domingo, 17 de mayo de 2026

Una trabajadora ciega denuncia la crueldad como política contra la universidad pública y los derechos de las personas con discapacidad

Psicóloga, trabajadora de la Universidad Nacional de Rosario y coordinadora del área de accesibilidad de la Facultad de Psicología, Gabriela Fernández enlaza su historia personal con una crítica profunda al presente político. En una conversación atravesada por la defensa de la educación pública, denunció el deterioro de las políticas de discapacidad, las barreras que persisten en la vida cotidiana y el impacto social de un modelo que, asegura, convierte la crueldad en forma de gobierno
Gabriela Fernández aprendió desde muy temprano que el acceso a la educación no estaba garantizado para todos por igual. Psicóloga, trabajadora no docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario y coordinadora del área de accesibilidad de esa casa de estudios, hoy ocupa un lugar central en el acompañamiento de estudiantes en situación de discapacidad. Pero cuando ella misma transitaba las aulas como estudiante ciega, ese espacio todavía no existía.

Durante aquellos años, recuerda, su recorrido universitario dependía casi exclusivamente de la buena voluntad de compañeros, compañeras y docentes que le ayudaban a leer materiales o a rendir exámenes. "No siempre existió un espacio de acompañamiento con perspectiva de accesibilidad en la facultad", señala. Recién hace algo más de siete años la Facultad de Psicología comenzó a contar con un dispositivo institucional destinado a acompañar las trayectorias educativas de personas con discapacidad, enmarcado en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, normativa que en Argentina tiene rango constitucional.

Una universidad que abrió puertas
Desde ese lugar, Fernández observa que, pese a los avances normativos y a las dos décadas transcurridas desde la sanción de la Convención, persisten barreras que continúan limitando el desarrollo pleno de las personas con discapacidad. Algunas son visibles —las arquitectónicas o económicas—, pero otras, asegura, son mucho más difíciles de derribar: las simbólicas. Son esas representaciones sociales las que todavía impiden que muchas personas puedan estudiar, trabajar, ir al cine o participar de la vida social en igualdad de condiciones.

La exclusión laboral es, para ella, uno de los ejemplos más contundentes. Remarca que el 80% de las personas con discapacidad nunca accedió a un trabajo formal y que, en el caso de las mujeres, ese porcentaje supera el 90%. Incluso quienes logran insertarse laboralmente suelen quedar relegados a tareas básicas, independientemente de su formación profesional. No se trata, insiste, de falta de voluntad ni de capacidades, sino de un sistema que históricamente restringe el acceso.

Cuando habla de la universidad pública, la voz se le llena de biografía. Hija de una familia de clase media baja, con padres trabajadores y una historia atravesada por las limitaciones económicas, sostiene que sin la universidad pública y gratuita jamás habría podido acceder a una carrera universitaria. Allí se formó como psicóloga clínica, allí pudo construir una trayectoria profesional y allí encontró también la posibilidad de coordinar un dispositivo educativo orientado a la accesibilidad. "Le debo infinidad de cosas a la universidad pública", afirma.
Las barreras invisibles de la discapacidad
Esa historia personal se enlaza directamente con su militancia, iniciada a mediados de los años noventa en organizaciones de la sociedad civil vinculadas a los derechos de las personas con discapacidad y a los derechos humanos. Por eso, explica, le resultó imposible no participar de la cuarta marcha federal universitaria realizada frente al Monumento Nacional a la Bandera, donde además tomó la palabra públicamente.

En ese discurso dejó en claro que no hablaba únicamente en nombre del colectivo de personas con discapacidad. "No soy sólo una persona con discapacidad", planteó. También es mujer, psicóloga, trabajadora universitaria, investigadora y parte de una sociedad que, según define, está siendo "absolutamente vapuleada" por las políticas del actual gobierno.

La palabra que atravesó buena parte de su intervención fue "crueldad". Fernández considera que las políticas implementadas por el gobierno nacional de Javier Milei responden precisamente a esa lógica: la de convertir al otro en enemigo y actuar desde la destrucción. Menciona como ejemplo el incumplimiento de la ley de emergencia en discapacidad, sancionada para garantizar prestaciones básicas de salud, rehabilitación y acceso a pensiones no contributivas. También recuerda que la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente y No Docente continúa sin ejecutarse plenamente, pese a los reclamos y las resoluciones judiciales.

No hay fraude en tener una discapacidad
Pero hay un hecho reciente que la conmueve particularmente: la presentación de un nuevo proyecto de ley titulado "contra el fraude de las pensiones por invalidez". El nombre mismo le resulta insoportable. "No hay fraude en tener una discapacidad", dice con indignación. Para ella, el verdadero fraude es el que el gobierno comete con quienes confiaron en sus promesas. Y agrega una idea que atraviesa toda su mirada política y humana: no existe invalidez en la condición humana. Tener una discapacidad puede implicar desventajas sociales, pero no hace a nadie menos válido que otra persona.

Fernández advierte que el problema no se reduce a una denominación desafortunada. El proyecto también propone desregular los aranceles de los profesionales que realizan prestaciones para personas con discapacidad. Eso, sostiene, implicaría que las obras sociales comiencen a pagar "lo que quieran", dejando a miles de personas sin acceso efectivo a tratamientos y servicios esenciales. "Quien no tenga acceso a una obra social, que se muera", resume crudamente para describir las consecuencias de esa política.

A su entender, muchas de las situaciones que hoy se naturalizan no deberían ser aceptables en democracia: dos años y medio sin obra pública, leyes votadas y ratificadas que continúan sin cumplirse, el deterioro de la soberanía nacional o la precarización creciente de las condiciones de vida. Las personas con discapacidad, explica, sufren esas consecuencias de manera doblemente agravada, porque a las políticas actuales se suma una historia previa de exclusión y falta de acceso.
La misma lógica, la misma crueldad
En ese contexto, recuerda un texto colectivo elaborado junto a estudiantes y titulado "La misma lógica, la misma crueldad". Allí comparaban ciertas prácticas del gobierno actual con mecanismos propios de gobiernos de facto. Fernández aclara que las diferencias históricas existen, pero encuentra similitudes en la lógica de señalar enemigos y atacar indiscriminadamente a distintos sectores sociales: universitarios, trabajadores, desocupados y personas con discapacidad.

Hacia el final de la conversación, trae una referencia que considera central para pensar el presente: una frase de Sigmund Freud sobre la salud mental. Freud decía que la salud mental consiste, simplemente, en "poder amar y trabajar". Para Fernández, esa definición permite comprender con claridad el impacto de las políticas económicas actuales. Cuando las personas necesitan multiplicar empleos para sobrevivir, cuando los salarios no alcanzan para comer o pagar un alquiler y el pluriempleo elimina el tiempo de calidad, el descanso y los vínculos afectivos, el deterioro de la salud mental deja de ser un fenómeno individual para convertirse en una consecuencia social inevitable.

"No es casual que veamos una sociedad tan afectada", sostiene. Tampoco es casual, agrega, el deterioro creciente de la salud mental colectiva.

Al despedirse, agradece el espacio y la posibilidad de conversar. Pero detrás del gesto cordial permanece intacta la convicción que atravesó toda su intervención: defender la universidad pública, los derechos sociales y la dignidad de las personas con discapacidad forma parte de una misma lucha.

Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Asociación del Personal de la Universidad de Rosario (A.P.U.R.)

Memoria, ciencia y saqueo: La Biblioteca Popular Vigil reconstruye su patrimonio

La sospecha llevaba años flotando alrededor del antiguo Observatorio de la Biblioteca Vigil. Entre versiones cruzadas, recuerdos fragmentarios y documentos dispersos, persistía una pregunta que nunca terminaba de resolverse: ¿qué había pasado con los instrumentos originales del observatorio tras la intervención de la institución durante la dictadura?

Durante mucho tiempo, esa incógnita se mezcló con otro episodio ampliamente conocido: el robo de una de las lentes de los telescopios en 1979. Los alumnos de la escuela secundaria señalaron entonces a Carlos Sfulcini y Raúl Pangia —integrantes del personal civil de inteligencia que ocupaban cargos directivos— y también a Ramón Telmo Alcides Ibarra, alias "Rommel", asesor pedagógico de la institución.

Existen numerosos registros de aquellas denuncias. Sin embargo, hasta hoy se desconoce el destino de las lentes originales construidas junto al sistema completo de telescopios y la cúpula fabricada por la firma Zeiss.

Así reconstruye la historia Roberto Frutos -hijo de Raúl Frutos, uno de los fundadores de la institución-, quien desde hace años participa del proceso de recuperación institucional y patrimonial de la Biblioteca Popular Vigil. Según detalla, en Señales, más allá de aquel episodio de las lentes, dentro de la institución persistía otra hipótesis: que algunas piezas del observatorio podrían haber terminado en el Observatorio Municipal entre 1978 y comienzos de los años ochenta.

La reconstrucción comenzó a tomar forma a partir de una revisión exhaustiva de documentos de archivo, testimonios incorporados a causas judiciales y nuevos relatos recuperados en el último año y medio, en paralelo al proceso de reapertura del observatorio de la Vigil. 

La reapertura del observatorio fue también una pieza clave de la investigación. Aunque todavía faltan numerosos elementos y las condiciones distan de ser ideales, el observatorio volvió a funcionar hace más de un año y medio con observaciones abiertas al público y talleres astronómicos. Mientras esa actividad recuperaba el vínculo con la comunidad, el trabajo de archivo avanzaba en silencio.
La pista del Municipal
Con toda esa información sistematizada, los investigadores llegaron finalmente a una conclusión concreta: dos piezas fundamentales del antiguo observatorio estaban efectivamente en el Observatorio Municipal. Se trataba de un telescopio de 300 milímetros y de un filtro monocromador Lyot, un dispositivo especializado para observaciones solares directas. La reconstrucción se apoyó, señala Frutos, en el trabajo realizado dentro del juicio por delitos económicos, junto a las abogadas de la APDH y al equipo del área de Memoria y Archivo de Vigil.

Cuando consideraron que el nivel de certeza era suficientemente sólido, iniciaron consultas institucionales. Así llegaron al actual director del Complejo Astronómico Municipal, Sebastián Bosch, quien abrió las puertas del observatorio y recibió la documentación reunida. Según relata Frutos, Bosch comprendió rápidamente la situación y permitió verificar en el lugar lo que sospechaban desde hacía décadas: las piezas faltantes del Observatorio de Vigil permanecían allí desde hacía casi cincuenta años, probablemente entre 1978 y 1980.

Con esa constatación comenzó una nueva etapa, ya no solo histórica sino también jurídica e institucional. La investigadora y docente de la Universidad Nacional de Rosario Natalia García elaboró junto al resto del equipo una presentación ante la Fiscalía para reconstruir toda la trama documental del caso. A partir de esa exposición, el fiscal Federico Reinares envió un oficio a la Municipalidad solicitando precisiones sobre el origen y la situación patrimonial de las piezas.

La respuesta oficial llegó después de varias demoras administrativas. La Municipalidad confirmó que tanto el telescopio de 300 milímetros como el filtro monocromador Lyot se encontraban en el Observatorio Municipal desde aproximadamente 1978 y que habían sido incorporados al patrimonio municipal como una donación de la Biblioteca Vigil. El problema apareció inmediatamente después: no existe ningún registro formal que respalde esa supuesta donación.

Ni en expedientes judiciales, ni en la documentación de la intervención de la Biblioteca Vigil, ni en archivos municipales apareció constancia alguna del acto administrativo. Frente a eso, la Fiscalía pidió que se remitiera toda documentación respaldatoria. La última respuesta oficial, enviada a fines de marzo, terminó de profundizar las dudas: la Municipalidad reconoció que no existe legajo del acto de donación ni documentación que lo respalde. Lo único disponible es una planilla simple donde consta el ingreso del instrumental al patrimonio municipal, acompañada además por fechas consideradas "difusas" por el equipo, que ahora buscan reconstruir cómo se realizó aquel procedimiento.

A partir de esa información, el grupo impulsó una nueva iniciativa en el Concejo Municipal. El proyecto fue presentado directamente ante la presidencia del cuerpo legislativo con el argumento de que toda donación al municipio debe ser controlada y aprobada por el Concejo, tal como establece la normativa vigente. El pedido apunta a que el Ejecutivo municipal restituya las piezas al Observatorio de la Biblioteca Vigil y que se investigue de qué manera esos elementos permanecieron durante décadas en el Observatorio Municipal sin que existiera información pública clara sobre su procedencia.

La preocupación, sin embargo, no se limita a esas dos piezas. Quienes impulsan la reconstrucción aseguran haber visto parcialmente inventarios del Observatorio Municipal donde aparecen otros elementos incorporados entre 1978 y 1983 bajo la categoría genérica de "donación", sin mayores precisiones. Y recuerdan además que del observatorio original de la Vigil faltan todavía numerosos componentes, entre ellos oculares y portaoculares. Por eso reclaman que la investigación se amplíe a todos los bienes cuyo origen pueda generar dudas.
El saqueo patrimonial
La reconstrucción del patrimonio saqueado de la Biblioteca Vigil tampoco termina en el observatorio. Frutos sostiene que todavía existen numerosos bienes dispersos cuya historia permanece inconclusa. Algunas piezas del antiguo Museo de Ciencias Naturales, por ejemplo, pudieron ser localizadas con el paso de los años. Parte de ese material había sido trasladado al Museo Provincial de Ciencias Naturales "Florentino Ameghino" de Santa Fe y otra parte al Museo Gallardo. En el caso del Ameghino, los objetos fueron efectivamente restituidos, mientras que en el Gallardo se reconoció oficialmente su procedencia. Allí, plantea, sí existía documentación de la intervención que respaldaba aquellas transferencias. Con el observatorio ocurrió algo completamente distinto: no apareció ningún documento que justificara el traslado de los instrumentos.

Pero el universo de bienes perdidos es mucho más amplio. Los integrantes de la Vigil creen que todavía falta rastrear una enorme cantidad de elementos pertenecientes a distintas áreas de la institución. La Escuela de Música, recuerda Frutos, contaba con una importante dotación de instrumentos musicales de los que hoy no existe ningún registro. También faltan pinturas de gran valor artístico y patrimonial, además de miles de libros vinculados al histórico fondo editorial de la institución, cuya mayor parte se presume destruida. A eso se suman bienes muebles y propiedades distribuidas en distintos puntos de Rosario, de la provincia e incluso en otras jurisdicciones. Entre ellas mencionan el predio recreativo y deportivo de Villa Gobernador Gálvez, una de las tantas propiedades cuya situación todavía continúa bajo investigación judicial.

Todas esas líneas forman parte de la causa por delitos económicos vinculada al vaciamiento de Vigil, expediente en el que también se incorporó la denuncia por el telescopio recuperado. Dentro de esa misma causa, la Justicia Federal dictó recientemente el procesamiento de Jorge Alberto Menegozzi, una figura que para quienes impulsan la investigación representa uno de los principales responsables del despojo y la destrucción de la institución durante el proceso liquidatorio.

Menegozzi había sido tesorero de la intervención desde el 1º de agosto de 1977 hasta marzo de 2005. Durante casi veintiocho años continuó administrando las cuestiones económicas de la liquidación y sólo abandonó el cargo cuando la Asamblea para Recuperar Vigil —creada un año antes— comenzó a denunciar públicamente maniobras irregulares y posibles delitos cometidos durante ese proceso. Para Frutos, su permanencia durante casi tres décadas lo convierte en una figura central de todo el entramado económico que acompañó la destrucción de Vigil.
La causa judicial
El procesamiento adquiere además un valor simbólico y político más amplio. Quienes siguen la causa señalan que, históricamente, los avances judiciales en delitos de lesa humanidad lograron alcanzar principalmente a responsables militares, policiales o integrantes de las fuerzas de seguridad, mientras que los civiles que colaboraron con esos mecanismos represivos rara vez fueron investigados o llevados a juicio. En el caso específico de Vigil, sostiene Frutos, gran parte de las responsabilidades posteriores a la intervención inicial de la patota de Agustín Feced recayeron precisamente sobre civiles: abogados, contadores, tasadores y escribanos que participaron del proceso de desguace institucional.

Por eso consideran que el avance de la causa contra Menegozzi representa un antecedente importante dentro de la investigación de los delitos económicos cometidos durante la dictadura y sus años posteriores. Más aún si se tiene en cuenta que muchos de los principales responsables ya fallecieron. Todos los interventores de Vigil, recuerda, están muertos; y salvo los dos primeros, la mayoría eran civiles. En ese contexto, sostiene que juzgar a quienes todavía permanecen con vida constituye una forma indispensable de reconstrucción histórica y reparación judicial.

La discusión, sin embargo, excede el plano penal. Para Frutos, las deudas del Estado con Vigil siguen plenamente vigentes. Y aclara que no se trata de una deuda con la actual comisión directiva sino con la comunidad que construyó la experiencia cultural, educativa y social de la biblioteca popular. Vigil, remarca, fue una mutual y una biblioteca sostenida por sus socios y vecinos; por lo tanto, sus verdaderos propietarios fueron siempre quienes la habitaron y le dieron vida. Por eso considera que la reparación pendiente es, ante todo, una deuda social.
En esa línea, entiende que los tres niveles del Estado —municipal, provincial y nacional— todavía tienen obligaciones pendientes tanto en materia de investigación como de reparación. Desde la Asamblea para Recuperar Vigil, formada en 2004, sostienen la misma idea: primero deben investigarse y juzgarse los delitos cometidos; después, avanzar en políticas concretas de reparación.

Los referentes de la institución reconocen que existieron algunos avances importantes. Entre ellos mencionan la causa Feced III y IV, donde fueron juzgados los crímenes de lesa humanidad cometidos contra directivos y socios de Vigil. También destacan el lento avance de la causa por delitos económicos, impulsada —según describen— en medio de enormes dificultades y resistencias judiciales. Pero creen que todavía falta un paso decisivo: una ley reparatoria integral.

La ley sancionada en 2012 permitió recuperar apenas una pequeña porción de los bienes que habían quedado bajo control provincial. Para Frutos, ahora resulta necesario un nuevo marco legal que reconozca de manera integral los crímenes cometidos contra la institución y establezca mecanismos concretos de reparación y sostenimiento. Esa norma, subraya, debería garantizar no sólo la devolución patrimonial sino también la continuidad de las actividades que hoy desarrolla la institución recuperada.

Actualmente Vigil sostiene cerca de cincuenta talleres culturales y educativos, además del observatorio astronómico, el teatro, la biblioteca, las áreas artísticas y el espacio de memoria y archivo. Toda esa actividad, construida nuevamente desde abajo después de décadas de destrucción, constituye para sus integrantes la prueba más contundente de que la institución sigue viva. Pero también la razón por la cual consideran imprescindible una reparación estatal capaz de asegurar que ese proyecto colectivo pueda sostenerse y profundizarse en el tiempo.
Qué fue la Biblioteca Popular Vigil
Natalia García suele decir que la historia de la Biblioteca Vigil todavía desafía cualquier intento de síntesis. Dedicó años a reconstruir aquella experiencia en su tesis "El caso Vigil. Historia sociocultural, política y educativa de la Biblioteca Vigil (1933-1981)", un trabajo que resultó fundamental para rastrear no sólo el crecimiento extraordinario de la institución, sino también el saqueo de su patrimonio durante la dictadura.

Gracias a ese trabajo colectivo hoy se recuperan piezas robadas y avanza una causa judicial contra un extesorero de la institución por administración fraudulenta. La investigación se sostiene, además, en la pericia de Sergio Arelovich y en el trabajo de Gabriela Durruty, representante legal de la comisión directiva de Biblioteca Popular Vigil e integrante de la APDH.

Cuando García reconstruye lo que significó la Biblioteca Vigil en las décadas del 60 y 70, evita definirla únicamente como una biblioteca popular. La describe, más bien, como una experiencia social, educativa y cultural extraordinaria, no sólo para la Argentina sino también para América Latina. Su singularidad, indica, radicó en haber nacido en una barriada obrera —la entonces Tablada de Villa Manuelita, al sur de Rosario— y haber logrado, en muy pocos años, construir una estructura institucional inmensa.

Ese crecimiento estuvo ligado a un mecanismo financiero inusual para la época: la rifa de la Vigil. Miles de números se vendían no sólo en Rosario y Santa Fe, sino en distintas provincias del país. Ese circuito económico permitió levantar escuelas, sostener una editorial que publicó más de noventa títulos, crear un museo de ciencias naturales, una Universidad Popular y un complejo de siete pisos donde convivían talleres, cursos y espacios culturales. Allí se podía aprender mecanografía y, al mismo tiempo, asistir a actividades vinculadas con las vanguardias latinoamericanas del arte y el muralismo, atravesadas por el clima político y cultural de los años sesenta y setenta.

La Biblioteca Vigil incluía además un enorme sistema bibliotecario, espacios recreativos y deportivos y la llamada "Colonia", más de veinte hectáreas frente al río Paraná destinadas a actividades sociales. Había jardín de infantes, escuela primaria y secundaria. Para García, la clave es comprender que La Vigil condensaba muchas instituciones dentro de una sola organización: culturales, científicas, educativas, mutualistas, asistenciales e incluso productivas.
Ciencia popular en el sur rosarino
Entre todas esas dimensiones, el observatorio astronómico ocupó un lugar emblemático. García sostiene que esa apuesta por la astronomía no fue una extravagancia aislada, sino una consecuencia lógica de la propia concepción popular de la institución. La Vigil buscaba poner a disposición de los sectores trabajadores los bienes culturales, científicos y tecnológicos más avanzados de su tiempo. No había improvisación: la institución convocaba especialistas, buscaba asesoramiento técnico y montaba infraestructura de primer nivel. Lo excepcional, remarca, era que semejante despliegue no estuviera concentrado en una elite científica cerrada, sino en una organización barrial que decidía llevar "la mejor ciencia y tecnología" al sur rosarino.

La compra del instrumental astronómico fue aprobada por una asamblea multitudinaria. La Vigil llegó a tener más de veinte mil socios activos, y fueron esos socios quienes votaron la adquisición del equipamiento en Alemania. La operación contó con el asesoramiento de especialistas como Victorio Campolongo —cuyo nombre hoy lleva el Planetario Municipal de Rosario— y culminó hacia fines de los años sesenta. Para García, ese episodio resume la lógica institucional de la Vigil: una comunidad capaz de aprobar inversiones millonarias porque entendía que el acceso al conocimiento debía ser colectivo y popular.

La historiadora detalla que los documentos conservados en el Archivo Histórico de la Vigil permitieron reconstruir con precisión las características del telescopio. Incluso, durante la investigación, recibieron información enviada desde Alemania por la propia empresa óptica fabricante, lo que permitió corroborar inventarios y especificaciones técnicas. Aquella firma, recuerda García, ya no produce telescopios, aunque sigue vinculada a la industria óptica de avanzada.

El instrumental adquirido por La Vigil correspondía a un sistema denominado Zeiss, de allí el nombre de Carl Zeiss fabricado en Alemania. Se trataba de un doble telescopio compuesto por un refractor de 150 milímetros y un reflector de 300 milímetros: uno funcionaba mediante lentes y el otro mediante espejos. Más allá de esas características, García subraya un elemento menos conocido pero decisivo: el filtro monocromador tipo Lyot, diseñado para estudios solares. Ese dispositivo terminó orientando el perfil científico del observatorio hacia el patrullaje solar, un campo que entonces adquiría creciente importancia debido al desarrollo de las comunicaciones satelitales.

La historia del observatorio, sin embargo, no comenzó con la compra del telescopio. García reconstruye un proceso previo que incluyó charlas de astronomía amateur impulsadas por Campolongo durante las décadas del cincuenta y sesenta, luego la apertura de una escuela de astronomía en la Universidad Popular y finalmente la construcción del observatorio astronómico. El telescopio y la cúpula llegaron desde Alemania y fueron montados durante meses.
La operación tuvo una dimensión económica y política considerable. El equipamiento costó 27 millones de pesos moneda nacional y contó con el aval de la provincia de Santa Fe durante la gestión de Aldo Tessio. La provincia actuó como garantía económica y política para obtener las divisas necesarias y concretar la compra internacional. "No fue un asunto sencillo", resume García, al recordar una inversión que todavía hoy parece desmesurada para una biblioteca popular de barrio, pero que en aquellos años expresaba la ambición cultural y científica de toda una comunidad.

La historia del observatorio astronómico de la Biblioteca Vigil no terminó con la llegada del telescopio alemán ni con la fascinación que despertaba en el sur rosarino. Natalia García explica que, detrás de aquella cúpula instalada a fines de los años sesenta, existía una estructura científica compleja y profesionalizada que logró articularse con instituciones nacionales e internacionales desde una biblioteca popular de barrio.

Los archivos institucionales, especialmente los informes departamentales anuales conservados por la Vigil, permiten reconstruir parte de esas actividades. El observatorio se dedicó principalmente al patrullaje solar diario y a la fotografía astronómica. Pero la docente insiste en desmontar una imagen simplificada del proyecto: el observatorio no era únicamente un telescopio dentro de una cúpula. Funcionaba como un verdadero centro científico, con laboratorio fotográfico, aulas, un "patio de sombras", instrumental óptico complementario y calculadoras científicas de avanzada.

Había también un equipo humano en constante formación. Muchos de quienes comenzaron allí como aficionados o colaboradores terminaron profesionalizándose. García recuerda el caso del doctor Jorge Feugeas, uno de los integrantes del observatorio, quien años después continuó su carrera en el exterior y se convirtió en un investigador destacado del CONICET. La historia de esos científicos quedó marcada por una escena brutal: un día, tras la intervención militar, simplemente les comunicaron que debían abandonar el lugar.

La Vigil, además, había desarrollado un entramado tecnológico inusual para la época. El observatorio trabajaba en estrecha articulación con el centro de cómputos IBM de la institución, indispensable para procesar los datos obtenidos durante las observaciones solares. García rescata especialmente el papel de las mujeres que trabajaban allí, encargadas de sistematizar y programar la información científica. Entre ellas menciona a Teresa, una maestra convertida en programadora, cuya trayectoria considera "otra historia interesantísima", incluso por las resistencias que enfrentó dentro del propio universo tecnológico dominado por IBM.

Ese trabajo científico se conectaba con redes académicas y observatorios de distintos lugares del mundo. La Vigil mantenía vínculos con el Instituto de Astronomía y Física del Espacio, con observatorios de Buenos Aires, La Plata y San Miguel, y más tarde el equipo rosarino fue apadrinado por uno de los institutos astronómicos más importantes de Alemania. Al mismo tiempo, participaban de redes amateur y asociaciones astronómicas. García subraya el carácter extraordinario de esa experiencia: toda esa producción científica y tecnológica sucedía desde una biblioteca popular enclavada en el sur de Rosario.
Dictadura y destrucción

La irrupción de la dictadura militar en 1977 destruyó ese entramado. García sostiene que la intervención iniciada en febrero de ese año implicó un vaciamiento de toda la experiencia Vigil. La represión incluyó secuestros, detenciones ilegales y torturas contra miembros de la comisión directiva, además del cierre de proyectos educativos y culturales. Las escuelas fueron vaciadas de sus contenidos pedagógicos más progresistas y numerosos docentes quedaron cesanteados.

A partir de entonces comenzó un proceso sistemático de desmantelamiento patrimonial que la autora de la investigación define como un verdadero "genocidio cultural". El observatorio quedó paralizado y gran parte de su instrumental desapareció. Durante décadas circularon rumores sobre el destino de esas piezas, hasta que investigaciones recientes permitieron reconstruir parte del recorrido del equipamiento robado.

García marca que, tras años de trabajo con archivos, fotografías, testimonios, inventarios y documentación judicial —incluidos documentos obtenidos en Alemania—, pudieron establecer la "trazabilidad" de algunas piezas. Esa reconstrucción permitió confirmar que uno de los telescopios, el reflector de 300 milímetros, junto con el filtro Lyot, se encuentra actualmente en el Observatorio Municipal de Rosario.
La reparación pendiente
García ya no habla en potencial. Afirma que las pruebas reunidas permiten sostener con claridad que esos instrumentos pertenecieron a la Vigil y que su permanencia fuera de la institución constituye una continuidad del despojo iniciado durante la dictadura. "Estamos hablando de un delito que se sigue cometiendo", advierte, mientras reclama reconocimiento y reparación para hechos ocurridos hace casi cincuenta años.

Sin embargo, García insiste en que el saqueo no puede entenderse como una serie de robos aislados. Habla de una liquidación patrimonial sistemática, planificada y prolongada en el tiempo. En algunos espacios, como la Universidad Popular, la destrucción fue inmediata y material: entraron, saquearon y devastaron todo. El nivel de despojo, dice, resulta difícil de traducir incluso hoy.

"La Vigil fue saqueada hasta en los detalles más mínimos", señala. Se robaron desde edificios completos hasta tornillos. En los inventarios figuran remates de materiales de todo tipo: lentes importadas de Alemania, mobiliario, herramientas, objetos cotidianos. Incluso las sábanas de las cunas de la guardería infantil fueron inventariadas y subastadas. Para García, esa minuciosidad revela la profundidad de la destrucción.

García enumera mecanismos diversos: remates, abandonos, apropiaciones, transferencias irregulares, quemas y biblioclastía. Y aclara que el proceso no terminó con el retorno democrático. La apropiación patrimonial continuó legitimada judicialmente a partir de 1983, cuando el juez Villate tomó la causa y permitió que interventores, liquidadores y tesoreros siguieran administrando y desmembrando bienes de la institución durante décadas. Recién en 2008 se cerró formalmente la liquidación.
Uno de los casos paradigmáticos fueron los terrenos que la Vigil poseía en Villa Gobernador Gálvez. Según García, esas tierras fueron transferidas al municipio bajo la promesa de realizar obras que nunca se concretaron y posteriormente terminaron revendidas al frigorífico Paladini. "Donde se toca aparece un nuevo capítulo", resume, como si la historia de la Vigil todavía siguiera desplegando capas ocultas.

Para la historiadora, el sentido profundo de ese arrasamiento excede el daño material. La dictadura no buscó únicamente destruir edificios, libros o telescopios. "Quiso destruir pensamiento y afectos", sostiene. En ese punto aparece una definición política central de su lectura histórica: la Vigil era "subversiva" porque alteraba el orden social dominante.

Lo que esa experiencia proponía —explica García— era otra forma de construir comunidad. Relaciones sociales colectivas en lugar de competitivas; vínculos democráticos en vez de autoritarios; acceso masivo al conocimiento frente a la lógica elitista. La Vigil demostraba que la cultura, la ciencia y la educación podían organizarse desde una matriz popular y comunitaria. Y justamente por eso, concluye, se convirtió en un objetivo a destruir.

La docente de la UNR también subraya el papel que tuvieron las ciencias sociales en la reconstrucción de esa memoria. Destaca que el trabajo historiográfico, los archivos y la investigación educativa pudieron aportar pruebas concretas en causas vinculadas a delitos de lesa humanidad. En un presente que describe como especialmente adverso para las universidades públicas y los organismos científicos, García reivindica al equipo de reconstrucción patrimonial, organismos de derechos humanos y la propia comunidad de la Vigil para sostener la reconstrucción histórica y judicial de uno de los proyectos culturales más extraordinarios que conoció Rosario.

La memoria que volvió al aire
Tras la emisión de las entrevistas en Señales, comenzaron a llegar al programa distintos mensajes de oyentes que compartían sus propios recuerdos vinculados a la Biblioteca Vigil.

"Encontré hace unos días mi carnet de la Vigil. Me alegró mucho. Ese carnet me permitió sacar en la mutual un crédito con el que pudimos anticipar la compra de nuestra casa. Además, con la famosa rifa, mis padres ganaron su primer televisor", escribió María Rosa.
Hugo, por su parte, reconstruyó una escena familiar que remite al alcance de aquella experiencia: "Mi papá y mi mamá vivían en San Nicolás en 1969. Se ganaron un premio de la Rifa Vigil: un millón de pesos y un auto 0 km, un Fiat 600. Con ese dinero pudieron comprar un fondo de comercio, una panadería muy grande en un pueblo". Y agregó: "Hoy mi nieta va a esa escuela secundaria. Estoy muy orgulloso".

También escribió Pepa, vecina de barrio Villa Urquiza, para recordar a Rafael, "un vecino que ya no está entre nosotros" y que viajaba por distintas provincias vendiendo la rifa. "Contaba orgulloso que muchas veces le tocó llevar los premios a sus ganadores", señaló.
Otro de los mensajes recuperó escenas más íntimas de aquella experiencia cotidiana: "Este y otros tantos libros compraba mi padre para mí y mis hermanos. Además de los discos que ganó con la rifa".

Escuchá las entrevistas completas:
Fotos: Micaela Pertuzzo, Biblioteca Vigil, oyentes de Aire Libre, Radio Comunitaria

"Sin participación, no hay consenso posible": las críticas de Eduardo González al proyecto de Costa Norte

El arquitecto y exsubsecretario de Planeamiento Urbano de Rosario criticó en Señales la falta de debate público en la intervención sobre la costa central, cuestionó la estética "artificial" del proyecto y advirtió sobre la creciente polarización política alrededor de las transformaciones urbanas
Eduardo González, arquitecto rosarino especializado en planeamiento urbano, desarrollo sustentable y políticas públicas vinculadas al territorio y el ambiente, observa el debate por el nuevo proyecto sobre la costa rosarina con una mezcla de preocupación técnica y alarma política. Con décadas de experiencia en la Municipalidad de Rosario —donde ocupó cargos vinculados al urbanismo, las obras particulares y la planificación estratégica— sostiene que una intervención de semejante escala no puede desarrollarse sin una discusión pública profunda, abierta y participativa.

González fue subsecretario de Planeamiento Urbano durante la gestión de Hermes Binner, director de Obras Particulares, coordinador del Programa de Construcciones Sustentables y Eficiencia Energética y nuevamente subsecretario de Planeamiento bajo la intendencia de Mónica Fein. Desde esos espacios impulsó políticas de arquitectura sustentable, ahorro energético y criterios ambientales aplicados al desarrollo urbano. También tuvo un rol central en el proyecto Legado Deliot, orientado a la preservación y recuperación ambiental de las islas frente a Rosario, en el Delta del Paraná, donde coordinó iniciativas de conservación, educación ambiental y ecoturismo sobre más de 1.700 hectáreas de humedales en la isla Charigüé.

Un proyecto así necesita una discusión mucho más grande
Desde esa trayectoria, González considera que el principal problema del proyecto ribereño no es solamente urbanístico o paisajístico, sino político y metodológico. "Un proyecto de esta naturaleza necesita sí o sí una discusión más grande", afirma. Para él, una obra de semejante impacto no puede aparecer de manera repentina, sin haber atravesado instancias previas de validación colectiva, como ocurría con los grandes proyectos urbanos incluidos en el Plan Estratégico Rosario, donde distintas instituciones participaban de la elaboración y el consenso.

Lo que observa, en cambio, es un proceso cerrado. "Nadie sabe y te aparece de golpe un proyecto de esta característica", cuestiona. Y señala que justamente quienes hoy manifiestan mayor oposición —ambientalistas, usuarios del río, kayakistas y organizaciones vinculadas al paisaje costero— son quienes nunca fueron convocados a participar. Esa ausencia de diálogo previo, sostiene, explica gran parte del rechazo actual.

La discusión que nunca se abrió
Le resulta especialmente llamativo que una intervención de más de un kilómetro de extensión no haya sido trabajada junto a ámbitos ya existentes, como el Consejo Consultivo del Río (ver más abajo) y otras instancias de articulación ciudadana. "Si no lo conocen es porque nadie los ha participado", responde, en referencia a las declaraciones oficiales que adjudican las críticas al desconocimiento del proyecto. Para González, esa lógica termina agravando la polarización y debilitando cualquier posibilidad de consenso.

Incluso concede la posibilidad de que el proyecto haya sido diseñado contemplando ciertas premisas ambientales o urbanísticas valiosas. Pero insiste en que, aun en ese caso, la falta de participación lo vuelve difícilmente gobernable. "Por más bien que esté el proyecto, si no hay participación es muy difícil poder consensuar", resume. A su entender, la discusión pública es una condición indispensable para sostener proyectos de alto impacto territorial.

González sostiene que gran parte de las controversias urbanas aparecen justamente cuando los proyectos no son discutidos previamente con la ciudadanía. Para él, la falta de discusión pública no es un detalle secundario, sino una condición básica para gobernar y desarrollar una ciudad. En el caso de la intervención ribereña, aclara que el uso del suelo no cambia —porque toda esa zona ya estaba destinada a funciones recreativas—, pero sí cambia de manera drástica el paisaje que se proyecta sobre la costa.

Y allí vuelve sobre uno de los aspectos que más cuestiona: la estética del proyecto y las imágenes difundidas oficialmente. El arquitecto observa que las estructuras coloridas, los juegos y los elementos plásticos que aparecieron en los renders iniciales transmiten una idea de artificialización difícil de compatibilizar con el discurso de “renaturalización” de la ribera. Según plantea, esa presencia dominante de “plásticos de colores”, similares a los instalados en plazas recientes de la ciudad, terminó generando una reacción inmediata en muchos sectores que esperaban una propuesta más integrada al paisaje natural del río.

Por eso insiste en que una transformación de semejante impacto debería haber sido previamente discutida con vecinos, ambientalistas y organizaciones vinculadas al uso cotidiano de la costa. De lo contrario, advierte, la oposición social aparece inevitablemente.

González también cuestiona el tono confrontativo que fue tomando el debate político alrededor del proyecto. Considera que la gobernabilidad de intervenciones urbanas de semejante impacto ya es compleja de por sí, pero que esa dificultad aumenta cuando desde el oficialismo se responde a las críticas mediante la polarización o la descalificación de quienes se oponen.

En ese sentido, observa que el propio intendente planteó públicamente que muchos cuestionamientos surgían porque la gente "no conoce" el proyecto. Y agrega que, en otros casos, se intentó asociar a los críticos con sectores políticos opositores, particularmente con Ciudad Futura. Para González, ese tipo de respuestas terminan reduciendo una discusión urbana y ambiental mucho más amplia a una lógica de enfrentamiento partidario.

"Se revaloriza la confrontación por sí", sostiene. Y compara esa dinámica con los mecanismos de polarización que, según él, atraviesan hoy la política nacional. Allí menciona al presidente Javier Milei y su permanente confrontación con el kirchnerismo como ejemplo de una estrategia basada en construir adversarios y desacreditarlos públicamente.

Frente a eso, González reivindica el diálogo y la participación como herramientas centrales para sostener proyectos urbanos de gran escala. "Dentro de la convivencia y dentro de la democracia es bueno hablar, es bueno dialogar, es bueno participar", insiste, convencido de que la gobernabilidad de una ciudad depende justamente de la capacidad de construir consensos y no de profundizar divisiones.
Entre la renaturalización y una plaza extendida
En paralelo, González pone el foco en otro aspecto que considera determinante: la comunicación visual del proyecto. Las primeras imágenes difundidas, dice, mostraban estructuras plásticas y coloridas muy similares a las utilizadas en plazas recientemente inauguradas por el municipio. "Esos mismos plásticos, esas mismas fotos, con los mismos colores", describe. Para buena parte de la ciudadanía, sostiene, la asociación fue inmediata: una nueva extensión de ese mismo modelo de espacio público sobre la ribera.

Esa percepción inicial, entiende, condicionó fuertemente la recepción social de la obra. Porque mientras desde el discurso oficial se hablaba de "renaturalizar" la costa o recuperar superficie absorbente, las imágenes transmitían exactamente lo contrario: una intervención artificial y cargada de estructuras de colores. "Todo ese tipo de cosas hace que pierda el amor que hay que tenerle a estos proyectos", lamenta.

Con el correr de las semanas, reconoce, comenzaron a difundirse otras representaciones visuales donde predominaban más la arena y elementos menos invasivos. Allí detecta una reformulación comunicacional, un intento de despegar el proyecto de aquella primera imagen asociada a plazas modulares y juegos infantiles. "Primero era un proyecto como si fuese una plaza extendida y ahora es un kilómetro y chirola de longitud ribereña", ironiza.

Al analizar el pliego licitatorio, cuyo presupuesto ascendió finalmente a 12.600 millones de pesos, González también detecta continuidades con otras intervenciones urbanas recientes impulsadas por el municipio. La obra, explica, fue adjudicada mediante un sistema "modular", una metodología que ya se había utilizado en distintas plazas de la ciudad. Para el arquitecto, eso refuerza la sensación de repetición estética y conceptual que generaron las primeras imágenes difundidas del proyecto.

En ese punto menciona especialmente la presencia de juegos y estructuras de la empresa Crucijuegos, cuyos diseños —según plantea— remiten inmediatamente a las plazas inauguradas en los últimos años. Esa asociación visual, marcada por los colores intensos, los juegos plásticos y una estética fuertemente artificial, terminó instalándose rápidamente en la percepción pública del proyecto ribereño.

Por eso considera que ahora el municipio intenta reformular la comunicación de la obra y reforzar la idea de un proyecto “integral”, más vinculado al paisaje y menos asociado a una gran plaza extendida sobre la costa. Sin embargo, cree que el problema inicial ya dejó una huella difícil de revertir. "El primer paso mal dado está", resume, convencido de que la imagen pública de una intervención urbana muchas veces condiciona todo el debate posterior

Es la única garantía democrática
Más allá de lo visual, insiste en que el núcleo del problema sigue siendo la falta de mecanismos efectivos de participación ciudadana para proyectos de alto impacto. Recuerda incluso haber participado personalmente en iniciativas destinadas a crear herramientas para que vecinos y organizaciones pudieran expresarse formalmente frente a grandes transformaciones urbanas. Sin embargo, esas propuestas nunca avanzaron.

Para él, la ausencia de instancias de consulta previas explica buena parte de las controversias urbanas que periódicamente surgen en Rosario. "Es la única garantía democrática de poder gobernar una ciudad", asegura. Y aunque reconoce que el sector intervenido ya estaba destinado a uso recreativo dentro de la planificación urbana, aclara que eso no impide discutir el tipo de paisaje que se construye allí.

Porque, en definitiva, el cuestionamiento no pasa tanto por el uso del suelo como por la identidad visual y ambiental que se proyecta sobre la costa. González considera que el nuevo diseño propone un paisaje "muy artificial", especialmente por la presencia dominante de estructuras plásticas coloridas. Por eso vuelve una y otra vez sobre la necesidad de debatir colectivamente qué tipo de ribera quiere Rosario.

"No está mal que cambie el paisaje", aclara. Incluso reconoce que toda esa zona necesita un tratamiento integral. Pero advierte que un verdadero proyecto integral debe contener los reclamos, las necesidades y las expectativas de vecinos, ambientalistas y usuarios habituales del río. Sin esa construcción colectiva, concluye, cualquier intento de presentar la obra como una intervención de "renaturalización" queda debilitado frente a las propias imágenes del proyecto.
¿Hasta dónde intervenir el paisaje del Paraná?
Para Eduardo González, el debate sobre el proyecto ribereño también deja expuesta una discusión mucho más profunda: cómo se relaciona Rosario con el río y hasta dónde una ciudad puede intervenir sobre un paisaje natural sin alterar su equilibrio. El arquitecto aclara que hay cuestiones de infraestructura que necesitan resolverse de manera urgente, como el deterioro de la bajada Piaggio y los problemas vinculados a posibles pérdidas cloacales. "Si hay pérdida de líquidos cloacales hay que hacer una obra", sostiene, y plantea que la solución debería pasar por extender los conductos hacia zonas más profundas del canal, aprovechando incluso el futuro dragado previsto a 40 pies de calado.

Sin embargo, advierte que esa necesidad técnica no tiene relación directa con la instalación de áreas recreativas o estructuras urbanas sobre el borde costero. A su entender, son discusiones distintas que se están mezclando. Resolver los problemas sanitarios y de infraestructura no implica necesariamente avanzar con un megaproyecto urbano sin debate previo. Mucho menos, dice, sin discutir antes qué modelo de ribera quiere la ciudad.

En ese punto, González vuelve sobre un tema que atravesó buena parte de su experiencia en el proyecto Legado Deliot y en la administración de los terrenos municipales en las islas frente a Rosario: el delicado equilibrio entre conservación ambiental y acceso público. "Siempre la discusión es hasta dónde uno puede dejar ingresar al turismo para que no se produzca un efecto contrario", explica.

Según describe, existen dos paradigmas históricos dentro del ambientalismo. El primero sostiene que aquello que no se conoce no puede ser amado ni defendido. Bajo esa lógica, permitir que las personas recorran humedales, glaciares o paisajes naturales genera conciencia y compromiso con su preservación. Pero el segundo paradigma recuerda que el ser humano también es un gran depredador: donde llega, consume, degrada y transforma. "¿Hasta dónde hay que dejar para que se produzcan las visitas y conocer la naturaleza?", se pregunta.

En el caso rosarino, considera que la situación tiene una particularidad decisiva: no se trata de un entorno natural aislado, sino del borde ribereño de una gran ciudad. Rosario posee 17 kilómetros de costa sobre el Paraná, aunque gran parte de ese frente permanece condicionado por el desarrollo portuario consolidado históricamente desde Pellegrini hacia el sur. Por eso, sostiene que la ribera que queda hacia el norte debería garantizar mayor accesibilidad pública.

Pero esa accesibilidad no implica necesariamente artificializar el paisaje. González cree que debe existir una convivencia equilibrada entre naturaleza y ciudad. "Estamos frente a la ciudad, y lo que tendríamos que tener son servicios, recreación, buenas vistas y buen uso", plantea. El problema, insiste una vez más, es que ninguna de esas decisiones fue suficientemente discutida.

Que alguien critique el proyecto no significa estar contra la ciudad
Para el arquitecto, la falta de participación vuelve inviable cualquier intento de construir consenso social alrededor del proyecto. Sin mecanismos de consulta abiertos, dice, es inevitable que aparezcan resistencias. Y lejos de interpretar esas críticas como un obstáculo político, considera que forman parte de un derecho democrático básico. "Es el ABC de la gobernabilidad democrática", resume.

A su juicio, el error aparece cuando desde el poder político se transforma a quienes cuestionan el proyecto en enemigos del progreso o de la ciudad. Observa que ese tipo de respuestas simplifican una discusión mucho más compleja y empujan el debate hacia una lógica de confrontación permanente. "No es así", remarca. Y advierte que esa dinámica termina degradando la convivencia democrática y haciendo más difícil cualquier acuerdo posterior.

González tampoco cree que este tipo de intervención tenga un impacto turístico decisivo. Incluso plantea que, si la intención fuera desarrollar grandes equipamientos recreativos o parques acuáticos, podrían pensarse en otras localizaciones, como sucede en ciudades vecinas. Lo que sí detecta detrás del proyecto es una disputa histórica entre artificio y naturaleza: cuánto transforma el hombre aquello que toca y qué tipo de vínculo construye con el paisaje.

Por eso insiste en que la discusión de fondo no debería limitarse a la estética de la obra ni a las posiciones partidarias. Lo verdaderamente importante, dice, es lograr que la ciudad "se lleve lo mejor posible con el río". Y esa relación no involucra solamente al ambiente como concepto abstracto, sino también a los ciudadanos que viven, trabajan y disfrutan cotidianamente de la costa.

"El río tiene que poder usarse, disfrutarse y trabajarse", afirma, retomando incluso los planteos históricos de los pescadores de la zona. Todo eso, explica, forma parte de una idea más amplia de calidad de vida urbana. Pero para alcanzar esa calidad de vida, insiste, no alcanza con construir obras. Hace falta participación.

En ese sentido, menciona unas recientes declaraciones del intendente, quien sostuvo que si cada proyecto tuviera que atravesar audiencias públicas permanentes sería imposible gobernar. González reconoce que existe parte de verdad en esa afirmación. Sin embargo, advierte que cuando las decisiones se acumulan sin consenso —ya sea mediante excepciones urbanísticas o proyectos de alto impacto no debatidos— las tensiones terminan explotando más adelante.

"Son formas de gobernar también", dice, aunque deja en claro su desacuerdo con esa metodología. Porque para él la oposición de organizaciones ambientales y vecinos no debería leerse como un ataque político, sino como la consecuencia natural de procesos cerrados. "Que alguien no esté de acuerdo con este proyecto no significa que esté en contra de la ciudad", enfatiza.

Hacia el final de la conversación, González deja entrever una preocupación más amplia sobre el clima social y político de época. Cree que existe una tendencia creciente a llevar todas las discusiones hacia extremos irreconciliables, transformando cualquier diferencia en una batalla definitiva. Frente a eso, vuelve a defender la necesidad de discutir, escuchar y construir acuerdos.

"Espero que esto se discuta lo más ampliamente posible y se termine lo mejor que podamos", concluye.
Escuchá la entrevista completa:
La paradoja del Consejo del Río: existe, pero no participa

Cabe recordar que en 2022 el Concejo Municipal aprobó la Ordenanza N.º 10.407, impulsada entre otros por el entonces concejal y actual senador departamental Ciro Seisas, mediante la cual se creó el "Consejo Consultivo del Río" en el ámbito de la Municipalidad de Rosario. 

La normativa estableció expresamente que dicho organismo debía constituirse como un ámbito institucional de planificación, coordinación y asesoramiento técnico sobre políticas vinculadas al río Paraná y la actividad ribereña, incluyendo el diseño de propuestas y proyectos de relevancia para la ciudad. 

Sin embargo, pese a que actualmente se discuten e impulsan distintas intervenciones y obras sobre el frente costero y el río, integrantes vinculados al sector señalan que el Consejo nunca fue convocado ni consultado para participar del análisis de estas iniciativas, aun cuando ese fue precisamente uno de los objetivos centrales previstos por la ordenanza.

Cristina Pradolini: "Las playas de Rosario deben ser públicas y pensadas para los rosarinos"
La integrante de la Comisión de Urbanismo del Colegio de Arquitectos cuestionó el avance del parque acuático en la costa norte. Ante los numerosos planteos que proponían trasladar el emprendimiento a otro sector, Señales la consultó sobre el abandonado proyecto del balneario Los Ángeles. La especialista reclamó su recuperación y sostuvo que las políticas urbanas deberían priorizar derechos básicos, como el acceso al agua potable, por sobre los emprendimientos privados orientados al turismo.

Cristina Pradolini, integrante de la Comisión de Urbanismo del Colegio de Arquitectos, planteó una defensa enfática del carácter público de las playas rosarinas y cuestionó con dureza los proyectos de privatización impulsados sobre la costa norte de la ciudad. Para la arquitecta, recuperar el balneario Los Ángeles representa una oportunidad histórica para Rosario, pero siempre y cuando esa recuperación esté pensada para los ciudadanos y no para emprendimientos privados orientados al turismo.

Pradolini recordó que el balneario Los Ángeles tuvo su origen a principios del siglo pasado y que vivió su mayor auge durante las décadas del 40 y 50. Desde esa perspectiva histórica, consideró "valiosísimo" rescatarlo y ponerlo nuevamente en valor, del mismo modo en que se desarrolló el balneario La Florida en la zona norte. Sin embargo, aclaró que esa recuperación debe sostener un principio innegociable: el acceso público, libre y gratuito para todos los rosarinos.

En ese sentido, subrayó que tanto las tierras del balneario Los Ángeles como las de La Florida y la Rambla Catalunya son terrenos públicos y fiscales. Por eso, sostuvo que sería "maravilloso" pensar esos espacios para los miles de rosarinos que no tienen la posibilidad de viajar ni vacacionar fuera de la ciudad y que utilizan las playas locales durante el verano. Según explicó, esos sectores deben adecuarse y mejorarse para las familias de clase media, media baja y baja que necesitan esos lugares de recreación y descanso. "Repito, manteniéndolas como espacios públicos, entrada gratuita, libre para cualquier ciudadano de la ciudad de Rosario", insistió.

La arquitecta dejó en claro su rechazo a los emprendimientos privados sobre la costa. Dijo no estar de acuerdo con las concesiones ni con la entrega de tierras públicas a inversores privados, porque entiende que la lógica del mercado termina excluyendo a gran parte de la población mediante entradas pagas o servicios inaccesibles.

Para Pradolini, el debate excede la discusión sobre un balneario o un parque acuático y se vincula directamente con el modelo de ciudad. Consideró que las decisiones políticas son "cruciales" cuando se piensa en la totalidad de Rosario y no únicamente en determinados sectores vinculados al turismo. Afirmó que, si se pretende construir una ciudad integrada, igualitaria y no fragmentada, las prioridades deben estar puestas en obras públicas esenciales y en el respeto de los derechos humanos básicos.

El agua no está para los toboganes acuáticos
En ese marco, cuestionó con firmeza el uso de recursos para proyectos recreativos mientras persisten graves déficits de infraestructura en los barrios populares. "El agua no está en Rosario para circular por los toboganes acuáticos", señaló. Según describió, existen grandes áreas periféricas de la ciudad donde todavía no hay acceso regular al agua potable y donde muchos vecinos deben caminar varias cuadras cada día para llenar bidones y poder tomar agua. "Caminar seis cuadras para traer un bidón con agua potable para tomar" fue una de las imágenes que utilizó para graficar esa desigualdad.

Para la integrante de la Comisión de Urbanismo, ese derecho humano básico “se contrapone totalmente” con la construcción de toboganes acuáticos en la costa norte. Incluso afirmó que no iría "ni a verlos", porque inevitablemente pensaría en los rosarinos que deben recorrer seis, siete u ocho cuadras para conseguir agua potable.

A lo largo de su reflexión, insistió en que las decisiones políticas deben estar orientadas al bienestar de toda la población y responder a derechos esenciales. Enumeró entre las prioridades el acceso al agua potable, redes cloacales, redes de gas y obras de asfaltado, antes que proyectos destinados al entretenimiento turístico.

El rescate del balneario Los Ángeles
Pradolini también remarcó que el balneario Los Ángeles posee la misma relevancia estratégica y social que La Florida y la Rambla Catalunya. Por eso, consideró que una buena decisión de la Intendencia sería revalorizar y mejorar simultáneamente los espacios públicos del norte y del sur de la ciudad.

No obstante, reconoció que hoy el eje de la discusión pública está concentrado en la costa norte. Según sostuvo, "un gran porcentaje de la ciudad" se opone al parque acuático proyectado en la Rambla Catalunya. Aun así, advirtió que el balneario Los Ángeles resulta fundamental para los vecinos del Distrito Sudoeste, que actualmente no cuentan con un polideportivo. En ese sentido, señaló la necesidad de incorporar bañeros, arena, señalización y arbolado para garantizar condiciones apropiadas de uso y seguridad.

La arquitecta reiteró que el balneario Los Ángeles es "muy importante", aunque aclaró que la prioridad inmediata es detener la privatización vinculada al parque acuático de la Rambla Catalunya y La Florida. "En este momento se debe detener la obra del parque acuático. Toda la playa debe ser pública", sostuvo.

Finalmente, anticipó que, si en el futuro el debate por la privatización se traslada también al balneario Los Ángeles, habrá que defender allí el mismo principio: playas públicas, gratuitas y accesibles para todos los rosarinos. "No para el turismo, para los rosarinos", resumió. Y cerró con una advertencia política: aunque considera importante impulsar la recuperación del balneario Los Ángeles, hoy el foco no debe desviarse. "Esta semana y la otra es importante no quitar el foco en donde está el incendio, que es el parque acuático de la zona norte", concluyó.

Esuchá a Pradolini:
 

El río, los humedales y la ciudad: el reclamo por una costa pública
Las críticas al parque acuático y a la privatización de la costa también sumaron otras voces políticas, ambientales y urbanísticas. En diálogo con Señales, el abogado ambientalista Enrique Viale llamó a "recuperar el río Paraná" y rechazó el proyecto impulsado sobre la ribera rosarina. Para Viale, la iniciativa representa una lógica de ocupación privada y artificial de un entorno natural único. "Digámosle no al parque acuático, eso que privatiza todo, hace un lugar feo, con plástico, cemento", expresó.

El referente ambiental sostuvo además que Rosario y la región cuentan con "uno de los sistemas de humedales más lindos y variados de América Latina", y reivindicó el valor cultural, social y simbólico del río. "Es el lugar de canciones, de poemas, de cuentos", afirmó, al convocar a una defensa colectiva del Paraná y de los espacios públicos ribereños. En ese sentido, trazó un paralelismo con las movilizaciones ambientales contra la megaminería y en defensa de los glaciares: "Como nos juntamos con los glaciares, nos vamos a juntar para recuperar el río".

En la misma línea, el diputado provincial socialista Joaquín Blanco planteó la necesidad de abrir el debate a especialistas y organismos técnicos antes de avanzar con intervenciones urbanísticas de gran escala sobre la costa. Según señaló, las decisiones públicas vinculadas al río y al frente costero deberían construirse convocando "a los que más saben": urbanistas, especialistas en planificación estratégica y expertos en cuestiones ambientales y territoriales.

Para Blanco, incorporar esas miradas no solo mejora la calidad del debate, sino que también reduce márgenes de error en políticas financiadas con recursos públicos. "Es un criterio de eficiencia", sostuvo, al remarcar que las obras urbanas con fuerte impacto territorial requieren una visión integral de ciudad, incluyendo aspectos como la movilidad y el acceso al espacio ribereño.

El legislador recordó además que Rosario cuenta desde 2022 con una ordenanza que creó el Consejo Consultivo del Río, impulsada en su momento por el actual senador departamental Ciro Seisas. Según explicó, ese organismo fue pensado justamente para debatir y planificar políticas vinculadas al Paraná como "un bien público y estratégico" para la ciudad. "Nuestra ciudad vive y tiene su hábitat vinculado con el río", remarcó.

sábado, 16 de mayo de 2026

Leila Guerriero: Dolor de ausencia

La levanté y la acuné, el cuerpo todavía tibio y flojo, le dije amor, mi amor, aunque ya estaba fuera de este mundo, yacente, yerta, y le besé la cabeza
Por: Leila Guerriero

Entonces la levanté. Con la mano derecha la levanté de la camilla y me puse su cuerpo de tres kilos sobre el hombro, la acuné, le dije palabras de amor. La levanté igual que cuando estaba viva y maullaba por la casa y se movía como una diva hierática y yo corría jocosamente detrás de ella hasta que la levantaba, la ponía sobre mi hombro derecho, y ella disfrutaba y ronroneaba durante unos minutos hasta que se hartaba y quería bajar. La levanté y la acuné, el cuerpo todavía tibio y flojo, le dije amor, mi amor, aunque ya estaba fuera de este mundo, yacente, yerta, y le besé la cabeza, un fruto liviano y suave, y después de unos minutos volví a dejarla donde la habían puesto y me fui. Y no al otro día, pero sí al siguiente, el brazo derecho empezó a dolerme. Qué extraño, dije entonces, porque no había hecho esfuerzos raros, más bien había estado ocupándome de las tareas de la agonía y del alivio, de la internación y el acompañamiento, del abandono de la vida. Entonces fui al traumatólogo y me dijo que no era grave, que el músculo estaba presionando un nervio, que podía solucionarse fácilmente con unas aplicaciones de equis cosa, y fui en peregrinación hasta su consultorio en viajes tristes dos, tres veces por semana, y recibí un tratamiento efectivo que disminuía el dolor, y mientras el traumatólogo me decía cosas que eran ciertas ―el músculo presiona, el nervio se queja, el cuerpo sabe, inflama para desinflamar― yo empecé a pensar que mi brazo había absorbido el peso de la muerte, que el amor muerto se me había encarnado. Y me pareció bien que me doliera, me pareció bien que su muerte se prolongara en mi vida, en mi brazo ardiente, en el rayo del dolor, y mientras el dolor disminuía pensaba: "Doleme ahora, amor, porque es todo lo que va a quedar, este resto, el dolor de tu falta!. Pensaba, digo, lo que dice ese poema de Donald Justice: "Prolonga ahora el dolor si eso es todo lo que hay que prolongar".
Foto: NiseriN - Getty Images iStockphoto
Fuente: Diario El País

viernes, 15 de mayo de 2026

Prensa Santa Fe exige reincorporación de trabajadora despedida en LT9 y apunta a Orlando Vignatti

La Asociación de Prensa de Santa Fe (APSF) repudió el despido de una trabajadora de radio LT9, al considerar que se trató de una represalia por su participación en las asambleas realizadas ante la falta de pago de salarios por parte de la empresa Onda9 SA.

Según denunció el gremio, el personal de la emisora se encuentra en "estado de alerta y asamblea permanente" debido a una serie de irregularidades, entre ellas el incumplimiento en el pago de haberes "en tiempo y forma".

La APSF señaló que Onda9 SA, propiedad del grupo rosarino encabezado por Orlando Vignatti, comunicó el despido de una trabajadora en el marco del conflicto laboral y tras las medidas de protesta llevadas adelante por el conjunto del personal.

"Desde la APSF exigimos a la empresa la inmediata reincorporación de nuestra compañera despedida y alertamos el agravamiento del conflicto en caso de no revertirse la medida", expresó la entidad en un comunicado.

Además, el sindicato informó que tanto la falta de pago de salarios como el despido fueron denunciados ante el Ministerio de Trabajo de la provincia. En ese sentido, advirtió que la situación podría derivar en "medidas más extremas" por parte de los trabajadores de LT9, que continúan en asamblea permanente.

Prensa Rosario denunció agresiones contra periodistas en Granadero Baigorria

El Sindicato de Prensa Rosario expresó su "repudio y enorme preocupación" por las agresiones sufridas por equipos periodísticos que realizaban coberturas en la zona de El Espinillo, en Granadero Baigorria, donde continuaba la búsqueda del joven Benjamín Scerra.

Según el comunicado difundido por el gremio, los hechos ocurrieron en un contexto de fuerte tensión, cuando personas presentes en el lugar increparon y atacaron a trabajadores de prensa mientras desarrollaban su tarea informativa. El sindicato cuestionó además la actitud de los efectivos policiales, señalando que decidieron retirarse del lugar en lugar de garantizar la seguridad y la integridad física de periodistas y camarógrafos.

Entre los episodios denunciados, el SPR indicó que el equipo de Telefe Noticias sufrió empujones y tironeos durante la cobertura. Incluso, señalaron que a una periodista le arrebataron el micrófono en medio de los incidentes. Al mismo tiempo, denunciaron que fueron pinchadas las ruedas del móvil de El Tres TV.

El comunicado también menciona que otros medios presentes, entre ellos Radio y Televisión Santafesina, lograron retirarse minutos antes del momento de mayor conflictividad y pudieron transmitir la información desde una zona segura.

Desde el sindicato recordaron además que días atrás mantuvieron una reunión con el ministro de Justicia y Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, a quien le plantearon la necesidad de garantizar condiciones de seguridad para el trabajo periodístico.

"El desarrollo del trabajo periodístico es esencial para una sociedad informada y para la vida en democracia", remarcaron desde el SPR, al tiempo que reclamaron tanto al Estado como a las empresas periodísticas un compromiso activo en defensa de la libertad de prensa y de la protección de las y los trabajadores de medios de comunicación.

domingo, 10 de mayo de 2026

La Rambla en disputa: polémica por el parque acuático y la defensa del último acceso público al Paraná

La Municipalidad de Rosario y el Gobierno de Santa Fe avanzan con un proyecto para instalar un parque acuático en la Rambla Catalunya, una iniciativa que ya abrió un fuerte frente de conflicto político, ambiental y vecinal alrededor del futuro de uno de los últimos espacios de playa pública de la ciudad. Las críticas apuntan directamente al intendente Pablo Javkin y al gobernador Maximiliano Pullaro, a quienes distintos sectores acusan de impulsar una privatización de la costa norte rosarina.

Entre los cuestionamientos aparecen la falta de consulta popular, la ausencia de estudios de impacto ambiental difundidos públicamente y la posibilidad de que el predio termine teniendo sectores cerrados, rejas y acceso pago. La polémica volvió a instalar el debate sobre el acceso público al río Paraná, el escaso espacio libre que conserva la extensa costa rosarina y el modelo de desarrollo urbano impulsado sobre la costanera.

El reclamo desde la comunidad del río
En ese contexto, el presidente de la Asociación Santafesina de Guías e Instructores de Kayak, Diego Rana Algrain, se convirtió en una de las voces más visibles del reclamo colectivo. Referente de la comunidad náutica y participante activo de distintas iniciativas vinculadas a la defensa del acceso público al río y de la cultura ribereña rosarina, describió en Señales el conflicto no sólo en términos urbanísticos, sino también personales y afectivos.

Para él, la Rambla representa directamente su vida. Contó que nació en barrio La Florida, a pocos metros de ese espacio, y que desde chico su relación con el lugar estuvo atravesada por la vida cotidiana junto al río. Recordó los parrilleros, los asados de domingo con su padre y los vínculos que fue construyendo allí desde la infancia. "Yo me crié ahí. Me hice mis amigos, forjé mi identidad. Me relacioné con el río de chico, con el kayakismo. Todo lo que yo soy se lo debo a ese espacio prácticamente", sostuvo. Y aseguró que esa experiencia no es individual sino compartida por muchísimas personas que sienten que les "están robando su tierra", su "lugar más sagrado", al que definió como "un oasis de vida en medio de la ciudad".

Una ribera cada vez más reducida
El dirigente remarcó que el proyecto pone en riesgo unos 300 metros de costa pública con playa, arena y árboles. Según explicó, sobre un total de aproximadamente 900 metros de costa accesible, la intervención avanzaría sobre casi un tercio de lo que todavía queda libre y gratuito. "Se están apropiando de casi un tercio de lo que nos queda para hacer un proyecto privado encima, donde va a estar enrejado y va a haber que pagar entrada", denunció.

Rana Algrain aclaró que la oposición no pasa por rechazar un complejo de piletas o un parque acuático en sí mismo. Incluso reconoció que puede tratarse de una propuesta atractiva para chicos y para el turismo. El problema, insistió, es la ubicación elegida. A su entender, Rosario tiene muchos otros lugares disponibles para desarrollar un emprendimiento de esas características sin afectar un sector históricamente utilizado para el deporte, la recreación y el contacto con la naturaleza. "No tiene por qué estar un complejo como este de cara al río", afirmó, y comparó el caso con otros complejos termales de la región que funcionan alejados de la ribera.

También vinculó la discusión con un proceso histórico de pérdida de acceso público a la costa. Señaló que antiguamente existían playas incluso en la zona céntrica de Rosario y que, con el paso de los años, el crecimiento urbano, los emprendimientos privados y las instituciones ocuparon gran parte de esos terrenos ribereños. Según planteó, la ciudad quedó reducida a una franja mínima de costa pública, por lo que considera "una locura" que sea el propio Estado el que impulse una nueva cesión de esos espacios.
El referente náutico describió además el impacto que tendría la obra sobre múltiples actividades que actualmente conviven en la zona: kayak, kitesurf, windsurf, natación, pesca, beach volley y el movimiento de embarcaciones que cruzan hacia las islas. A eso sumó el uso recreativo permanente que miles de personas hacen de La Florida durante todo el año, incluso fuera de la temporada de verano. "Cada vez más gente se está volcando al río porque se da cuenta de que estar en la naturaleza le hace bien", sostuvo, y señaló que la demanda social apunta justamente a ampliar el espacio público y no a reducirlo.

En uno de los pasajes más duros de su planteo, sostuvo que detrás del proyecto existe un negocio económico antes que una política pública vinculada al acceso ciudadano al río. Según explicó, la iniciativa sería financiada con recursos del Estado provincial y luego concesionada a un privado. Mencionó particularmente a la empresa Costanera Rosario —a la que identificó como una firma municipal ligada políticamente al Ejecutivo local— como la futura administradora del complejo y del estacionamiento proyectado frente al predio.

Rana Algrain cuestionó además la falta de controles sobre esa estructura. Aseguró que el estacionamiento actualmente es un espacio público que también podría destinarse a proyectos abiertos para la comunidad, como un parque o un skatepark. En cambio, denunció que terminará convertido en otra fuente de recaudación privada. "Va a ser toda una caja de plata que les va a quedar a ellos", afirmó.

"La Rambla no se toca": la organización en el territorio
Mientras el conflicto escala, vecinos y organizaciones comenzaron a organizarse. El miércoles realizaron una asamblea en la Rambla Catalunya que, según relataron, tuvo una convocatoria masiva pese a realizarse de noche y en una zona alejada del centro de la ciudad. Allí formaron grupos de trabajo, comenzaron contactos con concejales y avanzaron en la preparación de recursos de amparo para intentar frenar el proyecto.

El dirigente explicó que, según entienden, la iniciativa no pasó ni pasaría por el Concejo Municipal porque avanzaría mediante un decreto del Ejecutivo. Aunque aclaró no ser especialista en cuestiones legales, indicó que las organizaciones ya enviaron cartas al intendente, al gobernador, a la presidenta del Concejo y al cuerpo legislativo local para expresar formalmente el rechazo de más de veinte organizaciones sociales, deportivas y ambientales. El reclamo central es que el parque acuático pueda realizarse en otro lugar sin afectar la Rambla.

También denunció la falta de instancias de diálogo abiertas por parte del municipio. Dijo que hasta el momento ningún funcionario municipal se acercó a conversar con los vecinos y organizaciones, aunque confirmó reuniones previstas con la Comisión Ecológica del Concejo y con distintos concejales, incluidos representantes del oficialismo. Según planteó, el único que puede revertir la situación de manera directa es el propio intendente, ya que el proyecto lleva su firma. "Esperemos que se dé cuenta de que está cometiendo un grave error", expresó.

La discusión pública se amplificó además por la difusión televisiva de imágenes y presentaciones oficiales sobre el futuro parque acuático. Durante el programa radial se mencionó especialmente una cobertura televisiva en la que funcionarios municipales y responsables de Costanera Rosario mostraban con entusiasmo cómo sería el nuevo espacio. Según describieron, las cámaras enfocaban el sector de ingreso a La Florida y el área donde funcionaba el bar Mordisco, mientras se explicaba dónde estaría emplazado el parque. Para los sectores críticos, esas imágenes evidencian el reemplazo de árboles, paisaje natural y espacio público ribereño por estructuras artificiales y concesionadas.

Frente a ese escenario, las organizaciones convocaron a una jornada abierta en defensa de la Rambla Catalunya, de la costa y de la playa pública rosarina, un espacio que muchos consideran uno de los últimos refugios de acceso libre al Paraná dentro de la ciudad.
El conflicto escala y se organiza la protesta
El frío de la tarde no alcanzó para vaciar la Rambla Catalunya. Desde las tres de la tarde, vecinos autoconvocados, nadadores, organizaciones ambientales y familias se fueron acercando con banderas, carteles y termos bajo el brazo para rechazar el proyecto impulsado por el Ejecutivo provincial que prevé la instalación de un parque acuático sobre la costa rosarina. "No al parque acuático en La Rambla", se leía sobre una de las banderas extendidas frente al río Paraná, convertido por unas horas en escenario de una asamblea abierta atravesada por el enojo, la preocupación y la defensa del acceso público a la costa.

No hubo identificaciones partidarias. La convocatoria se sostuvo desde una consigna repetida una y otra vez por quienes tomaban el micrófono: la defensa del río como parte de la identidad rosarina y el rechazo a cualquier iniciativa que avance sobre los espacios públicos y la naturaleza. "La Rambla no se toca", coreaban mientras el viento golpeaba desde el Paraná.

El debate por la privatización de la costa
Entre los primeros testimonios apareció la voz de integrantes del grupo de nadadores que utilizan el río durante todo el año. Desde ese sector denunciaron que el proyecto no apareció de manera improvisada sino que, según afirmaron, fue mantenido "tapado" hasta último momento para impedir una organización anticipada del rechazo social. Según explicaron, el emprendimiento reduciría cerca de un 40 por ciento el acceso público y gratuito a la costa y beneficiaría solamente a sectores privados.

La crítica apuntó también al modo en que se presenta la iniciativa. Mientras algunos vecinos observaban los renders y las imágenes difundidas oficialmente, desde la asamblea insistían en que "las fotos son hermosas" y "los dibujitos son bonitos", pero advertían que detrás de esa estética se esconde una privatización del río. En ese sentido, denunciaron además la presencia de funcionarios municipales dentro del directorio de la empresa Costanera Norte, algo que, según sostuvieron, dificulta cualquier posibilidad de freno institucional desde el propio Ejecutivo local.

La discusión rápidamente se amplió hacia un problema histórico de Rosario: el acceso restringido a la costa. "La ciudad tiene más de treinta kilómetros de costa y está privatizada con un montón de clubes", señaló uno de los presentes, antes de proponer que, si el proyecto realmente necesita instalarse, se haga dentro de predios privados como el Yacht Club Rosario y no sobre uno de los pocos espacios abiertos y gratuitos que quedan frente al río.
Proteger la Rambla de la costa Rosarina del Río Paraná - ¡Firmá la petición! https://c.org/hLZGSLH9zZ

Las voces de la asamblea
Otro vecino enumeró los clubes y complejos costeros que ya cuentan con piletas privadas. Después de repasarlos, levantó la voz para sintetizar el malestar general: "Basta de piletas acá. Acá está el río". La frase fue acompañada por aplausos y por una advertencia que resonó entre los presentes: "Si tenemos que hacer un acampe acá, lo vamos a hacer. La costa la vamos a defender".

Las intervenciones también conectaron el reclamo ambiental con las desigualdades urbanas. Un hombre de la zona noroeste contó que junto a otros vecinos viene reclamando mejoras para el Polideportivo Cristalería, donde nadan durante el verano. Relató que impulsaron pedidos formales para lograr el cerramiento del lugar y que la nota fue acompañada por firmas de centros de salud, escuelas, iglesias y centros de jubilados del barrio, pero nunca obtuvieron respuesta.

La misma línea profundizó una mujer que cuestionó la lógica del proyecto en una ciudad atravesada por problemas básicos de infraestructura. Para ella, el parque acuático implica directamente "privatizar la playa". Consideró "irracional" hacer circular agua por toboganes pagos mientras en barrios populares, como el barrio Toba o Cañaveral, vecinos deben caminar varias cuadras cargando bidones para conseguir agua potable. "En lugar de que corra agua por los toboganes, que lleven agua a los barrios populares", reclamó.

Uno de los discursos más extensos y emotivos llegó de parte de Belén, integrante de la organización Nuestros Árboles Rosario. Agradeció primero la presencia de quienes, pese al clima, decidieron acercarse a "proteger el río y la costa". Luego cuestionó con ironía una publicación periodística que describía el proyecto como respetuoso del entorno natural. "Es una joda", dijo sin rodeos.

Belén explicó que desde la organización contabilizaron al menos 62 árboles que podrían verse afectados por la obra. Enumeró palos borrachos, sauces y palmeras distribuidos en toda la zona de la Rambla y advirtió que el lugar ya sufre un exceso de cemento. "Los árboles no necesitan más cemento", insistió, mientras describía las pequeñas cazuelas rodeando los troncos y la falta de tierra y césped para sostener el ecosistema costero.

También cuestionó el argumento oficial que presenta el parque acuático como un espacio pensado para las infancias. Según sostuvo, para muchos chicos y chicas de Rosario la Rambla constituye el único contacto posible con el río Paraná, especialmente para quienes no pueden pagar clubes, balnearios privados o complejos recreativos. "Las infancias que no tienen acceso al parque acuático, a los clubes o a La Florida, su única manera de acceder al río es esta Rambla", expresó. "Defendamos también a las infancias. Su primer contacto con el río es este lugar".

Su intervención derivó luego hacia una crítica más amplia a la política urbana local. Enumeró conflictos recientes vinculados al Parque Independencia, Parque Sunchales y Parque de las Colectividades, y acusó a la gestión municipal de profundizar un modelo de ciudad basado en la cementización constante. "Nos quieren llenar de cemento", lamentó, mientras vinculaba esa expansión con problemas estructurales de servicios básicos, cortes de luz y dificultades de acceso al agua.

El tramo más personal de su relato apareció cuando habló de salud pública. Contó que convive con endometriosis, una enfermedad crónica, y que puede afrontar un tratamiento privado porque tiene empleo, aunque muchas otras mujeres no cuentan con esa posibilidad. Describió demoras de meses para acceder a estudios médicos y mencionó el caso de una paciente que lleva más de un año esperando la reparación de un equipo hospitalario. "Tienen plata para un parque acuático y no para un aparato de salud pública", cuestionó, antes de definir la situación como "terrible" y "vergonzosa".

Aun atravesada por la tristeza y el cansancio, Belén cerró su intervención llamando a sostener la organización colectiva. "Que esta comunidad no se apague", pidió. El mensaje funcionó como síntesis de una tarde donde la defensa del río terminó reuniendo reclamos ambientales, urbanos y sociales bajo una misma consigna.
Mientras el sol empezaba a caer sobre el Paraná, las organizaciones terminaron de definir las próximas acciones. La agrupación "El Paraná no se toca", una de las participantes de la jornada, convocó para este lunes a las 9.45 a una concentración frente al Concejo Municipal. Además, para el miércoles a las 18 se anunció un corte y movilización desde Córdoba y Oroño hacia el Monumento a la Bandera. La advertencia final quedó flotando entre los aplausos y los bombos: el río, dijeron, no puede transformarse en una plataforma para negocios turísticos mientras se pierde naturaleza y acceso público.

Escuchá la entrevista completa y voces de la asamblea:

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