domingo, 25 de enero de 2026

Bomberos Voluntarios de Rosario: 47 años haciendo magia en una ciudad que crece sin red

David Sali Royo, jefe del Cuerpo Activo, traza un diagnóstico crudo y preciso sobre el rol de los bomberos voluntarios en Rosario: la historia de una institución nacida del compromiso ciudadano, sostenida con vocación y profesionalismo, que enfrenta el crecimiento urbano, la falta de recursos y una deuda estructural que todavía espera saldarse
Vecinos al servicio de su ciudad: la esencia de los bomberos voluntarios

Sali Royo habla en Señales de los Bomberos Voluntarios de Rosario como quien habla de una forma de vida. Jefe del Cuerpo Activo de una institución con 47 años de historia en la ciudad, explica que la principal diferencia con los bomberos zapadores está en el origen y en la pertenencia. Mientras los zapadores dependen de la Policía de la Provincia de Santa Fe y son empleados provinciales asignados según las necesidades que define la Dirección General de Bomberos, los voluntarios son, ante todo, vecinos y vecinas.

Los Bomberos Voluntarios —detalla— se organizan a nivel nacional a través del Consejo Nacional de Bomberos, y en cada provincia funcionan federaciones que nuclean a las instituciones locales. En Rosario, esa pertenencia es literal: todos los integrantes del cuartel viven en la ciudad, respiran su mismo aire y comparten el mismo territorio al que salen a cuidar. "Son propios ciudadanos que viven en la ciudad donde forman parte", resume.

El carácter voluntario no es solo una definición administrativa. En todo el país, los bomberos voluntarios no cobran un sueldo por su trabajo. No hay salario a fin de mes ni retribución económica directa. Lo que los mueve es, como dice Sali Royo, "las ganas de ayudar", y una recompensa que no siempre se mide en dinero. Sin embargo, aclara que voluntario no es sinónimo de desprotección absoluta.

En 2010, la Provincia de Santa Fe sancionó la Ley 12.969, considerada pionera en el país, que comenzó a dar un marco de contención a quienes integran el sistema. Esa norma permitió, por ejemplo, que los bomberos voluntarios sin trabajo en blanco pudieran acceder a la obra social IAPOS, con cobertura a cargo del Estado provincial. Con el tiempo, el esquema se amplió.

El año pasado se aprobó una ley de fortalecimiento financiero que avanzó aún más en ese reconocimiento. Según explica Sali Royo, la nueva normativa cubre seguros personales, seguros de vehículos y la obra social, y además contempla un beneficio largamente esperado: después de 25 años de servicio, el bombero que se retira accede a un reconocimiento equivalente al 80% de una jubilación provincial básica. "No es una jubilación plena, pero es un reconocimiento que le da la ley", aclara.

El crecimiento del sistema hizo necesarias estas reformas. Hoy existen 157 instituciones de bomberos voluntarios en toda la provincia de Santa Fe. Cuando la ley original fue creada, se financiaba con un porcentaje de la Lotería de Santa Fe y algunos impuestos provinciales. Pero el aumento de cuarteles, de personal y de costos operativos volvió insuficiente ese esquema. La ley de fortalecimiento financiero vino, justamente, a cubrir esas inversiones que demanda un sistema cada vez más grande y complejo.
Una historia en terreno prestado
La historia del cuartel de Rosario también está marcada por la precariedad y el esfuerzo. El edificio de calle Rioja, que durante años funcionó como base operativa, nunca fue completamente propio. "Nosotros, como siempre decimos, estamos de prestado", señala Sali Royo. El origen se remonta a 1978, cuando el inmigrante alemán Eric Lowenstein fundó la Asociación de Bomberos Voluntarios de Rosario. En aquel entonces, Lowenstein participaba de la cooperadora de los bomberos zapadores y fue el propio jefe del cuerpo provincial quien cedió un espacio para que los voluntarios pudieran instalarse.

Ese lugar, ubicado sobre calle Rioja, representa apenas una fracción del predio original: "no llega a ser ni una cuarta parte del espacio", explica. Años más tarde, una intervención del gobierno provincial sobre ese terreno dejó como saldo un vallado visible desde calle Córdoba y una obra inconclusa, una postal que todavía hoy despierta preguntas sobre el destino de ese espacio histórico para los bomberos voluntarios de la ciudad.

En ese espacio prestado comenzó a tomar forma la Asociación de Bomberos Voluntarios de Rosario, una institución que hoy cuenta con 83 hombres y mujeres al servicio de la ciudad. A casi medio siglo de su creación, la condición sigue siendo la misma: el cuartel no es propio. "Siempre el anhelo es tener nuestra casa", señala David Sali Royo, y ese deseo empezó a materializarse recién en los últimos años.

En 2023, la intendencia municipal cedió un terreno ubicado en la intersección de Presidente Perón y Suipacha. La cesión representa un paso clave, aunque todavía resta atravesar las instancias administrativas y habilitaciones necesarias para comenzar a construir. Mientras tanto, los bomberos continúan funcionando en un predio que pertenece a los zapadores, una convivencia que ya lleva 47 o 48 años.

Una ciudad que reconoce en la emergencia
Ser bombero voluntario en Rosario, explica Sali Royo, es mucho más que "poner el cuerpo". Es hacerlo en una ciudad que, a su entender, todavía tiene una deuda pendiente con el sistema. A casi doce años de la tragedia de calle Salta 2141, sostiene que la ciudad no terminó de "prender", especialmente en lo que respecta a las decisiones ejecutivas. La comunidad, reconoce, valora el trabajo del bombero voluntario, pero ese reconocimiento suele aparecer recién cuando la emergencia golpea la puerta.

El contraste es evidente en los números. Rosario supera el millón de habitantes, pero la institución cuenta con apenas unos 500 socios. La cuota societaria es de 4.000 pesos, un monto accesible si se lo piensa a escala ciudad, pero insuficiente para sostener todo lo que implica el funcionamiento cotidiano de un cuartel. Por eso, insiste, cada aparición en los medios es también una invitación abierta a que los vecinos se asocien.

Aun así, Sali Royo reconoce un cambio en la relación con el Estado municipal. Con idas y vueltas, el actual gobierno local es, según define, el que más ha acompañado a la institución. En 2023 llegó la cesión del terreno y, el año pasado, el aporte económico del municipio se multiplicó por siete respecto de lo que se recibía anteriormente. "Obviamente falta, pero hay una voluntad de trabajar en conjunto", aclara, aunque vuelve sobre una idea que atraviesa todo su relato: los bomberos siguen siendo recordados, en general, cuando la emergencia ya está en marcha.

Más equipamiento, la misma urgencia
En materia de equipamiento, la situación muestra avances concretos. Desde que la actual conducción asumió el 2 de junio de 2024, se incorporaron seis equipos de respiración autónoma y se renovó el 38% de los equipos estructurales del personal. También se sumó un camión cisterna, una incorporación histórica: hacía 25 años que Rosario no contaba con una unidad de ese tipo.

A ese crecimiento se agregan nuevas unidades móviles. En octubre del año pasado, el gobierno provincial entregó una camioneta cero kilómetro, una Nissan Frontier, en el marco del plan de acción climática impulsado por el Ministerio de Ambiente, orientado especialmente a incendios forestales. No es un dato menor: en 47 años de historia, el cuartel nunca había contado con equipamiento específico para ese tipo de siniestros.

Hoy la realidad es distinta. La institución dispone de 16 equipos forestales completos —chaqueta, pantalón y casco— diseñados para reducir el estrés térmico del personal. A través de gestiones con la empresa Cargill, también se incorporó una camioneta modelo 2018 que funciona como unidad de ataque rápido. Su utilidad es doble: permite llegar antes que los camiones de gran porte y reduce costos de combustible, además de ofrecer mayor versatilidad para acceder a zonas complejas de la ciudad.

El financiamiento de todo este sistema es un entramado que combina aportes municipales, provinciales y nacionales. A nivel nacional, explica Sali Royo, las asociaciones de bomberos voluntarios reciben todos los años un subsidio que no proviene directamente del presupuesto del Estado, sino de un porcentaje que pagan las personas al contratar seguros. Ese dinero se concentra en una caja común y luego se distribuye entre las instituciones que tienen su documentación y rendiciones al día.

El conflicto actual está en el remanente. Las asociaciones que no cobran el subsidio por incumplimientos administrativos no pierden esos fondos: el dinero vuelve a la caja y se redistribuye entre las instituciones que sí están en regla. Esa redistribución debería realizarse dos veces al año, pero hoy está demorada. Para muchas asociaciones, incluida la de Rosario, ese retraso implica un problema serio: se trata de casi 40 millones de pesos que deberían haber ingresado y que, en la práctica, ya fueron comprometidos en gastos operativos y equipamiento.

Así, entre avances, reclamos y una estructura que sigue creciendo, los Bomberos Voluntarios de Rosario continúan sosteniendo un sistema que descansa, en gran medida, sobre la vocación, la organización y la perseverancia de quienes, desde hace casi cinco décadas, siguen trabajando —todavía— en una casa prestada.
Lo que cuesta proteger una ciudad
El costo de sostener un sistema de respuesta profesional es una de las realidades más duras que enfrenta hoy la Asociación de Bomberos Voluntarios de Rosario. Equipar a un bombero no es un gasto menor ni simbólico. "Si usted tiene que comprarse un traje, ¿cuánto está?", plantea Sali Royo como comparación cotidiana, antes de poner el número real sobre la mesa: entre 7 y 8 mil dólares por bombero.

La cifra incluye chaqueta, pantalón, botas, casco, monja, guantes y equipo de respiración autónomo. Todo el equipamiento responde a normas NFPA (National Fire Protection Association), estándares internacionales de origen estadounidense, lo que implica que los valores estén dolarizados. Además, la normativa establece una vida útil máxima de diez años para estos elementos, lo que obliga a un recambio permanente.

El hidroelevador y la ciudad que crece hacia arriba
Gracias a gestiones institucionales y distintas acciones de financiamiento, en los últimos años el cuartel logró avanzar en la renovación de equipos. Aun así, la necesidad sigue siendo constante. En agosto del año pasado, la institución inició un proyecto clave: la compra de un camión con hidroelevador, una unidad con canasta aérea que permitiría no solo rescates en altura, sino también el combate directo de incendios.

El vehículo puede alcanzar aproximadamente un décimo piso, pero su importancia va más allá de la altura. Rosario crece, se verticaliza, y eso exige herramientas acordes. "No estamos diciendo que no vamos a crecer, sino que dennos las herramientas para poder seguir creciendo", resume Sali Royo. El hidroelevador también permitiría operar en barrancas o industrias donde el ataque desde el suelo es imposible, bajando temperatura desde una posición aérea.

El proyecto ya avanzó parcialmente: se señó la unidad con 15 millones de pesos. El costo total ronda los 135 millones y el camión debe importarse desde Holanda. Justamente, el dinero que se espera del remanente del subsidio nacional estaba destinado a reducir ese impacto y acelerar la compra.

Las carencias estructurales no se limitan a un solo vehículo. La autobomba más nueva que tiene hoy el cuartel de Rosario tiene 25 años. Frente a ese panorama, la institución presentó más de diez proyectos de ordenanza en el Concejo Municipal: pedidos de asignación de porcentajes impositivos, una partida del 0,5% de los ingresos anuales del presupuesto 2026 para avanzar en la construcción de la casa propia, y propuestas para renovar el parque automotor. "Todo lleva tiempo, gestión, y a veces parece que se mira para otro lado", reconoce.

Sin embargo, Sali Royo insiste en marcar el rol concreto que cumple la institución. Bomberos Voluntarios de Rosario no es solo una asociación civil: cumple una función específica dentro del sistema de emergencias de la ciudad. En la mayoría de las intervenciones, cuando los móviles se desplazan, no actúan solo los zapadores, sino también los voluntarios. Hoy, subraya, el crecimiento en equipamiento es real y sostenido, acompañado por personas e instituciones que eligen apoyar y colaborar.

Durante muchos años, explica, el paradigma fue otro. Desde los municipios se pensaba: "¿Cómo voy a aportar a Bomberos Voluntarios si ya tengo bomberos zapadores?". Al depender estos últimos de la provincia, el costo parecía ajeno. Pero la historia demuestra lo contrario. Las instituciones de bomberos voluntarios no surgen por capricho ni por iniciativa aislada: en 1978 fue un intendente quien solicitó a la provincia, a Protección Civil y a la Federación Santafesina la creación del cuerpo en Rosario.

Por eso, sostiene, los municipios y comunas son responsables del financiamiento de sus cuarteles. No solo Rosario, sino todo el cordón industrial y la provincia en su conjunto. "Hubo una decisión del Ejecutivo en ese entonces de crear a sus bomberos voluntarios, y entendemos que también deben hacerse cargo de eso", afirma.

Cuando se ponen los números en contexto, los 135 millones necesarios para un hidroelevador dejan de parecer imposibles. En una ciudad atravesada por desarrollos inmobiliarios, torres en altura y grandes complejos, el planteo parece sencillo: con que cada actor aporte un poco, no solo se consigue ese vehículo, sino mucho más. La necesidad está planteada; lo que falta, insiste Royo, es que la responsabilidad sea compartida.

Para David Sali Royo, la discusión sobre el financiamiento de los bomberos voluntarios también es una discusión sobre el tipo de ciudad que Rosario está construyendo. En ese marco, se observa la responsabilidad social empresaria que aparece como una oportunidad concreta y no como un eslogan. 

Con esa lógica, la institución presentó un proyecto de ordenanza que apunta directamente al corazón del desarrollo urbano. Hoy en Rosario rige una normativa que obliga a las construcciones que superan los 30 metros de altura a pagar compensaciones. La propuesta de los bomberos es clara: que esos fondos se destinen específicamente a la compra de equipamiento para la lucha contra incendios y tareas de rescate. "La realidad es que no le están brindando ni siquiera seguridad a la persona que invierte en esa construcción, de que realmente está segura", advierte Sali Royo.

El debate no se limita al financiamiento. Junto al municipio y en el ámbito de la comisión de Planeamiento, los bomberos trabajan en la modificación de la reglamentación edilicia para facilitar las intervenciones en edificios en altura. Ascensores, sistemas eléctricos, accesos y salidas de emergencia forman parte de una revisión integral. La ciudad ya tiene edificios que superan los 140 metros, especialmente en la zona de Puerto Norte, y no todos fueron pensados desde una lógica de respuesta ante siniestros.

Si bien muchas construcciones cuentan con escaleras de emergencia, la experiencia demuestra que los problemas aparecen en los accesos y en la operatividad real. Sali Royo recuerda conflictos de años anteriores y menciona propuestas recientes para rediseñar sectores como Puerto Norte, donde la estética y el urbanismo avanzaron más rápido que la posibilidad de ingreso de las unidades de emergencia. "Es muy lindo, pero por ahí no entraban las unidades, los bomberos", resume.

Cuando ocurre un incendio en este tipo de edificios, tanto los zapadores como los voluntarios deben desplegar mangueras por el interior de la estructura, una maniobra que incrementa el riesgo para las víctimas y para los propios bomberos. La limitación de recursos vuelve a aparecer: la Asociación de Bomberos Voluntarios de Rosario cuenta con solo 11 equipos de respiración autónoma para un cuerpo activo de 83 personas. Aunque recientemente se incorporaron seis equipos nuevos, la brecha sigue siendo enorme.
Emergencias del presente y del futuro
El escenario se vuelve aún más complejo frente a nuevas tecnologías. Sali Royo menciona la reciente llegada al país de miles de autos híbridos y eléctricos, y advierte sobre los desafíos que implican este tipo de incendios. La reposición de equipos autónomos, la cantidad de agua necesaria y la emisión de gases hacen que estas emergencias requieran recursos muy superiores a los habituales.

En Rosario, muchos edificios cuentan con dos o tres niveles de subsuelos. La pregunta, señala, es qué ocurrirá el día que se produzca un incendio en uno de esos espacios, especialmente si involucra un vehículo eléctrico. Los equipos de respiración autónoma tienen una duración máxima de entre 30 y 45 minutos. Ese tiempo se consume rápidamente entre el ingreso al subsuelo, el despliegue de mangueras y el inicio del ataque al fuego. "No nos estarían dando los tiempos ni los recursos para poder trabajar en este tipo de situaciones", advierte, dejando constancia de una preocupación que repite en cada ámbito institucional.

El crecimiento de la ciudad no puede detenerse, reconoce, pero la seguridad va detrás. Las alturas, los subsuelos y las nuevas tecnologías avanzan más rápido que las decisiones para equipar a quienes deben responder ante una emergencia. No se trata de una hipótesis lejana. En otros países, recuerda, cuando comenzaron a popularizarse los autos eléctricos, incluso se recomendaba no guardarlos bajo techo por el riesgo de incendio de las baterías. En Buenos Aires, un monopatín eléctrico provocó el siniestro total de un piso completo.

El riesgo ya está planteado y, para Sali Royo, la respuesta sigue siendo la misma: equipar a quienes van a enfrentar esas emergencias. La ciudad muestra sus avances con marketing, celebraciones y proyectos emblemáticos, pero cuando ocurre un incendio, la realidad es mucho más concreta. "Ustedes tienen un edificio con un problema de incendio, tiene que entrar la autobomba ahí. ¿Qué hacen? La tienen que arrancar", concluye, con una frase que condensa la distancia entre la ciudad que se proyecta y la ciudad que, llegado el momento, necesita ser salvada.

La práctica cotidiana obliga muchas veces a improvisar soluciones en contextos adversos. Sali Royo lo explica con ejemplos concretos: en la ciudad, los bomberos deben abrirse paso entre construcciones que crecieron sin prever accesos adecuados, y en los incendios de las islas, no pocas veces la única forma de frenar el avance del fuego es generar un cortafuego con otro fuego controlado. "Con los escasos recursos que contamos, tanto bomberos zapadores como voluntarios de Rosario, realmente podemos decir que hacemos magia", resume.

El diagnóstico no busca instalar una queja permanente. Al contrario, Sali Royo se detiene en marcar un cambio de época. El actual gobierno municipal, afirma, es el que más acompañamiento ha brindado en comparación con gestiones anteriores. Recuerda respuestas que hoy suenan difíciles de explicar: momentos en los que se priorizaba la compra de contenedores de basura antes que destinar fondos al sistema de bomberos. "La realidad es esa", dice sin rodeos.

Hoy, en cambio, existe una apertura al diálogo inédita. Tanto el Ejecutivo como el Concejo Municipal habilitaron algo que nunca había ocurrido: la participación directa de los bomberos en la mesa de Planeamiento para discutir y diseñar ordenanzas vinculadas a la seguridad contra incendios. Para Sali Royo, la presencia de un bombero en ese ámbito no es simbólica, sino técnica y operativa. "Todo bien con el Colegio de Arquitectos o el de Higiene y Seguridad, pero a las dos o tres de la mañana, cuando hay un siniestro, a quienes llaman es a nosotros", señala.

Profesionales bajo el casco
El cuerpo activo de Bomberos Voluntarios de Rosario refleja esa diversidad. Además de la formación específica como bomberos, muchos de sus integrantes ejercen distintas profesiones. La institución cuenta con un departamento técnico integrado por licenciados en Higiene y Seguridad, arquitectos, ingenieros civiles, biotecnólogos, médicos, enfermeros y abogados. No se trata solo de apagar incendios: se trata de abordar emergencias desde múltiples miradas.

Un episodio reciente lo ejemplifica con claridad. Cuando un joven cayó al río en julio pasado, entre los integrantes de la dotación que acudió al lugar había una psicóloga. Fue ella quien acompañó y contuvo al padre y a la tía del chico desde su rol profesional. "No solamente trabajamos como bomberos —subraya Sali Royo—, dentro de nuestro recurso humano hay profesionales que intervienen desde su propia disciplina".

La casa propia: el gran desafío pendiente
El proyecto de la casa propia, sin embargo, sigue siendo el gran desafío pendiente. El terreno cedido por el municipio en la esquina de Presidente Perón y Suipacha avanza lentamente. Para afrontar ese proceso, la institución buscó apoyo donde sabía que podía encontrarlo. La desarrolladora MSR acompañó desde el primer momento. "No sabemos qué hacer con un terreno, apagamos incendios", reconoce Sali Royo. Por eso golpearon la puerta de la empresa y fueron recibidos por Gabriel Redolfi, quien mostró predisposición inmediata y sostenida en el tiempo.

A partir de ese vínculo se diseñó el proyecto del cuartel, ajustado a las reglamentaciones vigentes y a las necesidades operativas del cuerpo. MSR aportó el saber hacer, el desarrollo y la dirección de obra. Hoy el proyecto ya fue presentado y se encuentra en etapa de habilitación dentro de la gestión municipal. Una vez aprobada esa instancia, el paso siguiente será definir el presupuesto final y salir a buscar los fondos necesarios.

La cifra no es menor. Presupuestado en abril del año pasado, el costo estimado de la obra asciende a 4.500 millones de pesos. La institución tiene claro que deberá salir a reunir ese dinero. Por eso, antes de la votación del presupuesto municipal, presentó un proyecto de ordenanza para que la ciudad asuma parte de la construcción del cuartel. La propuesta es concreta: que se destine un porcentaje de los ingresos municipales, equivalente al 0,05% del total anual.

En términos relativos, explica Sali Royo, se trata de un monto mínimo frente al presupuesto general del municipio. En términos simbólicos y operativos, en cambio, significaría saldar una deuda histórica con una institución que, desde hace casi cinco décadas, sostiene con vocación, profesionalismo y compromiso una tarea esencial para la seguridad de Rosario.
Salir a buscar lo que falta
Sali Royo (foto) es consciente de que los costos se multiplican en todos los frentes y que las demandas exceden largamente a una sola institución. Pero insiste en dejar algo claro: los Bomberos Voluntarios de Rosario no se quedan en la lógica de "salir a juntar plata" sin más. "La idea es involucrar a todas las partes necesarias y también beneficiarias de todo esto", explica, en referencia al municipio, la provincia, el sector privado y la comunidad.

Desde la provincia, asegura, hay señales de acompañamiento. En conversaciones mantenidas con la Secretaría de Protección Civil, la respuesta fue clara: el apoyo está, pero condicionado a que el proyecto del nuevo cuartel obtenga finalmente la habilitación y aprobación formal. Hasta que eso ocurra, todo sigue en el terreno de lo posible. Y el tiempo pasa. Ya se cumple el tercer año desde que el municipio cedió el terreno en Presidente Perón y Suipacha, y todavía no se pudo iniciar la obra.

Mientras tanto, la institución se mueve. Organiza eventos, genera acciones solidarias y busca recursos por todos los medios a su alcance. El año pasado se realizaron distintas actividades para recaudar fondos y ahora se prepara una iniciativa inédita: la primera maratón de los Bomberos Voluntarios de Rosario.
La cita será el 29 de marzo, a partir de las ocho de la mañana, con largada en la intersección de Belgrano y Buenos Aires. Habrá dos recorridos, de 5 y 10 kilómetros, aprovechando el circuito de la Calle Recreativa. La inscripción tiene un valor de 35.000 pesos e incluye la remera oficial del evento. Además, la institución se encuentra en la búsqueda de patrocinadores para ampliar la recaudación.

El objetivo es concreto y urgente: reunir fondos para terminar de pagar el camión hidroelevador. La negociación con el importador permitió establecer una condición clave: alcanzando un tercio del monto total, la unidad puede comenzar a importarse desde Holanda, dejando comprometido un subsidio nacional que aún no fue cobrado. "Confiamos en que dentro de este primer semestre podemos llegar a traerlo", señala Sali Royo, consciente de que se trata de una apuesta fuerte, pero necesaria.

No solo apagar incendios
La visibilidad también forma parte de la estrategia. Los Bomberos Voluntarios de Rosario están presentes en redes sociales —Instagram, Facebook y X— donde comunican a diario las intervenciones que realizan. Pero su trabajo no se limita a la emergencia. Existe un área institucional dedicada a la prevención y la formación, que articula con escuelas, organismos públicos y organizaciones sociales.

Charlas de RCP, demostraciones de equipos y capacitaciones para los más chicos forman parte de ese trabajo silencioso que busca construir conciencia desde temprano. "No es solo que nos vean cuando hay una emergencia", explica Sali Royo. "Los chicos después llevan eso a sus casas, transmiten lo que aprenden y empujan también desde ahí".

La institución también ofrece capacitaciones para empresas a través de su sitio web, BomberosRosario.com.ar. Allí se pueden solicitar cursos de RCP, primer respondiente, materiales peligrosos y rescate en altura, una formación cada vez más demandada desde que la normativa de higiene y seguridad incorporó la obligación de capacitar en rescate vertical en obras y construcciones.

Una institución sostenida por la comunidad
El sostenimiento cotidiano, sin embargo, sigue dependiendo en gran medida del compromiso ciudadano. Por 4.000 pesos mensuales, cualquier vecino puede asociarse a la institución desde la web. El proceso es simple: ingresar, hacer clic en "Ayudanos", completar los datos y definir el monto del aporte. "Invitamos a la gente a que se sume", insiste Sali Royo, como quien sabe que el respaldo social es tan importante como cualquier ley o subsidio.

Casi al final de la charla, el tono se vuelve más cercano. Hay agradecimientos cruzados, puertas abiertas y una idea que queda flotando como síntesis de todo lo dicho. Bomberos Voluntarios de Rosario no es solo un cuartel ni una asociación civil: es una red de personas, profesiones, vocaciones y esfuerzos que, desde hace 47 años, sostiene una tarea esencial para la ciudad. Muchas veces con recursos escasos. Muchas veces haciendo, como dice su jefe del Cuerpo Activo, un poco de magia.

Escuchá la entrevista completa:

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