domingo, 23 de agosto de 2026

El Concejo expuso una fuerte disputa por las garantías constitucionales en un debate sobre seguridad

El Concejo Municipal de Rosario aprobó por 16 votos a favor y 9 en contra un proyecto de beneplácito del concejal Damián Pullaro por el tratamiento en la Legislatura provincial de iniciativas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro en materia de seguridad. El Concejo apenas consignó la aprobación de la declaración en su web, pese al intenso debate que generó en el recinto
Pero detrás de una votación que, en apariencia, podía presentarse como una declaración institucional más, se desarrolló uno de los debates políticos más extensos y ásperos de la jornada, que había comenzado en la Comisión de Control, Convivencia y Seguridad Ciudadana. En Señales reconstruimos el debate a partir de las intervenciones de todos los bloques y escuchamos las distintas voces que tomaron la palabra en el recinto.

El expediente abrió una discusión que atravesó el sistema acusatorio, las facultades policiales, los controles judiciales, la política penitenciaria, la situación de las víctimas, los resultados del Plan Bandera, los antecedentes de las gestiones anteriores y hasta la utilización de los beneplácitos como herramienta política del Concejo.

La discusión dejó expuestas dos miradas prácticamente antagónicas: la del oficialismo, que defendió la necesidad de ampliar las herramientas estatales para enfrentar al crimen organizado, y la de buena parte de la oposición, que advirtió que algunas de las reformas en debate pueden afectar garantías constitucionales y terminar debilitando —en lugar de fortalecer— las investigaciones penales. También hubo posiciones propias dentro de esos espacios, con matices y cuestionamientos que atravesaron las distintas intervenciones.

El debate, además, tuvo cruces personales, referencias al pasado político de los distintos bloques, acusaciones de tergiversación y una discusión específica sobre la reciente reforma constitucional de Santa Fe.

"El Estado tiene que evolucionar a medida que el crimen evoluciona"
El debate comenzó con la intervención del concejal Damián Marcelo Pullaro, de Unidos por Rosario, autor del proyecto de beneplácito.

Pullaro planteó que el objetivo era poner en discusión iniciativas destinadas a fortalecer al Estado en materia de prevención, investigación y persecución del delito. Enumeró entre ellas modificaciones al Código Procesal Penal, a la Ley provincial 13.494 de protección y acompañamiento de víctimas, al fondo de recompensas, al sistema de inteligencia y análisis para la prevención del delito y a las herramientas para investigar los entornos digitales.

Su argumento central fue que las organizaciones criminales evolucionan y que el Estado debe hacerlo en la misma dirección.

También vinculó el debate con la política penitenciaria y cuestionó lo ocurrido durante la gestión provincial anterior. Sostuvo que los delitos habían continuado siendo ordenados desde las cárceles y que el retroceso de determinadas medidas penitenciarias había favorecido el crecimiento de la violencia.

Pero Pullaro llevó la discusión un paso más allá: reclamó que cada espacio político explicitara qué posición tenía sobre las reformas.

"Manifestémonos todos", fue, en esencia, su planteo. Y dirigió especialmente la mirada hacia Juan Monteverde, aunque este último no tuvo una intervención.

"Si vos decís que escuchás tanto a la gente, algo te tiene que decir la seguridad", le planteó Pullaro a Monteverde, en un tramo en el que también cuestionó las risas durante su exposición.

Para el autor del proyecto, el Concejo debía pronunciarse sobre una cuestión que atraviesa directamente a Rosario y no limitarse a discutir aspectos formales.

Esto viene a desmantelar un sistema acusatorio
La primera gran objeción llegó con Mariano Romero, del interbloque peronista, quien explicó el voto negativo de su espacio.

Romero sostuvo que el proyecto aprobado era, en su redacción, "inocuo", porque formalmente expresaba beneplácito por el tratamiento de iniciativas orientadas a fortalecer las herramientas estatales, algo con lo que —dijo— difícilmente alguien pudiera estar en desacuerdo.

Sin embargo, señaló que detrás de esa formulación estaba el proyecto impulsado por el gobernador Maximiliano Pullaro y enumeró varias de las reformas en discusión: cambios al reglamento policial, a la ejecución penal y al sistema procesal.

El eje de su intervención fue jurídico. Según Romero, las reformas no significarían simplemente una actualización de las herramientas de seguridad, sino un retroceso respecto del sistema acusatorio que Santa Fe había construido durante los gobiernos del Frente Progresista.

Advirtió particularmente sobre:
  • allanamientos sin orden judicial;
  • medidas coercitivas dispuestas por fiscales sin control judicial;
  • interrogatorios policiales durante las primeras etapas de una investigación sin presencia obligatoria de un defensor;
  • intervenciones de inteligencia policial sin control judicial;
  • facultades especiales para establecer zonas de intervención policial;
  • restricciones a la circulación y controles de acceso y salida en barrios;
  • y la posibilidad de demorar personas por averiguación de antecedentes durante 48 horas. 
Para Romero, el problema no era solamente la afectación de derechos. Sostuvo que una ampliación de facultades de este tipo podía terminar siendo contraproducente para la propia persecución penal.

Su argumento fue que las pruebas obtenidas mediante procedimientos ilegales podrían luego ser cuestionadas por las defensas y derivar en nulidades.

"Quien lleva adelante la acusación tiene que ser el fiscal", resumió, mientras reivindicó el principio según el cual el juez debe funcionar como tercero imparcial y controlar las medidas que afectan derechos.

En su lectura, el proyecto implicaría "desbaratar" un sistema que, según sostuvo, había sido construido para superar el modelo inquisitivo.

Quién puede atribuirse los resultados de la política de seguridad
Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, anunció el acompañamiento de su bloque al beneplácito, aunque cuestionó al oficialismo por no haber acercado la información que habían solicitado. Su intervención fue mucho más que una explicación del voto.

Aleart buscó colocar la discusión en una disputa política más amplia entre La Libertad Avanza, Unidos y el peronismo. Defendió las reformas impulsadas por el Gobierno nacional y sostuvo que existía una contradicción entre el apoyo de Unidos a herramientas de seguridad en la Legislatura y su posición durante la reforma de la Constitución provincial.

Mencionó la reiterancia, el régimen penitenciario de alto riesgo y el registro de huellas genéticas como herramientas que su espacio había intentado incorporar con rango constitucional.

También cuestionó al kirchnerismo y sostuvo que había votado en contra de distintas iniciativas nacionales vinculadas con seguridad.

Pero el tramo más político de su exposición llegó cuando presentó el Plan Bandera como una de las principales razones de la mejora de los indicadores de seguridad de Rosario.

Aleart sostuvo que el plan implementado durante la gestión de Patricia Bullrich y continuado por Alejandra Monteoliva había sido determinante para la caída de los homicidios y afirmó que "Rosario está pacificada y es producto del Plan Bandera, de las medidas firmes del presidente de la Nación".

A partir de allí, lanzó un desafío al oficialismo: si el Concejo estaba dispuesto a aprobar un beneplácito por las iniciativas provinciales, también debería pronunciarse sobre las políticas nacionales.

Enumeró, entre otras, la ley de reiterancia, el Registro Nacional de Datos Genéticos, el nuevo régimen penal juvenil, las medidas para impedir el uso de celulares en las cárceles y la resolución del Departamento de Estado estadounidense que modificó el nivel de alerta sobre Rosario.

La discusión, así, dejó de ser solamente provincial y se convirtió también en una disputa sobre quién podía atribuirse los resultados de la política de seguridad en la ciudad.

Este beneplácito no cambia la vida de nadie
La concejala Sabrina Prence, de Nación y Libertad, acompañó el proyecto, pero marcó una diferencia con el tono predominante de su anterior espacio La Libertad Avanza.

Prence también deslizó una crítica política al origen de este tipo de iniciativas. "Entiendo —y esto va sin ánimo de hacer quilombo— que por ahí son órdenes de arriba que reciben, que hay que presentarlos para seguir haciendo buena letra al gobierno provincial", planteó. La concejala cuestionó así que el Concejo termine utilizando su tiempo para celebrar un proyecto que todavía se encuentra en tratamiento en la Legislatura.

Su advertencia no apuntó solamente al contenido del expediente, sino también al papel del Concejo. Consideró que había que tener cuidado de no convertir los beneplácitos en una práctica para respaldar proyectos que todavía no son leyes y cuestionó que el cuerpo legislativo terminara "azotándose con ramos de flores cuando miramos al frente y realmente el país está hecho un desastre, la situación socioeconómica está hecha un desastre, la salud está que explota y nosotros no damos más".

Mientras el debate se concentraba en nuevas herramientas de seguridad, recordó que policías habían reclamado mejoras salariales y sostuvo que las fuerzas de seguridad necesitaban recursos básicos para cumplir su tarea.

Su crítica apuntó además a lo que definió como una "decadencia" de la política y de la calidad de los proyectos. Para Prence, el Concejo estaba corriendo el riesgo de aprobar una declaración que no modificaba la vida cotidiana de ningún rosarino: "Probablemente mañana nos terminen pegando todos porque van a decir: 'El Concejo aprobó un beneplácito para aplaudirle al gobernador Pullaro'. Y con justa razón nos van a pegar, porque realmente no se puede salir a caminar en Rosario sin ver a gente que la está pasando mal".

Y reclamó que la discusión sobre seguridad no se limitara a nuevas facultades represivas, sino que incluyera el fortalecimiento concreto de quienes deben enfrentar al crimen.

La contradicción con los propios criterios del oficialismo
Antonio Salinas, de Ciudad Futura, puso el foco en un aspecto diferente: la naturaleza misma del beneplácito.

Recordó que el oficialismo había sostenido reiteradamente que el Concejo no debía pronunciarse mediante beneplácitos o declaraciones sobre proyectos que todavía se encontraban en tratamiento en otras cámaras legislativas. Por eso consideró contradictorio que este expediente sí hubiera llegado al recinto.

También cuestionó la técnica legislativa. Según Salinas, el título, los vistos y los considerandos no coincidían exactamente con lo que finalmente decía la declaración.

"Lo que estamos debatiendo es el beneplácito por un debate", planteó, retomando uno de los argumentos que había formulado Romero.

Pero Salinas decidió llevar la discusión al terreno jurídico y profesional. Leyó en el recinto un comunicado del Colegio de Abogados de Rosario, institución que —remarcó— había quedado bajo conducción de sectores vinculados a Unidos y La Libertad Avanza.
El comunicado manifiesta su preocupación frente al proyecto de ley y que es su deber advertir que el mencionado proyecto, en los términos en que ha sido presentado, contiene disposiciones que importan un serio retroceso en materia de garantías constitucionales.

La seguridad pública es un objetivo legítimo y necesario, pero debe desarrollarse en el marco de los principios y garantías que sustentan al Estado de Derecho.

En este sentido, el debido proceso y la defensa en juicio mediante la asistencia letrada, independiente y de calidad, constituyen pilares fundamentales de los cuales no podemos apartarnos.
Leyó Salinas, para dejar en claro que las objeciones al proyecto no provenían solamente de la oposición política.

Los datos sobre violencia institucional
La intervención de Norma López, de Comunidad, fue una de las más extensas y argumentadas de la sesión. A diferencia de quienes habían centrado sus exposiciones en la naturaleza política del beneplácito, López comenzó intentando respaldar sus objeciones con datos y antecedentes institucionales.

Recordó que durante la discusión en comisión había sido cuestionada porque sus críticas al proyecto eran consideradas "opiniones" y no hechos verificables. Por eso, explicó, en el recinto iba a presentar información proveniente de organismos oficiales y de instituciones vinculadas con la Justicia y los derechos humanos.

Su primer eje fue la violencia institucional. Citó datos del Ministerio Público de la Defensa según los cuales durante 2025 se registraron 93 víctimas de torturas en cárceles de Santa Fe, con 189 hechos denunciados, y 218 víctimas de violencia policial en la vía pública. También mencionó que 39 personas denunciaron el armado de causas por resistencia a la autoridad y advirtió que solamente una parte de las víctimas se anima a denunciar formalmente por temor a represalias.

López vinculó esos datos con la situación del sistema penitenciario santafesino. Señaló que la provincia tenía una tasa de 351 personas detenidas cada 100.000 habitantes, por encima del promedio nacional, un déficit de alrededor de 3.000 plazas penitenciarias y 43 personas fallecidas bajo custodia durante 2025.

El segundo punto estuvo referido a Naciones Unidas. López citó las observaciones del Comité contra la Tortura de la ONU sobre hechos denunciados en la cárcel de Piñero y mencionó la existencia de reclamos para que el Estado argentino aportara información sobre esas situaciones.

También incorporó datos de la Correpi sobre muertes vinculadas con el aparato represivo estatal y los utilizó para sostener que la discusión sobre nuevas facultades para las fuerzas de seguridad no podía darse sin considerar los antecedentes recientes de violencia institucional.

Luego puso el foco en lo ocurrido después de la última ampliación de facultades policiales. Según relató, durante cinco semanas se produjeron cerca de 4.000 detenciones por falta de documentación, de las cuales solamente una persona tenía pedido de captura. Mencionó en ese punto la intervención del camarista Gustavo Salvador, quien, según su exposición, debió establecer límites judiciales frente a esas prácticas.

El cuarto eje fue el rechazo de sectores profesionales y jurídicos al proyecto. López citó a la Asociación de Abogados Penalistas de Rosario, cuyo presidente, José Nanni, había calificado la iniciativa como un "atropello autoritario". También mencionó al constitucionalista Óscar Blando y al camarista Gustavo Salvador como voces que habían expresado preocupación por las reformas.

A partir de allí llegó al núcleo de su planteo: la Constitución provincial. López sostuvo que las reformas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro podían entrar en contradicción con los artículos 14, 15 y 42 de la nueva Constitución santafesina: la prohibición de la tortura y los tratos crueles, la exigencia de orden judicial para ingresar a domicilios y la garantía del hábeas corpus.

También advirtió sobre una posible consecuencia económica. Citando las objeciones de los abogados penalistas, sostuvo que una eventual aprobación del proyecto podría derivar en una multiplicación de planteos de inconstitucionalidad y litigios contra el Estado, con un eventual costo que terminaría siendo afrontado por los contribuyentes.

Para López, por lo tanto, la discusión sobre seguridad no podía reducirse a más patrulleros, cámaras o facultades policiales. Reclamó un Estado capaz de perseguir el delito, pero sometido a controles y garantías democráticas.

¿Cuál es el modelo alternativo?
El concejal Fabricio Fiatti, también de Unidos, retomó la discusión desde una perspectiva política. Primero aclaró que no había realizado señalamientos personales y que cada concejal debía hacerse cargo de las organizaciones políticas a las que pertenece y de sus antecedentes de gestión.

Después defendió el modelo de seguridad provincial y municipal. Para Fiatti, el debate sobre seguridad es demasiado importante como para quedar reducido a una discusión formal sobre el expediente.

Defendió la política penitenciaria de alto perfil, la necesidad de evitar que los presos continúen manejando organizaciones criminales desde las cárceles y la importancia de dotar de herramientas al Ministerio Público de la Acusación.

Pero su pregunta principal estuvo dirigida a la oposición: "¿Cuál es el modelo alternativo?". Fiatti reclamó propuestas concretas y no solamente rechazos a las reformas.

También reivindicó la responsabilidad política del oficialismo y aseguró que el objetivo era continuar transformando el Estado hasta recuperar definitivamente la paz en Rosario.

El concejal cuestionó además la referencia histórica a la dictadura realizada durante el debate y consideró "absurdo" comparar un gobierno democrático con aquella etapa.

La defensa del modelo de seguridad
Anahí Schibelbein, de Unidos por Rosario, defendió el proyecto desde la experiencia cotidiana de comerciantes y vecinos. Se refirió a la caída de los homicidios y a la recuperación de espacios públicos, pero eligió como ejemplo el testimonio de un comerciante rosarino llamado Jorge.

Según relató, el hombre había tenido que trabajar durante años con las persianas bajas por temor a la violencia y ahora podía desarrollar nuevamente su actividad. Para Schibelbein, ese tipo de testimonios debía formar parte del debate tanto como las estadísticas.

También defendió las herramientas tecnológicas implementadas por el Ministerio de Seguridad y sostuvo que la recuperación de la ciudad no podía considerarse algo natural o permanente.

La concejala cuestionó a quienes, según su interpretación, habían tenido responsabilidades de gobierno durante los años más violentos y ahora criticaban las políticas que estaban permitiendo la recuperación de Rosario.

Su intervención reforzó uno de los argumentos centrales del oficialismo: la discusión no debía detenerse en las objeciones jurídicas al texto, sino considerar qué herramientas necesita el Estado para sostener la baja de la violencia.

No estamos acá para hacerle un cumpleañitos a nadie
Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, llevó la discusión nuevamente hacia la naturaleza del proyecto. "Los que no quisieron discutir el fondo son ustedes", sostuvo, en respuesta al oficialismo. "si uno lee la carátula, claramente era un beneplácito por la presentación y tratamiento del proyecto de ley, 

Para Gigliani, el problema estaba en que la carátula presentaba un beneplácito por un proyecto de ley "falta decir que presentó el gobernador Pullaro. ¿Quién lo presenta? El concejal Damián Pullaro, su hermano" y agregó que el texto se limitaba a expresar apoyo al tratamiento de iniciativas.

A su entender, eso dejaba al Concejo frente a una situación paradójica: aprobar un beneplácito por algo que no se estaba votando concretamente. "Nosotros no estamos acá para hacerle ningún cumpleañitos a nadie", resumió.

También cuestionó la utilización de las estadísticas como una competencia política y sostuvo que detrás de los números existen muertes y dolor.

Su intervención incorporó además otras dimensiones de la seguridad: salud mental, pobreza, desempleo, endeudamiento y violencia digital.

Gigliani sostuvo que Rosario necesita políticas públicas integrales y recordó episodios vinculados con el narcotráfico y la política provincial.

También defendió el sistema acusatorio y cuestionó específicamente la posibilidad de tomar declaraciones policiales sin abogado, allanar sin orden judicial o utilizar pruebas obtenidas ilegalmente.

Gigliani también puso el foco en la contradicción política del oficialismo: recordó que varias de las leyes que ahora se pretende modificar fueron creadas durante los gobiernos del Frente Progresista y que el actual intendente Pablo Javkin fue miembro informante de esas reformas en la Legislatura.

"Interpreto yo que en alguna especie de autocrítica están asumiendo que quieren dar marcha atrás", sostuvo. Para la concejala, esa situación explica parte de la incomodidad del oficialismo y cuestionó que el Concejo terminara aprobando un beneplácito que, según planteó, ni siquiera respaldaba explícitamente los proyectos presentados por el gobernador. "Están haciendo como que votan algo que en realidad no están votando", resumió.

Para ella, no se trataba de una discusión ideológica sino de respetar la Constitución y el Estado de Derecho.

Pullaro y López vuelven a cruzarse
Luego de las intervenciones opositoras, Damián Pullaro volvió a tomar la palabra. Su respuesta fue especialmente dura. Consideró "inaceptable" la comparación con la dictadura y sostuvo que las reformas no vulneraban garantías constitucionales.

"No es momento de ser blando, de ser tibio", afirmó, antes de reclamar una posición más firme frente al crimen organizado. También volvió a mencionar al gobierno de Omar Perotti y sostuvo que un retroceso en las políticas de seguridad podía volver a generar incrementos de violencia.

La discusión se volvió entonces más personal, con Pullaro cuestionando a quienes, según él, "hablan mucho y hacen poco".

López pidió nuevamente la palabra para aclarar su posición y respondió a los cuestionamientos que había recibido durante la sesión. Primero rechazó que su posición pudiera ser reducida a una identidad de "panperonismo", como había planteado Anahí Schibelbein. Y luego respondió directamente a Damián Pullaro y Fabricio Fiatti, quienes habían cuestionado su referencia a la última dictadura.

López aclaró que nunca había equiparado un gobierno constitucional con la dictadura cívico-militar-eclesiástica. Su comparación, explicó, apuntaba a advertir sobre las consecuencias de otorgar al Estado facultades represivas sin un marco constitucional adecuado.

También cuestionó la utilización permanente del "fantasma del peronismo y el kirchnerismo" para responder a las críticas y reivindicó el trabajo que distintos sectores políticos habían realizado acompañando a víctimas de delitos, incluso durante gestiones anteriores.

En ese punto intervino María Eugenia Schmuck para recordar que ella también había participado de ese acompañamiento.

López cerró esa parte de su exposición con una crítica política a Fiatti: sostuvo que el oficialismo había modificado el proyecto original de Pullaro porque no podía aprobarlo tal como había sido presentado y consideró que esos cambios habían mejorado su "espíritu democrático", aunque, a su entender, seguían sin incorporar las herramientas necesarias para una política de seguridad pública compatible con las garantías constitucionales.

Así, la intervención de López tuvo dos momentos claramente diferenciados: primero, una extensa argumentación basada en datos, antecedentes institucionales y normas constitucionales; después, las respuestas políticas a quienes habían cuestionado su posición. Esa estructura es importante porque muestra que su intervención no se limitó al cruce político: el núcleo de su rechazo estuvo en las consecuencias que, según planteó, podrían tener las reformas sobre los derechos y el funcionamiento del sistema penal.

Fiatti vuelve a cerrar filas
Finalmente, Fabricio Fiatti retomó la palabra. Reivindicó el modelo de seguridad de los gobiernos de Unidos y sostuvo que no podía existir resignación frente al crimen organizado.

Para el concejal, el objetivo era que las organizaciones criminales y sus integrantes estuvieran presos, pero también que las herramientas estatales permitieran proteger testigos, intervenir ante búnkeres, actuar frente a inmuebles usurpados y responder ante nuevas modalidades delictivas.

"Las líneas tienen que estar claras", sostuvo. Y volvió a plantear que el oficialismo estaba dispuesto a seguir realizando reformas para garantizar que los rosarinos pudieran volver a caminar y regresar a sus casas con tranquilidad.

Una votación que reflejó una división política más profunda
El cierre estuvo a cargo de la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, quien puso el expediente a consideración del cuerpo.

El resultado fue de 16 votos positivos y 9 negativos.

Más allá del resultado formal, el debate dejó varios ejes que excedieron ampliamente el texto del beneplácito:
  • La constitucionalidad de las reformas de seguridad y la tensión entre mayores facultades policiales y garantías individuales.
  • El sistema acusatorio, defendido por la oposición como una conquista institucional frente al viejo sistema inquisitivo.
  • El control judicial de las medidas policiales y fiscales, particularmente en allanamientos, detenciones, interrogatorios e inteligencia.
  • La política penitenciaria, con el oficialismo reivindicando el régimen de alto perfil y la oposición advirtiendo sobre los riesgos de ampliar facultades represivas.
  • La violencia institucional, con López aportando datos y antecedentes de organismos oficiales y organizaciones profesionales.
  • Los resultados de la política de seguridad en Rosario, con Unidos y La Libertad Avanza disputándose buena parte del reconocimiento por la baja de los homicidios.
  • El pasado de las gestiones anteriores, utilizado por el oficialismo para responsabilizar al peronismo por el crecimiento del crimen organizado, y por la oposición para recordar que las actuales leyes que se pretenden modificar fueron impulsadas por gobiernos del propio Frente Progresista.
  • La utilización de los beneplácitos, cuestionada incluso desde sectores que finalmente acompañaron el proyecto.
  • La relación entre seguridad y situación social, introducida por Prence y Gigliani a través de referencias a salarios, pobreza, salud mental, desempleo y endeudamiento.
  • Y, finalmente, la disputa sobre qué significa una política de seguridad democrática: para el oficialismo, un Estado con mayores herramientas para perseguir al crimen; para la oposición, un Estado fuerte pero sometido a controles judiciales y constitucionales.
El expediente terminó aprobado, pero la discusión mostró que el verdadero desacuerdo no estaba en si Rosario necesita seguridad ni en si el Estado debe combatir al crimen organizado. En eso hubo coincidencias.

La diferencia quedó planteada sobre hasta dónde puede llegar el Estado para hacerlo, quién debe controlar esas facultades y qué riesgos está dispuesto a asumir una sociedad que todavía tiene muy presente el pasado reciente de violencia, pero que también reclama respuestas concretas frente al delito.

Y esa discusión, a juzgar por la intensidad del debate en el recinto, recién comienza.

El Concejo Municipal apenas dejó constancia del resultado
El debate no aparece reflejado en la comunicación institucional del Concejo con la dimensión que tuvo en el recinto. Solo en su página web, perdido entre los distintos asuntos tratados durante la sesión, el cuerpo publicó apenas una breve referencia bajo el título "Seguridad pública".

Esa síntesis institucional consigna el resultado, pero omite prácticamente todo lo que convirtió al expediente en uno de los principales debates políticos de la sesión: las advertencias sobre posibles vulneraciones constitucionales, el cuestionamiento al sistema acusatorio, las facultades que podrían otorgarse a la policía, los allanamientos sin orden judicial, los interrogatorios sin defensor, las zonas de intervención policial especial, la política penitenciaria, los datos sobre violencia institucional, las críticas del Colegio de Abogados y las diferencias entre oficialismo, peronismo, Ciudad Futura, Iniciativa Popular y La Libertad Avanza.

Tampoco aparecen en esa comunicación los fuertes cruces políticos que atravesaron la discusión: la acusación de "tergiversación" formulada por Norma López; la crítica de Damián Pullaro a quienes consideró "blandos" o "tibios"; el reclamo de Fabricio Fiatti para que la oposición presentara un modelo alternativo de seguridad; el desafío de Juan Pedro Aleart al oficialismo para que acompañara también las políticas nacionales; ni la advertencia de Sabrina Prence sobre el uso de los beneplácitos.

Mucho menos aparece el resultado de la votación: 16 votos positivos contra 9 negativos.

En otras palabras, registra que el beneplácito fue aprobado, pero deja afuera buena parte de aquello que hizo sustancial la discusión: qué herramientas se le quieren dar al Estado para combatir el delito, qué límites deberían tener esas herramientas y qué riesgos implica avanzar sobre las garantías constitucionales. El resultado quedó publicado; el debate, prácticamente no.

Escuchá el debate completo:

El voto bajo sospecha: las nuevas reglas que pueden cambiar la representación política en Santa Fe

El nuevo Código Electoral obtuvo media sanción en Diputados y ahora espera el tratamiento del Senado. La reforma modifica las PASO, cambia el diseño de la boleta única, eleva al 4% el piso para acceder al reparto de bancas y habilita hasta tres candidaturas a vicegobernador/a para un mismo candidato a gobernador. Para el constitucionalista Oscar Blando, detrás de esos cambios se abre una discusión de fondo: qué relación habrá entre los votos obtenidos y la representación efectiva de la ciudadanía.

El jueves pasado, la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe dio media sanción al nuevo Código Electoral, una reforma que introduce cambios relevantes en el sistema de las PASO, modifica el diseño de la boleta única y eleva los pisos electorales para acceder a la representación legislativa. La iniciativa, que ahora deberá continuar su recorrido parlamentario, abrió además una discusión más profunda sobre la representación política, la proporcionalidad del voto y los eventuales reparos constitucionales que podrían plantearse.

Para analizar el alcance de la reforma, el abogado, doctor en Derecho y especialista en Derecho Constitucional y Electoral Oscar Blando pone el foco en Señales, antes que nada, en una cuestión que considera necesaria y largamente postergada: Santa Fe necesitaba un Código Electoral.

Lo sostiene desde hace años y recuerda que incluso publicó un libro, Reforma Política en Argentina: un debate democrático pendiente, concebido como una suerte de digesto electoral, en el que reunió leyes dispersas, antiguas y, en algunos casos, contradictorias, algunas derogadas expresamente y otras de manera orgánica o tácita. Desde esa perspectiva, la necesidad de ordenar y sistematizar la legislación electoral provincial resulta, para él, indiscutible.

La nueva Constitución de Santa Fe también aporta razones para avanzar en esa dirección. Blando señala que la reforma constitucional de 2025 estableció la necesidad de reglamentar distintas cuestiones, entre ellas la creación de un nuevo órgano electoral y las nuevas formas de participación política incorporadas al texto constitucional: iniciativa popular, referéndum, revocatoria y audiencias públicas. Se trata, en esos casos, de materias que requieren necesariamente una reglamentación.

Pero el problema, según su mirada, aparece cuando el Código avanza sobre cuestiones que la Constitución no obligaba a modificar. Ahí ubica los cambios en los pisos o umbrales electorales y el nuevo diseño de la boleta única.

Para Blando, no existió un mandato constitucional que exigiera elevar los pisos electorales ni tampoco modificar la boleta única de papel por categorías, tal como se utilizaba hasta ahora.

Un Código necesario, pero no todos los cambios
La pregunta que formula es, precisamente, quién reclamó esos cambios.

"¿Qué parte de la ciudadanía pidió elevar los pisos electorales? ¿Qué sector de la academia pidió elevar los pisos electorales?", plantea. Y extiende el interrogante al sistema de votación: "¿Qué sector de la sociedad pidió cambiar el diseño de la boleta única de papel por categoría como nosotros teníamos?".

Según sostiene, no conoce ningún sector social, político o académico que haya reclamado específicamente el diseño finalmente aprobado por la Cámara de Diputados.

A su entender, podría haberse discutido una modificación de la boleta para adoptar otros modelos existentes, como el sistema cordobés, el mendocino o incluso el utilizado a nivel nacional. Sin embargo, considera que la fórmula que terminó incorporándose al proyecto surgió de las discusiones políticas posteriores y no de una demanda social o académica previamente instalada.

La diferencia, para Blando, es importante: una cosa es reconocer la necesidad de contar con un cuerpo normativo ordenado y actualizado y otra muy distinta es suponer que esa necesidad habilita cualquier modificación de las reglas electorales. Ahí comienza su principal objeción.

El 4% y los votos que pueden quedar afuera
Uno de los puntos que más preocupa a Blando es el aumento del piso electoral. Actualmente, explica, para la distribución de cargos legislativos rige un umbral del 3% del padrón electoral. El nuevo Código propone elevarlo al 4%.

Ese porcentaje no funciona como el piso que una fuerza debe superar para pasar de las PASO a las elecciones generales, sino como el umbral que debe alcanzar después de la elección general para poder participar de la distribución de bancas en la Cámara de Diputados. La diferencia no es menor.

Con la nueva Constitución, la Cámara de Diputados debe distribuir sus bancas mediante un sistema proporcional, de modo que exista una correspondencia entre los votos obtenidos por las distintas fuerzas y la representación que finalmente consiguen. El problema, advierte Blando, es que el piso del 4% puede dejar afuera de esa distribución a fuerzas pequeñas.

Además, se trata de un porcentaje calculado sobre el padrón electoral y no sobre los votos efectivamente emitidos. Eso significa que quienes figuran en el padrón pero no concurren a votar también forman parte de la base sobre la cual se calcula el umbral.

En la práctica, sostiene Blando, quienes no votan terminan favoreciendo indirectamente a las fuerzas que consiguen superar el piso, que suelen ser los grandes sectores o frentes electorales.

La defensa política de esta modificación se ha apoyado, en buena medida, en la necesidad de garantizar la gobernabilidad. Pero esa explicación no convence al especialista.

Blando señala que, si se observa el derecho público provincial argentino, Santa Fe quedaría como una de las jurisdicciones con el umbral más alto: Jujuy tiene un piso del 5% y, detrás, aparecería Santa Fe con el 4%. La mayoría de las provincias se mantiene en el 3% del padrón o, en otros casos, establece el porcentaje sobre los votos emitidos. También existen provincias que directamente no tienen umbral electoral.

La pregunta que, según cuenta, planteó incluso durante una reunión de las comisiones de la Cámara de Diputados es concreta: en qué provincia argentina hubo ingobernabilidad porque el piso electoral era bajo o porque directamente no existía un umbral. "Nadie me contesta", sostiene.

Su observación apunta a cuestionar la relación que se pretende establecer entre un piso electoral elevado y la capacidad de un gobierno para gobernar.

Según Blando, la experiencia argentina muestra más bien lo contrario: ejecutivos fuertes, gobiernos con control político, mediático e incluso judicial. Por eso considera que la teoría según la cual un umbral bajo genera ingobernabilidad puede tener algún sustento en determinados desarrollos de la teoría política, pero no encuentra correlato en la realidad provincial argentina.

La explicación histórica del sistema de umbrales, agrega, tiene mayor sentido en los regímenes parlamentarios, donde los gobiernos surgen de los propios parlamentos y una excesiva fragmentación puede dificultar la formación de mayorías y, por lo tanto, de gobiernos estables.

Pero ese no es el esquema argentino. El país tiene un sistema presidencialista y, en las provincias, los gobernadores cumplen un papel equivalente al de pequeños presidentes. En ese contexto, sostiene, el problema de la ingobernabilidad derivada de la fragmentación legislativa no aparece de la misma manera.

Blando admite que cualquier gobernante preferiría contar con mayorías cómodas en las legislaturas y en los concejos deliberantes. Pero entiende que el camino para conseguirlas debería ser electoral: obtener votos y ganar elecciones.

"No crear ficticios instrumentos que condicionen la voluntad popular", plantea.

La proporcionalidad en disputa
El efecto más delicado del nuevo umbral, desde su perspectiva, no se limita a una cuestión de ingeniería electoral.

Debajo de ese 4% pueden quedar cientos de miles de personas sin representación política. Y esa exclusión, advierte, puede producir una consecuencia todavía más preocupante: favorecer el abstencionismo.

La lógica que plantea es sencilla. Si una persona no encuentra dentro de la oferta electoral una alternativa con posibilidades reales de representación, puede dejar de concurrir a votar.

"Si yo no tengo la opción el día de ir a votar, es muy probable que no vaya a votar", resume. La discusión adquiere entonces una dimensión constitucional.

Blando reconoce que los porcentajes y umbrales electorales han sido objeto de judicialización en distintas oportunidades y que se ha discutido incluso la constitucionalidad de determinados pisos, como el 3%.

Sin embargo, explica que tanto en el ámbito de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como en el de la Corte Suprema, en términos generales, estas cuestiones suelen ser consideradas decisiones políticas mientras no impliquen una restricción incompatible con el sistema democrático o con la voluntad popular.

Por eso no afirma que la sola existencia de un umbral del 4% implique automáticamente una inconstitucionalidad. Su objeción es más específica: considera que esos umbrales condicionan el principio constitucional de proporcionalidad que la nueva Constitución de Santa Fe adoptó para la representación legislativa.

El ejemplo que utiliza permite comprender el problema. Imagina una lista que obtiene 90.000 votos pero no alcanza el umbral necesario, establecido hipotéticamente en 100.000. Esa lista queda fuera de la distribución de bancas.

En cambio, las fuerzas que sí superaron el 4% participan del reparto mediante el sistema D’Hondt y pueden conseguir bancas con candidatos que, dentro de esa distribución proporcional, representen una cantidad de votos considerablemente menor.

El resultado puede ser que una lista que obtuvo 90.000 votos quede sin representación por no haber alcanzado el piso, mientras otro candidato, perteneciente a una fuerza que sí superó el 4%, acceda a una banca con una cantidad de votos muy inferior: 40.000, 45.000, 35.000 o incluso 20.000.

Para Blando, ahí aparece la tensión central. "El primero de esa lista tiene 90.000 votos, pero como no llegó a los 100.000, no pasa y no se distribuye", explica.

Mientras tanto, los últimos candidatos de las listas que sí superaron el piso ingresan al reparto y, a partir de la aplicación del sistema D’Hondt, pueden resultar electos con una cantidad de votos muy inferior. "Sin embargo, ese va a ser legislador y el que sacó 90.000 no va a ser legislador", señala.

Desde esa perspectiva, la discusión deja de ser solamente técnica y pasa a comprometer el principio mismo de representación proporcional que la Constitución provincial decidió adoptar.

Para Blando, la contradicción se encuentra justamente allí: en un sistema que proclama la proporcionalidad, un candidato puede reunir muchos más votos que otro y, sin embargo, quedar fuera de la Legislatura exclusivamente por no haber alcanzado un umbral previamente establecido.

Una candidatura a gobernador, hasta tres vices
La reforma contiene, además, otras novedades que, a juicio del especialista, merecen atención. Entre ellas, aparece la posibilidad de que un mismo candidato o candidata a gobernador o gobernadora compita acompañado por hasta tres candidatos o candidatas a vicegobernador o vicegobernadora.

Blando califica esta modificación como "novedosa e insólita" y anticipa que también plantea interrogantes institucionales. Para el especialista, la posibilidad de que un mismo candidato a gobernador o gobernadora compita acompañado por hasta tres candidatos o candidatas a vicegobernador o vicegobernadora no encuentra antecedentes en el sistema electoral argentino.

El especialista sostiene que no existe ninguna jurisdicción del país donde se vote de esa manera y considera evidente que la modificación nació como una forma de resolver un problema interno dentro del bloque oficialista.

Su objeción no está dirigida al conflicto partidario en sí mismo, sino a la decisión de trasladarlo al conjunto de los ciudadanos y ciudadanas. "No critico los problemas internos. Lo que digo es que no hay que trasladarlo a la ciudadanía para resolver ese problema interno", resume.

Blando parte de una consideración básica sobre el sistema electoral: gobernador y vice no constituyen dos categorías independientes. Se vota una fórmula.

Si fueran categorías separadas, explica, la elección provincial tendría seis categorías en lugar de cinco: gobernador, vicegobernador, senador, diputado y las restantes autoridades locales. Pero no es así.

"Se vota fórmula", enfatiza. Por eso entiende que, si esta posibilidad de presentar distintos candidatos a vice acompañando a un mismo gobernador se aplicara en la elección general, sería claramente inconstitucional.

En las PASO, en cambio, reconoce que el análisis es más complejo y deja abierta una zona de discusión jurídica. En ese terreno aparece, según Blando, una figura conocida en la teoría política y electoral: la lista colectora.

El mecanismo consiste en que diferentes listas o partidos confluyan en una misma candidatura para una categoría superior. En este caso, distintas candidaturas a vicegobernador quedarían asociadas a una única candidatura a gobernador.

Los votos obtenidos por cada una no se suman entre sí para construir una misma lista, pero todas llevan al mismo candidato principal. Blando las define como "colectoras a la santafesina".

La boleta que cambia la forma de votar
La misma lógica, aunque aplicada al diseño de la boleta, aparece en otra de las grandes modificaciones del Código.

Santa Fe abandonaría el sistema de boleta única por categorías para pasar a un esquema que Blando describe como de "boletas sábanas cortas", donde el candidato a gobernador puede producir un efecto de arrastre sobre los diputados, del mismo modo que los intendentes pueden hacerlo sobre los concejales.

El especialista vuelve a marcar que se trata de una fórmula que no tiene antecedentes extendidos en el país y que su carácter novedoso no implica necesariamente que sea mejor que el sistema vigente.

La discusión, para él, no debería confundirse con la idea de innovación. Cambiar un mecanismo electoral no significa, por sí mismo, mejorarlo. En ese punto imagina incluso el escenario político que podría producirse el año próximo, si la ley queda sancionada.

Las distintas candidatas a vice que acompañen a un mismo candidato a gobernador deberán competir entre sí en una interna visible. "¿Qué se van a decir entre ellas para decir: vos sí, yo no, yo acompañé, vos no lo hiciste?", plantea el periodista. La escena, advierte, es la de una interna "al rojo vivo", sostiene y suma Blando: "eso es lo que tienen todas las colectoras".

Las colectoras tradicionales presentan, en cambio, otra particularidad: distintos partidos, incluso con perfiles ideológicos diferentes, pueden llevar al mismo candidato a gobernador o presidente.

Uno puede ubicarse más a la izquierda, otro más a la derecha y otro en el centro, pero todos confluyen en una candidatura común, refiere el constitucionalista y señala que en Santa Fe, la particularidad es que esas fuerzas pueden aparecer incluso dentro de un esquema que las vincula a un mismo espacio gubernamental. Blando encuentra allí otro elemento de confusión para el electorado.

La idea de que las distintas fuerzas están necesariamente de acuerdo porque llevan al mismo gobernador y comparten un programa de gobierno no le parece tan evidente. Y si, además, se habilita la posibilidad de hasta tres candidaturas a vice, se pregunta cuál es el criterio para establecer ese número.

Tres cruces y el riesgo de los votos nulos
El problema se extiende al modo concreto en que el ciudadano deberá votar. Blando cuestiona que se presente el nuevo diseño como una forma más sencilla y transparente de emitir el sufragio.

Su comparación parte de la experiencia conocida por los santafesinos: con la boleta única por categorías, el elector podía elegir por separado al candidato a gobernador, al senador y al diputado.

"¿Por qué es más fácil votar por categoría?", pregunta. Para él, tomar la boleta correspondiente a cada categoría y seleccionar al candidato elegido resulta más claro que concentrar múltiples decisiones en una misma papeleta.

El nuevo sistema, en cambio, incorporaría tres posibilidades de marcado. El ciudadano podría optar por una lista completa, elegir un gobernador determinado y, al mismo tiempo, seleccionar una lista diferente para diputados.

El abogado constitucionalista cuestionó que el nuevo diseño electoral de Santa Fe sea "más fácil y transparente" para los ciudadanos. "¿Por qué es más fácil votar? No es más fácil votar por categoría: yo tomo la boleta de gobernador y elijo a quien quiero; tomo la de senadores y elijo a quien quiero, o diputados. Eso es mucho más sencillo que poner esta boleta, que va a tener tres cruces", planteó.

Según explicó, el elector podrá optar por una lista completa, por un candidato a gobernador y por candidatos a diputados de otra fuerza. "Uno puede no votar lista completa y votar gobernador de uno y diputado de otra", señaló. Sin embargo, advirtió que el diseño de la boleta y la oferta electoral que tendrá frente a sí el ciudadano serán "muchísimo más complicados" y que, en consecuencia, "seguramente traerán muchos más votos nulos", como ocurrió en Córdoba.

"Entonces, ¿se pueden decir muchas cosas ahora, que es más fácil y más transparente? No", concluyó.

¿Un neolema o "colectoras a la santafesina"?
La discusión inevitablemente le recuerda una etapa que Santa Fe conoce bien: los años de la ley de lemas.

Algunos analistas ya han definido el nuevo mecanismo como una suerte de "neolema", aunque Blando introduce una precisión técnica: estrictamente, no sería un lema porque los votos no se suman entre las distintas listas.

En ese sentido, considera que la figura se aproxima mucho más a las colectoras. Y no se trata, según remarca, de una objeción exclusivamente personal. Blando menciona trabajos académicos y de instituciones especializadas en materia electoral que también han cuestionado las listas colectoras y las listas de adhesión.

Cita particularmente a CIPEC, una institución que, aclara, difícilmente pueda ser ubicada dentro de una determinada orientación política. Recuerda que esas críticas están recogidas en un libro sobre reformas electorales que coordinó junto con la Universidad Nacional de Rosario.

Según explica, quienes estudian, investigan y ejercen tareas de control sobre los procesos electorales han advertido sobre los problemas que generan estos mecanismos y han planteado que deberían evitarse. "Al contrario, que las critican, dicen que no son convenientes, hay que evitarlas. Bueno, nosotros las elegimos", concluye.

De la boleta santafesina a la nueva boleta
La transformación de la boleta única ocupa, en ese sentido, un lugar central en sus reparos.

Santa Fe fue pionera con el sistema de boleta única por categorías, una herramienta que luego se extendió, con distintas variantes, a otras jurisdicciones y llegó incluso al ámbito nacional.

Blando recuerda que el propio Pablo Javkin —a quien se refiere durante la entrevista— fue uno de los impulsores de aquel modelo y que durante años defendió la boleta única tal como se implementó originalmente en Santa Fe.

El especialista recuerda especialmente una discusión producida en 2024, cuando distintos especialistas fueron convocados a la Cámara de Diputados durante el tratamiento del proyecto de boleta única nacional.

En aquella oportunidad, Blando compartió la exposición con Javkin y asegura que este defendió "férreamente" la boleta por categorías que había impulsado para Santa Fe. Por eso la modificación actual le resulta llamativa. "No sé si su posición cambió o no, no lo sé", dice Blando.

Pero sí afirma que el sistema que ahora se propone no era el que Javkin había defendido aproximadamente un año y medio o dos años antes. "Yo no soy quien tiene que dar las explicaciones", agrega, admitiendo al mismo tiempo que en política las posiciones pueden cambiar.

A la complejidad de la nueva boleta se suma finalmente la incorporación de la posibilidad de votar por lista completa. El elector tendrá, junto a la categoría de gobernador y próxima a la de diputados, un casillero específico para optar por la lista completa.

Pero esa opción convivirá con casilleros individuales que permitirán elegir por separado al gobernador y a los diputados. Así, quien quiera podrá seleccionar la lista completa, mientras que quien prefiera combinar candidatos deberá marcar individualmente cada categoría.

El sistema busca permitir mayor libertad de elección, pero para Blando el resultado puede ser exactamente el contrario al que sus defensores anuncian: una boleta más compleja, una oferta electoral más difícil de interpretar y un escenario con mayores posibilidades de errores y votos nulos.

En su lectura, el nuevo Código Electoral no solamente modifica las reglas con las que competirán los partidos. También altera la manera en que los ciudadanos encontrarán esas opciones en la boleta y, por esa vía, la relación entre la oferta política y la decisión que finalmente se expresa en las urnas.

Y esa es, para el especialista, una de las razones por las que la reforma merece una discusión mucho más profunda que la que supone simplemente cambiar el formato de una papeleta.

Los partidos chicos frente al nuevo piso
Pero el nuevo Código no solamente puede modificar la forma en que votan los ciudadanos. También puede alterar profundamente las posibilidades de supervivencia electoral de los partidos más pequeños.

Blando se muestra sorprendido por el acompañamiento que la reforma recibió de algunas fuerzas que, bajo las nuevas reglas, podrían terminar siendo perjudicadas.

La pregunta que plantea es qué ocurriría si esos partidos decidieran presentarse solos, fuera de los grandes frentes electorales de Santa Fe. El socialismo que acompañó esta reforma, reconoce, podría atravesar esa prueba y superar cómodamente el nuevo piso del 4%.

Pero menciona como casos más problemáticos al Partido Demócrata Progresista, el GEN, UNO y distintas expresiones menores del peronismo. En su interpretación, muchos de esos partidos apoyaron la reforma porque actualmente están "cobijados y enganchados" dentro de frentes electorales más grandes.

Sin esa estructura, advierte, podrían quedar directamente fuera de toda representación. El nuevo sistema genera así un incentivo para que las fuerzas pequeñas se alineen con alguno de los grandes espacios de la provincia si quieren evitar desaparecer electoralmente.

"Hay que alinearse con alguno de los grandes frentes electorales de la provincia de Santa Fe para no morir el intento", plantea Blando.

La consecuencia, desde su perspectiva, no es necesariamente una mayor fortaleza de los partidos, sino una dependencia creciente respecto de las estructuras políticas más grandes. La discusión sobre el piso del 4%, entonces, vuelve a encontrarse con la de la representación.

No se trata solamente de cuántos votos necesita una fuerza para conseguir una banca. También está en juego qué tipo de sistema partidario puede sobrevivir bajo las nuevas reglas y qué incentivos genera la legislación para que las fuerzas pequeñas compitan de manera independiente o se incorporen a frentes más amplios.

Quiénes votaron y quiénes deberán explicar
El especialista también cuestiona el reparto de responsabilidades políticas alrededor de la reforma. No acepta que algunos sectores puedan presentarse después como ajenos a las decisiones adoptadas en la Cámara de Diputados. En particular, señala al peronismo, que acompañó prácticamente la totalidad del proyecto.

Según explica, el bloque justicialista votó a favor de toda la ley, con la excepción del artículo que habilita la pluralidad de candidaturas a vicegobernador para un mismo candidato a gobernador. Fuera de ese punto, sostiene, acompañó el resto de la reforma.

Por eso advierte que no alcanza con que algunos dirigentes intenten tomar distancia de la iniciativa una vez aprobada. "Acá hay más de un responsable de estas decisiones", afirma.

La contradicción también aparece, según su análisis, en las diferentes posiciones que el propio peronismo había sostenido durante el tratamiento legislativo. En el Senado, el justicialismo había planteado un piso electoral del 5%, mientras que en Diputados su proyecto proponía el 3,5%.

Blando recuerda que, en julio, había anticipado que la negociación terminaría probablemente en un punto intermedio entre el 3% y el 5%: el 4%. El tiempo, dice con ironía, terminó dándole la razón.

El peronismo en Diputados elevó su propio estándar hasta el 4% y terminó acompañando el piso que finalmente obtuvo media sanción.

El Senado y una oportunidad que quedó abierta
Ahora la mirada se dirige al Senado. Blando considera altamente probable que la Cámara alta apruebe el texto tal como salió de Diputados, fundamentalmente porque el oficialismo cuenta allí con mayoría.

Por eso estima que el único punto que podría generar una discusión más intensa —el sistema de candidaturas a vicegobernador— difícilmente alcance para modificar sustancialmente el proyecto.

La discusión sobre el Senado abre, a su vez, otra de las críticas de fondo de Blando: la reforma electoral no aprovechó la oportunidad para revisar la representación en esa Cámara.

La nueva legislación mantiene prácticamente intacta la estructura del Senado provincial, incluso en un contexto en el que se discuten cuestiones más amplias como la bicameralidad y la necesidad de revisar los mecanismos de representación.

Blando señala que podría haberse pensado una representación distinta, incorporando una relación entre mayorías y minorías similar a la existente en el Senado nacional, donde la distribución de dos bancas para la mayoría y una para la primera minoría permite garantizar un espacio opositor y, además, asegurar al menos una mayor representación femenina. Pero esa posibilidad, sostiene, no fue abordada.

El especialista también cuestiona que el discurso oficial de la reforma sostenga como uno de sus argumentos centrales la necesidad de votar más por proyectos políticos y partidos, en lugar de concentrarse exclusivamente en candidaturas individuales.

Si ese fuera realmente el objetivo, se pregunta por qué el Senado conserva su boleta única por categoría. Los senadores son, en efecto, los únicos candidatos provinciales que mantendrían el sistema de votación por categoría.

Gobernador y diputados pasarían al nuevo esquema; intendentes y concejales también quedarían alcanzados por la lógica de la nueva boleta.

Pero el Senado permanece separado. Para Blando, esa decisión revela una contradicción evidente.

"Los senadores no tienen el mismo proyecto político que el gobernador", ironiza, porque si el argumento fuera que las distintas categorías deben integrarse para favorecer la identificación del elector con un mismo proyecto político, no tendría sentido mantener separada justamente la elección de senadores.

Una boleta que también muestra la fragmentación
La paradoja se profundiza, a su entender, cuando se observa el argumento oficial sobre la necesidad de combatir la fragmentación. La nueva boleta, lejos de eliminarla, puede terminar expresándola gráficamente.

Un gobernador puede sostener una determinada posición, mientras un diputado del mismo espacio puede defender otra. Un senador, aun bajo el mismo nombre partidario, puede adoptar una postura diferente. Y en el ámbito municipal, intendentes y concejales pueden desarrollar sus propias estrategias políticas.

La fragmentación, sostiene Blando, no desaparece por el hecho de reunir varias categorías en una misma boleta. Por eso considera que el diseño elegido termina funcionando como una representación gráfica de la propia fragmentación política, partidaria e ideológica de Santa Fe.

La división de la boleta en distintos espacios de decisión no construye necesariamente proyectos políticos comunes; por el contrario, puede poner en evidencia que esos proyectos comunes no existen o que las distintas categorías electorales funcionan con lógicas propias.

"Lo que hace la boleta única dividida en tres partes es expresar la fragmentación partidaria, ideológica, política que tienen los partidos políticos en la provincia de Santa Fe", concluye.

Una consulta a expertos que deja preguntas
La entrevista termina después de una extensa revisión de las principales modificaciones del Código Electoral. Pero el debate no queda cerrado.

Blando había sido convocado una semana antes a la Cámara de Diputados, junto con otro especialista, para exponer sobre el proyecto y aportar su mirada técnica.

Según el balance posterior del periodista, sus advertencias no fueron incorporadas al texto finalmente aprobado. La convocatoria de especialistas, en ese sentido, terminó siendo para Blando y para quienes siguieron el debate una oportunidad desaprovechada.

La pregunta que queda flotando es qué sentido tiene convocar a expertos para analizar una reforma electoral si las observaciones que realizan no son consideradas cuando llega el momento de votar. El proyecto, de todos modos, ya había obtenido la media sanción.

El próximo paso será el tratamiento en el Senado, donde el oficialismo tiene mayoría y, por lo tanto, una capacidad decisiva para sostener el texto aprobado por Diputados. La expectativa de Blando es que no haya modificaciones sustanciales y que la reforma avance prácticamente tal como fue sancionada.

El verdadero examen empieza en las urnas
De ser así, el verdadero examen comenzará el año próximo, cuando las nuevas reglas abandonen el papel y se enfrenten con el comportamiento real de los partidos, los candidatos y los electores.

Será entonces cuando se pueda comprobar si el nuevo Código consigue aquello que sus defensores prometen —mayor claridad, gobernabilidad y una mejor organización de la competencia electoral— o si, como advierte Blando, termina generando más exclusión, más dependencia de los pequeños partidos respecto de los grandes frentes, más votos nulos y una representación menos proporcional.

La discusión, en definitiva, ya no será solamente legislativa. Será electoral y ciudadana.

Y tendrá lugar frente a una boleta que, por primera vez, obligará a los santafesinos a aprender nuevas reglas para expresar algo tan elemental como su voluntad política.

Porque detrás del diseño de una boleta, del porcentaje de un umbral o de la posibilidad de que un candidato a gobernador tenga hasta tres acompañantes hay una discusión bastante más profunda.

Es la discusión sobre qué ocurre con un voto cuando una fuerza política no alcanza el piso establecido; sobre cuánto pesa la decisión de quienes concurren a votar y cuánto termina favoreciendo el sistema a quienes construyen grandes frentes; sobre si la simplificación anunciada se traduce realmente en una elección más clara; y, sobre todo, sobre cuánto debe pesar cada voto a la hora de convertir voluntad popular en representación.

El nuevo Código Electoral puede ordenar una legislación dispersa y, al mismo tiempo, modificar de manera sustancial las reglas de la competencia política. Para Blando, esa diferencia es precisamente el punto que todavía debe discutirse.

Porque una reforma electoral no debería diseñarse solamente para facilitar la gobernabilidad de quienes ya tienen capacidad de gobierno, sino para garantizar que los votos efectivamente expresados por la ciudadanía encuentren una traducción razonablemente proporcional en la representación legislativa.

Y allí es donde el nuevo piso del 4%, más que una cuestión técnica, puede convertirse en uno de los puntos centrales de la discusión política y constitucional que todavía resta dar.

Escuchá la entrevista completa:

jueves, 20 de agosto de 2026

38 años de Aire Libre, Radio Comunitaria: cuando una voz se convierte en comunidad

El 20 de agosto de 2007, Jesús Yañes llegó a la radio después de escuchar el programa Buscando Trabajo. Era jubilado, tenía un pequeño boliche y quería colaborar con un bono para ayudar a reparar los equipos dañados por los bajones de tensión. No tenía mucho para dar, pero tenía algo que para una radio comunitaria vale mucho más: confianza. Casi dos décadas después, aquella escena sigue contando qué significa sostener una emisora de propiedad social durante 38 años
Hay historias que parecen pequeñas hasta que uno las mira de cerca. Entonces descubren otra dimensión. No hablan solamente de quienes las protagonizan, sino también de aquello que las hizo posibles.

El 20 de agosto de 2007, Aire Libre Radio Comunitaria era —y sigue siendo— mucho más que una radio.

Un medio alterativo, de propiedad social, nacido para interpretar los sentires y pareceres de la comunidad a la que pertenece. Una radio que había elegido no callarse frente a los poderosos, sostener una línea, apostar por la igualdad y acompañar las luchas cotidianas de quienes pocas veces encuentran un micrófono dispuesto a escucharlos.

Y sobrevivir.

Porque hacer radio comunitaria también era eso: aprender a mantenerse a flote en aquella jungla radioeléctrica en la que se había convertido el espectro. Peleársela todos los días. Encontrar la manera de que la voz siguiera llegando al otro lado del parlante.

Por esos días, además, Aire Libre, Radio Comunitaria tenía sus propias heridas.

Los constantes bajones de tensión estaban haciendo estragos en los equipos. Para intentar recomponer, aunque fuera un poco, todo aquello que se había dañado, habíamos puesto en circulación un bono. Lo contábamos al aire. Lo hacíamos, claro, para quienes pudieran colaborar, pero también para que quienes tenían problemas para recibir la señal supieran que detrás de esa voz había una casa, unos equipos, cables, micrófonos y una radio que necesitaba seguir funcionando.

El domingo terminé el programa y sucedió algo que, muchos años después, todavía merece ser contado.

Ese día llegó Jesús a nuestra casa.

No, tranquilos: no me había vuelto místico.

Era Jesús Yañes.

Había escuchado el programa y, cuando terminó, decidió acercarse. Quería dar una mano.

Jesús nos escuchaba siempre. Conocía nuestra voz antes de conocer nuestros rostros. Compartía muchas de las cosas que decíamos al aire, especialmente aquellas que tenían que ver con la solidaridad entre los trabajadores, las luchas contra la injusticia y esa obstinada apuesta por una sociedad más igualitaria.

Era jubilado y tenía un bolichito. No era alguien que llegara con grandes posibilidades económicas. Llegó, justamente, con lo que tenía.

Quería comprar un bono.

Le expliqué que en ese momento no tenía ninguno para darle y que podía tomarle los datos para llevárselo después. Pero Jesús no parecía demasiado preocupado por el papel.

Había otra cosa que para él era suficiente.

Conocía la voz.

Y confiaba en ella.

Entonces metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño fajito de billetes. Entre varios de dos pesos buscó uno en particular. Lo encontró.

Era un billete de cincuenta pesos.
Me lo entregó.

Así, sencillamente.

Sin formulario, sin recibo, sin demasiadas explicaciones. Como quien acerca una mano para sostener algo que siente propio.

Después, como Jesús no conocía la casa —aunque seguramente sentía que la conocía de tanto escuchar todo lo que contábamos al aire—, lo llevé a recorrerla.

Una visita guiada por ese pequeño territorio desde donde salían las voces que él escuchaba en su casa.

Vio los equipos, los micrófonos, los lugares donde se hacía la radio. Puso cuerpo y ojos a aquello que hasta entonces le había llegado convertido en sonido.

Se fue contento.

Y antes de irse dejó una frase:

—Cuando me necesiten, estoy.

No sé si Jesús imaginó entonces cuánto podía significar aquella frase.

Afuera seguía estando la jungla radioeléctrica. Los problemas de siempre. Los equipos castigados por los bajones de tensión. Las cuentas. Las dificultades. La necesidad de sostener una radio que no tenía detrás un gran empresario ni una estructura económica que garantizara su existencia.

Pero ese día había algo más.

Había un oyente que había cruzado la puerta.

Un oyente que había dejado de ser solamente alguien al otro lado de la radio para convertirse, por un instante, en parte de ella.

Ahora Domingo Faustino Sarmiento me mira desde un paquetito que guardé con los datos de Jesús y aquel billete de cincuenta pesos.

El prócer, estampado en el papel moneda, parece observarme con cierta sorpresa.

Yo también lo miro.

Y pienso que, al final, una radio comunitaria no se sostiene solamente con transmisores, antenas, consolas o electricidad.

Se sostiene con vínculos.

Con confianza.

Con personas que escuchan y que, cuando pueden, se acercan.

Con jubilados que tienen un bolichito y aun así encuentran unos pesos para ayudar.

Con quienes entienden que una voz en el aire también puede ser una herramienta para pelear contra la injusticia.

Quizás por eso guardé aquel billete.

No por los cincuenta pesos.

Sino porque durante mucho tiempo fue una pequeña prueba material de algo que en una radio comunitaria resulta esencial y, a veces, difícil de explicar: que del otro lado del micrófono también hay alguien.

Y que, cuando esa voz consigue llegar hasta otro, puede ocurrir algo extraordinario.

Que alguien escuche.

Que alguien confíe.

Que alguien golpee la puerta.

Y diga:

—Cuando me necesiten, estoy.

Ver también: Mirá vos..., La radiodifusión no se hace por decreto..., 23 años de Aire Libre, Radio Comunitaria: Has recorrido un largo camino muchacha..., Archivos Encontrados: 25 años de Aire Libre, Radio Comunitaria, Aire Libre, Radio Comunitaria: Una radio, pocos transistores, mucha tracción a sangre, Aire Libre, Radio Comunitaria ya tiene su licencia definitiva, Prensa Rosario celebra el otorgamiento de la licencia definitiva a Aire Libre, Radio Comunitaria Es oficial: Aire Libre, Radio Comunitaria ya tiene licencia, 32 años de Aire Libre, Radio Comunitaria: ¡Más Libre que nunca!, Cuando el barrio habló en su propia frecuencia: 37 años de Aire Libre

martes, 18 de agosto de 2026

Más de mil científicos y académicos alertan por el "Súper RIGI"

Más de mil académicos, investigadores y referentes tecnológicos enviaron una carta al Senado para advertir sobre los beneficios fiscales, la estabilidad regulatoria por 30 años y el impacto ambiental del régimen de grandes inversiones que impulsa el gobierno de Javier Milei
Más de mil académicos, científicos, investigadores y referentes del sector tecnológico de todo el país difundieron una carta abierta dirigida a las senadoras y los senadores de la Nación para expresar su rechazo y preocupación frente al proyecto conocido como "Súper RIGI", que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados y es analizado por comisiones del Senado.

La iniciativa amplía el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) vigente desde 2024 y establece un régimen de beneficios para proyectos de inversión de gran escala en sectores considerados estratégicos, entre ellos los centros de datos vinculados con inteligencia artificial, la minería, los hidrocarburos, la infraestructura digital, los semiconductores y la biotecnología.

La carta fue suscripta por integrantes de universidades nacionales, organismos científicos y tecnológicos y otras instituciones de distintas provincias. Entre los espacios bonaerenses representados figuran las universidades nacionales de Avellaneda, Hurlingham, Lanús, La Plata, Moreno, Noroeste, Quilmes, San Martín y Tres de Febrero, además de la Universidad Tecnológica Nacional y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC).

Una copia del documento fue remitida a los senadores nacionales por la provincia de Buenos Aires Eduardo "Wado" de Pedro, Juliana Di Tullio y Maximiliano Abad, en coincidencia con el tratamiento del proyecto en las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Economía Nacional e Inversión y Legislación General.

La renuncia al derecho de regular sectores estratégicos
En el documento, los firmantes cuestionan especialmente la extensión temporal y el alcance de los beneficios que contempla el régimen. Sostienen que el proyecto otorgaría a grandes corporaciones tecnológicas transnacionales beneficios fiscales, estabilidad regulatoria y protección jurídica durante varias décadas, sin establecer —según advierten— contraprestaciones equivalentes en materia de empleo, transferencia tecnológica, investigación y desarrollo o compromisos de desarrollo nacional.

"El Súper RIGI no es una ley de promoción de inversiones, es la renuncia al derecho de regular sectores estratégicos durante una generación entera", sostienen los autores de la carta.

Según el perfil del proyecto difundido junto con el documento, el régimen alcanzaría a inversiones de al menos 1.000 millones de dólares y contemplaría, entre otros beneficios, una alícuota reducida del Impuesto a las Ganancias del 15% durante 30 años, libre disponibilidad de exportaciones e importaciones, estabilidad regulatoria, fiscal y cambiaria por tres décadas y exenciones de aranceles de importación.

Los firmantes también cuestionan la posibilidad de recurrir a mecanismos de arbitraje internacional, como los contemplados en el CIADI, y advierten que ese esquema podría reducir el margen de acción de las autoridades nacionales frente a futuras controversias.

En ese punto, la carta menciona el litigio relacionado con YPF como antecedente de los costos que, a criterio de los autores, puede tener la pérdida de margen de decisión jurisdiccional sobre sectores estratégicos.

La discusión por la inteligencia artificial
Uno de los aspectos centrales del documento es la advertencia sobre la eventual combinación del "Súper RIGI" con otra iniciativa que, según los firmantes, contempla reconocer personalidad jurídica a entidades operadas íntegramente mediante inteligencia artificial.

Para los autores, ambas propuestas podrían conformar una estructura jurídica inédita, en la que grandes empresas tecnológicas contarían con amplios privilegios económicos y regulatorios mientras se mantienen, según su interpretación, interrogantes sobre los mecanismos de control democrático y la asignación de responsabilidades.

La advertencia se produce en un contexto de creciente debate internacional sobre la regulación de la inteligencia artificial, el poder económico de las grandes empresas tecnológicas y las consecuencias de la expansión de la infraestructura necesaria para sostener modelos y servicios de IA.

Beneficios fiscales y centros de datos
La carta también pone en duda que los incentivos tributarios sean suficientes para determinar la localización de grandes centros de datos.

Los científicos y académicos sostienen que la evidencia internacional no ubica a las exenciones impositivas como el principal factor para definir dónde se instalan estas infraestructuras y consideran, por lo tanto, que la magnitud de los beneficios fiscales previstos debería ser revisada en función de las contraprestaciones exigidas a las empresas.

El documento plantea además interrogantes sobre el impacto ambiental de las inversiones de gran escala asociadas a la inteligencia artificial. En particular, señala el elevado consumo de electricidad y agua que pueden requerir los centros de datos y reclama regulaciones específicas sobre el uso de recursos naturales y las emisiones de carbono.

"En un contexto de estrés hídrico y crisis climática, eso no es un detalle técnico: es una decisión sobre el territorio y los recursos de las próximas generaciones", sostienen los firmantes.

La autonomía de las provincias, otro de los cuestionamientos
Otro de los puntos destacados por los autores está relacionado con las facultades de las provincias.

De acuerdo con el documento distribuido junto con la carta, las jurisdicciones que adhieran al régimen deberían comprometerse a no aplicar una alícuota de Ingresos Brutos superior al 0,50% a los proyectos alcanzados. Para los firmantes, esta condición supone una limitación significativa de la autonomía fiscal provincial durante un período de 30 años.

También cuestionan que las inversiones incorporadas al régimen puedan quedar protegidas frente a modificaciones regulatorias posteriores y advierten sobre las consecuencias que esto podría tener en materia ambiental, territorial y de utilización de recursos como el agua y la energía.

Durante su tratamiento en Diputados, el proyecto incorporó la exigencia de un informe técnico ambiental y social y un compromiso mínimo de compras a proveedores locales. Sin embargo, los autores de la carta consideran que esas incorporaciones no constituyen una evaluación de impacto ambiental vinculante ni garantizan a las provincias capacidad suficiente para establecer condiciones adicionales.

La situación de Buenos Aires
El planteo adquiere una dimensión particular para la provincia de Buenos Aires. Según el documento difundido, actualmente existen dos proyectos bonaerenses aprobados bajo el RIGI, vinculados con los sectores siderúrgico y de infraestructura.

El "Súper RIGI", en tanto, ampliaría el alcance del régimen a proyectos de mayor escala, incluidos centros de datos e industrias digitales con inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares.

Los autores de la carta sostienen que la adhesión provincial al régimen podría comprometer durante décadas la autonomía fiscal de Buenos Aires y limitar la capacidad de establecer regulaciones propias frente a proyectos de gran impacto territorial.

El planteo también alcanza al sistema universitario bonaerense. La carta señala particularmente a las universidades nacionales del conurbano —entre ellas las de Hurlingham, Avellaneda, Moreno, José C. Paz y Quilmes— y contrapone los beneficios previstos para grandes inversiones con las dificultades presupuestarias que atraviesan las instituciones públicas de educación superior.

Críticas al financiamiento científico
Los firmantes vinculan el debate sobre el régimen de inversiones con la situación actual del sistema científico y tecnológico argentino.

En ese sentido, cuestionan el deterioro del financiamiento del CONICET, las restricciones presupuestarias que, según sostienen, afectan a las universidades y la pérdida de investigadores y profesionales altamente capacitados.

"Mientras se propone eximir durante décadas a grandes infraestructuras tecnológicas extranjeras, el Estado desfinancia al CONICET, desmantela todas las áreas del sistema científico, pone en crisis a las universidades y expulsa valioso capital humano formado durante décadas", afirma la carta.

Para los académicos, una política de desarrollo tecnológico debería combinar la llegada de inversiones extranjeras con el fortalecimiento de las capacidades científicas y productivas locales, la formación de recursos humanos y la generación de conocimiento propio.

Un llamado a los senadores
La carta concluye con un pedido a los integrantes del Senado para que analicen el proyecto no solamente en función de sus posibles beneficios inmediatos, sino también por sus efectos sobre el empleo, los recursos naturales, la soberanía tecnológica y la capacidad futura del Estado para establecer políticas públicas.

Los firmantes aclaran que no cuestionan la necesidad de atraer inversiones ni el desarrollo de nuevas tecnologías, pero plantean que esos objetivos no deberían implicar una renuncia permanente a las herramientas regulatorias del Estado.

"La Argentina necesita inversión y nuevas tecnologías. Pero no a cualquier precio, y no resignando para siempre las herramientas para decidir su propio desarrollo", concluyen.

El proyecto se encuentra ahora en una instancia decisiva de su tratamiento parlamentario. Con el texto ya aprobado por Diputados, el Senado deberá definir si avala el régimen, introduce modificaciones o posterga su tratamiento. Para los autores de la carta, la discusión excede la aprobación de un nuevo esquema de incentivos: se trata de determinar qué margen conservará el Estado argentino —y particularmente las provincias— para regular inversiones estratégicas durante las próximas décadas.

domingo, 16 de agosto de 2026

Cuando nadie miraba, construyeron sus casas: 34 años después, el desalojo amenaza a familias de Refinería

Durante décadas vivieron en un sector sin servicios, sin dirección y prácticamente invisible para la ciudad. Construyeron allí sus viviendas, criaron a sus hijos y vieron crecer a sus nietos. Ahora, una intimación de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) les exige abandonar el lugar y esperan una respuesta que les permita saber qué futuro tendrán
Del abandono a las torres
Hace 34 años que Gabriela Saavedra vive en el barrio Refinería. Cuando llegó, el lugar era prácticamente invisible para la ciudad: estaba abandonado, sin luz, sin agua y hasta sin una dirección que permitiera identificarlo. Las familias que fueron llegando tuvieron que construir sus propias casas y, con el paso de los años, convertir aquel espacio en un lugar de vida.

Hoy, después de más de tres décadas, esas mismas familias atraviesan la incertidumbre de una posible expulsión.

Saavedra recuerda en Señales que, cuando se instaló allí, nadie parecía prestar atención a ese sector. Desde Junín, cuenta, prácticamente no se veía. Había tapiales, mucha vegetación y cañaverales que hacían que el lugar pareciera inexistente. En aquel entonces funcionaba la cerealera Genaro García y el entorno era muy diferente al actual.

"Nadie sabía ni que existía este lugar", explica.

La transformación llegó con los años y, sobre todo, con la construcción de las torres que modificaron el paisaje y volvieron visible un espacio al que durante décadas nadie había mirado.

"Hace más de treinta años que estamos acá, no es que usurpamos el lugar, porque estaba totalmente abandonado", sostiene Saavedra. Para ella, esa historia es fundamental para comprender el conflicto actual. Las familias no llegaron recientemente ni ocuparon un terreno que estuviera siendo utilizado: fueron construyendo sus viviendas y sus vidas allí durante décadas, mientras alrededor crecía una ciudad completamente distinta.

La primera intimación fue emitida el 28 de abril por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), organismo del Gobierno nacional encargado de administrar los inmuebles del Estado. Las familias recibieron la comunicación al día siguiente, el 29 de abril. La carta les indicaba que debían abandonar las viviendas en un plazo de diez días.

La notificación tomó a los vecinos por sorpresa. Nunca antes, asegura Gabriela, habían recibido una comunicación semejante ni habían tenido problemas con quienes pudieran reclamar el lugar.

"Nunca vino nadie a intimarnos ni a molestarnos, nada", recuerda.

Cuando recibieron la carta no supieron cómo actuar, aunque la propia comunicación incluía un correo electrónico mediante el cual podían responder legalmente. Ante esa situación, tuvieron que recurrir a abogados para presentar una respuesta formal.

Desde entonces, esperan. No recibieron una respuesta a aquella presentación ni información concreta sobre lo que ocurrirá con el terreno o con las familias que viven allí.

La intimación modificó la vida cotidiana. La incertidumbre se instaló en el barrio porque nadie sabe qué puede ocurrir de un día para el otro. Lo que más cuestionan los vecinos es la ausencia de diálogo previo.

"No puede ser que te manden una carta así de un día para el otro, estando uno tanto tiempo acá, que de un día para el otro te digan que tendrás que irte", plantea Gabriela.

Para ella, antes de hablar de desalojo debería haberse conocido la realidad de quienes viven en esas casas. En el lugar hay niños pequeños y también personas con problemas de salud. Cuenta que su padre tiene cáncer, que su madre padece problemas respiratorios y que uno de sus hijos tiene asma.

"Es fácil mandar una carta, pero no sentarse a dialogar", cuestiona.

Lo que esperan es que alguien se acerque, conozca quiénes viven allí y explique qué alternativas existen.

Hasta ahora, nadie les explicó cuál sería el destino del terreno ni qué proyecto podría desarrollarse en ese espacio. Tampoco saben qué se pretende hacer con las tierras una vez que las familias se retiren.

"No sabemos nada, quién está detrás de esto, qué es lo que van a hacer, si tienen algún proyecto, qué es lo que piensan hacer", resume Saavedra.

La sensación, insiste, es estar "en la nada", a la espera de que alguien finalmente responda.

Una historia sin dirección
La irregularidad en la que quedaron las familias tampoco fue una situación buscada, según relata Gabriela. Durante mucho tiempo ni siquiera existió una dirección catastral clara que les permitiera regularizar sus viviendas o pagar impuestos.

Cuando funcionaba la cerealera Genaro García, explica, utilizaban como referencia Francia al 202, ubicado a una cuadra del lugar. Era la manera de indicar dónde vivían en un espacio que todavía no tenía una dirección propia.

Más adelante, cuando se abrió la calle Avenida Madres de Plaza 25 de Mayo, pudieron comenzar a identificarse con esa dirección, que quedó registrada como Avenida Madres de Plaza 25 de Mayo 2891.

Ese vacío administrativo se extendió durante décadas. Nadie les pidió que regularizaran su situación, pero tampoco encontraron un camino para hacerlo. El barrio fue creciendo de manera informal al mismo tiempo que la ciudad cambiaba alrededor.

Las familias construyeron sus casas con los materiales que podían conseguir y fueron armando una comunidad que, para Saavedra, hoy no puede ser reducida a la condición de ocupantes de un terreno.

En el sector ubicado al pie de las torres, explica, son alrededor de cinco las familias que permanecen allí y que llevan aproximadamente 32 años viviendo en ese lugar. Gabriela, en cambio, lleva 34 años en Refinería. Hoy tiene 47 años. Allí creció, tuvo a sus hijos y ahora ve crecer a sus nietos.

"Ahí fueron mis hijos, ahora están mis nietos", resume.

Con el paso de los años, cada integrante de la familia fue construyendo su propia vivienda, con los materiales que tenía a disposición. Así se levantaron las casas y se consolidó una forma de vida que pasó de una generación a otra.

Lo que piden las familias
En estos meses, los vecinos buscaron respuestas en distintos ámbitos. Recurrieron a organismos públicos y participaron de reuniones en el Concejo Municipal, incluida la comisión de Planeamiento. También estuvieron en distintos canales de televisión y medios de comunicación, intentando hacer visible el conflicto y conseguir alguna información.

"Como buscando la forma de ver si alguien nos escucha, si alguien nos baja alguna información de algo", explica Gabriela.

La posición de las familias, aclara, no es cerrarse a cualquier alternativa. No rechazan la posibilidad de una relocalización ni se oponen a encontrar una solución que permita resolver el conflicto. Lo que reclaman es conocer esa alternativa antes de que se produzca un desalojo.

"Uno no se opone, pero queremos saber si nos van a reubicar en algún lugar, cuál es la solución", afirma.

Incluso aceptarían pagar por un terreno o por una vivienda si existiera una posibilidad concreta de regularización. "Estamos totalmente dispuestos", sostiene Saavedra.

La respuesta que presentaron ante la intimación tuvo también ese sentido: dejar abierta una puerta para encontrar una salida. "Ojalá nos dieran la posibilidad, la solución de algo para poder comenzar", dice.

En ese punto se concentra buena parte de la preocupación de los vecinos: no sólo enfrentan la posibilidad de dejar las casas que construyeron durante décadas, sino que desconocen qué sucedería después. No hay, hasta el momento, una propuesta concreta de relocalización ni una respuesta que les permita proyectar cómo continuar sus vidas.

La expectativa está puesta ahora en que pueda abrirse un canal de diálogo con las autoridades nacionales. En el Concejo Municipal, algunos ediles plantearon la posibilidad de que representantes de La Libertad Avanza gestionaran una reunión para que la situación pudiera ser conocida en Buenos Aires, dado que, según explicaron los vecinos, las decisiones vinculadas al terreno se tomarían desde oficinas nacionales.

"Eso es lo que estamos esperando, que se pueda hacer una reunión para dialogar con alguien, para ver cómo seguimos, qué hacemos", dice Gabriela.

La disposición, asegura, existe de parte de los vecinos. "Estamos a disposición nosotros, pero estamos esperando del otro lado que nos respondan".

Un lugar que cambió con la ciudad
Las familias tampoco forman parte del Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP). Saavedra aclara que no fueron censadas ni integran el registro. La explicación que encuentra vuelve a ser la misma: durante años nadie prestó atención a ese espacio.

La aparición de las torres modificó esa situación. Lo que durante décadas permaneció escondido comenzó a quedar a la vista a medida que avanzó el desarrollo inmobiliario de la zona.

El lugar puede ubicarse junto a las torres que se levantaron en Refinería. Gabriela habla de las Torres Dolfines y donde funciona La Casona, un albergue que pertenece a la Municipalidad.

Pero allí también aparece otra parte de la memoria del barrio, una historia que excede ampliamente el conflicto actual. "Yo tengo tanto para contarte", advierte Gabriela mientras reconstruye escenas de otras épocas.

Recuerda que, cuando las familias se instalaban y construían sus viviendas, la casona estaba vinculada al padre Tomás Santidrián. "Nosotros estábamos con el padre", cuenta.

También recuerda que en el predio donde actualmente están sus casas, al pie de las torres y en el mismo espacio donde hoy se instalan circos y parques cuando llegan al barrio, alguna vez hubo una cancha de golf.

Para quienes conocieron Refinería décadas atrás, el paisaje era otro. Los cañaverales formaban parte habitual del entorno y funcionaban como un territorio de juegos para los chicos de la zona, que intentaban descubrir qué había detrás de aquella vegetación y de los muros que ocultaban el río.

El río permanecía escondido del resto de la ciudad, prácticamente inaccesible. En esos años, los chicos recorrían las vías y jugaban entre las viejas instalaciones ferroviarias, en un espacio que hoy resulta difícil reconocer.

Con el tiempo también llegó la lucha de los vecinos de Refinería contra los problemas ambientales y de salud vinculados a la actividad industrial. La cerealera Genaro García quedó asociada a esa historia de reclamos. Durante años, distintos referentes de la zona acompañaron las demandas de los vecinos.

La transformación urbana no borró esa memoria. Los problemas y reclamos históricos conviven ahora con el crecimiento inmobiliario y con la llegada de nuevas familias a una zona que adquirió otra visibilidad y otro valor.

La convivencia entre esas realidades expone una de las tensiones centrales del proceso de transformación de Refinería: el crecimiento inmobiliario avanza sobre un territorio donde también existen historias familiares, reclamos sociales y comunidades que llevan décadas construyendo su lugar.

Treinta y cuatro años después
Para Gabriela Saavedra, la historia de las familias de Refinería no comenzó con una ocupación violenta ni con la intención de apropiarse de un terreno ajeno. Comenzó, justamente, en un lugar que estaba completamente abandonado.

"No es que usurpamos el lugar, nos violentamos para entrar; era un lugar totalmente abandonado", sostiene al reconstruir aquellos primeros años.

Por eso, frente a la intimación de la AABE, las familias no sólo piden que se suspenda cualquier intento de desalojo. También plantean que están dispuestas a encontrar una solución que les permita permanecer legalmente en el lugar o ser relocalizadas de manera acordada.

Cada familia cuenta además con abogados para acompañar las presentaciones y tratar de conseguir una respuesta. El objetivo inmediato es evitar que el conflicto avance sin que nadie escuche a quienes viven allí desde hace décadas.

Desde que apareció la carta, las familias no volvieron a recibir comunicaciones que les permitieran conocer qué ocurrirá con ellas. "Nadie, nadie. Nunca nadie, de nada", insiste Gabriela. La única comunicación fue aquella intimación, a la que respondieron con asistencia legal.

Su voz deja así expuesta una historia de más de tres décadas en un territorio que, durante buena parte de ese tiempo, permaneció prácticamente fuera de la mirada de la ciudad. Una historia de casas construidas de a poco, de hijos y nietos que crecieron allí, de un espacio sin servicios, sin dirección y sin reconocimiento formal que terminó convirtiéndose en hogar.

Su testimonio también vuelve sobre una transformación más amplia de Refinería. El lugar de los cañaverales, los muros y los terrenos abandonados fue cambiando hasta convertirse en una zona atravesada por nuevas torres y desarrollos inmobiliarios. Lo que alguna vez permaneció escondido comenzó a adquirir valor y visibilidad.

Y, con esa transformación, también apareció el conflicto.

Para las familias que permanecen junto a las torres, no se trata solamente de un terreno que debe ser liberado. Es el lugar donde una generación creció, donde otra construyó sus casas y donde ahora juegan los nietos.

Después de recibir una intimación de diez días y de presentar una respuesta que todavía espera contestación, Gabriela y sus vecinos continúan reclamando algo que consideran básico: que alguien se siente a escucharlos y les diga qué futuro les espera.

"Estamos esperando la respuesta", repite Gabriela.

Y detrás de esa espera aparece una historia mucho más larga que la carta que recibieron el 29 de abril: la de un lugar que durante décadas nadie miró y que ahora, justamente cuando adquirió valor y quedó expuesto por las nuevas construcciones, volvió a ser objeto de disputa.

Escuchá la entrevista completa:

Ver también: Pagaron durante décadas y aún no tienen vivienda: crece el conflicto de los ahorristas de Bauen Pilay, Rosario: En dos horas desapareció un siglo y medio de historia verde

Otras Señales

Quizás también le interese: