"Está en juego la democracia"
Mañana hay elecciones en Brasil y, de cara a una jornada que vuelve a poner al país ante una definición política de enorme trascendencia, Emir Sader se muestra ansioso. "Quisiera que fuera a votar hoy y no mañana", dice el escritor, sociólogo y político brasileño, una de las voces más reconocidas de la izquierda latinoamericana.
Profesor y autor de numerosos libros sobre política, sociedad y América Latina, Sader ha dedicado buena parte de su trayectoria al análisis de los procesos políticos de la región y, particularmente, de Brasil. Durante estos días estuvo en la Argentina y, como uno de los principales estudiosos de los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y de las transformaciones políticas y sociales brasileñas de las últimas décadas, observa la elección desde una perspectiva que excede la disputa entre dos candidaturas.
Para Sader, lo que está en juego es mucho más que una competencia electoral. Recuerda que, en otros momentos, como cuando Lula disputaba elecciones contra Fernando Henrique Cardoso, la diferencia también era profunda. "Disputar con Fernando Henrique Cardoso era disputar dos políticas económicas radicalmente distintas, pero en el marco de la democracia", dice. Ahora, sostiene, el escenario es diferente.
"El padre del candidato de la derecha está en verdad preso por intento de golpe para impedir que Lula, que había ganado la elección, tomara posesión", afirma. Por eso entiende que la contienda actual no puede ser leída únicamente como una diferencia entre programas económicos.
"Uno es neoliberal, el otro es antineoliberal. Uno privilegia la justicia fiscal, el otro privilegia las políticas sociales. Esas son diferencias importantes, pero está en juego, en verdad, la democracia en Brasil con todas las proyecciones que hay hacia el resto de América Latina", plantea.
En esa dimensión regional aparece también la Argentina. Sader recuerda una conversación con Cristina Fernández de Kirchner, quien, según relata, le planteó: "Mira, no sirve que ganemos acá si Lula no gana en Brasil, estaríamos igual, aislados". Desde su perspectiva, la suerte electoral brasileña no queda circunscripta a las fronteras del país, sino que tiene consecuencias sobre el escenario político latinoamericano.
Sader dice esperar una victoria de Lula y plantea como principal incógnita si llegará en la primera o en una segunda vuelta.
Una elección competitiva pese a los números económicos
Su expectativa se apoya, entre otros elementos, en la evolución de los indicadores económicos durante el tercer gobierno de Lula. Según destaca, la economía crece, el país registra uno de los menores niveles de desempleo de América Latina y la inflación se ubica alrededor del 3% anual. "Tres por ciento al año en un país que ya tuvo hiperinflación", subraya.
Sin embargo, esos resultados no alcanzan, a su entender, para explicar por qué la elección continúa siendo competitiva. Sader identifica dos factores principales. El primero es el papel de los medios de comunicación.
Aunque aclara que "ninguno exalte al hijo de Bolsonaro", sostiene que existe una cobertura que pone el foco fundamentalmente en las dificultades de Lula, aun cuando, según su interpretación, "todos los indicios son positivos".
A su juicio, detrás de esa actitud existe una diferencia de intereses. "Les molesta que Lula gane y que gane fuerte en primera vuelta", sostiene. La razón, interpreta, estaría vinculada con la orientación económica del gobierno: "Sobre todo porque Lula tiene una política, repito, antineoliberal, y ellos reflejan los intereses del gran capital en general, que es neoliberal".
El segundo factor es el vínculo de los jóvenes con la política. Para Sader, se trata de un problema importante. "Los jóvenes son los menos interesados en política", afirma. Lo explica por una distancia generacional y cultural que, según considera, dificulta que el discurso político tradicional llegue a ellos.
"Están en otra onda, están en su mundo, en sus cosas, y la política, como está haciendo esta, no llega hasta ellos", señala.
En esa dificultad también encuentra un desafío para quienes defienden la democracia. Sader sostiene que habría que lograr que los jóvenes comprendan que incluso aquello que aparece como una defensa de la libertad individual depende de la existencia de un sistema democrático. "Habría que convencerlos de que su libertad individual, ya sea lo que les dé la gana, etcétera, solo se puede dar en democracia. Pero no hemos logrado hasta ahora hacerlo", reconoce.
Del empate técnico a la ventaja de Lula
La evolución de la campaña también forma parte de su análisis. Durante muchas semanas y meses, explica, la elección estuvo marcada por un empate técnico. "Ahora ya no", afirma. Según Sader, las encuestas más recientes muestran una ventaja clara de Lula, de entre cinco y siete puntos.
El sociólogo atribuye parte de ese cambio a una serie de acontecimientos ocurridos durante la última semana de campaña. Entre ellos menciona las informaciones vinculadas con el hijo de Bolsonaro y las prostitutas, y la polémica en torno a Nossa Senhora Aparecida, patrona de Brasil. Lula tomó rápidamente la escena: apareció en varias fotografías sosteniendo imágenes de la virgen y se refirió a la controversia con una cautela calculada: “No sé si es noticia falsa. (...) Eso sí tiene mucha repercusión en las redes sociales”.
A eso suma una medida adoptada por Lula frente a las apuestas. El presidente brasileño firmó una medida provisional que, según relata Sader, prohíbe las apuestas de cuota fija y los juegos online. Para el sociólogo, se trata de una política vinculada con "el combate que hace Lula al vicio de jugar la gente", es decir, al problema de los juegos de azar y sus consecuencias sociales.
La medida, sostiene, tuvo una recepción particularmente favorable entre las madres de familia que enfrentan problemas relacionados con familiares que juegan. "Cayó muy bien, sobre todo con las madres de familia que tienen problemas con el marido, con los hijos que juegan y tienen mucho problema", explica.
Desde esa perspectiva, Sader observa que en los últimos días se acumularon acontecimientos y decisiones que, según su lectura, favorecieron a Lula y perjudicaron a su adversario. Ese conjunto de factores, sumado a la ventaja que muestran las encuestas, alimenta su expectativa de una posible victoria en primera vuelta.
Para lograrla, recuerda, el candidato necesita superar el 50% de los votos. La presencia de varios candidatos menores, que todavía conservan una parte del electorado aunque sus porcentajes se hayan reducido, hace que alcanzar ese umbral no sea sencillo.
"Como hay varios candidatos chicos que están achicándose más, pero siempre sacan votos, entonces no es fácil llegar al 51%", explica.
Lula, sin embargo, había insistido públicamente en que ganaría en primera vuelta. Sader interpreta esa afirmación también como una herramienta de campaña: "A ver, lo hace también para pasar confianza a las personas".
El debate que TV Globo no pudo hacer
La estrategia de Lula durante las últimas horas de campaña rompió además con una tradición política y mediática brasileña. TV Globo había organizado el tradicional debate de cierre, un espacio de enorme audiencia que, de acuerdo con Sader, históricamente tuvo capacidad para intervenir en la etapa final de los procesos electorales.
Pero Lula decidió no participar. Según explicó Sader, el presidente consideraba que el formato le reservaba una desventaja: tendría "24 minutos en contra de él y 6 minutos para defenderse". En lugar de asistir al debate, optó por concurrir a otro programa, emitido en el mismo horario, para exponer directamente sus posiciones.
La decisión tuvo una consecuencia inesperada: Flavio Bolsonaro tampoco concurrió. Ante la ausencia de los dos principales candidatos, TV Globo terminó cancelando el programa.
"Los dos principales candidatos decidieron no ir, TV Globo canceló su programa, no hubo el programa", relató Sader, para quien aquello terminó convirtiéndose en "una victoria de Lula".
La importancia de la decisión, sostiene, no estuvo solamente en la audiencia que consiguió el programa alternativo. Para Sader, el episodio tuvo además un significado político: TV Globo no pudo ocupar ese lugar tradicional de intervención en la fase final de la campaña.
La controversia alcanzó también al papel de la Justicia. La Asociación Internacional de Radiodifusión había difundido un comunicado en el que cuestionaba la intervención judicial en el episodio. Sader relativizó esa discusión y puso el foco en quién termina teniendo capacidad efectiva para condicionar el proceso electoral.
"No importa si tiene poder el Judiciario o no, interesa que se suspendió el poder discrecional. Si no es el Judiciario, es TV Globo que decide", sostuvo.
En esta ocasión, consideró, la cadena no pudo imponer su formato habitual. "Tuvo que ir a radio, con la cara de póster, digamos, para decir que no iba a haber el programa tradicional que ellos hacían", relató.
En el trasfondo de la disputa aparecía además otro elemento: la intención del sector de Flavio Bolsonaro de utilizar la ausencia de Lula como una imagen permanente durante la campaña. Según Sader, la estrategia consistía en mostrar una silla vacía que simbolizara su ausencia y permitiera formular acusaciones sin que el candidato estuviera presente para responderlas.
"Esa era la imagen que querían proyectar y no lo pudieron hacer", afirmó.
Trump, la soberanía y el discurso nacionalista
La dimensión internacional de la campaña había ganado, entretanto, una presencia cada vez mayor. La relación con Donald Trump y la cuestión de la soberanía brasileña se instalaron como uno de los temas del tramo final.
Sader considera que la presión estadounidense terminó produciendo, según su interpretación, un efecto electoral favorable a Lula, incluso hasta el punto de que Flavio Bolsonaro habría pedido a Trump que dejara de intervenir de esa manera.
"Favoreció tanto a Lula que Flavio Bolsonaro pidió que Trump no lo hiciera más, porque Lula parece defendiendo el interés de los brasileños frente a una ofensiva externa", sostuvo.
Según su lectura, la intervención de Trump permitió a Lula presentarse como defensor de los intereses nacionales frente a una presión proveniente del exterior. La situación habría generado una paradoja para el propio candidato de la derecha.
"Dijo, no, déjalo para hacerlo después, déjalo, porque ahora solo favorece a Lula", relató Sader.
Lula, además, no evitó confrontar políticamente con Trump. "Lula hace campaña en contra de Trump también", señaló Sader, quien describió el discurso del presidente brasileño como de fuerte contenido nacionalista y antiimperialista.
Brasil y Argentina: un eje en disputa
Para Sader, la elección brasileña no puede separarse del futuro político de la Argentina. Su vínculo con el país, donde residió durante largos períodos, atraviesa también su interpretación del escenario regional.
Desde su perspectiva, una eventual continuidad de Lula en el gobierno convertiría a la Argentina en el siguiente gran escenario político de América Latina.
"Creo que después de la victoria de Lula, la elección más importante es la de Argentina", afirmó. En ese punto expresó su expectativa de que pueda imponerse Axel Kicillof y que, a partir de allí, se recomponga lo que considera un eje fundamental de la región: Brasil, México y Argentina.
La recomposición de ese eje tendría, además, una dimensión económica y geopolítica. Sader mencionó la posibilidad de fortalecer nuevamente el Mercosur y planteó incluso la eventual incorporación de la Argentina a los BRICS.
En su interpretación, las trayectorias políticas de Brasil muestran que los ciclos pueden revertirse. Lula estuvo preso y posteriormente volvió a la presidencia de Brasil. Dilma Rousseff sufrió un impeachment y hoy ocupa la presidencia del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS.
"Se puede dar la vuelta, se puede dar la vuelta y Argentina va a dar la vuelta", sostuvo.
En esa misma lectura regional ubicó a otros gobiernos latinoamericanos. Mencionó también a Cuba y sostuvo que las dificultades que atraviesa la isla contribuyen a debilitar ese espacio político regional. Para Sader, una de las razones de fondo se encuentra en el modelo económico dominante.
"Tiene una política económica neoliberal que no atiende a los intereses de las personas", afirmó. Su crítica al neoliberalismo atraviesa, en definitiva, buena parte de su interpretación de la coyuntura latinoamericana.
"Están prisioneros del neoliberalismo", sostuvo al referirse a determinados gobiernos de la región, y agregó una afirmación que sintetiza su posición política: "El neoliberalismo fracasó en América Latina y en todas partes del mundo".
Como argumento, planteó una pregunta: "¿Qué país dice ‘soy neoliberal’ y la gente está muy contenta y las cosas van a mover? Ningún país, ningún país".
Un libro para entender el ciclo de Lula
Antes de despedirse, Sader aprovechó la conversación para anunciar la publicación en la Argentina de su último libro, Lula y la izquierda del siglo XXI. Neoliberalismo y posneoliberalismo en Brasil y en América Latina, editado por Colihue. El volumen propone un recorrido por la historia reciente de Brasil desde la primera presidencia de Lula hasta la llegada de Jair Bolsonaro, de la mano de uno de los más reconocidos intelectuales brasileños de la actualidad.
El libro parte de una particularidad de la historia brasileña de la segunda mitad del siglo XX: mientras buena parte de América Latina atravesaba otros procesos políticos y económicos, la dictadura militar brasileña pudo beneficiarse del tramo final del más largo ciclo expansivo del capitalismo. Sader analiza cómo ese contexto permitió una etapa de fuerte crecimiento económico, sostenida en la sobreexplotación de los trabajadores y acompañada por una intensa concentración del ingreso.
En ese proceso surgió un nuevo sector de la clase obrera que terminaría siendo decisivo para la política brasileña y que, según el recorrido que propone el autor, daría nacimiento al Partido de los Trabajadores (PT). La posterior transición democrática, sostiene Sader, no logró extender plenamente la democratización al terreno económico y social. Fue en ese escenario que, en 2002, Luiz Inácio Lula da Silva, proveniente de aquella nueva clase obrera, llegó por primera vez a la presidencia.
Para Sader, Lula se convirtió en una figura central de la izquierda del siglo XXI porque logró comprender las características del neoliberalismo y desarrollar una estrategia política orientada a enfrentarlo y superarlo. El libro se detiene precisamente en ese proceso y en las transformaciones que implicaron las presidencias del PT.
Pero la experiencia brasileña, plantea el autor, tampoco puede entenderse de manera aislada. El ciclo de Lula coincidió con la emergencia de otros liderazgos de izquierda y progresistas en América Latina: Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, José Mujica en Uruguay y, de manera central, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina. Para Sader, ese proceso permitió recuperar una coordinación regional que había quedado debilitada y convirtió al liderazgo de Lula en parte de un movimiento político latinoamericano de mayor alcance.
Lula y la izquierda del siglo XXI se presenta así como un análisis de las condiciones que hicieron posible la irrupción de Lula en la política brasileña, de las continuidades y rupturas respecto de las izquierdas del siglo XX y de la proyección regional y mundial de su experiencia política. También se pregunta por el futuro de la izquierda latinoamericana frente a los nuevos escenarios políticos y económicos de la región.
El libro, contó Sader, ya se encuentra disponible en las librerías argentinas. Y el dato no resulta menor dentro de una conversación atravesada de principio a fin por la figura de Lula: mientras Brasil se prepara para volver a las urnas, el propio entrevistado propone mirar más allá de la coyuntura electoral y reconstruir el recorrido histórico que convirtió al dirigente brasileño en uno de los protagonistas centrales de la política latinoamericana contemporánea.
Con el cierre de la campaña cada vez más cerca y las urnas a punto de abrirse, Sader dejó planteada también una última expectativa, casi como una promesa de continuidad para la conversación: esperaba volver a hablar después de la elección, "para conmemorar el domingo o el lunes".
La frase quedó suspendida sobre una elección que, en su interpretación, no se reduce a la definición de un presidente. Brasil llega a las urnas ante una disputa que, para Sader, puede definir también el rumbo político de buena parte de América Latina.
Un libro para entender el ciclo de Lula
Antes de despedirse, Sader aprovechó la conversación para anunciar la publicación en la Argentina de su último libro, Lula y la izquierda del siglo XXI. Neoliberalismo y posneoliberalismo en Brasil y en América Latina, editado por Colihue. El volumen propone un recorrido por la historia reciente de Brasil desde la primera presidencia de Lula hasta la llegada de Jair Bolsonaro, de la mano de uno de los más reconocidos intelectuales brasileños de la actualidad.
El libro parte de una particularidad de la historia brasileña de la segunda mitad del siglo XX: mientras buena parte de América Latina atravesaba otros procesos políticos y económicos, la dictadura militar brasileña pudo beneficiarse del tramo final del más largo ciclo expansivo del capitalismo. Sader analiza cómo ese contexto permitió una etapa de fuerte crecimiento económico, sostenida en la sobreexplotación de los trabajadores y acompañada por una intensa concentración del ingreso.
En ese proceso surgió un nuevo sector de la clase obrera que terminaría siendo decisivo para la política brasileña y que, según el recorrido que propone el autor, daría nacimiento al Partido de los Trabajadores (PT). La posterior transición democrática, sostiene Sader, no logró extender plenamente la democratización al terreno económico y social. Fue en ese escenario que, en 2002, Luiz Inácio Lula da Silva, proveniente de aquella nueva clase obrera, llegó por primera vez a la presidencia.
Para Sader, Lula se convirtió en una figura central de la izquierda del siglo XXI porque logró comprender las características del neoliberalismo y desarrollar una estrategia política orientada a enfrentarlo y superarlo. El libro se detiene precisamente en ese proceso y en las transformaciones que implicaron las presidencias del PT.
Pero la experiencia brasileña, plantea el autor, tampoco puede entenderse de manera aislada. El ciclo de Lula coincidió con la emergencia de otros liderazgos de izquierda y progresistas en América Latina: Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, José Mujica en Uruguay y, de manera central, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina. Para Sader, ese proceso permitió recuperar una coordinación regional que había quedado debilitada y convirtió al liderazgo de Lula en parte de un movimiento político latinoamericano de mayor alcance.
Lula y la izquierda del siglo XXI se presenta así como un análisis de las condiciones que hicieron posible la irrupción de Lula en la política brasileña, de las continuidades y rupturas respecto de las izquierdas del siglo XX y de la proyección regional y mundial de su experiencia política. También se pregunta por el futuro de la izquierda latinoamericana frente a los nuevos escenarios políticos y económicos de la región.
El libro, contó Sader, ya se encuentra disponible en las librerías argentinas. Y el dato no resulta menor dentro de una conversación atravesada de principio a fin por la figura de Lula: mientras Brasil se prepara para volver a las urnas, el propio entrevistado propone mirar más allá de la coyuntura electoral y reconstruir el recorrido histórico que convirtió al dirigente brasileño en uno de los protagonistas centrales de la política latinoamericana contemporánea.
Con el cierre de la campaña cada vez más cerca y las urnas a punto de abrirse, Sader dejó planteada también una última expectativa, casi como una promesa de continuidad para la conversación: esperaba volver a hablar después de la elección, "para conmemorar el domingo o el lunes".
La frase quedó suspendida sobre una elección que, en su interpretación, no se reduce a la definición de un presidente. Brasil llega a las urnas ante una disputa que, para Sader, puede definir también el rumbo político de buena parte de América Latina.
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