domingo, 26 de julio de 2026

Cincuenta años después de la Noche del Apagón, el poder económico sigue esperando en el banquillo

La causa que investiga la responsabilidad empresarial de Ledesma por los crímenes de lesa humanidad continúa sin llegar a juicio oral. La abogada Malka Manestar, cuenta en Señales que el expediente revela el papel central que tuvieron los actores económicos durante la última dictadura y expone una deuda pendiente de la democracia: juzgar a quienes se beneficiaron del terrorismo de Estado
A cincuenta años de la Noche del Apagón, uno de los episodios más emblemáticos del terrorismo de Estado en Jujuy, la causa judicial por la responsabilidad empresarial de Ledesma continúa sin llegar a juicio oral. El paso del tiempo no solo dejó una investigación marcada por las demoras, sino también una pregunta que sigue abierta: cuál fue el papel que tuvieron los sectores económicos en la represión desplegada durante la última dictadura.

Para Malka Manestar, abogada de ANDHES (Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales), docente e investigadora de la Universidad Nacional de Jujuy, el caso Ledesma constituye una de las claves para comprender esa dimensión todavía pendiente del proceso de memoria, verdad y justicia. No se trata únicamente de reconstruir la colaboración de una empresa con los operativos represivos, sino de analizar cómo el poder económico participó de un proyecto político que buscó transformar las estructuras sociales y laborales del país.

Lejos de interpretar aquellos hechos exclusivamente desde la intervención militar, Manestar sostiene que la dictadura debe ser entendida como un proceso "cívico, militar y eclesial". En esa caracterización, las grandes empresas ocuparon un lugar central dentro del proyecto impulsado por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

"Cuando hablamos del poder real hablamos del poder de las empresas, del poder económico", afirma. Para la abogada, ese poder no desapareció con el retorno de la democracia, sino que continuó teniendo capacidad de influencia sobre distintos ámbitos del Estado, incluida la Justicia.
 
Un proyecto económico sostenido por la represión
Según Manestar, el terrorismo de Estado no tuvo solamente un objetivo represivo o disciplinador en términos políticos. También estuvo vinculado a la transformación del modelo económico argentino.

La dictadura buscó reorganizar las estructuras económicas, sociales y laborales para consolidar un modelo neoliberal que, desde su perspectiva, continúa proyectando consecuencias hasta el presente.

"Es un modelo que se sostiene sobre un proceso de expropiación de derechos de las y los trabajadores", explica.

Desde esa mirada, la persecución contra el movimiento obrero organizado no fue un aspecto secundario del aparato represivo, sino una condición necesaria para avanzar sobre conquistas laborales construidas durante décadas. La desaparición de trabajadores organizados, delegados gremiales, abogados laboralistas y representantes sindicales permitió luego modificar relaciones laborales y avanzar sobre derechos adquiridos.

En Jujuy, esa relación entre represión y economía adquiere una dimensión particular por la presencia histórica del ingenio Ledesma.

Para Manestar, la empresa no puede analizarse únicamente como una unidad productiva. Constituye, sostiene, un verdadero enclave de poder con influencia sobre la vida social, política y económica de la provincia.

"Todas las relaciones, tanto productivas como reproductivas, pasan por la empresa", señala.

Ese nivel de concentración, explica, permite comprender por qué durante tantos años resultó difícil avanzar judicialmente contra sus directivos. La investigación no solo enfrentaba la complejidad propia de juzgar delitos cometidos durante la dictadura, sino también la resistencia de sectores con una enorme capacidad de influencia.
 
Una causa que tardó décadas en llegar hasta los empresarios
El camino judicial de la causa Ledesma estuvo atravesado por años de obstáculos.

Durante mucho tiempo, recuerda Manestar, la Justicia "negaba la posibilidad de acercarse siquiera a una posible acusación" contra el poder económico de la empresa.

La situación comenzó a modificarse en 2012, después de una multitudinaria movilización en Jujuy. La protesta fue producto de la articulación entre organismos de derechos humanos y organizaciones sociales que reclamaban el avance de la investigación.

Entre esas organizaciones, Manestar destaca el papel de la Tupac Amaru, la Red de Organizaciones Sociales y la dirigente Milagro Sala, cuya participación resultó decisiva para presionar por cambios en la conducción judicial del expediente.

Como consecuencia de esa movilización, renunció el juez que intervenía en la causa y, con la llegada de un nuevo magistrado, la investigación logró avanzar hasta la imputación de Carlos Pedro Blaquier, entonces presidente del directorio de Ledesma, y del exadministrador Alberto Lemos.

Ese avance abrió una etapa inédita: por primera vez, la posibilidad de juzgar penalmente a empresarios por su participación en crímenes de lesa humanidad comenzaba a acercarse a los tribunales.

Sin embargo, pocos años después, el proceso volvió a quedar detenido.

En 2015, la Cámara Federal de Casación Penal dictó la falta de mérito para ambos imputados. La resolución reconocía que existían elementos que demostraban que Ledesma había aportado información sobre trabajadores, vehículos, logística, financiamiento y recursos utilizados durante los operativos represivos.

Pero, al mismo tiempo, consideraba que no había pruebas suficientes para demostrar que los directivos de la empresa conocían el destino concreto que tendrían esos aportes.

Para Manestar, ese argumento resulta imposible de sostener si se analiza el contexto específico de Jujuy.

"Ellos decían: no estaba probado el dolo, no estaba probado que ellos supieran para qué aportaban eso", resume sobre la resolución judicial.

Sin embargo, para la abogada, resulta impensable separar esos aportes del funcionamiento general del aparato represivo en un territorio donde la empresa tenía una presencia dominante.

"Estamos hablando de una empresa que tenía un poder absoluto", sostiene.

La demora judicial y la impunidad biológica
Tras varios años de incertidumbre, la Corte Suprema intervino en 2022 y cuestionó la decisión de la Cámara Federal de Casación Penal. El máximo tribunal ordenó que la investigación continuara, reabriendo la posibilidad de que la causa pudiera avanzar hacia una instancia oral.

Pero para entonces el paso del tiempo ya había producido una consecuencia irreversible: Carlos Pedro Blaquier murió sin haber sido juzgado.

Para Malka Manestar, ese desenlace representa una de las expresiones más dolorosas de la demora judicial en los procesos por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Aunque la causa contra Alberto Lemos continúa abierta, la abogada advierte que la posibilidad de obtener una sentencia sigue condicionada por distintos obstáculos políticos, judiciales y presupuestarios.

"Hoy, lamentablemente, las condiciones en términos de las políticas de memoria, verdad y justicia no son óptimas", afirma.

En ese contexto, señala el debilitamiento de las políticas públicas vinculadas con la investigación y el juzgamiento de los responsables del terrorismo de Estado. Para ella, el problema no se limita a la falta de avances en un expediente particular, sino que forma parte de un escenario más amplio de retroceso en materia de derechos humanos.

La muerte de Blaquier sin una condena judicial expresa lo que los organismos de derechos humanos denominan "impunidad biológica": la posibilidad de que los responsables mueran antes de enfrentar un juicio.

Ese concepto, explica Manestar, surgió a partir de investigaciones desarrolladas por ANDHES sobre distintos casos de participación empresarial en violaciones a los derechos humanos. El análisis comparado permitió identificar una característica común: la presencia de actores económicos con capacidad para obstaculizar o condicionar el avance de las causas.

"Hablamos de actores con poder de veto", explica.

Según su análisis, los procesos judiciales contra empresarios vinculados al terrorismo de Estado solo logran avanzar cuando confluyen distintos factores: la presión y movilización social, el compromiso de algunos sectores del Poder Judicial, el trabajo sostenido de los organismos de derechos humanos y la existencia de políticas estatales orientadas a impulsar las investigaciones.

Pero ese avance, sostiene, suele encontrarse con la influencia de sectores económicos que conservan capacidad para intervenir sobre las decisiones institucionales.

Mucho más que vehículos y logística
Para Manestar, uno de los principales errores al analizar la responsabilidad empresarial consiste en reducir la participación de las compañías al aporte de recursos materiales para los operativos represivos.

En el caso Ledesma, sostiene, la colaboración fue mucho más amplia y estuvo vinculada con un objetivo central: desarticular la organización sindical dentro del ingenio.

La mayor parte de las personas detenidas y desaparecidas en la zona eran trabajadores de la empresa, muchos de ellos sindicalizados, delegados gremiales o integrantes de espacios de representación laboral.

También fueron perseguidos abogados laboralistas y referentes vinculados con la defensa de los derechos de los trabajadores.

Para la abogada, esa persecución no puede separarse del beneficio económico posterior obtenido por la empresa.

La eliminación de una estructura sindical construida durante años permitió modificar las relaciones laborales e imponer condiciones que implicaron una pérdida de derechos para los trabajadores.

"Esa desarticulación obviamente implica un beneficio económico para la empresa", sostiene.

Desde esa perspectiva, la responsabilidad empresarial no se limita a haber facilitado el funcionamiento del aparato represivo, sino también a haberse beneficiado de las consecuencias que esa represión produjo sobre el mundo del trabajo.

Los testimonios reunidos durante décadas de investigación judicial, explica, permiten reconstruir un entramado de colaboración que excede ampliamente la entrega de vehículos o la provisión de infraestructura.

"La empresa aportaba nombres con las personas a desaparecer", afirma.

También señala que numerosas detenciones se realizaron dentro del propio predio del ingenio y con conocimiento de la empresa. Ese aspecto, además de revelar la participación en el esquema represivo, implicó una vulneración directa de los derechos laborales de los trabajadores.

Las declaraciones de sobrevivientes incorporadas a los distintos procesos judiciales también permitieron reconstruir otros mecanismos de presión utilizados contra quienes recuperaban la libertad.

Algunos trabajadores, según los testimonios, eran obligados a firmar renuncias o aceptar indemnizaciones inferiores a las que les correspondían como condición para recuperar su libertad.

"Te damos la libertad, pero vos tenés que firmar esto", resume Manestar sobre una práctica que quedó expuesta a partir de los relatos de sobrevivientes y de los juicios realizados en Jujuy contra integrantes de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad.

Sin embargo, mientras las responsabilidades estatales pudieron ser discutidas en los tribunales, la dimensión empresarial de la represión continúa sin llegar a juicio oral.

Una deuda pendiente de la democracia
Para Manestar, esa diferencia constituye una de las principales deudas del proceso de memoria, verdad y justicia.

Durante las últimas décadas, la Justicia argentina avanzó en el juzgamiento de numerosos integrantes de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad responsables de secuestros, torturas y desapariciones.

Pero la participación de los actores económicos que acompañaron, facilitaron o se beneficiaron del terrorismo de Estado permanece, en gran medida, sin una respuesta judicial definitiva.

La eventual realización del juicio contra Alberto Lemos tendría, por eso, una importancia que excede al caso particular de Ledesma.

No solo permitiría establecer responsabilidades individuales, sino que también podría convertirse en un antecedente relevante para la jurisprudencia argentina sobre la responsabilidad penal de empresarios involucrados en delitos de lesa humanidad.

Sin embargo, ese escenario continúa lejano.

Manestar advierte que la causa sigue atravesada por sucesivas dilaciones y que uno de los argumentos utilizados para justificar la demora es la falta de presupuesto.

"No hay plata para poder ejecutar estos juicios, no hay presupuesto para esto, no hay presupuesto para las políticas que hacen al sostenimiento de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia", afirma.

Para la abogada, esa explicación no puede analizarse separadamente del contexto político actual y del debilitamiento de las políticas públicas destinadas a sostener los procesos de memoria y justicia.

Cinco décadas declarando, esperando y reconstruyendo la verdad
La demora judicial no solo tiene consecuencias institucionales. También impacta de manera directa sobre quienes llevan medio siglo esperando una respuesta.

Malka Manestar recuerda que las víctimas y sus familias comenzaron a denunciar los hechos durante la propia dictadura. Frente a la imposibilidad de encontrar respuestas dentro del país, muchas de las primeras presentaciones fueron realizadas ante organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional.

Con el regreso de la democracia, los testimonios continuaron ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Más adelante, esas mismas historias volvieron a aparecer en los Juicios por la Verdad y, finalmente, en las causas judiciales reabiertas después de la anulación de las leyes de impunidad.

Ese recorrido implica que muchas personas hayan tenido que volver a narrar los mismos hechos una y otra vez durante décadas.

"Es una situación revictimizante", reconoce Manestar.

Las víctimas y sus familias debieron reconstruir una y otra vez experiencias marcadas por la violencia, la pérdida y la incertidumbre. Sin embargo, la abogada destaca que ese esfuerzo también permitió preservar pruebas fundamentales para las investigaciones judiciales.

Muchos de quienes declararon durante estos años ya fallecieron. Sus relatos, registrados en distintos momentos del proceso histórico, permanecen como una pieza central para comprender lo ocurrido.

Para Manestar, esa persistencia de las víctimas y sobrevivientes demuestra que la construcción de memoria no depende únicamente de los tiempos de la Justicia.

La memoria también se disputa en las calles
Aunque considera que los juicios son una herramienta fundamental para establecer responsabilidades, la abogada sostiene que la memoria colectiva se construye también por fuera de los tribunales.

"La memoria no es solamente lo que sucede en los juicios", afirma. "Es fundamental que sigamos manteniendo la memoria en las calles, la memoria en la lucha también".

En ese sentido, reivindica el valor de las marchas, los actos conmemorativos y las actividades organizadas por los organismos de derechos humanos y las organizaciones sociales.

Esa tarea adquiere una relevancia particular frente a las nuevas generaciones, que no vivieron la dictadura pero reciben el desafío de interpretar ese pasado en un presente atravesado por nuevas discusiones políticas.

Durante las actividades realizadas por los cincuenta años de la Noche del Apagón, uno de los ejes estuvo puesto especialmente en los jóvenes que fueron víctimas del terrorismo de Estado en Ledesma.

Entre ellos estaban estudiantes secundarios de la Escuela Normal de Libertador General San Martín.

"Nosotros hablamos de nuestra Tarde de los Lápices", explica Manestar.

La referencia apunta a un grupo de adolescentes que, al igual que los estudiantes secundarios perseguidos en La Plata en 1976, comenzaban a organizarse, participar en espacios colectivos y desarrollar una conciencia crítica sobre la realidad social.

Muchos de ellos eran hijos e hijas de trabajadores del ingenio Ledesma.

Para Manestar, esa juventud también fue blanco del aparato represivo porque representaba la posibilidad de una nueva generación comprometida con la participación política y social.

El terrorismo de Estado, sostiene, no buscó únicamente eliminar a dirigentes sindicales o militantes adultos, sino también disciplinar a quienes comenzaban a construir nuevas formas de organización.

Frente al negacionismo, sostener la memoria
En el contexto político actual, Manestar considera que mantener activas las políticas de memoria resulta todavía más importante.

Advierte que el problema no se limita al desfinanciamiento de programas estatales, sino que también existe una disputa por el sentido histórico de lo ocurrido durante la dictadura.

"Tenemos que tener muy claro cuáles son las dimensiones de estos discursos negacionistas y de qué manera también se reivindica el proceso genocida", señala.

Frente a ese escenario, entiende que la respuesta debe construirse desde distintos espacios: los medios de comunicación, las organizaciones de derechos humanos, las universidades, la investigación académica y todos aquellos ámbitos donde pueda sostenerse una reflexión crítica sobre el pasado reciente.

Para la investigadora, la memoria no es una tarea encerrada en los archivos ni limitada a los tribunales. Es una práctica colectiva que requiere presencia pública y transmisión entre generaciones.

En esa construcción, algunas figuras adquieren un valor simbólico especial.

Una de ellas es Olga Márquez de Aredes, referente histórica de la resistencia en Jujuy.

Olga Márquez de Aredes, una memoria que camina

Después del secuestro y desaparición de su esposo, el exintendente de Libertador General San Martín Luis Aredes, Olga Márquez de Aredes comenzó a marchar sola cada jueves alrededor de la plaza de la ciudad.

Llevaba un pañuelo blanco y una pancarta en la que reclamaba justicia.

Su imagen se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más fuertes de la resistencia en Jujuy.

Para Manestar, esa persistencia representa una forma de lucha que atravesó generaciones y que permitió sostener el reclamo incluso en los momentos más difíciles.

Con motivo de los cincuenta años de la Noche del Apagón, ANDHES publicó la nota 50 años de impunidad, 50 años de resistencia. El trabajo buscó reconocer, por un lado, la falta de condenas para los responsables empresariales de los crímenes de lesa humanidad y, por otro, el papel fundamental de las mujeres que sostuvieron durante décadas la búsqueda de verdad y justicia.

"Queríamos reconocer que durante estos cincuenta años hubo distintas mujeres que sostuvieron la lucha", explica Manestar.

Algunas continúan participando activamente en los espacios de memoria. Otras, como Olga Márquez de Aredes, fallecieron sin ver concretadas todas las respuestas que reclamaban.

Pero su recorrido, sostiene la abogada, fue fundamental para que las investigaciones pudieran llegar hasta el punto actual.

Un legado que une memoria, justicia y ambiente
El legado de Olga Márquez de Aredes, explica Manestar, no se limita a su lucha por memoria, verdad y justicia frente a los crímenes de la dictadura.

En los últimos años de su vida, Olga también incorporó a su militancia las denuncias ambientales contra el ingenio Ledesma y los efectos que la actividad industrial tenía sobre la comunidad de Libertador General San Martín.

Su historia permite, para la abogada, comprender que las vulneraciones de derechos no aparecen como hechos aislados, sino que muchas veces forman parte de entramados más amplios de desigualdad y concentración de poder.

Además de reclamar justicia por la desaparición de su esposo y por los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado, Olga denunció la contaminación provocada por el bagazo de la caña de azúcar y las consecuencias sanitarias que afectaban a quienes vivían en las cercanías del ingenio.

Según recuerda Manestar, Olga murió a causa de un cáncer pulmonar asociado a la bagazosis, una enfermedad vinculada precisamente con la exposición permanente a ese material.

Para la investigadora, esa trayectoria muestra cómo la defensa de los derechos humanos puede extenderse hacia otras dimensiones de la vida comunitaria.

La memoria, sostiene, no se limita a recordar el pasado represivo, sino que también implica preguntarse por las condiciones presentes en las que viven las comunidades y por las distintas formas en que los poderes económicos pueden afectar sus derechos.

Por eso considera que figuras como Olga Márquez de Aredes siguen funcionando como "faros en el camino" para las nuevas generaciones de militantes, investigadoras y defensoras de derechos humanos.

Una causa que sigue esperando
A medio siglo de la Noche del Apagón, la causa por la responsabilidad empresarial de Ledesma continúa abierta y sin juicio oral.

El expediente concentra una de las discusiones más profundas que todavía atraviesan el proceso de memoria, verdad y justicia en Argentina: la necesidad de establecer qué responsabilidad tuvieron aquellos actores económicos que acompañaron el terrorismo de Estado, facilitaron su funcionamiento o se beneficiaron con sus consecuencias.

Para Manestar, juzgar esa dimensión pendiente no implica solamente reparar a las víctimas y a sus familias. También significa comprender cómo funcionó el poder durante la dictadura y qué continuidades de ese entramado todavía permanecen vigentes.

La posibilidad de que Alberto Lemos sea llevado a juicio representa, en ese sentido, una oportunidad histórica. No solo porque permitiría analizar responsabilidades individuales dentro del caso Ledesma, sino porque podría abrir un camino para otros procesos judiciales vinculados con la participación empresarial en delitos de lesa humanidad.

Pero mientras la causa continúa atravesada por demoras, el tiempo sigue siendo un factor decisivo.

Las víctimas envejecen. Los sobrevivientes mueren. Los responsables también.

La historia de la Noche del Apagón, sin embargo, continúa presente en los testimonios, en las calles y en las nuevas generaciones que retoman una pregunta todavía abierta: cómo juzgar a quienes tuvieron poder suficiente para participar de la represión y permanecer durante décadas lejos de los tribunales.

Cincuenta años después, la consigna que acompañó la lucha de sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos mantiene su vigencia.

Memoria, verdad y justicia.

Escuchá la entrevista completa:

sábado, 25 de julio de 2026

La protesta detrás de la protesta: qué cuentan los barrios sobre la falta de trabajo, salud y alimentos

Soledad Giupponi tiene 34 años, cinco hijos y sostiene, junto a otras voluntarias, el comedor comunitario Rayito de Sol en Cabín 9. Delegada de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), asegura que los 78 mil pesos del programa Volver al Trabajo no alcanzan para vivir, pero siguen siendo indispensables para cientos de familias.

En diálogo con Señales, Soledad Giupponi reconstruye, a partir del reclamo por la continuidad del programa Volver al Trabajo, la crisis que atraviesan los barrios populares del Gran Rosario. Entre changas, ollas populares y protestas, desde Cabín 9 pone voz a una realidad que pocas veces aparece en las estadísticas.

"No es un plan: son 78 mil pesos para sobrevivir"
Soledad Giupponi habla con la tranquilidad de quien conoce de memoria las necesidades del barrio. Lleva tres años como delegada de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) en Cabín 9 y es una de las voluntarias que sostiene el comedor comunitario Rayito de Sol.

Por momentos, sin embargo, la voz se le quiebra.

Acaba de regresar de la movilización nacional convocada por distintas organizaciones sociales para reclamar la continuidad de los programas sociales y denunciar el deterioro de las condiciones de vida en los barrios populares.

Para ella, la discusión excede largamente un programa.

—No es solamente un programa. Son 78 mil pesos que hoy mucha gente necesita porque no hay trabajo.

Mientras habla recuerda que varias de sus compañeras no pudieron asistir a la entrevista. Ese mismo día habían conseguido alguna changa y no podían dejar pasar la oportunidad.

La paradoja, dice, es evidente: trabajan para sostener un ingreso que ni siquiera saben si seguirán cobrando.

—No saben si el cinco del mes van a cobrar o no, porque supuestamente ya no se cobra más.

Ese dinero, explica, ya estaba comprometido antes de llegar.

Muchas familias compran fiado en los almacenes del barrio con la expectativa de pagar cuando ingresa el programa.

—Ya lo tenían empeñado hasta en los negocios. Hay que pagar esa plata igual.

En Cabín 9, esos 78 mil pesos no alcanzan para vivir. Pero muchas veces permiten sostener un alquiler.

—Tengo compañeras que pagan el alquiler con esa plata. No pagan todo, pero les ayuda porque no tienen trabajo.

También es el dinero que garantiza, aunque sea parcialmente, que haya un plato de comida sobre la mesa.

Entre todas las historias que escucha cada semana hay una que todavía la conmueve.

Hace pocos días una mujer se le acercó angustiada.

—Me dijo: "Sole, si no cobro el mes que viene no sé qué voy a hacer. Yo ya estaba contando con esa plata".

Nunca fue un ingreso seguro, aclara. Pero, al menos, llegaba todos los meses.

Ahora ni siquiera existe esa certeza.
Una olla para 280 personas
La crisis también cambió el rostro de quienes buscan ayuda.

En Rayito de Sol preparan alrededor de 280 raciones de comida. Apenas pueden hacerlo una vez por semana.

No es una decisión.

Es el límite que imponen los recursos.

—No da el presupuesto. No alcanza para el gas.

Incluso esos mismos 78 mil pesos que hoy están en riesgo ayudan a sostener el funcionamiento del comedor.

—Con esa plata compramos el gas para cocinar. Cocinamos dos veces y después hacemos fuego. Así sostenemos la olla.

Conseguir los alimentos tampoco resulta sencillo.

Parte de la verdura y otros productos los compran entre los propios voluntarios. El resto llega a través de la organización social.

—Es poco y nada, pero alcanza para sostener una olla por semana.

Saben que no alcanza.

Lo escuchan cada vez que alguien vuelve a preguntar cuándo habrá otra entrega de comida.

—La gente pregunta cuándo damos de vuelta. Nos gustaría cocinar más días, pero no podemos.

La realidad también cambió el perfil de quienes se acercan al comedor.

—Cada vez vienen más abuelos.

Hace unos años, dice, esa escena era poco frecuente.

Hoy muchos jubilados llegan porque deben elegir entre comprar medicamentos o comer.

—Es triste porque antes no se veía.

El panorama tampoco mejora cuando intentan conseguir ayuda institucional.

Según explica, el comedor recibe alimentos a través de subsidios de la Provincia de Santa Fe, aunque consideran que esa asistencia resulta insuficiente frente a la magnitud de la demanda. Señala que, hasta fines de 2023, la mayor parte de los alimentos provenía del Gobierno nacional y que el aporte provincial funcionaba como complemento para adquirir productos que Nación no enviaba. Tras el cambio de gestión nacional, sostiene, esa ayuda alimentaria fue interrumpida y hoy la asistencia provincial —que, afirma, se mantuvo tras distintos reclamos— es el principal sostén del comedor, aunque no alcanza para cubrir las necesidades.

Desde la intendencia de Pablo Corsalini, en Pérez, les reconocieron que también cuentan con pocas herramientas para asistir a la cantidad de espacios comunitarios que funcionan en Cabín 9.

Frente a esa ausencia, los propios vecinos inventan formas de resistir.

Hay quienes organizan ferias donde intercambian ropa o juguetes por alimentos.

—Muchos sostienen los comedores cambiando ropa o juguetes por un paquete de arroz o un puré de tomate.

Es una economía de supervivencia que rara vez aparece en las estadísticas, pero que mantiene abiertas decenas de ollas populares.

Yo soy piquetera por necesidad
Soledad conoce también el otro discurso.

El que señala a quienes reciben programas sociales como personas que no quieren trabajar.

Dice que quienes sostienen esa idea desconocen por completo lo que ocurre dentro de los barrios.

—El Estado es muy ausente. Aparecen en época de elecciones por unos votos y después desaparecen. Si el Estado está ausente, nunca va a ver lo que realmente pasa.

Por eso rechaza la imagen de quienes salen a cortar calles por comodidad o conveniencia.

—Se piensan que tenemos ganas de dejar a nuestros hijos para estar en una marcha.

Hace una pausa.

—Yo tengo cinco chicos. Lisandro, mi marido, sale a trabajar y yo quisiera quedarme en mi casa con ellos, y que puedan comer las cuatro comidas del día.

La realidad, dice, es otra.

En su propia casa también hay que elegir.

—A veces tenemos que decidir si comemos al mediodía o a la noche.

La fruta aparece apenas una vez por semana en la mesa familiar.

Aunque su esposo trabaja todos los días, el costo de los alimentos hace imposible cubrir todas las necesidades de una familia numerosa.

—El kilo de carne, ¿cuánto está?

La pregunta queda flotando unos segundos.

Después enumera todo lo que implica criar cinco hijos.

Ropa.

Zapatillas.

Útiles escolares.

Comida.

—La gente nunca se pone en el lugar del otro. Se piensan que porque recibimos una asignación ya alcanza para todo.

Trabajo desde los 11 años
La precariedad económica también atraviesa la vida escolar de sus hijos.

Cada comienzo de mes, cuenta Soledad, aparece un nuevo pedido desde la escuela: materiales, fotocopias, aportes o actividades. Gastos que para muchas familias pueden parecer menores, pero que en su casa obligan a tomar decisiones dolorosas.

—Todos los meses te están pidiendo más cosas. Pero eso no lo ve el Gobierno. Ellos exigen, exigen y exigen.

Sus hijos, por ejemplo, se quedaron sin viajes de estudio.

No porque no quisieran ir.

Porque la familia tuvo que establecer prioridades.

—Si yo le pago un viaje de estudio, no me alcanza para darle de comer. Hoy nos toca elegir. A las mamás nos toca decidir si pagamos un viaje, si compramos zapatillas o si ponemos comida en la mesa.

Es entonces cuando vuelve sobre uno de los prejuicios que más la incomodan: la idea de que quienes reciben asistencia social no quieren trabajar.

No necesita elaborar demasiado para responder. Le alcanza con una frase.

—Trabajo desde los 11 años.

Lo dice sin dramatismo.

Como si estuviera contando un dato más de su vida.

—Me tocó salir a la calle muy chica y no me da vergüenza decirlo. He salido hasta a cartonear, por necesidad.

Por eso insiste en que los funcionarios deberían recorrer los barrios sin intermediarios ni visitas protocolares.

—Que bajen a los barrios y vean la necesidad que hay. Que se paren en la fila de un comedor y miren lo que pasa. No es broma lo que decimos.

El pedido también alcanza a quienes cuestionan a las organizaciones sociales desde afuera.

Cree que muchas de esas críticas nacen del desconocimiento.

—Los que nos critican no saben lo que es vivir esto. Nosotros queremos que el Estado vea la realidad desde adentro, no desde arriba, con drones.

Nosotros sí queremos trabajar
En medio de ese debate aparece otro de los argumentos que más escuchó durante el último tiempo: la idea de que las organizaciones sociales administraban los programas y retenían parte del dinero de los beneficiarios.

Soledad lo rechaza de plano.

—La plata siempre fue directamente a la gente. Yo nunca le di mi tarjeta a nadie para que me cobrara. La cuenta del Banco Nación siempre la manejé yo. Los 78 mil pesos los cobré siempre yo.

Reconoce que pudo haber existido algún caso de corrupción.

Pero rechaza que esa imagen termine definiendo a todos.

—Puede haber algún corrupto, pero no somos todos iguales.

Cuando el antiguo Potenciar Trabajo fue reemplazado por el programa Volver al Trabajo, asegura que aceptó cumplir cada uno de los requisitos que le exigieron.

Completó formularios a través de Mi Argentina.

Eligió una orientación laboral.

Manifestó su intención de capacitarse para desarrollar un emprendimiento.

—Nosotros sí queremos trabajar. No somos vagos.

Su elección fue panificación.

Sin embargo, la capacitación que le ofrecieron terminó convirtiéndose, según relata, en una oportunidad imposible de aprovechar.

—Era en Córdoba. Unos 398 kilómetros separan Pérez de esa ciudad.

Hace una pausa.

—¿Cómo hago para ir a aprender panificación a Córdoba?

El problema, explica, nunca fue la voluntad.

Fueron los costos.

Los mismos 78 mil pesos que debía usar para alimentar a su familia también debían alcanzar para pagar los pasajes.

—¿Qué tengo que elegir? ¿Gastar esa plata para viajar a capacitarme o usarla para comer? Entonces, ¿dónde están las oportunidades que dicen que nos dan?

Hace cuatro años que recibe ese programa.

Comenzó cobrando 50 mil pesos.

Después, con la llegada de Javier Milei, el monto quedó congelado en 78 mil.

En todo ese tiempo, asegura, nunca encontró un acompañamiento real que permitiera transformar esa ayuda en un empleo estable.

—Escucho a los senadores decir que tenemos acompañamiento, pero no tenemos nada. Nos niegan la posibilidad de acceder a un trabajo.

Mientras habla, llega al estudio un mensaje de una oyente que dice comprender el dolor que está describiendo.

Soledad agradece el gesto.

Pero vuelve enseguida al centro de su planteo.

—El acompañamiento que necesitamos es que bajen a los barrios y vivan la realidad con nosotros.

Pan para hoy y hambre para mañana
En ese punto recuerda una situación que, según afirma, vivió durante la campaña electoral.

Relata que en Cabín 9 hubo personas vinculadas a La Libertad Avanza que ofrecían 20 mil pesos y un bolsón de mercadería a cambio del voto, y que incluso pedían una fotografía para comprobar la elección realizada.

—Lo viví desde adentro. La gente me preguntaba si podía ir porque lo necesitaba.

No juzga a quienes aceptaban.

Dice que entiende lo que significa pasar hambre.

Por eso cree que la necesidad empuja a muchas personas a tomar decisiones desesperadas.

—Eso es pan para hoy y hambre para mañana.

La ayuda inmediata, sostiene, no resuelve el problema de fondo.

—Porque mañana, cuando tus hijos no tengan un plato de comida, esos 20 mil pesos ya no alcanzan.

Vuelve entonces a la idea que atraviesa toda la conversación.

Más que subsidios, dice, hacen falta políticas públicas construidas desde el territorio.

Para ella, la discusión tampoco termina en los 78 mil pesos del programa.

Lo que cuestiona es que nunca existió una política capaz de transformar esa asistencia en un trabajo estable.

Recuerda que el actual Volver al Trabajo nació como una respuesta excepcional a la crisis provocada por la pandemia.

Sin embargo, asegura que el paso siguiente nunca llegó.

—Hasta el día de hoy seguimos esperando eso.

Mientras esa oportunidad no aparece, observa cómo las organizaciones sociales terminan cubriendo funciones que antes cumplía el Estado.

Una de las imágenes que más la conmueve es la presencia creciente de jubilados en los comedores comunitarios.

—Hoy somos las organizaciones las que les estamos dando una mano a los abuelos. Antes no hacía falta.

El barrio que no aparece en las estadísticas
Para Soledad, la crisis no termina en los 78 mil pesos del programa.

Salud, seguridad, trabajo y alimentación forman parte del mismo problema.

Y todo empieza por caminar el barrio.

La situación, insiste, no es exclusiva de Cabín 9 ni de Pérez.

A través del contacto permanente con otras delegadas de la Corriente Clasista y Combativa asegura que el panorama se repite en distintos barrios de Rosario y también en otras provincias.

—Creo que todos los barrios estamos iguales. Lo veo en Córdoba, lo veo en todos lados. Está pasando en toda la Argentina.

Por eso dice que le cuesta entender los anuncios oficiales que hablan de una baja de la pobreza.

Se ríe cuando escucha esas estadísticas.

Aclara enseguida que no es una risa de alegría.

Es de bronca.

—No estamos bajando la pobreza ni la inseguridad.

Desde su mirada existe una distancia enorme entre los indicadores oficiales y la vida cotidiana de los barrios populares.

Muchos problemas, sostiene, permanecen invisibilizados.

Nosotros lo vivimos todos los días
Entre los problemas que Soledad considera invisibilizados menciona el narcotráfico.

Cree que la violencia sigue presente, aunque ya no ocupe el mismo espacio en la agenda pública.

—No redujo nada la droga. Cada vez hay más. Nosotros lo vivimos todos los días porque somos militantes y vivimos en los barrios.

La misma lógica aplica, según ella, para las estadísticas sobre homicidios.

Considera que muchas veces la manera en que se registran los hechos termina ocultando la verdadera dimensión del problema.

Cabín 9 conoce de cerca esa realidad.

Es un barrio atravesado históricamente por la violencia.

Los callejones donde, según relata, con frecuencia aparecen cuerpos abandonados forman parte del paisaje cotidiano.

—Ya estamos acostumbrados a recibir muertos en el barrio.

La frase sale con una naturalidad que estremece.

Recuerda incluso el caso de dos jóvenes asesinadas cuyos cuerpos fueron hallados cerca del límite con Rosario.

Sin embargo, dice, el episodio volvió a quedar asociado una vez más a Cabín 9.

—Si hubiera más seguridad eso no pasaría. Pero quieren esconder todo.

Esperar un turno
La precariedad también alcanza al sistema de salud.

Para Soledad, conseguir un turno médico se convirtió en una carrera imposible.

Hace tres meses espera una consulta para sus hijos.

Uno necesita ser evaluado por una pediatra antes de llegar al oftalmólogo.

Otra de sus hijas requiere atención dermatológica.

Ninguno consiguió turno.

—Todos los días mandamos el mensaje a las siete de la mañana, como nos piden. Y no hay turnos.

Describe un sistema atravesado por superposiciones entre el municipio y la provincia que, según afirma, termina sin dar respuestas concretas.

A esa falta de atención suma otro problema que considera grave.

—No hay anticonceptivos. No hay nada.

Y plantea una contradicción.

—Después dicen que la culpa es de la chica que quedó embarazada. Pero si le sacan todas las herramientas, ¿qué posibilidad le están dando?

En su relato, todos esos problemas forman parte de un mismo mapa.

Trabajo.

Salud.

Seguridad.

Alimentación.

Para comprenderlo, insiste, no alcanza con mirar estadísticas.

Hay que caminar los barrios.
Los que cortan la avenida de Circunvalación
Otra vez vos
La movilización terminó.

Pero para Soledad la discusión recién empieza.

Sabe que el reclamo difícilmente encuentre una respuesta inmediata.

También sabe que las protestas seguirán ocupando las calles, aunque eso vuelva a despertar críticas.

Durante la última jornada, la presencia de Gendarmería volvió a marcar el pulso del operativo.

Ella estaba en la primera línea.

Allí se cruzó con un efectivo que ya la conocía de otras manifestaciones.

—"Otra vez vos", me dijo.

—"Sí, otra vez yo", le respondí.

El diálogo continuó entre advertencias y convicciones.

El gendarme le recordó que no podían cortar la calle.

Ella contestó que lo harían igual.

—La vamos a cortar por necesidad.

Cuando el uniformado le advirtió que podían reprimir la protesta, Soledad intentó correr la discusión hacia otro lugar.

—Vos me estás reprimiendo a mí, pero tendrías que verme como una compañera más.

No lo plantea desde una lógica de enfrentamiento.

Dice que pocos días antes había viajado en un vehículo conducido por un gendarme que, fuera de su horario de servicio, manejaba para una aplicación de transporte con el objetivo de completar el sueldo.

—Me dijo que era gendarme de La Pampa y que hacía Uber porque no le alcanzaba. Hasta me contó que muchas veces hace dedo para volver a su pueblo porque no puede pagar un pasaje.

Hace una pausa.

Después resume la contradicción.

—Los que nos reprimen también son trabajadores a los que no les alcanza el sueldo. También pasan necesidades.

Por eso insiste en que el conflicto no debería enfrentar a quienes viven de su trabajo.

—Ellos también son parte del pueblo.

Aun así, sabe que la represión puede repetirse.

Y asegura que eso no cambiará su decisión.

—No les tenemos miedo. Yo soy piquetera por necesidad, no porque me guste cortar calles.

Nuestra lucha no es por un plan
Su reclamo vuelve siempre al mismo lugar.

Un Estado presente.

Trabajo.

Capacitaciones reales.

Oportunidades.

—No estamos peleando solamente por esos 78 mil pesos. Estamos peleando por los abuelos, por trabajo genuino, por capacitaciones de verdad.

Hace una última aclaración, casi como si quisiera desmontar definitivamente uno de los prejuicios más extendidos sobre las organizaciones sociales.

—Nuestra lucha no es por un plan. Es por trabajo.

Y plantea una ecuación simple.

—Si mañana me dan un trabajo, que se queden con los 78 mil pesos. Yo quiero trabajar. Nosotros sabemos trabajar.

Reconoce que los cortes de calle generan molestias.

Que nadie disfruta de pasar horas bajo el frío o el calor.

—No queremos cortar calles. Pero lo hacemos porque estamos peleando por nuestros derechos.

Después deja una advertencia.

—Agradezcan si hoy tienen trabajo. Porque están cerrando empresas todos los días. Mañana les puede tocar estar de este lado.

Para ella, la pobreza no distingue ideologías.

Puede alcanzar a cualquiera.

—Que den gracias de que hoy no les toca estar del lado del pueblo que pasa necesidades.

La dignidad todavía no tiene precio
Antes de despedirse, Soledad recuerda a Jorgelina, una compañera de Cabín 9 que ese día no pudo asistir a la entrevista porque había conseguido una changa de limpieza. Su marido, albañil, seguía buscando trabajo.

Había dejado grabado un testimonio que, para Soledad, resume el sentimiento de muchas familias.

Jorgelina se preguntaba qué buscaba realmente el Gobierno enfrentando a quienes protestan con quienes pasan por la calle. Contaba que mientras algunos automovilistas ofrecían palabras de aliento, otros insultaban sin detenerse a pensar por qué había personas manifestándose.

También describía una escena que, según dice, se repite en muchos hogares: madres que toman mate y comen una sola vez al día para que sus hijos puedan hacer las cuatro comidas.

Recordaba que con los 78 mil pesos apenas alcanza para comprar un poco de carne y algo de mercadería, cuando esa ayuda no está ya comprometida con las deudas del almacén del barrio.

—Nadie vive con eso. Es solamente una ayuda.

Y cerraba con una frase que Soledad escucha en silencio y hace propia:

"No nos gusta estar en la calle con frío o con calor. Pero tampoco nos vamos a quedar callados. Vamos a luchar por nuestros derechos porque la dignidad todavía no tiene precio".

Soledad asiente.

Dice que Jorgelina habló con la voz quebrada porque describió exactamente lo que viven todos los días en los barrios.

Otras voces, la misma realidad
Las palabras de Soledad no quedan solas.

Se repiten, con distintos matices, en los testimonios de otras referentes de la Corriente Clasista y Combativa que viven y militan en distintos barrios de Rosario y la región.

Aunque cambian los nombres y los territorios, las preocupaciones aparecen una y otra vez: la dificultad para acceder a la salud, la pérdida del poder adquisitivo, la falta de trabajo y el temor a que desaparezcan los programas sociales que, aseguran, hoy funcionan como un sostén para muchas familias.

Jorgelina, también de Cabín 9, describe una realidad marcada por la incertidumbre. Para ella, el reclamo no pasa solamente por un programa social, sino por la posibilidad de acceder a derechos básicos: una salud pública que funcione, trabajo digno y mejores condiciones de vida.

En el mismo barrio, Roxana pone el foco en los problemas cotidianos que atraviesan a los vecinos. Menciona la falta de servicios esenciales, las dificultades con el agua potable, la inseguridad y un dispensario donde, según relata, muchas veces no hay turnos ni profesionales disponibles.

Nancy comparte un diagnóstico similar. Cuenta que cada vez ve más jubilados obligados a volver a trabajar porque sus ingresos ya no alcanzan para cubrir medicamentos y necesidades básicas. A eso suma la dificultad de muchas familias para conseguir empleos estables y la necesidad de sobrevivir con trabajos informales.

Fiama habla de otro aspecto de la crisis: el impacto sobre quienes necesitan tratamientos médicos o acompañamientos específicos. Señala la preocupación por la falta de medicamentos, la situación de las personas con discapacidad y el retroceso de programas que, según sostiene, eran fundamentales para muchas familias.

Cintia vuelve sobre la situación del sistema sanitario. Describe las dificultades para conseguir turnos pediátricos y una sensación de abandono que, dice, atraviesa a quienes necesitan atención médica en los barrios.

Rosinela insiste en una idea que aparece en varios testimonios: los 78 mil pesos no alcanzan para vivir, pero representan una ayuda que muchas familias necesitan para complementar changas y sostener la comida diaria.

Desde barrio Godoy, Susana plantea que los problemas se repiten en distintos territorios. Habla de vecinos que deben esperar horas para conseguir atención médica. Resume esa sensación con una frase que, para ella, describe una realidad extendida:

—Es la misma cagadita con diferente olor.

Pilar reconoce que el monto del programa es insuficiente, pero sostiene que quitarlo significaría agravar todavía más la situación de muchas familias que ya viven al límite.

Sabrina resume su mirada con una frase simple:

—Donde vayas se ve la necesidad.

Para ella, el problema no pertenece a un solo barrio, sino que atraviesa distintos sectores de la ciudad.

Valeria plantea que el desafío debería ser transformar esas ayudas en oportunidades reales de trabajo. Sostiene que quienes reciben un programa también buscan capacitarse, conseguir empleo y mejorar sus condiciones de vida.

Roxana, otra de las referentes consultadas, coincide en que la salida no está en eliminar los programas sociales, sino en fortalecer los controles y, al mismo tiempo, generar herramientas concretas de capacitación e inserción laboral.

Más allá de las diferencias entre cada historia, todas las voces coinciden en un punto: la protesta, para ellas, no nace de la comodidad ni de una negativa a trabajar.

Nace de una situación que describen como límite y de la necesidad de hacerse visibles.

Escuchá la entrevista completa:

viernes, 24 de julio de 2026

Javier Milei designó a Fernando Subirats como nuevo subsecretario de Comunicación y Medios Públicos

El actual director de Radio Nacional asumirá el 1° de agosto al frente del área encargada de la gestión operativa y de contenidos de los medios públicos nacionales. Su nombramiento se da en paralelo con una reestructuración de la Secretaría de Comunicación y Medios y de la Vocería Presidencial
El Gobierno nacional oficializó este viernes la designación de Fernando Nicolás Subirats como nuevo subsecretario de Comunicación y Medios Públicos, un área que depende de la Secretaría de Comunicación y Medios de la Presidencia de la Nación, encabezada por Fabián Fernández.

La medida quedó establecida mediante el Decreto 649/2026, publicado este viernes en el Boletín Oficial. En su artículo 1°, la norma dispone: "Desígnase, a partir del 1 de agosto de 2026, en el cargo de Subsecretario de Comunicación y Medios Públicos de la Secretaría de Comunicación y Medios de la Presidencia de la Nación al señor Fernando Nicolás Subirats".

Subirats dejará así la dirección de Radio Nacional para asumir una función estratégica dentro de la estructura de comunicación del Gobierno. Desde su nuevo cargo tendrá bajo su responsabilidad la gestión operativa de los medios públicos nacionales y la supervisión de los contenidos que producen y difunden.

La subsecretaría que encabezará tiene bajo su órbita a Radio y Televisión Argentina (RTA), Radio Nacional, la TV Pública y Contenidos Públicos, además de intervenir en la planificación de la estrategia de comunicación vinculada a esos organismos.

Desde el Poder Ejecutivo señalaron que la designación forma parte de una nueva etapa de reorganización del área de Comunicación y Medios, con el objetivo de fortalecer la estrategia comunicacional del Gobierno y optimizar la administración del sistema de medios estatales durante el segundo semestre de 2026.

Trayectoria
Subirats desarrolló gran parte de su carrera en medios públicos y privados. Es periodista, productor de contenidos, docente universitario y psicólogo social.

Se formó en el Círculo de la Prensa y trabajó durante una década en Radio Mitre, para luego incorporarse a Radio Continental. También integró el staff del diario El Cordillerano y participó en diversos proyectos periodísticos.

Entre 2019 y 2025 formó parte de Alpha Media Group, donde se desempeñó primero como gerente de Contenidos y Programación de Radio Rivadavia y posteriormente como gerente periodístico del grupo. Desde esa función tuvo a su cargo la estrategia editorial de emisoras como Rock & Pop, Metro, Splendid y de la agencia Noticias Argentinas.

Su vínculo con los medios públicos comenzó en 2016, cuando ingresó a Radio Nacional como gerente periodístico. Dos años después fue designado subdirector y entre diciembre de 2018 y diciembre de 2019 ejerció la dirección ejecutiva de la emisora estatal.

En junio de 2025 regresó a la conducción de Radio Nacional, tras la salida de Héctor Cavallero, y quedó nuevamente al frente de la red federal de emisoras.

Cambios en la estructura de Comunicación
La designación de Subirats coincide con una serie de modificaciones impulsadas por el Gobierno en la estructura de la Secretaría de Comunicación y Medios y de la Vocería Presidencial.

A través del Decreto 653/2026, el Poder Ejecutivo reorganizó la Secretaría de Vocería Presidencial, actualmente a cargo de Adrián Ravier, mediante la supresión y homologación de distintas dependencias para consolidar una nueva estructura bajo la Subsecretaría de Discurso, Monitoreo y Comunicación Digital.

El nuevo organigrama y las funciones correspondientes fueron aprobados mediante una resolución firmada por el secretario de la Secretaría de Vocería Presidencial, Adrián Osvaldo Ravier, el pasado 17 de julio en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa, y rubricada por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete de Ministros, Diego Santilli.

Según el esquema de responsabilidades aprobado, la Dirección Nacional de Discurso tendrá la misión de asistir en la definición de los lineamientos comunicacionales del Presidente, colaborar en la elaboración de discursos y mensajes institucionales y coordinar la difusión de la agenda presidencial.

Por su parte, la Dirección Nacional de Monitoreo y Análisis será responsable de supervisar el cumplimiento de la estrategia de contenidos, relevar información sobre la gestión y garantizar la coherencia de los mensajes institucionales con las políticas públicas del Gobierno.

La Dirección Nacional de Comunicación Digital tendrá a su cargo el diseño de las estrategias y contenidos digitales del Presidente y de la Presidencia de la Nación, además de supervisar las campañas orgánicas en redes sociales. La estructura se completa con la Dirección Operativa de Comunicación Digital y sus coordinaciones dedicadas a contenidos digitales, gestión comunicacional y planificación logística.

Con estos cambios, el Gobierno busca consolidar una nueva organización para la conducción de la comunicación oficial y la administración de los medios públicos nacionales.

Nuevo director en Radio Nacional
Con la asunción de Fernando Subirats como subsecretario de Comunicación y Medios Públicos Nicolás Yacoy será el nuevo director de Radio Nacional AM870.

Yacoy forma parte de la emisora desde hace algunos años y actualmente se desempeña como gerente de Noticias de Radio Nacional. Además, conduce la primera mañana con el ciclo "Primer Round", de 7 a 10.

El periodista también quedó en el centro de una polémica en mayo pasado, cuando durante su programa se emitió un fragmento de un discurso del ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo. Al creer que el micrófono del funcionario permanecía cerrado, Yacoy realizó un comentario al aire en el que cuestionó la forma de hablar del ministro, señalando que "habla mal". El episodio generó repercusiones dentro del ámbito de la comunicación pública.

jueves, 23 de julio de 2026

Paramount pide frenar el bloqueo de la fusión con Warner Bros

Paramount solicitó a una jueza federal la celebración de una audiencia probatoria de tres días a finales de agosto para evaluar la posibilidad de emitir una orden judicial preliminar que suspenda su adquisición de Warner Bros. Discovery mientras avanza el proceso judicial.

La petición se produjo luego de que la jueza federal de distrito Araceli Martínez-Olguín dictara el lunes una orden de restricción temporal que paraliza la operación durante dos semanas y fijara una audiencia para el 3 de agosto, en la que analizará la posibilidad de extender esa suspensión mediante una medida cautelar preliminar. La orden responde a la demanda antimonopolio presentada la semana pasada por California y otros once estados.

En un escrito presentado el miércoles, el equipo legal de Paramount pidió que la audiencia probatoria se celebre durante la semana del 17 o del 24 de agosto. Asimismo, indicó que la compañía aceptaría una extensión de la orden de restricción temporal vigente "para cubrir el período hasta que el tribunal emita su decisión".

Los abogados de la empresa sostienen que los fiscales generales buscan una medida "extraordinaria y drástica", al pretender bloquear la fusión durante al menos ocho meses sin que Paramount tenga la oportunidad de presentar plenamente sus pruebas.

En su presentación, la defensa argumenta que la propia jueza ya reconoció que las pruebas aportadas por los demandados "generan controversias sobre los hechos" que requieren un análisis más profundo. Según Paramount, una audiencia probatoria permitiría resolver cuestiones fundamentales como la definición del mercado relevante, la verdadera dinámica competitiva, las barreras a la expansión y los incentivos económicos de las partes.

"La resolución de estas controversias fácticas es esencial para determinar si los demandantes han cumplido con su carga de demostrar que la operación reduciría sustancialmente la competencia. No lo han hecho", sostuvieron los abogados de la compañía.
Ver también: Una jueza de California suspende temporalmente la compra de Warner Bros. Discovery por Paramount Skydance
La presión de la fecha límite
Uno de los principales argumentos de Paramount gira en torno al plazo del 30 de septiembre, fecha a partir de la cual la empresa deberá pagar a Warner Bros. Discovery una tarifa de gestión de 7 millones de dólares diarios si la transacción aún no se ha cerrado.

El equipo legal encabezado por Jeffrey Kessler advirtió que una medida cautelar preliminar podría prolongar la incertidumbre comercial y costarle a Paramount más de 1.000 millones de dólares entre tarifas de gestión y otros costos adicionales.

Disputa por el calendario judicial
La jueza había establecido inicialmente un calendario que contemplaba la presentación del escrito principal de la Fiscalía General el jueves, la respuesta de Paramount el lunes siguiente y la réplica de los estados el 30 de julio.

Sin embargo, la empresa propuso modificar ese cronograma para presentar los escritos iniciales el 28 de julio, su respuesta el 7 de agosto y la réplica de la Fiscalía General el 12 de agosto, con el objetivo de permitir la realización de una audiencia probatoria posterior.

La Fiscalía General se opuso al cambio de calendario, al considerar que Paramount intenta modificar el proceso a último momento.

Durante la audiencia sobre la orden de restricción temporal celebrada la semana pasada, el abogado de los estados, James Weingarten, ya había rechazado una propuesta anterior de Paramount por considerar que aceleraba innecesariamente el litigio. "Tener a dos expertos enfrascados en una disputa sobre alimentos en un mes solo desperdiciará el tiempo y los recursos de todos, si es que eso es posible", afirmó.

También interviene el Sindicato de Guionistas
Por otra parte, el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos (Writers Guild of America) presentó una solicitud independiente de medida cautelar preliminar y busca que su audiencia se celebre junto con la de los estados el 3 de agosto.

No obstante, el equipo legal de Paramount sostuvo que ese calendario "no era factible", aunque señaló que una audiencia conjunta sí podría realizarse en una fecha posterior durante el mes de agosto.
Fuente: Ted Johnson, editor político de Deadline

martes, 21 de julio de 2026

Una jueza de California suspende temporalmente la compra de Warner Bros. Discovery por Paramount Skydance

La Justicia estadounidense ordenó frenar por al menos dos semanas el cierre de la operación de US$110.000 millones tras una demanda presentada por 12 estados que consideran que la fusión tendría efectos anticompetitivos. La audiencia clave será el 3 de agosto

Los estados demandantes sostienen que la empresa combinada concentraría cerca del 27% de la distribución cinematográfica y reduciría la competencia en Hollywood. Paramount rechaza las acusaciones y afirma que la operación beneficiará a consumidores y a la industria.

La Justicia de Estados Unidos ordenó este lunes suspender temporalmente la compra de Warner Bros. Discovery (WBD) por parte de Paramount Skydance, al considerar que los estados demandantes presentaron argumentos suficientes para sostener que la operación podría generar efectos anticompetitivos.

La jueza federal del Distrito Norte de California, Araceli Martínez-Olguín, emitió una orden de restricción temporal que impide cerrar la transacción, valuada en US$110.000 millones, hasta al menos el próximo 3 de agosto, cuando se celebrará una audiencia para analizar una medida cautelar que podría bloquear la fusión mientras se resuelve la demanda.

En su resolución, la magistrada sostuvo que los estados presentaron "elementos sólidos" respecto del potencial anticompetitivo del acuerdo y afirmó que "el equilibrio de intereses y el interés público se inclinan claramente a favor de los Estados demandantes".

La orden prohíbe a Paramount, Warner Bros. Discovery y a sus agentes, funcionarios, empleados, abogados y cualquier otra persona vinculada con la operación "cerrar o consumar cualquier medida directa o indirecta para integrar o consolidar sus operaciones". En consecuencia, las empresas tampoco podrán continuar avanzando en el proceso de integración hasta nueva decisión judicial.

La demanda fue presentada la semana pasada por una coalición de 12 estados encabezada por California y secundada por Arizona, Colorado, Connecticut, Massachusetts, Minnesota, Nevada, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Oregón y Washington, todos gobernados por demócratas. La acción judicial constituye además un desafío directo a la decisión del Departamento de Justicia (DOJ), que en junio había aprobado la operación sin exigir modificaciones.

Los estados argumentan que la adquisición eliminaría competencia en la industria del entretenimiento y violaría la legislación federal antimonopolio de 1914, que prohíbe las fusiones susceptibles de reducir sustancialmente la competencia.

Según la demanda, la compañía resultante concentraría aproximadamente el 27% del mercado de distribución de películas de estreno en salas de cine y una participación similar en las licencias de canales básicos de televisión por cable. Además, controlaría más del 30% del segmento de los grandes estrenos taquilleros.

El fiscal general de California, Rob Bonta, calificó la operación de "ilegal" y advirtió que la unión de dos de las cinco principales distribuidoras cinematográficas de Hollywood derivaría en "precios más altos, menor calidad y menos contenido" para los consumidores.

Tras conocerse la decisión judicial, Bonta celebró la medida como "una primera victoria crucial en nuestro caso para garantizar que esta megafusión nunca se produzca" y afirmó que "la ley está de nuestro lado y estamos deseando seguir defendiendo nuestra causa".

A la demanda también se sumó el Sindicato de Guionistas de Hollywood (WGA), una organización que representa a cerca de 20.000 profesionales de la industria. El gremio sostiene que la operación provocará una pérdida masiva de empleos debido a los recortes de costos derivados de la reducción de competidores.

Paramount rechazó las acusaciones y aseguró que continuará defendiendo la legalidad de la transacción.

"Esta fusión es legal, procompetitiva y beneficiará a los consumidores, creadores, trabajadores y a la industria del entretenimiento", señaló un portavoz de la compañía. En declaraciones a la revista Variety, agregó que el fallo "preserva el statu quo mientras el tribunal analiza las cuestiones antimonopolio planteadas".

La operación recibió la aprobación del Departamento de Justicia el pasado 12 de junio. Las autoridades concluyeron entonces que la compra no perjudicaría la competencia en los mercados de televisión, plataformas de streaming y producción de contenidos. Incluso sostuvieron que la empresa combinada podría fortalecer su capacidad para competir frente a los principales actores del negocio del streaming y de los medios digitales.

De concretarse la adquisición, Paramount Skydance pasará a controlar una amplia cartera de activos que incluye CNN, Warner Bros. Pictures y el servicio de streaming HBO Max.

La operación también adquirió un marcado componente político. El presidente Donald Trump manifestó su intención de intervenir en el acuerdo, mientras el futuro de CNN, uno de los medios que critica con mayor frecuencia, permanece bajo incertidumbre.

La compra representa además un importante triunfo para David Ellison, dueño de Skydance Media. Su padre, Larry Ellison, cofundador de Oracle y aliado político de Trump, financió buena parte de la adquisición.

La disputa por Warner Bros. se remonta al año pasado, cuando Paramount y Netflix compitieron por quedarse con el histórico estudio cinematográfico y su catálogo. Aunque parte de Hollywood respaldó inicialmente la oferta de Netflix, Paramount continuó elevando su propuesta hasta que la plataforma de streaming abandonó la puja en febrero.

Mientras tanto, la operación enfrenta un segundo frente regulatorio en la Unión Europea, donde las autoridades de competencia continúan revisando el acuerdo antes de decidir si autorizan la fusión.
Foto: Patrick T. Fallon
Fuentes: Agencias EFE y AFP

lunes, 20 de julio de 2026

Grave acto de intimidación contra la periodista Mariana Mamaní: sustrajeron sus herramientas de trabajo y dejaron una amenaza en su escritorio

La periodista jujeña Mariana Mamaní denunció haber sido víctima de un grave hecho de intimidación en su domicilio particular, donde personas desconocidas ingresaron durante un corte de energía eléctrica, revolvieron toda la vivienda y se llevaron únicamente su computadora portátil y su cámara fotográfica, las principales herramientas con las que desarrolla su trabajo periodístico. Como único elemento dejado de manera deliberada, los intrusos colocaron un ejemplar de la Constitución de Jujuy reformada en 2023 sobre el soporte de su computadora, un gesto que la comunicadora interpretó como un mensaje directo hacia su labor profesional.

El episodio ocurrió durante la tarde-noche del viernes en el barrio Villa Jardín de Reyes, cuando gran parte de la zona permanecía sin suministro eléctrico a raíz de los fuertes vientos del norte. Mamaní había salido de su casa junto a su hija y regresó alrededor de las 21.30, momento en que advirtió que una ventana lateral corrediza había sido forzada. Al ingresar encontró la vivienda completamente revuelta.

Según relató, los autores del hecho recorrieron todos los ambientes, revisaron cajones y dormitorios, incluso el cuarto de su hija, pero no rompieron muebles ni se llevaron dinero, televisores u otros objetos de valor que permanecían a la vista. En cambio, sustrajeron únicamente una computadora portátil —que ni siquiera estaba expuesta— y una cámara fotográfica utilizada para sus coberturas periodísticas.

La escena que terminó de convencerla de que no se trató de un robo común fue encontrar un ejemplar de la Constitución Provincial reformada en 2023 colocado sobre el soporte donde habitualmente trabaja.

"Ese ejemplar lo había estado utilizando esa misma mañana para revisar temas vinculados a tierras fiscales y lo había dejado sobre una silla. Cuando llegué lo encontré colocado cuidadosamente sobre el soporte de la computadora. Ahí entendí que el mensaje era para mi trabajo", explicó.

"No fue un robo, fue una amenaza"
Durante una conferencia de prensa realizada en la explanada de Tribunales, acompañada por colegas, sindicatos y organizaciones sociales, Mamaní fue contundente al definir lo ocurrido.

"Tengo que ser clara: no fue un robo, fue una amenaza", afirmó.

La periodista sostuvo que el hecho estuvo dirigido específicamente contra su actividad profesional.

"Entraron a mi casa, revolvieron todo, sabían perfectamente quién soy y qué hago. No tocaron otros objetos de valor. Se llevaron solamente las herramientas con las que trabajo y dejaron la Constitución. Es horrible sentir que invadieron mi espacio de trabajo y que el mensaje fue directamente hacia mi labor. Algo molestó a alguien", expresó.

Mamaní remarcó que el episodio constituye un ataque no solo contra ella sino también contra el ejercicio del periodismo.

"Quiero que esto se investigue, que se garantice para todos el ejercicio de la profesión, la libertad de expresión, la libertad de prensa, el derecho a la comunicación y el derecho a la información."

También recordó que su portal informativo, Jujuy Dice, ya había sufrido anteriormente hackeos y bloqueos, aunque aseguró que esta vez "se pasaron todos los límites" al vulnerar su domicilio particular.

Reclamos al Gobierno y al Ministerio Público de la Acusación
Tras radicar la denuncia policial durante la madrugada del sábado, la periodista reclamó una respuesta urgente del Ministerio Público de la Acusación y del Gobierno provincial.

Cuestionó que, transcurridas más de 48 horas del episodio, ninguna autoridad del Poder Ejecutivo, del Poder Judicial ni del MPA se hubiera comunicado con ella.

"Varios legisladores me llamaron para solidarizarse, pero del Poder Ejecutivo, del Judicial o del Ministerio Público de la Acusación nadie se comunicó. Necesitamos garantías de seguridad para ejercer la profesión y proteger a nuestras familias."

Horas antes de la conferencia de prensa, Mamaní concurrió personalmente a la Casa de Gobierno para solicitar una audiencia urgente con el ministro de Gobierno, Justicia, Derechos Humanos y Trabajo, Normando Álvarez García. Aunque el funcionario no se encontraba en su despacho, la solicitud quedó presentada con carácter urgente debido a la gravedad del hecho.

Mientras tanto, la periodista gestiona medidas de protección para su vivienda y su familia.

"No debería estar pidiendo seguridad para poder ejercer mi profesión tranquila", manifestó.

La investigación quedó a cargo del ayudante fiscal Agustín Oroza, mientras trabajan en el caso la Brigada de Investigaciones y Criminalística.

Un mensaje intimidatorio
El colectivo Periodistas Unidxs Autoconvocadxs de Jujuy (PUAJ) consideró que el episodio constituye un claro acto de intimidación contra una periodista independiente.

En un comunicado señalaron que el ingreso al domicilio, el robo selectivo de las herramientas de trabajo y la colocación de la Constitución Provincial representan un ataque dirigido hacia el ejercicio de la libertad de prensa.

Destacaron además que Mariana Mamaní es una de las pocas periodistas de la provincia que mantiene una cobertura permanente sobre conflictos por la tierra, comunidades indígenas, desalojos, derechos humanos, luchas feministas y denuncias de persecución a voces críticas.

"Es una voz comprometida que con rigor periodístico cuenta lo que pasa, aquello que muchas veces permanece invisible para el establishment comunicacional de Jujuy. También es una de las pocas periodistas que logra instalar estos temas a nivel nacional."

El colectivo exigió a los tres poderes del Estado provincial que repudien públicamente lo sucedido, impulsen una investigación rápida y efectiva para identificar a los responsables y garanticen la seguridad tanto de Mariana Mamaní como de toda su familia.

Amplio repudio y solidaridad
El caso provocó una fuerte reacción dentro y fuera de Jujuy.

Organizaciones periodísticas como el Foro de Periodismo Argentino (FoPeA), el Sindicato de Prensa, colectivos de periodistas, organismos de derechos humanos, gremios docentes y referentes políticos expresaron su solidaridad con la periodista y reclamaron el inmediato esclarecimiento del hecho.

Los distintos pronunciamientos coincidieron en advertir que el episodio constituye una grave amenaza contra la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a recibir información.

Diversas organizaciones señalaron además que el ataque no puede interpretarse como un delito común debido al carácter selectivo del robo y al mensaje dejado dentro de la vivienda.

"Esto no debería pasarle a nadie"
En distintas entrevistas concedidas tras el episodio, Mamaní evitó señalar responsables concretos, aunque insistió en que el mensaje fue dirigido hacia su actividad periodística.

"Puedo pensar muchas cosas, pero no puedo salir a culpar a nadie sin pruebas. Lo que sí sé es que esto no debería pasarle a nadie."

La periodista aseguró que continuará ejerciendo su profesión y reclamando el esclarecimiento del caso.

"Esto me pasó a mí, pero es un mensaje para todos. Lo único que pido es que se investigue, que el Estado responda y que podamos trabajar con garantías, sin miedo y con libertad."

domingo, 19 de julio de 2026

La energía que se fuga: cómo la crisis nuclear pone en juego una capacidad construida durante décadas

La salida de profesionales, la incertidumbre sobre proyectos como el CAREM y la discusión por el futuro de Nucleoeléctrica vuelven a poner en el centro una pregunta clave: qué ocurre cuando un país pierde capacidades tecnológicas que llevó generaciones construir.

La industria nuclear argentina atraviesa una de sus etapas más tensas de las últimas décadas. Los despidos en organismos estratégicos, la incertidumbre sobre proyectos tecnológicos, el debate por el futuro de Nucleoeléctrica Argentina y la apertura a una mayor participación privada volvieron a poner en discusión el rumbo de un sector que durante más de siete décadas construyó capacidades propias.

Nicolás Malinovsky observa en Señales ese escenario desde un lugar particular: combina la formación de ingeniero electricista, una maestría en Gestión de Energía, la experiencia laboral dentro de Nucleoeléctrica Argentina y el estudio de la política energética. Es autor de Crítica de la Energía Política, una obra donde analiza la relación entre energía, desarrollo económico y geopolítica.

Su diagnóstico es contundente: el sistema nuclear argentino atraviesa una situación crítica que excede una discusión presupuestaria y pone en juego la continuidad de conocimientos acumulados durante generaciones.

"Está muy clara la situación crítica que vive el sector nuclear. Yo diría que ya estamos en un estado de emergencia", afirma.

El cambio de rumbo, explica, comenzó con la llegada del gobierno de Javier Milei y significó una ruptura con la orientación que Argentina había sostenido en materia nuclear durante los últimos años.

Una tradición tecnológica construida durante 76 años
La historia del desarrollo nuclear argentino comenzó en 1950 con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), durante la presidencia de Juan Domingo Perón. Desde entonces, el país desarrolló una trayectoria propia que incluyó investigación científica, formación de especialistas, construcción de reactores experimentales y, posteriormente, generación de electricidad mediante centrales nucleares.

"Ahí empieza a desarrollarse todo un componente de investigación vinculado a un fuerte desarrollo tecnológico en el sector nuclear", recuerda Malinovsky.

Ese recorrido convirtió a la Argentina en uno de los países con mayor experiencia nuclear de América Latina. El sistema se apoyó durante décadas en instituciones estatales, universidades, centros de investigación y empresas públicas capaces de sostener proyectos de alta complejidad.

La comparación con la década de 1990 aparece como un antecedente. En aquel período, las políticas de reducción del Estado también afectaron áreas estratégicas y frenaron algunos desarrollos tecnológicos.

La diferencia actual está en la velocidad del deterioro y en el impacto sobre los equipos humanos que sostienen el funcionamiento cotidiano del sistema.

El ajuste y la salida de trabajadores especializados
Uno de los primeros efectos de la nueva política energética fue la reducción presupuestaria. El objetivo oficial de alcanzar el "déficit fiscal cero" implicó recortes en distintas áreas estatales, entre ellas organismos vinculados a la ciencia, la investigación y el desarrollo tecnológico.

Dentro del sistema nuclear, el impacto más visible fue el deterioro salarial y la salida de profesionales especializados.

"Cuando uno habla de un conocimiento estratégico, quien posee ese conocimiento es principalmente la masa laboral", explica Malinovsky.

En una industria donde la formación puede demandar años, la pérdida de trabajadores no representa solamente una baja de personal. Técnicos, ingenieros e investigadores concentran saberes construidos a partir de experiencia acumulada dentro de proyectos específicos.

La consecuencia es una fuga de profesionales hacia empresas privadas u otros sectores que ofrecen mejores condiciones laborales.

"Los profesionales están yendo al sector privado o a otras áreas porque claramente es imposible pensar en un desarrollo profesional y menos en un sustento económico para una familia", señala.

El problema, advierte, no es únicamente cuántas personas abandonan un organismo, sino qué ocurre cuando se desarman equipos completos de trabajo.

Nucleoeléctrica y CAREM: dos símbolos de una nueva etapa
La discusión sobre el futuro nuclear argentino tiene dos nombres centrales: Nucleoeléctrica Argentina y el reactor CAREM.

Nucleoeléctrica es la empresa estatal encargada de operar las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, además de participar en el desarrollo de nuevas instalaciones. La Ley Bases incluyó a la compañía entre las empresas susceptibles de privatización, habilitando la posibilidad de una participación privada de hasta el 49% del capital.

El cambio no es menor: desde la creación del sistema nuclear argentino, el Estado tuvo un rol central en la planificación y conducción de esta actividad estratégica.

"El Estado ahora intenta privatizar la mitad de esa empresa", sostiene Malinovsky.

El otro gran punto de conflicto es el CAREM, un reactor modular pequeño diseñado para posicionar a Argentina dentro de una tecnología que varios países buscan desarrollar.

El proyecto comenzó en 2014 y fue declarado de interés nacional mediante la Ley 26.566. Al momento de su paralización, contaba con un avance estimado cercano al 65% y una inversión acumulada de alrededor de 700 millones de dólares.

"Es el proyecto más importante que iba a tener la Argentina en estas décadas de desarrollo científico y tecnológico", afirma.

El reactor pasó así de ser una apuesta estratégica para la industria nacional a convertirse en uno de los principales escenarios de disputa sobre el futuro del sector.

De la pérdida de capacidades públicas a la absorción privada
El conflicto por el futuro nuclear argentino no se limita a los proyectos detenidos o a la discusión presupuestaria. Uno de los puntos más sensibles aparece en el movimiento de trabajadores especializados desde organismos estatales hacia nuevas estructuras privadas.

Ese proceso quedó expuesto luego de los despidos registrados en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Durante el año, aproximadamente el 20% de los trabajadores contratados del organismo recibieron telegramas de despido, afectando áreas técnicas vinculadas a distintas especialidades.

"Eran trabajadores de todas las áreas técnicas y todas las áreas vinculadas a distintas especificidades que hace la comisión", explica Malinovsky.

Poco después, el Gobierno anunció el desarrollo de un nuevo reactor nuclear con una inversión estimada en 1.200 millones de dólares, un proyecto que estará a cargo de Meitner Energy, una empresa vinculada al ecosistema tecnológico de INVAP.

La compañía se presenta como una iniciativa privada orientada al desarrollo nuclear, aunque su aparición abrió un debate sobre el origen de los recursos humanos que sostendrán ese proyecto.

Según describe Malinovsky, parte de los profesionales que comenzaron a incorporarse a esa estructura provienen de organismos y empresas estatales del sector.

"Meitner Energy está conformando su compañía con todos los trabajadores que se están yendo de Nucleoeléctrica Argentina, de la Comisión Nacional de Energía Atómica o de otras áreas del sector nuclear", afirma.

El traslado de esos perfiles plantea una discusión más amplia: qué ocurre cuando el Estado deja de sostener capacidades que luego pueden ser aprovechadas por actores privados.

"Estamos dando un negocio servido a empresas de capital, en este caso norteamericano", sostiene.

La preocupación central no está puesta solamente en la salida individual de profesionales, sino en el tiempo necesario para reconstruir equipos capaces de llevar adelante proyectos de alta complejidad.

Formar un ingeniero con experiencia en tecnología nuclear requiere años de educación, entrenamiento y participación en proyectos concretos. La pérdida de esos perfiles implica, por lo tanto, una reducción de capacidades que no puede compensarse de manera inmediata.

La universidad como parte del sistema nuclear

El desarrollo nuclear argentino no depende únicamente de reactores y centrales. Detrás existe una estructura de formación integrada por universidades, institutos científicos y organismos especializados.

Por eso, el deterioro del sistema universitario aparece como otra pieza del mismo problema. La formación de nuevos profesionales requiere carreras sólidas, investigación sostenida y espacios donde puedan desarrollarse especialistas.

"El sistema universitario también es un área que hay que vincular a estas acciones del Gobierno nacional", señala Malinovsky.

La dificultad, plantea, no es solamente la situación actual, sino la posibilidad futura de recuperar una industria que necesita décadas de preparación.

Si los equipos de investigación, ingeniería y formación se debilitan, incluso una futura decisión política de relanzar proyectos estratégicos encontraría una barrera difícil de superar: la falta de personas capacitadas para llevarlos adelante.

La dimensión geopolítica de la disputa nuclear
La discusión sobre el sector nuclear argentino también tiene una dimensión internacional. La energía, los minerales estratégicos y las tecnologías asociadas se transformaron en piezas centrales de la competencia global entre potencias.

En esa disputa aparece Estados Unidos como un actor relevante. El interés por los pequeños reactores modulares, los minerales críticos y las cadenas de suministro energéticas forma parte de una estrategia global para reducir dependencias y asegurar recursos.

Malinovsky vincula ese escenario con los cambios recientes en la política nuclear argentina y con una mayor alineación del país con Washington.

Uno de los casos que menciona es el programa FIRST (Infraestructura Fundacional para el Uso Responsable de la Tecnología de Reactores Modulares Pequeños), una iniciativa impulsada por Estados Unidos para fortalecer la adopción internacional de pequeños reactores modulares. Argentina se incorporó al programa y posteriormente participó en actividades vinculadas con el desarrollo de esa tecnología.

La discusión, en este punto, gira alrededor de una pregunta: si la cooperación internacional fortalece las capacidades nacionales o si termina reemplazando el desarrollo propio por una dependencia tecnológica.

Uranio y minerales estratégicos: Argentina ante una nueva disputa global
El interés por los recursos naturales estratégicos suma otro capítulo al debate.

Argentina posee reservas de uranio y una historia vinculada a su explotación. El yacimiento Sierra Pintada, en Mendoza, fue uno de los principales proyectos del país hasta su cierre en la década de 1990.

El contexto internacional volvió a poner al uranio en el centro de la agenda. Estados Unidos posee una importante infraestructura nuclear, pero depende ampliamente del suministro externo para abastecer sus centrales.

La búsqueda de nuevos proveedores aparece especialmente vinculada a la decisión estadounidense de reducir su dependencia del uranio proveniente de Rusia.

En ese escenario, Argentina adquiere relevancia por sus recursos naturales.

"Javier Milei se lo pone en bandeja", afirma Malinovsky.

El punto de discusión, plantea, es si el país quedará limitado a exportar materias primas o si utilizará esos recursos para fortalecer una cadena tecnológica propia.

"Por un lado vemos la destrucción de capacidades autónomas y, por otro lado, la reconfiguración de una dependencia con Estados Unidos", resume.

El debate de fondo: qué modelo energético quiere Argentina
La discusión nuclear, en definitiva, supera el destino de un organismo, una empresa o un reactor específico.

Para Malinovsky, cada decisión forma parte de una transformación más amplia del modelo productivo argentino, donde sectores como energía, minería y tecnología ocupan un lugar central en la disputa económica internacional.

"El eje energético, los minerales críticos y los minerales estratégicos son fundamentales en esa carrera de disputa tecnológica y comercial", plantea.

El interrogante que queda abierto es si Argentina utilizará esas áreas estratégicas para construir capacidades propias o si se limitará a integrarse al mercado internacional como proveedor de recursos.

"El riesgo no es perder negocios, sino perder la capacidad de decidir qué país queremos tener", afirma.

El CAREM y la disputa por la explicación oficial
La polémica alrededor del reactor CAREM se convirtió en uno de los puntos más visibles de la discusión sobre el futuro nuclear argentino.

Luego de las críticas por la paralización del proyecto, el Gobierno difundió una explicación técnica para justificar la decisión. El argumento central fue que el reactor presentaba problemas de ingeniería que impedían continuar con su desarrollo en las condiciones previstas.

Malinovsky cuestiona esa interpretación y considera que la explicación busca justificar la cancelación de un proyecto que ya había atravesado una etapa avanzada de construcción.

"Están intentando justificar haber cancelado un reactor que estaba al 65% de construcción", afirma.

El ingeniero también pone el foco en la participación de algunos actores vinculados a esa evaluación. Menciona el caso de Eduardo Nies, quien fue presidente de Nucleoeléctrica Argentina y actualmente ocupa un cargo ejecutivo en Meitner Energy.

Para Malinovsky, esa situación merece ser observada porque involucra a personas relacionadas tanto con la evaluación crítica del CAREM como con una empresa privada que comenzó a incorporar trabajadores provenientes del sistema nuclear estatal.

De todos modos, reconoce que todo desarrollo tecnológico atraviesa procesos de revisión permanente.

"Cuando uno está hablando de un desarrollo tecnológico nuevo, todo el tiempo está haciendo evaluaciones, reevaluaciones, ajustes y correcciones", explica.

La discusión, entonces, no pasa por negar la existencia de desafíos técnicos, sino por la decisión política de continuar o abandonar un desarrollo estratégico.

Una capacidad construida durante generaciones
El caso CAREM concentra, para Malinovsky, el núcleo del debate actual: qué lugar ocupará Argentina dentro del mapa tecnológico internacional.

El país fue uno de los pocos en América Latina que logró desarrollar capacidades propias en materia nuclear y llegó a avanzar en el diseño de un reactor modular pequeño.

La interrupción del proyecto representa, desde esa perspectiva, algo más profundo que la suspensión de una obra de infraestructura. Implica la pérdida de una trayectoria tecnológica que llevó décadas construir.

"Es correr a la Argentina del mapa de los países con capacidades de construcción de reactores de este tipo", sostiene.

La advertencia atraviesa toda la discusión: una central, un reactor o una empresa pueden recuperarse con inversión; reconstruir comunidades técnicas, equipos especializados y conocimiento acumulado requiere mucho más tiempo.

La energía nuclear argentina se encuentra así frente a una definición de largo plazo. El debate ya no se limita a cuánto cuesta sostener un proyecto, sino a cuánto cuesta perder la capacidad de hacerlo.

La disputa por el futuro nuclear argentino combina cuestiones económicas, laborales, tecnológicas y geopolíticas. Los despidos en organismos públicos, el destino de Nucleoeléctrica, la paralización del CAREM y la llegada de nuevos actores privados forman parte de una misma discusión: qué papel tendrá el Estado en la construcción de capacidades estratégicas.

El problema central no es solamente la pérdida de inversiones o proyectos puntuales, sino la posibilidad de que el país abandone herramientas que tardó décadas en desarrollar.

La pregunta que queda abierta es si Argentina seguirá construyendo tecnología propia o si ocupará un lugar principalmente ligado a la provisión de recursos dentro de una disputa global por la energía y los minerales estratégicos.

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