sábado, 4 de julio de 2026

Perú después de las urnas: las sospechas que no terminaron con la elección

El periodista peruano Luis Enrique Lozada Gallardo sostiene que la ajustada victoria de Keiko Fujimori abrió una etapa marcada por cuestionamientos sobre la legitimidad del proceso, el fortalecimiento del poder del Congreso y el temor a una respuesta represiva frente a las protestas
La elección presidencial peruana dejó un país dividido y un resultado que, para un sector importante de la sociedad, nace bajo sospecha. Así lo describe en Señales el periodista y comunicador social Luis Enrique Lozada Gallardo, una de las voces más reconocidas del norte peruano, quien desde hace más de dos décadas trabaja en Radio Cutivalú, la histórica emisora jesuita de Piura. Con la experiencia de haber cubierto durante años la política y los conflictos sociales del país, sostiene que la proclamación de Keiko Fujimori como presidenta electa no cierra el proceso electoral, sino que abre una etapa marcada por cuestionamientos sobre su legitimidad y por el temor a una escalada represiva.

La diferencia entre Keiko Sofía Fujimori Higuchi y el candidato de izquierda Roberto Sánchez fue de apenas 49.691 votos. Sin embargo, Lozada advierte que ese dato, por sí solo, no alcanza para comprender el escenario político. Recuerda que la mayor parte de los municipios del país votó por Sánchez y que el triunfo de Fujimori terminó definiéndose gracias al voto de los peruanos residentes en el exterior.

"Ella no ha ganado en el Perú", afirma. A su juicio, esa es la principal razón por la que numerosos analistas sostienen que la futura presidenta asumirá con un serio problema de legitimidad política. "Es una presidenta que no tiene la legitimidad necesaria en el territorio nacional", resume.

Un triunfo por menos de 50 mil votos
Según explica, la diferencia decisiva provino de los votos emitidos fuera del país, un hecho sin antecedentes en la historia electoral peruana. Sobre ese proceso persisten, dice, dudas que difícilmente lleguen a esclarecerse. "Esa pequeña diferencia de 49.691 votos procedió del exterior y creo que ya no habrá la investigación periodística necesaria que subsane el problema", sostiene. Aunque evita hacer afirmaciones concluyentes, admite que "siguen las sospechas de que algo, posiblemente, haya sucedido en esas mesas del exterior".

Para Lozada, el proceso electoral presenta dos hechos excepcionales que alimentan esas dudas. El primero es que, por primera vez, una elección presidencial se definiera gracias al voto de los peruanos residentes en el extranjero. El segundo, que el conteo rápido se apartara del resultado final.

Recuerda que el conteo rápido había dado como ganador a Roberto Sánchez. "Es la primera vez en el Perú que un conteo rápido se equivoca", señala, aunque inmediatamente aclara, con evidente ironía, que coloca esa afirmación "entre comillas". Explica que el conteo rápido no se basa en proyecciones sino en información obtenida directamente de las mesas de votación, por lo que históricamente había mostrado una alta confiabilidad.

Un gobierno que nace con problemas de legitimidad
En su interpretación, ambos elementos —el peso decisivo del voto exterior y la discrepancia del conteo rápido con el resultado oficial— constituyen indicios suficientes para que una parte importante de la sociedad cuestione la legitimidad del proceso.

Lejos de pensar que la conflictividad disminuirá una vez que Keiko Fujimori asuma la Presidencia, Lozada considera que el escenario puede agravarse. Advierte que ya existen estimaciones acerca de la conformación de un gobierno con fuerte respaldo de las Fuerzas Armadas y de la Policía para enfrentar las protestas que podrían producirse en distintas regiones del país.

El Congreso como verdadero centro del poder
En ese contexto, sostiene que el verdadero centro del poder no se encuentra hoy en la Presidencia sino en el Congreso. Describe al Parlamento como una "coalición mafiosa" y afirma compartir esa caracterización. Desde allí —explica— se habrían impulsado reformas destinadas a garantizar un marco jurídico favorable para la actuación de las fuerzas de seguridad frente a eventuales manifestaciones de rechazo al nuevo gobierno.

Entre esas modificaciones menciona una ley que habilita a militares y policías a utilizar sus armas con mayores niveles de protección judicial. Según detalla, las eventuales denuncias contra efectivos por hechos ocurridos durante procedimientos de seguridad pasarán primero por la jurisdicción militar. Incluso si esos casos llegaran a la Corte Suprema, agrega, el Código Penal peruano establece prioridad para lo resuelto previamente por la justicia castrense.

"Se ha armado un andamiaje preciso, exacto", afirma, convencido de que ese esquema fue diseñado para afrontar el conflicto social que podría desencadenarse tras la asunción presidencial.

Las preguntas que no tienen respuesta
Las dudas también alcanzan al tratamiento de los votos emitidos en el exterior. Uno de los interrogantes más repetidos es la diferencia en los tiempos de llegada de las actas electorales desde distintos países. Menciona, por ejemplo, que los votos provenientes de Japón fueron computados antes que los enviados desde Argentina, una situación que considera llamativa.

También observa con preocupación la demora registrada en la recepción de las actas enviadas desde Estados Unidos. "¿Por qué estuvieron tanto tiempo allí, expuestas a posibles manipuleos?", se pregunta. A su entender, ninguna de esas situaciones recibió hasta ahora una explicación técnica satisfactoria por parte del Jurado Nacional de Elecciones.

A esos interrogantes suma testimonios de votantes que aseguraron haber recibido indicaciones sobre por quién debían votar al llegar a sus mesas electorales. Dice que existen registros en video de esas denuncias y considera que, al menos, deberían haber motivado una investigación independiente. Sin embargo, cree que esa posibilidad quedó definitivamente clausurada tras la proclamación oficial de la presidenta.

"Ya está establecido y sacramentado", resume. "El Jurado Nacional proclamó a la presidenta y ya se dijo que no se va a hacer absolutamente caso a todo tipo de denuncia, reclamo o exigencia."

La salida de Piero Corbetto y las nuevas sospechas sobre la ONPE
Las sospechas del periodista no se limitan a la segunda vuelta. También recuerda un episodio ocurrido durante la primera, cuando la empresa encargada de distribuir el material electoral no entregó a tiempo las actas en dos centros de votación de Lima. El hecho provocó una fuerte repercusión política y mediática y terminó con la salida de Piero Corbetto de la conducción de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), pese a que —según señala Lozada— la legislación no contemplaba esa posibilidad.

Corbetto era ampliamente reconocido por su honestidad, sostiene, y su salida forzada alimentó nuevas dudas sobre el desarrollo del proceso electoral. "La presión fue tal que terminó diciendo: 'yo me voy'". A partir de entonces, añade, quienes asumieron la conducción de la ONPE quedaron al frente del organismo responsable de distribuir las actas y realizar el escrutinio, en una elección que continúa generando interrogantes sobre su transparencia.

A medida que enumera los episodios que rodearon el proceso electoral, Luis Enrique Lozada Gallardo vuelve una y otra vez sobre la misma idea: las sospechas no nacen de un único hecho, sino de una acumulación de decisiones, omisiones y cambios institucionales que, a su entender, fueron debilitando la confianza pública.

Tras la salida de Piero Corbetto de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), observa que quienes asumieron la conducción del organismo eran prácticamente desconocidos para la opinión pública. Ese relevo, sumado a las controversias sobre el tratamiento de las actas provenientes del exterior y a la presencia de funcionarios en cargos estratégicos, alimentó aún más las dudas.

"Entonces, dígame usted si no hay sospechas", plantea. A su juicio, nunca hubo una explicación técnica convincente que respondiera los interrogantes planteados sobre el proceso electoral. "Ya no se va a investigar, ya no se ha dicho nada, no ha habido una información técnica que respalde todo lo sucedido. Entonces la ilegitimidad crece."

Ese clima de desconfianza, sostiene, podría traducirse en una creciente conflictividad social, especialmente en el sur del país, donde anticipa posibles levantamientos, marchas y protestas contra el futuro gobierno de Keiko Fujimori.

Pero el análisis de Lozada va más allá del resultado electoral. Enmarca lo ocurrido dentro de un proceso que, según entiende, lleva años de construcción y que tuvo como objetivo el control progresivo de las principales instituciones del Estado.

La captura institucional
Asegura que el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, la Fiscalía de la Nación, la Defensoría del Pueblo y parte del Poder Judicial "ya fueron tomadas". Entre todos esos casos, dedica una atención especial al Ministerio Público.

Recuerda que el actual fiscal de la Nación, Tomás Gálvez, asumió el cargo bajo fuertes cuestionamientos por presuntos vínculos con la organización conocida como "Los Cuellos Blancos del Puerto". Según relata, una de sus primeras decisiones fue desmantelar las fiscalías especializadas que investigaban casos de alta complejidad, incluyendo aquellos en los que el propio fiscal aparecía mencionado.

Se vienen por los periodistas de investigación
"Uno se queda asombrado y, a veces, gana la impotencia", admite. Para el periodista, el panorama institucional es desolador. Enumera una por una las instituciones que considera capturadas y recuerda incluso una frase pronunciada por el presidente del Congreso: "Vamos a barrer el Poder Judicial".

En ese escenario, advierte que el siguiente objetivo serían los periodistas de investigación.

Como ejemplo menciona el proyecto de ley impulsado por el congresista Alejandro Muñante, que —según interpreta— apunta directamente contra el reconocido periodista Gustavo Gorriti, blanco desde hace años de campañas de hostigamiento y persecución política.

"Se vienen por los periodistas de investigación", resume.

La "dictadura parlamentaria" como interpretación del presente peruano
Lozada recurre entonces a un concepto desarrollado por el politólogo Martín Tanaka para describir el funcionamiento actual del sistema político peruano: una "dictadura parlamentaria". Bajo esa lógica, sostiene, el Congreso concentra el verdadero poder político mientras la Presidencia queda reducida a un papel meramente formal.

"El presidente de la República es hasta el momento una figura decorativa", afirma. Con la llegada de Keiko Fujimori a la Casa de Pizarro, considera que esa estructura de poder alcanzará su máxima expresión. "Ellos tienen ya un poder ilimitado. La dictadura va a continuar."

Para explicar cómo se construyó ese escenario, retrocede hasta 2016. Recuerda que ese año Keiko Fujimori perdió la elección presidencial frente a Pedro Pablo Kuczynski, pero inmediatamente anunció que convertiría su plan de gobierno en leyes desde el Parlamento.

"Otra manera de decirlo era: vamos a gobernar desde el Congreso", interpreta Lozada.

El legado del fujimorismo y la continuidad del poder
A su juicio, esa promesa terminó cumpliéndose. Durante la última década —dice— el fujimorismo fue tejiendo "muy fino" una red de poder que le permitió avanzar, paso a paso, sobre las principales instituciones del Estado.

"Poquito a poco fueron haciendo lo que ahora ya es una realidad", sostiene. "Tomaron los principales poderes del Estado y ya está hecha toda la tarea."

Por eso considera que Keiko Fujimori no llega al poder para iniciar un nuevo ciclo político, sino para administrar una estructura previamente consolidada. En ese contexto, cree que las reformas legales aprobadas en los últimos años buscan garantizar el control frente a las protestas sociales que puedan surgir.

Algunos analistas —señala— ya hablan de una futura "dictadura cívico-militar" o, en el mejor de los casos, de una "democracia cívico-militar". Él va incluso más lejos.

"En realidad, en el Perú hay una dictadura", afirma. Aclara, sin embargo, que se trata de una dictadura "solapada", difícil de percibir para buena parte de la ciudadanía porque sus mecanismos de construcción del poder operan principalmente a través de reformas legislativas y decisiones institucionales.

Medios, memoria y continuidad política
A esa situación suma un factor que considera decisivo: el comportamiento de los grandes medios de comunicación.

Apelando a la teoría de la agenda setting, sostiene que la ciudadanía muchas veces desconoce la magnitud de las transformaciones institucionales porque la cobertura mediática privilegia aquello que resulta más atractivo antes que lo verdaderamente importante.

"Los medios no necesariamente informan sobre lo más importante, sino sobre lo más interesante", resume.

Cuando la conversación se desplaza hacia la historia peruana, Lozada encuentra allí un espejo del presente. No tiene dudas de que el regreso del fujimorismo representa una continuidad del proyecto iniciado por Alberto Fujimori en la década de 1990.

Recuerda que Keiko Fujimori fue primera dama durante el gobierno de su padre, nunca tomó distancia política de ese legado y, por el contrario, ha manifestado públicamente su intención de continuarlo.

"Ha dicho que va a seguir el legado de su padre", señala.

Su evaluación sobre el expresidente es categórica. Lo define como "el presidente más corrupto de la historia del Perú" y recomienda como lectura indispensable Historia de la corrupción en el Perú, del economista e historiador Alonso Quiroz. Destaca especialmente el capítulo dedicado al régimen fujimorista, donde —afirma— se documenta con detalle el funcionamiento de aquella estructura de poder.

La referencia histórica no termina allí. Para explicar la repetición de ciertos procesos políticos, recuerda también la figura de Manuel Ignacio Prado, presidente peruano durante la Guerra del Pacífico, quien abandonó el país con el argumento de adquirir armamento en Europa y nunca regresó. Años después, su hijo fue elegido presidente en dos oportunidades.

Lozada encuentra un paralelismo con la historia reciente. Alberto Fujimori fue condenado por corrupción, secuestros, desapariciones forzadas y violaciones a los derechos humanos; posteriormente fue indultado, recuperó la libertad y falleció poco tiempo después. Ahora, observa, es su hija quien llega a la Presidencia.

"Como tú has dicho, quien no conoce su historia está condenado a repetirla", concluye. "Ahí está."

Ante la posibilidad de que, como ocurrió en otros países de la región, los sectores que desconocen el resultado electoral impulsen acciones de desobediencia civil, Lozada se muestra escéptico. Menciona los casos recientes de Colombia, donde dirigentes opositores cuestionaron el triunfo de Abelardo de la Espriella y anunciaron recursos internacionales, pero considera que el escenario peruano será diferente.

El fantasma de una nueva represión
No descarta que, tras la asunción presidencial del 28 de julio, se produzcan protestas en distintas regiones, especialmente en el sur del país. Sin embargo, cree que cualquier intento de movilización encontrará una rápida respuesta represiva.

"Posiblemente haya nuevamente más asesinatos", advierte.

Para fundamentar ese temor recuerda la represión ocurrida entre diciembre de 2022 y enero de 2023, cuando unas sesenta personas murieron durante las manifestaciones en el sur peruano. Sostiene que esos hechos permanecen impunes y atribuye esa situación a la protección política que, según su interpretación, recibió la entonces presidenta Dina Boluarte por parte del Congreso.

"El Congreso la salvó de todos los cuestionamientos que pudieran haber tras esos asesinatos", afirma.

Por eso cree que, si vuelven a producirse protestas, el desenlace podría repetirse: "protesta y avasallamiento, represión policial y militar".

Aunque reconoce que existen llamados a la desobediencia civil, considera improbable que una iniciativa de ese tipo logre consolidarse en el Perú. A su entender, el país se encuentra profundamente dividido y una parte importante del norte peruano —menciona particularmente las regiones de Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad— mantiene su respaldo al fujimorismo.

El miedo, el "terruqueo" y la desmovilización social
Pero, además, identifica otro factor decisivo: el miedo.

"El miedo funciona, siempre ha funcionado", dice. Explica que en el Perú opera desde hace años una práctica conocida como "terruqueo", consistente en asociar o acusar de terrorismo a quienes cuestionan al poder político o participan de protestas sociales. Ese mecanismo, sostiene, termina desalentando la participación ciudadana.

"El miedo paraliza, a veces hace retroceder. Lo conocemos por la historia, desde Hitler y aun antes", reflexiona.

A ese escenario suma el papel que, según su mirada, desempeñan los grandes medios de comunicación. Está convencido de que Roberto Sánchez Palomino será progresivamente desplazado de la agenda pública mediante estrategias de invisibilización y descrédito.

"Lo van a desaparecer de la escena, lo van a ridiculizar, lo van a ningunear", resume.

Para respaldar esa afirmación cita el informe elaborado por la misión de observación electoral de la Unión Europea, que —según señala— advirtió expresamente sobre el sesgo político de buena parte de la cobertura mediática durante la campaña.

"Yo vivo aquí y sé que ese sesgo existía antes, durante y seguirá existiendo ahora", sostiene.

Perú en un fenómeno que excede las fronteras nacionales
Al ampliar la mirada hacia América Latina, Lozada rechaza la idea de que la situación peruana constituya un fenómeno aislado. En su opinión, forma parte de una transformación política de alcance global caracterizada por el fortalecimiento de expresiones de ultraderecha y por el deterioro de los consensos democráticos.

"No es solamente una tendencia latinoamericana; es una tendencia mundial", afirma.

En ese recorrido menciona a distintos países donde, según su interpretación, avanzan proyectos políticos de características similares. Cita a la Argentina, con Javier Milei, Colombia, Bolivia, Estados Unidos e Italia, y considera que todos forman parte de un mismo proceso internacional cuyo origen todavía requiere mayores estudios académicos.

Más allá de las particularidades de cada caso, encuentra un elemento común: el creciente peso de las plataformas digitales y de los algoritmos en la construcción del debate público.

Como periodista y docente universitario, observa con preocupación el poder que han adquirido las grandes empresas tecnológicas para moldear la circulación de la información y orientar las preferencias electorales.

"Estamos hablando de los algoritmos", señala. Recuerda investigaciones realizadas en Estados Unidos sobre el papel que habrían desempeñado las redes sociales en el triunfo de Donald Trump y sostiene que ese fenómeno merece ser estudiado con mucha mayor profundidad.

A su juicio, detrás de la expansión de las nuevas derechas también opera un ecosistema comunicacional global concentrado en pocas manos.

"Vivimos un mundo comunicacional globalizado y tomado por unos gánsters de la comunicación", resume.

Para Lozada, el futuro inmediato del Perú no depende únicamente del resultado de una elección, sino de una disputa más amplia por el control de las instituciones, la información y la democracia. Esa, sostiene, es la verdadera discusión que recién comienza.

Escuchá la entrevista completa:
Foto: Ernesto Benavides - La Tribuna Perú

viernes, 3 de julio de 2026

Libertad de prensa: reiteran el pedido para que cesen las restricciones en Casa Rosada

El Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPren) y la Federación Internacional de Periodistas (FIP) reiteraron el pedido para que el Gobierno nacional levante las restricciones impuestas a las y los periodistas acreditados en la Casa Rosada, tras la designación de Adrián Ravier como vocero presidencial del gobierno de Javier Milei.

A través de una carta dirigida al nuevo vocero, las organizaciones solicitaron el cese de las limitaciones a la circulación dentro de la sede gubernamental, al considerar que el confinamiento de las y los trabajadores de prensa en la Sala de Periodistas durante la jornada laboral restringe sus posibilidades de trabajo y afecta el derecho de la sociedad a recibir información sobre las actividades de gobierno.

En la nota también se recuerda que el cierre de la Sala de Periodistas durante 11 días entre abril y mayo generó preocupación en organizaciones de prensa de distintos países y motivó el respaldo de la Federación Internacional de Periodistas al reclamo. En ese marco, las entidades sostienen que, en un contexto internacional de creciente presión sobre el ejercicio del periodismo, Argentina debe preservar su tradición de defensa de la libertad de expresión y garantizar condiciones adecuadas para el trabajo de la prensa.

Además, solicitaron una reunión con el vocero presidencial para abordar esta situación y otros temas vinculados con las condiciones de trabajo de las y los periodistas.

Las organizaciones advirtieron que sin el libre acceso a las fuentes gubernamentales, el derecho de la sociedad a la información se encuentra en riesgo, y reiteraron el pedido para que cesen las restricciones vigentes en Casa Rosada en resguardo de la libertad de prensa.

jueves, 2 de julio de 2026

ENaCom habilitó a Nahuel Caputto para prestar servicios de Internet

El Ente Nacional de Comunicaciones (ENaCom) otorgó una licencia a Consultora Arcadia S.A. para prestar Servicios de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) e inscribió a la empresa como prestadora del Servicio de Valor Agregado – Acceso a Internet, de acuerdo con la Resolución Sintetizada Nº 463/2026, firmada el 30 de junio por el interventor del organismo, Juan Martín Ozores.

La autorización habilita a la sociedad a brindar servicios fijos o móviles, alámbricos o inalámbricos, de alcance nacional o internacional, con infraestructura propia o mediante redes de terceros. La resolución aclara, además, que la licencia no implica la asignación automática de frecuencias radioeléctricas, las cuales deberán tramitarse por separado en caso de resultar necesarias.

Más allá del aspecto administrativo, la decisión incorpora un nuevo actor al mercado de los servicios de conectividad: una empresa que, de acuerdo con registros societarios y publicaciones de acceso público, integra el entramado empresarial vinculado al empresario santafesino Carlos Nahuel Caputto.

Un grupo con presencia creciente en la comunicación
Caputto tiene una fuerte presencia en distintos segmentos del ecosistema comunicacional santafesino. Entre las firmas que lo integran figuran El Litoral S.A., editora del tradicional diario vespertino santafesino; Cable & Diario, en el ámbito audiovisual; Artes Gráficas del Litoral, dedicada a la impresión de publicaciones y desarrollada en asociación con AGEA, empresa del Grupo Clarín; además de Consultora Arcadia S.A., vinculada a la comunicación estratégica, el marketing y la organización de eventos.

Con la incorporación de una licencia para brindar acceso a Internet, el conglomerado suma ahora la posibilidad de participar en un eslabón adicional de la cadena de las comunicaciones: además de producir contenidos periodísticos, desarrollar actividades publicitarias, imprimir publicaciones y prestar servicios de consultoría, queda habilitado para ofrecer servicios de conectividad.

Un debate recurrente
La ampliación de actividades de grupos empresarios con presencia simultánea en medios de comunicación, producción de contenidos y servicios de telecomunicaciones reabre un debate histórico sobre la integración vertical y la concentración en el sistema de medios.

Especialistas en políticas de comunicación suelen señalar que, cuando un mismo grupo reúne participación en distintas etapas del circuito comunicacional —producción de contenidos, distribución y prestación de servicios—, adquiere una capacidad de influencia mayor sobre el mercado y el acceso a la información. Al mismo tiempo, quienes defienden este tipo de modelos sostienen que la convergencia tecnológica exige empresas con mayor escala para competir e invertir en infraestructura.

En ese contexto, la licencia otorgada por el ENaCom a Consultora Arcadia representa un nuevo paso en la diversificación de actividades de un grupo empresario que ya ocupa un lugar relevante dentro del mapa de medios y servicios de comunicación de la provincia de Santa Fe.

El sueño de Gabriel García Márquez que cambió el periodismo

La idea de García Márquez de legar un periódico a Colombia está en el origen de la mejor escuela práctica de periodismo del mundo. Este es el discurso de Ignacio Escolar en la entrega del premio Manu Leguineche a la Fundación Gabo
Jaime Abello, José Salgar y Gabriel García Márquez en Cartagena (Colombia) en la conmemoración en 2006 del aniversario de la Fundación Gabo. Libardo Cano / Fundación Gabo

Hay una historia poco conocida sobre el origen de la Fundación Gabo. Es la historia de un periódico que nunca llegó a existir.

A comienzos de los años ochenta, Gabriel García Márquez sintió que tenía una deuda con Colombia. Había conquistado el mundo con sus novelas, con unos libros que beben del sustrato de esa cultura y esa tierra. Y Gabo sentía que debía devolver a su país algo de todo lo que le había dado.

Su primera idea fue fundar un nuevo periódico para Colombia. Pero no un periódico cualquiera. Quería hacer el mejor periódico del mundo. Ya tenía incluso un nombre: El Otro.

No soñaba con un gran negocio ni con un nuevo altavoz para su prestigio, ya entonces mundial. Soñaba con un periódico obsesionado con la verdad, con el rigor y con la buena escritura. Con una redacción de periodistas jóvenes, que aprendieran de unos pocos maestros.

Un periódico donde estarían prohibidas las fotos de dos presidentes posando para una imagen de protocolo, salvo que uno de los dos estuviera haciendo un gesto contra el otro.

El periódico con el que soñaba Gabo tampoco tendría páginas de opinión. Solo habría editorial en los momentos excepcionales y saldría publicado en portada.

Quería un periódico donde lo más importante fueran las mejores historias. Y que no estuviera obsesionado con "la chiva", que es la palabra con la que la prensa colombiana se refiere a "la primicia".

Lo importante para Gabo no era contarlo el primero. Era contarlo bien. Como dijo en su famoso discurso sobre "el mejor oficio del mundo": "La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor".

Aquel periódico nunca llegó a nacer. Uno de sus amigos, el periodista y después político argentino Rodolfo Terragno, le escribió una carta que cambió esa historia. En ella le decía: "Aun aceptando que tuvieras un débito (y no un crédito) en tu cuenta con Colombia, creo que el diario no sería el único modo de saldar. Otras iniciativas (e incluyo entre las posibles la del taller de periodismo) supondrían menos sacrificios innecesarios".

Y así fue como de aquel proyecto frustrado del mejor periódico del mundo nació la que para mí es la mejor escuela práctica de periodismo del mundo. La Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, hoy Fundación Gabo.

Visto con varias décadas de perspectiva, es evidente que el consejo que le dio Terragno a Gabo fue acertado.

Primero, porque no había deuda con Colombia. Como mucho un crédito, que Gabo ya había devuelto con creces en esos años. Segundo, porque el impacto que ha tenido esta fundación en el periodismo iberoamericano ha sido muy superior a la que podría haber supuesto cualquier diario. Y sin correr por ello riesgos innecesarios. En los 80, en la era del papel, un periódico era una industria de riesgo, una industria pesada y cara: necesitaba muchísima inversión, que normalmente se perdía.

Un gran diario podría haber cambiado a una generación de lectores. Y habría sido un gran legado para Colombia. Sin duda. Pero la gran escuela que es la Fundación Gabo ha cambiado a muchas generaciones de periodistas. En Colombia y en todo el mundo.

Durante más de treinta años, la Fundación Gabo ha reunido a los mejores maestros del periodismo iberoamericano con miles de reporteros jóvenes. No para impartir lecciones desde un atril, sino para sentarse alrededor de una mesa a discutir un texto, corregir un titular, preguntarse si un dato estaba contrastado o cómo contar mejor una historia.

Sus talleres no solo sirven para escribir mejor. Sirven para pensar mejor. Para tener siempre presente la ética de nuestra profesión. Como defendía el propio Gabo, "En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobre la enorme responsabilidad que tienen".

Para García Márquez, un buen periodista se compone de tres cosas: "Una base cultural importante, mucha práctica y también mucha ética". "Hay tantos malos periodistas que cuando no tienen noticias se las inventan", se lamentaba Gabo también.

Cultura. Práctica. Ética. Tres palabras.

Son los tres requisitos fundamentales para ejercer este oficio. Es lo que promueve la Fundación Gabo, con sus talleres y sus premios. Es un proyecto que solo pudo nacer por el impulso del genial García Márquez. Pero que solo ha podido llegar hasta aquí por la cultura, la práctica y la ética de su director general y cofundador, Jaime Abello Banfi.

Su cultura, porque no he encontrado a nadie con una mirada sobre el periodismo iberoamericano tan amplia y profunda como la de mi amigo Jaime. Tampoco hay muchos con su excelente conversación.

Su práctica, porque Jaime no solo se ocupa de la poesía. La Fundación Gabo es una casa que tiene techo, los mejores ideales periodísticos. Pero también suelo: la gestión del día a día para que una institución así sea posible. El techo lo puso Gabo. El suelo lo ha construido Jaime.

Y sobre todo, Jaime destaca por su ética. Hay otra anécdota sobre los primeros años de la Fundación que lo resume bien. Gabo le dijo a Jaime, medio en broma medio en serio: "Puedes usar mi nombre, pero nunca te equivoques".

Era un mandato imposible. Todos nos equivocamos. Pero también era una forma de recordarle que el prestigio nunca puede sustituir al rigor. Treinta años después, creo que todos podemos decir que Jaime ha honrado aquella confianza.

Las grandes ideas nunca sobreviven solas. Necesitan alguien que las cuide. Que las adapte a los cambios del mundo sin traicionar su esencia. Porque fundar una escuela de periodismo es difícil. Mantenerla viva durante más de tres décadas lo es aún más.

Hay una última razón por la que este premio me parece especialmente justo. Porque lleva el nombre del gran Manu Leguineche.

Manuel Leguineche y Gabriel García Márquez fueron periodistas muy distintos. Venían de países distintos, reporteaban de maneras distintas y recorrieron caminos muy diferentes. Pero compartían una misma convicción: que el periodismo no consiste en llegar antes que nadie, sino en comprender mejor que nadie la realidad para poder contarla. Que este oficio exige curiosidad, cultura, rigor y, sobre todo, una enorme honestidad.

Ese es también el legado de la Fundación Gabo. Un legado pensado para durar muchas generaciones.

Me quedo con la frase con la que Gabo abrió el primer taller del nuevo periodismo iberoamericano, en Cartagena de Indias, el 18 de marzo de 1995.

"Bienvenidos a este taller del nuevo periodismo iberoamericano, que hoy inicia con la bendición de ustedes su primer siglo de labores".

Treinta años después, ese primer siglo ya no parece una exageración. Es un compromiso.

Enhorabuena a la Fundación Gabo por este premio. Enhorabuena a ti, amigo Jaime, por mantener el rumbo de este proyecto.

Y ojalá dentro de otras siete décadas, el 18 de marzo de 2095, se celebre en Cartagena de Indias otro taller de periodismo.

Jaime Abello: "El periodismo de calidad corre el riesgo de convertirse en un bien de lujo"
El director general de la Fundación Gabo, Jaime Abello, advirtió que "el periodismo de calidad corre el riesgo de convertirse en un bien de lujo" debido a las crecientes presiones políticas, económicas y tecnológicas que enfrenta la profesión. Lo hizo al recibir el XIV Premio Internacional de Periodismo "Cátedra Manu Leguineche", en una ceremonia celebrada en Brihuega (Guadalajara).

La Fundación Gabo, creada en 1994 por el Nobel Gabriel García Márquez para promover un periodismo ético, innovador y de excelencia, se convirtió en la primera institución en recibir este reconocimiento en los catorce años de historia del galardón, convocado por la FAPE, la Universidad de Alcalá, la Diputación Provincial de Guadalajara, el Ayuntamiento de Brihuega, la Asociación de la Prensa de Guadalajara y la Fundación General de la Universidad de Alcalá.

Durante su intervención, Abello señaló que el periodismo atraviesa una etapa especialmente compleja por el impacto de la desigualdad informativa, la inteligencia artificial y la proliferación de fuentes digitales informales. Frente a ese escenario, defendió el papel del periodismo como "una institución indispensable para que haya una sociedad de hombres y mujeres libres".

"El verdadero poder del periodismo reside en contar historias que apunten a la verdad y a la justicia desde una posición independiente. Resistir a la manipulación, mostrar otras realidades y cuestionar los relatos impuestos. Eso solo lo puede hacer el periodismo", afirmó.
Un reconocimiento a la formación periodística

La laudatio estuvo a cargo del director de elDiario.es, Ignacio Escolar, quien destacó la influencia de la Fundación Gabo en la formación de periodistas de toda Iberoamérica.

"La Fundación Gabo ha cambiado a muchas generaciones de periodistas en Colombia y en todo el mundo. Sus talleres no solo sirven para escribir mejor; sirven para pensar mejor y para mantener siempre presente la ética en nuestra profesión", señaló.
Ética frente a la desinformación

La presidenta de la FAPE, Carmen del Riego, destacó que la Fundación Gabo encarna los valores que inspiraron a Manu Leguineche, especialmente la defensa de la ética profesional frente a la propaganda y la desinformación.

Del Riego sostuvo que solo un "periodismo en mayúsculas" permitirá afrontar la crisis de confianza que vive la profesión. "Un periodismo con reglas, donde contemos lo que pasa sin intentar adoctrinar, en el que seamos periodistas y no activistas políticos, y donde escribamos siempre con honestidad", afirmó.

Por su parte, el rector de la Universidad de Alcalá, Carmelo García, subrayó que la elección de la Fundación Gabo supone reconocer no solo su aporte al periodismo iberoamericano, sino también su labor educativa. "Enseñar a narrar con rigor, ética y humanidad es una de las mejores maneras de fortalecer una sociedad democrática", aseguró.

El presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara, José Luis Vega, reflexionó sobre los nuevos hábitos de consumo informativo y pidió impulsar fórmulas para que los jóvenes accedan a información verificada más allá de las redes sociales.

La ceremonia tuvo lugar en la Casa de los Gramáticos, antigua residencia del periodista Manu Leguineche, hoy recuperada por el Ayuntamiento de Brihuega como espacio cultural. El alcalde, Luis Viejo, dio la bienvenida a los asistentes, mientras que la soprano Celia Alcedo puso el broche musical al acto.

La primera institución premiada
La Fundación Gabo fue elegida entre diecisiete candidaturas y se convirtió en la primera institución distinguida con este galardón. El jurado destacó "el extraordinario papel que desempeña en el periodismo iberoamericano" a través de sus programas de formación, así como su trabajo en educación mediática y en la reflexión sobre los desafíos que representan la desinformación, las noticias falsas y la inteligencia artificial.

El Premio Internacional de Periodismo "Cátedra Manu Leguineche", dotado con 8.000 euros, reconoce trayectorias caracterizadas por la independencia, el rigor y el compromiso con la verdad. Además del premio económico, el galardonado recibe el nombramiento de profesor honorífico de la Universidad de Alcalá y una escultura conmemorativa.

En ediciones anteriores, el reconocimiento fue otorgado a periodistas como Lydia Cacho, Javier Espinosa, Mikel Ayestarán, Pilar Bonet, Pepa Bueno, Gervasio Sánchez, Ramón Lobo, Fran Sevilla, Almudena Ariza y Martín Caparrós, entre otros.
Fotos: Adrián Loej
Fuentes: elDiario.es y Federación de Asociaciones de Periodistas de España

martes, 30 de junio de 2026

Denuncian censura y salarios de indigencia en Radio Nacional: "Sin medios públicos no hay democracia"

Trabajadores y trabajadoras de prensa de Radio Nacional alertaron sobre un endurecimiento de la censura en los medios públicos y denunciaron que el gobierno de Javier Milei impone restricciones a la libertad de expresión mientras mantiene salarios congelados que ubican al personal por debajo de la línea de la indigencia.

La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPren) denunció una profundización de la censura en Radio Nacional y advirtió que las restricciones impuestas por las autoridades alcanzan niveles "delirantes", con la prohibición de entrevistas a funcionarios sin autorización previa y el veto a la difusión de determinados artistas populares.

Según el comunicado difundido por las y los trabajadores de prensa de la emisora pública, entre los casos recientes figuran la suspensión de una entrevista vinculada a una campaña provincial de vacunación pediátrica y la prohibición de emitir canciones de artistas como Lali Espósito.

La denuncia sostiene que, tras la eliminación de las direcciones de las emisoras provinciales, el control editorial quedó centralizado a través de una "coordinadora periodística de la gerencia de emisoras", función que ejerce Lula Lupo, quien -afirman- no ocupa un cargo formal dentro de la estructura del medio. De acuerdo con el comunicado, ninguna entrevista a funcionarios públicos puede realizarse sin una autorización expresa.

Además, responsabilizan por estas decisiones al director de Radio Nacional, Fernando Subirats, junto con las gerencias Periodística, a cargo de Nicolás Yacoy, y Artística, encabezada por Fernanda Carbonell, a quienes acusan de aplicar un "silenciamiento sistemático" de las voces y de la programación local.

Para los trabajadores, el recorte de contenidos informativos y culturales producidos en las distintas provincias implica una pérdida de pluralidad, limita el debate público y vulnera el derecho de la ciudadanía a acceder a información diversa.

La denuncia también pone el foco en la situación salarial. Según FATPren, los salarios permanecen congelados desde 2024 y el sueldo básico actual asciende a 474.000 pesos, una cifra que -aseguran- se encuentra por debajo de la línea de indigencia.

El comunicado concluye con una fuerte advertencia sobre el futuro de los medios públicos: "Sin salarios dignos no hay trabajadores. Sin trabajadores no hay medios públicos. Sin medios públicos no hay democracia."

domingo, 28 de junio de 2026

Setenta años después, la Justicia llamó crimen de lesa humanidad a la masacre que el Estado quiso borrar

La Justicia Federal de San Martín declaró que los fusilamientos de José León Suárez fueron crímenes de lesa humanidad, responsabilizó al Estado por su planificación y ejecución y ordenó medidas de reparación. El fallo reconstruye uno de los episodios más emblemáticos de la violencia política argentina y consagra, siete décadas después, una verdad que sobrevivió gracias a las víctimas, sus familias y la investigación de Rodolfo Walsh
A setenta años de uno de los episodios más emblemáticos de la violencia política en la Argentina, la Justicia Federal de San Martín declaró que los fusilamientos de José León Suárez constituyeron crímenes de lesa humanidad, responsabilizó al Estado argentino por su planificación y ejecución y ordenó una serie de medidas de reparación y preservación de la memoria para las víctimas y sus familiares.

La sentencia, dictada por la jueza federal Alicia Vence en el marco de un Juicio por la Verdad, representa un hito en la búsqueda de justicia sobre los hechos ocurridos entre la noche del 9 y la madrugada del 10 de junio de 1956. Aquella noche, un grupo de civiles fue detenido ilegalmente, trasladado a la comisaría de San Martín y luego a los basurales de José León Suárez, donde varios de ellos fueron ejecutados por fuerzas policiales de la autodenominada Revolución Libertadora.
La noche en que comenzó la masacre

La magistrada dio por probado que el operativo comenzó con un allanamiento ilegal en una vivienda de la localidad de Florida, dispuesto por las máximas autoridades de facto encabezadas por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Francisco Rojas. Doce personas fueron detenidas. Cinco de ellas -Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodríguez, Carlos Lizaso y Mario Brión- fueron asesinadas. Otras siete -Juan Carlos Livraga, Reinaldo Benavídez, Horacio Di Chiano, Miguel Ángel Giunta, Norberto Gavino, Rogelio Díaz y Julio Troxler- lograron sobrevivir a la balacera, entre ellos Livraga, cuyo testimonio, brindado desde Estados Unidos durante las audiencias, volvió a aportar una voz clave para reconstruir los hechos.

La orden de los fusilamientos había partido del entonces jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, el teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, un militar abiertamente antiperonista que desde la década de 1940 consideraba a Juan Domingo Perón "un peligro para el país".
Un fallo que cambia la historia judicial
En su resolución, Vence calificó los hechos como allanamiento ilegal, privación ilegítima de la libertad agravada y homicidio agravado por alevosía. Aunque todos los responsables directos e indirectos fallecieron antes de ser juzgados, la jueza estableció su responsabilidad penal y sostuvo que, de haber llegado a juicio, les habría correspondido la pena de prisión perpetua. Al fundamentar la decisión, remarcó que "existen hechos cuyo juzgamiento conserva relevancia jurídica e institucional, aun cuando ya no resulte posible una respuesta penal".

El proceso se desarrolló durante tres jornadas con la participación de familiares de las víctimas, investigadores, periodistas y organismos de derechos humanos. La querella estuvo representada por los abogados Alberto "Pepe" Palacio y Walter Omar Arias, integrantes de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de San Martín.
La reparación que llegó setenta años después
Además de reconocer la responsabilidad del Estado, la sentencia dispuso medidas concretas de reparación: la instalación de placas conmemorativas en los lugares de los allanamientos, detenciones y fusilamientos; la creación de un sitio de memoria en el predio de los antiguos basurales de José León Suárez; y la incorporación de los nombres de las víctimas al registro estatal de víctimas de violencia institucional.

Para los familiares, el fallo significó una reparación largamente esperada. Durante las audiencias, Berta Carranza, hija de uno de los fusilados, resumió ese anhelo con una frase que atravesó todo el proceso: "Quiero que se haga justicia. Que, a pesar de que no estén los asesinos, esto se conozca, que sean declarados crímenes de lesa humanidad".

La decisión judicial inscribió por primera vez a los fusilamientos de José León Suárez dentro de la categoría de crímenes de lesa humanidad, reforzando el valor de la memoria, la verdad y la justicia como pilares de la democracia. Setenta años después de aquellos hechos que Rodolfo Walsh reconstruyó en Operación Masacre -una de las obras fundacionales del periodismo de investigación latinoamericano-, el Estado argentino reconoció formalmente la dimensión histórica y jurídica de aquellos asesinatos.
Cuando la justicia ya no puede castigar, pero sí establecer la verdad
Para comprender el alcance de este fallo, pero también el largo camino recorrido para llegar hasta él, conversamos en Señales con Alberto "Pepe" Palacio, abogado especializado en derechos humanos, querellante en causas de lesa humanidad y representante de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de San Martín en este Juicio por la Verdad.

Nacido en San Martín, donde desarrolla su actividad profesional y preside la Comisión de Asistencia a la Víctima del Colegio de Abogados local, Palacio integra además Defensa de los Niños Internacional (DNI), representa a la familia de Diego Duarte -desaparecido en 2004 en el predio del CEAMSE- y cuenta con una extensa trayectoria académica en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de San Martín, donde actualmente dirige la Escuela Secundaria Técnica.

Sí. Esta es la transformación al formato de crónica narrativa, eliminando completamente la entrevista y manteniendo el contenido. También mejoré la sintaxis propia de la oralidad y unifiqué el tono para que se lea como una nota de fondo.
Para Alberto "Pepe" Palacio, el alcance de la sentencia trasciende ampliamente el plano jurídico. Como abogado querellante de las familias, sostiene que el principal acto de reparación que puede brindar el Estado es una decisión judicial que reconozca la gravedad de los hechos. Que sea el Poder Judicial, uno de los órganos centrales del sistema constitucional y democrático, el que determine que los fusilamientos de José León Suárez constituyeron delitos de lesa humanidad representa, a su entender, un reconocimiento histórico tanto para los familiares como para la sociedad en su conjunto.

Según explica, la calificación de lesa humanidad implica que el daño excede a las víctimas directas y alcanza a todo el pueblo argentino. "No solamente fueron dañadas las familias; fue un ataque al conjunto de la sociedad", resume. Esa definición también tiene consecuencias jurídicas concretas: se trata de delitos imprescriptibles, cuyo juzgamiento puede realizarse sin límites temporales y que, bajo el principio de jurisdicción universal, podrían ser investigados por cualquier tribunal competente.
El juicio como acto de memoria colectiva
La elección del Auditorio Municipal Hugo del Carril como sede del Juicio por la Verdad tampoco fue casual. Palacio recuerda que la Justicia Federal de San Martín ya había realizado allí otros procesos por delitos de lesa humanidad, entre ellos el juicio contra el ex comisario Luis Abelardo Patti, debido a que el edificio reúne las condiciones necesarias para garantizar la participación del público. La sala de audiencias del tribunal federal, explica, resulta demasiado pequeña para procesos de semejante trascendencia.

Pero el valor del lugar excede las cuestiones prácticas. El auditorio fue construido a pocos metros de los antiguos basurales donde los doce detenidos fueron llevados durante la madrugada del 10 de junio de 1956 y donde cinco de ellos fueron asesinados. "A metros de ese lugar se llevó adelante la masacre", señala. Para las familias, agrega, ese espacio está profundamente asociado a la memoria colectiva, porque allí se realizan cada año los homenajes a las víctimas, los reclamos por verdad y justicia y las actividades destinadas a mantener vivo el recuerdo de aquellos hechos.
La sentencia llegó cuando todos los responsables directos ya habían fallecido. Sin embargo, Palacio destaca que el fallo individualiza a cada uno de ellos y establece expresamente la responsabilidad penal que les hubiera correspondido. La resolución menciona con nombre y apellido al general Pedro Eugenio Aramburu, al almirante Isaac Francisco Rojas, al entonces jefe de la SIDE, Cuaranta, al jefe de la Policía bonaerense Desiderio Fernández Suárez y al inspector Rodríguez Moreno, entre otros funcionarios del gobierno de facto. La jueza concluyó que todos ellos debieron haber sido condenados a prisión perpetua, una pena que, sostiene Palacio, debería haber sido además de cumplimiento efectivo y en cárcel común, como ocurrió posteriormente en los juicios por los crímenes de la última dictadura.

El abogado considera que la ausencia de un juzgamiento durante décadas respondió a decisiones políticas orientadas al olvido y la impunidad. Por eso valora especialmente que, aunque los acusados ya no puedan ser condenados penalmente, la Justicia haya reconstruido sus responsabilidades y dejado asentada la verdad judicial.
El plan represivo detrás de los fusilamientos
Ese reconocimiento, sostiene, confirma además que los fusilamientos formaron parte de un plan sistemático de persecución política. A su entender, la dictadura surgida tras el golpe de Estado de 1955 buscó eliminar a quienes pensaban distinto y, en particular, al movimiento peronista, que había sido desplazado del poder luego de haber obtenido el 62 por ciento de los votos en las elecciones. "Fue un plan sistemático dirigido al pueblo y especialmente al pueblo peronista", afirma.

La sentencia, señala, también amplía el marco histórico de esa persecución al ubicar su inicio en junio de 1955, con el bombardeo a Plaza de Mayo. En ese sentido, considera que la resolución reconoce que la violencia estatal no comenzó con los fusilamientos de José León Suárez sino que integró una política represiva más amplia desplegada por la denominada Revolución Libertadora.
La casa de Florida, el basural y la espera de una señal que nunca llegó
Dentro de ese contexto también inscribe el levantamiento encabezado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco. Palacio recuerda que entre los doce hombres reunidos en la casa de Horacio Di Chiano había distintos niveles de compromiso político: algunos eran militantes peronistas y otros simplemente aguardaban noticias sobre el desarrollo de la sublevación. Esperaban una llamada telefónica o un mensaje transmitido por radio que confirmara el avance del movimiento para salir a encontrarse con otros compañeros y dirigirse hacia Plaza de Mayo. Mientras escuchaban una pelea de boxeo por radio, aguardaban una señal que nunca llegó. Antes de que eso ocurriera, la policía irrumpió en la vivienda y comenzó la secuencia que terminaría en la masacre.
Las memorias que completaron la verdad
Palacio también reconoce los distintos aportes que fueron enriqueciendo la reconstrucción de los hechos a lo largo de las décadas. En ese sentido menciona el trabajo de Daniel Brión, hijo de Mario Brión, quien en su libro El Presidente Duerme retoma la investigación iniciada por Walsh y la profundiza a partir de los recuerdos transmitidos por su madre y de nuevas indagaciones propias. Para el abogado, lejos de contradecirse, las memorias judicial, periodística y familiar dialogan entre sí y permiten completar un relato cada vez más preciso sobre uno de los crímenes más emblemáticos de la Revolución Libertadora.

Ese aporte, explica Palacio, también amplía la mirada sobre la represión desplegada tras el levantamiento de junio de 1956. En El Presidente Duerme, Daniel Brión reconstruye no sólo el caso de su padre sino también lo ocurrido en otros puntos del país donde hubo intentos de sublevación y donde, según sostiene el abogado, también se produjeron ejecuciones arbitrarias.
Walsh, la investigación que sobrevivió al silencio
Al reconstruir el camino que permitió llegar al juicio, Palacio ubica en el centro de esa historia a Rodolfo Walsh. Recuerda que cuando presentó la denuncia ante la Justicia Federal, en junio de 2022, el primer documento que acompañó fue precisamente un ejemplar de Operación Masacre. A partir de esa investigación periodística se fueron incorporando nuevos documentos, trabajos académicos, testimonios de investigadores y periodistas, además de otras obras fundamentales, como Historia de una investigación, de Enriqueta Muñiz, cuya reconstrucción de los hechos considera igualmente valiosa.

El abogado sostiene que la decisión de la jueza de recomendar la incorporación de Operación Masacre y del contenido de la sentencia a los planes de estudio de todo el país constituye uno de los aspectos más trascendentes del fallo. A su entender, el reconocimiento institucional no sólo reivindica la investigación realizada por Rodolfo Walsh, sino que confirma el papel que el periodismo puede desempeñar en la construcción de la verdad judicial. "No era periodista de formación, pero hizo un trabajo de investigación enorme", señala Palacio al destacar una obra que permitió sacar a la luz los fusilamientos y evitar que el intento estatal de ocultarlos se impusiera sobre la memoria colectiva.
Uno de esos episodios ocurrió en Campo de Mayo. Allí, recuerda Palacio, varios militares que habían acompañado el levantamiento encabezado por Juan José Valle fueron juzgados por la Justicia Militar y resultaron absueltos. Sin embargo, esa decisión nunca llegó a hacerse efectiva. "Aramburu rompió esa resolución y decidió que fueran fusilados", señala, al describir un acto que considera una muestra del carácter dictatorial del régimen. Para el querellante, esos hechos también deberían ser objeto de nuevas investigaciones judiciales. La sentencia dictada en San Martín, sostiene, puede convertirse en un punto de partida para profundizar lo ocurrido en cada una de las jurisdicciones donde existieron levantamientos, reconstruir la verdad histórica y establecer las responsabilidades correspondientes.
La sentencia como punto de partida
Tras el fallo, las expectativas de las familias ya no pasan únicamente por el reconocimiento judicial alcanzado, sino también por el cumplimiento efectivo de las medidas de reparación ordenadas por la jueza. Palacio observa que ese proceso ya comenzó a materializarse. Destaca, por ejemplo, que el Concejo Deliberante de San Martín declaró por unanimidad de interés municipal la sentencia, una decisión que, a su entender, demuestra que el reconocimiento trasciende el ámbito de los tribunales y alcanza también a las instituciones políticas.

A ese respaldo se suman iniciativas similares impulsadas en la Legislatura bonaerense y en el Congreso Nacional, donde también se promueve declarar de interés el fallo. Mientras tanto, el juzgado incorporará la sentencia a los legajos personales de cada uno de los responsables identificados, de modo que quede asentado oficialmente que debieron haber sido condenados por crímenes de lesa humanidad. Para Palacio, ese registro tiene un profundo valor simbólico: muchos de esos funcionarios murieron conservando honores y beneficios que nunca debieron recibir. La resolución judicial deja establecido que la pena que les hubiera correspondido era la prisión perpetua.
Al mirar hacia atrás, el abogado reconoce que acompañar este proceso constituye uno de los momentos más significativos de su trayectoria profesional. Después de más de cuatro décadas dedicadas al ejercicio de la abogacía, siempre vinculado a los derechos humanos y a los derechos de las infancias, asegura que representar a las familias y a la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de San Martín fue un verdadero honor.

La satisfacción es todavía mayor porque, durante el proceso, la querella debió asumir una responsabilidad inusual. Según relata, el Ministerio Público Fiscal consideró que no era necesario llevar adelante el juicio debido al tiempo transcurrido desde los hechos. Esa postura obligó a los abogados de las víctimas a desempeñar, en los hechos, un doble papel: sostener la acusación como querellantes y suplir buena parte de la tarea que habitualmente corresponde a la fiscalía. La jueza, recuerda Palacio, reconoció expresamente el derecho de las víctimas a impulsar el proceso y convalidó esa participación.
Una lección para las nuevas generaciones
Pero el sentido de la sentencia, insiste, no se agota en el plano judicial. También adquiere una dimensión profundamente pedagógica. Como director de una escuela secundaria de la Universidad Nacional de San Martín y docente desde hace décadas, considera que estos procesos son herramientas fundamentales para construir ciudadanía. "Los jóvenes necesitan saber qué pasó", afirma. Conocer la verdad histórica, agrega, permite fortalecer los valores democráticos y desarrollar una mirada crítica sobre las injusticias del presente, especialmente aquellas que atraviesan a los sectores populares.

Esa convicción quedó reflejada durante las audiencias, a las que asistieron estudiantes de su escuela y de otros establecimientos educativos de San Martín. Para Palacio, ver a un auditorio con capacidad para quinientas personas completamente colmado por jóvenes, familiares, testigos y vecinos fue una de las imágenes más conmovedoras del juicio. Setenta años después de los fusilamientos, las nuevas generaciones escuchaban de boca de quienes cargaron durante décadas con esa memoria el relato de lo ocurrido. Esa transmisión entre generaciones, sostiene, constituye una de las reparaciones más valiosas que deja el proceso.

Al terminar la conversación, Palacio no oculta la emoción. Habla de una "caricia al alma" en tiempos difíciles y de la enorme alegría que le produjo ver que, siete décadas después de la masacre, la memoria sigue convocando a cientos de personas y encuentra en los más jóvenes a quienes estarán encargados de preservarla. Es, para él, la mejor prueba de que la verdad y la justicia pueden llegar tarde, pero también de que, cuando finalmente llegan, son capaces de proyectarse hacia el futuro.
El relato que anticipó la verdad judicial
En el cierre del reportaje, el propio Palacio vuelve -aunque indirectamente- al corazón narrativo que dio origen a la visibilidad del caso: Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, la obra que reconstruyó por primera vez los fusilamientos de José León Suárez y los instaló en la memoria pública.

El abogado destaca el valor de aquella investigación periodística no sólo como antecedente judicial, sino como pieza fundacional de la reconstrucción histórica. En ese sentido, la sentencia reciente incluso refuerza su vigencia al recomendar su incorporación a los planes de estudio en todo el país. Pero más allá del reconocimiento institucional, el texto de Walsh sigue operando como una escena de origen, un relato donde la violencia aparece sin mediaciones y el lenguaje se vuelve testimonio.
En el capítulo final de la obra, Walsh narra el momento exacto del fusilamiento. Los detenidos son conducidos hacia el basural, entre órdenes breves y un clima de terror que el autor reconstruye en fragmentos de acción y percepción. "Camine para adelante", les ordenan. Ellos insisten en su inocencia, mientras son llevados hacia la oscuridad.

La escena se vuelve progresivamente caótica: los cuerpos avanzan bajo la luz de los faros de una camioneta, los policías preparan las armas, y el silencio previo se quiebra con la certeza de lo irreparable. En ese instante, algunos de los prisioneros comprenden lo que está por ocurrir. Otros dudan hasta el último segundo.

Walsh reconstruye entonces una secuencia de fuga, disparos y supervivencia que se desarma en múltiples focos de acción. Algunos intentan correr, otros se arrojan al suelo, otros quedan inmóviles fingiendo la muerte. En medio de la descarga, los cuerpos caen uno tras otro en el terreno del basural, mientras el humo de la pólvora se mezcla con los gritos y el ruido de los fusiles.
En ese paisaje fragmentado, la escritura se detiene en gestos mínimos: una orden, un salto, una caída, un pedido de auxilio. La violencia aparece sin distancia, sin épica, reducida a su núcleo más brutal. Incluso cuando algunos logran escapar entre los disparos, el relato no abandona la sensación de desborde absoluto.

Sobre el final, uno de los sobrevivientes escucha el pedido desesperado de un compañero herido que ruega que lo maten para terminar con el sufrimiento. El basural queda entonces atravesado por el silencio posterior a la descarga, apenas interrumpido por los gemidos que aún persisten.

Con ese pasaje, Walsh cierra una de las reconstrucciones más impactantes del periodismo argentino, la misma que décadas después seguiría funcionando como prueba narrativa de lo que la justicia tardaría setenta años en reconocer como crimen de lesa humanidad.
La memoria de los sobrevivientes
En otra de las reconstrucciones -una grabación que circula entre testimonios y registros de memoria- se vuelve a situar el clima político que precedió a los fusilamientos de José León Suárez. Allí se recuerda que, en mayo de 1956, ya se conocía la preparación de un movimiento militar encabezado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, al que distintos sectores de la resistencia peronista decidieron adherir masivamente.

En ese relato se describe cómo la proclama comenzaba a filtrarse en los barrios populares, en un contexto atravesado por la precarización laboral y el regreso de formas de explotación sobre el mundo del trabajo. Las reuniones, según esa reconstrucción, se daban en espacios humildes, en casas particulares donde obreros y vecinos volvían a organizarse en torno a la expectativa de una posible apertura política.

En ese marco se ubica también el testimonio de Berta Carranza, hija de Nicolás Carranza, uno de los fusilados. Su voz reconstruye la escena de la noche del operativo en la localidad de Florida, cuando un grupo de trabajadores y vecinos se reunió en una vivienda para escuchar una pelea de boxeo, pero también -y sobre todo- para aguardar una proclama que, creían, llamaría a la movilización general en apoyo al levantamiento encabezado por Valle y Tanco.
Según su relato, la expectativa era que ese mensaje convocara a los trabajadores a dirigirse hacia Plaza de Mayo en el marco de una gran movilización por el retorno del general Juan Domingo Perón. Sin embargo, esa organización quedó trunca cuando la policía irrumpió en la vivienda, detuvo a los presentes y los trasladó primero a la comisaría de San Martín, donde permanecieron incomunicados antes de ser conducidos al lugar de la ejecución.

Carranza retoma entonces la secuencia final con una precisión que mezcla memoria familiar y reconstrucción histórica. Recuerda el momento del traslado al basural y la orden que marcó el inicio de los fusilamientos. En su relato, la escena vuelve a aparecer con los mismos elementos que décadas después reconstruiría la justicia: los detenidos frente a los efectivos, la orden de avanzar, las voces que insisten en su inocencia y la negativa que antecede a la violencia.

La camioneta, describe, detiene su marcha y los faros iluminan a los prisioneros en medio de la oscuridad. En ese instante, el jefe del operativo desciende con un arma en la mano y comienza la ejecución. Allí, dice, mueren su padre Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Lizaso, Mario Brión y Vicente Rodríguez, entre otros. También recuerda a quienes lograron sobrevivir, como Juan Carlos Livraga y otros que simularon estar muertos para evitar nuevas ráfagas, entre ellos Julio Troxler, cuya experiencia previa en contextos de guerra, señala, pudo haber sido determinante para salvar su vida.
El testimonio no se detiene sólo en la escena del fusilamiento, sino que se prolonga hacia la memoria política de la resistencia. Se mencionan los años posteriores, la persecución, el exilio y la continuidad de la militancia de quienes sobrevivieron o formaron parte de aquellos mismos espacios de organización. Entre ellos aparece la figura de Troxler como uno de los cuadros activos de la resistencia peronista, así como la trayectoria de la familia Lizazo en la zona de Vicente López, donde -según se recuerda- mantuvieron una fuerte presencia política y social.

En ese mismo registro de memoria aparece también una reflexión más íntima, donde el relato se desplaza desde lo colectivo hacia lo familiar. La herencia de la militancia, el compromiso social y la continuidad de esa historia en las generaciones siguientes son presentados como una marca que atraviesa biografías enteras. "Lo que me dejó mi viejo -se recuerda en ese testimonio- fue eso: los años de lucha, de trabajo social y de militancia política, y eso es lo que tomé como ejemplo y que no voy a dejar nunca", cierra una de las voces, condensando en esa frase la persistencia de una memoria que sigue actuando en el presente.

Fotos: Leo Vaca, Ariel Espósito, Derechos Humanos PBA

sábado, 27 de junio de 2026

Jujuy: operativo federal, orden de Lijo y denuncia de Bullrich en una detención cuestionada

Franco Oscari, integrante del MNCI, fue detenido en un operativo de la Policía Federal en Palma Sola que su defensa y organizaciones sociales denuncian como desproporcionado e irregular. La causa, impulsada por una denuncia por supuestas amenazas, se inscribe en un escenario más amplio de disputas territoriales, avance extractivo y criminalización de la protesta campesina en Jujuy
Franco Oscari, joven campesino del paraje Las Goteras, en la zona rural de Palma Sola, Jujuy, e integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), quedó detenido tras un operativo de la Policía Federal que, según su defensa y organizaciones sociales, se ejecutó de madrugada, con un despliegue considerado desproporcionado y en el marco de una causa judicial ordenada por el juez Ariel Lijo a partir de una denuncia por presuntas amenazas impulsada por la entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich.

El caso se inscribe en un escenario más amplio de conflictividad territorial en el norte jujeño, donde comunidades campesinas vienen sosteniendo disputas por la tierra frente al avance de proyectos extractivos y decisiones judiciales que, de acuerdo con el MNCI, en varios momentos habían resultado favorables a las familias del lugar. En ese contexto, la detención de Oscari fue leída por su entorno como un nuevo episodio de criminalización de la protesta rural. Mientras tanto, el joven permanece privado de su libertad en dependencias federales de San Salvador de Jujuy, a la espera de ser indagado, mientras su defensa reclama su liberación inmediata y cuestiona la legalidad del procedimiento.

En las horas posteriores a la detención se reconstruyó también un recorrido previo que sumó desconcierto: el traslado incluyó una parada en Tucumán que interrumpió el recorrido inicial, obligando luego a su retorno a Jujuy, en una secuencia que su entorno describe como confusa y sin información clara sobre los motivos del operativo.

Desde el lugar de detención en el que se encontraba en ese momento, el propio Oscari se presentó como "Franco Matías Javier Oscari" y relató que estaba alojado en la unidad federal de San Salvador de Jujuy, donde permanecía detenido por una denuncia que lo acusaba, según sus palabras, de supuestas amenazas contra Patricia Bullrich. En ese mismo mensaje, se definió como un "preso político" y apeló a la solidaridad pública, pidiendo empatía y apoyo para su liberación. Se describió a sí mismo como una persona de campo dedicada al trabajo rural y a la defensa de la soberanía ambiental, tanto en su vida personal como comunitaria, y reclamó de manera directa que "aboguen por su libertad".

Un operativo de madrugada en un paraje aislado
El joven también reconstruyó su origen territorial para contextualizar la situación: Las Goteras, explicó, es un paraje ubicado a unos 50 kilómetros de Palma Sola, en una zona de difícil acceso, donde el camino puede demandar alrededor de dos horas de recorrido campo adentro. Allí, según detalló, efectivos policiales llegaron específicamente para detenerlo. En ese mismo relato describió su vida cotidiana ligada a la producción agrícola y ganadera: el cultivo de papas, cebollas y ajo, la reciente cosecha de maíz, la crianza de chanchos, ovejas y vacas, la producción de leche y la recolección de miel en algunos casos. También mencionó su intento de volver a emprender una quinta junto a socios del territorio, en una economía de subsistencia atravesada por el trabajo familiar y comunitario. A ello sumó su trayectoria formativa, como exalumno de la Escuela Campesina de Santiago del Estero, su pertenencia histórica al MOCASE y su participación en la organización Tierra Fértil.

La reconstrucción del operativo aportada por su defensa profundiza el contraste entre ese mundo rural y el despliegue policial. La abogada María José Castillo describió que el 23 de junio, a las cinco de la madrugada, cuando todavía no había amanecido, personal de la Policía Federal ingresó al paraje Las Goteras mediante un allanamiento que calificó de violento. Según su relato, la irrupción incluyó el ingreso a la vivienda familiar, la reducción de las personas presentes —tiradas al piso durante el procedimiento—, el secuestro de teléfonos celulares y la detención de Oscari sin notificación previa ni explicación clara del motivo del operativo. La familia, sostuvo, se encontraba en un estado de absoluto desconcierto y temor ante una intervención que no había sido anticipada.

Castillo remarcó además la complejidad geográfica del territorio: para llegar a Las Goteras es necesario atravesar alrededor de 17 arroyos, en un paraje profundamente aislado, cercano al límite con la provincia de Salta, donde la presencia campesina convive con múltiples disputas por la tierra. En ese mismo lugar, señaló, la familia de Oscari atraviesa un conflicto territorial abierto. En ese marco, agregó un dato que suma dimensión al contexto: la madre del detenido había firmado el 17 de abril un amparo ambiental colectivo contra una empresa minera que extrae cobre en la zona de Palma Sola, actividad que, según denuncian, estaría generando daño sobre el bosque nativo.
La acusación judicial y el origen de la causa
Fue recién después de varias horas de incertidumbre, continuó la abogada, que lograron conocer el origen formal de la causa: una investigación radicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el juzgado del juez Ariel Lijo, vinculada a una denuncia de Patricia Bullrich por supuestas amenazas realizadas por Oscari a través de la red social Facebook. Para la defensa, ese encuadre resulta no solo llamativo sino "totalmente irregular y arbitrario", al considerar que la expresión en redes sociales no puede justificar una detención. En esa línea, sostuvo que una acusación por amenazas no debería implicar la privación de la libertad y cuestionó la validez del procedimiento desde su inicio.

Mientras la causa avanza en sede federal, Oscari continúa detenido en dependencias de la Policía Federal en Jujuy, a la espera de ser indagado. Su defensa insiste en que se trata de una detención injustificada y exige su liberación inmediata, en un caso que, entre el aislamiento del territorio, las disputas por la tierra y la intervención judicial a distancia, vuelve a poner en primer plano las tensiones entre criminalización, protesta rural y derechos en el norte argentino.

Gloria Mamani es una de las referentes campesinas e indígenas de la provincia de Jujuy. Integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y articulada también con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo –Vía Campesina–, su voz se inscribe en una trama más amplia de organizaciones rurales que en el norte argentino sostienen la defensa de la tierra, la soberanía alimentaria y los territorios comunitarios frente al avance del agronegocio, los proyectos extractivos y los intentos de desalojo. Productora rural de la zona de Palma Sola, Mamani forma parte de esas redes que, desde hace años, denuncian que los conflictos territoriales en Jujuy no son hechos aislados sino expresiones de una disputa estructural por el control de la tierra.

En ese contexto, la detención de Franco Oscari volvió a colocar en primer plano esas tensiones. Mamani lo define en Señales como un compañero del movimiento, un joven militante formado desde muy temprano en la militancia campesina, convencido —según su caracterización— de la soberanía alimentaria y de la necesidad de una reforma agraria integral y popular. Su recorrido, recuerda, incluye su paso por la Escuela Campesina de Santiago del Estero, en Quimilí, su participación en escuelas de memoria histórica, en campamentos latinoamericanos de jóvenes y en espacios internacionales vinculados a la CLOC y a la Vía Campesina. Ese trayecto político, sostiene, lo ubica dentro de una generación que articula la defensa del territorio con una lectura crítica del modelo económico vigente, al que describe como neoliberal y hostil hacia las comunidades rurales.

Minería, ambiente y conflicto territorial
Desde esa perspectiva, Mamani encuadra la detención de Oscari no como un hecho aislado, sino como parte de una conflictividad más profunda. En su lectura, el avance sobre los territorios campesinos se expresa en múltiples dimensiones: la presión del agronegocio, la expansión de proyectos mineros y los conflictos judiciales que, en reiteradas ocasiones, derivan en intentos de desalojo o en procesos de criminalización. "El agronegocio nos quiere despojar de nuestros lugares, de nuestros territorios donde producimos alimento", resume en su intervención, donde también subraya que, pese a las dificultades, las comunidades continúan produciendo alimentos y sosteniendo la vida rural.

En ese contexto, reconstruye el momento de la detención como un episodio de extrema violencia institucional. Según su relato, la irrupción policial se produjo el 23 de junio durante la madrugada, cuando Oscari se encontraba descansando junto a su familia en Las Goteras. La operación, afirma, no solo implicó el ingreso sorpresivo a un territorio aislado, sino también el impacto emocional inmediato sobre su entorno familiar. La escena, tal como la describe, fue vivida como "horrorosa" por la familia, en especial por la madre del joven, cuya salud se vio afectada por la incertidumbre sobre su paradero.

Uno de los ejes que Mamani enfatiza es la falta de información durante las primeras horas posteriores a la detención. Habla de una situación de "desaparición" en términos de desconcierto y ausencia de datos oficiales, en la que ni la familia ni las abogadas contaban con información clara sobre dónde había sido trasladado Oscari. Esa incertidumbre, relata, se extendió durante horas en las que incluso la madre del detenido debió ser contenida por descompensaciones reiteradas, mientras el entorno intentaba sostenerla sin respuestas concretas.

La dirigente campesina detalla además lo que considera múltiples irregularidades en el procedimiento: el ingreso nocturno sin información previa suficiente, la falta de comunicación inmediata sobre los motivos de la detención, la ausencia de notificación formal a la defensa en tiempo real y el traslado del joven sin aviso a su familia. Incluso menciona una situación posterior en la que, pese a que se habían acercado alimentos y pertenencias a la dependencia policial en San Salvador de Jujuy, se informó a los allegados que Oscari "estaba bien" y que no necesitaba nada, mientras en realidad ya había sido trasladado sin que su entorno lo supiera.

La secuencia se vuelve aún más confusa cuando, según su reconstrucción, la familia recién tomó conocimiento de la ausencia del detenido al momento de la visita formal, el jueves a las 14 horas. Para entonces, Oscari ya no se encontraba en la dependencia, sin que la defensa ni los familiares hubieran sido notificados de un traslado que incluso llegó a incluir su desplazamiento hacia Buenos Aires. Esa situación fue parcialmente revertida tras presentaciones judiciales de la defensa, que lograron frenar el avance del traslado, aunque la incertidumbre persistió en los días posteriores, con movimientos posteriores entre jurisdicciones que no siempre fueron informados de manera clara.

Traslados, incomunicación y un recorrido confuso
Mamani sostiene que todas estas decisiones se inscriben en resoluciones vinculadas al juez Ariel Lijo, quien habría ordenado el curso de la causa y, según la interpretación de la defensa, también el retorno del detenido a Jujuy tras las presentaciones judiciales. Sin embargo, advierte que incluso con esas resoluciones, la situación continuó siendo inestable, con traslados y reubicaciones que no siempre fueron debidamente comunicados, lo que profundizó la sensación de arbitrariedad.

Pero en su análisis, el caso excede lo estrictamente judicial. Mamani insiste en que no puede separarse la detención de Oscari del conflicto territorial que atraviesa Las Goteras y la zona de Palma Sola. Allí, recuerda, existía una orden de desalojo sobre las tierras donde vive la familia del joven, que había sido recientemente frenada por una presentación judicial que derivó en un fallo favorable para las comunidades el lunes 22, apenas un día antes de la detención.

A ese escenario se suma la dimensión ambiental del conflicto. La dirigente señala que la madre de Oscari forma parte de un amparo ambiental colectivo presentado el 17 de abril contra una empresa minera que explota cobre en las serranías de Santa Bárbara, bajo la razón social Mom Mining. Según su relato, se trata de un emprendimiento cuestionado por organizaciones locales por su impacto sobre el bosque nativo, en una zona donde —afirman— existen áreas clasificadas como protegidas en el ordenamiento territorial. También advierte que el avance minero ha llegado a regiones antes no intervenidas, ampliando el alcance de la explotación hacia zonas bajas de la provincia.

A la luz de ese contexto, las comunidades de Palma Sola sostienen que el proceso de autorización del proyecto presenta irregularidades, que no hubo consulta previa a los habitantes y que el emprendimiento se desarrolla en territorios ambientalmente sensibles. Para Mamani, este conjunto de factores permite comprender la detención de Oscari no solo como una acusación por supuestas amenazas en redes sociales, sino como parte de una disputa más amplia en la que convergen intereses económicos, judiciales y territoriales.

Así, la referente campesina cierra su intervención volviendo sobre esa idea central: que lo que está en juego en Las Goteras y en Palma Sola no es únicamente un conflicto puntual, sino la continuidad de un modo de vida campesino frente a procesos de concentración de la tierra y expansión extractiva que, según su mirada, amenazan tanto la producción de alimentos como la permanencia de las comunidades en sus territorios.

La mirada del MNCI: criminalización y modelo extractivo
Gloria Mamani vuelve a hablar desde la urgencia y la bronca contenida de quienes, desde hace años, sostienen la vida campesina en el norte jujeño mientras observan cómo los conflictos por la tierra se multiplican, se judicializan y, cada vez más, derivan en lo que describe como un proceso de criminalización sistemática de las comunidades indígenas y campesinas. Integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y articulada con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo –Vía Campesina–, la referente de Palma Sola enmarca la detención de Franco Oscari en ese entramado más amplio de disputa territorial, avance extractivo y presión sobre quienes producen alimentos en condiciones cada vez más adversas.

Para Mamani, lo que ocurre no es un hecho aislado sino la expresión de un proceso sostenido. Habla de criminalización cuando las comunidades reclaman por su propio territorio y lo vincula con una serie de agresiones cotidianas que, según describe, se han intensificado con el tiempo. Recuerda la exposición constante a fumigaciones con agrotóxicos en zonas rurales y periurbanas, incluso más allá de las temporadas tradicionales de aplicación. Antes, señala, los venenos se esparcían principalmente en verano, pero hoy —con la humedad y las variaciones climáticas— las fumigaciones se extienden durante todo el año, incluso en invierno, con el objetivo de acelerar procesos de secado para la cosecha. Esa dinámica, afirma, se traduce en un impacto directo sobre la salud, la producción y la vida de las familias campesinas.

La dirigente sostiene que, pese a haber obtenido fallos favorables en materia ambiental —incluso a nivel de la Corte Suprema en instancias previas de litigio cuando en la provincia no encontraban respuestas—, esas resoluciones no se cumplen en el territorio. Denuncia que las comunidades siguen siendo afectadas por las fumigaciones, que las plantas se pierden, que los animales enferman o mueren, y que incluso se registran ataques directos contra el ganado. En su relato, la violencia no es solo institucional o judicial, sino también material y cotidiana, en un entorno donde la producción de alimentos se vuelve cada vez más difícil de sostener.

Territorio, vigilancia y denuncias de persecución en zonas rurales
En esa trama, la figura de Franco Oscari aparece nuevamente como parte de una generación militante que, según Mamani, se organiza para defender el territorio frente a ese avance. La referente retoma la idea de que su detención no puede entenderse sin el contexto de Las Goteras y Palma Sola, una zona de difícil acceso donde la geografía misma condiciona la vida diaria. Describe un territorio atravesado por arroyos, con pasos que requieren cruzar hasta 17 veces cursos de agua, con grandes rocas y caminos que en épocas de lluvia se vuelven intransitables. En esos períodos, explica, el acceso solo es posible a caballo o caminando, lo que profundiza el aislamiento de las familias que viven allí.

Sin embargo, contrasta esa dificultad estructural con la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad, que —según su relato— lograron ingresar de madrugada al paraje en un operativo que no sería un hecho aislado. Mamani menciona antecedentes recientes de presencia de camionetas sin identificación en la zona, en las que inicialmente se presentaron como personal de la Policía Federal y luego como supuestos trabajadores de un censo agropecuario. Esos episodios, ocurridos aproximadamente un mes o mes y medio antes de la detención, son interpretados por ella como parte de un patrón de vigilancia y hostigamiento previo.

En su testimonio, la dirigente insiste en que esta secuencia configura un escenario de persecución creciente sobre las familias campesinas. En ese sentido, retoma el caso de Oscari para subrayar el impacto humano de los traslados y la falta de información durante el proceso judicial. Según reconstruye, el joven fue movido entre distintas jurisdicciones -Jujuy, Tucumán y luego Salta Capital- sin notificación clara a su defensa ni a su familia, lo que generó desconcierto y angustia tanto en él como en su entorno. Mamani relata que, en una comunicación reciente, Oscari se encontraba emocionalmente afectado, desorientado por los traslados y por la incertidumbre sobre su situación procesal, lo que también impactó en su familia directa.

Detención, traslados y denuncia de arbitrariedad
En ese contexto, la abogada del caso habría confirmado que el joven se encuentra actualmente detenido en dependencias de la Policía Federal en la ciudad de Salta. Para Mamani, esta situación profundiza la sensación de arbitrariedad, no solo por los cambios de lugar, sino también por las condiciones en las que se producen, con incomunicaciones temporales y falta de información clara sobre su paradero.

El propio Movimiento Nacional Campesino Indígena difundió un comunicado en el que advierte que Oscari permanece detenido en la delegación de la Policía Federal en Salta Capital, un edificio que además tiene una carga histórica particular: allí funcionó un centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar, reconocido como sitio de memoria desde 2012. El texto también señala que el joven logró comunicarse con su abogada luego de dos días de incomunicación y que, pese a la situación de traslados y tensiones, se encuentra íntegro y firme, sosteniendo —según la organización— que su detención tiene carácter político.

Desde esa misma declaración se denuncia que cada traslado implica la pérdida de pertenencias enviadas por sus compañeros y compañeras, lo que es interpretado como una forma de maltrato adicional. Aun así, el movimiento sostiene que en cada lugar por el que pasó el detenido recibió acompañamiento de organizaciones campesinas y de derechos humanos, que mantienen la exigencia de su liberación inmediata y el pedido de que la causa sea radicada en la provincia de Jujuy, y no en Buenos Aires, como parte de una disputa más amplia sobre la jurisdicción y el tratamiento judicial del caso.

A partir de allí, la Coordinadora por la Libertad de Franco Oscari refuerza el reclamo con un mensaje político más directo, en el que denuncia lo que considera un accionar desproporcionado del Estado y exige el cese de lo que describe como prácticas de amedrentamiento y ensañamiento. El cierre de esa posición colectiva resume la consigna que atraviesa toda la disputa: la exigencia de "libertad ya" para Oscari y el rechazo a la intervención de las autoridades nacionales en los territorios campesinos de Jujuy.

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