Italy Photo Press via ZUMA Press
Fuente: Jot Down

domingo, 8 de febrero de 2026

Entre la ley y la vida: la Iglesia reclama prevención y educación antes de bajar la edad de punibilidad

En medio del debate por la posible baja de la edad de punibilidad en Argentina, la Iglesia Católica volvió a manifestar su rechazo a esta iniciativa, advirtiendo sobre el riesgo de criminalizar a niños y adolescentes sin atender las causas profundas de la exclusión y la violencia. Desde el Episcopado sostienen que reducir la edad sin un abordaje integral es simplificar un problema complejo que atraviesa la vida de los jóvenes y de las comunidades más vulnerables.

El Padre Máximo Jurcinovic, sacerdote y director de la Oficina de Comunicación y Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina, asumió el rol de vocero en este debate que vuelve a instalarse en la agenda pública. Desde su perspectiva, la Iglesia propone siempre una mirada integral sobre estos temas, reconociendo la necesidad de un régimen penal juvenil y adolescente, pero alertando que comenzar la discusión únicamente por la edad representa una reducción que deja de lado las causas profundas. "Estamos hablando de qué está pasando con la vida de nuestros niños y de nuestros jóvenes", remarcó en diálogo con Señales.

La necesidad de un debate integral
Jurcinovic advirtió que la Iglesia no está ajena al dolor desgarrador de familias y comunidades que han sufrido delitos, pero insistió en que no se puede pensar solo en la edad. "Es un modo de simplificar la cuestión. La Argentina ya tiene un régimen penal juvenil, creemos que hay mucho por hacer y sobre todo creemos que hay mucho por debatir. Por eso creemos que estos tipos de tratamiento donde no se escucha la voz de los senadores, donde no se escucha la voz de los diputados, donde muchas veces se aceleran tanto los tiempos, no generan algo imprescindible que es la escucha de todas las voces. Por eso creemos que, por supuesto, hay mucho que caminar, hay mucho que debatir y estamos hablando de los niños y jóvenes de nuestra patria que están en situación de vulnerabilidad y que quizá todavía no han cometido delitos y que no los van a cometer nunca, pero que tenemos que poner también la mirada sobre ellos".

El sacerdote sostuvo que comenzar solo con castigo representa un reduccionismo. "La Iglesia se lo ha preguntado el año pasado y se lo vuelvo a preguntar ahora, y creemos, además, por las informaciones que tenemos a través de los medios de comunicación, que tiene que estar todo más claro: ¿dónde vamos a alojar a los menores? ¿Cuáles son los lugares que se van a crear para poder acompañarlos y resaltarlos en la sociedad? ¿Cuáles son los dispositivos que las provincias, los municipios van a tener para poder acompañar este tipo de problemática? Porque después sabemos cómo pasa esto, después cada uno se tiene que arreglar, digamos, ¿no? Seguro. Entonces creemos que es una discusión que se necesita dar y que esperemos que se dé de una manera responsable".

Contrastes legislativos: la ludopatía y la urgencia
Jurcinovic recordó ejemplos de la agenda política reciente, señalando la necesidad de debatir con profundidad y con información seria. Hizo referencia al proyecto de prevención de la ludopatía, que según señaló "cuida la vida de nuestros pibes" y recordó que, pese a su importancia, "un niño tiene un casino en su mano hoy en día. El año pasado esa ley no se trató en todo el año en el Congreso de la Nación, en el Senado. Una ley aprobada por la Cámara de Diputados perdió estado parlamentario. No había apuro, parece, digamos, ¿no? Y ahora nos encontramos con este acelere por esto. Por eso creemos que es necesaria la grandeza política de tomarse estos temas con profundidad y de debatirlos para que la sociedad sepa, y sobre todo, cómo vamos a tratar a nuestros más vulnerables. Porque esa es la cara de una sociedad, es la cara de una patria, cómo trata a los más débiles y vulnerables".
La contradicción política y el debate sobre la edad de punibilidad
En la ciudad de Rosario, la ex vicegobernadora y actual diputada por Santa Fe, Gisela Scaglia, expresó recientemente que apoyaba bajar la edad de punibilidad a 13 años, argumentando que la punibilidad protege a los chicos frente a las bandas criminales. También advirtió que las problemáticas juveniles requieren inversión social, algo que el Estado aún no garantiza. Esta situación evidencia una contradicción entre las demandas de quienes fueron víctimas y ciertas decisiones políticas que buscan medidas rápidas y visibles.

Frente a este escenario, Jurcinovic destacó que las discusiones requieren profundidad, datos y un abordaje integral, no solo la reducción de la edad de punibilidad. "Con este ejemplo y con muchos otros que hemos escuchado, se necesita un debate donde se escuchen todas las voces. Vamos a bajar la edad, ¿y dónde vamos a recluir a estos menores? ¿Conoce la política realmente la realidad de los establecimientos penitenciarios de nuestra patria? ¿Conoce cómo hoy se puede acompañar en cada provincia y en cada lugar esta situación? ¿Conocen nuestros representantes este deterioro educativo que hay en muchos lugares, la deserción escolar, que necesita una pronta solución? Nosotros ahí, lo hace la Pastoral Social en este documento también, que volvió a reditar, creemos que también es necesaria la grandeza política, porque le va a tener que ser serio, con conocimiento profundo, con estadísticas. La solución de fondo es mucho más compleja que bajar la edad, y requiere un abordaje integral".

La mirada integral sobre los barrios
El sacerdote subrayó la gravedad de los problemas que atraviesan los niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Habló de los casos de ludopatía que derivan en deudas e incluso suicidios, y señaló que estos hechos "nos tiene que tocar el corazón a nosotros, a nuestros presentantes, para saber que estos temas no son solamente cuestiones de títulos o decisiones que caigan bien o mal. Estamos hablando de vida o de muerte, y todo esto, por supuesto, atravesado también por la realidad del narcotráfico, por eso creemos el abordaje y la necesidad de una mirada integral".

La prevención, enfatizó, debe comenzar mucho antes de que un niño cometa un delito. "No nos podemos ir de los barrios. Cuando el Estado se corre de los barrios, cuando las organizaciones no tienen capacidad o no pueden permanecer en los barrios, el que ocupa ese lugar es el narco. Entonces lo primero es la lucha día a día contra este flagelo. Bueno, ustedes también lo saben, nosotros lo sabemos en el conurbano. Estamos hablando y los sacerdotes que trabajan en los barrios nos cuentan del inicio de la edad de consumo a los nueve años. Bueno, no podemos no pensar que ese es un tema prioritario".

Educación y acompañamiento: claves para la prevención
Jurcinovic destacó la educación como un eje central. "Como lo ha dicho la Iglesia en este documento, que lo dio a conocer el día de San Juan Bosco, alguien totalmente cercano al mundo de la educación, el tema educativo nos parece que es clave. Fortalecer la tarea educativa en nuestra patria, que ese fortalecimiento se dé también con el acompañamiento de partidas presupuestarias que ayuden a todos estos establecimientos que sabemos que tienen un lugar fundamental en la vida de nuestros pibes. Y después también la posibilidad del acompañamiento a quienes cometen un delito para que también se puedan resaltar un día en la sociedad. Es decir, no podemos dejar a esos niños abandonados, porque por supuesto que hay un delito, por supuesto que hay un delito que cometieron y por el cual tiene que haber una pena. Pero eso de que a veces delito de adulto, pena de adulto, donde sigue siendo un delito de un niño. Que por supuesto es un delito, pero es de un niño. Y por eso tenemos que acompañarlo de una manera especial".

El sacerdote recalcó que el cuidado de los niños y jóvenes es responsabilidad de toda la sociedad. "No podemos pensar este momento y esta reflexión si como sociedad no entendemos que es una responsabilidad de todos el cuidado de los más frágiles".
Trabajo y dignidad: la otra cara de la prevención
Jurcinovic describió la situación de los barrios, haciendo hincapié en el deterioro social y la pobreza integral. Señaló que es fundamental fortalecer las fuentes de trabajo, porque "el trabajo es el ordenador de la vida de las personas. Que se ponga la mirada en fortalecer el trabajo de quienes lo tienen y que no se pierdan fuentes de trabajo". Además, mencionó que la pobreza no es solo material, sino que involucra condiciones de vida, acceso a servicios básicos, alimentación y dignidad: "La participación de las iglesias, de todas las religiones, los evangélicos, los católicos en los barrios acompañando, creemos que eso hay que estar presente justamente para que nuestro desarrollo se siga fortaleciendo. Desde una mirada integral, donde se integren todas las necesidades de las personas".

Grandeza política y escucha de todas las voces
El sacerdote enfatizó que hace falta grandeza política para abordar estos temas de manera integral. Citando al Papa Francisco sobre la cultura de la indiferencia, sostuvo que quienes tienen responsabilidad en cualquiera de los ámbitos sociales, políticos, sindicales, empresariales o religiosos, deben tener la grandeza de discutir los temas con seriedad. "Por eso lo que estamos pidiendo es que estos temas se discutan y sobre todo que se escuchen todas las voces. Hay muchas voces que tienen mucho recorrido al lado de los niños y de los jóvenes. Es parte de la grandeza política escuchar todas las voces".

Finalmente, resumió los pilares que deben guiar cualquier debate sobre la infancia y adolescencia: educación, acompañamiento y prevención. "Educación, acompañamiento y prevención creemos que es un camino que tenemos que discernir para la vida de nuestros niños", concluyó, dejando claro que la discusión no puede limitarse a castigar, sino que debe contemplar la vida, la dignidad y el futuro de la infancia argentina.

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