Marcos Peña recibe de manos de Graciela Camaño el documento donde se revela uno a uno quiénes manejarían ese entramado en Twitter y cuánto cobrarían por eso.
Al finalizar su discurso de este miércoles, la jefa del bloque del Frente Renovador, Graciela Camaño, le entregó al jefe de Gabinete, Marcos Peña, un pormenorizado informe sobre el “troll-center” de Cambiemos, que trata sobre “la industria del escrache” y detalla con nombre y apellido quiénes manejarían ese entramado en Twitter.
“Cada vez que alguien critica al gobierno se convierte en víctima del troll-center. Los coordinadores definen una línea de escrache, los trolls preparan materiales y coinciden en una fecha y hora para salir todos juntos a destruir al objetivo en redes sociales”, arranca el documento que Camaño le dejó a Peña.
Allí se sostiene que en montar ese sistema “se gastan 205 millones de pesos por año, contratando trolls que inscriben formalmente como empleados públicos”.
Uno de los datos principales que se pretende denunciar es que “Marcos Peña es el cerebro de este gabinete en las sombras”, ya que “comanda al menos cuatro grandes estructuras creadas por funcionarios en campaña, que ahora le responden desde que son financiadas por el Gobierno nacional”.
Se identifica a Octavio Paulise como la persona que “se dedica a construir fakes para falsear la opinión pública con intenciones políticas”. Según el informe, Paulise responde al ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, y cobra “53 mil pesos” mensuales mediante un “convenio de cooperación”.
Otros de los operadores nombrados son “Lucho” Bugallo, Carlos Correa Arias y Nazareno Etchepare, “tres asesores de (Elisa) Carrió y también impulsores del #Cacerolazo convocado por las redes sociales contra el gobierno de Cristina Kirchner”, que cobrarían “60 mil pesos mensuales” provenientes de diferentes dependencias.
“A ellos se le suman Mariana Torres y Marcelo Moran, ambos trabajando originalmente bajo el mando de Patricia Bullrich y su partido porteño. Ambos administraban el perfil ‘El Anti K’ y desde ahí se encargaron de posicionar a Bullrich y a Carrió como las principales protagonistas de las marchas”, agrega el informe del Frente Renovador.
También se hace un detallado análisis del hashtag #MassaEsK, donde se concluye que los trolls combinaron “utilización de un mismo hashtag, concentración de menciones, coordinación horaria y elevado promedio de menciones” por cuenta participante.
Por último, se mencionan como ejemplos las campañas contra la vedette Pamela David, el papa Francisco y el conductor Marcelo Tinelli; y se cita un informe de Amnistía Internacional sobre ciberataques contra once reconocidos periodistas, como Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni y Marcelo Longobardi.
Con apenas unos meses de diferencia, la patronal de Publiexpress (editorial que publica Pronto entre otras varias revistas) continúa con su siniestro plan de ajuste. Luego de los despidos de dos compañeras a principios de mayo, la semana pasada la empresa se despachó con ocho despidos más.
Pero ahora, al brutal ajuste que sufrimos los trabajadores con la pérdida de puestos de trabajo, se le suma un condimento extra: la extorsión de la patronal.
Resulta que a Eduardo Lerner, dueño de Publiexpress S.A, se le ocurrió de buenas a primeras que puede estar por encima de las leyes laborales de nuestro país, y decidió no pagar en tiempo y forma las indemnizaciones de los compañeros despedidos.
Lerner pretende pagar a los despedidos el 70% de la indemnización en cómodas seis cuotas. Esto implica, inflación mediante, que a los efectos reales los compañeros despedidos terminen cobrando una indemnización del 50%. En tiempos de crisis devaluatorias y caída de la actividad laboral, la "oferta" de la empresa no es otra cosa que un vil chantaje.
Eduardo Lerner se comporta como un patrón de estancia; con la arrogancia de la pretendida autoridad, deja en la calle a personas que le dieron a la empresa veinte o más años de su vida, y que hicieron de Pronto la revista más vendida del país.
Entre los despedidos se encuentran mujeres que son sostén de hogar con varios hijos, algunos próximos a la jubilación y que han sobrellevado enfermedades oncológicas. La supuesta crisis que atraviesa Publiexpress, y que sus directivos repiten como un eslogan desde hace años, se choca con la realidad de números que más de una empresa de medios quisiera tener.
Sólo de revista Pronto, se venden mensualmente cerca de 250 mil ejemplares, en tanto que la planta de trabajadores que hace algunos años llegaba a las 90 personas, hoy se redujo a la mitad.
Ante tamaña injusticia, extorsión y flagrante violación de los derechos laborales, los trabajadores de Publiexpress decidimos paro al cierre de Revista Pronto y nos mantenemos en estado de alerta hasta que la empresa pague las indemnizaciones como prevé la ley a los compañeros que así lo acepten, y reincorpore a quienes piden mantener su fuente de trabajo. ¡Basta de ajuste y despidos!
¡Reincorporación ya de los compañeros!
Luego de semanas de dilaciones, el Grupo Octubre se comprometió ayer a abrir una mesa de negociación la semana próxima a fin de saldar su deuda con los y las trabajadoras del diario, producto del incumplimiento de la paritaria de prensa. Frente a este compromiso, resolvimos por unanimidad en asamblea poner en suspenso el paro de 48 horas votado para esta semana hasta escuchar la propuesta y evaluar en conjunto cómo seguir.
El grupo empresario que encabeza el sindicalista Víctor Santa María no pagó ni siquiera la primera cuota del acuerdo paritario 2018/19, de un 10 por ciento a partir de mayo. Para peor, en octubre empieza a regir la segunda, que suma un 6 por ciento. Sin embargo, en un gesto de ignorancia absoluta hacia la ley e incumpliendo incluso los usos y costumbres históricos de la dirección de Editorial La Página S.A., el Grupo Octubre no pagó un peso: nuestra recomposición salarial en 2018 es del 0 por ciento.
Esperamos que frente a este gesto pedido por el director Francisco Meritello y otorgado por la asamblea de trabajadores/as de PáginaI12, el Grupo Octubre esté a la altura de sus responsabilidades patronales y presente una propuesta seria, que tenga en cuenta el “índice de inflación de los trabajadores” de la UMET, los acuerdos salariales a la baja firmados en los últimos tres años y los cuatro meses de deuda que acumula en 2018. Comisión Interna SiPreBA PáginaI12
Por: Emanuel Respighi
El ajuste implementado en los medios públicos por el gobierno de Cambiemos encontró en Cablevisión a un socio ideal: desde este mes, la señal estatal Pakapaka no forma parte del abono básico del mayor operador de TV paga del país. El abandono y el recorte presupuestario que el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos (SFMyCP), a cargo de Hernán Lombardi, le impuso a los medios estatales, se tradujo en pantallas con escasas producciones nuevas y cada vez menos atractivo para los televidentes. Cuando la cultura, en este caso audiovisual, se la deja a la voluntad del mercado, no hay medias tintas: las empresas avanzan bajo el criterio comercial. La consecuencia de la política audiovisual estatal es la que desde el 1 de octubre se evidencia en la grilla del abono básico del cableoperador del Grupo Clarín: Pakapaka, la primera señal infantil estatal de la región, fue degradada a la oferta digital, a la que acceden menos argentinos. No fue la única modificación: Canal Encuentro, otra de las pantallas que forman parte del SFMyCP, también fue postergada: si bien se mantiene en la oferta del paquete básico, pasó de estar en la ubicación 19 de la grilla a la 64, para ubicar en su reemplazo a La Nación+.
La cultura argentina sufre desde este mes una nueva postergación. A la devaluada política estatal cultural se le sumó ahora el aporte privado, con la decisión de Cablevisión de limitar el acceso a Pakapaka a la mayor parte de sus abonados. La señal nacida en 2010 como una herramienta audiovisual perteneciente al Ministerio de Educación para interpelar a los más chicos, poniendo en pantalla nuevos nuevos lenguajes y enfoques sobre las infancias pero también sobre la historia, sufre el poco interés estatal y privado en mantenerla vivita y coleando. La asombrosa exclusión de Zamba, SOS mediadores, Noti Pakapaka, Los mundos de Uli, Inventia o Calibroscopio fueron algunas de las producciones originales que cimentaron una pantalla que rápidamente se convirtió en una interesante opción televisiva para el universo infantil, a la vez que sus contenidos sirvieron (aún se los utiliza) como complemento escolar para que los docentes abordaran distintas problemáticas en las aulas.
"Desde el 1 de octubre la compañía ha reordenado su grilla de programación de Cablevisión Clásico. El reordenamiento contempló la inclusión de dos nuevas señales: NeT TV y La Nación+, y con ello el reacomodamiento de algunas señales dentro de la grilla. A partir de esta nueva organización, las señales Pakapaka y CM permanecerán disponibles en los servicios digitales", le informaron a Página/12 desde Cablevisión. Lo llamativo es que más allá de la explicación oficial, Página/12 intentó comunicarse con alguna autoridad del SFMyCP, para conocer la postura de quienes dependen la señales, y no obtuvo respuesta. Ni Lombardi ni el organismo estatal se expresaron públicamente al respeto. Insólito.
Una cuestión a tener en cuenta es que la decisión de Cablevisión viola la -aunque desguazada- aún vigente Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que a través de la AFSCA había reordenado la grilla básica de los operadores en segmentos por género, “comenzando si existiese por la señal del género del bloque producida por el Estado nacional o donde éste sea parte”. Esa resolución tenía como fin obligar a que los operadores de TV por suscripción incorporen a su oferta, sin codificar, las emisiones y señales estatales. Una norma que la nueva grilla de Cablevisión no cumple. En todo caso, la discusión es si esa resolución aún le cabe a los operadores de TV por suscripción, que ni bien asumió Mauricio Macri (decreto 267/15) fueron catalogados -no inocentemente- como "servicios de telecomunicaciones".
La decisión de Cablevisión -comercial, arbitraria- puede pensarse como la consecuencia natural de la política estatal respecto a los canales públicos. Al iniciático decreto que arrasó con el corazón de la Ley 26.522, el gobierno de Cambiemos también decidió mediante otro decreto (1222/16) que los canales Encuentro y Pakapaka dejaran de estar bajo la órbita del Ministerio de Educación para pasar a formar parte del SFMyCP. Bajo el eufemismo de la "convergencia", los canales abandonaron la lógica educativa-cultural para adquirir una comercial. La gestión de Lombardi y su equipo en Encuentro, Pakapaka y DeporTV es conocida: la planta de trabajadores fue reducida a la mitad, al igual que el volumen de producción de contenido.
En un relevamiento publicado por la periodista Tamara Smerling, autora de La otra pantalla: educación, cultura y televisión (Ediciones Educ.ar), el ajuste en Pakapaka se vuelve evidente. "Los presupuestos también sufrieron una baja tan devastadora que hasta hace peligrar la misma continuidad de la señal: Pakapaka pasó de 101.626.748 pesos en 2016 a 36.499.652 en 2017 (casi dos tercios menos) y, en lo que va de 2018, alcanzó su mínimo histórico: solo 6.583.231 pesos. La producción de la señal infantil, en solo tres años, bajó hasta un 75 por ciento: de 87,60 horas de producción propias (19 series y 7 microprogramas, muchos realizados durante la gestión anterior) en 2016, se pasó a menos de la mitad: 37,55 (8 series, 5 micros y una app) en 2017. La cifra de 2018, hasta ahora, es de seis producciones propias (seis series y 2 microprogramas), con un total de 22,75 horas".
Según cifras de la misma empresa, del total de 3,4 millones de abonados que tiene Cablevisión, sólo el 45 por ciento posee servicios digitales. Es decir: cerca de 2 millones de hogares no podrán tener más la posibilidad de ver Pakapaka. Fuente: Diario PáginaI12 Ver también: Pakapaka, una señal educativa cada vez más chica
El caricaturista y artista plástico Hermenegildo "Menchi" Sábat, reconocido por sus dibujos políticos en Clarín, falleció anoche mientras dormía. Tenía 85 años.
El querido dibujante había nacido en 1933 en la ciudad uruguaya de Montevideo y llegó a Buenos Aires en 1965, tras abandonar su puesto de secretario de redacción del diario El País.
Colaboró entonces en las prestigiosas revistas Primera Plana y Crisis y también en el diario La Opinión.
Desde 1973 era el caricaturista por excelencia de Clarín.
Durante su enorme trayectoria recibió premios internacionales destacados, como el Moors Cabot de la Universidad de Columbia, por sus dibujos durante la dictadura militar, y el de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que le entregó el mano el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.
El año pasado, además, le fue otorgado el Konex de Brillante por su trayectoria. "Espero que estas cosas ayuden a otros a trabajar con ilusión", dijo en esa oportunidad, emocionado hasta las lágrimas, y rodeado por sus compañeros de trabajo, que luego hicieron fila para abrazarlo.
Ayer, como todos los días, a la tardecita, Menchi se fue de la redacción. Como siempre, vestía saco y corbata y saludó a todos los que cruzaban su camino. "Chau, maestro", lo saludaron. "Murió mientras dormía", señala Clarín.
Estaba casado con Blanca y tenía dos hijos, Alfredo y Rafael.
Sábat para armar (de una entrevista con Educ.ar)
Cuando un taller de arte está vacío -sin los alumnos, sin la modelo, sin los fantasmas de los pintores amados- uno siente sin embargo que un duende o tal vez un ángel andan cerca. Hermenegildo Sábat(67) puede ser visto acaso como una rara mezcla de ángel y duende. Hosco y obstinado como una roca dura, pero a la vez sensible y transparente como el agua blanda, el artista camina casi sin hacer ruido entre mesas y tableros. Desde las paredes lo miran fijo sus propias caricaturas de Troilo, Picasso, Groucho Marx, García Lorca, Brecht y naturalmente el célebre trompetista Duke Ellington. Pero él está demasiado concentrado como para prestarles atención. Apenas si levanta la vista cuando, también desde la pared, su inimitable versión de Marilyn Monroe parece guiñarle un ojo. En las estanterías de los costados duermen sus libros (Scat, Seré breve, Vernissage y Tango mío, entre otros) y los de unos cuantos grandes artistas de todas las épocas, como el exasperado y procaz Egon Schielle, o el refinadísimo retratista alemán Hans Holbein.
Mientras en el equipo de música suena casi en sordina un viejo tema de Charlie Parker, el maestro pinta en silencio, como abstraído. Obviamente no le gusta hablar, y para explicarse sin dejar de ser coherente, señala hacia un costado, con el dedo, una de las incontables frases que tiene pegadas en un panel de telgopor: Calle, la palabra mata el sentido creador. Era un consejo que Ernest Hemingwaysolía darles a los escritores excesivamente locuaces. Cuando se lo interroga una vez más sobre el carácter editorial de sus ilustraciones periodísticas -ya que ningún entrevistador que se precie de tal debe evitar las preguntas obvias- Sábat se hace el distraído y dice: "Yo no voy a poner palabras para hablar de algo que no tiene palabras". Tiene razón. Si al poeta Raúl González Tuñón lo dibuja con alas de ángel y al ex dictador Pinochet lo presenta con colmillos de lobo y manchas de sangre alrededor -o a Galtieri con una eterna copa de whisky en la mano- poco o nada hay que agregar. Como contrapartida, el rostro sin rostro de los desaparecidos asoma como carne viva y acusadora en el papel.
¿Cuál es, finalmente, el verdadero Sábat? ¿El filoso caricaturista que echa a volar sus broncas y alegrías cada mañana a la manera de un periodista mudo, o el delicado artista que expuso sus pinturas, paisajes y retratos en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1997? Entre ambas opciones lo mejor es elegir las dos. Porque la obra múltiple del señor Hermenegildo no admite esos burdos encasillamientos. Sábat, además, ni siquiera necesita la opinión de los habitualmente aburridos críticos de arte. Sus expresivas, sutiles y contundentes pinturas existen como verdades irrefutables. Y sus caricaturas no tienen igual. En unas y otras sobrevuela además la marca de la desobediencia, otra virtud entre las muchas que caracterizan a su inspirado hacedor.
"Yo dibujo con el corazón en llamas" ¿Todavía le preocupa saber si es buen pintor?
Lo que siento ahora es que vengo progresando en mi camino de autodidacta, que por supuesto no se lo recomiendo a nadie. Todo se hace más lento y surgen dificultades a la hora de determinar qué cosas son vivencias y cuáles meras apariencias. Yo no sé si pinto bien, pero sé que lo que estoy haciendo me representa. Y no es poco.
Etimológicamente hablando, la palabra "arte" alude justamente a un modo muy propio de ser o existir.
Sí, y ese ejercicio se relaciona también con el respeto por los artistas que trabajaron antes. Y el respeto por uno mismo también.
¿Qué quiere decir exactamente?
Veámoslo así: yo pienso que potencialmente todos somos artistas, todos tenemos la posibilidad de convertirnos en creadores. Claro que después viene la escuela y las presiones familiares, los mandatos sociales y esas cosas, que frustran muchas vocaciones ocultas. En realidad, la gente siente que en ninguna parte es respetada. Por eso, cuando percibe una actitud diferente, se abre la camisa y vuela como Superman.
Uno podría pensar que si un Superman real hubiese nacido en la Argentina, tarde o temprano lo bajarían de un hondazo.
Es cierto, acá no se estimula a la gente. Y si alguien levanta vuelo, sólo genera envidias y recelos a su alrededor. Otro problema grave que yo veo en la Argentina es la pésima educación artística que hay.
¿Se refiere a la forma en que se les enseña a dibujar a los chicos?
Por ejemplo. Siempre es bueno recordar eso que decía Picasso de que a los noventa años le hubiese gustado aprender a dibujar como un niño. Pero qué pasa, aquí a los chicos ni siquiera se les enseña a agarrar el lápiz. No se les demuestra que si uno toma el lápiz desde el extremo superior puede dibujar con más libertad, y que si en cambio lo agarra cerca de la punta inferior ni siquiera ve lo que está dibujando.
En todo caso eso se puede rectificar. Hay cosas todavía más graves, como la idea tan difundida de que el arte es algo serio y aburrido, o que es privilegio de la gente paqueta y supuestamente culta.
Mis mejores alumnos del taller no tienen un peso y por lo general tampoco tienen acceso a las grandes obras de arte que se exponen en el mundo. Y eso para no hablar de Van Gogh, que sólo vendió un cuadro y a su propio hermano. Ahora sus obras se venden a veces por más de cien millones de dólares.
Curiosamente los medios locales suelen interesarse por el arte cuando un cuadro de Van Gogh o de Frida Kahlo se vende a precios muy altos. El cuadro en sí como mensaje o producto artístico parece un tema completamente secundario al lado de su valor expresado en millones de dólares.
Eso es así porque vivimos bajo el imperio de la pavada. Entonces la gente sabe que Van Gogh se cortó una oreja, pero desconoce su obra, sus angustias, sus formas de pintar o dibujar. Ahora se sabe de los artistas lo que menos importa, si se emborrachaban, si salían con tal o cual mujer, si Mozart era perseguido por la sombra de Salieri o si se dormía en los conciertos. Preguntan: ¿estaba enfermo Charlie Parker? Cuando acaso deberían preguntar al revés, ¿qué hubiera hecho Charlie Parker si no se hubiera enfermado?
¿Y qué hubiera hecho?
Eso a mí no me importa. Me basta con la genialidad de su música.
"La felicidad es una verdad que sobrevive" ¿Por qué sus caricaturas son mudas?
Eso viene de cuando trabajaba en La Opinión, que es el diario que de alguna manera me hizo conocido en todas partes. Mi condición para trabajar allí fue que mis dibujos carecieran por completo de palabras.
¿Cuál es su problema con las palabras?
Es que aquí la gente se pelea por las palabras y no por las ideas. Además me parece que de ese modo yo puedo decir un montón de cosas que si estuvieran por escrito me impedirían seguir trabajando. Cuando se hablaba por ejemplo de las relaciones carnales con Gran Bretaña y Estados Unidos yo dibujé a Di Tella con los lienzos por el piso. Creo que en ocasiones el silencio es preferible al caos y al vacío. Además el trabajo creador se enriquece cuando hay concentración y tranquilidad. No siempre el que calla está otorgando.
¿Se considera un hombre feliz?
Sí, trabajo en lo que me gusta, estoy acompañado por el amor de mis hijos y mi mujer. No me puedo quejar.
Hay gente que dice que sólo se puede ser feliz por brevísimos instantes.
Es probable. Pero tampoco creo que uno pueda ser feliz por obra de un arrebato. Hay una acumulación de vivencias y cuestionamientos, como las capas que se superponen en un cuadro. Abajo van aflorando las capas anteriores, y la felicidad es un resultado de todo ese proceso de vida acumulada, de incorporaciones y descartes, acaso como una verdad que sobrevive al autoengaño y la mentira que nos rodea.
¿Cree que los artistas están más cerca de esa verdad que el resto de las personas?
Ellos son diferentes, tienen otro tipo de preocupaciones. No digo que eso los haga mejores, pero al menos ofrecen un ejemplo, sobre todo en una sociedad como la nuestra, acostumbrada a vivir de una manera vulgar, yo diría que groseramente materialista.
Del jazz a la música clásica A usted se lo asocia mucho con el jazz. ¿Se puede decir que es un fanático del género?
He dibujado a músicos de jazz, y escribí muchas notas al respecto. Pero también escucho música clásica, especialmente Brahms y Mozart. No me interesa estar muy actualizado en ese terreno. Siempre digo que no se puede estar en todos lados al mismo tiempo. A la mañana vengo al taller, trabajo siete u ocho horas, después voy al diario donde me gano la vida, y finalmente doy clases y aprendo francés dos días por semana. Es todo lo que puedo hacer.
¿Siempre trabajó en diarios?
Bueno, desde que dejé Uruguay, al cumplir los 31 años, y llegué a Buenos Aires, mi aspiración siempre había sido trabajar en un diario para así poder pagar mi arte. Ése era mi proyecto. Después aprendí a sacar fotos, a redactar y a diagramar. Me convertí de hecho en un periodista. En Montevideo, en 1965, llegué a ser secretario de redacción de El País. Pero cuando alcancé esa supuesta meta decidí patear el tablero, quemar las naves y venirme para la Argentina.
¿No se sintió un irresponsable haciendo eso?
No, porque de lo contrario me hubiera convertido en un burócrata, y ésa no era la idea.
¿Quiere decir por ejemplo que ser jefe de redacción de un diario es algo así como convertirse en un burócrata?
Quiero decir que yo no sirvo para decirle a alguien que me traiga un café. Y mucho menos para sugerir que a tal o cual tipo hay que echarlo del diario. No soportaría verme en esa situación.
¿A usted ya lo echaron de algún lado?
Aquí en Buenos Aires muchas veces. Tanto que una vez estuve a punto de volverme a Uruguay. Una vez el dueño de una agencia de publicidad me llamó para decirme que me tenía que ir pero que yo era un gran tipo. Yo le repliqué: "No sea hipócrita, usted me está echando". Cuando te quedás en la calle, esta ciudad puede llegar a ser muy dura. En la intemperie no hay ningún reparo. Por eso siempre digo que vivir de la vocación no es un privilegio sino una condena.
¿Por esa razón sigue trabajando en Clarín?
Las razones son varias. En primer lugar, yo no sé moverme hábilmente en el mercado de arte. Y en segundo lugar, el hecho de haber estado ocho veces en la calle, me marcó mucho, yo diría que demasiado. En última instancia no creo que el trabajo público de periodista sea algo de décima categoría. Es algo muy respetable y digno.
Algunos escritores que en sus inicios trabajaron en diarios, como por ejemplo Hemingway, solían decir que el periodismo es algo con lo que hay que saber cortar a tiempo.
De acuerdo, pero otro procedimiento podría ser no mezclar las cosas. Cuando uno trabaja en un medio de gran penetración hay que dividir claramente qué es lo que uno quiere hacer. Yo sé que en el diario me gano la vida. Eso es todo.
Me parece que está subestimando su perfil periodístico. Muchos de sus dibujos "de circunstancias" han hecho historia.
De acuerdo, pero eso se debe a que yo me siento más seguro dentro del diario haciendo un trabajo combativo que un trabajo conformista. Cuando encaro un dibujo no puedo dejar de recordar que va a ser visto por un millón de personas. Por eso, cuando dibujo, trato de mantener el corazón y la cabeza hirviendo, y la mano helada.
Historia de un nombre ¿De dónde sale el sobrenombre Menchi?
Es como un diminutivo cariñoso de Hermenegildo. Mencito, Menchito, Menchi... Qué le vamos a hacer, el nombre es una carga que se lleva durante toda la vida.
¿Le pesa llamarse Hermenegildo?
No especialmente. Además, con esta cara, ¿qué nombre cree que puedo merecer? Mi abuelo se llamaba así. Lo que seguro no me hace ninguna gracia es ver, en el cementerio central de Montevideo, mi nombre grabado en esa lápida. Pero me divierte siempre recordar una anécdota que viví cuando conocí a Blanca, mi actual mujer. "Yo sé que a vos te dicen Menchi -me encaró- pero quisiera que me digas cuál es tu nombre verdadero. ¡No me vas a decir que te llamás Hermenegildo o algo así!"
A juzgar por los años que llevan de casados, parece que su nombre no fue un obstáculo para conquistarla.
Parece que no. Blanca me lleva aguantando ya treinta y seis años. Tuvimos dos hijos, Rafael de 34 años y Alfredo de 31. No somos abuelos todavía pero vivimos bastante bien.
¿Tuvo muchos amores antes de conocerla?
No, yo diría que ninguno. Ella fue mi única novia. Me la presentaron en una fiesta en la que caí por accidente, acompañando a dos hermanas. Blanca era de Colón, un barrio de Montevideo. Cuando me conoció todavía no había visto mis dibujos. Para esa época yo vivía en el barrio de Pocitos.
Cerca de la playa.
A tres cuadras. Ése es uno de los grandes privilegios que tienen los montevideanos. La playa siempre está a un paso y es un elemento muy fuerte de integración social. Y lo bueno es que la costa puede ser utilizada por todo el mundo; no pertenece a nadie en particular. La gente está liviana de ropas y nadie se ve obligado a fingir lo que no es.
Creo haber leído que a fines de los cincuenta usted fotografió a una mujer completamente desnuda por la calle y en pleno día...
Sí, y para colmo esas fotos fueron publicadas. Desde entonces me sentí tan mal que no volví a tocar una cámara por diez años. Montevideo tiene esas cosas verdaderamente maravillosas.
Parece como si hablara del mismísimo paraíso.
Hablo en realidad de esa infancia feliz que tuve en Pocitos. Mi padre era profesor de literatura, un intelectual que llegó a ser director general de la enseñanza secundaria en Uruguay. Mi vieja era porteña y lo acompañó siempre. Yo estudiaba y cuando podía iba a la playa.
¿Fue un buen alumno?
No, creo que como estudiante dejé bastante que desear. En realidad yo quería dibujar, y nada me importaba más que eso. Una vez, cuando tenía 16 años, escuché a una chica decirles a sus amigas: "Menchi es una sola cosa". Y creo que tenía razón. A veces pienso incluso que todos somos una sola cosa, algo que se puede ampliar, estancar o frustrar. Pero que siempre está ahí como una marca, como una posibilidad.
Ver también: Solidaridad con Hermenegildo Sábat, Durmiendo con el enemigo, Sábat, Cristina y Verbitsky, No empecemos El ensayista
Sábat, aunque mucha gente no lo sepa, es poeta y ensayista. En este último rubro abordó muchos de los temas que lo obsesionan: el tango, el jazz, la hipocresía de algunos políticos, la salvación del alma por el arte. Adioses tardíos recoge acaso los mejores de esos trabajos.
Sábat eligió para educ.ar los textos que siguen:
Uno/ Ser artista
Las letras de tango y, de una manera más amplia, la picardía criolla han devaluado el sentido genérico de la palabra "artista". Los diccionarios se remiten a pontificar: persona que se dedica a una de las bellas artes (con minúscula). Cuando se trata el tema entre gente ilustrada, el Artista (con mayúscula) es alguien que se ha ubicado más acá de las bellas artes, las ha trascendido y, como hubiera dicho Duke Ellington, está más allá de cualquier categoría. Es probable que el o los conceptos sobre mucho de lo ya sostenido estén al borde de la autodestrucción, pero es indudable que los principios éticos y la espontaneidad de sentimientos todavía y por un largo plazo van a seguir ayudando a quien posea, además, talento y lo que hay que tener.
Esa falta de respeto por el artista y la innegable superficialidad con que se los juzga, o, mucho peor, los remedos a que nos pretende acostumbrar la cultura del shopping center obligan a insistir recalcando, quizás, lo obvio.
El aspirante a cualquier taller, escuela, estudio o similar, casi siempre está más preocupado por la gratificación otorgada a obras propias que por la comprensión de lo que hizo.
Las urgencias, limitaciones y falta aparente de oportunidades son ciertas y evidentes, en Montevideo y también en Buenos Aires o cualquier otra ciudad más o menos opulenta. Resulta incómodo afirmar que las oportunidades no se ofrecen, se advierten.
Pero no hay que desesperar: es posible ser honesto, espontáneo, buen amigo y también un profesional capaz de pagar impuestos, educar hijos, no descreer de ideologías y cosmovisiones y al mismo tiempo ser propietario de algún espacio para vivir y tener la desgracia de viajar y conocer otros espacios y demás ámbitos.
Esto no significa transformarse en un burgués archiconsumista, sino transitar tres etapas, las que cualquier aspirante a artista (con o sin mayúscula) debe recorrer.
Nadie debe sentirse infradotado ante esta advertencia. Cualquier visteo hecho por un aspirante rápido lo conduce con corrección a discriminar una tiza (o pastel) de un pomo de acuarela, y un papel de una tela. Eso no constituye desde ya suficiente argumento para afirmar: "A mí no me gusta la acuarela", como si se tratase de un algún plato de cocina que afecta al hígado. O, con defensa tan poco plausible, rechazar la tela porque no se ha usado.
Hay que dibujar con lápices duros, grasos, blandos, de colores, carbonillas duras, blandas, sanguinas, barras litográficas, lapiceras con plumas (sí, esas que se usaban en las escuelas) todas las plumas que se encuentren, pinceles de todo tipo y mezclarlos con tintas, acuarelas (de lata o de pomo), acrílicos (con su médium correspondiente, nunca con agua), óleos, pintura de tarro, todo. Pero no todo a la vez. Hay que tener curiosidad por los materiales e investigar sin esperar consejos ajenos. No hay que ser autodidacta. Se pueden confundir ciertos avances "interiores" con descubrimientos elementales. No hace falta ser atropellado por un camión para enterarse de que no se cruza una calle cuando en el semáforo está iluminado el sector rojo. Tampoco el conocimiento teórico estricto es garantía para compartir el Olimpo con los elegidos post mortem, pero ayuda.
Si se ha logrado una amistad con los materiales (en lo posible íntima), hemos abandonado el primer escalón y nos encontramos, súbitamente, en una meseta que es casi seguro nadie podrá recorrer por completo. Aun así, es obligatorio conocer sus barrios, y, muy especialmente, sus salas de espejos. Una visita guiada nos ilustra, recién ubicados en la meseta, que uno de los más grandes artistas del siglo, don Henri Matisse, siempre temblaba delante de una tela virgen.
Si no le gustan las telas blancas, píntelas de negro, pero no haga como Barnett Newman, un neoyorquino que las firmaba. No limite sus dudas; si no le gustan las telas pruebe con otros materiales, pero es probable que en algún momento se encuentre sin saber qué hacer. Ese instante es positivo. Hay que generar un sistema de trabajo, que conducirá, sin dudas, a una disciplina, nunca a una rutina. Si se reconocen esos momentos, que inevitablemente suceden, podrá sentirse la tranquilidad de saber que las obras esperan aunque uno no se encuentre con ellas.
Uno de los errores de la enseñanza de dibujo en los institutos secundarios obliga a condenar a los alumnos a que "terminen" un dibujo en cuarenta o cuarenta y cinco minutos, durante dichas clases. Esa malformación dificulta posteriormente a muchos aspirantes que no logran comprender que, hasta ahora y afortunadamente, ningún museo del planeta ubica debajo de las obras expuestas su tiempo de realización. Los que ven televisión se enteran de que Charlton Heston (perdón: Miguel Ángel) tardó cinco años en pintar la Capilla Sixtina, y por suerte la película duró sólo dos horas.
Así como hay muchos, tal vez la mayoría (y no es injusticia) que nunca superan el reconocimiento de los materiales, y dedican sus vidas al know-how y ahí vegetan, no es para nada criticable que se dedique una vida a las búsquedas y a las experimentaciones. Sin ánimo de desalentar a quienes lleguen a leer estas líneas puedo animarme a sugerir que la parte más interesante ocurre cuando se poseen los elementos que nos conducen a entender lo que hacemos y por qué. Esto no se logra sin haber hecho muchos dibujos y muchos cuadros, si no se han tirado también otros dibujos y cuadros y escuchado lo que muchas personas dijeron y hasta leído lo que otros escribieron sobre ellos. Para eso no son necesarios divanes. Se recomienda leer vidas de grandes artistas y tener muchos almanaques encima. Además, si no es mucha insistencia, vale la pena no tomarse en serio, observar lo que hacen los demás para disfrutar (y no para copiar), y de vez en cuando visitar los espejos de la meseta para observarse. Si no somos lindos, mala suerte.
Si se superan todos estos escollos, uno podrá sonreír con las letras de los tangos y aportar algún dato a la picaresca criolla. Y en esos instantes, Rudyard Kipling podrá ser nuestro hijo.
Dos/ Tango sin palabras
A nadie le gusta admitir que el tango produce disgusto, pero no hay que desesperar. Evidencias sobrevivientes, pálidas y escasas, sucumben ante aluviones de sonidos monótonos -en el mejor de los casos, pésimos- habitualmente bendecidos y multiplicados por imitaciones y plagios que embelesan a empresarios, idólatras descerebrados e incluso supuestos intelectuales, unidos para defender apropiaciones rotuladas como "nacionales". El tango resiste los avances y no ha desaparecido, aún. [...]
Los excesos, abusos, perjuicios y hasta persecuciones al idioma que se han enquistado en el género, no impiden aplaudir a los poetas genuinos del tango, oasis al que se arriba luego de precipicios y lagos repletos de tiburones hambrientos. Los ámbitos donde nació el tango ya no existen y los decorados que se repiten para recobrarlos -el farolito, el empedrado, las medias luces-, son escenografías falsas, reaccionarias, poco creíbles. El centro de Buenos Aires, que impidió a Lola Mora instalar su fuente en la Plaza de Mayo para que no se divulgara que los desnudos existen, decretó que los barrios de La Boca del Riachuelo y Barracas eran tugurios habitados por inmigrantes de décima categoría, estibadores ignorantes, rameras, explotadores y músicos malditos. Como si fuera poco, en 1904 La Boca consagró diputado a Alfredo Palacios, primer socialista que alcanzó ese rango en todo el largo continente americano. Lo único que le faltó a La Boca fue trasmitir la lepra.
La década del veinte observó a robustos porteños frecuentar transatlánticos que los trasladaban a París acompañados por otros robustos ejemplares vacunos ubicados en la tercera clase. Ahora se trata de disimular o se niegan las visitas de esos bacanes a los mundanos boliches parisinos. Existen testimonios fotográficos y dibujos que las acreditan. Lo que resultó difícil admitir a estos habitantes del centro de Buenos Aires y su barrio norte fue cómo nadie entre ellos intentó ganar dinero con esa música de orígenes indeseables que había fascinado a los franceses. Lo que no logró el tango ha sido reivindicado por los simpatizantes de Boca Juniors: el barrio fue visitado (y depredado).
Cuando es dable viajar y por coincidencia casi mágica se escucha Ranún, de Luis Petrucelli, o Vayan saliendo, por el sexteto de Julio De Caro, o Milongueando en el 40, por la orquesta del gordo Troilo, o Adiós Nonino del maravilloso Astor Piazzolla, se producen conmociones internas indescriptibles, donde no intervienen mujeres flageladas ni madres explotadas ni delatores ni otras traiciones. Esos sonidos, sin palabras, por los que nadie se pelea y a todos pertenecen aunque lo ignoren, habrán de sobrevivir a músicas enlatadas, exhibicionismos que intentan sustituir la ausencia de talentos y hasta los ruidos que ponen a prueba las resistencias auditivas caninas.
Esta música, por la que somos identificados en Japón o Madrid, Los Ángeles o Moscú, debe contener algún ingrediente milagroso que desarrolle su resistencia al castigo.
El amante del jazz
La vieja magia de la música negra estadounidense siempre lo cautivó. Ama el scat, adora a Duke Ellington -a quien retrató de mil maneras diferentes- y su alma armoniza muy bien con el blues. Sábat escuchó, dibujó y hasta soñó con el jazz desde muy joven.
El pintor
Se lo discutió como pintor, a la vez que se lo aplaudió como dibujante y caricaturista. Pero Sábat se ríe de esos rótulos y exhibe, en este terreno, una obra amplia y refinada. Es más, los críticos deben admitir ahora que el notable pintor que hay en él está dejando atrás al dibujante.
El fotógrafo
Pocos lo conocen en este rol. Y sin embargo Hermenegildo Sábat viene sacando fotos que están a la altura del resto de su obra. Una vez lo sorprendió a Fidel Castro, en 1967, en Punta del Este. También enfocó a grandes músicos de jazz y a simples bancos de plaza de cualquier lugar del mundo.
Los caminos de la censura Por: Hermenegildo Sábat, dibujante y artista plástico
Como muchas otras libertades, después de ganar respeto y merecer justificada reputación, la libertad de prensa se encuentra en la extraña, incómoda posición de ser desdeñada, cuando no mutilada.
Quienes han estado cerca del periodismo son conscientes de que su ejercicio nunca significó escribir cualquier cosa para después publicarla; sin embargo es demostrable que eso sucede en crónicas, títulos, epígrafes y también, en columnas de opinión. Actuando así, muchas publicaciones han logrado éxitos de venta, y sus lectores, casi siempre, están preparados para leer lo que ya sabían que iban a leer. Estos abusos de la teoría oscurecen el esfuerzo de quienes han soñado y sueñan con una profesión dedicada a enaltecer valores superiores, denunciar atropellos, injusticias y maldades, defender el idioma para que no sucumba y multiplicar, de esa manera, los hábitos de lectura. Una ironía habitual en la profesión conduce a preguntar quién fue el primero que editó un diario, originador de la especie, que se privó de la tijera y no leyó los títulos del competidor para mejorar su tiraje.
El menosprecio es consecuencia, además, de los propios errores que se imprimen, horrores inadvertidos que generan, por lo menos, ridículos imperdonables. Percibir únicamente el ridículo es un pasaporte para ser aplaudido entre sus practicantes. Pero el desfile de tenaces, anónimos burócratas del género saca partido de una evidencia: mientras lo publicado sea un ejercicio de barbarie y no roce a los poderes, valdría (casi) todo. No se trata de asumir posturas solemnes, cuadradas, reaccionarias. Cervantes y Borges usaron palabras groseras y no son recordados por eso.
Y, en algunos casos, el buen humor auxilia y esclarece. Un título publicado en la década del 70 en La Razón excede comentarios: Un comerciante mató a otro asaltante. No interesa juzgar al autor. Vale la pena felicitar su ingenio.
La libertad de prensa no es una Constitución con preámbulo, artículos y enmiendas. Su respaldo moral no es abstracto: la cita de hechos concretos y datos comprobables no es discutible ni punible. Atacar esas evidencias, reaccionar sin argumentos es consagrar esa palabra tan temida: censura.
La inseguridad, que alcanza a gobernantes y muchos gobernados, deriva en susceptibilidades que conducen a persecuciones, despidos y exilios. Un subterfugio previo es la condescendencia ("Usted es testigo de que yo he permitido..."), que no explica la apertura a la ofensa personal que obsede a los pobladores del poder. La censura alcanza a palabras, fotografías, dibujos e imágenes de TV. Un testimonio citable: el gran fotógrafo anti nazi Alfred Eisenstaedt reconoció a Josef Goebbels en la Liga de las Naciones: "Cuando me acerqué en el jardín del hotel, me miró con ojos llenos de odio, esperando que temblase. Pero no temblé. Si tengo una cámara en mis manos no conozco el miedo."
Me molesta citarme, espero ser comprendido. He vivido en Clarín 35 años. Nunca me dijeron qué tenía que dibujar. Como siempre existen malpensados recuerdo que una vez no publicaron un dibujo. No me animo a contar todos los que se publicaron.
‘Menchi’ Sábat: Picasso en la redacción Hermenegildo Sábat era Gardel, Perón, Pichuco y Piazzolla. Y era, también, la ironía brillante con la que los dictadores ensangrentados salieron de su pluma
Por: Hinde Pomeraniec, vía Infobae
Puede haber sido Hemingway, se me ocurre que fue Hemingway pero pudo ser también algún músico de jazz o un político extranjero. La verdad es que ahora, con la sorpresa tristísima de saber que él ya no está, no consigo recordar quién era el personaje que le pedí aquella primera vez; bueno, a ver, que le pedí no: que me animé a pedirle temblando y roja de vergüenza.
Y es que en aquel tiempo la cosa era así, venía tu editor y te decía: andá y llevale los sobres del archivo al Menchi para que haga a fulano, por ejemplo, Hemingway. Y entonces, de esas manos, ese talento y esa cabeza todopoderosa -en un tiempo que él definía y que podían ser segundos-, pasabas a tener una obra de arte, lo que en la redacción de Tacuarí llamábamos "un Menchi", en ese caso, imaginemos, un Hemingway del Menchi.
Y si no recuerdo exactamente de quién era aquel dibujo, de lo que sí me acuerdo como si no hubiera pasado el tiempo es de mi pánico al acercarle aquellos sobres a su escritorio, un temblor razonable porque era el intercambio de una pichi cualquiera con un monstruo del arte y del discurso periodístico. Para mí, para todos, Sábat era Gardel, era Perón, era Pichuco y era Piazzolla. Y era, también, la ironía brillante con la que los dictadores ensangrentados salieron de su pluma. Era todos los íconos y todo el presente. "Teníamos a Picasso en la redacción, al lado nuestro", dice uno de los colegas que más lo trató. Y sí.
Él, que se definía como periodista, trabajaba con el material de archivo de los personajes como cualquiera del oficio. No lo volcaba en palabras sino en ese cartón blanco que con su ilustración valía oro, obras que siempre volvían a él y que solo regalaba cuando quería: por ejemplo, cuando, sin que se dieran cuenta, dibujaba a los periodistas de la redacción, sentado a un costado, observando. Tener un Menchi propio en Clarín fue siempre un premio que todos los colegas ambicionaban.
Así, gruñón como era, el Menchi era una persona cariñosa y demostrativa cuando estaba en confianza. Saludaba con un beso a los colegas de la sección Política, su sección, en definitiva: a veces ese beso podía ser como el de un padre, cuando lo daba en la cabeza del periodista, que seguramente estaba concentrado en su trabajo.
Tenía una inteligencia y un humor superior. "Hoy tiene una gran vida interior", decía si veía silencioso o algo bajoneado a alguno. O "Pero digame, usted está en todo", señalaba si alguien le hacía algún comentario sobre arte o música, justo a él que sabía tanto sobre tanto. Y es que en esa actitud había una ofrenda porque Sábat era capaz de hacer sentir al otro una persona digna de conversar con él y ya con eso le regalaba a cualquiera el orgullo de sentirse interesante.
Llegaba caminando todos los días con las manos atrás, cada vez más encorvado. Sorprendía a los de afuera y también a los de adentro que quisiera estar ahí después de tantas décadas, en medio de la adrenalina y las corridas, cuando se suponía que lo suyo exigía un grado de concentración diferente. Sabía reírse, le gustaba narrar historias ("No, no, pero esperá un poquito") y solía quedarse aislado y observando, ahí arrancaba el don, en su mirada prodigiosa, capaz de hacer las asociaciones más feroces, las más sensibles, las más inteligentes.
Era también un protestón sin estruendo, quejoso rumiante y un tímido sin remedio, sobre todo con las mujeres, que le costaban más a la hora del dibujo, algo que él mismo reconocía. Tal vez le faltaban práctica y muñeca -sus objetos de dibujo eran figuras relevantes y en su tiempo la mayoría de las celebridades eran varones- , un entrenamiento que las presidencias de Cristina Fernández le regalaron, aunque también le trajeron disgustos y acusaciones inmerecidas. Si la señora de Kirchner se hubiera tomado el trabajo de conocer a quien tal vez fue uno de los mayores intelectuales y artistas de nuestro tiempo, podría haber comprobado la imprecisión del que fue uno de sus mayores exabruptos. Nadie más lejos que él de la figura de un mafioso. Hermenegildo Sábat fue un hombre sensible, un ser noble y un caballero.
Hace algunas semanas dibujó a quien fue uno de los mayores editores de su diario, Julio Blanck. Fue entre lágrimas, dicen quienes lo vieron, y lo hizo como siempre, añadiendo a su espalda aquellos apéndices propios de las aves y los angelitos, el gesto clásico de sus despedidas definitivas.
Esta vez el mundo se quedó sin alitas para ponerle, maestro querido. Todas las alitas del universo eligieron irse con usted, para cuidarlo por siempre.
Un Blues para Menchi Sábat
Por: Guillermo Saavedra
Tuve la suerte de trabajar con él cuando fui editor en el suplemento cultural de Clarín (1990-91) y corresponsal del cultural de El País de Montevideo (1989-95). El trato sostenido durante esos años dio lugar a una forma inevitablemente asimétrica pero cierta de la amistad.
En el diario, los intercambios estaban acotados por el nerviosismo y la urgencia de una redacción, pero mis visitas cada dos semanas a su taller en el barrio de San Telmo, para retirar los originales de sus dibujos que debía mandar a Montevideo, fueron permitiendo encuentros más amables y menos casuales.
Yo aprovechaba para admirar su trabajo mientras sus alumnos se iban yendo, y después, para cambiar con él opiniones sobre jazz, tango y música clásica. De entrada, él siempre tenía un aire de andar masticando limones, una expresión que su innegociable guardapolvo gris o azul acentuaba lúgubremente. Con el transcurrir de los minutos, ese rictus iba dando paso a una franca afabilidad mientras me mostraba nuevos hallazgos de su colección de titulares ridículos que cazaba en diarios rioplatenses. Y quedaba definitivamente en el olvido cuando estallaba en carcajadas al contarme alguna de las infinitas anécdotas sobre músicos y otros artistas que recopilaba con fruición.
No era extraño que, al irme, me regalara un cassette o un cd que según él tenía repetido, o una postal con una foto de Borges tomada por Diane Arbus, o la copia de alguna de sus propias, magníficas fotografías de músicos que finalmente reunió en un libro.
Cené varias veces en su casa, donde solía recibir con generosidad, acompañado de su esposa, Blanca. Era frecuente, en esas ocasiones, encontrarse con un cuarteto de cuerdas en vivo que él había convocado para amenizar la velada. Y tuve el honor de asistir a su 70° cumpleaños, en el que se dio el gusto de tocar el clarinete junto a algunos de los músicos de jazz argentinos que más admiraba.
Hablar de música y de músicos le iluminaba el rostro como ninguna otra cosa. No obstante, en una entrevista que le hice hace unos 15 años para La Nación, cuando le pregunté a qué se dedicaría si tuviera que elegir una sola de las varias actividades que cultivaba con invariable talento, me respondió: “Creo que a mí lo que me genera más curiosidad para resolver problemas es pintar. Muy probablemente, tenga la suerte de vivir muchos años y, a esta altura, sé que hay algunas cosas que son inexorables. Por ejemplo, que los cuadros esperan. Vos tenés la tela ahí y se establece un diálogo, una batalla, una lidia de toros. Hay un cuadro que está esperando. Ya no uso la espátula para rascar, ni romper la tela, ni nada por el estilo. Me he sosegado en ese sentido, pero no en la expresión, que entiendo que sigue siendo bastante dura, digamos”.
Esa misma dureza, en los últimos años, la volcó a sus opiniones políticas sobre el kirchnerismo, desestabilizadoras e incluso antidemocráticas, y no pude evitar alejarme de él, sin remedio y con profundo dolor, un dolor que se acrecentó cuando apareció su imperdonable dibujo de Santiago Maldonado.
Lo vi por última vez hace tres años en la inauguración de la muestra de un amigo común. Tenía un aspecto tan envejecido, frágil e indefenso que no me atreví a decirle nada sobre esas cuestiones. Me saludó con el afecto de siempre y yo intuí que no volvería a verlo. Hoy me arrepiento de no haberme animado a decirle lo mucho que lamenté la ferocidad de su antikirchnerismo. Pero, por sobre todo, lamento no haberle dado ese abrazo muy grande que uno le debe a un amigo –que, además, fue un artista notable– cuando uno sospecha que será el último. Que en paz descanses, querido Menchi Sábat.
Ayer, cuando se presentaron a trabajar, 35 personas fueron notificadas de sus despidos. Las versiones indican que habría otras cien cesantías en las próximas horas. Los afectados estaban contratados, en algunos casos con diez años de antigüedad
Por: Laura Vales
Treinta y cinco trabajadores del Ente Nacional de Comunicaciones fueron despedidos entre versiones de que habrá otras cien bajas en los próximos días. Los afectados se enteraron de su nueva condición con el método habitual Cambiemos: al presentarse temprano en la mañana a trabajar, personal de seguridad, listado en mano, les notificó sus cesantías. Acompañados por delegados de ATE, lograron instalarse en el hall del edificio de Perú al 100, donde esperan que se abra una mesa de negociación.
El delegado de ATE Pablo Torres contó a PáginaI12 que los echados son en su totalidad personal bajo contrato. Algunos llevaban diez años de antigüedad en esta condición de precariedad laboral. “Muchos son jefes de hogar o el único ingreso en su familia. Para estos despidos no hubo ningún argumento, ninguna explicación, recortaron sin ningún otro criterio que el de hacer un ajuste. Y lo hicieron en momentos en que está abierto además un retiro voluntario”.
En el hall del ENaCom, la situación era de total incertidumbre. Para los afectados no hubo ninguna lógica en la selección de los despedidos, ya que cumplían funciones diversas y pertenecían a áreas distintas. Hasta ayer a la tarde no habían definido medidas de protesta, ya que su idea era primero agotar todas las instancias posibles de revisión de la medida.
Si bien no les permitieron ocupar sus lugares de trabajo, sí pudieron atravesar la línea de molinetes utilizados para fichar los ingresos y egresos diarios. “Viajo 100 kilómetros por día y hoy, al llegar, me dijeron que estoy en una lista y no podía laburar. La verdad, todavía no lo puedo creer”, comentó allí uno de los cesanteados.
El ENaCom es un ente autárquico. Encargado de la regulación y el control de las comunicaciones –bajo su órbita están los servicios de internet, la telefonía fija y móvil, la radio, los envíos postales y la televisión–, el organismo tiene una planta de 2400 empleados distribuidos a lo largo del país. El macrismo ya lo sometió a dos tandas de despidos, una apenas asumió el gobierno nacional y otra el pasado diciembre. Sin embargo, ATE denuncia que tras los despidos iniciales el Gobierno designó unos 700 nuevos empleados, parte de ellos en calidad de asesores.
Los 35 nuevos despidos son los primeros de la gestión como titular del ENaCom de Silvina Giudici, ex diputada radical y ex legisladora PRO, aunque más conocida por su rol de activa opositora, durante el kirchnerismo, a la ley de medios.
“Los despidos reflejan la voluntad de desguazar el ENaCom. Todo lo que está pasando con este Gobierno tiene un blindaje mediático, y este ajuste va en la dirección de debilitar todavía más cualquier control. Todos los despedidos cumplían funciones, tenían tarea, concurrían todos los días a trabajar. Acá no hubo ningún tipo de criterio más que achicar, ajustar, despedir y seguir poniendo el organismo al servicio de los grandes medios de comunicación”, denunció Alejandro Tsusinky, delegado general de ATE en el ENaCom.
Rodrigo Ramos, de la agrupación Naranja de ATE, coincidió en que “hay un vaciamiento de las funciones del organismo. El anterior titular del ENaCom, Miguel de Godoy, avaló la fusión de Cablevisión y Telecom, y en el mismo sentido ahora se busca debilitar las posibilidades de control sobre grupos que son monopólicos”.
La noticia de que se preparaban estos despidos circulaba desde fines de agosto. Por eso el 31 de ese mes hubo una asamblea en la que participaron cerca de 600 trabajadores. Aunque no hay precisiones sobre cuántos serán finalmente los cesanteados, de manera extraoficial se habla de un listado con cien nuevas desvinculaciones para las próximas horas. El plan de dotaciones óptimas elaborado por el Ministerio de Modernización (hoy secretaría) “recomienda” la reducción de 700 puestos de trabajo en el organismo.
En diciembre pasado, luego de una tanda de 120 telegramas, el edificio fue ocupado por 36 horas y algunos de los trabajadores lograron ser reincorporados. Foto: Bernardino Avila Fuente: PáginaI12
El Sindicato de Trabajadores de Prensa de Viedma repudia el despido injustificado, sin mediar anuncio y negociación alguna, de tres compañeros que desempeñaban labores en el Diario Al Día, dos de ellos, integrantes de esta comisión directiva.
Los compañeros afectados se enteraron de la decisión al llegar en la tarde de este domingo a la sede del diario, donde no se les permitió el ingreso.
Denuncia además el maltrato ejercido por parte de la propietaria de la empresa Claudia Craise, que en la tarde de este domingo no les abrió las puertas a los compañeros, asegurándoles desde adentro del local que ya había enviado los telegramas correspondientes.
Nada más lejos de la realidad. Ninguno de los compañeros fueron notificados legalmente de la decisión, y por ello, este sindicato sostiene que siguen siendo empleados de la firma y acreedores de los derechos que les corresponden, como el pago de los sueldos y aguinaldos que a la fecha esta empresaria adeuda.
El sindicato ya tomó contacto con los compañeros e iniciará acciones de manera inmediata.
Los constantes atrasos salariales y la negativa de la señora Claudia Craise de dialogar sobre las mejoras en la condiciones, hicieron que este sindicato se declare en estado de alerta, y así se notificó al área de Trabajo de la Provincia de esta decisión.
Solicitamos al gobierno de la Provincia y al resto de las autoridades políticas, que tomen cartas en el asunto. Sindicato de Trabajadores de Prensa de Viedma
Por: Patrick Mathurin
Los multimillonarios no siempre están bendecidos con la sabiduría financiera. Recientemente, se han visto atraídos hacia un negocio donde los ingresos caen y las perspectivas se deterioran a causa de la innovación digital.
El origen de las editoriales de periódicos siempre ha sido muy diverso. En el siglo XIX, William Randolph Hearst heredó el San Francisco Examiner de su padre, que había ganado millones con la fiebre del oro. Los McCormick, propietarios en un tiempo del Chicago Tribune se hicieron ricos gracias a la agricultura. Hoy, cada vez más propietarios pertenecen a la industria tecnológica.
En los últimos años, han entrado en el sector ejecutivos como Jeff Bezos, el fundador y consejero delegado de Amazon que compró The Washington Post por 250 millones de dólares; el empresario de biotecnología Patrick Soon-Shiong, que compró Los Angeles Times y el San Diego Union-Tribune por 500 millones de dólares; Jack Ma, el fundador del grupo tecnológico chino Alibaba, que adquirió el South China Morning Post por 266 millones de dólares; y, en julio del año pasado, Laurene Powell Jobs, la filántropa y viuda del fundador de Apple Steve Jobs, que compró una participación mayoritaria en la revista The Atlantic. La semana pasada, Marc Benioff se sumó a la lista de ricos convertidos en editor, con la compra de la revista Time Magazine a Meredith Corp por 190 millones de dólares en efectivo.
¿Pero cuál es el atractivo teniendo en cuenta las malas perspectivas para la industria? PwC prevé que los ingresos por publicidad impresa de los periódicos caigan a 6.900 millones de dólares en Estados Unidos en 2022, menos de la mitad de los 17.600 millones que generaron en 2013. Se espera que Reino Unido sufra un descenso del 60% en los ingresos por publicidad impresa a 864 millones de dólares y una caída de la circulación del 40% en el mismo periodo.
En el caso de estos titanes tecnológicos, no hay beneficios obvios en poseer una cabecera impresa como negocio independiente; hay pocas economías de escala de donde ahorrar los costes necesarios para hacer estos periódicos rentables. El analista de medios de Newsonomics Ken Doctor lo reduce a una combinación de tres factores: "Piensan que son empresarios exitosos capaces de sanear un negocio que otros no pueden sanear, refuerzo del ego y una creencia mayor en la mejora cívica". Pero advierte: "Los motivos y la combinación difieren en cada caso. Para los lectores y los empleados, es una partida de bingo entre multimillonarios". Fuente: Financial Times