sábado, 14 de marzo de 2026

Cristina Solano: Una vida dedicada a la salud mental y a los derechos humanos

El documental Cristina Solano: una apuesta por la salud mental como derecho humano se estrenó el sábado 14 de marzo en el Centro Cultural de las Madres de Plaza 25 de Mayo, en Rosario, acompañado de una charla y un debate con la propia protagonista. La película recorre la trayectoria de Solano, desde su trabajo con familiares de desaparecidos durante la dictadura hasta su acompañamiento a niños restituidos y veteranos de Malvinas, mostrando su compromiso con la salud mental inclusiva y los derechos humanos. En diálogo con Señales, la directora Magalí Besson destacó cómo el proyecto nació a partir de un cuento inédito de Silvia Bleichmar, que inspiró la película y permitió combinar testimonio, música y narrativa para hacer accesible y emotivo un relato sobre memoria, trauma y reparación social.

Magalí Besson nació en Rosario, en plena dictadura, y sus primeros años de escolaridad transcurrieron en La Integral de Fisherton, una escuela y comunidad que, según recuerda, le cambió la vida para siempre. Con el tiempo, su pasión por el psicoanálisis se entrelazó con el interés por la política, dos ejes que luego articularía en diversas militancias culturales y en el campo de la salud mental.

Se graduó como psicóloga en la Universidad Nacional de Rosario, donde hoy se desempeña como docente, al mismo tiempo que mantiene su práctica profesional independiente, aunque su labor central sigue siendo la de analista. Hace ocho años, mientras editaba su primer libro dedicado a la salud mental y a las prácticas situadas, se convirtió en madre, un hito que marcó tanto su vida personal como profesional.

El legado de una psicóloga pionera
En el marco de su trabajo documental, Besson decidió registrar la trayectoria de Cristina Solano, una figura emblemática de la psicología y el psicoanálisis en Rosario. Solano inició su vínculo con Aire Libre, Radio Comunitaria, a principios de los años 90, cuando, junto al doctor Norberto Liwski, integraba Defensa de Niñas y Niños Internacional – Sección Argentina, un organismo no gubernamental con estatus consultivo ante Naciones Unidas. Desde allí, la radio se nutrió de su experiencia en el trabajo con niñas y niños.

Cristina fue parte de los primeros "Talleres para niños víctimas de la dictadura", donde acompañó a algunos de los primeros nietos restituidos. Aquellos espacios de encuentro y elaboración sirvieron también como germen de la organización HIJOS, tema que la emisora documentó en el especial “30 años, 30 historias, 30 horas”. Más adelante, Solano desarrolló un extenso trabajo como psicóloga e investigadora en el PAMI, focalizado en la salud de los veteranos de guerra de Malvinas a nivel nacional.

Memoria, derechos humanos y compromiso social
Su compromiso con la memoria y los derechos humanos se reflejó también en el vínculo estrecho que mantuvo con la Asociación Anahí y con la Casa Mariani–Teruggi de La Plata, declarada Monumento Histórico Nacional, participando en actividades conmemorativas como el cumpleaños de Clara Anahí Mariani, desaparecida durante la dictadura. En ese marco, dialogó en reiteradas ocasiones con su abuela, María Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, fundadora y presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, hasta su fallecimiento en 2018.

Besson describe a Solano como una psicóloga y psicoanalista graduada en la UNR durante los años 70, en plena dictadura, que simultaneó sus estudios con su práctica militante en el peronismo de base. Madre de dos hijos, Cristina ha dedicado su vida a la salud mental inclusiva y al trabajo con situaciones extremas, abordando algunos de los episodios más dramáticos que atravesó el país. Su experiencia incluye tanto talleres con niños víctimas directas del terrorismo de Estado como el acompañamiento a veteranos de Malvinas desde PAMI.

El recorrido de Solano es vasto y plural, pero mantiene un hilo conductor: trabajar con aquellos grupos que han sufrido traumatismos vinculados al sometimiento social y al horror. Su capacidad de transmitir ideas y sentimientos fue un motivo central para que Besson eligiera registrar su testimonio en un formato en el que se escucha casi exclusivamente a Solano, acompañado solo de breves intervenciones de otros, fragmentos musicales y fotografías. La sensibilidad y fuerza de su relato permiten que su historia se perciba no solo como un testimonio profesional, sino como un legado humano y emotivo.

El nacimiento del documental
El documental Cristina Solano: una apuesta por la salud mental como derecho humano nació de la emoción colectiva que generó el testimonio de la psicóloga y psicoanalista rosarina. Magalí Besson recuerda la sensación de alegría y conmoción que atravesó al grupo de hombres y mujeres que trabajaron en la realización del proyecto, y que finalmente pudo ser estrenado el sábado 14 de marzo a las 18 horas en el Centro Cultural de las Madres de Plaza 25 de Mayo, ubicado en el Palacio Fracassi, en la calle Corrientes casi esquina San Luis, en Rosario. La proyección se acompañó de una charla, un intercambio y un debate posterior, con la presencia de Cristina Solano, constituyendo un espacio único de encuentro entre el público y la protagonista del documental.

Besson relata que la idea de hacer la película surgió de un gesto de generosidad de Solano: le entregó un cuento inédito de la psicoanalista argentina Silvia Bleichmar, un material que ya comenzaba a circular gracias al documental y que prometía encontrar un público más amplio. Este cuento, según Besson, se convirtió en el corazón del proyecto, pues no solo narraba una ficción, sino que estaba profundamente inspirado en la experiencia clínica de Solano con niños víctimas del terrorismo de Estado.

El valor del testimonio y la ética profesional
El relato de Besson contextualiza el cuento: se trataba de un trabajo que Solano había iniciado con Bleichmar a mediados de los años 80, alrededor de 1985 o 1986, en el marco de una supervisión clínica. Cristina se había comprometido a sostener tratamientos con chicos que habían sido objeto del robo y apropiación de sus identidades, y que se encontraban en el proceso de restitución a sus familias. Para asegurar la calidad y la ética de su intervención, decidió supervisar sus prácticas con Silvia Bleichmar, cuya experiencia con infancias víctimas del terrorismo de Estado en Argentina era ya reconocida. De ese encuentro surgió un material muy fecundo, y uno de sus efectos fue precisamente el cuento que Besson recibiría años más tarde. Este relato ficticio, llamado El medallón, tenía un enfoque crítico sobre las malas intervenciones y los malos tratos en contextos de vulnerabilidad extrema, un tema que Besson considera crucial para entender la responsabilidad ética en el trabajo con niños y niñas atravesados por la violencia política.

El encuentro que dio origen al documental fue casi casual: en un café, Cristina le entregó a Besson el cuento y le contó sobre su historia, su trabajo incansable y su recorrido profesional. Besson rememora cómo, en los años de la dictadura en Rosario, Solano ya acompañaba a familiares de víctimas, y cómo luego extendió su trabajo a los niños y niñas afectados tanto en Rosario como en Buenos Aires. La directora se preguntaba por qué este testimonio no había circulado antes y, al mismo tiempo, percibió la necesidad de “hacer justicia” con la historia de Solano, proponiéndole grabarla para preservar y transmitir algunos de los hitos fundamentales de su práctica en derechos humanos.

Escucha más allá de la palabra
El cuento de Bleichmar adquirió un lugar central dentro del documental, porque dialoga con el testimonio de Solano y contribuye a darle un tratamiento artístico a un material que, de otro modo, podría resultar demasiado duro para algunos espectadores. Besson señala que la combinación del cuento, la música y la manera de comunicar de Solano —quien también es actriz— permite que el relato sea accesible y digerible, sin perder la crudeza de las experiencias narradas. Destaca que, aunque el testimonio aborda episodios difíciles, está presentado de manera que el público puede mantener la escucha y la conexión afectiva con lo que Solano transmite.

Para Besson, uno de los logros más interesantes del documental es precisamente esa capacidad de sostener la conexión emocional mientras se enfrentan relatos sobre el horror de la dictadura. El testimonio de Cristina conmueve por la manera en que supo generar espacios de escucha y acompañamiento para los niños y niñas afectados, más allá de la palabra. Desde los años de la dictadura en Rosario, Solano, junto con un grupo de compañeras y compañeros, fue construyendo modos sutiles e innovadores de atención, que no solo sostenían a los niños y ofrecían presencia y compañía, sino que buscaban acompañar los efectos de los traumatismos ocasionados por el terrorismo de Estado. En muchos casos la palabra no era el principal vehículo de expresión para los niños; estos podían transmitir su sufrimiento a través de juegos, escenificaciones o materiales creativos.

Salud mental como derecho y construcción colectiva
Argentina, señala Besson, ha demostrado una capacidad excepcional de producir salud mental en contextos de trauma social, precisamente porque la historia de violencia y represión dejó marcas profundas en sus habitantes. Muchas de estas marcas no son fácilmente verbalizables ni narrables, sino que se inscriben en los cuerpos y en los psiquismos como impresiones, imágenes, ruidos y sensorialidades desconectadas de un relato convencional. El trabajo de Solano consiste en reconocer y acompañar estas marcas, ofreciendo herramientas para su simbolización y procesamiento, y mostrando cómo intervenir en situaciones de trauma extremo de manera ética y respetuosa.

El legado de Solano se manifiesta también en su apuesta por el trabajo colectivo y por la creación de espacios de pensamiento compartido. Su experiencia demuestra que, para enfrentar situaciones que buscan destruir la posibilidad de pensar y construir comunidad, es imprescindible sostener la confianza en el trabajo con otros. Mantener espacios de reflexión, cuidado y colaboración permite a los trabajadores de la salud mental ofrecer herramientas para elaborar y tramitar los efectos de traumas que buscan desarticular toda vida comunitaria. Besson subraya que este legado también implica una crítica a las soluciones rápidas y al eficientismo: muchas veces, los conflictos y traumas no pueden resolverse con velocidad, sino que requieren paciencia, ética y colaboración.

Talleres, encuentros y reparación emocional
En su testimonio, Solano recupera su experiencia de los años de dictadura, cuando acompañaba a familiares de desaparecidos y trabajaba posteriormente con niños restituidos a sus familias. Su relato enfatiza la creación de espacios de cuidado, reflexión y reparación para las infancias atravesadas por el terrorismo de Estado, así como la necesidad de un compromiso ético profundo de quienes ponen su práctica profesional al servicio de la defensa de la vida.

Los años de 1978 marcaron un hito en la trayectoria de Solano. En aquellos momentos, los familiares de los compañeros desaparecidos estaban organizados y enfrentaban situaciones de horror que demandaban acompañamiento profesional. Solano, junto con su colega Daniel Michelli, intervino directamente en espacios como la calle Ricardone y la calle Corrientes, ofreciendo apoyo a madres, abuelas y familiares de desaparecidos. Su trabajo fue, en muchos casos, casi clandestino, un modo de participar activamente en la lucha permanente de los militantes de los años 70, utilizando su formación profesional y las herramientas que el Estado le brindaba a través de la educación y la psicología.

Posteriormente, Abuelas de Plaza de Mayo convocó a Solano para continuar la labor terapéutica con los niños restituidos, y al mismo tiempo, ella comenzó a organizar espacios de reflexión, encuentros y talleres de acompañamiento en diversas regiones del país. Entre estos espacios se destaca el taller Avión Aves, que se desarrolló durante diez años con niños víctimas directas de la dictadura, buscando reparar y restablecer afectos, amor y valores fundamentales en las infancias marcadas por el horror del terrorismo de Estado.

Un legado vivo para futuras generaciones
Besson destaca que este enfoque muestra cómo la salud mental puede ser una herramienta para la defensa de la vida y la restitución de derechos, y cómo las prácticas de Solano se extendieron más allá de la clínica individual para convertirse en un compromiso social y comunitario. La atención no se limitaba a los síntomas visibles o a la narrativa verbal de los niños, sino que abordaba la totalidad de su experiencia: sensorialidades, juegos, imaginarios y emociones, integrando múltiples lenguajes de expresión. Esta ampliación del campo de la intervención clínica constituye un aporte histórico y pedagógico para la profesión, mostrando la importancia de adaptar los recursos a la singularidad de cada trauma y contexto.

El documental, por lo tanto, no solo registra un testimonio personal y profesional, sino que recupera un conjunto de estrategias, prácticas y aprendizajes que pueden servir como guía para quienes trabajan en salud mental. Frente a situaciones donde la violencia y la represión buscan anular la capacidad de pensar y crear comunidad, la experiencia de Solano demuestra que la perseverancia, la colaboración y la ética profesional son fundamentales.

La directora señala también la relevancia de que el documental sea accesible para un público amplio, no solo para especialistas. Gracias a la combinación de la narrativa de Solano, la musicalización y los elementos artísticos, el testimonio se hace digerible sin perder intensidad ni profundidad. La película permite que los espectadores comprendan el impacto del terrorismo de Estado en las infancias y en la memoria social, así como la importancia de la atención ética, sensible y comprometida.

Finalmente, Besson subraya que el documental busca que el material pueda ser compartido y utilizado con fines educativos y de reflexión. La historia de Solano, sus estrategias de intervención y su ética profesional se presentan como un insumo vivo para la construcción de comunidades más resilientes, sensibles y comprometidas con la salud mental y los derechos humanos.

En suma, el relato de Besson sobre Solano muestra cómo una profesional puede transformar el dolor en acción ética y colectiva, acompañar la restitución de infancias robadas y enseñar a futuras generaciones la importancia de sostener espacios de pensamiento, cuidado y creatividad frente a la violencia, el horror y la pérdida. Su historia evidencia que la atención psicológica puede ser, a la vez, acto de justicia, acto de amor y acto de construcción de comunidad, y que incluso en los contextos más devastadores, es posible abrir vías de reparación, memoria y esperanza.

Escuchá la entrevista completa:

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