miércoles, 28 de abril de 2004

Daniel Hadad, empresario de medios, censura su biografía no autorizada

Sea su dueño absoluto, o no, Hadad posee una influencia atroz: ha logrado que ningún medio local comente el trabajo de investigación de los periodistas Romina Manguel y Javier Romero, «Vale Todo», una biografía no autorizada del poderoso empresario periodístico.

Hadad inició juicio penal y civil contra los dos periodistas, que actualmente trabajan en el semanario "Veintitrés", e igual camino la emprendió contra Ediciones B, la empresa editorial que lo puso en las librerías.

Pero el sábado pasado, Manguel y Romero debían presentar su trabajo, una ceremonia de lustre en el marco de la 30ª edición de la Feria del Libro. Pero la editorial dispuso levantar la ceremonia. Los periodistas, con el respaldo de la Unión de Trabajadores de Prensa, la hicieron igual en pasillos de la muestra.
"El problema es que con esta investigación que hicimos nosotros mostramos cómo Hadad llegó a la cumbre de los medios de comunicación, no como él sostiene, en una versión edulcorada, que es un self man, un empresario exitoso", Javier Romero
Una fuente de la editorial le dijo a este diario que la desdichada medida se debió a una gestión de los abogados de la empresa que con los de Hadad están en trámites de conciliación, una etapa previa en esta clase de conflictos.

"Pero el libro no fue retirado ni de nuestro stand ni de las librerías, como se dijo", aclaró. Hubiera sido un nuevo ataque a la libertad de expresión, si eso hubiera ocurrido. Este corresponsal vio el fin de semana que el libro estaba en la Feria del Libro y en varias librerías.

"Vale todo. Biografía no autorizada de Daniel Hadad", ha sufrido otros avatares indignos. Originariamente el libro debió ser lanzado por la editorial Planeta que llegó a imprimirlo. Pero imprevistamente sus autoridades decidieron rescindir el contrato con los autores y guillotinaron el libro, ceremonia llena de recuerdos ominosos, y aquí no pasó nada.

Eso sí, Planeta pagó los anticipos pactados y les dejó libertad para hacer con el texto lo que quisieran. Así llegó el libro a Ediciones B, de capitales españoles, y, según se supo, pese al silencio de los críticos o que algunos medios no aceptaron publicar promociones pagas, «Vale Todo» está en lista de best sellers desde hace algunas semanas y ya ha vendido poco más de 13.000 copias. El trabajo apareció el 26 de enero.

Romero cuenta que cuando faltaban pocos días para que la editorial Planeta lo lanzara a la calle, se enteró de que Hadad presionó a la editorial para que detuviera el lanzamiento. Poco después, Planeta rescindió el contrato con los autores del libro. Pronto arreglaron con Ediciones B una tirada inicial de 15.000 ejemplares y la biografía no autorizada empezó a llegar a las librerías a partir del 26 de enero. Sin embargo, hacía 10 días que Romero estaba tratando de comunicarse con la editorial para ultimar los detalles de la presentación en la Feria del Libro, pero nadie respondía los llamados. "Pablo Ditbon, representante de Ediciones B, me dijo que hubo una reunión editorial con Hadad y su abogado y que se había decidido, como muestra de buena voluntad, levantar la presentación y no reimprimir el libro", explica Romero. Mientras realizaban la investigación, los autores tuvieron tres entrevistas con el empresario periodístico. El último de esos encuentros se concretó en mayo del año pasado. "El quería tener el control del libro y la gente de su entorno más inmediato llegó a ofrecernos dinero para que dejáramos de insistir sobre el tema", confiesa Romero.

Hadad, Moneta, la CIA
Excepto La Nación, cuyos dueños han sido objeto de una campaña de difamación por parte de Moneta, el socio de Hadad, a través del semanario "El Guardián", hoy desaparecido, el resto por razones deducibles pero difícil de verificar, se sumó a la "conspiración del silencio".

Esta actitud no es espontánea de los medios, ni de sus secciones literarias: es producto de la presión que Hadad, que por lo que se ve, es más que influyente, ha ejercido sobre la mayoría de los medios.

Daniel Hadad fue un favorito de Menem, quien le cedió por chirolas la frecuencia de la que hoy es Radio 10, la de mayor potencia y audiencia. Dirige Canal 9, que es suyo, y varias FM, aunque ha comenzado a tener algunos problemas legales por las concesiones de estas últimas. Es el dueño, al menos nominal, de Infobae, diario económico de tiraje módico pero su página web es una de las más frecuentadas.

Aunque el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, haya negado la existencia de acuerdos entre el gobierno y Hadad, lo cierto es que el empresario bajó lo decibles críticos y por Radio 10 es casi habitual que el ministro sea entrevistado, a guisa de vocero de Néstor Kirchner. Todo es volátil: el Multimedio fue uno de los promotores de las convocatorias de Carlos Blumberg, el sufrido padre del joven Axel, asesinado hace un mes por sus secuestrados y protagonista de un fenómeno de masas que tiene en vilo a los tres poderes del Estado.

El personaje que intentó evitar por otros atajos, además, que el libro no saliera, busca desde hace un tiempo exhibirse como hombre moderado y pluralista. Le ofreció a periodistas que son casi símbolo por sus posiciones progresistas, que condujeran programas radiales sin cortapisas, pero no ha tenido éxito esta convocatoria.

Que el libro de los dos profesionales le irrita está de más decirlo. Aunque en el texto hay cosas que más que embroncarlo, supone que la da lustre. Por caso, sus estrechas relaciones con la estación local de la CIA.

Se cuenta, y una fuente de fuste se lo contó a este diario, que Hadad le consiguió visado para ingresar a los EEUU al ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo que debe ser tratado allí por una grave enfermedad. Antes, las autoridades de la embajada se la habían negado por sus antecedentes de líder de lo que quedó del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

¿Quiere Hadad sólo acumular poder para ser un zar de la prensa? ¿O busca caminar por la política, más adelante, para convertirse en el Silvio Berlusconi criollo?

Otro caso de abuso de poder.

Contratapa
De conductor de modestos programas televisivos a poderoso empresario de un multimedio, Gerardo Daniel Hadad es la metáfora de la cultura menemista: éxito rápido, exaltación de los medios sobre los fines e indiferencia ante el entorno. Admirador del american way of life y ambicioso sin medida, supo ganarse la confianza de "los turcos": Carlos Menem, Emir Yoma, Alfredo Yabrán, Jorge Asís. Alberto Samid y Jorge Antonio. Vinculado a los personajes más polémicos de la década menemista, fue apadrinado por Bernardo Neustadt, Alfredo Yabrán, Carlos Ruckauf, Esteban "el Obispo" Caselli y Raúl Moneta. Acusado por Domingo Cavallo de "ariete de la mafia", su sola mención inquieta a muchos.

Las operaciones y negocios con la CIA, la amistad con Rodolfo Galimberti, los vínculos con militares protagonistas de la dictadura, la sospechosa adjudicación de la frecuencia 710 de Radio 10, la compra millonaria de Canal 9, su fabuloso patrimonio, entre otros temas, son abordados en un apasionante relato periodístico.

Esta audaz y valiente investigación de Romina Manguel y Javier Romero desentraña la fábula del self made man tejida por el propio Hadad y devela sin concesiones las intrincadas maniobras plagadas de cámaras ocultas, escuchas telefónicas, aprietes y extorsiones, que hicieron posible su escalada. 

Elaborado a partir de más de doscientas entrevistas a amigos, colaboradores y personajes de su entorno, éste es un libro incómodo, un texto fuerte, que previo a su publicación ha generado muchas "molestias". Como advierte Jorge Lanata desde el prólogo: "Lo que sigue es la historia de una persona que no supo decir que no".

jueves, 22 de abril de 2004

Enojos y quejas después del encuentro Tinelli-Kirchner

La presencia de Néstor Kirchner en la fiesta de lanzamiento de la radio de Tinelli desató la polémica. Desde sus respectivos micrófonos, Mario Pergolini y Magdalena Ruiz Guiñazú cuestionaron el encuentro. Alfredo Leuco, desde la nueva radio, respondió a las críticas.
Por: Guadalupe Diego
El lunes pasado, bien tempranito y después de sus gastroduodeníticos días de ausencia, el presidente volvía a la Rosada. Ese mismo lunes, ya cerca del mediodía y en el Hipódromo de Palermo, Marcelo Tinelli festejaba el lanzamiento de su flamante adquisición, la frecuencia 1030 AM de Radio del Plata. Era el mismo lunes de la presentación del nuevo plan de seguridad, el acto que marcaría, ya sobre el cierre de la jornada, la vuelta al ruedo del primer mandatario. El esperado regreso, sin embargo, ocurrió mucho antes, porque Kirchner se hizo una pasadita por el Hipódromo, saludó al siempre efusivo Tinelli –cuyas manos apretaron con fuerza las pálidas mejillas de Kirchner- y participó de una mini entrevista que le realizó el propio Marcelo. La precipitada aparición pública del presidente, era de esperar, desató la polémica. Y los enojos, que fueron y vinieron por el éter, los reprodujo anoche “Indomables”.
Que qué cuernos tiene que estar haciendo Kirchner con Tinelli, dijo una voz; que qué hace el oficialismo participando en la presentación de una radio privada, dijo otra. Palabras más, palabras menos, las voces de Mario Pergolini y Magdalena Ruiz Guiñazú fueron, desde sus respectivos micrófonos, más que elocuentes. Desde la Rock & Pop dijeron que el hecho de que el presidente esté en la inauguración de la radio de Tinelli “habla a las claras del perfil ideológico que va tener esa emisora” (¡upa!). La voz de Magdalena, en cambio, fue algo más irónica aunque igual de lapidaria: “¿perdón?, ¿Kirchner en la radio de Tinelli?, ¿no teníamos ya una radio nacional para los mensajes oficiales?, ¿será que ahora tenemos dos radios nacionales? (¡upa, upa!).
Después de estas acusaciones, ni Tinelli ni Kirchner salieron especialmente al cruce. Alfredo Leuco, desde el micrófono de Del Plata, se ocupó de ello y se ocupó, particularmente, de Magdalena. “Querida Magdalena, apenas está naciendo esta nueva radio y ya la atacas, mostrando lo peor de vos; esta no es otra radio nacional...y, si querés, te invito un cafecito cuando quieras y hablamos de tu dudosa relación entre la libertad de prensa y la libertad de empresa”.
La cobertura de tanto enojo cerró con el hábil Marcelo minimizando la cuestión. Dijo que la presencia de Kirchner realmente lo había sorprendido (¿no lo había invitado o lo había invitado y esperaba que no fuera?), y que él tomaba la visita como un apoyo oficial hacia el empresariado argentino (buéh...). En fin, todo esto dejó la pasadita del presidente por el Hipódromo. Y todo por una cabeza...

Fuente: Diario Clarín

viernes, 16 de abril de 2004

Jorge Eduardo Rulli: Del peronismo libertario a las nuevas revoluciones

Jorge Rulli, un dirigente de la primera juventud peronista resistente, ha enriquecido su reflexión política con el arte de contar su propia biografía. Surgen conmovedores descubrimientos que llevan del ser político a la búsqueda de "lo humano, demasiado humano". Y que llevan también de la condición humana, como raíz de todo comportamiento político, hacia la exploración de todas las alternativas –autogestionarias, indigenistas, tecnológicas, organizativas, militantes, ecológicas, no–violentas, culturales– que con toda propiedad exigen ahora el nombre de revolución.
Quien ha amado y creído profundamente en el peronismo; quien expuso su vida en aras de esos ideales, quien fue encarcelado, torturado y mutilado; quien debió exiliarse contra su voluntad y conoció la soledad, tiene derecho a hacer autocrítica desde el dolor. Y porque el pasado lo lastima todavía, aunque no ha claudicado, prefiere seguir su lucha desde un país tan distante como Suecia.
Jorge Rulli, militante de la Juventud Peronista desde las épocas de la resistencia, pasó unos pocos días por Buenos Aires, y nuestro encuentro sirvió para repasar tres décadas de alegrías, victorias, horror y lágrimas; la violencia y el poder; la infiltración en el peronismo y la imperiosa necesidad actual de recuperar la mística y el sentido sagrado de lo revolucionario.
A partir de su liberación en el '81, Rulli trabajó por los derechos humanos, primero en Andalucía y, ahora, específicamente por los de los indios, en Suecia, instrumentando nuevas técnicas y recursos para sobrevivir, asumiendo la pobreza y rescatando al hombre por sobre todo.
Los diálogos fueron duros, con silencios prolongados, pero sinceros y fructíferos... Cuando todo terminó y él ya había partido, pude comprobar la verdadera dimensión de una de sus frases lapidarias. "No me he visto con quienes en otros tiempos fueron compañeros y hoy están en el candelero; no sé si yo los estoy esquivando, o ellos me están rehuyendo... Hablan del peronismo en términos muy distintos a los míos...".
Por: Mona Moncalvillo

¿Cómo entraste en la violencia?
Tanto a mí como a mucha gente de mi generación, nos la impuso el enemigo. Hacía falta el holocausto brutal del peronismo, en el '55; eso provocó que fuéramos lanzados a la violencia. Y ese es quizás el origen de mis reflexiones actuales, porque nosotros no elegimos ese camino, nos fue impuesto. No tuvimos la independencia espiritual o la capacidad reflexiva para poder encontrar otros medios. Eso en cuanto a autocrítica. Ahora, en cuanto a crítica, yo les reprocho a los que eran dirigentes en ese momento que no supieron guiarnos hacia metas más eficaces. Recuerdo que también se habló de otras cosas... resistencia pasiva, boicots y algunas otras categorías sueltas de otro tipo de lucha que eran conocidas, y nosotros manejábamos algunas de esas ideas. Pero no fuimos capaces de elaborarlas, de hacer con ellas una estrategia definitiva. Y los mayores, los que ejercitaron y llevaron adelante esta campaña que se conoce con nombre de resistencia, lo hicieron fundamentalmente al explosivo. Nosotros pensábamos que nuestros métodos eran superiores. Nosotros tratamos de organizarnos desde juventud peronista para la lucha de masas, y a partir de juventud peronista, como cuadros de elite, formar organizaciones de tipo militar. Y anduvimos rondando, siempre a las palabras "ejército de liberación" que nos enamoraban mucho; y nos estimuló también mucho el surgimiento de focos guerrilleros, como el de Uturuncu, en Tucumán. Por aquel entonces, decidimos iniciar acciones similares en Buenos Aires...
¿En qué año fue?
Eso fue en el '59... También pensamos en abrir otros frentes guerrilleros en el interior; intentos que por nuestra parte no llegaron a cuajar. Hicimos un plan de abrir un frente en el Chaco, por ejemplo... Pero había una exacerbación de la lucha y nos dejamos llevar por ella con un culto al coraje y con una fraternidad de soldados, sin haber pasado la experiencia de los fracasos de la lucha armada, de la violencia, y de la lucha por el poder. Sin poder reelaborar todo eso. Estábamos yendo simplemente hacia lo que más tarde fueron las primeras experiencias negativas de este tipo de lucha. Al principio, uno advierte solamente los aspectos heroicos, y se autoestimula con el sacrificio que implica todo esto...

¿Vos en qué organización estabas?
La juventud peronista en aquel momento se organizó como una constelación de pequeños grupos, la mayor parte de los cuales se llamaban comandos. Yo trabajaba en un comando que actuaba en el centro de la ciudad y, a su vez, en un grupo de juventud peronista que trabajaba en Palermo. Pero entre nosotros las relaciones eran muy abiertas. La que luego fue mi mujer pertenecía a un grupo de la juventud peronista ligado a la Alianza de la Juventud. Allí había militado Bevilacqua, que fue uno de nuestros primeros muertos; estaba haciendo el servicio militar cuando lo mataron. Y el mismo día que lo mataron, nosotros dimos nuestro primer golpe de mano, contra un destacamento de la aeronáutica que estaba bloqueando una movilización vecinal para ocupar un barrio. Estaban impidiendo nuevos intrusos. Porque era un barrio construido para ellos, pero la gente sin viviendas lo había empezado a ocupar por la fuerza; entonces colocaron tropas y nos golpeamos contra ellos, a la noche. La mayor parte de ellos escaparon; algunos nos dejaron las armas y otros escaparon. Fue, aparentemente, muy sencillo, pero los problemas empezaron después, al asumir que éramos un pequeño ejército en operaciones con una edad muy escasa y sin mayor formación. En esos días, nosotros descubríamos la existencia de Mao y de la lucha de guerrillas, o sea que nuestro bagaje intelectual acerca de la guerra revolucionaria, no era importante. Eramos grandes espontaneístas, pragmáticos, lanzados a la lucha, como te decía antes, por el descalabro que habían producido los militares. Yo tenía quince años cuando ya vi pasar los tanques; y tenía quince años cuando vi la masacre del bombardeo a la Plaza de Mayo... Esas son cosas muy brutales que vivió toda nuestra generación...

¿Perón alentó esa violencia?
Sí, yo creo que sí... Aunque siempre jugó varias cartas, a nosotros siempre nos alentó.

El problema es que no terminaron de entender que Perón alentó la violencia para derrocar dictaduras y no para que siguieran en las democracias. Este fue el error de los que eligieron la lucha armada en el '74...
Sin duda... Quizás con eso ya te estás refiriendo a otro proceso. Yo suelo, hacer un distingo entre aquellos orígenes y lo que después ocurrió. Nosotros, en el '57, por ejemplo, mantuvimos la postura de voto en blanco, no aceptamos la orden de Perón de votar a Frondizi, la negamos, directamente. Incluso al principio no la creíamos, pero luego fuimos conscientes de que era verdadera y la negamos igual. Nos rebelamos contra Perón y luego Perón nos escribió y nos dijo que éramos más peronistas que él... Por eso te digo que Perón nunca dejó de alentar estas rebeldías, en una época en que estas rebeldías eran parte de una gran familia. Creo que después, más tarde, se va a dar un fenómeno muy diferente que es la entrada masiva de sectores medios, con otros aportes ideológicos, con otra mentalidad mucho más empresarial. Sobre todo con una visión eficiente y tecnológica de la guerra, que es lo que nosotros no teníamos. Aquello que nosotros hacíamos era, quizás, muy heroico, pero muy artesanal, muy poco compartimentado, muy abierto a lo humano, de una guerra del pueblo. Era como una resistencia descalza... Lo que vino después fue la construcción de aparatos altamente tecnificados, con los cuales creo que se perdió el sentido moral de la lucha, pues se terminó, en muchos aspectos, asemejándose al enemigo. Y allí es cuando nosotros, ya más maduros, con muchos años de experiencia, con mundo recorrido, con muchas cárceles, podemos empezar a reflexionar sobre todo esto, y acerca de cuál es el mejor negocio. Si la violencia que nos permite llegar rápido, pero que nos presenta luego problemas enormes a resolver más allá de la toma del poder, u otro tipo de lucha como en este caso podría ser la no–violencia, que quizás demore más en posibilitar la caída del poder enemigo, pero que permite una mayor movilización de masas y que no deja los frutos amargos de la violencia...

Entre la sangre o el tiempo, Perón había elegido el tiempo...
Sí. En definitiva muchos de estos elementos están en Perón, por lo menos en el Perón de aquellos años. Habría que revisarlos... De todas maneras, esta es una cuestión que tiene que ver con esta sobrevivencia extraña del peronismo. Yo creo que se hace difícil todavía revisar cosas de aquellos años...

¿Por qué?
Porque están muy presentes. Porque el peronismo sigue siendo una cuestión irresuelta. Yo creo que hace muchos años que está mantenido en una especie de terapia intensiva y que se le ha negado la dignidad suprema de su muerte. Hay una cantidad de gente, que poco tiene que ver con la historia del peronismo, que lo ha mantenido artificialmente y por eso mismo se hace difícil revisar estos orígenes; la correspondencia de Perón a través de sus emisarios, todo eso, es una tarea que reconozco que tendría que haber realizado, pero que no puedo hacer... Me es muy difícil, me pone muy mal todo esto...

¿Se infiltró al peronismo?
No sé si se infiltró. Vos sabés que nosotros, desde el principio, siempre tratamos de ganar gente para el peronismo. Yo trabajé bastante desde los inicios de mi militancia en la universidad, y en los colegios secundarios también, cuando éramos una ínfima minoría. Pero allí, a pesar de nuestra falta de formación política en aquellas épocas, ya alcanzamos a realizar algunas alianzas de trabajo con gente de Palabra Obrera, con gente de sectores nacionalistas como Tacuara... O sea, teníamos capacidad para buscar aliados y tratar de evitar las provocaciones. Yo recuerdo que esa inteligencia la teníamos, pero los que se sumaban eran muy pocos. Se sumaba alguno de Tacuara, se sumaban del MLN, se sumaba gente del trotskismo, pero se sumaba de a uno, eran incorporados fagocitados por el pensamiento que nos era común.
El problema es que en un momento dado se abren las compuertas y entran sectores medios en masa, pero entran organizados, o sea entran con sus propios líderes que, de un día para el otro, se convierten en líderes del peronismo. Ese fue el problema. Y después algunos sectores marginales, que no habían realizado ninguna lucha importante, como en el caso de Guardia de Hierro, llamada Juventud del Comando Nacional, orientada por Manolo Buzeta, que era un grupo minúsculo que existía también en el año '59. Lo que pasa es que nosotros lo tomábamos muy a broma, porque cuando realizábamos acciones y les dábamos alguna tarea, nunca la cumplían... Nunca los tomábamos en serio. Pero en un momento dado ellos encontraron algo que desde el punto de vista político fue muy exitoso. Porque pactaron con vastos sectores que querían entrar al peronismo. Pactaron ser los que les abrían las puertas a cambio de liderazgo. Así, una organización minúscula, de pronto, se convirtió en una organización de masa, o por lo menos con miles de estudiantes. Miles de estudiantes que querían ser peronistas, pero que no lo habían sido hasta ese momento porque venían del cristianismo, del marxismo... Y esa técnica se siguió empleando durante mucho tiempo, hasta que el peronismo se transformó en otra cosa. Casi sin darse cuenta dejó de ser lo que era...

¿Cuándo comenzaste a darte cuenta de que el terrorismo no hacía una revolución, al menos en la Argentina?
Quizás muy temprano, pero tengo grabada una imagen terrible. Fue en el año '62. Estaba prisionero, con otros compañeros de la juventud peronista, en la cárcel militar de Magdalena. Había una vidriera al fondo del pabellón que daba hacia el campo, y a lo lejos pasaba la ruta de Magdalena a Buenos Aires. Fue cuando se levantaron los colorados, y los azules avanzaron sobre Buenos Aires. Nosotros esa noche, cuando caía el día, vimos pasar al regimiento de tanques de Magdalena. Pasó durante horas a lo largo del camino. Iban cientos de máquinas lanzadas a toda velocidad, con pequeñas luces rojas, y se oía un estruendo terrible. Estuvimos viéndolos horas y horas. Después leí la experiencia de Nietzsche, cuando cuenta que el sentimiento de poder se le despertó al ver una carga de caballería de los húsares.
A mí algo se me modificó, dentro, esa noche, porque yo no había tenido una noción exacta de lo que era el poder. Me di cuenta, por una parte, de lo minúsculo de nuestro trabajo hasta ese momento. Y, por otro lado, me di cuenta de la vasta empresa que teníamos por delante. Era imposible tomar eso. Había que desarticularlo de alguna manera. Me sentía horrorizado por ese poder inmenso. Fue alucinante. Dejaron el camino regado de tanques que se iban averiando, pero el resto siguió al máximo de velocidad que dan los motores. Nosotros éramos prisioneros de guerra de ellos. Fue una situación, muy especial.

¿Estuviste preso muchas veces, no?
Sí, en total llevo más de once años de cárcel. Pero lo que a mí me modificó mucho la práctica revolucionaria, fueron los últimos años del gobierno de Lanusse, las grandes luchas en las barriadas obreras. Esa fue una experiencia muy rica, porque allí pude aplicar las ideas que había ido desarrollando en la cárcel, y en el exterior, durante la década del '60. Y las puse en práctica. Y también puse en práctica una cantidad de métodos para transformar las unidades básicas, que eran simples comités políticos, en centros de promoción cultural y de asistencia a la comunidad. En una visión superficial, se podría decir que nosotros prácticamente no hacíamos política. Estaban los símbolos presentes, pero trabajábamos con la gente; se repartían medicamentos, se solucionaban problemas familiares, se mateaba, se organizaban los barrios. O sea, se organizaba el poder autónomo de los barrios. Tratábamos de que la gente pudiera resolver sus propios problemas, como zonas casi liberadas que fuimos construyendo de a poco, tratando de no llamar la atención al principio, tratando de golpear fuera de las zonas, no en las zonas en que nosotros operábamos. Y llegó un punto en que fuimos dueños de barrios enteros, en los que nos podíamos mover con absoluta libertad. Ya sobre la llegada de Perón a Ezeiza, había zonas en las cuales todo el mundo sabía en qué casa estaban las armas, en qué casa estaban los mimeógrafos. El barrio entero lo conocía... Era una experiencia muy linda, porque teníamos el apoyo total de la gente. Y la gente se preparaba para la llegada de Perón, pensando que eso podía ser el inicio de un levantamiento general...

La última vez estuviste cinco años, hasta el '81, en que te dejan en libertad vigilada...
Esos años fueron muy duros. La cárcel fue muy terrible, quizás peor que la tortura, porque fue una tortura sistemática a lo largo de meses y meses donde no había un minuto de descanso. Esa gente montó un sistema criminal para destruir la identidad de los presos y someterlos a un stress constante, mucho más de lo que se podía soportar. Yo estuve un año entero conviviendo en una celda de 3 m2, con un compañero loco, totalmente trastornado, que de pronto gritaba, daba vivas a Videla, vivas al Ejército Argentino y lo tenían que acallar a golpes o llevárselo a un calabozo, hasta que lo tranquilizaban con píldoras y con golpes. Y así estuvo el pobre loco un año... Esa convivencia era terrible para mí...

¿Dónde estuviste?
En La Plata...

¿En la Unidad 9?
Sí... antes había estado siete meses aislado en Salta. Estábamos todos aislados, con las ventanas obturadas, la puerta se abría solamente para dejarnos pasar la comida. Y yo tenía a este loco de un lado y lo tenía a Julio Mera Figueroa del otro, así que a través de la pared me comunicaba con Julio Mera Figueroa. Así y todo, a veces llegamos hasta a jugar ajedrez a través de la pared, pero esos meses se hicieron muy largos. Claro que fueron meses de interioridad, de reencontrarse, de bucear en sí mismo.

Hay una frase, me conmovió profundamente, que dijiste el otro día mientras charlábamos: "Me dolió más la violencia que yo ejercí, que la misma tortura".
Pienso que la violencia de los otros nos marca, nos deja pequeñas lesiones en el subconsciente. Quizás ellas ponen en marcha nuestra propia violencia, pero nuestra violencia hace a la historia personal. Una historia personal violenta que implica un karma negativo, o sea una historia mal construida. Y eso, a la larga, se paga. Son cosas que uno ha venido atando mal en su propia vida. Tal vez haya revolucionarios que después de practicar la guerra, sean capaces de la tolerancia, de abrirse al otro, de tener solamente gestos suaves en las discusiones o, incluso, no discutir, sino simplemente dialogar, pero yo no los conozco. Y si hubiera alguno, creo que sería admirable. Lo más natural es que cuando uno practica la intransigencia frente al enemigo, cuando uno es cruel con el enemigo, llega un momento en que la violencia se hace dueña de uno. Y uno no discierne bien cuáles son los compañeros, los aliados, los amigos... O sea, llegado un momento, uno puede ser esclavo de esa violencia y con esto no tiene que ver la revolución...
Con muchos compañeros hemos venido analizando en los últimos años, especialmente en el exilio, hasta dónde ha habido un engaño colectivo y se han mezclado cosas en la historia de Europa, que se ha convertido en la historia del mundo. Tanto las ideas socialistas, como las ideas de revolución, se han ido mezclando ya casi indisolublemente con las ideas de guerra y de lucha armada. Cuando, en realidad, no lo fueron así en un principio en Europa. Los primeros marxistas eran visualizados como pacifistas, pero hoy en día, alguien que se define marxista ya se supone que practica la guerra, no solamente la lucha armada. En países como El Salvador, lo que se busca hoy es establecer con distinción los frentes de combate de una guerra civil. Ese es el sueño de un revolucionario. Y pienso que allí se ha dado una peligrosísima confusión. ¿Y cómo hacer para separar guerra de revolución? Porque si hay guerra, la única disciplina es la militar, el lenguaje se hace militar también, como se hizo en nosotros, siempre tuvimos un lenguaje militarizado, y además la dirección es, inevitablemente, autoritaria. Ahora, si somos capaces de separar revolución de guerra, podríamos replantear todas estas cosas. Y esto no significa que seamos menos duros frente al enemigo, que seamos menos intransigentes. No, yo pienso que es posible que podamos ser más duros que antes, con una lucidez más implacable, si somos capaces de evitar caer en las trampas del enemigo, que son también estas de la guerra civil, de la lucha armada y de la formación autoritaria entre nosotros. Hay que evitar calcar la organización del enemigo, los modelos y la jerga del enemigo. En cambio, recuperar una mística y un sentido de lo sagrado, que las revoluciones parecen haber perdido...

Claro, recién te escuchaba muy atentamente y se me ocurrió una pregunta por ahí ingenua, pero ¿en qué lugar del mundo has visto esa experiencia? Hay una carrera desatada, e imparable...
Sí, está siempre el ejemplo de Mahatma Gandhi, que es extraordinario. Y aunque ha sido muy mal usado, muy abusado, sigue siendo válido rescatarlo. Pero, por supuesto, después estas ideas se han confundido terriblemente...

Sí.. mirá el desenlace que ha habido en la India...
Sí, pero creo que hay que persistir en la búsqueda de un camino diferente, porque hay numerosas pequeñas experiencias que prueban que es posible plantearse las cosas de otra manera. Lo normal debería ser que los procesos de luchas de masas, se debatan en base a acciones no violentas. Desde los boicots contra los autobuses, en el sur de los Estados Unidos, contra la discriminación racial, bueno, a la resistencia contra los ejércitos soviéticos en Checoslovaquia en 1966. La misma lucha de Polonia... Y lo normal es que estos procesos sean abortados por grupos que, por impaciencia, por intolerancia, caen en la práctica de la lucha armada, como el caso de los Panteras Negras en Estados Unidos, que gracias a su "heroísmo" acabaron con la lucha de los negros, directamente... Aquel movimiento quedó terminado, totalmente. Ellos remataron la experiencia de Luther King. Es verdad que a Luther King la lucha que él desató lo superó. El no fue capaz de darle una dirección al movimiento no violento, pero ésa es otra cuestión. Los Panteras Negras posibilitaron que el enemigo acabara, de un solo golpe, con el movimiento negro. En Checoslovaquia, lo que se produjo fue que la dirección política de ese socialismo real, la dirección política del socialismo con rostro humano, no tuvo el coraje de asumir la dirección de su propio pueblo. Se apresuraron a negociar con los rusos y terminar un movimiento que se les estaba yendo de las manos de todos ellos. Y que era un movimiento, fundamentalmente, no violento...

Cuando te exiliaste en España, estuviste trabajando para los derechos humanos. ¿Cómo fue tu experiencia?
Fue una experiencia muy, muy rica. Llegué a España marcado por la lucha por los derechos humanos en la Argentina, especialmente de las Madres, que es un tema que yo sigo reelaborando constantemente, porque fue la primera vez en el mundo que alguien descubrió el poder de la imaginación aplicada en la lucha contra un poder omnímodo, con tanto éxito. Bueno, y yo en mi medida, motivado por esas luchas, al llegar a Málaga me incorporé decididamente al grupo de Amnistía, que era un grupo muy pequeño, y no solamente pequeño, sino también un poco diletante... Lógicamente, incorporé la fuerza de mi sistema de militancia, y trastorné bastante al grupo, porque era el primer prisionero de conciencia que tenían, además, el primer ex torturado. Y bueno, tomé la secretaría, que me permitía hacer propaganda y dar conferencias. Daba conferencias en los colegios, en la universidad, en iglesias... Conferencias que fueron bastante impactantes, porque esta España desmemoriada de hoy, se impresiona por los lejanos horrores, porque los propios ya los ha dejado muy tapados, muy cubiertos. Solía apoyarme en un trabajo que hice con mi mujer, con diapositivas de torturados y de distintos sistemas de tortura. Contaba mis propias reflexiones sobre la tortura, mostraba las diapositivas, luego sacaba conclusiones sobre derechos humanos y los invitaba a sumarse a las distintas actividades que nosotros íbamos desarrollando y ampliando en Andalucía. Salía bastante impactante y bastante trastornante.

¿Por qué abandonaste ese trabajo?
Lo abandoné, cuando me fui a Suecia, por muchos motivos. Mi situación en España se fue complicando, estuve dos años sin permiso de residencia, sin permiso para trabajar, con muchos problemas irresueltos causados por la cárcel y la tortura. Y, además, por problemas de toda mi vida. Ese karma que te mencionaba, que afloró en España, en medio de una sociedad muy particular como lo es la española post franquista. Con un gobierno socialista, que a la vez está en la OTAN; con una policía muy represora; con una enorme desocupación; con muchas drogas; con mucha violencia también. Y en un momento dado, consideré que era necesario continuar mi andadura y mi búsqueda hacia Suecia...

¿Por qué Suecia? Tenía una antigua visa que me habían dado en la cárcel y necesitaba un lugar de reparo, donde recibir determinado tipo de ayuda médica. Y Suecia era el país indicado. Además, incidió un problema que tuve en España. Estuve preso y fui golpeado por la policía.

¿Por qué?
Por intentar defender en la calle a un delincuente, al que estaba golpeando salvajemente gente que yo imaginé que eran policías jurados, que son hombretones que contratan las empresas para que les cuiden el orden adentro, o pillen a los que roban, son como custodios. Y suelen usar un uniforme particular, pero muchas veces no lo tienen, y éstos no lo tenían. Y bueno, la gente trataba de impedir que golpearan al muchacho, que era un ladronzuelo, y yo me puse a la cabeza de ellos identificándome como miembro de Amnistía Internacional y amenazándolos con llevarlos a la justicia por lo que estaban haciendo con él. Cuando llegó la policía, resultó que los que lo estaban golpeando al muchacho eran policías también. Me hicieron detener a mí y me fajaron entre todos; se enloquecieron de indignación porque alguien osaba ponerlos en duda. Eso sí, fue interesante esta experiencia, que no fue tortura, sino maltrato, y es la primera vez que sufro maltratos y salgo bien parado, salgo muy contento conmigo mismo. Porque lo hice en nombre de los derechos humanos y no dejé de enrostrarles, en ningún momento, la actitud vergonzosa que estaban teniendo. Tanto al faltarle en los derechos humanos al delincuente, como al faltarme a mí. Y bueno... el juez no entendió razones y me mandó a la cárcel, sin querer verme siquiera. Y amenazó a los compañeros de Amnistía con tenerme quince días, si intentaban alguna campaña de prensa... Así que estuve unos días ahí, en la cárcel de Málaga...

¿Cuál es tu crítica a los Montoneros? ¿Te sentís responsable de haber llevado a la muerte a compañeros?
Empiezo por lo segundo. Con respecto a esto, yo he sido muy duro conmigo mismo todos estos años, me he revisado, pero también antes había sido duro. Siempre que dirigí acciones participé en ellas en primera fila, aún cuando no me correspondía hacerlo desde el punto de vista organizativo. Traté de no estar nunca al margen de lo que yo planificaba y ordenaba. En cuanto a los pocos compañeros que dependieron de mí de alguna manera, y que se sintieron ellos depender de mí, que han muerto, y que son muy pocos, es difícil que yo pudiera haberlo evitado. Estuve días pasados en la tumba de Manolo Belloni, en la Chacarita; yo estaba encarcelado cuando él murió... ni siquiera supe lo que estaban haciendo. Después, algún otro compañero murió, o fue desaparecido por los militares, pero ya no me puedo sentir responsable, porque mi papel apenas fue el de relacionar destinos entre sí. Eso es inevitable cuando uno hace política. Tu haces conocer gente entre sí, estimulas cosas, ideas, conciencias y luego desencadenas hechos, relaciones mutuas. Eso no lo podés controlar, sería imposible controlarlo. Y de pronto algunas de esas situaciones conducen a alguien a la muerte. Por eso es arriesgado también ser revolucionario, ser político, porque uno mezcla historias personales y presenta gente, las reúne. Y nunca se sabe lo que puede salir de allí. Digo esto, porque justo en estos días estuve cenando en casa de la familia de un chico que desapareció. En el campo que yo administraba, se conoció con algunos de los exiliados a los que yo di refugio y un exiliado brasileño le dio su amistad, pero, además, lo reclutó para un proyecto en Brasil. Y desaparecieron los dos... Y a mí me pesa, simplemente porque yo mezclé esas dos vidas. El chico era de la JP local y el otro era un exiliado brasileño que yo había conocido en Chile, y que estaba refugiado aquí ante Naciones Unidas. Los mezclé, como mezclé a tanta gente... Pienso que si la vida me diera la oportunidad de repetir esa experiencia, sería mucho más cuidadoso, sobre todo de proteger a los más débiles, a los más jóvenes, de ver qué hacen, qué piensan... Pero también el peligro de esto es caer en un cierto paternalismo... Ahora, frente a las cosas que han pasado, me doy cuenta de que las cargas que llevo son mínimas, frente a gente que ha asumido miles de muertos con una actitud puramente estadística...

Vos estás encarando ahora nuevas formas de revolución, no violentas, con propuestas como la huerta familiar, a través del trabajo de ayuda a los indios...
Sí, pienso que la sociedad que proponemos no hay que dejarla para el futuro. Hay que empezarla ya, en pequeña escala, o en mediana escala, como cada uno pueda. Pero no es aceptable que uno piense en un futuro mejor y que lo dejemos siempre para el futuro. Eso, por una parte. Por la otra, hay que poner la imaginación al servicio de la lucha política, cultural y social. Fundamentalmente, la imaginación. Y en tercer lugar, pienso que lo pequeño es hermoso que es válida la pequeña experiencia, el pequeño modelo, pero que hay que hacerlo con prolijidad y con mucha fe. También creo que es importante rescatar lo sagrado, el sentido de lo sagrado que el pueblo necesita y nosotros también, lo sagrado en todos los órdenes. También en la palabra, de ser capaz de cumplir lo que se dice. De ser capaz de vivir con alegría, intensamente, aunque sea una vida breve como la nuestra. Creo que tenemos que elaborar un pensamiento enraizado. Que nuestro pensamiento tiene que estar enraizado en la cultura y que nuestra cultura es la americana profunda, que tiene relación con el indio, que en América Latina sería el más desarrapado de todos y es el que le da sentido fundante a América, aunque seamos descendientes de inmigrantes. En ese sentido, es válida la posibilidad de indianizarnos ideológicamente. No sé si esto está claro. También creo que necesitamos desarrollar un nuevo modelo económico y tecnológico. Tenemos que escapar al desarrollismo y poner en crítica el modelo de fábrica, que es aquel sobre el que se basa nuestra sociedad en lo económico. Pero también nuestra vida política, porque los partidos políticos imitan la estructura autoritaria de la fábrica, o a lo sumo imitan a una sociedad anónima. Están calcados sobre el modelo de fábrica que es el que da el modelo de las relaciones humanas y de la relación del hombre con las cosas. Y eso habría que rediscutirlo. Como habría que discutir el modelo ciudad; la ciudad es algo que nos es ajeno a los americanos. Fue impuesta por Europa y en Europa misma fue impuesta por una revolución tecnocrática. Fue impuesta por los mercaderes que se apropiaron de la ira de Dios y la hicieron suya. Y concretaron en un pequeño espacio, un enorme patio de sucedáneos en los cuales la naturaleza no existe.
Existe una cosa de piedra, que es la ciudad, rodeada por murallas que la aíslan del resto del mundo. Y allí, los mercaderes fueron elaborando su propio mundo de moral, para circular por las callejuelas de la ciudad, y de técnica, que es la moral del taller, para que los cueros, el acero y la madera, circularan por los vericuetos del taller. Y de todo esto surgió el protestantismo y la posibilidad de una sociedad pulcra, de casas limpias, de moral austera, que es la que nosotros vivimos ahora en Escandinavia. Y que es eso, la ira de los mercaderes arrebatada a la ira de Dios; un mundo en el cual la muerte no existe. Y todo eso llegó a América con Cristóbal Colón; fue un hombre de los mercaderes que lo primero que hizo al pisar el suelo de América, fue reconstruir una pequeña ciudad, un pequeño fuerte, para no pisar el suelo y para no estar bajo los árboles, sino para tener un techo y una empalizada que lo separara del mundo. Y las ciudades se han extendido en América, pobladas por americanos, pero son una cosa que todavía nos es ajena, porque han perdido el sentido de lo sagrado que tenían las antiguas ciudades griegas o el sentido de lo sagrado que tenía el Cuzco. Estas es otra cosa. Son ciudades inhumanas, la gente lucha contra ellas, y por supuesto, sobre todos los trabajadores que crean numerosos espacios de pequeñez dentro de la gran ciudad, que les permitan vivir en un barrio como quien vive en un pequeño pueblo, reconocerse mutuamente, tener amigos, saludar a los vecinos, convidarle un poco de la comida que se hace cada día. Esos son recursos para sobrevivir ante la ciudad, que sigue siendo algo que gesta cosas que nos son ajenas. Bueno... otra idea es la de la no violencia activa, porque aquí se sigue confundiendo, porfiadamente, con el pacifismo, y en realidad no tienen nada que ver.

Tu propuesta me da la impresión de que está más cerca de oriente que de occidente, como también tus nuevas concepciones de vida...
Sí, pero en la medida en que oriente está más cerca de América que occidente. Creo que a lo largo de estos 500 años de colonización española, primera, y después eurocentrista, nuestro continente ha sido uno de los más castigados de la tierra, porque ha sido devastado no solamente en lo económico, sino también en lo cultural. Nuestros pueblos fueron masacrados sistemáticamente y obligados a un mestizaje muy largo, en el cual los primeros conquistadores fueron reemplazados por los mestizos. Pero nuestras repúblicas mestizas de hoy, criollas, reproducen los antiguos sistemas de dominación, y ser "cabecita negra" en este país sigue siendo una condena. He notado en estos días que la palabra pardo, o negro, sigue siendo un insulto muy fuerte en este país, pese a todas las cosas que han pasado. Pero creo que desde hace miles de años se ha transmitido una herencia, una tradición de conocimiento que se ha preservado en América Latina. O sea que hay gente que está haciendo cosas que algunos arqueólogos descubren que se hacían hace más de cinco mil años. Cómo se ha transmitido este poder y esta sabiduría no lo sabemos, pero la fuerza de la cultura siempre va más allá de nuestra imaginación. Y te hablo desde algunos actos que los norteamericanos han observado en ceremonias chamánicas en México, hasta la actitud del guerrero, de los antiguos guerreros que se opusieron a los españoles. Pienso que es un desafío que nosotros tenemos que retomar en esta etapa actual, si queremos alcanzar una revolución en el horizonte americano y a la medida de América. A mí, una de las cosas que más me ha impresionado, o una de las cosas que quisiera resaltar desde el punto de vista del valor, es la actitud de Atahualpa cuando llegan los españoles.
Atahualpa, rodeado por los mejores guerreros y toda su corte, espera la llegada de Pizarro. Y cuando se aproxima Pizarro, al frente de su caballería, decide sentar un ejemplo para atemorizarlo. Entonces, al entrar en el inmenso patio de armas donde Atahualpa lo esperaba, lanza la caballería al galope y la sofrena prácticamente encima de Atahualpa. En esa época, los indios todavía no conocían el caballo, era un animal desconocido, sobre todo los caballos cubiertos de armaduras, con caballeros encima, emplumados y cubiertos de hierro. Para ellos era casi imposible discernir que había un hombre encima de un animal. Lo sería también para nosotros si no conociéramos un caballo y un guerrero recubierto de hierro. Aquellos eran monstruos lanzados al galope que se les venían encima. La corte y el ejército de Atahualpa huyeron despavoridos, porque no era para menos, pero él y sus guerreros selectos permanecieron sentados. Atahualpa ni siquiera parpadeó y el caballo de Pizarro le frenó prácticamente encima. Muchas veces he pensado en el coraje sin límites de Atahualpa... era un guerrero impecable... Un hombre al que en ese momento fue como si se le abrieran las mismas puertas del infierno y todo el pavor del mundo se le echara encima, y ni siquiera cerró los ojos... Era un rey... Y Pizarro, al lado de él, era un miserable... Sería hermoso que nosotros tuviéramos esos ejemplos entre nuestros revolucionarios, ¿verdad?

Hay un tema en el que yo deliberadamente quería entrar al final, que es el peronismo. Conversando con vos el otro día me decías que para vos el peronismo ha muerto, que vos creías en el peronismo del '45...
Claro, yo sigo creyendo y sigo marcado por esa etapa, porque, para mí el indianismo es el peronismo del '45, pero infinitamente más radicalizado, más subversivo... No sé qué término darle, más agresivo, inclusive. Pero también te diré que yo he revisado mucho, he tratado de revisar el peronismo y he encontrado numerosos elementos europeos que no suponía que existieran. En muchas ideas y en muchos modelos que suponía que eran originales y autóctonos, me encontré con que no lo eran, que el peronismo hizo un ensamble de cosas americanas y europeas. Pienso que en las líneas históricas de la montonera, del yrigoyenismo y del peronismo, el próximo movimiento tiene que ser mucho más salvaje, por decir así, mucho más americano. Y, paradójicamente, veo que los justicialistas de hoy se van haciendo mucho más cultos, (cultitos sería la palabra, cultos en el sentido de progresistas), mucho más modernizantes, mucho más clase media, mucho más empresarios... Y esto parece una paradoja con el devenir de la historia, porque a mí me conmovió llegar a esta ciudad, es una ciudad oscura llena de rostros cobrizos, una ciudad sucia, asiática, que de nuevo tiene negros mota que hacía muchos años que no se veían, o sea que hay un país mucho más americanizado. Y no te digo ahora al llegar, porque en realidad podría decirte, como Troilo, que no me he ido nunca. El decía: "dicen que yo me he ido, pero en realidad no me he ido nunca del barrio...". Yo he estado viviendo siempre en la Argentina, con mucho dolor y cultivando mi mufa y mi nostalgia en Europa, y agregando y revisando todas las noticias que llegaban de la Argentina, siempre, cada día. Y te diré que la impresión, lo primero que me surge a la boca, es decir que el peronismo es hoy un festín de hienas, de alimañas que comen y comen, pienso que tienen carne para mucho tiempo todavía... Pero luego uno empieza a revisar afectos y encuentra que hay un componente muy grande de nostalgia, de gente que no encuentra otro camino, que sigue metida en el rodeo del justicialismo, que no encuentra otra alternativa. Y a mí me resulta a veces hasta difícil discutir estas cosas, porque cuando me piden otro proyecto, no lo tengo. Lo que podría proponer es algo personal y muy difícil de asumir.
Las nuevas tendencias del pensamiento que se difunde en América Latina, en medios revolucionarios, nos hablan de una organización extensa, de redes, de pequeños núcleos seminales que se desarrollan y que mantienen simples comunicaciones entre sí a través de paradigmas. O sea de ejemplos muy realizados, que son normativos para los demás, pero que rechazan todo rol de vanguardia o de dirección, o todo rol de organización. Es tal el antiaparatismo, que se habla de núcleos. Esta es una nueva manera de encarar el proceso de cambio, y yo creo en eso. Y creo que hay una marcha que se extiende paulatinamente. He notado que en la Argentina se están dando muchas situaciones así, de pequeños núcleos que están haciendo nuevas experiencias. Lamentablemente, la mayoría de los que he visto, se dan al margen del peronismo. Un peronismo, metido en su problemática interna y agobiado por su larga historia, historia de éxitos y fracasos y de cosas monstruosas que la gente no sabe asumir, que incluso todavía no puede asumir, como el papel de Isabel... Es tanto el agobio, que hay una cerrazón hacia las nuevas tendencias y hacia las nuevas experiencias. Pero al margen de esta interna del peronismo que lo adormece y lo paquidermiza, hay muchos jóvenes que están buscando nuevos caminos, tanto el de las huertas orgánicas, como el camino de las tecnologías apropiadas, como los jóvenes que están trabajando con indios en los grupos indígenas que están reorganizándose en la Argentina, por todas partes. También la gente de los grupos culturales que están haciendo trabajo de promoción en la base. Es un signo el hecho de que mucha gente abandone su vida. Por ejemplo, conozco varios empresarios que han abandonado su vida, en una especie de revelación, y se han dedicado a hacer cosas hermosas en el sentido de la cultura.

¿Y no creés que esa nueva forma de vida que vos estás viviendo y proponiendo para el futuro, volviendo aquí, se podría entrelazar con la militancia dentro del justicialismo?
Mirá, sé que alguna gente lo intenta, muy pocos. Pero yo, en particular, no lo haría. Creo que sería muy improbable poder llevarlo dentro del justicialismo. A los cuadros del partido Justicialista no creo que les interese este nuevo tipo de problemática, por una parte. Y por otra, porque lo que esto requiere es un movimiento, no un partido. Creo que esto excede a cualquier partido. Se trata de un pluralismo muy amplio, es la participación de todo el mundo que tenga hambre, necesidades culturales. Creo, como te decía hoy, que el problema es la sobrevivencia. Pero la sobrevivencia implica varios tipos, que están abriéndose camino. La sobrevivencia del alimentarse, del comer y del vestir; la sobrevivencia en el sentido de la búsqueda de las raíces; en el caso de otros la sobrevivencia de la propia identidad cultural. O sea cuando los mapuches se organizan en el sur, es la sobrevivencia de la identidad cultural. Cuando en la Asamblea por los Derechos Humanos, se organiza una comisión de los derechos humanos del indígena, es un esfuerzo de los sectores medios por recuperar sus raíces, por recuperar algo fundante en el suelo de América. Y cuando la gente hace una huerta en el jardín delantero de su casa, está afirmando también su aspiración a sobrevivir en lo económico. Ahora, yo he notado que éste es un pueblo que está muy devastado por la acción del Proceso. Y las mayores víctimas son aquellos que no saben que son las víctimas del Proceso, o sea la gente común. No los que hemos estado presos o torturados. Nosotros tenemos claro dónde están nuestras heridas. El problema más delicado es el de la gente que no sabe que sus vidas han sido modificadas brutalmente por el Proceso. Sin embargo, a nivel pueblo he visto y he podido recoger, datos muy conmovedores. Desde nuevos tipos de gestos de afecto, que no existían en la Argentina desde hace unos años, afectos muy varoniles que no se conocían, a una necesidad tremenda en las barriadas de reconocerse mutuamente. El constante saludarse y pasarse datos y estar juntos; el intercambio constante de contraseñas, no políticas aparentemente, pero sí políticas en su profundidad; en la profundidad que indica que ahí se está reconstituyendo el organismo social; incipientes tendencias a lo asociativo, a reorganizarse a través de lo afectivo. Todas esas son pautas que indican que puede haber un renacer...

Un renacer, o una vuelta a la solidaridad y la humanización.
Sí, eso. Así es.

¿Te queda alguna dosis de resentimiento?
No, no es resentimiento, pero queda una memoria muy viva de todo lo que pasó. En ese sentido considero que nosotros necesitamos una lucidez sin atenuantes. Creo que los peronistas, o los que fuimos peronistas, no solamente nos hemos quedado sin identidad política, sino también sin política. Porque la política está prácticamente en manos del enemigo. Es decir, el ejército se retiró, pero dejó una sociedad precocinada, dejó su gente, la dejó entramada... Y, por otra parte, nuestra lucidez nos lleva ahora a comprender que toda la historia de la Argentina está basada en el terrorismo de Estado. Por eso esta cosa del indianismo es tan importante. Porque si yo recojo las herencias de las víctimas del '80, que bañaron de sangre la pampa argentina, estoy impugnando toda esta Argentina. Toda. Habría que empezar de nuevo desde los más oprimidos. Y cuando uno trata de ver la historia de Argentina y la historia de América Latina, a través de los ojos de los que perdieron, de los que fueron masacrados, de los que murieron en medio de la tristeza de la isla Martín García, o que fueron fondeados en el Río de la Plata, un siglo antes de los que fueron fondeados ahora... uno puede alucinarse viendo que todo puede ser diferente a lo que nos contaron. Y que lo mismo podríamos hacer desde hace quinientos años hasta ahora, si somos capaces del esfuerzo increíble de ver la historia de América a través de los ojos de los vencidos, de sus crónicas, de sus testimonios. Entonces uno se da cuenta de que no se trata solamente de asaltar el poder, o de ganar una diputación o una gobernación. Necesitamos una revolución total, que trastoque totalmente esto, que es un sistema despiadadamente injusto...

Pero sin sangre...
Sin sangre. O tal vez con mucha sangre, porque la no violencia implica una movilización de gente que asuma esta tarea por sí misma, no que lo hagan otros en nombre del pueblo... La tarea es que lo haga el pueblo y, seguramente, morirán muchos, no lo sabemos, eso no se puede saber. Pero lo importante es que el pueblo se decida, definitivamente, por sí mismo a ponerse en marcha. Creo que el pueblo tiene su propio tiempo... Y en todo este tiempo el pueblo ha crecido por dentro, se ha fortalecido, mientras que los sectores medios han acumulado resentimientos. Mientras el pueblo resiste, los sectores medios se resienten, eso es típico. Y la clase alta se abroquela en su vanidad, en su soberbia. Clase alta–soberbia, sectores medios–resentimiento, y pueblo–crecimiento interior... El pueblo crece en el silencio. Entonces, creo que el peronismo tiene una herencia que dar, una herencia que hay que rescatar que es su vertiente americana. Y después la enorme masa de gente que se ha formado en las cárceles y en las luchas, que bien podrían dar una prosapia de guerreros lúcidos, capaces de asumir tareas individuales en cualquier lugar del país. Y capaces de hacerlas a la perfección, de hacer cosas hermosas... Esa famosa comunidad organizada que tanto se predicó, hacerla en pequeño, pero hacerla bien, para que miles de otros núcleos sean capaces de imitarlo. Tanto gente que viene del peronismo, como gente que viene de otros sectores, de la izquierda o del cristianismo. Y ser capaces de conducir un nuevo tipo de lucha. No solamente ir detrás de las Madres de Plaza de Mayo –que han inaugurado un método nuevo que es fantástico–, sino hacer lo mismo que ellas en otros ámbitos. Como en un momento lo hicieron los chicos ex–combatientes de las Malvinas, en algunos actos dentro de los cuarteles, donde demostraron poder trabajar con imaginación. Y eso es lo que está faltando ahora: imaginación al servicio de las luchas políticas, con métodos no violentos, para que podamos despreocuparnos del próximo golpe. Porque no importa que haya un próximo golpe, lo importante es que cuando lo den, no tengan contra quién golpear o tengan que golpear contra todo el mundo. Es decir, no les demos ocasión para que nos repriman por terroristas, obliguémoslos a que cuando nos repriman, sea por revolucionarios. Por querer una sociedad más justa, no por los medios que estamos usando. Que nuestros medios no enajenen la polémica sobre nuestras ideas. Esta es la idea. Que no nos sancionen por practicar la lucha armada, que nos sancionen por querer un mundo más justo. Y que entonces se desenmascaren...
Revista Unidos Nº 9, abril de 1986

martes, 17 de febrero de 2004

“Fui sorprendido en mi buena fe y llevado mediante información retaceada”

NdE: Buscando viejas notas guardadas en otro blog encontré esta nota de Irina Hauser de Página/12

Un socio de Manzano lo denuncio por estafa
Un tigre prometiendo millones
Orlando Vignatti, miembro del holding La Capital Multimedios, acusó al ex ministro menemista José Luis Manzano y al empresario Daniel Vila por estafa y asociación ilícita.
El ex ministro del Interior, José Luis Manzano, convertido en empresario mediático y denunciado.
“Fui sorprendido en mi buena fe y llevado mediante información retaceada”, argumentó Vignatti.
Por Irina Hauser, Página/12. 17 de febrero de 2000.
Un juez de Rosario ordenó investigar por supuesta estafa al ex ministro del Interior José Luis Manzano y al empresario multimediático Daniel Vila. El dúo fue demandado por Orlando Vignatti, que es propietario de una decena de medios en Santa Fe y Entre Ríos y con quien comparten el holding La Capital Multimedios S. A., encabezado por el diario homónimo. Vignatti sostiene en la denuncia, a la que tuvo acceso Página/12, que sus socios lo engañaron al firmar el convenio de conformación del grupo: que las deudas del diario La Capital, decano de la prensa argentina, eran un 30 por ciento superiores a las que le habían dicho y que la ganancia proyectada era un 30 por ciento menor a la prevista. “Fui sorprendido en mi buena fe y llevado mediante información retaceada”, dice. Vila replicó: “Es absurdo que un hombre acostumbrado a hacer transacciones de millones de dólares diga que lo hemos estafado”. Y lo acusa de inventar pruebas.
Si el expediente sigue en curso, podría convertirse en la causa judicial más comprometida para Manzano y Vila. También está acusado Miguel Caseros, operador del Grupo Vila. Vignatti no sólo los acusa de estafa, una figura que prevé hasta 6 años de cárcel, sino que sugiere que se los investigue por posible asociación ilícita, un delito no excarcelable. En principio, según informaron a Página/12 voceros judiciales, el juez Orlando Barbero hizo lugar a las medidas de prueba solicitadas el martes por la fiscal Elida Riboira: una pericia contable al diario La Capital y la declaración testimonial de Carlos Lagos, el socio mayoritario del periódico en cuestión.
Una reunión de directorio del nuevo multimedio celebrada de urgencia a mediados de enero en Miami Beach, donde Lagos estaba de vacaciones, reflejó el primer síntoma de que había un conflicto en puerta. En el encuentro caribeño Vignatti planteó, según señala en su denuncia, que los auditores designados por su grupo habían detectado que la ganancia proyectada según sus socios era de 5.700.000 dólares “y no 11.700.000 como falsamente se lo hiciera constar en la `propuesta’”. Según Vignatti, la revisión contable registró que La Capital tenía deudas por 43 millones de dólares. “El pasivo de la co-contratante, que enfáticamente afirmaba que se `iba a reducir considerablemente`, no sólo no fue así sino que se incrementó considerablemente”, afirma el texto entregado a la fiscalía.
En el acuerdo que los socios mediáticos firmaron el 19 de enero, Vignatti se comprometía a aportar el diario El Ciudadano, El diario Nueva Hora (de Entre Ríos) y las radios LT 8, FM 99.5, LT 39, LT 41, FM 90.1, LT 15 y FM 89.3. También contribuiría con 4.500.000 dólares a pagar en 18 cuotas mensuales de 250 mil cada una. Para él sería el 25 por ciento de las acciones. Manzano y Vila comparten un fideicomiso con Lagos, quien les ha cedido el control político. Entre ellos aportaron el diario La Capital y parte de las radios LT3, 100.9 y otra nueva. Se quedaron con el resto del paquete accionario. El Grupo Vila, que integra (además de Vila y Manzano) Jorge Mas Canosa (h.), es conocido por editar el diario Uno de Mendoza, contar con 36 operadores de cable y varias otras radios.
El convenio decía que los aportes eran irrevocables y que la valuación que haría de ellos algún tercero no generaría créditos o deudas. Vignatti no quiso hablar con este diario, pero sus allegados dijeron que “precisamente aquello de la irrevocabilidad fue lo que generó el problema, porque nadie se iba a imaginar que el activo y el pasivo que Vila y Manzano consignaron serían falsos”. Vila manifestó: “Esos eran los términos del contrato. Es absurdo que un hombre acostumbrado a hacer transacciones de millones de dólares diga que lo hemos estafado. Me extraña que hable de una auditoría suya porque no estaba prevista en el contrato”.
Para Vila, la sofisticada reunión en playas norteamericanas “terminó a los abrazos”. “Vignatti no estaba conforme con su 25 por ciento, pero le mostramos que era justo, incluso pidió ser gerente general y se lo concedimos –refirió el empresario–. Pactamos fechas para que terminarade hacer sus aportes y una nueva reunión en Rosario a la que no asistió.” Vignatti, sin embargo, sostuvo al iniciar la demanda que no se había llegado a “ninguna solución” y que por eso se convino otro encuentro al que, dijo, no asistió “por razones personales”. “Fui intempestivamente intimado por carta documento para que efectivizara el aporte de u$s 250.000 (...) y al aporte irrevocable de las acciones convenidas (...), ambas insólitas y arbitrarias intimaciones fueron rechazadas”.
Por lo pronto, el juez Barbero y la fiscal Riboira evaluaron que hay que investigar. Hoy, de todos modos, se trasladará el expediente al juez que estaba de turno cuando se creó el multimedio La Capital.

“No estaba en el acuerdo”
Orlando Vignatti, también conocido como “el gitano” y viejo dueño del diario El Ciudadano, plantea que fue “inducido a un `error de hecho’” y “con la dolosa maniobra del abuso de confianza”. Entre la documentación presentada como prueba, Vignatti acercó un fax que supuestamente le envió Vila desde el diario La Capital. El texto figura en la denuncia: “Tal como te adelantara telefónicamente en la charla de hoy, va a ser necesario ir a Miami a discutir con el Bocha (Carlos Lagos). Las bases del negocio no son como te las planteamos. Tenemos que discutir porque el EBITA (ganancia proyectada) descontado de La Capital de 110.000.000 de pesos no es real, es menos de 70.000.000. Tampoco el pasivo de La Capital es el que te dimos. La derogación del art. 1520/99 nos incrementó el pasivo significativamente por lo tanto nuestro patrimonio neto es negativo...”
“¡Jamás mandé un fax así!”, exclamó Vila al ser consultado. “Vignatti tiene sus oficinas en La Capital, es muy fácil que lo mande él”, añadió.
–¿A qué atribuye esta denuncia de Vignatti? –le preguntó Página/12.
–El no se ha sentido cómodo en la sociedad, se sintió disminuido. Podría pasar por los celos personales y las vanidades de Rosario.
–Pero él los acusa de modificar cifras concretas de ganancias proyectadas y de lo que adeudaban al momento de firmar contrato.
–Esos temas no son motivo de discusión, no estaban en el contrato.

domingo, 25 de enero de 2004

Oficialismo y desinformación

El diario de Romero en crisis

El Tribuno sólo tira 12.000 ejemplares

En octubre de 2003 saltalibre estimó el tiraje del diario del gobernador Romero en 12.500 ejemplares. Por entonces una fuente interna del diario nos dijo que nuestra medición era demasiado baja y también consignamos su opinión. Pero el Instituto Verificador de Circulaciones (IVC) certifica que nuestra apreciación era correcta: en su página de internet www.ivc.com.ar señala que El Tribuno sólo tira 12.317 ejemplares.
Convertido en un órgano oficialista, El Tribuno ha perdido lectores, prestigio y anunciantes.
El 7 de octubre publicamos la nota "Se viene el Tribunito", en la que denunciábamos que en el diario de Romero preparaban una maniobra para suprimir a la competencia del mercado. Editarían "El Popular", para aniquilar al "Nuevo Diario". El infarto de Bernardo Rabinowicz y los números -que no cerraban- finalmente congelaron el proyecto.
En esa nota señalamos que la falta de credibilidad de El Tribuno había llevado las ventas a un promedio de 12.500 ejemplares. Decíamos:
"Hoy el matutino del gobernador Juan Carlos Romero (y de su madre y sus hermanos), convertido en un órgano oficialista, ha perdido lectores, prestigio y anunciantes. Pero detrás de él hay un poder político, económico y mediático enorme... En El Tribuno ven con malos ojos el crecimiento del Nuevo Diario. Sobre todo en momentos en que con una estructura enorme -que incluye helicóptero y rotativas de última generación- el diario de Limache lucha por mantenerse en un piso de 10.000 ejemplares. Los martes no llega a vender 8.000. A esta situación cayó El Tribuno por una línea editorial oficialista que subestima a los lectores y miente y desinforma sistemáticamente. Llegó a omitir información sobre el resultado de unas elecciones sólo porque había perdido el candidato del gobierno. Esta catástrofe editorial pone a Horizontes S.A. en una situación económica y financiera difícil a pesar de las generosas pautas publicitarias que fluyen desde el Gran Bourg hacia la empresa. Se les bajó el sueldo a los periodistas, y se les adeudan dos meses de haberes. Pero no ha cambiado el nivel de vida de muchos zánganos para los que no hay épocas de vacas flacas. Ellos no se bajan de su cuatro por cuatro ni suspenden sus viajes al Caribe".

Argumento falaz
Uno de los argumentos con los que un colega de El Tribuno refutaba nuestra estimación era que nosotros decíamos que el diario de Romero tiraba 15.000 ejemplares los domingos (día de mayor venta, junto al lunes), pero él había comprobado, por la cantidad de ejemplares de la revista Nexo (que se edita los domingos) que ese día vendían 18.000. Luego constatamos que nuestra estimación era correcta y que el número de ejemplares de la revista era superior porque más de 3.000 ejemplares son destinados a El Tribuno de Jujuy.
La empresa que audita la circulación de medios en su página ivc.com.ar determina la cifra de ventas de El Tribuno, para el período de septiembre, octubre y noviembre de 2.003, tiempo coincidente con el de nuestra estimación publicada en la nota "Se viene el Tribunito", del 7 de octubre. Nosotros hablábamos de 12.500. El IVC determinó que son 12.327 los ejemplares que vende El Tribuno. El Instituto los menciona, técnicamente, como "promedios móviles por edición expresados en ejemplares".

La Gaceta y El Liberal
Tucumán tiene aproximadamente el doble de población que Salta, pero La Gaceta vende casi cuatro veces más que El Tribuno: tira un promedio de 44.553 ejemplares. El liberal en Santiago del Estero, una provincia con la mitad de la población de Salta, vende casi lo mismo que el diario de Romero: 11.897 ejemplares. El mismo Tribuno de Jujuy tira una cifra interesante para ser el segundo diario de una provincia pequeña: 4.071 ejemplares. El diario de mayor circulación en el país, Clarín, tira 389.095 ejemplares. La Nación edita un promedio de 163.841 diarios.
El Tribuno no levanta cabeza, pero no todas son pálidas en el diario del gobernador. Enn la fiesta de fin de año se festejó el éxito de la revista dominical Nexo, que incluso comenzará a ser distribuída también con otros diarios del norte del país. El Tribuno Digital es el sitio informativo de Salta más visitado en internet, con unas 2.000 visitas diarias.

Nuevo Diario y El Tiempo
El segundo diario salteño es el Nuevo Diario, de pequeño formato, que tira casi 6.000 ejemplares. No sale sábado y domingo. Tiene más clasificados que El Tribuno. No llega al interior, salvo a Güemes. La misma empresa edita una especie de mini Olé salteño: Plus Deportivo, que tira unos 800 ejemplares. Si el proyecto de incorporación de nuevas rotativas y de integración del suplemento deportivo que hoy vende por separado se concreta, el 2004 puede ser más que auspicioso para el diario de Néstor Gauna. Claro que entonces llevará su precio de tapa, que hoy es de 30 centavos, a 40. ¿Incidirá en las ventas? Policiales y Deportes son las secciones que más atraen a los lectores, de modo que se descuenta un incremento del tiraje. En el futuro podría aparecer también los fines de semana, pero el Nuevo Diario ya conquistó su mercado: vende casi como El Tribuno en la ciudad de Salta. En efecto, de los 12.000 ejemplares que tira El Tribuno alrededor de 7000 se venden en capital y 5.000 en el interior.
En su formato tabloide, El Tiempo de Salta persiste en la difícil lucha por el menguado mercado editorial de medios gráficos diarios de Provincia. Ya cumplió un año y ha mejorado sobre todo en su enfoque periodístico, porque siempre aporta primicias y datos que no aparecen en otros medios. Su tiraje crece y busca alcanzar los 1.000 ejemplares diarios.
El 2004 será tiempo de definiciones para la crisis de El Tribuno, la expansión del Nuevo Diario y la consolidación de El Tiempo.

sábado, 18 de octubre de 2003

Sostiene Noticias que el presidente llama a Clarín cuando le molestan algunas tapas

El carácter podrido, arma política del Presidente
Fernando Gonzalez, fgonzalez@clarin.com
Llegó la hora de admitirlo. Sólo quienes no conocen profundamente a Néstor Kirchner se asombraron con sus desplantes ante el FMI, los acreedores privados o con el mismísimo Lula. Sólo así pueden haberse sorprendido de sus culebrones políticos con Scioli o Lavagna. Es que el Presidente es así: tiene el carácter podrido.
Hay cientos de ejemplos que lo ilustran. Escena uno, campaña presidencial, departamento porteño de los Kirchner en la calle Juncal, mañana de febrero de 2003. Charlan ante un par de cafés Cristina Kirchner, entonces no era todavía la primera dama, y Alberto Fernández, entonces no era todavía el poderoso jefe de Gabinete. Néstor, el candidato, entra por el foro.
-Néstor, estuvimos analizando un poco las repercusiones de tus declaraciones sobre reestatizar los trenes-, dice Cristina, con naturalidad. -Y la verdad es que cayeron mal, asustan...-. El silencio de Kirchner la anima a seguir. Error.
-Con Alberto pensamos que tal vez sería bueno dejar quieto este tema...-. Kirchner sigue mudo, pero su cara se vuelve roja y los dos, Cristina y Alberto, saben que viene la tempestad.
-Vos Cristina, te vas a Santa Cruz, ¡ya!, te vas... Y a vos Alberto, no te quiero ver más... Me importan un carajo las repercusiones; voy a seguir hablando de los trenes y de lo que se me ocurra...
Claro que, después del acceso de ira, Cristina jamás volvió a Río Gallegos, pero Fernández tuvo que sufrir un par de días de indiferencia telefónica, otra de las herramientas políticas preferidas de Kirchner. Lo saben todos los miembros del Gabinete, quienes temen la "terapia del auricular", como ya le dicen en la Casa Rosada a esa costumbre presidencial de no atenderle el teléfono a quienes transgreden las reglas. Kirchner le explicó las razones de su comportamiento a alguien que se atrevió a preguntárselo.
-Si no le atiendo o le corto el teléfono a alguien es porque tengo que pensar sobre algo que hizo, porque no tengo tiempo para escucharlo o porque no me interesa lo que me dice.
Ese es Kirchner. El que corta abruptamente el teléfono y el que puede llamar de improviso a cualquier colaborador. Por cualquier motivo, a cualquier hora. Los artículos de los diarios y la tele lo ponen loco. Cuando lee o ve por TV declaraciones de uno de sus colaboradores presta muchísima atención. Y si algo no le gusta, lo llama por teléfono y se lo dice. No usa los buenos modales cuando quiere pedirles que dejen de opinar de un tema. No todos los funcionarios resisten con la misma solidez los embates de Kirchner. "A veces me deprimo, soy un hombre grande...", masculla un ministro.
Lo cierto es que el carácter podrido no le ha dado malos resultados a Kirchner en esta primera etapa, cuando brilla la fascinación de los comienzos y todos los chistes parecen buenos.
Desde Alfonsín, el presidente que inventó el neologismo "a vos no te va tan mal, gordito...", que los argentinos no teníamos otro presidente con el carácter podrido. No lo tenían Menem, ni Duhalde ni De la Rúa, claro.
Ahí va entonces el hombre de la Patagonia, desafiando los vientos que lo impulsan a toda velocidad. Podrá llegar antes que nadie a su destino de gloria o estrellarse para hacerse pedazos en éste, el país de los laureles breves y el futuro maltrecho. Todo dependerá de cuán firme sepa mantener el timón y de cuántos marineros le aguanten el ritmo hasta llegar a puerto.

Publicado el 28 de septiembre de 2003.

En la imagen un recorte de la nota de tapa de la Revista Noticias

miércoles, 20 de agosto de 2003

"Santa fue, una provincia robada"

Por Carlos Del Frade
Imaginemos un viaje en el colectivo que va de Puerto General San Martín a Villa Constitución, atravesando los principales barrios rosarinos. El viejo trayecto de la ex empresa “9 de Julio”, obvia referencia a la declaración de la independencia. Hoy, ese mismo camino por la ruta 11, lo hace una de las líneas pertenecientes al empresario que más empresas posee, Agustín Bermúdez y ya no se llama como la fecha patria, si no “35/9”. Una clave todavía ignota para este cronista.

Pero hagamos un esfuerzo más. Intentemos suponer que el recorrido del colectivo no solamente es espacial, sino también temporal. Un colectivo del tiempo a la vera del Paraná.

Una rantifusa copia de la Máquina del Tiempo de Hugo G. Wells. Pero que funciona. No por la habilidad del relator, del chofer, sino por la complejidad del presente que resulta de cuarenta años de saqueos. Como consecuencia del impacto existencial y geográfico del Manual de Robos Santafesinos.Varios presentes en el mismo lugar.

Pero también distintos pasados abiertos y diversos futuros posibles. De norte a sur es el trayecto. Puerto General San Martín, entonces, es el principio del viaje de nuestro colectivo que atraviesa tiempo y espacio.

A principios de los años setenta, su población creció en un sesenta por ciento. Eran las noches siempre iluminadas por las plumas flamígeras de las plantas industriales. La última de ellas, Dow Chemical, se había instalado cuando la palabra contaminación y la llamada desocupación eran ruidos lejanos.

Treinta años después, la ciudad, declarada como tal cuando todavía los números no arrimaban a los diez mil habitantes que necesita la burocracia santafesina para que sea considerada con ese estatuto, presenta un paisaje existencial diferente.

Para la CGT regional, seis de cada diez trabajadores está sin empleo y casi trescientos pibes son desnutridos.

Sin embargo, desde sus terminales privadas se exportan casi 3 mil millones de dólares anuales.

Por dimensión demográfica, Puerto San Martín debe ser la población más rica de la Argentina. Pero no lo es.La riqueza se concentró en pocas manos, mientras que la pobreza se multiplicó entre muchas. A finales del siglo XX, un intendente inauguró un sistema de iluminación que permite observar con claridad la irrupción de las casillas de latas de los que se amontonan en las márgenes del arroyo San Lorenzo.

Y desde la dictadura para aquí, un dirigente sindical se convirtió en un señor feudal. Se llama Herme Oscar Orlando Juárez, más conocido como “Vino Caliente”, porque desde pibe distribuía bebidas en odres que no resistían el paso del tiempo ni la inclemencia de la temperatura. Era obrero cañero en el puerto estatal rosarino. De los que acercan los tubos por donde se descarga el cereal que va desde los silos a las bodegas de los barcos. Hoy tiene varias propiedas, caballos de carrera y hasta se dio el lujo de formar una Cooperativa de Estibadores con helicóptero propio.

-Yo siempre me porté bien con el poder. Soy un bendecido por Dios -me dijo en varias entrevistas para responder sobre su actuación durante la noche carnívora del terrorismo de estado y su crecimiento patrimonial personal. Llegó a ser intendente de la ciudad y hasta quiso participar del proceso de privatización de los restos del puerto rosarino.

Sus hombres se juegan por él. Allí, en 1995, cuando el primer gobierno menemista había arrasado con las fábricas y no había más que lamentos, el riojano ganó con los votos de los más humildes, de los más humillados.

-No importa que yo me sacrifique. La generación de mis hijos la van a pasar bien. Algún día le va a aparecer la raíz peronista a este tipo. Y, después de todo, ¿qué decía la oposición?- fue la respuesta en común que veinte estibadores me dieron cuando preguntaba por qué votaron al responsable político de la desaparición del cordón industrial.

En esas palabras había dos señales muy fuertes: el campo de la creencia y la falta de proyecto alternativo de parte de la que se decía oposición. Una fe que hacía base en la memoria histórica de lo que se supone fue el primer peronismo y que, como en muchas religiones, admitía la propia inmolación al servicio de los que venían atrás. Un sacrificio personal porque del lado de la razón no se decían cosas diferentes.

Los despidos siguieron en Pasa, cuya obra social estuvo a cargo de un interventor militar hasta muy entrada la década del ochenta, en una clara demostración de la importancia estratégica que le daba el Segundo Cuerpo de Ejército al control político y social de lo que podía surgir del otrora beligerante Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos. Aquel que tomó la planta en 1974 y produjo, en 1971, la Asamblea Obrero Popular con la presencia de dirigentes combativos como Agustín Tosco y René Salamanca.

También se multiplicaron los accidentes laborales como consecuencia de la tercerización de la mano de obra y ya la palabra contaminación formaba parte de las enfermedades que todos los días debían enfrentarse en los dispensarios comunitarios.

La Dow Chemical, supuestamente la “mosca blanca” de las empresas químicas de la región por su cuidado especial en materia de medio ambiente, produjo cuatro casos de enfermos de lupus eristematoso sistémico, en 1995. Una enfermedad que destruye el sistema inmunológico de las personas, como el VIH.

La Plata Cereal, ex aceitera Indo, de donde surgiera el rol de economista del Capitán de la rama Ingeniería, Alvaro Alsogaray; ahora en propiedad del grupo suizo André, contaminaba el aire de los vecinos y enfermaba los bronquios y los pulmones.

Y Cargill, una de las principales multinacionales de los cereales, también asentada en Puerto San Martín, corría el lugar original de la batalla de Punta Quebracho, producida en 1846, contra los invasores ingleses y franceses.

En ese lugar, terraza verde sobre las aguas marrones del Paraná, donde hay una curva cósmica que hace de cintura a la costa, no hay ni bandera ni tampoco quedan las placas que alguna vez se colocaron en memoria de la gesta de un grupo de tozudos gauchos que dejaron su sangre con la idea de que un país libre podía ser feliz.

El 20 de noviembre de 2002, las Mujeres en Lucha de la Federación Agraria Argentina hicieron un acto en homenaje a aquella postura y en defensa de la soberanía que ya no existe.

Decenas de pibes con guardapolvos blancos vieron cómo el lugar es apenas un basural con mástil de Cargill.

La empresa que durante ese mismo año facturó ventas por 1.536 millones de pesos, a razón de 2.950 pesos por minuto. Desde allí, desde Puerto San Martín, donde siete de cada diez asalariados cobra menos de 500 pesos mensuales.

La empresa que no permite que el Sindicato de Trabajadores Aceiteros entre a la planta, tal como lo hacían los patrones a mediados del siglo XIX.

El colectivo avanza por la geografía que dibuja la ruta 11. Va y viene por el tiempo que tiene abierto el lugar.Ciudad histórica de San Lorenzo, donde un grupo de gauchos y mujeres le pusieron el cuerpo a la idea de la liberación continental de un tal San Martín el 3 de febrero de 1813. Donde un paraguayo se enamoró de ese proyecto y lo siguió hasta la vuelta después de Ayacucho. Se llamaba Bogado.

Una ciudad que tuvo un templo de franciscanos rebeldes que dieron cobijo a los perseguidos por la justicia del sistema en todos los tiempos y que hoy se cae a pedazos a fuerza de olvidos y desidia estatal.

Cien empresas se cerraron entre 1984 y 1995, según los Censos Nacionales Económicos. Entre ellas, Cerámica y el desgarro profundo que causó la privatización de la ex Destilería YPF.

En los años noventa florecieron las canchas de paddle, los remises y los kioskos. Hoy la ciudad tiene en el departamento municipal a la principal industria. Hecho que determina una profundo vasallaje político, un clientelismo que se paga de diferentes maneras.

Su intendente fue tres veces elegido y no parece haber denuncia de irregularidades que le hagan mella.

En la ciudad del Pino Histórico, el Hospital “Granaderos a Caballos” es mantenido por el trabajo que hacen los chicos estudiantes de una escuela técnica; mientras que un pibe de dos años se muere porque el Concejo Municipal no sanciona un decreto que facultaba la creación de un fondo para operaciones complejas y costosas.

Un lugar que aporta robos legendarios, como una caja fuerte que es sacada de la propia municipalidad y que luego aparece quemada; o la historia de un intendente que en una noche atropella las puertas de los opositores de su propio partido, sin que nadie repregunte un por qué en los estrados judiciales.

Una ciudad que en los últimos años cultivó el mito del peaje que se cobra en el llamado Barrio Norte, donde las bandas de adolescentes pueden hacer cualquier cosa y en cuyas calles parece imperar una cuarta moneda, la droga.

En esos arrabales, un asesinato producido por un ajuste de cuentas entre familias que se disputaban la venta callejera de ciertas sustancias, terminó en una venganza de características novelescas. Los parientes del asesinado le prendieron fuego a cuatro casillas y juraron seguir con la provisión de muerte. Una maestra denunció amenazas e intimidaciones y a fines de 2002, se contó que había renunciado, harta ya de tantas angustias y semejantes miedos.

-Nunca hacen procedimientos fronteras adentro de la ciudad. Siempre en las rutas de acceso -denunció el sacerdote Jorge Aloi, en varias oportunidades, en relación a la extraña preocupación que mostraban los integrantes de la Unidad Regional XVII durante los años noventa en torno a los secuestros de cargamentos de drogas. Aloi se fue de San Lorenzo y su parroquia que antes se llamaba Cristo Obrero ahora se nombra como Cristo Misericordioso. Una simple modificación que, sin embargo, hizo que el nuevo sacerdote fuera bendecido por los Aportes del Tesoro Nacional en las épocas de gloria de otro sanlorencino célebre, el geólogo Alberto Kohan.

Cuando la ciudad se hace curva hacia el sur, se puede ver el esqueleto de los últimos galpones de Cerámica San Lorenzo.

De los cuatrocientos obreros no queda nadie. Ahora funciona una ensambladora de motocicletas Zanella que da empleo para muy pocos habitantes de la ciudad histórica. Antes de que llegaran los nuevos propietarios, un hombre que pasó más de veinte años en su interior, decidió comprarse una coupé Honda con parte de la indemnización que le dieron. Y todos los días, con ese auto tan particular, llegaba al predio y se ponía a barrer. Horas y horas barriendo. Era su felicidad. Barrer el lugar donde tanto tiempo fue otra persona. Y llegaba en un automóvil cero kilómetro. Para barrer.

Ciudad histórica de San Lorenzo, cuya regional policial acunó al ex Jefe de La Santafesina SA, José Storani, responsable político de los ocho fusilamientos ocurridos en diciembre de 2001, todavía impunes. En aquellos años noventa, Storani, a cargo de la División Investigaciones de la Unidad Regional XVII, fue denunciado por Víctor Omar Balbi, por apremios ilegales y torturas. El hombre ascendió. Como lo había hecho antes, cuando en los años del terrorismo de estado fue jefe de tercios del Comando Radioeléctrico de Rosario, bajo las órdenes del ex Comandante de Gendarmería, Agustín Feced. Hoy Storani forma parte del Ministerio del Interior de la Nación, un premio concedido por el dos veces gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann.

Ciudad obrera en donde los obreros mueren en las plantas que acopian el cereal que las hace millonarias más allá de esos errores colaterales. Como ocurrió en la Asociación de Cooperativas Argentinas, ACA, el 26 de abril de 2002, con dos trabajadores asfixiados como resultado de una explosión que nadie nunca explicó. Quizás ACA no tenga dinero suficiente para invertir en Higiene y Seguridad Industrial. La firma vendió por valor de 1.123 millones de pesos durante 2002, a razón de 2.166 pesos por minuto. Sin embargo todavía no se informó qué importe recibieron los familiares de los obreros muertos ni tampoco qué plan de obras exigió la municipalidad o la provincia para evitar que este tipo de “accidentes” se repitan.

Queda claro que en la ciudad obrera que llegó a movilizarse por el despido de un solo trabajador en junio de 1975, ahora a pocas personas les importa el destino de los laburantes: la delegación sanlorencina de la Secretaría de Trabajo de la provincia no dispone ni de teléfono ni de unidad móvil propia.En esa ciudad que hacía de sus obreros, felices bailarines en los boliches de los años sesenta y setenta, ahora se roban garrafas para que se puedan soportar los inviernos; al mismo tiempo que se aumentan las tasas municipales a la sombra del incremento de los planes asistenciales.

A finales de los años ochenta, en uno de sus primeros cortes de ruta, la CGT San Lorenzo, heredera de la Coordinadora de Gremios Combativos y de la Intersindical de los años setenta, llegó a reunir a más de ocho mil personas en el playón de la Fábrica de Armas de Fray Luis Beltrán. Su secretario general, el municipal sanlorencino, Edgardo Quiroga, fue más de treinta veces imputado del delito de corte de ruta. Hoy ya no está al frente de la central de trabajadores. Ni tampoco están aquellos ocho mil fervorosos defensores de las fuentes laborales.

Los que eran orgullosos empleados de la estatal YPF, que se vanagloriaban de su condición en cualquier lugar público, a principios del tercer milenio cuentan y narran las peripecias de la miseria. Todavía no pudieron cobrar los dividendos de la privatización de principios de 1991 y ya empiezan a describir la muerte lenta de varios de ellos.

También en San Lorenzo hay que pedir permiso para informar y los que no lo hacen sufren desde la discriminación en la pauta oficial publicitaria hasta distintas formas de aprietes que llevan a los trabajadores de prensa a la angustia de circular por los pasillos de distintos tribunales.

El viejo “canal local” del San Lorenzo TV Cable, terminó siendo una repetidora que solamente admite aquellos que primero pasan por el colador de la Municipalidad.

El colectivo sigue su viaje. Fray Luis Beltrán es la tierra de Sulfacid, la primera exportadora de zinc electrolítico de América latina y del senador provincial, Jorge Monasterolo, un hombre que gusta del champán y de la boga a la parrilla. Es el representante del departamento San Lorenzo en la cámara santafesina y su último proyecto fue instalar un horno para quemar los residuos industriales y domiciliarios de toda la región allende la ruta 11.

Los vecinos se organizaron a través de las asambleas barriales y comenzaron a informar de los desastres en la salud que traería semejante emprendimiento productivo.

En una ciudad que según los números de los censos dan como un lugar mayoritariamente habitada por personas de edad por el exilio de los jóvenes, la promesa de 200 puestos laborales tenía los efectos de un misil sobre la conciencia crítica de sus ciudadanos. Monasterolo era el gestor de una empresa cuestionada hasta desde las mismas reparticiones oficiales provinciales. Pero eso no importaba.

Hasta se abrió una oficina para recibir los datos de los interesados en trabajar en la firma.

A fines de octubre de 2002, el estado provincial desechó la instalación de la fábrica de desechos. Monasterolo sigue visitando los hogares geriátricos de la ciudad y del departamento regalando televisores usados que sirven de entretenimiento para los viejitos que pueblan esos lugares.

Allí en Fray Luis Beltrán funciona el Seminario Arquidiocesano dependiente del Arzobispado rosarino. Surgen los nuevos sacerdotes que orientarán su prédica según el cristianismo de ocasión que baje la superioridad.

Pegado al recoleto lugar, está la Fábrica Militar y sus arsenales, donde trabajaban más de cinco mil personas hacia 1975 y se construían desde rieles para los Ferrocarriles Argentinos hasta se inició el Proyecto Cóndor, aquel misil que relaciones carnales menemistas mediante fue desarticulado por orden del imperio.

Menos de doscientos cincuenta trabajadores quedan allí. Ya casi no queda producción. Una agonía lenta que cada tanto se conmueve por alguna movilización de los que todavía quieren seguir formando parte de una empresa estatal. Los administradores militares de los últimos tiempos fueron acusados de hacer negocios inmobiliarios con esos terrenos. Y fue allí mismo donde se embarcaron los Fusiles Automáticos Livianos para Croacia y Ecuador, previo paso de Monser Al Kassar, el traficante sirio de armas con pasaporte argentino.

Fue en Fray Luis Beltrán, donde Sulfacid despidió trabajadores en 1994, negó la entrada de los dirigentes sindicales y prohibió el ingreso de este cronista por informar acerca de la presencia de arsénico en muchos de los obreros de su planta. En aquel momento, Jorge Monasterolo era intendente de la ciudad. Decía que la empresa tenía razón. Fue desde entonces que se habituó a comer con champán.

Entre Fray Luis Beltrán y Capitán Bermúdez, siempre en nuestro colectivo que atraviesa el espacio y el tiempo por la ruta 11, hay un cartel que anuncia un lugar como futuro área industrial de la alimentación. Allí, desde hace años, lo único que crece son los yuyos.

Llegamos a Capitán Bermúdez, capital nacional de la porcelana. En 1994, cerraron Porcelanas Verbano, Colgate Palmolive, Electroclor y Frigorífico Depaoli. Mil quinientas personas en la calle.El tejido productivo de la ciudad quedó pulverizado.Lo cotidiano se quebró.

Porque la ciudad dejó de hacer lo que hacían sus trabajadores. De tal forma la ciudad dejó de ser.

Perdió su sentido existencial, la racionalidad que tenía la vida de todos los días. Y esa pérdida se mostró en lo económico, lo social, lo cultural, lo religioso y también, obviamente, en lo político. Un intendente de aquellos días, Daniel Cinalli, llegó a pedirle a los empresarios de Electroclor que por lo menos le dejaran la bajada al río para hacer un balneario municipal. Toda una fervorosa defensa de lo local. Echaban a 420 trabajadores pero la preocupación pasaba por un pedazo de playa.

A finales de los años noventa, la municipalidad terminó con una deuda que llegaba a los treinta millones de dólares. Nunca se supo en qué se gastó tanto. Ni por qué.

Luego vinieron pedidos de exámenes mentales a concejales e intendentes, metáfora que avala aquello de la destrucción del tejido productivo y luego la pérdida de la racionalidad política como lógica consecuencia.

Si en San Lorenzo durante el año 2002 se denunciaron decenas de garrafas robadas, en Capitán Bermúdez se informó sobre kilómetros de cables del tendido eléctrico de la ciudad.

Ni siquiera se podía decir aquella frase del barrio de los años sesenta: el último que apague la luz. Después se supo que una de las exportaciones no tradicionales que pasaban las fronteras con papeles legales era, justamente, una gran cantidad de cables eléctricos robados en algunos lugares.

En el límite mismo con Fray Luis Beltrán, cerca de un cementerio, vecinas azoradas escuchaban extraños ruidos durante las noches. Empezaba a comentarse la presencia de fantasmas y muertos inquietos que abandonaban sus ataúdes. También llegaban llamados a las atribuladas radios de la zona que daban cuenta de ritos satánicos o de sectas de extraños orígenes.

Una explicación menos fantástica surgió, entonces, de los pasillos de la Unidad Regional XVII. La zona del cementerio era un lugar ideal para distribuir droga, uno de los pocos elementos que todavía ofrece mano de obra a cambio de muchísimos riesgos.

Con las cuentas públicas desquiciadas, entre 2001 y 2002, un conflicto gremial con los trabajadores municipales reabrió todas las heridas de la ciudad que siempre vibró al ritmo de las fábricas que ya no estaban.

Meses enteros con el edificio municipal tomado derivaron en una intervención del mismo, repetidas elecciones de intendentes que entraban, se peleaban con los trabajadores y después renunciaban. La ciudad que había elegido a los candidatos de la Alianza en lugar del peronismo que parece ser el color del departamento San Lorenzo, no podía decir con exactitud quién la gobernaba. Hubo periodistas tiroteados, dirigentes sindicales presos y servicios públicos que nadie prestaba. Los yuyos crecieron tanto como las tasas municipales impagas.

Un sacerdote jugado con su pueblo, Salvador Yaco, practicó una huelga de hambre descomunal y apuntó al corazón de la insensibilidad política de la provincia.

Cerca del río, como desde los años treinta, la única chimenea que seguía tirando humo contaminante era la de la mítica Celulosa, verdadero sexo de Capitán Bermúdez, ahora en poder de una empresa uruguaya.De esta ciudad de historias antológicas, surgieron dos símbolos opuestos de los años noventa del siglo XX.

El principal empresario de medios de comunicación de la provincia, el actual presidente del directorio del diario “La Capital”, Orlando Vignatti. Y el Ejército Popular de Payasos. Un conjunto de actores populares, oriundos de Capitán Bermúdez, que cansados de que se llame circo a la actividad política, decidieron tomar el Concejo bermudense primero y luego llegaron hasta el mismísimo Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario.

Sus narices rojas, sus zapatones, sus luminosos y multicolores trajes, en realidad, son una clave para entender un mensaje político afín a las movilizaciones sociales que se sucedieron al 19 y 20 de diciembre de 2001.

-Es intolerable que se les llame payasos a concejales, diputados, intendentes y gobernadores. Porque un payaso tiene sensibilidad, alegría, ternura, inocencia, inteligencia y por sobre todas las cosas, arrojo, capacidad de arriesgarse con el propio cuerpo. Y ninguna de estas cualidades son las que ostentan nuestros políticos. En lo único que nos parecemos los payasos y los políticos es en la torpeza. Pero, en realidad, venimos a decir que estamos hartos de que nos comparen con estos políticos. Por eso es necesario tomar el poder para poder hacer, para poder ser felices -dice el manifiesto del Ejército Popular de Payasos que lee en cada acto masivo Ricardo Ciampagni, el director de esta creación colectiva de salud mental que surgió, justamente, de la ciudad más castigada del ex cordón industrial.

Que el discurso político más lúcido de la última década haya devenido de una región estragada por el robo de sus fuentes laborales y de la consiguiente pérdida de racionalidad dirigencial, no es casualidad.Como tampoco que ese mismo discurso sea proclamado por artistas.

Ahora el colectivo que atraviesa el tiempo se para frente al Hospital “Eva Perón”, de Granadero Baigorria.

En esas paredes pintadas a la cal por orden de los militares que asaltaron el poder el 24 de marzo de 1976, todavía se pueden ver los dibujos infantiles que grabaron los representantes del gobierno popular de 1973.Pero después vino el saqueo planificado e institucionalizado.

Todo aquello que tuviera la inscripción “Fundación Eva Perón”, desde sábanas hasta mesitas de luz para chicos, fue destruido con alevosía, con salvajismo.

Desde allí, desde ese Hospital, ya en tiempo de los proveedores de la muerte, se entregaron muchos chicos en extraños casos de adopciones que fueron denunciados por Tomás Balzaretti, un hombre que ahora forma parte del gobierno municipal de la sureña Venado Tuerto.

En ese Hospital, el ex Comandante de Gendarmería, Agustín Feced, se paseaba con sus dos Mágnum, mientras, supuestamente, estaba preso por disposición de la justicia federal rosarina de la democracia.

Por allí miles de pibes pasaron durante décadas para alimentarse y educarse, en forma paralela que trabajan las industrias que fabricaban tractores como John Deere y Massey Ferguson, hasta que expulsaron a los obreros.

En esta ciudad que cada tanto renueva el pedido de los sacerdotes obreros de los años sesenta, como Juan Carlos Arroyo, para que de una buena vez haya agua potable y cloacas para todo el mundo; funcionó uno de los principales y más desconocidos centros clandestinos de detención de la provincia, La Calamita, directamente regenteada por el destacamento de Inteligencia del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército.

Nunca se pudo investigar en profundidad lo que allí ocurrió porque la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario, en mayo de 1986, remitió toda la documentación al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y no volvió jamás.

Años después, el entonces General, Mario Cándido Díaz, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército, le mandó una carta a este cronista para decir que esos expedientes ya no obraban más en el lugar porque fueron destruidos.

Una confesión expresa de destrucción de documentos públicos. Un delito enorme del que todavía nadie se hizo cargo.

Es allí en Granadero Baigorria, donde existe una lucha de años a favor de la constitución de una reserva ecológica, mientras los terrenos parecen haber sido destinados a otros negocios inmobiliarios relacionados con la puesta en funcionamiento del Puente Rosario – Victoria.

Y se llega por fin a Rosario, la otrora capital de los cereales, la mítica rosa crispada, siderúrgica y obrera, la vieja capital del fútbol argentino.

De los fuegos de los Rosariazos, treinta años después, a las tres últimas menciones de la ciudad en el parlamento nacional: capital nacional del helado artesanal, capital nacional del pan dulce artesanal y capital nacional de la huerta orgánica. Una síntesis.

De los fuegos setentistas al frío de los años noventa que nos congeló en la capital nacional de la desocupación, los saqueos, el gato inventado y, por supuesto, el benemérito helado y pan dulce artesanales.

Una ciudad en la que sus pibes se van de las escuelas para ya no volver.

Como cuenta la entrevista que hizo la licenciada en Ciencias Políticas, Laura Schenquer, a una piba de las tantas que existen en la calle de las mayorías.

“A pasos de la escuela Congreso de Tucumán, la cortada Pelikan donde se esconde la historia de la familia de Victoria. El papá nos recibe con la siguiente explicación: -Victoria no va más al colegio porque tenía compañeros que le pegaban. Luego, ella nos dice: “Me gastaban por no tener las pinturitas”, y por último su mamá comenta: “Dejó de ir al colegio porque no tenía zapatillas”. Razones sobran y seguramente habrá miles no dichas. La realidad es que hoy no va a la escuela. Recorre sola las más de veinte cuadras que separan su casa del lugar en donde se para. En el colegio, la última huella que Victoria dejó fue la asentada en el registro donde figura -sin más explicaciones- la fecha de salida.

-¿Por qué dejaste de ir a la escuela?, le preguntamos.
-Un día dejé de ir. Me cansé que los chicos me dijeran de todo. No tenía nada. Yo llevaba el cuaderno pero no las pinturitas. Me decían de todo piojo, burro… y dejé de ir en 4to.

–¿Qué es lo que más extrañas?
- A mis amigas. Todas siguieron. A la única que sigo viendo es la de acá al lado. Con ella voy a San Martín a cuidar autos.

–¿Sabes leer y escribir?
- Sí. Pero me gustaría ir de nuevo a la escuela.

–¿Cómo era tu vida cuando ibas a la escuela?, ¿cambió?
 –Antes iba a la mañana a la escuela y a la tarde salía y me iba a cuidar los autos. Tarea casi no nos daban… Ahora, no voy más. Salgo todos los días bien temprano, porque si hay alguien me voy a otra cuadra, me siento en la calle y espero que salga la gente para que me dé una moneda. Y como a las seis o siete vuelvo a mi casa.

En ese momento entró Victor, -él también se va a cuidar autos, nos aclara Victoria. Su hermano es aún más chico que ella. Todos los días se para en la estación de Arijón y San Martín. Iba al colegio, pero lo dejó cuando le dijeron que no aprendía y tenía que ir a uno para chicos discapacitados. Se sienta con nosotros, muerto de la intriga por averiguar qué estábamos haciendo.

–Victor, ¿qué hace la gente cuando te ve?
- Entra y compra en la estación… y después yo voy y les digo: ¿me da una moneda?. Casi siempre me dan algo.

-¿Y qué hacen con esa plata?
- Compro hamburguesas o para hacer fideos… los ayudo a mis papás, nos dice Victoria. A mi mamá le dan los 150 del plan y ella, trabaja en una huerta. Pero yo nunca le mangueo. Cuando iba al colegio, podía ir al comedor. Pero me echaron porque dejé de ir a clases.

Los chicos responden sin demasiadas vueltas. Tal vez, el lugar en el que nos encontramos –comedor, pieza y lugar de paso al resto de la casa- no permita generar un clima de mayor confianza. Victoria nos dice: “Éste es mi sobrino (apenas menor que ella) y éste es mi primo”. Todos quieren ser tenidos en cuenta. Cuando llega Sonia, la madre de los chicos, nos comenta: “A mí me gustaría que estudie, es importante. Aunque no logre pasar de grado… Igual, que vaya aprendiendo lo que pueda. Ella tiene mucha capacidad para aprender. Por ahí, el año que viene la mando a una nocturna, vamos a ver si me la toman. Porque para mí es importante que sepan leer y escribir. El día de mañana cuando tengan hijos ¡no van a poder ni enseñarles qué letra es!”.

Victoria no va a la escuela. Son pibes, que están preocupados por conseguir plata para dar una mano en sus casas ¿de qué vale hablarles de la importancia de la educación para un futuro?”, se pregunta la joven licenciada en Ciencias Políticas en la todavía estatal Universidad Nacional de Rosario.

El colectivo avanza por esas calles de la ex ciudad obrera. En los dos Rosariazos, los muertos eran obreros metalúrgicos.En los hechos de diciembre de 2001, los muertos vivían de changas, cirujeaban o, en el caso de Pocho Lepratti, era cocinero de una escuela pública.

Ninguno de los siete fusilados era obrero.Es la ciudad en donde los derechos laborales pasaron a mejor vida.Como lo informó una ingeniera agrónoma, Mariela Vaquero, que, cansada de tanta ciencia fría y a pesar de ganar buen dinero, se metió a buscar en el arte y en el periodismo una forma de vivir mejor. Ella demostró cómo la empresa Telecom, la misma que facturó 3.049 millones de pesos durante 2001, a razón de 5.881 pesos por minuto, extorsionaba a sus trabajadores a reducir el salario a cambio de mantener el puesto laboral.

“En este marco socio-histórico se inscribe el acuerdo celebrado por Telecom argentina y los representantes gremiales de sus empleados de base agrupados en FOEESITRA (Federación de Obreros, Especialistas y Empleados de los Servicios e Industria de las Telecomunicaciones de la República Argentina), el 6 de diciembre de 2001. A fines de ese año alegando la difícil situación económica y financiera que la obligaría a realizar despidos masivos, la empresa negocia con el sindicato, la garantía de estabilidad laboral para sus empleados hasta marzo de 2003, a cambio de la modificación de algunas de las condiciones laborales vigentes y contempladas en el Convenio Colectivo que rige la actividad de los mismos. Entre estas modificaciones se encuentra la reducción salarial proporcional equivalente a una reducción de la jornada laboral; la disminución en el porcentaje a pagar por turnos realizados y la condición de no toma de medidas de acción directa para la subsistencia de la obligación asumida por la empresa. Para que el acuerdo tuviese validez era necesaria la ratificación, mediante firma, de cada uno de los trabajadores.

La propuesta era clara: firmar una reducción salarial (y “silencio”) y obtener quince meses mas de empleo, o el despido. De los cientos de empleados locales, sesenta decidieron no firmar en oposición al acuerdo. Sin embargo, igualmente sufrieron la reducción en sus sueldos desde enero de 2002, momento en el cual comienza a regir el convenio, después de su homologación ante el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación. A pesar de haber cumplido de hecho con las exigencias de la empresa, en septiembre de 2002, nueve meses mas tarde, tres de los sesenta empleados son notificados verbalmente de su desvinculación con Telecom por no haber cumplimentado la tramitación de ratificación individual.

Pocos días después el Sindicato de Trabajadores de Telecomunicaciones de Rosario informa que se hallan nuevamente a disposición de aquellos que no habían firmado en primer término, las actas para ser rubricadas. Una segunda oportunidad a decir del gremio. Una imposición encubierta a decir de los trabajadores. Todos, excepto una de las empleadas, aún contra su voluntad y para poder conservar sus fuentes de ingresos, firmaron”, escribió la ingeniera devenida en contadora de historias por una propia elección en defensa de su salud mental.

“En la Argentina de hoy, donde perder el empleo equivale a perder las posibilidades de alimentación; de salud; de supervivencia; ¿es posible hablar de libre elección del trabajador en estos casos? ¿No es esto una acción coercitiva?. Cuándo un hombre debe optar entre su vida y la de su familia o la renuncia a sus derechos laborales: ¿es esto una opción?.

“La desigualdad negocial en la que se encuentra el trabajador, el estado de necesidad, la posibilidad de perder su fuente de ingresos y el alto índice de desempleo, definitivamente conspiran contra su plena libertad para decidir”, escribía Julio Grisolía, abogado y juez en lo laboral, en el año 2000”, sostuvo Vaquero. “En medio de esta decadencia económica; social y moral que vive el país, donde los límites son borrosos o inexistentes, miles de trabajadores se ven obligados a acceder a cualquier demanda de sus empleadores para seguir sobreviviendo. A veces es legal, pero siempre es ilegítimo. Son miles las personas que en Argentina, cada día, deben elegir entre la firma o la vida. Y ese es un punto en el cual ya no hay opción”, terminaba su artículo.

Una clara demostración de lo que significa trabajar hoy en la ciudad que antes era obrera y portuaria.

En un puerto en donde ahora solamente quedan 169 trabajadores efectivos, luego de la privatización que hiciera la administración de Jorge Obeid a manos de los intereses de “una lavandería de dinero”, como calificó el reconocido periodista Rogelio García Lupo a los filipinos de Ictsi que se quedaron dos años en el puerto rosarino sin presentar un solo número ni un solo documento en relación a lo que hicieron porque, entre otras cosas, nadie se lo pidió.

A fines de 2002, mientras una nena de siete años, descalza y con ropitas gastadas, se gasta la vida desde las siete de la mañana a las ocho de la noche en la coqueta Avenida Pellegrini y Pueyrredón, a metros del Rosedal y la cancha de Ñuls; un dirigente sindical del gremio de los trabajadores de la Industria del Vidrio dice que en caso de reabrir Cristalería Cuyo habrá que amoldarse a “la antigüedad cero”.

Curiosa terminología que pretende naturalizar la pérdida absoluta de la antigüedad laboral como un derecho de cada uno de los trabajadores.

Definición que hace pública no el empresario, sino el supuesto defensor de los intereses de los obreros.

En pleno 2002, en la ex ciudad obrera, se habla de “antigüedad cero”.  Un retroceso de más de cien años. Y no se trata del juego de imaginación planteado en el origen de este texto, sino de la realidad rota, convertida en un montón de pedacitos dispersos en que se convirtió aquel corazón del segundo cordón industrial más importante de América latina como consecuencia del Manual de Robos Santafesinos aquí esbozado.

Pero también ocurre que cuando uno se baja del colectivo, es capaz de dejarse atravesar por la insistencia del amor, de la ternura y de la búsqueda permanente de justicia.

Hechos y postales que, alguna vez, sin dudas, construirán un futuro mejor.

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