sábado, 4 de julio de 2026

Costanera Norte en disputa: Conducto Piaggio, parque acuático y un Concejo que votó sin cerrar nada

El pedido de informes al Ejecutivo municipal sobre el Conducto Piaggio, en la Costanera Norte, fue rechazado, pero el debate dejó una sesión cargada de cruces políticos, acusaciones de judicialización y reproches cruzados por el proyecto urbanístico. Entre abstenciones, chicanas y la lectura de expedientes judiciales en pleno recinto, el Concejo funcionó como caja de resonancia de un conflicto que ya excede el expediente y expone, sin disimulos, las tensiones de fondo sobre el modelo de ciudad y el futuro de la ribera rosarina

Todo lo ocurrido en el Concejo Municipal de Rosario durante la sesión del jueves 2 de julio —una discusión extensa, cargada de cruces políticos y centrada en un pedido de informes al Ejecutivo sobre el Conducto Piaggio— adquiere hoy otra densidad: no como un episodio cerrado, sino como parte de un conflicto que excede al propio recinto y que quedó atravesado por una decisión judicial que reordena tiempos, estrategias y lecturas políticas.

Al día siguiente del debate, en un contexto marcado por el inicio de la feria judicial y la atención pública dispersa por un partido de fútbol, se conoció el rechazo de la medida cautelar que buscaba frenar las obras del parque acuático. El fallo habilita al municipio a continuar con los trabajos mientras avanza el amparo presentado por Ciudad Futura, que mantiene abierto el cuestionamiento sobre la legalidad del proyecto. La oposición, que impulsó la cautelar, adelantó que apelará la resolución y sostiene que la discusión de fondo —si el Ejecutivo podía avanzar sin intervención del Concejo— aún no tiene una definición judicial firme.

A continuación, la crónica de lo ocurrido en el recinto, reconstruida a partir de los audios compartidos en Señales:

El expediente como síntoma de un conflicto mayor y la denuncia por la falta de debate sobre el parque acuático

El expediente parecía, en principio, circunscribirse a un pedido de informes sobre el estado del Conducto Piaggio. Sin embargo, apenas comenzó el tratamiento en el recinto del Concejo Municipal, quedó claro que la discusión desbordaba ampliamente ese punto técnico. La intervención del concejal Julián Ferrero, de Ciudad Futura, se encargó de situar el debate en un escenario más amplio: el de una sucesión de iniciativas que, según denunció, durante los últimos meses no lograron siquiera llegar al recinto por decisiones políticas que evitaron discutir el futuro de la costa rosarina y, particularmente, el proyecto del parque acuático.

Ferrero comenzó ubicando el expediente dentro de una larga lista de proyectos que habían ingresado al Concejo durante los últimos sesenta días. Aclaró que se trataba de "uno de todos los expedientes que ingresaron los últimos meses al Concejo y que estuvimos discutiendo en diferentes comisiones vinculadas a la problemática del parque acuático". Pero, enseguida, marcó una diferencia: este había conseguido avanzar donde la inmensa mayoría había quedado estancada.

Según detalló, fueron más de quince las iniciativas presentadas en ese período, impulsadas por vecinos, organizaciones sociales y distintos bloques políticos. "La enorme mayoría no corrió con esta suerte", sostuvo, al recordar que esos expedientes nunca alcanzaron el tratamiento en el recinto.

Para respaldar esa afirmación repasó algunos ejemplos. Recordó que el concejal Leonardo Caruana había impulsado un proyecto para incorporar instancias de evaluación vecinal en los desarrollos urbanísticos y otro para convocar a una consulta popular que permitiera que la ciudadanía decidiera sobre el proyecto del parque acuático. También mencionó la presentación de más de cuatro mil firmas reunidas por vecinos y vecinas de Rosario para declarar patrimonio histórico, cultural, social, deportivo y paisajístico al complejo ribereño de la Rambla Catalunya, una iniciativa que tampoco prosperó.

En ese recorrido incluyó además el expediente impulsado por la organización El Paraná No Se Toca, al que definió como un caso singular dentro del proceso legislativo. Según recordó, los concejales de La Libertad Avanza habían acompañado la iniciativa en una de las comisiones, pero luego se ausentaron en otra instancia de tratamiento, lo que —afirmó— terminó bloqueando su avance.

Para Ferrero, la explicación de ese recorrido legislativo no era casual. Atribuyó la falta de tratamiento de la mayoría de los expedientes a "un acuerdo que hizo en su momento Unidos junto al bloque libertario para evitar hablar en este lugar de la problemática del parque acuático". Esa decisión política, aseguró, desplazó el debate institucional hacia la calle. "Mucho se discutió afuera, mucho lo discutió la gente y poco, lamentablemente, lo pudimos discutir los concejales y las concejalas de Rosario, que es donde siempre se debería haber debatido sobre este tema", expresó.

A partir de allí, el concejal concentró su exposición en el expediente que sí había llegado al recinto. Explicó que el decreto tenía dos objetivos claramente diferenciados. El primero consistía en solicitar información precisa al Departamento Ejecutivo sobre la situación del Conducto Piaggio, una infraestructura cuya problemática había adquirido visibilidad pública en los días previos.

Ferrero enumeró uno por uno los interrogantes incluidos en el pedido de informes: desde cuándo el municipio tenía conocimiento de la situación; qué áreas habían intervenido en su seguimiento y evaluación; cuáles habían sido las causas que demoraron o impidieron ejecutar las obras necesarias; si se habían realizado estudios de calidad del agua, monitoreos ambientales o análisis de los efluentes asociados al conducto; y cuál era el presupuesto previsto para ejecutar las obras que demandara su reparación.

Pero el proyecto no se detenía en la búsqueda de respuestas administrativas. El segundo eje, explicó, proponía una intervención concreta del municipio si se confirmaba una sospecha que había comenzado a instalarse durante el conflicto. "Si es efectivamente un conducto originalmente pluvial, pero que después por alguna razón se convirtió en un conducto cloacal", describió, significaría que una parte importante de los desechos cloacales de Rosario estaría siendo descargada directamente sobre el río Paraná.

Ante esa posibilidad, sostuvo que el Ejecutivo debía actuar de inmediato. No encontró argumentos que justificaran una demora y recordó que el decreto establecía expresamente que, "en caso de verificarse la existencia de riesgos ambientales", el Departamento Ejecutivo debía proceder a su inmediata mitigación y ejecutar las obras necesarias para garantizar la protección del ambiente y de la salud pública.

Antes de cerrar su intervención, Ferrero buscó despejar cualquier interpretación que vinculara el pedido de informes con una oposición general a las obras previstas para la zona norte de la ciudad. Reivindicó la necesidad de recuperar un sector históricamente postergado y aclaró que su bloque acompañaba la puesta en valor de La Florida. "Estamos a favor de las obras que permitan levantar todo ese sector que históricamente estuvo muy abandonado", afirmó.

La diferencia, remarcó, aparecía cuando esa recuperación incluía la construcción del parque acuático. Allí fue categórico: "Estamos en contra de la construcción del parque acuático". Y cerró vinculando esa posición con un clima social que, según interpretó, excedía largamente a su bloque político. "Nosotros como concejales y, evidentemente, una enorme mayoría de rosarinos y rosarinas que se fueron manifestando este último tiempo", concluyó, dejando planteado que el verdadero conflicto discutido en el recinto ya no era únicamente el estado del Conducto Piaggio, sino el modelo de intervención que debía definir el futuro de uno de los sectores más sensibles de la ribera rosarina.

Una red de conductos cloacales invisibles y la advertencia sobre un problema estructural en la ciudad
La discusión dio entonces un giro. Si Ferrero había utilizado el Conducto Piaggio como puerta de entrada para cuestionar el tratamiento político del proyecto del parque acuático, el concejal Mariano Romero, del bloque Peronista, amplió el foco y desplazó la atención hacia un problema estructural que, según planteó, excede ampliamente ese caso puntual.

Romero comenzó señalando que compartía "el espíritu" y las preocupaciones expresadas por el concejal preopinante, aunque advirtió que el debate no podía agotarse en un único conducto. A su entender, el caso Piaggio había cobrado notoriedad principalmente por su cercanía con el proyecto del parque acuático, pero representaba apenas una parte de una situación mucho más extensa y antigua.

En ese sentido recordó que, solamente en el área central de Rosario, existen al menos diez conductos similares. Explicó que la denominación "Conducto Piaggio" responde simplemente a la calle que atraviesa la barranca antes de desembocar en el río Paraná, pero enumeró inmediatamente otros casos que atraviesan el casco urbano: Vera Mujica, Oroño, Paraguay, Mitre, Sarmiento, Santa Fe, Rioja, Mendoza, Montevideo y 27 de Febrero. Según detalló, varios de ellos transportan incluso un caudal superior al del Piaggio y presentan condiciones similares o aún más críticas.

El concejal sostuvo que algunos de esos conductos, particularmente los más antiguos ubicados en el centro de la ciudad, fueron concebidos originalmente como desagües cloacales y continúan descargando líquidos sin tratamiento directamente al Paraná. Describió que muchos se encuentran "en condiciones deplorables", producto del deterioro acumulado y de la ausencia de mantenimiento o de obras de infraestructura durante años.

Para Romero, esa realidad obliga a pensar el problema desde otra escala. Afirmó que tanto el municipio como la provincia tienen una enorme responsabilidad pendiente y vinculó esa situación con los cuestionamientos que su bloque ya había planteado durante el debate por el parque acuático, especialmente en relación con la necesidad de contar con una planta de tratamiento adecuada y con el estado de los grandes emisarios de la ciudad.

En ese punto recordó que Rosario posee dos grandes sistemas de descarga: el emisario 9, ubicado a la altura de Puerto Norte, y el emisario sur, cercano a Gutiérrez y el río. Sobre este último insistió en que constituye la situación más grave. Recordó que el conducto "estalló" y permanece hoy expuesto, mientras las obras previstas para su recuperación todavía no comenzaron en su segunda etapa.

A ese panorama sumó otros dos emisarios que, aunque se encuentran fuera de los límites administrativos de Rosario, también impactan sobre la dinámica ambiental del río: uno ubicado en Granadero Baigorria, prácticamente sobre el límite norte de la ciudad, y otro hacia el sur, en Villa Gobernador Gálvez. Sin embargo, insistió en que entre esos grandes puntos de descarga existe una extensa red de conductos menores que reproducen la misma problemática.

Por eso volvió a relativizar el carácter excepcional del Conducto Piaggio. A su entender, adquirió visibilidad exclusivamente porque quedó asociado al conflicto generado alrededor del parque acuático. "En el medio hay muchísimos Conductos Piaggio", resumió, para señalar que el problema es sistémico y no una anomalía aislada.

Romero sostuvo que una de las prioridades estructurales que debería asumir la ciudad pasa precisamente por intervenir sobre esos desagües pluviales y cloacales que vuelcan efluentes crudos al Paraná. Explicó que muchos presentan un avanzado deterioro y continúan funcionando sin las obras de mantenimiento necesarias, situación que compromete tanto la calidad ambiental como la salud pública.

Como ejemplo gráfico de esa realidad, afirmó que basta recorrer la costa desde el río —ya sea en una embarcación o mediante imágenes aéreas tomadas con un dron— para observar la sucesión de conductos descargando líquidos cloacales sin tratamiento. Según describió, varios permanecen completamente al descubierto y exhiben un evidente estado de deterioro.

Hacia el final de su intervención, el concejal volvió sobre la dimensión política del problema. Consideró que este tipo de obras de saneamiento rara vez ocupan un lugar central en la agenda pública porque son intervenciones invisibles, complejas y costosas. Sin embargo, remarcó que se trata de inversiones que impactan directamente sobre la calidad de vida de los rosarinos y sobre la posibilidad de recuperar plenamente el vínculo de la ciudad con el río.

Incluso proyectó esa discusión hacia futuros desarrollos urbanos. Señaló que cualquier intento por ampliar hacia el sur el aprovechamiento público de la costa rosarina chocará inevitablemente con la presencia de una cantidad "inconmensurable" de conductos que continúan vertiendo líquidos cloacales sin tratamiento al Paraná. Por eso concluyó que el saneamiento de esa infraestructura debería convertirse en una prioridad estratégica para el municipio, una agenda que —según cuestionó— todavía permanece relegada frente a otras obras de mayor visibilidad política.

Normativa urbana, plaza Berni y cuestionamientos al procedimiento legal del proyecto en la Costanera Norte

La intervención de María Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, retomó el eje político del debate y puso el foco sobre el discurso oficial en torno al proyecto. Más que detenerse en las características técnicas del Conducto Piaggio, buscó contrastar los argumentos utilizados por el oficialismo dentro del Concejo con el relato que, según sostuvo, el Ejecutivo viene construyendo públicamente sobre la obra y sobre el rol de la oposición.

Comenzó recordando que, durante el tratamiento del expediente en la Comisión de Obras Públicas, la mayoría oficialista había utilizado determinados argumentos para rechazar el pedido de informes. Vinculó esa posición con las declaraciones que, de manera reiterada, viene realizando el intendente, a quien cuestionó por insistir en que la oposición busca frenar las obras y obstaculizar el desarrollo de la ciudad.

Para Gigliani, ese planteo omite un dato central: el tiempo de gestión del propio Ejecutivo. "El intendente no asumió ayer", remarcó, al sostener que, si el municipio conocía desde hace tiempo la existencia de un conducto que había dejado de cumplir una función exclusivamente pluvial para transformarse, en los hechos, en un conducto cloacal que contamina el río Paraná, no podía deslindar responsabilidades. "Nadie puede alegar su propia torpeza", afirmó, para agregar que, en todo caso, el intendente debería explicar por qué, durante su gestión, no impulsó las intervenciones que esa situación requería.

A partir de allí, la concejala volvió sobre la discusión de fondo alrededor del parque acuático. Aclaró que no pretendía repetir todos los argumentos que ya habían sido expuestos en debates anteriores, pero sostuvo que el oficialismo había modificado deliberadamente el eje comunicacional del proyecto. Según planteó, inicialmente la propuesta había sido presentada públicamente como la construcción de un parque acuático. Sin embargo, cuando esa iniciativa comenzó a encontrar resistencia social, el discurso oficial pasó a concentrarse en la necesidad de intervenir sobre el Conducto Piaggio.

Para sostener esa afirmación recurrió a un documento concreto. Recordó que ya había exhibido ese material durante la reunión de la Comisión de Obras Públicas y decidió volver a hacerlo en el recinto. Con el pliego licitatorio en la mano, señaló que el propio título de la convocatoria era "Parque Acuático Costanera Norte", una denominación que, a su entender, dejaba en evidencia cuál era el verdadero eje del proyecto.

Con ironía, afirmó que bastaría preguntarle "a un niño de jardín de infantes" cuál era el elemento central de esa licitación para obtener una respuesta evidente: el parque acuático. Luego describió el contenido de la memoria descriptiva y explicó que recién al final del documento, en un apartado de menor relevancia visual que incluso dijo haber marcado con resaltador color fucsia, aparecía mencionada la modificación del Conducto Piaggio. Allí se establecía que, como parte de la obra, se realizaría la adecuación del conducto de desagües pluviales mediante la construcción del tramo correspondiente hasta una base existente sobre la costa del río Paraná.

Para Gigliani, esa ubicación dentro del pliego resultaba reveladora. "Esa es la importancia y la relevancia que el intendente le dio al Conducto Piaggio en el pliego", sostuvo. Incluso fue un paso más allá al afirmar que el municipio había terminado otorgándole mayor protagonismo al conducto en las piezas difundidas a través de las redes sociales que en la propia documentación oficial de la licitación.

A su entender, esa diferencia entre los documentos administrativos y la comunicación pública exponía una contradicción. "Una cosa es lo que pasa en los hechos y otra cosa es lo que se dice", resumió, al cuestionar el cambio de narrativa que, según denunció, había acompañado el avance del conflicto.

La concejala reforzó esa idea citando declaraciones recientes del intendente. Recordó que ese mismo mediodía había concedido una entrevista televisiva en la que volvió a referirse a la reforma de La Florida y al parque acuático, responsabilizando nuevamente a la oposición por el tiempo que —según dijo— se había perdido intentando frenar la obra. También mencionó otra afirmación del jefe municipal, quien había sostenido que se estaba recurriendo a la Justicia para resolver cuestiones que deberían debatirse en el Concejo.

Sobre ese punto, Gigliani cerró su exposición con una respuesta directa. "Justamente, intendente", replicó desde su banca, "desde hace meses le venimos planteando que este tema, sin duda, tenía que tener intervención del Concejo Municipal". Con esa frase buscó invertir el sentido del cuestionamiento oficial y dejar asentado que, a su juicio, fue precisamente la falta de debate institucional la que terminó desplazando el conflicto hacia otros ámbitos, mientras el cuerpo deliberativo permanecía sin discutir en profundidad una obra que había generado un fuerte impacto político y social.

Críticas a la oposición, judicialización del conflicto y la acusación de incoherencia política

La respuesta del oficialismo llegó de la mano de la concejala Carolina Labayru, de Unidos por Rosario, quien eligió un tono marcadamente confrontativo y trasladó el eje del debate desde el contenido del pedido de informes hacia la estrategia política de quienes lo impulsaban. Su intervención dejó en claro que, para el bloque gobernante, la discusión ya no giraba alrededor del estado del Conducto Piaggio sino sobre la coherencia de la oposición y el conflicto judicial que mantiene paralizadas las obras de reconversión de la Costanera Norte.

Desde el inicio, Labayru cuestionó con dureza la posición de Ciudad Futura y definió el intercambio como "una lógica perversa llena de cinismo" y un "debate casi esquizofrénico" que, según sostuvo, responde únicamente a una especulación electoral.

En ese marco dirigió sus críticas especialmente hacia Juan Monteverde, principal referente del espacio. Lo acusó de vivir "en campaña" desde hace más de una década y repasó una por una las candidaturas que encabezó desde 2013 hasta la actualidad: concejal, diputado provincial, intendente y, más recientemente, candidato simultáneo a concejal y convencional constituyente. "Todo un récord", ironizó, antes de cuestionar que luego hablara de "los políticos" como si no formara parte de la dirigencia.

A partir de allí intentó desmontar el argumento opositor señalando lo que definió como una contradicción insalvable. Recordó que el pedido de informes era impulsado por los mismos concejales que promovieron una acción judicial para detener las obras de la Costanera Norte. Según enfatizó, esa cautelar no suspendió únicamente la construcción del parque acuático, sino la totalidad del proyecto de reconversión.

Fue entonces cuando recurrió a una imagen que atravesó toda su exposición. Comparó a Monteverde con Harvey Dent —el personaje de Batman conocido como "Dos Caras"— para ilustrar, según dijo, una doble conducta política. "Con una cara va a la Justicia y pide que un juez frene todas las obras, y sale a festejarlo en redes sociales; pero con la otra cara viene a este Concejo a pedir que esas mismas obras que frenó en la Justicia se hagan", sostuvo.

Sobre esa base lanzó una de las frases más duras de la sesión: "No se puede ser el sepulturero y el salvador al mismo tiempo". A partir de allí acusó a la oposición de actuar con hipocresía, de mentirle a la ciudadanía y de convertir el conflicto en un espectáculo para las redes sociales. Incluso personalizó nuevamente sus críticas al referirse a "Juan Dos Caras Monteverde", a quien responsabilizó, junto con la medida cautelar obtenida en la Justicia, de que las obras permanezcan paralizadas.

Con ese razonamiento buscó también deslegitimar el contenido mismo del pedido de informes. Señaló que las respuestas reclamadas por la oposición —tanto respecto del estado del Conducto Piaggio como de las obras previstas para la Costanera Norte— ya se encuentran incorporadas al expediente judicial iniciado por los propios demandantes. Mencionó expresamente la causa "Monteverde, Juan y otros contra Municipalidad de Rosario sobre recurso de amparo" y sostuvo que allí podían encontrarse las explicaciones solicitadas, sin necesidad de requerir una nueva contestación por parte del Ejecutivo.

Para reforzar esa idea leyó uno de los puntos del proyecto de decreto, precisamente el que preguntaba cuáles eran las causas que habían impedido o demorado la ejecución de las obras necesarias para reparar o adecuar el conducto. Su respuesta fue inmediata: la causa de esa demora, afirmó, es la propia cautelar promovida por quienes ahora exigen explicaciones.

Según Labayru, la oposición incurre así en una contradicción permanente: un día reclama que las obras se detengan, al siguiente pide que se ejecute una parte y luego sostiene otra posición distinta. "Muchachos, pónganse de acuerdo ustedes internamente a ver qué es lo que quieren", lanzó desde su banca.

La misma lógica aplicó para rechazar el segundo artículo del proyecto, que instaba al municipio a ejecutar de inmediato las obras necesarias si se verificaban riesgos ambientales. Dijo que le gustaría acompañar esa iniciativa, pero afirmó que hoy resulta materialmente imposible porque la propia oposición consiguió que la Justicia prohibiera cualquier intervención sobre la Costanera Norte.

Para sostener ese argumento recurrió incluso a declaraciones públicas del propio Monteverde, a quien citó textualmente: "Gracias a nuestra cautelar, el Poder Ejecutivo no puede tocar un metro cuadrado de la Costanera Norte". Con esa frase buscó demostrar que los impulsores del expediente reconocían públicamente el efecto de la medida judicial que ahora, según afirmó, impedía concretar las mismas obras que reclamaban.

En el tramo final de su exposición, Labayru abandonó el plano técnico y formuló un llamado de tono político. Les pidió a los concejales opositores "un esfuerzo de honestidad", los exhortó a dejar de hacer campaña cuando —dijo— todavía falta mucho para las próximas elecciones y reclamó que permitan avanzar con las obras de infraestructura. "Déjennos trabajar, déjennos hacer las obras que realmente le cambian la vida a la gente", expresó, al sostener que los rosarinos demandan soluciones concretas y no dirigentes que busquen protagonismo en las redes sociales.

Antes de concluir, amplió el cuestionamiento hacia otros sectores de la oposición. Recordó que la concejala María Fernanda Gigliani había sostenido minutos antes que no buscaban frenar las obras, pero respondió que ella misma había participado como testigo en la causa judicial iniciada por Monteverde contra la Municipalidad. A su entender, esa intervención demostraba que también acompañaba el intento de paralizar la totalidad del proyecto. "Háganse cargo", cerró, condensando en esa frase el argumento central del oficialismo: la responsabilidad por la paralización de las obras no estaba en el Ejecutivo, sino en quienes habían decidido judicializar el conflicto.

"Sin parque acuático": la propuesta de una nueva licitación como salida al conflicto

La réplica de Juan Monteverde fue breve, pero buscó responder de manera directa a las acusaciones que acababa de formular el oficialismo. El referente de Ciudad Futura evitó extender la discusión y comenzó con una ironía dirigida al Ejecutivo. "La verdad que el nivel es demasiado bajo para responder; si quiere el intendente le puedo hacer un dibujito", lanzó, marcando el tono con el que enfrentaría los cuestionamientos.

Lejos de volver sobre las descalificaciones personales, Monteverde concentró su intervención en lo que consideró el núcleo del desacuerdo. Sostuvo que no existía ninguna contradicción entre la acción judicial promovida por su espacio y el pedido de informes debatido en el recinto, tal como había afirmado la concejala oficialista.

Según explicó, la propuesta de Ciudad Futura nunca fue impedir la ejecución de todas las intervenciones previstas para la Costanera Norte. Por el contrario, aseguró que el planteo consiste en que el Departamento Ejecutivo envíe una nueva ordenanza que permita relicitar las obras de mejoramiento de la Rambla Catalunya, incluyendo la reparación de los conductos y del sistema de desagües, pero excluyendo el parque acuático.

"El proyecto que presentamos es que mande la ordenanza con las obras de mejoramiento de la Rambla, con el arreglo de los canales correspondientes para que lo aprobemos y sea una nueva licitación que tenga todas las obras menos el parque acuático, que es lo que nadie quiere", sintetizó.

Con esa explicación buscó desmontar el argumento del oficialismo, insistiendo en que la diferencia nunca estuvo en las obras de infraestructura o saneamiento, sino exclusivamente en la construcción del parque acuático. "Es muy sencillo", concluyó. "No hay contradicción, no hay hipocresía; es sentido común y muy simple de entender", cerró, intentando devolver el debate al terreno de la discusión sobre el contenido del proyecto y no sobre las responsabilidades políticas que habían dominado buena parte del intercambio.

Normativa urbana, plaza Antonio Berni y cuestionamientos al encuadre legal del proyecto en la Costanera Norte

La intervención de María Fernanda Gigliani volvió a tomar el hilo de su exposición anterior, pero esta vez con un énfasis mayor en la normativa urbanística y en el encuadre legal del proyecto. Desde su banca, la concejala de Iniciativa Popular insistió en que la discusión no podía sostenerse sobre interpretaciones cambiantes, sino sobre lo que —según afirmó— está establecido en las normas vigentes y en la documentación oficial del propio municipio.

Comenzó reafirmando una idea que, según dijo, había sostenido desde el inicio del conflicto: en el lugar donde se proyecta la construcción del parque acuático existe actualmente una plaza, identificada como plaza Antonio Berni. Para reforzar su argumento apeló a un elemento de verificación pública y accesible, al señalar que esa información puede corroborarse incluso consultando el sistema Infomapa de la Municipalidad de Rosario. "Lo puede mirar un pibe de 12 años", ironizó, antes de rematar que no se trata de una cuestión compleja ni técnica sino de acceso básico a la información oficial.

A partir de allí, Gigliani introdujo un segundo eje centrado en la normativa urbanística del área en cuestión. Recordó haber votado una ordenanza vinculada al cordón perimetral norte, normativa que también fue acompañada por algunos de los actuales integrantes del Concejo. Según explicó, esa regulación establece con claridad que el sector constituye un área de reserva y que cualquier intervención debe cumplir con dos condiciones centrales.

La primera, sostuvo, es la obligación de garantizar instancias de participación ciudadana en la elaboración del plan de detalles. La segunda, aún más determinante a su entender, es que cualquier proyecto en esa zona debe regresar al Concejo Municipal para su aprobación final. En ese punto fue categórica al señalar que ese procedimiento no habría sido respetado en el avance del proyecto actual.

Con esa base, rechazó las acusaciones de inconsistencia política. Afirmó que su posición no ha variado desde el inicio del debate y que, por el contrario, fueron otros los actores que modificaron sus argumentos a medida que avanzaba la discusión pública. "Yo digo lo mismo desde que arrancó el tema", resumió, en contraste con lo que describió como cambios de discurso en el oficialismo.

Luego dirigió sus críticas nuevamente hacia la concejala Carolina Labayru, a quien acusó de tener una "memoria selectiva" en relación con el desarrollo de las acciones judiciales vinculadas al proyecto. Mencionó haber escuchado declaraciones radiales del abogado Cáceres en diálogo con una procuradora de primera instancia que intervino en una audiencia relacionada con el amparo impulsado por el concejal Juan Pedro Aleart, a quien —según observó— no se había mencionado en la discusión pública a pesar de su participación en el proceso.

Gigliani señaló que las distintas acciones judiciales presentadas comparten un mismo objeto: cuestionar el decreto que habilitó la licitación del proyecto de la Costanera Norte y del parque acuático. En ese sentido, sostuvo que no se trata de iniciativas aisladas sino de un conjunto de presentaciones que apuntan a la legalidad del procedimiento administrativo.

A partir de allí introdujo uno de los pasajes más enfáticos de su intervención, al referirse a lo escuchado en esa audiencia judicial. Según relató, le llamó la atención la intervención de la procuradora, quien habría señalado que el municipio se encontraba en una situación de debilidad documental respecto del expediente, particularmente en lo relativo al Conducto Piaggio. Incluso afirmó que, en ese ámbito, se mencionó la posible necesidad de una licencia ambiental para la obra, documentación que —según su interpretación— no estaría incorporada o al menos no habría sido debidamente presentada ante el expediente administrativo.

Sobre esa base, reclamó mayor rigor en el debate político y legislativo. Pidió evitar las chicanas y sostuvo que sus intervenciones se apoyan en normativa, estudio y documentación. "Hablo con lo que vengo estudiando, con lo que sé; lo que no sé, trato de no meterme", expresó, para luego reclamar que la discusión se base en información verificable y no en descalificaciones personales.

En el cierre de su exposición volvió a referirse a las declaraciones del intendente en una entrevista radial reciente, en la que —según señaló— se reiteró la crítica a la oposición por recurrir a la Justicia para frenar decisiones que deberían resolverse en el Concejo. Gigliani respondió de manera directa a ese planteo al afirmar que, justamente, este tipo de decisiones debieron haber sido tratadas en el ámbito legislativo desde el inicio del proceso.

Con esa idea cerró su intervención, marcando que, a su juicio, el conflicto no radica en la judicialización posterior sino en la ausencia de debate institucional previo. "Este Concejo tenía que resolver muchas de las cosas que usted no pasó por acá y que ahora estamos pagando todos los rosarinos", concluyó, dejando planteada la responsabilidad política como eje final de una discusión que ya había atravesado múltiples planos: el urbanístico, el ambiental, el jurídico y el estrictamente político.

La cautelar judicial leída en el recinto y la denuncia de contradicciones entre discurso y acción

El debate en el Concejo Municipal de Rosario sumó una nueva capa de tensión cuando tomó la palabra la concejala Anahí Schibelbein, de Unidos por Rosario. Su intervención buscó poner el foco en lo que definió como la distancia entre los discursos políticos y los actos concretos, retomando una crítica que había aparecido minutos antes en la exposición de la concejala María Fernanda Gigliani.

Schibelbein partió de esa idea para introducir su cuestionamiento central: la existencia de una contradicción entre lo que, según ella, sostiene la oposición en el recinto y lo que efectivamente ha impulsado en sede judicial. En ese sentido, pidió autorización para leer un fragmento de la medida cautelar presentada por Ciudad Futura en el marco del conflicto por las obras en la Costa Norte.

Con el permiso del cuerpo, dio lectura al pedido judicial que solicita una "medida de no innovar respecto del sector, disponiendo la inmediata suspensión de toda obra, demolición, vallado, movimiento de suelo, instalación, modificación física e intervención material sobre el área de la Rambla Cataluña, Balneario La Florida y sectores subyacentes alcanzados por el proyecto cuestionado".

La lectura, extensa en su formulación técnica pero precisa en su alcance, buscó marcar —según la concejala— el verdadero efecto de la presentación judicial impulsada por la oposición: la paralización integral de cualquier intervención prevista en el área de la ribera norte.

A partir de allí, Schibelbein contrapuso ese contenido con las declaraciones previas del concejal Julián Ferrero, quien había manifestado estar a favor de la puesta en valor de La Florida. En ese punto, la edil oficialista planteó que ambas posiciones resultaban incompatibles entre sí y que esa tensión evidenciaba, a su entender, una falta de coherencia en el discurso opositor.

Con ese argumento, endureció el tono de su intervención y rechazó lo que definió como una puesta en escena política dentro del recinto. Afirmó que no estaba dispuesta a convalidar lo que describió como "un show" destinado a confundir a la ciudadanía respecto del alcance real de las decisiones judiciales y legislativas en curso.

"Yo no voy a ser cómplice de un engaño que le hacen a la gente", sostuvo, al insistir en que existe una utilización política de los mecanismos institucionales para instalar versiones que —según su mirada— no se corresponden con los hechos.

Schibelbein cerró su intervención reforzando la idea de que el conflicto excede una discusión técnica sobre obras públicas y se ha transformado en una disputa política en la que, a su juicio, se distorsiona el contenido de las decisiones adoptadas tanto en el Concejo como en la Justicia. En ese marco, reivindicó el rol institucional del cuerpo deliberativo y cuestionó que se utilice ese ámbito para sostener lo que consideró inconsistencias entre lo dicho y lo actuado por la oposición.

Abstención, judicialización del conflicto y defensa del camino legal como único ámbito de resolución

La intervención de otro bloque opositor llegó de la mano de Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, quien anticipó desde el inicio una definición que terminaría de ordenar la posición de su espacio en la votación: la abstención. Y lo hizo, según explicó, no como una ambigüedad política sino como consecuencia directa del estado judicial en el que, afirmó, se encuentra el conflicto.

Aleart planteó que el expediente en discusión en el recinto no podía separarse del proceso abierto en la Justicia, donde —según recordó— ya se encuentra en análisis el mismo núcleo de reclamos a partir de un recurso de amparo presentado por su propio espacio político. En ese sentido, sostuvo que los puntos sustanciales del proyecto ya fueron puestos a consideración de un juez, en el marco de un proceso que incluye también la intervención de una fiscal y una procuradora.

Desde esa perspectiva, remarcó que el debate institucional en el Concejo debía convivir con el principio de respeto a la división de poderes. Señaló que existe un proceso judicial en curso, con intervención de autoridades que consideró objetivas e imparciales, y que será ese ámbito el que deberá determinar si la información aportada por el municipio cumple o no con las exigencias de la normativa vigente, incluidas las ambientales.

En su exposición, el concejal de La Libertad Avanza introdujo además un principio jurídico para sustentar su posición: la teoría de los actos propios. Sin embargo, aclaró que, desde la mirada de su bloque, esa doctrina no resultaba aplicable a su accionar. Argumentó que su fuerza política mantuvo una línea de conducta consistente desde el inicio del conflicto: primero a través de pedidos de informes, luego mediante reclamos administrativos, y finalmente con la presentación judicial.

"Fuimos los primeros en plantear el tema del parque acuático", sostuvo, al enumerar una secuencia que, según afirmó, se mantuvo sin contradicciones: solicitar información, reclamar en sede administrativa y acudir a la Justicia. En ese marco, insistió en que la decisión de abstenerse no implicaba avalar el accionar del Departamento Ejecutivo Municipal, sino todo lo contrario.

Aleart fue enfático al despejar cualquier interpretación en ese sentido. Señaló que su espacio político no convalida las decisiones del Ejecutivo local y que, precisamente por esa razón, recurrió a la vía judicial para cuestionar el procedimiento administrativo del proyecto. Reafirmó que su objeción alcanza tanto a las obras como al cumplimiento de los requisitos legales y ambientales exigidos por la normativa vigente.

Sobre el tramo final de su intervención, el concejal volvió a insistir en la necesidad de respetar el proceso judicial en curso. Destacó el rol de la fiscalía ambiental interviniente y recomendó prestar atención a sus consideraciones dentro del expediente, al considerarlas relevantes para la resolución del caso.

En ese sentido, cerró su exposición sosteniendo que la cuestión debía resolverse en el ámbito judicial, en el marco del principio republicano de división de poderes. Bajo ese argumento, fundamentó la abstención de su bloque como un gesto de respeto institucional y de coherencia con la estrategia adoptada desde el inicio del conflicto. "Que sea la Justicia quien avance, que es el camino que corresponde en esta instancia", concluyó, dejando asentada la decisión de no acompañar ni rechazar el expediente, sino de trasladar el desenlace definitivo al ámbito judicial ya en curso.

Una abstención breve que acompañó el reordenamiento de fuerzas en el recinto

La sesión avanzaba y la concejala Sabrina Prence, de Nación y Libertad, pidió la palabra. Su intervención fue breve y sin desarrollo argumental extenso, pero suficiente para consolidar una tendencia que se venía insinuando en el recinto. Prence comunicó que su espacio político también optaría por la abstención en la votación del expediente en discusión. Sin agregar mayores consideraciones.

Acuerdos políticos, cuestionamientos a las abstenciones y la acusación de que el proyecto del parque acuático es ilegal e ilegítimo

El intercambio volvió a tensarse cuando el concejal Mariano Romero, del bloque Peronista, pidió la palabra para responder a las últimas intervenciones y, en particular, para marcar una diferenciación entre el objeto formal del expediente y el trasfondo político que había atravesado toda la sesión.

Romero comenzó señalando que, a su entender, parte de las discusiones previas habían desviado el eje del proyecto. Recordó que lo que se encontraba en tratamiento era una minuta de comunicación destinada a solicitar información al Departamento Ejecutivo sobre la situación ambiental del Conducto Piaggio, y no una definición directa sobre el proyecto del parque acuático ni sobre la totalidad de las obras de la Costanera Norte.

En ese marco, cuestionó la decisión de algunos bloques de abstenerse o no acompañar la iniciativa bajo el argumento de que el tema se encontraba judicializado. Según expresó, ese criterio no se correspondía con el contenido específico del expediente, que —insistió— estaba circunscripto a requerimientos de información ambiental al Ejecutivo municipal.

A partir de allí, Romero introdujo una crítica de carácter político hacia el vínculo entre sectores del oficialismo y La Libertad Avanza, al que atribuyó una modificación de posiciones a partir del avance del conflicto. Sostuvo que existía un entendimiento político entre ambos espacios que explicaría, según su interpretación, el cambio de postura del bloque libertario respecto de las votaciones vinculadas al proyecto de la Costanera Norte.

En ese sentido, afirmó que La Libertad Avanza había dejado de acompañar cualquier iniciativa relacionada con el parque acuático bajo el argumento de que debía aguardarse la resolución de la Justicia. Para Romero, esa postura no debía extenderse automáticamente a expedientes que no implicaban una definición sobre la obra en sí, sino que se limitaban a requerimientos de información ambiental.

El concejal peronista fue enfático al sostener que el expediente en discusión no involucraba una decisión sobre la continuidad o no del proyecto urbanístico, sino la necesidad de conocer qué información ambiental maneja el Ejecutivo respecto del estado del Conducto Piaggio y su eventual nivel de contaminación.

Por ese motivo, consideró que la abstención no resultaba justificada en este caso concreto. Dirigiéndose directamente al concejal Juan Pedro Aleart, insistió en que el acompañamiento de la iniciativa no implicaba convalidar ni rechazar el parque acuático, sino simplemente permitir el acceso a información pública sobre una problemática ambiental específica.

"Tranquilamente lo podrían acompañar porque no tiene que ver estrictamente con el parque acuático", señaló Romero, al remarcar lo que, a su juicio, constituía una confusión entre el contenido técnico del expediente y el posicionamiento político general de los bloques frente al conflicto de la Costanera Norte.

Con esa intervención, el concejal buscó reencauzar la discusión hacia el plano administrativo del pedido de informes, aunque el debate ya se encontraba atravesado por interpretaciones cruzadas sobre la judicialización del caso y las estrategias políticas de cada espacio dentro del Concejo Municipal.

La votación sin mayoría: el expediente rechazado y un recinto que siguió en debate pese al cierre formal

El debate, que había atravesado durante más de media hora un cruce de acusaciones cruzadas sobre la judicialización del proyecto de la Costanera Norte, la interpretación del rol del Concejo y el alcance del pedido de informes sobre el Conducto Piaggio, llegó finalmente a su resolución formal bajo la conducción de la presidenta del cuerpo, María Eugenia Schmuck.

Con la sesión ya en su tramo definitorio, Schmuck tomó la palabra para ordenar el cierre del tratamiento del expediente. "Bueno, si nadie más va a hacer uso de la palabra, corresponde votar la abstención de los concejales Arias, Enríquez, Lencina, Prense y Volpe", señaló, dejando asentado el posicionamiento de quienes habían optado por no acompañar ni rechazar la iniciativa.

Acto seguido, se procedió a la votación. La presidenta del Concejo confirmó el resultado en el recinto: "Por la afirmativa, unanimidad, ponemos en consideración el expediente por pulsadores. No ha logrado los votos necesarios". Con esa frase, el pedido de informes quedó formalmente rechazado, al no alcanzar la mayoría requerida para su aprobación.

La definición cerró un proceso que había expuesto, a lo largo de toda la sesión, no sólo diferencias sobre la situación ambiental del Conducto Piaggio, sino también una disputa más amplia sobre el modelo de intervención urbana en la Costanera Norte, el alcance de la judicialización impulsada por parte de la oposición y el modo en que cada bloque interpretó la relación entre el Concejo Municipal y el Poder Judicial.

Sin embargo, lejos de clausurar el clima de discusión, la presidenta del cuerpo habilitó inmediatamente la continuidad del orden del día. "Seguimos. Sí, concejal Ferrero, ¿quiere hablar sobre el expediente número 94 o sobre lo que pasó?", preguntó, dejando abierta la transición hacia el siguiente punto del temario, mientras aún resonaban en el recinto las tensiones acumuladas en el debate recién concluido.

Denuncias de "acuerdos" entre bloques y la advertencia de ilegalidad del proyecto del parque acuático

El cierre del expediente, lejos de apagar la tensión, volvió a encender el clima en el recinto cuando Mariano Romero pidió nuevamente la palabra para referirse a lo ocurrido con la votación recién concluida. Desde el Bloque Peronista, el concejal enmarcó el resultado dentro de una secuencia política que —según sostuvo— venía denunciando desde hacía tiempo, y que involucraba acuerdos tácitos entre distintos espacios del Concejo.

Romero comenzó señalando que lo sucedido no lo sorprendía, aunque sí lo consideraba "insólito", y lo vinculó con lo que describió como una articulación entre el interbloque oficialista y sectores de La Libertad Avanza. Según su interpretación, esa convergencia explicaría comportamientos disímiles de ese espacio político dentro y fuera del recinto, particularmente en relación con el tratamiento del proyecto de la Costanera Norte y el Parque Acuático.

En ese sentido, recordó episodios previos de la discusión legislativa, mencionando la sesión extraordinaria y el paso del expediente por comisión, donde —según afirmó— los concejales libertarios habían acompañado inicialmente un decreto que proponía la suspensión de la obra del parque acuático. Sin embargo, sostuvo que luego ese mismo sector se había ausentado sistemáticamente en instancias posteriores de la Comisión de Ecología, impidiendo el avance del tratamiento del proyecto.

Romero encadenó esos antecedentes con una crítica más amplia sobre el funcionamiento institucional del Concejo y el impacto que, a su entender, este tipo de dinámicas genera en la ciudadanía. Habló de un "humor social" marcado por la desconfianza y la reacción negativa de la gente en distintos espacios de contacto con los representantes políticos, ya sea en audiencias públicas o en encuentros informales.

A partir de allí, endureció su posición sobre el fondo del conflicto. Sostuvo que el proyecto del Parque Acuático no sólo presentaba problemas de legitimidad política, sino también de legalidad. Según explicó, el Ejecutivo habría avanzado sin respetar las normas locales aplicables, al tratarse de una obra que no estaba contemplada en el presupuesto municipal y que implicaba una modificación sustancial de los usos del suelo en la zona de la Costanera Norte.

En su argumento, el concejal remarcó que no es equivalente mantener una plaza de acceso público irrestricto que transformar ese espacio en un parque cerrado, con infraestructura de cobro y control de acceso. Esa transformación, afirmó, implica una alteración del uso del suelo que debería haber sido debatida y aprobada en el Concejo Municipal, algo que —según insistió— no ocurrió.

Bajo ese encuadre, vinculó la intervención judicial con la discusión política, señalando que la medida precautelar mencionada en el debate respondía precisamente a esa presunta irregularidad. En su lectura, esa decisión judicial suspendió los efectos del Decreto 715 del año 2026 del Departamento Ejecutivo, particularmente en lo referido a la construcción del parque acuático.

Romero fue enfático al distinguir entre ese aspecto puntual y el resto del proyecto de intervención en La Florida, al sostener que la suspensión judicial no alcanza a la renovación integral del sector sino exclusivamente a la obra del parque acuático, que definió como el núcleo del conflicto.

En el tramo final de su intervención, el concejal peronista apuntó contra la estrategia comunicacional del municipio, a la que atribuyó la intención de ampliar el alcance del proyecto en la percepción pública. Según planteó, la administración local habría intentado dotar de mayor legitimidad a una iniciativa que, a su juicio, no tuvo buena recepción social y generó un rechazo extendido en distintos sectores de la ciudad.

En ese marco, describió una reacción ciudadana transversal, que —según sostuvo— atravesó diferentes barrios, clases sociales y posicionamientos políticos, y que incluso involucró a personas que por primera vez se movilizaron en torno a una causa pública.

Romero cerró su intervención atribuyendo la controversia a un "error grosero" del Ejecutivo municipal en el diseño y comunicación del proyecto, al que responsabilizó por haber desencadenado la actual situación de conflicto institucional y político. Con esa afirmación, dio por finalizada su exposición en un recinto que, pese al cierre formal del expediente, continuaba atravesado por las tensiones acumuladas a lo largo de toda la sesión.

Lecturas cruzadas de la fiscalía ambiental y nuevas acusaciones sobre abstenciones "incoherentes"

El debate, ya con el expediente rechazado y la votación cerrada, todavía dejó un último cruce verbal en el recinto cuando el tema volvió a ser retomado a partir de las intervenciones previas de Juan Monteverde y María Fernanda Gigliani.

En ese tramo final de la discusión, se volvió a insistir en la lectura normativa del conflicto, particularmente en lo que refiere al ordenamiento vigente sobre la zona de la Rambla Cataluña. En esa línea, se puso en valor la precisión de los planteos realizados durante la sesión, en contraste con lo que se describió como interpretaciones políticas del oficialismo y de los bloques que optaron por la abstención.

También se incorporó al debate la figura de la fiscal interviniente en el expediente judicial vinculado al amparo, cuyas declaraciones públicas fueron citadas como elemento de referencia. En ese sentido, se sostuvo que la fiscal María Laura Martínez habría realizado evaluaciones claras sobre el alcance del proceso judicial impulsado por el concejal Juan Pedro Aleart, las cuales —según se planteó en el recinto— no coincidirían con algunas de las interpretaciones expresadas durante la sesión.

Desde esa perspectiva, se cuestionó el llamado a respetar la palabra de la fiscalía realizado por sectores de La Libertad Avanza, al señalar que incluso dentro de ese espacio político se habrían formulado interpretaciones divergentes sobre sus dichos. En ese marco, se defendió la pertinencia del pedido de informes, al considerar que el expediente apunta específicamente a conocer el estado ambiental del Conducto Piaggio, la existencia de posibles niveles de contaminación y el detalle de las obras previstas o ejecutadas en la zona.

A partir de allí, se marcó una crítica más política hacia la decisión de abstención adoptada por el bloque libertario, interpretada como una posición evasiva frente a un tema de fuerte relevancia ambiental e institucional. Esa postura fue calificada como contradictoria, especialmente en función de las intervenciones previas en las que ese mismo espacio había impulsado acciones judiciales y reclamos formales vinculados al proyecto.

En el cierre de la intervención, se sugirió además que detrás de algunas de estas decisiones legislativas podrían existir acuerdos políticos tácitos entre el bloque oficialista y La Libertad Avanza, lo que —según esa lectura— explicaría ciertas coincidencias de comportamiento parlamentario en el tratamiento del expediente.

Con ese último intercambio, la discusión quedó definitivamente saldada en el recinto, aunque con un clima aún cargado por las acusaciones cruzadas y las interpretaciones contrapuestas sobre el alcance del proyecto, la intervención judicial y el rol del Concejo en el conflicto por la Costanera Norte.

Defensa del proyecto, crítica a la oposición y el eje judicial como instancia donde debe resolverse el conflicto

La discusión, lejos de apagarse con la votación negativa del expediente, volvió a tomar temperatura cuando el concejal Fabrizio Fiatti, de Unidos por Rosario, pidió la palabra para introducir un llamado explícito a la "coherencia" y a la "veracidad" en el tratamiento del conflicto por la Costanera Norte.

Fiatti comenzó cuestionando la caracterización del proyecto que había quedado en el centro del debate. Sostuvo que no se trataba únicamente de un pedido de informes, como había sido presentado en términos formales, sino de una iniciativa que —según afirmó— incluía la ejecución de obras específicas. En ese punto, retomó lo expresado por la concejala Labayru y vinculó directamente el rechazo del expediente con la estrategia judicial impulsada por la oposición.

Desde esa perspectiva, el concejal insistió en que no había margen para lo que definió como "trampas" o interpretaciones forzadas del alcance del proyecto. Afirmó que la oposición, en particular el espacio liderado por Juan Monteverde, había solicitado en sede judicial la paralización de la totalidad de la licitación denominada "Parque Acuático Costanera Norte", dentro de la cual —según remarcó— se encontraba incluido el Conducto Piaggio como parte del conjunto de obras previstas.

Fiatti subrayó que esa inclusión no era accesoria ni secundaria dentro del pliego, sino parte del objeto integral de la licitación. En ese sentido, sostuvo que la medida precautelar obtenida en la Justicia implicó la suspensión temporal de la obra en su conjunto, habilitando ahora —según describió— una instancia de análisis judicial con ampliación de documentación.

Incluso afirmó que el propio Ejecutivo municipal había aportado información adicional en el marco de la causa, en respuesta a requerimientos de la fiscalía interviniente, señalando que el expediente se encontraba en pleno proceso de sustanciación. Bajo esa lógica, reclamó a la oposición mayor seguimiento del estado judicial del caso y cuestionó lo que consideró inconsistencias en su lectura pública del proceso.

El concejal también apuntó contra lo que describió como intentos de "desdoblar" el proyecto mediante mecanismos administrativos que, a su entender, no corresponderían al tipo de obra en discusión. En ese punto, diferenció los planes de detalle propios de convenios urbanísticos de lo que involucra una obra pública de estas características, afirmando que ese tipo de exigencias no se aplican en el marco normativo vigente para este caso.

A lo largo de su intervención, Fiatti insistió en que la oposición había promovido una judicialización que terminó afectando la totalidad del proyecto de reconversión de la zona, y no sólo un componente específico. Desde esa interpretación, sostuvo que no resultaba coherente rechazar en el recinto aquello que, según afirmó, ya había sido objetado integralmente en la Justicia.

Hacia el final de su exposición, el concejal reforzó la idea de que el resultado de la votación debía ser respetado en términos institucionales. Señaló que una decisión negativa del Concejo no podía ser reinterpretada ni deslegitimada a posteriori, y apeló a la necesidad de aceptar el funcionamiento democrático del cuerpo deliberativo.

Finalmente, defendió la posición del oficialismo al sostener que el objetivo del proyecto es una transformación urbana de carácter histórico para la ciudad, y que el proceso judicial iniciado por la oposición deberá ser el ámbito donde se resuelva la validez o no de la licitación en su conjunto. Con ese cierre, Fiatti buscó dejar asentada la posición del bloque gobernante: la defensa del proyecto de reconversión de la Costanera Norte y la legitimidad del camino institucional seguido hasta ahora.

En ese contexto, la discusión en el concejo sobre el Conducto Piaggio —con sus cruces, abstenciones, acusaciones de judicialización y lecturas contrapuestas del proyecto de la Costanera Norte— terminó quedando subsumida por un movimiento externo al recinto. La decisión judicial no sólo condiciona el avance de las obras, sino que reordena el sentido mismo del debate político: lo que se discutió durante horas en el Concejo pasó a leerse, apenas un día después, bajo la sombra de un expediente que sigue abierto y que todavía no ofrece una definición final sobre el fondo del conflicto.
Fotos: Concejo Municipal de Rosario, Capturas de pantalla

Parque acuático: la Justicia habilitó la continuidad de la obra, pero la cuestión de fondo sigue sin resolverse

El rechazo de la medida cautelar permite al municipio continuar con las obras en la Costanera Norte mientras avanza el amparo impulsado por Ciudad Futura. La oposición apelará un fallo que considera arbitrario y sostiene que la discusión central —si el Ejecutivo podía avanzar sin autorización del Concejo— todavía espera una definición judicial
La resolución judicial llegó en un momento difícil de considerar casual. Mientras buena parte de la atención pública estaba concentrada en un partido de fútbol y en la víspera del inicio de la feria judicial —que se extenderá hasta el 22 de julio—, la Justicia rechazó la medida cautelar presentada por los concejales de Ciudad Futura Juan Monteverde, Antonio Salinas, Julián Ferrero y Agustina Gareis para frenar las obras del parque acuático proyectado en la Costanera Norte de Rosario. La decisión habilita al municipio a continuar con los trabajos mientras el juicio principal, que discute la legalidad del proyecto, sigue su curso.

Para la exconcejala y abogada de Ciudad Futura, Jésica Pellegrini, esa coincidencia temporal no pasó inadvertida. En diálogo con Señales sostuvo que este tipo de resoluciones, cuando generan controversia e impacto ciudadano, "muchas veces se toman en estos momentos en donde pasan desapercibidas o intentan pasar desapercibidas y mitigarse su impacto". Sin embargo, asegura que el efecto fue el contrario: "Lógicamente generó una reacción inmediata de la comunidad que venía peleando por esto".

Más allá del momento elegido para difundir la resolución, Pellegrini aclara que el rechazo de la cautelar no cierra la discusión judicial. Explica que, como cualquier decisión de este tipo, puede ser revisada y confirma que el equipo jurídico ya trabaja en la apelación. "Estamos preparando el recurso de apelación. Es un recurso que se presenta ante el juzgado que dictó la medida y luego se evalúa en la Cámara de Apelaciones de Distrito", detalla.

Un fallo que no cierra el conflicto
La exconcejala cuestiona con dureza el contenido del fallo. Lo considera "verdaderamente arbitrario en términos judiciales y jurídicos" porque, afirma, "no ofrece razones" para rechazar la cautelar. Según su análisis, el juez no desarrolla argumentos sobre uno de los aspectos centrales que debe evaluarse en este tipo de medidas: el peligro de que el derecho que se discute termine frustrado antes de que exista una sentencia definitiva.

Para explicar ese punto, Pellegrini describe el sentido mismo de una medida cautelar. Su objetivo, sostiene, es evitar que mientras la Justicia analiza el fondo de una controversia se produzcan hechos irreversibles. "¿Qué sentido tiene discutir la legalidad o ilegalidad, en este caso, del parque acuático y las obras, si va avanzando el parque y la obra ya está consumada? Si la Justicia después nos da la razón, retrotraer eso es imposible", plantea.

A ese argumento suma otro que considera de enorme gravedad institucional: el presunto avasallamiento de las facultades propias del Concejo Municipal. Recuerda que el primer magistrado que intervino en la causa, el juez Juárez, había ordenado inicialmente frenar las obras justamente para garantizar que la discusión pudiera desarrollarse de manera efectiva. Según explica, ese juez entendió, de manera preliminar, que si las máquinas seguían trabajando y el emprendimiento avanzaba, cualquier sentencia favorable perdería eficacia práctica.

"Dispuso que, hasta que se discuta el fondo, tenía que frenarse la obra porque claramente no iba a poder tener un acceso efectivo a la Justicia, o al menos poder discutir seriamente si están las máquinas trabajando, si la empresa avanza, si esto continúa y está emplazado el parque acuático", recuerda Pellegrini. Incluso destaca que aquella decisión fue adoptada de manera precautelar, sin escuchar previamente la posición del municipio. "Lo hizo inaudita parte porque dijo que era tan claro que esta obra genera un impacto muy grande en términos urbanísticos, institucionales y ambientales, que si se avanza, ¿cómo se va a discutir después con la obra ya hecha?".

La dirigente insiste en que el amparo fue presentado precisamente para evitar ese escenario. Remarca que se trata de la vía judicial más rápida disponible para cuestionar una decisión estatal y que la intención nunca fue abrir un litigio de años, sino resolver en un plazo breve la discusión sobre la legalidad del procedimiento utilizado por el Ejecutivo municipal. Por eso considera especialmente grave que el nuevo juez haya rechazado la cautelar sin explicar, a su criterio, por qué no existe el riesgo que el planteo denuncia.

"Realmente nos parece sumamente arbitrario que el juez que resolvió ayer, a última hora, entre gallo y medianoche, lo haga de manera infundada. No dice nada de por qué no se da el peligro que nosotros estamos manifestando", sostiene.

El corazón del amparo: el rol del Concejo Municipal
Pellegrini revela además que horas antes de conocerse la resolución habían incorporado un nuevo elemento al expediente. Presentaron un escrito informando que el propio intendente Pablo Javkin había reconocido públicamente que el conflicto judicial estaba vinculado con una cuestión que, según sus propias palabras, debía haber sido tratada por el Concejo Municipal. "El intendente dijo: 'Esto está llevando a la Justicia algo que debió resolver el Concejo'. Ese es exactamente el planteo que hacemos desde el minuto inicial", afirma.

Según reconstruye, el origen del conflicto está en el decreto 715 firmado por Javkin, mediante el cual el Ejecutivo impulsó unilateralmente el proyecto del parque acuático, convocó a la licitación y puso en marcha una obra valuada en aproximadamente 15 mil millones de pesos sin intervención del Concejo.

Ese constituye, explica, el núcleo del amparo promovido por los concejales de Ciudad Futura, encabezados por Juan Monteverde. La pregunta que atraviesa toda la demanda, resume, es simple: "¿Cómo no va a pasar esto por el Concejo?".

Para fundamentar esa posición, el espacio político invoca dos argumentos centrales. Por un lado, la Ordenanza de Contabilidad Municipal establece que toda obra extraordinaria no prevista en el presupuesto debe ser aprobada por el Concejo. Por otro, sostienen que el proyecto se desarrolla sobre la plaza Antonio Berni, un espacio público que, entienden, no puede ser cercado ni transformado mediante un decreto del Ejecutivo. "No se puede cercar una plaza pública y construir un parque acuático sobre una plaza. Es elemental", resume Pellegrini.

A su entender, la solidez de esos argumentos quedó demostrada cuando el primer juez de la causa entendió que existía la suficiente "verosimilitud del derecho" como para ordenar la suspensión preventiva de las obras. Por eso considera contradictorio que ahora otro magistrado reconozca que la discusión requiere un análisis profundo, pero permita que los trabajos continúen mientras tanto.

Con el inicio de la feria judicial como telón de fondo, Ciudad Futura se prepara para apelar una resolución que, según Pellegrini, todavía no quedó firme. La sensación que deja el fallo, admite, es de bronca e injusticia. Sin embargo, insiste en que la batalla judicial continúa y que buscarán revertir una decisión que consideran carente de fundamentos y riesgosa por las consecuencias irreversibles que podría generar si las obras avanzan antes de que la Justicia resuelva el conflicto de fondo.

La disputa por el relato de la obra
Uno de los ejes que, según Pellegrini, fue modificándose a lo largo del conflicto tiene que ver con la propia definición del proyecto. Para la dirigente de Ciudad Futura, las palabras no son un detalle menor: detrás del cambio de denominación existe, sostiene, un intento por desplazar el verdadero objeto de la discusión judicial.

La diferencia entre hablar de una "puesta en valor" y de la modificación del destino de un espacio público resulta, a su entender, sustancial. "Acá valen mucho algunas palabras", advierte. En ese sentido, insiste en que el proyecto implica un cambio de uso de la plaza Antonio Berni y que ese es precisamente uno de los aspectos cuestionados en la demanda.

Pellegrini afirma que el discurso oficial fue cambiando a medida que avanzó la controversia pública y judicial. Recuerda que tanto el decreto como la licitación identificaban claramente la obra como un parque acuático y destaca que incluso la fiscal Martínez —a quien subraya como integrante del Estado y no como parte interesada en el amparo— sostuvo que "la obra es el parque acuático, no es la puesta en valor de La Florida ni de la Rambla".

Según reconstruye, el giro comunicacional comenzó cuando crecieron las críticas ciudadanas y se iniciaron las acciones judiciales. "Ahí empiezan a cambiar el título del proyecto. Ya no es el parque acuático; es el Conducto Piaggio, la puesta en valor de La Florida, etcétera. Y eso es mentira", sostiene. Para Pellegrini, el proceso licitatorio nunca dejó de tener como objeto la construcción del parque acuático sobre la Rambla, y esa continúa siendo la cuestión que hoy se encuentra bajo análisis de la Justicia.

La exconcejala procura despejar, además, una confusión que considera deliberadamente instalada en el debate público. Asegura que Ciudad Futura nunca cuestionó las obras de mantenimiento ni la reparación del Conducto Piaggio. "¿Quién se va a oponer a que se mejore La Florida?", se pregunta. Incluso recuerda que el espacio presentó proyectos en el Concejo impulsando esas intervenciones y sostiene que las tareas para evitar la contaminación del río "debían hacerse hace mucho tiempo". El planteo judicial, insiste, apunta exclusivamente a la legalidad del parque acuático. "No estamos frenando que eso se haga. Se tergiversó mucho la cuestión porque la obra del parque acuático es la que pierde la legalidad", afirma.

A su entender, el cambio de narrativa se profundizó luego de que el primer juez ordenara detener preventivamente los trabajos. Desde ese momento, sostiene, el foco dejó de estar puesto en el parque acuático para concentrarse en la recuperación de la costanera. Como ejemplo menciona la cobertura periodística posterior al fallo. "Ahora, si uno ve, por ejemplo, el título del diario La Capital, se habla de las obras de la costanera y ya no se menciona la palabra parque acuático". Para Pellegrini, esa transformación del discurso responde a una estrategia impulsada por la Intendencia y acompañada por medios afines. "El parque acuático es palabra prohibida en la Intendencia municipal", resume.

Más allá del parque acuático: una discusión institucional
Otro de los argumentos utilizados por el municipio es que el financiamiento provincial habilita la ejecución de la obra sin necesidad de una autorización específica del Concejo. Pellegrini rechaza de plano esa interpretación. Aclara que la llegada de fondos provinciales para realizar obras públicas "es totalmente lícita", pero sostiene que eso no modifica el procedimiento institucional previsto por las normas municipales.

"Cuando viene una millonada de plata para construir una obra extraordinaria que no está en el presupuesto, eso es un trámite habitual: se manda al Concejo para su resolución", explica. Esa obligación, agrega, surge expresamente de la Ordenanza de Contabilidad Municipal, una de las normas básicas que regulan el funcionamiento administrativo del municipio. "Cualquiera puede entrar a la página del municipio y verla. Es una norma fundamental para el manejo de cualquier administración", remarca.

Desde esa perspectiva, considera que el conflicto trasciende el proyecto del parque acuático y se convierte en una discusión institucional sobre el funcionamiento del Estado. Advierte que permitir que el Ejecutivo avance unilateralmente en este tipo de decisiones implica "erosionar la propia democracia", al vaciar de contenido el rol del Concejo Municipal como órgano legislativo y de control. "Todo eso desaparece", lamenta, y señala que por esa razón Ciudad Futura insiste en denunciar la gravedad institucional del caso.

También cuestiona uno de los fundamentos utilizados por el juez para rechazar la cautelar: que detener la obra afectaría el interés público. Para Pellegrini, esa interpretación reduce el concepto de interés público exclusivamente a la continuidad de los trabajos, dejando de lado otros valores igualmente protegidos.

"Para nosotros, y también para el primer juez que intervino, el interés público tiene que ver con el respeto a las atribuciones del Concejo Municipal y con que se respeten las normas urbanísticas", sostiene. Para ilustrar el alcance de ese razonamiento plantea una comparación: "Si mañana un intendente quiere cerrar la plaza Montenegro para construir un parque de diversiones, eso también sería una gravedad institucional. No se puede hacer cualquier cosa". Por eso considera que identificar el interés público únicamente con la ejecución de la obra constituye uno de los principales errores del fallo.

La próxima batalla será en la Cámara
La dirigente advierte además sobre las consecuencias que el caso podría tener hacia el futuro. Si la decisión judicial quedara firme sin revisar el planteo sobre las competencias del Ejecutivo y del Concejo, entiende que podría sentarse un precedente de fuerte impacto institucional respecto de los límites entre ambos poderes municipales.

Por esa razón anticipa que Ciudad Futura agotará todas las instancias judiciales disponibles. "Vamos a seguir defendiendo esto ante la Cámara de Apelaciones y en todas las instancias que correspondan", asegura. Destaca además que otros sectores de la oposición comenzaron a expresar posiciones similares y menciona, entre ellos, a la concejala Fernanda Gigliani, quien durante la última sesión del Concejo también cuestionó el procedimiento elegido por el Ejecutivo.

Pellegrini recuerda finalmente que el primer pronunciamiento judicial ya había marcado un antecedente que considera excepcional. Como abogada, afirma no conocer otro caso en Rosario en el que un juez haya dictado una medida precautelar para detener una obra municipal antes de escuchar a la administración demandada. Esa resolución, entiende, reflejaba que el planteo presentaba una "apariencia de buen derecho" suficiente como para justificar la suspensión preventiva de los trabajos mientras se resolvía el conflicto.

Aunque evita pronunciarse sobre las especulaciones políticas en torno a la relación entre el Poder Judicial y el poder de turno, insiste en rescatar el valor institucional de aquella primera decisión. A su entender, demostró que existen criterios judiciales orientados a preservar la legalidad y la división de poderes aun cuando ello implique suspender temporalmente una obra impulsada por el Ejecutivo. Esa será, concluye, la discusión que Ciudad Futura buscará reinstalar en la Cámara de Apelaciones, convencida de que el debate excede el futuro de un parque acuático y pone en juego las reglas con las que se gobierna la ciudad.

Escuchá la entrevista completa:
Foto: Julieta Ameglio

Perú después de las urnas: las sospechas que no terminaron con la elección

El periodista peruano Luis Enrique Lozada Gallardo sostiene que la ajustada victoria de Keiko Fujimori abrió una etapa marcada por cuestionamientos sobre la legitimidad del proceso, el fortalecimiento del poder del Congreso y el temor a una respuesta represiva frente a las protestas
La elección presidencial peruana dejó un país dividido y un resultado que, para un sector importante de la sociedad, nace bajo sospecha. Así lo describe en Señales el periodista y comunicador social Luis Enrique Lozada Gallardo, una de las voces más reconocidas del norte peruano, quien desde hace más de dos décadas trabaja en Radio Cutivalú, la histórica emisora jesuita de Piura. Con la experiencia de haber cubierto durante años la política y los conflictos sociales del país, sostiene que la proclamación de Keiko Fujimori como presidenta electa no cierra el proceso electoral, sino que abre una etapa marcada por cuestionamientos sobre su legitimidad y por el temor a una escalada represiva.

La diferencia entre Keiko Sofía Fujimori Higuchi y el candidato de izquierda Roberto Sánchez fue de apenas 49.691 votos. Sin embargo, Lozada advierte que ese dato, por sí solo, no alcanza para comprender el escenario político. Recuerda que la mayor parte de los municipios del país votó por Sánchez y que el triunfo de Fujimori terminó definiéndose gracias al voto de los peruanos residentes en el exterior.

"Ella no ha ganado en el Perú", afirma. A su juicio, esa es la principal razón por la que numerosos analistas sostienen que la futura presidenta asumirá con un serio problema de legitimidad política. "Es una presidenta que no tiene la legitimidad necesaria en el territorio nacional", resume.

Un triunfo por menos de 50 mil votos
Según explica, la diferencia decisiva provino de los votos emitidos fuera del país, un hecho sin antecedentes en la historia electoral peruana. Sobre ese proceso persisten, dice, dudas que difícilmente lleguen a esclarecerse. "Esa pequeña diferencia de 49.691 votos procedió del exterior y creo que ya no habrá la investigación periodística necesaria que subsane el problema", sostiene. Aunque evita hacer afirmaciones concluyentes, admite que "siguen las sospechas de que algo, posiblemente, haya sucedido en esas mesas del exterior".

Para Lozada, el proceso electoral presenta dos hechos excepcionales que alimentan esas dudas. El primero es que, por primera vez, una elección presidencial se definiera gracias al voto de los peruanos residentes en el extranjero. El segundo, que el conteo rápido se apartara del resultado final.

Recuerda que el conteo rápido había dado como ganador a Roberto Sánchez. "Es la primera vez en el Perú que un conteo rápido se equivoca", señala, aunque inmediatamente aclara, con evidente ironía, que coloca esa afirmación "entre comillas". Explica que el conteo rápido no se basa en proyecciones sino en información obtenida directamente de las mesas de votación, por lo que históricamente había mostrado una alta confiabilidad.

Un gobierno que nace con problemas de legitimidad
En su interpretación, ambos elementos —el peso decisivo del voto exterior y la discrepancia del conteo rápido con el resultado oficial— constituyen indicios suficientes para que una parte importante de la sociedad cuestione la legitimidad del proceso.

Lejos de pensar que la conflictividad disminuirá una vez que Keiko Fujimori asuma la Presidencia, Lozada considera que el escenario puede agravarse. Advierte que ya existen estimaciones acerca de la conformación de un gobierno con fuerte respaldo de las Fuerzas Armadas y de la Policía para enfrentar las protestas que podrían producirse en distintas regiones del país.

El Congreso como verdadero centro del poder
En ese contexto, sostiene que el verdadero centro del poder no se encuentra hoy en la Presidencia sino en el Congreso. Describe al Parlamento como una "coalición mafiosa" y afirma compartir esa caracterización. Desde allí —explica— se habrían impulsado reformas destinadas a garantizar un marco jurídico favorable para la actuación de las fuerzas de seguridad frente a eventuales manifestaciones de rechazo al nuevo gobierno.

Entre esas modificaciones menciona una ley que habilita a militares y policías a utilizar sus armas con mayores niveles de protección judicial. Según detalla, las eventuales denuncias contra efectivos por hechos ocurridos durante procedimientos de seguridad pasarán primero por la jurisdicción militar. Incluso si esos casos llegaran a la Corte Suprema, agrega, el Código Penal peruano establece prioridad para lo resuelto previamente por la justicia castrense.

"Se ha armado un andamiaje preciso, exacto", afirma, convencido de que ese esquema fue diseñado para afrontar el conflicto social que podría desencadenarse tras la asunción presidencial.

Las preguntas que no tienen respuesta
Las dudas también alcanzan al tratamiento de los votos emitidos en el exterior. Uno de los interrogantes más repetidos es la diferencia en los tiempos de llegada de las actas electorales desde distintos países. Menciona, por ejemplo, que los votos provenientes de Japón fueron computados antes que los enviados desde Argentina, una situación que considera llamativa.

También observa con preocupación la demora registrada en la recepción de las actas enviadas desde Estados Unidos. "¿Por qué estuvieron tanto tiempo allí, expuestas a posibles manipuleos?", se pregunta. A su entender, ninguna de esas situaciones recibió hasta ahora una explicación técnica satisfactoria por parte del Jurado Nacional de Elecciones.

A esos interrogantes suma testimonios de votantes que aseguraron haber recibido indicaciones sobre por quién debían votar al llegar a sus mesas electorales. Dice que existen registros en video de esas denuncias y considera que, al menos, deberían haber motivado una investigación independiente. Sin embargo, cree que esa posibilidad quedó definitivamente clausurada tras la proclamación oficial de la presidenta.

"Ya está establecido y sacramentado", resume. "El Jurado Nacional proclamó a la presidenta y ya se dijo que no se va a hacer absolutamente caso a todo tipo de denuncia, reclamo o exigencia."

La salida de Piero Corbetto y las nuevas sospechas sobre la ONPE
Las sospechas del periodista no se limitan a la segunda vuelta. También recuerda un episodio ocurrido durante la primera, cuando la empresa encargada de distribuir el material electoral no entregó a tiempo las actas en dos centros de votación de Lima. El hecho provocó una fuerte repercusión política y mediática y terminó con la salida de Piero Corbetto de la conducción de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), pese a que —según señala Lozada— la legislación no contemplaba esa posibilidad.

Corbetto era ampliamente reconocido por su honestidad, sostiene, y su salida forzada alimentó nuevas dudas sobre el desarrollo del proceso electoral. "La presión fue tal que terminó diciendo: 'yo me voy'". A partir de entonces, añade, quienes asumieron la conducción de la ONPE quedaron al frente del organismo responsable de distribuir las actas y realizar el escrutinio, en una elección que continúa generando interrogantes sobre su transparencia.

A medida que enumera los episodios que rodearon el proceso electoral, Luis Enrique Lozada Gallardo vuelve una y otra vez sobre la misma idea: las sospechas no nacen de un único hecho, sino de una acumulación de decisiones, omisiones y cambios institucionales que, a su entender, fueron debilitando la confianza pública.

Tras la salida de Piero Corbetto de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), observa que quienes asumieron la conducción del organismo eran prácticamente desconocidos para la opinión pública. Ese relevo, sumado a las controversias sobre el tratamiento de las actas provenientes del exterior y a la presencia de funcionarios en cargos estratégicos, alimentó aún más las dudas.

"Entonces, dígame usted si no hay sospechas", plantea. A su juicio, nunca hubo una explicación técnica convincente que respondiera los interrogantes planteados sobre el proceso electoral. "Ya no se va a investigar, ya no se ha dicho nada, no ha habido una información técnica que respalde todo lo sucedido. Entonces la ilegitimidad crece."

Ese clima de desconfianza, sostiene, podría traducirse en una creciente conflictividad social, especialmente en el sur del país, donde anticipa posibles levantamientos, marchas y protestas contra el futuro gobierno de Keiko Fujimori.

Pero el análisis de Lozada va más allá del resultado electoral. Enmarca lo ocurrido dentro de un proceso que, según entiende, lleva años de construcción y que tuvo como objetivo el control progresivo de las principales instituciones del Estado.

La captura institucional
Asegura que el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, la Fiscalía de la Nación, la Defensoría del Pueblo y parte del Poder Judicial "ya fueron tomadas". Entre todos esos casos, dedica una atención especial al Ministerio Público.

Recuerda que el actual fiscal de la Nación, Tomás Gálvez, asumió el cargo bajo fuertes cuestionamientos por presuntos vínculos con la organización conocida como "Los Cuellos Blancos del Puerto". Según relata, una de sus primeras decisiones fue desmantelar las fiscalías especializadas que investigaban casos de alta complejidad, incluyendo aquellos en los que el propio fiscal aparecía mencionado.

Se vienen por los periodistas de investigación
"Uno se queda asombrado y, a veces, gana la impotencia", admite. Para el periodista, el panorama institucional es desolador. Enumera una por una las instituciones que considera capturadas y recuerda incluso una frase pronunciada por el presidente del Congreso: "Vamos a barrer el Poder Judicial".

En ese escenario, advierte que el siguiente objetivo serían los periodistas de investigación.

Como ejemplo menciona el proyecto de ley impulsado por el congresista Alejandro Muñante, que —según interpreta— apunta directamente contra el reconocido periodista Gustavo Gorriti, blanco desde hace años de campañas de hostigamiento y persecución política.

"Se vienen por los periodistas de investigación", resume.

La "dictadura parlamentaria" como interpretación del presente peruano
Lozada recurre entonces a un concepto desarrollado por el politólogo Martín Tanaka para describir el funcionamiento actual del sistema político peruano: una "dictadura parlamentaria". Bajo esa lógica, sostiene, el Congreso concentra el verdadero poder político mientras la Presidencia queda reducida a un papel meramente formal.

"El presidente de la República es hasta el momento una figura decorativa", afirma. Con la llegada de Keiko Fujimori a la Casa de Pizarro, considera que esa estructura de poder alcanzará su máxima expresión. "Ellos tienen ya un poder ilimitado. La dictadura va a continuar."

Para explicar cómo se construyó ese escenario, retrocede hasta 2016. Recuerda que ese año Keiko Fujimori perdió la elección presidencial frente a Pedro Pablo Kuczynski, pero inmediatamente anunció que convertiría su plan de gobierno en leyes desde el Parlamento.

"Otra manera de decirlo era: vamos a gobernar desde el Congreso", interpreta Lozada.

El legado del fujimorismo y la continuidad del poder
A su juicio, esa promesa terminó cumpliéndose. Durante la última década —dice— el fujimorismo fue tejiendo "muy fino" una red de poder que le permitió avanzar, paso a paso, sobre las principales instituciones del Estado.

"Poquito a poco fueron haciendo lo que ahora ya es una realidad", sostiene. "Tomaron los principales poderes del Estado y ya está hecha toda la tarea."

Por eso considera que Keiko Fujimori no llega al poder para iniciar un nuevo ciclo político, sino para administrar una estructura previamente consolidada. En ese contexto, cree que las reformas legales aprobadas en los últimos años buscan garantizar el control frente a las protestas sociales que puedan surgir.

Algunos analistas —señala— ya hablan de una futura "dictadura cívico-militar" o, en el mejor de los casos, de una "democracia cívico-militar". Él va incluso más lejos.

"En realidad, en el Perú hay una dictadura", afirma. Aclara, sin embargo, que se trata de una dictadura "solapada", difícil de percibir para buena parte de la ciudadanía porque sus mecanismos de construcción del poder operan principalmente a través de reformas legislativas y decisiones institucionales.

Medios, memoria y continuidad política
A esa situación suma un factor que considera decisivo: el comportamiento de los grandes medios de comunicación.

Apelando a la teoría de la agenda setting, sostiene que la ciudadanía muchas veces desconoce la magnitud de las transformaciones institucionales porque la cobertura mediática privilegia aquello que resulta más atractivo antes que lo verdaderamente importante.

"Los medios no necesariamente informan sobre lo más importante, sino sobre lo más interesante", resume.

Cuando la conversación se desplaza hacia la historia peruana, Lozada encuentra allí un espejo del presente. No tiene dudas de que el regreso del fujimorismo representa una continuidad del proyecto iniciado por Alberto Fujimori en la década de 1990.

Recuerda que Keiko Fujimori fue primera dama durante el gobierno de su padre, nunca tomó distancia política de ese legado y, por el contrario, ha manifestado públicamente su intención de continuarlo.

"Ha dicho que va a seguir el legado de su padre", señala.

Su evaluación sobre el expresidente es categórica. Lo define como "el presidente más corrupto de la historia del Perú" y recomienda como lectura indispensable Historia de la corrupción en el Perú, del economista e historiador Alonso Quiroz. Destaca especialmente el capítulo dedicado al régimen fujimorista, donde —afirma— se documenta con detalle el funcionamiento de aquella estructura de poder.

La referencia histórica no termina allí. Para explicar la repetición de ciertos procesos políticos, recuerda también la figura de Manuel Ignacio Prado, presidente peruano durante la Guerra del Pacífico, quien abandonó el país con el argumento de adquirir armamento en Europa y nunca regresó. Años después, su hijo fue elegido presidente en dos oportunidades.

Lozada encuentra un paralelismo con la historia reciente. Alberto Fujimori fue condenado por corrupción, secuestros, desapariciones forzadas y violaciones a los derechos humanos; posteriormente fue indultado, recuperó la libertad y falleció poco tiempo después. Ahora, observa, es su hija quien llega a la Presidencia.

"Como tú has dicho, quien no conoce su historia está condenado a repetirla", concluye. "Ahí está."

Ante la posibilidad de que, como ocurrió en otros países de la región, los sectores que desconocen el resultado electoral impulsen acciones de desobediencia civil, Lozada se muestra escéptico. Menciona los casos recientes de Colombia, donde dirigentes opositores cuestionaron el triunfo de Abelardo de la Espriella y anunciaron recursos internacionales, pero considera que el escenario peruano será diferente.

El fantasma de una nueva represión
No descarta que, tras la asunción presidencial del 28 de julio, se produzcan protestas en distintas regiones, especialmente en el sur del país. Sin embargo, cree que cualquier intento de movilización encontrará una rápida respuesta represiva.

"Posiblemente haya nuevamente más asesinatos", advierte.

Para fundamentar ese temor recuerda la represión ocurrida entre diciembre de 2022 y enero de 2023, cuando unas sesenta personas murieron durante las manifestaciones en el sur peruano. Sostiene que esos hechos permanecen impunes y atribuye esa situación a la protección política que, según su interpretación, recibió la entonces presidenta Dina Boluarte por parte del Congreso.

"El Congreso la salvó de todos los cuestionamientos que pudieran haber tras esos asesinatos", afirma.

Por eso cree que, si vuelven a producirse protestas, el desenlace podría repetirse: "protesta y avasallamiento, represión policial y militar".

Aunque reconoce que existen llamados a la desobediencia civil, considera improbable que una iniciativa de ese tipo logre consolidarse en el Perú. A su entender, el país se encuentra profundamente dividido y una parte importante del norte peruano —menciona particularmente las regiones de Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad— mantiene su respaldo al fujimorismo.

El miedo, el "terruqueo" y la desmovilización social
Pero, además, identifica otro factor decisivo: el miedo.

"El miedo funciona, siempre ha funcionado", dice. Explica que en el Perú opera desde hace años una práctica conocida como "terruqueo", consistente en asociar o acusar de terrorismo a quienes cuestionan al poder político o participan de protestas sociales. Ese mecanismo, sostiene, termina desalentando la participación ciudadana.

"El miedo paraliza, a veces hace retroceder. Lo conocemos por la historia, desde Hitler y aun antes", reflexiona.

A ese escenario suma el papel que, según su mirada, desempeñan los grandes medios de comunicación. Está convencido de que Roberto Sánchez Palomino será progresivamente desplazado de la agenda pública mediante estrategias de invisibilización y descrédito.

"Lo van a desaparecer de la escena, lo van a ridiculizar, lo van a ningunear", resume.

Para respaldar esa afirmación cita el informe elaborado por la misión de observación electoral de la Unión Europea, que —según señala— advirtió expresamente sobre el sesgo político de buena parte de la cobertura mediática durante la campaña.

"Yo vivo aquí y sé que ese sesgo existía antes, durante y seguirá existiendo ahora", sostiene.

Perú en un fenómeno que excede las fronteras nacionales
Al ampliar la mirada hacia América Latina, Lozada rechaza la idea de que la situación peruana constituya un fenómeno aislado. En su opinión, forma parte de una transformación política de alcance global caracterizada por el fortalecimiento de expresiones de ultraderecha y por el deterioro de los consensos democráticos.

"No es solamente una tendencia latinoamericana; es una tendencia mundial", afirma.

En ese recorrido menciona a distintos países donde, según su interpretación, avanzan proyectos políticos de características similares. Cita a la Argentina, con Javier Milei, Colombia, Bolivia, Estados Unidos e Italia, y considera que todos forman parte de un mismo proceso internacional cuyo origen todavía requiere mayores estudios académicos.

Más allá de las particularidades de cada caso, encuentra un elemento común: el creciente peso de las plataformas digitales y de los algoritmos en la construcción del debate público.

Como periodista y docente universitario, observa con preocupación el poder que han adquirido las grandes empresas tecnológicas para moldear la circulación de la información y orientar las preferencias electorales.

"Estamos hablando de los algoritmos", señala. Recuerda investigaciones realizadas en Estados Unidos sobre el papel que habrían desempeñado las redes sociales en el triunfo de Donald Trump y sostiene que ese fenómeno merece ser estudiado con mucha mayor profundidad.

A su juicio, detrás de la expansión de las nuevas derechas también opera un ecosistema comunicacional global concentrado en pocas manos.

"Vivimos un mundo comunicacional globalizado y tomado por unos gánsters de la comunicación", resume.

Para Lozada, el futuro inmediato del Perú no depende únicamente del resultado de una elección, sino de una disputa más amplia por el control de las instituciones, la información y la democracia. Esa, sostiene, es la verdadera discusión que recién comienza.

Escuchá la entrevista completa:
Foto: Ernesto Benavides - La Tribuna Perú

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