Este domingo 13 de septiembre, entre las 12 y las 18, la costa rosarina volverá a encontrarse con el fuego, la cerámica y la memoria. En el predio que pertenece al Almacén de las Tres Ecologías, en el Paseo de la Costanera al 1500, se realizará la octava edición de la Fiesta del Fuego y Encuentro de Ceramistas, una jornada que, más que una celebración, busca recuperar saberes ancestrales, reivindicar el vínculo con la naturaleza y volver a poner en escena la memoria de un territorio atravesado por el río Paraná.
Pero esta vez la fiesta llega con otra carga. Después del desalojo que sufrió el Almacén del espacio físico que ocupaba en la costa del río, la celebración tendrá lugar, como en otras oportunidades, al aire libre. La diferencia es que esta vez todos estarán afuera: ceramistas, cooperativas y las distintas personas que forman parte del Almacén.
Maru Torresi, integrante del Almacén de las Tres Ecologías y de la Feria de la Resistencia por las Tres Ecologías, cuenta en Señales que la fiesta nació a partir de una inquietud compartida con la Subsecretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Ocho ediciones después, la continuidad del encuentro adquiere un significado particular.
El espacio se encuentra en la zona de Costanera y Presidente Roca, un lugar desde donde el río aparece como paisaje inmediato y, al mismo tiempo, como territorio en disputa.
Después del desalojo, todos afuera
La respuesta frente al desalojo fue seguir adelante. La fiesta se hará en la costa, con entrada libre y gratuita, y reunirá a quienes habitualmente forman parte de las actividades del Almacén junto a ceramistas, cooperativas, artistas y vecinos.
La cerámica será el centro de la jornada. Pero alrededor de ella aparecerá una pregunta más profunda: cómo recuperar y transmitir prácticas antiguas vinculadas con la tierra y el fuego, especialmente aquellas relacionadas con las comunidades que habitaron las costas del Paraná.
Ese es, para Torresi, el eje central de la Fiesta del Fuego: "Recuperar estas prácticas ancestrales", particularmente las que pertenecen a quienes habitaban antiguamente este territorio.
En ese marco participará Gaby Cepeda, integrante del proyecto Oyé Ndén —nombre que, según explica Torresi, significa "guardamemoria" en lengua chaná—, con la intención de reflotar y continuar difundiendo la cultura ancestral de las costas del río Paraná.
Cepeda ofrecerá un curso de quema de cerámica y se realizarán cocciones mediante pequeños hornos que serán trasladados e instalados en el predio. La actividad permitirá acercarse de manera concreta a una práctica que conecta la cerámica contemporánea con técnicas y conocimientos de larga historia.
También habrá un encuentro amplio de ceramistas de la ciudad. Muchos de ellos participan habitualmente de la feria del Almacén y cada uno trabaja con técnicas diferentes. Torresi aclara que ella no es ceramista, pero conoce la diversidad de procedimientos que conviven dentro de esa práctica.
La intención es que el encuentro sirva justamente para poner esos conocimientos en circulación, difundirlos y revalorizarlos.
Volver a la tierra y al fuego
La fiesta se plantea, así, como una recuperación de una mirada ecologista y de una relación diferente con la naturaleza. Y el lugar elegido no es un detalle menor.
Para Torresi, esa parte de la costa funciona como una ventana al río, un río que observa "bastante desprotegido, descuidado" y también atravesado por procesos de comercialización. En ese contexto, poder realizar allí la fiesta adquiere un valor simbólico particular.
Durante la jornada habrá talleres gratuitos. Entre ellos se presentará un proyecto impulsado por un grupo de ceramistas, artistas y personas vinculadas con la Facultad de Humanidades, que desarrolla talleres para infancias en distintos puntos de Rosario.
En esta oportunidad, esas experiencias llegarán a una mesa denominada "Contar con Imágenes", en la que participarán el Taller de la Libertad y el Taller de la Casa de la Cultura.
El trabajo con niños y niñas ocupa un lugar especialmente importante para Torresi. Se trata, dice, de recuperar desde edades tempranas saberes que muchas veces han quedado relegados, pero también de acercarse a infancias que viven situaciones de vulnerabilidad en distintos lugares de la ciudad.
La transmisión de conocimientos ancestrales aparece entonces no sólo como una cuestión cultural, sino también como una forma de construir espacios de encuentro y participación.
Una ciudad bordada con hilos
Habrá además una propuesta que, para Torresi, resulta especialmente novedosa: la participación de un grupo de mujeres tejedoras y bordadoras del taller Tejer Afuera.
Las mujeres habían participado anteriormente en una radio abierta realizada en el Almacén y de aquel encuentro surgió una idea que luego tomó forma propia: comenzar a plasmar sobre una arpillera itinerante imágenes, sentimientos y diferentes expresiones vinculadas con la ciudad.
Así nació una enorme pieza colectiva, un gran paño sobre el que distintas personas fueron tejiendo, bordando e interviniendo.
El proyecto tuvo uno de sus puntos de partida en la Escuela Musto y después comenzó a recorrer otros espacios. La arpillera fue creciendo con cada intervención y llegará ahora a la Fiesta del Fuego.
Torresi la describe como una pieza "muy bella" y "muy hermosa", pero también profundamente rosarina. En sus imágenes aparecen distintos aspectos de la ciudad, convertidos en una memoria colectiva construida con hilos, telas y manos.
La jornada tendrá también sabores y música. Habrá comida de la comunidad Coya y propuestas de cocina norteña. Para el cierre está prevista la participación de un DJ jamaiquino que trabaja con folktrónica, una mezcla de folklore y música electrónica pensada para terminar la tarde con baile.
También habrá una radio abierta durante el encuentro.
El río como paisaje y territorio en disputa
La propuesta, sostiene Torresi, suele convocar a mucha gente y resulta atractiva para toda la comunidad rosarina. Pero detrás de los talleres, la comida, la música y la cerámica existe una discusión más amplia que atraviesa al Almacén y a la propia fiesta: qué ciudad se quiere construir alrededor del río y quiénes tienen derecho a habitar, producir y desarrollar proyectos en la costa.
La discusión se inscribe, además, en un escenario que Torresi vincula con la desaparición de espacios culturales y con un proceso de expulsión de cooperativas, organizaciones y experiencias de economía solidaria de la costa central.
El cierre del Almacén de las Tres Ecologías, sostiene, forma parte de una realidad más amplia: la de numerosos centros culturales que fueron cerrados en Rosario.
Para Torresi, la discusión está vinculada con "este clima de época" marcado por una tendencia a privatizar y por una pérdida de valor de aquello que se construye colectivamente.
Frente a eso, reivindica el cooperativismo, el trabajo conjunto y el trabajo autogestivo. Y hace una aclaración sobre el concepto de autogestión: no lo entiende como individualismo, sino como una forma de organización que necesita de un Estado presente, capaz de sostener determinadas experiencias.
No se trata, explica, de un Estado "demasiado paternalista", sino de una presencia estatal que acompañe y sostenga este tipo de proyectos.
Desde su perspectiva, el Estado municipal está descuidando actualmente esos espacios. Lo dice, admite, "bastante diplomática", pero considera que existe una tendencia a privatizar la costa y a desplazar de allí los proyectos comunitarios.
No plantea que el Almacén de las Tres Ecologías sea el único proyecto posible ni que deba ocupar indefinidamente ese lugar. Por el contrario, dice que podrían surgir otras iniciativas e incluso proyectos "superadores" al propio Almacén.
Lo que cuestiona es que los pocos espacios que existen con vista al río y en la costa queden progresivamente orientados hacia la privatización y pierdan su dimensión comunitaria.
"Y eso no está bueno", insiste.
Porque, para Torresi, esos espacios pertenecen también a la comunidad.
El Almacén de las Tres Ecologías nunca fue pensado solamente como un lugar de comercialización, aunque la actividad comercial haya sido fundamental. De ese espacio, recuerda, dependen muchas familias, cientos de familias, no sólo de Rosario sino también de otros lugares.
Pero el Almacén fue además un espacio cultural. Allí se realizaron la Fiesta de la Pachamama y la propia Fiesta del Fuego, además de innumerables actividades, presentaciones de libros y encuentros.
Era, destaca Torresi, un espacio abierto y gratuito.
La propuesta, sostiene Torresi, suele convocar a mucha gente y resulta atractiva para toda la comunidad rosarina. Pero detrás de los talleres, la comida, la música y la cerámica existe una discusión más amplia que atraviesa al Almacén y a la propia fiesta: qué ciudad se quiere construir alrededor del río y quiénes tienen derecho a habitar, producir y desarrollar proyectos en la costa.
La discusión se inscribe, además, en un escenario que Torresi vincula con la desaparición de espacios culturales y con un proceso de expulsión de cooperativas, organizaciones y experiencias de economía solidaria de la costa central.
El cierre del Almacén de las Tres Ecologías, sostiene, forma parte de una realidad más amplia: la de numerosos centros culturales que fueron cerrados en Rosario.
Para Torresi, la discusión está vinculada con "este clima de época" marcado por una tendencia a privatizar y por una pérdida de valor de aquello que se construye colectivamente.
Frente a eso, reivindica el cooperativismo, el trabajo conjunto y el trabajo autogestivo. Y hace una aclaración sobre el concepto de autogestión: no lo entiende como individualismo, sino como una forma de organización que necesita de un Estado presente, capaz de sostener determinadas experiencias.
No se trata, explica, de un Estado "demasiado paternalista", sino de una presencia estatal que acompañe y sostenga este tipo de proyectos.
Desde su perspectiva, el Estado municipal está descuidando actualmente esos espacios. Lo dice, admite, "bastante diplomática", pero considera que existe una tendencia a privatizar la costa y a desplazar de allí los proyectos comunitarios.
No plantea que el Almacén de las Tres Ecologías sea el único proyecto posible ni que deba ocupar indefinidamente ese lugar. Por el contrario, dice que podrían surgir otras iniciativas e incluso proyectos "superadores" al propio Almacén.
Lo que cuestiona es que los pocos espacios que existen con vista al río y en la costa queden progresivamente orientados hacia la privatización y pierdan su dimensión comunitaria.
"Y eso no está bueno", insiste.
Porque, para Torresi, esos espacios pertenecen también a la comunidad.
El Almacén de las Tres Ecologías nunca fue pensado solamente como un lugar de comercialización, aunque la actividad comercial haya sido fundamental. De ese espacio, recuerda, dependen muchas familias, cientos de familias, no sólo de Rosario sino también de otros lugares.
Pero el Almacén fue además un espacio cultural. Allí se realizaron la Fiesta de la Pachamama y la propia Fiesta del Fuego, además de innumerables actividades, presentaciones de libros y encuentros.
Era, destaca Torresi, un espacio abierto y gratuito.
Una fiesta que también es una forma de resistencia
A eso se suma una señal sobre el futuro del galpón que ocupaba el Almacén. Según la información que maneja Torresi, el espacio sería reinaugurado el sábado siguiente mediante un proceso abierto por la Municipalidad para emprendedores.
Ella misma introduce la información con cautela y la coloca "entre comillas", porque considera que esa reapertura podría haber surgido como consecuencia de la resistencia que generó el cierre del Almacén.
"No creo que haya sido la idea primaria de esto", aclara, dejando en claro que se trata de una opinión personal de la que se hace responsable.
Frente a ese escenario, las organizaciones vinculadas con el Almacén no se quedaron únicamente en la resistencia. También elaboraron una alternativa.
Presentaron un proyecto de bioconstrucción para levantar un nuevo espacio de comercialización y encuentro en la costa.
La propuesta fue presentada ante autoridades de la Secretaría y la Subsecretaría de Economía Social, y también ante integrantes del Concejo Municipal y de la Comisión de Empleo y Producción.
El lugar solicitado es la explanada conocida como La Pérgola, pegada al antiguo galpón de Tres Ecologías.
Se trata de un espacio actualmente sin explotar que, según explica Torresi, pertenecía antiguamente a los galpones ferroviarios. Tiene una base y una estructura de vigas ya construida, una construcción que consideran sólida y bien realizada.
Y, sobre todo, está frente al río.
Un nuevo lugar frente al Paraná
La elección del lugar responde precisamente a esa condición. El proyecto busca no perder la relación con el Paraná y con todo aquello que el río representa en términos económicos, sociales y ecológicos.
La idea es que la nueva construcción no sea solamente un sitio de comercialización.
El proyecto contempla un "observatorio del río Paraná": un espacio abierto para grupos ecologistas, escuelas y diferentes actividades vinculadas con el ambiente y la educación.
Al mismo tiempo, permitiría sostener las actividades que históricamente se desarrollaban en el Almacén, como la feria y el espacio comercial.
Torresi lo define como un proyecto "hermoso" y ambicioso, pero también completamente autogestivo.
La organización no le solicita dinero al Ejecutivo municipal. Lo que pide es la autorización para utilizar el espacio.
Mientras tanto, las conversaciones continúan. Se reúnen con distintos sectores, con integrantes del oficialismo y con representantes de partidos de la oposición, en busca de una vía para avanzar con la iniciativa.
Para Torresi, el proyecto tiene además un valor que excede a la propia propuesta arquitectónica. Considera que podría ser una experiencia única para Rosario porque la bioconstrucción también permite recuperar conocimientos ancestrales.
Antes de las construcciones dominadas por el cemento, el hierro y las vigas industriales, recuerda, se construía con barro, paja y amasado.
Como ejemplo de que esas técnicas pueden integrarse a espacios públicos y culturales, menciona al Museo Gallardo de Rosario, donde existe una parte realizada con este método. La invita incluso a la ciudadanía a conocerla cuando el museo vuelva a abrir sus puertas.
La apuesta, en definitiva, es conectar experiencias.
Cooperativas, organizaciones, proyectos nuevos y espacios culturales aparecen para Torresi como piezas de una misma discusión sobre el modelo de ciudad.
Rosario, dice, puede ser una ciudad más integrada con esas experiencias y no únicamente una ciudad "metropolitana y llena de edificios y cemento".
También cuestiona una idea instalada sobre qué puede resultar atractivo para quienes visitan la ciudad.
"No todo el cemento es turístico", plantea.
Hay otras formas de mostrar Rosario, vinculadas con el ambiente, el trabajo colectivo, la cultura y el río.
Una fiesta autorizada, una costa en discusión
En ese marco, la Fiesta del Fuego adquiere otra dimensión. No es sólo un evento cultural programado para un domingo.
Es también una forma de volver a ocupar simbólicamente un territorio del que el Almacén fue desplazado y de hacerlo, esta vez, mediante una actividad abierta, gratuita y autorizada.
Porque esa cuestión también aparece en la conversación: después del desalojo, ¿la fiesta tenía permiso para realizarse en ese lugar?
Torresi responde con contundencia.
Sí. La actividad está "totalmente autorizada".
Remarca que quienes integran el Almacén siempre fueron respetuosos de los procedimientos institucionales y que nunca realizaron acciones contra una institución o una autoridad.
"Siempre respetamos la vía administrativa, legal", afirma.
Y establece una diferencia tajante respecto de lo ocurrido con el espacio:
"La violencia la ejerció el Estado, no nosotros".
Con la autorización correspondiente, asegura, la preocupación queda despejada. La fiesta podrá desarrollarse entre las 12 y las 18, con todas las actividades concentradas dentro de ese horario.
Habrá comida norteña para degustar, un puesto de la comunidad Coya, música hacia el final de la jornada, radio abierta, talleres y numerosos ceramistas.
La propuesta invita a observar cómo se trabajaba antiguamente con la tierra y el fuego y, a través de esas prácticas, volver a conectarse con la historia de la Costanera, de Rosario y de la costa de toda la provincia de Santa Fe.
"Está lindo todo eso", dice Torresi.
A veces, sostiene, hace falta volver a los ancestros y a los orígenes en lugar de pensar únicamente hacia adelante, en términos de tecnología y futuro.
También puede ser necesario, de vez en cuando, "volver un poco a la tierra".
La convocatoria es sencilla: este domingo, desde las 12, en Presidente Roca y el río.
Quienes se acerquen encontrarán una movida grande, con gazebos y tablones, y podrán reconocer rápidamente el lugar. Desde la organización también prometen "hacer un poco de ruido" para que nadie tenga dudas de dónde está la fiesta.
La entrada será libre y gratuita. También lo serán todos los talleres y las actividades propuestas. Sólo tendrán costo los productos que ofrezcan los artesanos y artesanas, porque, como recuerda Torresi, allí sí se trata del trabajo cotidiano de quienes producen.
En ese marco, la Fiesta del Fuego adquiere otra dimensión. No es sólo un evento cultural programado para un domingo.
Es también una forma de volver a ocupar simbólicamente un territorio del que el Almacén fue desplazado y de hacerlo, esta vez, mediante una actividad abierta, gratuita y autorizada.
Porque esa cuestión también aparece en la conversación: después del desalojo, ¿la fiesta tenía permiso para realizarse en ese lugar?
Torresi responde con contundencia.
Sí. La actividad está "totalmente autorizada".
Remarca que quienes integran el Almacén siempre fueron respetuosos de los procedimientos institucionales y que nunca realizaron acciones contra una institución o una autoridad.
"Siempre respetamos la vía administrativa, legal", afirma.
Y establece una diferencia tajante respecto de lo ocurrido con el espacio:
"La violencia la ejerció el Estado, no nosotros".
Con la autorización correspondiente, asegura, la preocupación queda despejada. La fiesta podrá desarrollarse entre las 12 y las 18, con todas las actividades concentradas dentro de ese horario.
Habrá comida norteña para degustar, un puesto de la comunidad Coya, música hacia el final de la jornada, radio abierta, talleres y numerosos ceramistas.
La propuesta invita a observar cómo se trabajaba antiguamente con la tierra y el fuego y, a través de esas prácticas, volver a conectarse con la historia de la Costanera, de Rosario y de la costa de toda la provincia de Santa Fe.
"Está lindo todo eso", dice Torresi.
A veces, sostiene, hace falta volver a los ancestros y a los orígenes en lugar de pensar únicamente hacia adelante, en términos de tecnología y futuro.
También puede ser necesario, de vez en cuando, "volver un poco a la tierra".
La convocatoria es sencilla: este domingo, desde las 12, en Presidente Roca y el río.
Quienes se acerquen encontrarán una movida grande, con gazebos y tablones, y podrán reconocer rápidamente el lugar. Desde la organización también prometen "hacer un poco de ruido" para que nadie tenga dudas de dónde está la fiesta.
La entrada será libre y gratuita. También lo serán todos los talleres y las actividades propuestas. Sólo tendrán costo los productos que ofrezcan los artesanos y artesanas, porque, como recuerda Torresi, allí sí se trata del trabajo cotidiano de quienes producen.
El fuego como punto de encuentro
Después de una conversación atravesada por la memoria, la defensa del río, la autogestión, el conflicto por el espacio público y la necesidad de imaginar otras formas de ciudad, Torresi vuelve al espíritu más simple de la convocatoria: compartir una jornada de domingo.
El fuego, esta vez, no será solamente una técnica para transformar la arcilla.
Será una excusa para reunirse, mirar el río, recuperar saberes y recordar que detrás de la costa que se ve también existe otra ciudad: una hecha de cooperativas, artistas, ceramistas, tejedoras, escuelas, comunidades, organizaciones y vecinos que todavía buscan un lugar desde donde construir colectivamente.
Y en esa disputa por la memoria y el territorio, la Fiesta del Fuego llega a su octava edición como una forma de persistencia.
Afuera del antiguo galpón, pero frente al mismo río.
Con las manos en la tierra y los ojos puestos en una costa que, para quienes la habitan y la defienden, todavía tiene mucho para contar.
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