martes, 26 de mayo de 2026

Grupo Werthein se queda con el 100% de TyC Sports tras comprar la parte de Clarín por USD 25 millones

El holding Waiken ILW consolidó el control total de la señal deportiva y reconfigura el negocio de los derechos televisivos en Argentina de cara al Mundial 2026
La operación incluye el 50% restante de TyC Sports y la productora Carburando. El movimiento fortalece la integración entre DSports, DirecTV, Flow y plataformas de streaming, mientras el Grupo Werthein acelera su expansión regional con una inversión proyectada de USD 450 millones hasta 2031.

En una de las operaciones más relevantes del mercado de medios y telecomunicaciones de los últimos años en Argentina, el holding regional Waiken ILW, perteneciente al Grupo Werthein, adquirió el 50% restante de TyC Sports que permanecía en manos del Grupo Clarín por un valor de USD 25 millones. De esta manera, el conglomerado empresario pasó a controlar el 100% de la histórica señal deportiva argentina.

La transacción también incluyó a la productora Carburando y consolida al Grupo Werthein como uno de los principales jugadores de la industria de contenidos deportivos en América Latina, con presencia en televisión satelital, streaming, conectividad, inteligencia artificial y distribución de derechos audiovisuales.

La compañía confirmó la operación mediante un comunicado oficial en el que explicó que la adquisición forma parte de una estrategia de expansión regional enfocada en "integrar estándares de producción de vanguardia y ofrecer la mejor experiencia de entretenimiento".

La operación ya fue informada oficialmente a la Comisión Nacional de Valores
La venta del paquete accionario de TyC Sports y Carburando ya fue formalmente comunicada por el Grupo Clarín ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), en una presentación realizada por Samantha Olivieri, responsable de Relaciones con el Mercado de Grupo Clarín S.A.

En el documento enviado al organismo regulador, la compañía informó que el Directorio tomó conocimiento de la aceptación de la oferta de venta realizada por su subsidiaria Inversora de Eventos S.A., titular de las participaciones accionarias en Tele Red Imagen S.A. —sociedad controlante de TyC Sports— y Carburando S.A.U.

Según la comunicación oficial, la oferta fue aceptada por Kindra International Limited, sociedad controlante de Torneos y Competencias, empresa integrada al holding regional Waiken ILW del Grupo Werthein.

La nota presentada ante la CNV confirma además que Inversora de Eventos S.A. suscribió el correspondiente contrato de cesión de acciones junto a Kindra International Limited y Torneos y Competencias S.A., formalizando así la transferencia accionaria.

El documento también ratifica el monto de la operación: Kindra se comprometió a pagar USD 25 millones como contraprestación por la cesión de las acciones, cifra que terminó sellando la salida definitiva del Grupo Clarín de la propiedad de TyC Sports y Carburando.

La presentación ante la CNV le da carácter oficial y regulatorio a una operación que redefine el mapa de medios deportivos en Argentina y consolida al Grupo Werthein como actor dominante en el negocio de transmisión y distribución de contenidos deportivos en la región. 
Un movimiento clave para el negocio del Mundial 2026
La compra tiene un impacto directo sobre el esquema de transmisión de la Copa Mundial de Fútbol 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.

Hasta ahora, DirecTV —también controlada por el Grupo Werthein a través de Waiken ILW— poseía la exclusividad regional de los 104 partidos del torneo. Sin embargo, la incorporación total de TyC Sports al ecosistema del holding abre la puerta a una redistribución estratégica de contenidos deportivos.

Como parte del nuevo esquema comercial, TyC Sports podrá transmitir 52 partidos en vivo, mientras que el resto serán emitidos en diferido. La señal además prepara una cobertura integral las 24 horas, con Hernán Feler y Ariel Senosiain como dupla principal para las transmisiones mundialistas.

Por su parte, DSports y la plataforma DGO mantendrán la exclusividad de los 104 encuentros en vivo y en directo para toda la región.
 
Así quedará repartido el Mundial 2026 en Argentina
  • TyC Sports: 52 partidos en vivo y cobertura permanente.
  • DSports / DGO: los 104 encuentros en exclusiva.
  • Telefe: 32 partidos, incluidos los de la Selección Argentina.
  • Disney+ / ESPN: 30 encuentros para streaming.
  • TV Pública: apenas 10 partidos y sin comercialización publicitaria propia.
La reorganización también traerá una mayor integración entre plataformas. Según trascendió, las señales de DSports comenzarán a incorporarse a la grilla de Flow, el servicio de TV y streaming del Grupo Clarín, mientras que usuarios de Paramount+ también podrían acceder a contenidos deportivos vinculados al Mundial.
 
Reconfiguración del mapa deportivo y de medios
La operación no solo redefine la propiedad de TyC Sports, sino que marca una nueva etapa en el mercado de contenidos deportivos de la región.

Waiken ILW viene desarrollando una estructura de negocios que combina telecomunicaciones, distribución audiovisual y tecnología. El holding ya opera en 11 países de América Latina y proyecta inversiones por USD 450 millones hasta 2031, con la posibilidad de una futura salida a bolsa en Estados Unidos.

Dentro de su cartera figuran compañías de televisión satelital, servicios de fibra óptica, fintech, software, inteligencia artificial y plataformas de streaming, además de señales deportivas y productoras de contenidos.

Desde la empresa señalaron que el objetivo de la integración es construir un ecosistema regional basado en infraestructura tecnológica, conectividad y gestión centralizada de derechos deportivos.

"La evolución responde a una planificación enfocada en la transmisión de eventos deportivos de alcance nacional e internacional", indicaron desde el holding, que además adelantó que buscará unificar calidad de imagen, producción, distribución y experiencia de usuario en todas sus pantallas.
 
El nuevo actor dominante del deporte televisado
Con esta adquisición, el Grupo Werthein pasa a controlar de manera directa una parte central del negocio deportivo argentino: derechos, producción, transmisión y distribución.

La consolidación de TyC Sports bajo la órbita de Waiken ILW fortalece la posición del holding frente a competidores tradicionales y acelera una tendencia de concentración de contenidos deportivos en grandes grupos multimedia con capacidad tecnológica y financiera regional.

El movimiento también deja en evidencia un nuevo modelo de alianzas entre empresas históricamente enfrentadas en el mercado audiovisual argentino. La futura presencia de DSports dentro de Flow y la convivencia de contenidos entre plataformas reflejan una lógica de cooperación comercial impulsada por el peso creciente de los derechos deportivos y la transformación del consumo audiovisual.

De cara al Mundial 2026, el resultado será un escenario fragmentado pero altamente competitivo, donde televisión abierta, cable, satélite y streaming convivirán en una de las disputas más importantes del negocio del entretenimiento en América Latina.
Fuente: Grupo Werthein, Señales

Memorias colectivas sobre una pared: la revolución barrial de la Biblioteca Popular Cachilo

La Biblioteca Popular Cachilo convirtió los recuerdos, los juegos y las voces de distintas generaciones en un mural colectivo que ya transforma una esquina de Rosario en un territorio de encuentro, belleza y memoria viva
Hacer lío para transformar el barrio
En la Biblioteca Popular Cachilo el "hacer lío" se volvió una forma de intervenir el barrio, de poblarlo de memoria y de belleza. Claudia Martínez lo dice en Señales, entre risas, con ironía y entusiasmo, mientras alrededor avanza el mural que comenzó a cubrir una enorme pared de avenida Presidente Perón y Rouillón. "La Cachilo está haciendo lío en el barrio", bromea la responsable de la Biblio, como si las pinceladas colectivas fueran una pequeña revolución cotidiana. Después corrige el tono humorístico y explica el verdadero sentido de esa agitación: transformar un espacio abandonado en un lugar de encuentro, color e historias compartidas.
Una memoria que se planta y cuenta

La iniciativa nació en el marco de los talleres de lectura que la biblioteca desarrolla cada año con bebés, infancias y familias del barrio. Para 2026 eligieron como eje "La memoria se planta y cuenta", una propuesta atravesada por los cincuenta años del golpe de Estado y por la necesidad de recuperar memorias comunitarias. A partir de allí comenzaron a trabajar con libros infantiles censurados durante la dictadura, pero también con relatos vivos: recuerdos de abuelos y abuelas, juegos tradicionales, historias de las calles y modos de habitar el barrio que todavía sobreviven en la memoria de los mayores.

Martínez cuenta que, frente a la sensación de abandono urbano, se preguntaron qué podían hacer desde su lugar, desde esos talleres de lectura que sostienen hace años. "¿Qué podemos hacer nosotros desde nuestro humilde lugar para que haya un poquito más de belleza en nuestros barrios, Villa Urquiza, Triángulo y Moderno?", recuerda. La respuesta apareció rápidamente: un mural que condensara las experiencias de los encuentros intergeneracionales y que pudiera llevar esas memorias al espacio público.
Los abuelos, los árboles y las infancias

La memoria, dice Claudia, tiene guardianes naturales en el barrio: "los abuelos y los árboles". A partir de esa idea organizaron talleres compartidos entre bebés, infancias y personas mayores. Uno de los encuentros estuvo dedicado especialmente a los juegos. Allí comenzaron a emerger recuerdos profundamente emotivos: las lagunas que existían décadas atrás, las calles convertidas en canchas improvisadas, los campitos, las rondas y los modos de jugar cuando había poco, pero alcanzaba para inventarlo todo.

Los talleres terminaron convirtiéndose en espacios de una intensidad inesperada. Martínez recuerda que muchas veces acababan todos llorando, atravesados por las historias que aparecían en la conversación. Los abuelos relataban cómo era crecer en el barrio años atrás, mientras los chicos sumaban sus propios juegos y experiencias actuales. En ese intercambio aparecieron continuidades sorprendentes.

La rayuela y la escondida fueron algunos de los juegos que más se repitieron entre generaciones. También surgieron las canciones de ronda, y allí ocurrió algo que emocionó especialmente al grupo coordinador: algunos niños completaban fragmentos de canciones que los adultos mayores ya habían olvidado. La tradición oral, lejos de haberse perdido, reaparecía viva en las voces de las infancias. "Era increíble", resume Claudia, todavía sorprendida por esos cruces inesperados entre pasado y presente.
Libros, dibujos y recuerdos compartidos

Los libros ocuparon un lugar central en ese proceso. La biblioteca cuenta con una importante colección vinculada a juegos, rondas y tradiciones orales de distintas épocas. Cuando los abuelos comenzaron a hojear esos materiales, dice Martínez, "fue como tirar del hilito". Las imágenes y relatos dispararon recuerdos que parecían dormidos: el elástico, la soga, las bolitas, los zapatitos de charol, los picados improvisados y hasta las formas caseras de armar una cancha de vóley en la calle.

En medio de esas conversaciones surgió otra propuesta: empezar a dibujar juntos. Niños y mayores compartieron mesas, lápices y pinturas para transformar recuerdos en imágenes colectivas. Así nacieron las primeras escenas que hoy forman parte del mural. La obra, explica Claudia, contará una historia hecha de ilustraciones creadas por los propios participantes, donde abuelos y niños aparecerán unidos por los relatos y los juegos compartidos.

Aunque participaron hombres y mujeres, fueron sobre todo las abuelas quienes más se sumaron a la experiencia. Lo hicieron, cuenta Martínez, con entusiasmo y con una necesidad evidente de volver a ocupar espacios colectivos. Después de cada encuentro llegaban mensajes agradeciendo la experiencia, contando cuánto les había movilizado revivir recuerdos y sentirse escuchadas. Muchas expresaban que hacía tiempo no encontraban un lugar así, un espacio para compartir historias propias y recuperar algo de su vida comunitaria.
Volver a ser tribu

Para Claudia, allí aparece uno de los sentidos más profundos del proyecto: devolver valor a la palabra de los mayores y reconstruir vínculos intergeneracionales que muchas veces se debilitan en la vida cotidiana. Habla de "volver a ser tribu", de recuperar esa idea ancestral donde los mayores transmiten saberes, historias y modos de vivir a las nuevas generaciones. En los talleres de la Cachilo, esa transmisión sucede entre libros, dibujos, canciones y juegos, pero también en algo más simple y más potente: el tiempo compartido.

Mientras tanto, el mural sigue creciendo sobre la pared cedida solidariamente por el depósito Yema, con materiales aportados por la Mutual de la Asociación Médica y el trabajo colectivo de artistas, vecinos y familias. Desde mayo, cada sábado por la mañana, las manos vuelven a encontrarse frente a la pared para seguir pintando. Y en cada trazo queda algo de esas memorias que, como insiste el lema del proyecto, todavía se plantan y todavía cuentan.
Una pared que ya está siendo

Ese proceso, atravesado por el afecto y la emoción compartida, comenzó lentamente a tomar forma concreta sobre una pared del barrio. Lo que había nacido en rondas de lectura, conversaciones y dibujos colectivos empezó a convertirse en una obra visible, hecha entre muchas manos. Para Claudia Martínez, el mural representa justamente eso: la posibilidad de dejar una huella comunitaria, un testimonio colectivo de todo lo vivido en los talleres de la Biblioteca Popular Cachilo.

La pared elegida está en la intersección de Rouillón y Presidente Perón. Pero Claudia corrige enseguida cualquier referencia en futuro: el mural no "va a ser", el mural "ya está siendo". Desde hacía varios días muralistas y colaboradores trabajaban en el lugar preparando fondos y trasladando a gran escala las imágenes surgidas de los talleres. Ese día, además, sería el primero en que las infancias participarían directamente pintando sobre la pared.

La tarea no fue sencilla. Todas las producciones realizadas por niños, niñas, abuelos y abuelas debían convertirse en una composición común, capaz de reunir múltiples escenas y recuerdos en una única narrativa visual. Para eso se sumaron muralistas que ayudaron a organizar y dar marco a la enorme cantidad de ideas que habían aparecido en los encuentros.
Ariel Gabiniz y el arte como memoria activa
Entre quienes asumieron esa tarea aparece el artista, docente y muralista rosarino Ariel Gabiniz, reconocido por su trabajo artístico ligado a las memorias sociales y a las violencias urbanas que atraviesan la ciudad. Gabiniz impulsó la serie pictórica Reaparecidos, una colección de retratos al óleo que recupera los rostros y gestos de adolescentes asesinados en Rosario, en muchos casos estudiantes víctimas de contextos marcados por la desigualdad y la violencia social. Las obras, nacidas también en articulación con la campaña "Basta de matar a nuestros alumnos" impulsada durante años por AMSAFE Rosario, buscaron rescatar del olvido a esos jóvenes y volver a inscribir sus historias en el espacio público. Además de sus pinturas, el artista desarrolló intervenciones callejeras y pegatinas en escuelas y paredes de la ciudad, utilizando reproducciones en blanco y negro de esos rostros como forma de memoria activa. Su presencia en el mural de la Cachilo no aparece entonces como un dato accesorio, sino como una continuidad natural de una obra atravesada por la memoria, el territorio y las marcas que deja la ausencia.
Pintar también las ausencias
Primero comenzaron pintando el fondo: las calles del barrio, aunque con un detalle especial. Ninguna llevaría los nombres reales. En cambio, cada calle estaría bautizada con nombres de escritores y escritoras trabajados durante el año en los talleres de lectura.
La memoria colectiva del barrio también aparecería ligada a otras memorias más amplias, más dolorosas. Martínez explica que en el mural estarán presentes las bicicletas inspiradas en la obra de Fernando Traverso, como una referencia inevitable a los desaparecidos de la última dictadura. "Vamos a hacer memoria con todo", afirma. Con las historias contadas por los abuelos, con las heridas de la comunidad, con los libros, con los juegos y con las ausencias. Porque para la Cachilo la memoria no es solamente un ejercicio nostálgico: es una herramienta para que las infancias comprendan que forman parte de una comunidad con historia, con cultura y con voces que vienen de mucho antes.

En el relato de Claudia aparece constantemente la idea de pertenencia. Habla de la biblioteca como una "cuna cultural" y de la necesidad de que niños y niñas crezcan sabiendo que llegan a un territorio lleno de palabras, canciones y relatos compartidos. El mural busca precisamente eso: volver visibles esas raíces y hacerlas circular fuera de las paredes de la biblioteca.
Hizo tribu el mural

Los más grandes, dice, tuvieron además una tarea fundamental: ampliar los dibujos de las infancias y llevarlos a escala mural. En ese gesto simbólico —los adultos agrandando las imágenes creadas por los chicos— Claudia encuentra una idea que considera esencial: "los más grandes cuidar a los que vienen". Por eso los niños no solo observarían el proceso, sino que también comenzarían a pintar sus propios dibujos sobre la pared. Algunos rellenarían formas, otros aportarían colores, mientras alrededor seguirían funcionando talleres en la vereda.

El proyecto comenzó a crecer mucho más allá de lo imaginado. A los muralistas se sumaron abuelos dispuestos a pintar, talleristas, vecinos, personas encargadas de registrar el proceso con fotos y videos, familias enteras acercándose con curiosidad. "Hizo tribu el mural", resume Claudia. La frase sintetiza el modo en que la propuesta fue convocando personas de distintas edades, profesiones y experiencias alrededor de una tarea común.

Incluso los bebés y sus madres tenían pensado incorporarse al trabajo. Aunque varios chicos estaban enfermos por esos días, ya existía un espacio especialmente diseñado para que también ellos dejaran su marca. La intención era que todas las generaciones participaran de algún modo. Y quienes no quisieran pintar podían acercarse igual, con un mate y una silla, simplemente para conversar y acompañar el proceso. Lo importante era habitar colectivamente ese espacio.
La fuerza de la organización comunitaria

Durante varios sábados, entre las once de la mañana y las dos de la tarde, la pared se transformaría en un taller abierto. El tamaño de la obra imponía su propia lógica: veintiún metros de extensión que requerían tiempo, organización y muchas manos. También materiales costosos. Allí aparecieron apoyos fundamentales. Claudia agradece especialmente al Depósito Yema, que cedió la pared y colaboró con pinturas, y a la Mutual de la Asociación Médica, que aportó pinceles, rodillos y materiales de mejor calidad para asegurar la durabilidad del mural.

Sin embargo, más allá de las ayudas concretas, Martínez insiste en otro aspecto: la fuerza de la autogestión y de la organización comunitaria. Recuerda los obstáculos y negativas que encontraron al comienzo, pero sostiene que cada "no" terminó generando muchos más "sí". Para ella, la experiencia demuestra la potencia de una comunidad cuando se apasiona con una idea común. "No hay Estado, no hay ningún patrón que la pare", afirma, reivindicando esa capacidad colectiva de seguir adelante aun en contextos adversos.
Los árboles también guardan memoria

El mural seguirá sumando elementos a medida que avance. Además de los juegos y las bicicletas, aparecerán árboles cargados de significado. La biblioteca viene trabajando desde hace tiempo sobre la memoria contenida en los anillos de los árboles, entendidos como una forma de memoria biológica de la comunidad. Esa línea de trabajo se fortaleció especialmente después de la tala de un centenario y enorme árbol de 27 de Febrero y Teniente Agneta, un hecho que motivó una muestra fotográfica titulada "El árbol sigue creciendo" y que dejó incluso una rama conservada en el frente de la Biblioteca.

Ahora, esa reflexión se proyecta hacia nuevas acciones. Parte del proyecto anual incluirá la plantación de árboles en el barrio. Árboles sembrados por las propias infancias, que crecerán junto a ellas y quedarán ligados a la memoria de quienes los plantaron. Para Claudia, naturaleza y memoria forman parte del mismo entramado vital.
Un archivo vivo sobre la pared
La idea del mural surgió recién después de escuchar durante meses a chicos y abuelos en los talleres. El proyecto general comenzó a pensarse en febrero, pero nadie había imaginado inicialmente una pared. La necesidad apareció cuando comprendieron que todas esas historias no podían quedar encerradas dentro de la biblioteca. Había que sacarlas al barrio, compartirlas con toda la comunidad y convertirlas en imágenes visibles para cualquiera que pasara por allí.

En ese sentido, Martínez piensa el muralismo como una forma universal de testimonio. Así como los murales suelen recordar a personas desaparecidas o representar historias colectivas, esta obra buscará dejar testimonio de la memoria barrial construida a través de los juegos, las canciones y los relatos de distintas generaciones. Un archivo vivo pintado sobre una pared.

Y mientras las primeras capas de color y bocetos de dibujos avanzan en esa esquina, la sensación que atraviesa todo el proyecto parece resumirse en una certeza simple: la memoria, cuando se comparte, también puede convertirse en refugio, en encuentro y en futuro.
 
Escuchá la entrevista completa:
Fotos: Amalia Di Santo

lunes, 25 de mayo de 2026

"Saluden al Remanso que se va": urbanización, negocios y disputa por la costa del Paraná

Marcelo Sicoff, periodista y vecino de Granadero Baigorria, cuestiona el avance del Parque de la Cabecera, el negocio inmobiliario sobre la ribera y el futuro del Remanso Valerio. En una extensa entrevista en Señales, advierte sobre un proceso de "extractivismo urbano" que —según sostiene— convierte la costa en mercancía y pone en riesgo el acceso público al río
Sicoff es una de las voces críticas que en los últimos años ha tomado mayor visibilidad en el debate público del área metropolitana de Rosario. Su intervención se ubica principalmente en el terreno de la opinión política y el análisis del desarrollo urbano, con especial foco en las transformaciones del borde ribereño del Paraná.

Es autor de "Crónicas de Baigorria", un espacio de publicación y difusión donde aborda temas vinculados a la gestión municipal, el uso del suelo, la planificación urbana y los conflictos asociados al crecimiento inmobiliario en la región. Desde allí ha cuestionado distintos proyectos de urbanización y políticas públicas que, según su mirada, impactan sobre la costa, los humedales y el acceso al río.

Sicoff también ha participado en debates y espacios vinculados a la defensa ambiental, particularmente en relación con los humedales del delta del Paraná y las problemáticas derivadas de los incendios en la región. Su enfoque combina la denuncia política local con una lectura más amplia sobre el modelo de ciudad y el rol del Estado frente al desarrollo privado.

En el plano comunicacional, sostiene una presencia activa en medios digitales y programas radiales del cordón norte del Gran Rosario, donde suele desarrollar análisis críticos sobre la gestión pública y los procesos de transformación urbana en la región.
Un fenomenal negocio de bienes raíces
Para Sicoff, los recientes avances del parque acuático proyectado en Rosario y la urbanización de la cabecera en Granadero Baigorria no son episodios aislados ni decisiones desconectadas entre sí. Lo que observa es una maquinaria coordinada que avanza "a paso firme" sobre el territorio ribereño del Paraná. Mientras el municipio rosarino impulsa la controvertida obra del parque acuático y busca modificar la normativa urbana de la manzana completa ubicada en el área de protección histórica del Monumento a la Bandera y la zona de la Aduana, la provincia acelera en paralelo la licitación para urbanizar la cabecera. A su entender, ambas iniciativas forman parte de una misma estrategia: la mercantilización sistemática de la costa del río Paraná, en un proceso que —según define— le da la espalda a las necesidades reales de la comunidad.

Sicoff interpreta este fenómeno como una forma concreta de extractivismo urbano. Dice que no existe una planificación orientada al bien común sino "un fenomenal negocio de bienes raíces", donde la costa y el río dejan de concebirse como bienes públicos para transformarse en mercancía inmobiliaria. En esa lógica, sostiene, se produce una transferencia de tierra pública hacia manos privadas que obtendrán ganancias extraordinarias. "No tenemos petróleo, minerales ni soja; lo único que tenemos son tierras públicas", resume, para explicar por qué el territorio ribereño se convirtió en el principal activo en disputa.
La disputa por el río y el acceso público
En su mirada, el modelo urbano proyectado para la región profundiza la exclusión social. Habla de "una verdadera ciudad privada incrustada entre Rosario y Granadero Baigorria", diseñada sobre 360 mil metros cuadrados construibles y torres de hasta 21 pisos, pensada para sectores de altos ingresos. Los grandes beneficiarios, asegura, serán los desarrolladores inmobiliarios que se apropian de la renta urbana, mientras que los perjudicados serán los habitantes comunes, que verán restringido el acceso al río y fragmentado el territorio.

También cuestiona el silencio de gran parte de la dirigencia política local. Apunta especialmente contra sectores opositores de Baigorria y dirigentes con aspiraciones de gobierno que, según afirma, evitan discutir las consecuencias del modelo urbanístico replicado en Rosario. Para Sicoff, esos emprendimientos disparan el valor de las propiedades y convierten incluso el alquiler en un privilegio inaccesible para buena parte de la población. Sospecha que muchos dirigentes prefieren callar mientras especulan con convertirse, en el futuro, en "los nuevos gerentes del poder".

La preocupación se vuelve todavía más concreta cuando analiza el futuro del acceso público al río en Granadero Baigorria. Advierte que el avance del esquema privatizador pone en riesgo el uso democrático de la ribera. La transformación del borde costero en un distrito de torres, condominios y comercios, sostiene, restringirá de manera drástica el acceso libre al Paraná y subordinará los entornos naturales a la lógica del consumo y la rentabilidad privada.

Incluso cuestiona el estado actual de la llamada reserva natural de Granadero Baigorria, que, según describe, tiene "muy poco de reserva y muchísimo menos de natural". Denuncia que el acceso es restringido y condicionado por la capacidad de pago. A eso suma la aparición de guarderías náuticas y emprendimientos gastronómicos privados instalados sobre la costa, cuyos procesos de licitación —afirma— son desconocidos públicamente, al igual que el destino de los fondos recaudados.

En ese contexto, señala que hoy sólo quedan dos accesos públicos, libres y gratuitos al río: el Remanso Valerio y la bajada Formosa. Esta última, recuerda, fue "puesta en valor" por el municipio luego del asesinato de un joven en Granadero Baigorria.
Un proyecto para 15 mil habitantes
La escala del proyecto para la cabecera también aparece en el centro de sus cuestionamientos. El desarrollo prevé viviendas para unas 15 mil personas, espacios comerciales y un gran complejo de eventos. Para Sicoff, se trata de una iniciativa desmesurada, sin sustento en la planificación de servicios básicos ni en la capacidad real de la ciudad para absorber semejante transformación urbana.

Describe el proyecto como un híbrido habitacional y comercial concebido para producir impacto arquitectónico y convertirse en un ícono regional. Allí incluye al rebautizado "multiespacio de eventos y experiencias", anteriormente conocido como Puerto de la Música. Sin embargo, sostiene que detrás de esa ambición se omite deliberadamente cualquier discusión sobre infraestructura y calidad de vida.

Las preguntas que plantea son múltiples y apuntan al futuro inmediato de la ciudad: qué ocurrirá con los barrios del oeste baigorriense, si deberán resignar obras de cloacas y servicios esenciales para financiar el nuevo distrito, si habrá ampliaciones de la red eléctrica, nuevas escuelas, centros de salud o comisarías capaces de acompañar el crecimiento demográfico proyectado.
 
El rol de las corporaciones y la política
La presencia de grandes grupos empresarios interesados en el negocio inmobiliario profundiza todavía más sus sospechas sobre el rumbo elegido. Para Sicoff, el interés de actores como IRSA, Eduardo Costantini y Criba demuestra que el Estado diseñó "un escenario a medida de las corporaciones inmobiliarias más poderosas del país". En esa línea, sostiene que la Casa Gris utiliza el pliego y el masterplan definitivo como un anzuelo para seducir a esos capitales privados, priorizando la maximización de ganancias antes que el desarrollo social y comunitario de la región.

Su crítica también alcanza al plano político provincial y nacional. Afirma que el gobierno de Maximiliano Pullaro, integrado —según dice— por dirigentes que todavía se autoperciben socialistas, actúa en sintonía tanto con el gobierno nacional de Javier Milei como con las administraciones locales, entre ellas la del intendente de Granadero Baigorria, Adrián Maglia.

Sicoff también enlaza el avance de este modelo urbano con el mapa político local y provincial. Recuerda que durante las elecciones de octubre el intendente Adrián Maglia apoyó a la candidata de Maximiliano Pullaro y al candidato a concejal en Granadero Baigorria junto a sectores del Movimiento Evita que se presentan como opositores al oficialismo local. Sin embargo, cuestiona que esos mismos espacios terminaron votando junto a La Libertad Avanza y al frente político del gobernador santafesino en la elección de autoridades del Concejo Municipal. Para el periodista, el silencio posterior de varios dirigentes sobre el proyecto urbanístico constituye una forma de respaldo implícito a las gestiones de Javier Milei, Pullaro y Maglia. "El que calla otorga", insiste, mientras se pregunta cómo alguien que acompaña esas políticas puede aspirar a gobernar reproduciendo —según define— "las mismas prácticas del peor intendente de la historia" de la ciudad.

En su análisis, el Estado dejó de ocupar un rol regulador para convertirse directamente en socio y facilitador del negocio inmobiliario. Describe a la administración pública como una "fuerza de choque administrativa" que allana el camino para las corporaciones privadas mediante pliegos abiertos, entrega de tierras públicas y cronogramas políticos acelerados que proyectan el inicio de obras hacia enero de 2027. Esa crítica no se limita al Ejecutivo provincial o municipal: también alcanza a los concejales locales, a quienes acusa de mantener un "patético silencio" frente a un proceso que compromete patrimonio público.
El Estado dejó de regular para convertirse en socio
Sicoff insiste en que esas tierras podrían destinarse a políticas de acceso democrático a la vivienda. Menciona programas como el Procrear y cuestiona por qué el Estado opta por entregar suelo estratégico a los sectores más poderosos en lugar de facilitar soluciones habitacionales para trabajadores. A su entender, los concejales deberían impulsar propuestas creativas para defender a sus representados y no convertirse en "marionetas del poder".

Entre las alternativas posibles, pone como ejemplo el modelo de vivienda pública de Austria, particularmente el de Viena, donde el Estado sostiene una fuerte intervención sobre el mercado habitacional mediante financiamiento y subsidios que permiten que una parte importante de la población acceda a viviendas por debajo de los valores del mercado privado. También imagina otro destino para la costa: un gran parque público, una especie de "Central Park baigorriense" en el límite con Rosario, concebido como un oasis verde, gratuito y accesible para toda la región.

Lo que más le preocupa, sin embargo, es la ausencia de previsión urbana. Para Sicoff, una urbanización de semejante magnitud resulta imposible sin impactos profundos sobre la vida cotidiana de la ciudad. Advierte que el pliego guarda un "silencio alarmante" respecto de las inversiones necesarias en energía eléctrica, gas, agua potable, cloacas, escuelas, centros de salud y comisarías para sostener la llegada de unos 15 mil nuevos habitantes.

Recuerda que Granadero Baigorria ya supera ampliamente los registros oficiales del padrón electoral y estima que la incorporación de esa nueva población implicaría un crecimiento cercano al 50% de la actual base poblacional registrada. Bajo esas condiciones, sostiene, el impacto demográfico y ambiental será severo porque la prioridad no estuvo puesta en la infraestructura sino en el negocio inmobiliario.
El Remanso Valerio, el punto más sensible
Dentro de ese escenario, el Remanso Valerio aparece como el punto más sensible del conflicto. Quienes conocen la zona —dice— entienden perfectamente lo que implica verlo incorporado al masterplan como un espacio turístico y gastronómico. La propuesta oficial habla de integración urbana a través del llamado Parque Paseo del Pescador y de un discurso asociado al turismo, pero Sicoff interpreta esa narrativa como "puro maquillaje y cosmética".

Detrás del lenguaje técnico, observa una amenaza concreta. La mención en los pliegos a posibles "alternativas de traslado" para las familias que interfieran con la traza del proyecto le resulta un eufemismo transparente para hablar de desalojos. Por eso rechaza la idea de integración y sostiene que, en realidad, se está frente a un desplazamiento indirecto y forzado de los habitantes históricos del barrio.

En ese contexto, asegura que las garantías reales para los vecinos del Remanso son prácticamente inexistentes. "El Remanso es el punto más sensible y bajo este modelo extractivista es un Remanso que se va. Saluden al Remanso que se va", afirma, condensando en esa frase la idea central de toda su denuncia.

Miedo, apatía y silencio social
También le preocupa el silencio de buena parte de la comunidad frente a un proceso que, según advierte, modificará drásticamente la vida de la ciudad. Dice que muchos vecinos callan por miedo y otros por apatía, como si nada de lo que ocurriera pudiera ya alterar un destino previamente decidido. Frente a eso, invita a reflexionar sobre el costo político y humano de esa indiferencia. "Cuando lo único que tenés es miedo es que otro se apoderó de tu vida", sostiene, mientras cuestiona una democracia reducida al acto de votar cada dos años.

Para Sicoff, la apatía social facilita la continuidad de las mismas estructuras de poder que condujeron a la situación actual. Advierte que, con menos participación y menos involucramiento ciudadano, los mismos actores —"más jóvenes o más viejos pero con las mismas prácticas"— logran perpetuarse.

Sobre el final de la entrevista, su tono se vuelve todavía más enfático. La transformación de la costa, dice, no es un destino inevitable ni el progreso prometido por los discursos oficiales, sino "la puesta en marcha de un olvido planificado". Frente al avance del extractivismo urbano e inmobiliario, plantea que el primer acto de rebeldía consiste en ejercer la memoria: recordar lo que fueron esos barrios costeros, defender lo que todavía representan y evitar que desaparezca su identidad.
El silencio de hoy es la entrega de mañana
Sicoff advierte que la indiferencia también puede convertirse en una forma de complicidad. Pide no olvidar a los dirigentes y funcionarios que eligen el silencio, pero tampoco a quienes, por miedo, apatía o conveniencia individual, miran hacia otro lado mientras —según su definición— "se remata lo que nos pertenece a todos". "El silencio de hoy es la entrega de mañana", resume.

Lejos de plantear una oposición abstracta al desarrollo urbano, insiste en que resistir este modelo significa exigir que la ciudad crezca "con la gente adentro". Defiende la idea de una ciudad verdaderamente democrática, donde el acceso al río no sea un privilegio reservado para unos pocos sino un derecho colectivo. Una ciudad inclusiva, capaz de integrar en lugar de expulsar, de escuchar en lugar de callar y de poner la vida y la dignidad humana por encima de cualquier negocio inmobiliario.

Tras la entrevista, el conductor del programa remarcó que el tema recién comenzaba y que el futuro del Remanso Valerio merecía seguirse de cerca. Incluso ironizó sobre el destino del histórico Cristo ubicado en la zona costera: "En cualquier momento lo corren al Cristo y le ponen un McDonald’s al lado", comentó antes de ir a la pausa.
El comunicado oficial y la respuesta del Gobierno
Sin embargo, apenas minutos después de emitida la nota, llegó un comunicado oficial del Gobierno de Santa Fe que parecía confirmar parte de las advertencias planteadas durante la conversación. El texto informaba avances concretos en el proceso de relocalización de familias del barrio Remanso Valerio dentro del denominado Plan Especial Interjurisdiccional Parque de la Cabecera.

Según el comunicado, dos familias firmaron los primeros acuerdos de solución habitacional en el marco de una intervención conjunta entre provincia y municipio que apunta a transformar la fisonomía del barrio. Desde la Municipalidad de Granadero Baigorria describieron el hecho como una instancia cargada de "esperanza", vinculada a la mejora de las condiciones de habitabilidad y acceso a servicios básicos.

El gobierno provincial informó además que la obra ya supera el 30% de avance y contempla infraestructura de cloacas, agua potable, desagües pluviales, alumbrado público, pavimento, mantenimiento de viviendas y espacios comunitarios. El ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, sostuvo que la iniciativa refleja la decisión del gobernador Pullaro de avanzar con un "plan de infraestructura serio y eficiente", con una inversión cercana a los 5.000 millones de pesos destinada —según expresó— a transformar la realidad de más de 300 familias del Remanso Valerio.

En la misma línea, el senador departamental Ciro Seisas definió la obra como un proceso de integración urbana y dignificación social para un barrio histórico del Gran Rosario. Desde la Secretaría de Hábitat y Vivienda detallaron que ya finalizó el Salón de Usos Múltiples del barrio y continúan las tareas de iluminación y pavimentación.

El intendente Adrián Maglia aseguró que "nadie se quedará sin respuesta" y afirmó que detrás del proceso existen años de gestión y compromiso institucional. Para el gobierno provincial y municipal, la transformación del Remanso Valerio representa una política de urbanización e inclusión social. Para Sicoff, en cambio, constituye la evidencia más clara de un desplazamiento territorial impulsado por el extractivismo urbano.

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Imágenes, fotos: Señales, Gobierno de Santa Fe

domingo, 24 de mayo de 2026

Palo Oliver denunció que la reforma penal "habilita prácticas propias de regímenes autoritarios"

El diputado provincial del Frente por la Soberanía cuestionó con dureza el proyecto impulsado por el gobierno santafesino para modificar el Código Procesal Penal. Alertó sobre allanamientos sin control judicial, declaraciones sin abogado defensor, detenciones por averiguación de antecedentes y restricciones de circulación en barrios. "Las garantías constitucionales no son para delincuentes: son para todos los ciudadanos", sostuvo.

La discusión sobre seguridad pública en Santa Fe volvió a tensar una frontera delicada: la que separa el endurecimiento de las políticas penales de las garantías constitucionales que sostienen el sistema democrático. Y en medio de ese debate, el diputado provincial Fabián 'Palo' Oliver, referente del Frente por la Soberanía, eligió un tono sin medias tintas para cuestionar el proyecto de ley impulsado por el gobierno provincial bajo el nombre de "Herramientas para el fortalecimiento de la seguridad pública".

Un paquete de reformas que, según Oliver, "se parece más a un Estado totalitario"
En diálogo con Señales, en Aire Libre Radio Comunitaria, Oliver describió la iniciativa como un paquete de reformas que, lejos de fortalecer el Estado de derecho, "se parece más al ordenamiento de un Estado totalitario que al de un Estado democrático". Su crítica no se concentró solamente en aspectos técnicos del Código Procesal Penal, sino en las consecuencias concretas que, según advirtió, podrían alterar la vida cotidiana de cualquier ciudadano santafesino.

A lo largo de la conversación, el legislador fue trazando un mapa inquietante de la reforma propuesta: mayores facultades para la policía, posibilidad de allanamientos sin control judicial inmediato, declaraciones tomadas sin presencia de abogados defensores, incorporación del juicio en rebeldía, admisión potencial de pruebas obtenidas de manera ilícita y mecanismos excepcionales para determinados barrios. Todo eso, sostuvo, implica un corrimiento peligroso del sistema democrático hacia formas de control estatal que creían superadas.

El corazón de la discusión: seguridad pública versus garantías constitucionales
Oliver insistió en desmontar una idea que, según dijo, suele instalarse en el debate público: la de que el Código Procesal Penal existe únicamente para proteger delincuentes. "En realidad hay que tener en cuenta que es un código que rige para todos los ciudadanos", explicó. Desde su mirada, las garantías constitucionales no son privilegios para personas acusadas de delitos, sino límites concretos al abuso de poder estatal. "Son medidas que protegen al ciudadano de los abusos de poder básicamente", señaló.

El diputado consideró que el proyecto del Ejecutivo vulnera precisamente esos límites. Y para explicarlo eligió ejemplos sencillos, alejados del tecnicismo jurídico. Uno de los puntos que más preocupación le genera es la posibilidad de que la policía pueda interrogar personas en sede policial sin la presencia de un abogado defensor.

Para el legislador, el problema no es hipotético ni abstracto. Tiene que ver con la relación histórica entre las fuerzas de seguridad y los abusos institucionales.

Más poder para la policía y menos control judicial
"La presencia de un abogado tiene que ver con garantizar los derechos que tiene ese ciudadano y que no haya abuso institucional ni abuso de poder ejercido por la policía", afirmó. Desde su perspectiva, eliminar o relativizar esa garantía básica abre la puerta a mecanismos de coerción incompatibles con el sistema constitucional argentino.

Pero la preocupación de Oliver no termina allí. Otra de las modificaciones que considera especialmente grave es la posibilidad de que la policía disponga allanamientos y luego informe a la fiscalía, sin control judicial previo. En el esquema actual, recordó, la policía actúa como auxiliar del Ministerio Público de la Acusación y bajo supervisión judicial. Con la reforma, advirtió, pasaría a ocupar un rol protagónico que altera el equilibrio del sistema acusatorio.

La policía dejaría de ser auxiliar para convertirse en actor principal
Ese cambio, dijo, no es menor. "La policía ya no sería auxiliar, sino actor principal", resumió. Y en una provincia marcada por reiteradas denuncias de violencia institucional, corrupción policial y connivencia con organizaciones criminales, otorgar semejante margen de acción genera, según Oliver, un riesgo enorme.

El diputado evocó entonces un hecho reciente que, a su entender, revela la contradicción central del discurso oficial. Mientras el gobernador anunciaba estas reformas, un policía de Rosario era condenado a ocho años de prisión por apremios ilegales cometidos durante un allanamiento y por el robo de un cargamento de estupefacientes. Lo paradójico, subrayó, es que ese procedimiento sí había contado con autorización judicial.

"Imagínense si la policía va a tener la libertad de ingresar a un domicilio sin autorización de un juez", planteó. La frase quedó flotando como síntesis de una preocupación más amplia: el temor a que el Estado amplifique herramientas coercitivas sin resolver antes los problemas estructurales de las fuerzas de seguridad.

El regreso de prácticas que parecían desterradas
Oliver tampoco ocultó su alarma frente a la posibilidad de detener personas en la vía pública y retenerlas hasta 48 horas por averiguación de antecedentes. Para él, esa medida remite a prácticas que parecían desterradas desde hace décadas. "Esto había quedado muy atrás", afirmó, sorprendido de que una herramienta semejante reaparezca en el debate legislativo santafesino.

En su análisis, muchos ciudadanos quizás no perciban inicialmente estas reformas como una afectación directa de sus derechos. Sin embargo, cree que la aplicación concreta terminaría revelando sus consecuencias. "Van a aparecer situaciones que van a dar mucho que hablar y que van a preocupar", anticipó.

La defensa oficial del proyecto se apoya en la necesidad de fortalecer las políticas de seguridad pública. El gobierno de Maximiliano Pullaro argumenta que la provincia necesita herramientas más ágiles frente al delito y el narcotráfico. Oliver no desconoce los problemas de seguridad ni tampoco los resultados que el Ejecutivo exhibe en algunas estadísticas, especialmente en Rosario.

De hecho, reconoció que hubo una reducción importante de ciertos delitos y homicidios. Pero inmediatamente aclaró que ninguna política pública puede avanzar por encima de la Constitución. "El límite tiene que ser el respeto al debido proceso", remarcó.

La concentración de poder
Para el legislador, el gobierno construye una falsa dicotomía: seguridad o garantías. Y en esa tensión, cree que se está inclinando peligrosamente hacia la concentración de poder estatal. La ruptura del equilibrio institucional aparece, entonces, como uno de los núcleos centrales de su crítica.

Oliver recordó que Santa Fe tardó años en abandonar el viejo sistema inquisitivo y consolidar el sistema acusatorio. El nuevo modelo fue aprobado en 2006 y comenzó a implementarse plenamente recién en 2014. Ese proceso implicó redefinir funciones entre fiscales, jueces y policías, buscando mayor transparencia y control institucional.

Por eso considera particularmente grave que ahora se habilite a fiscales a fijar condenas mediante decreto en delitos con penas excarcelables. "Eso violenta el sistema acusatorio", sostuvo. Para él, la reforma implica un retroceso hacia esquemas donde la concentración de facultades debilita el derecho de defensa y reduce controles.

Estados de excepción en los barrios: la otra frontera del proyecto
Otro de los aspectos que más lo inquietan es la posibilidad de instaurar mecanismos similares a estados de excepción en determinados barrios. La propuesta permitiría al Ministerio de Seguridad restringir circulación o disponer controles especiales en zonas definidas.

Oliver imagina la escena desde la experiencia cotidiana de cualquier trabajador. "Imagínense una trabajadora volviendo a su casa a las diez de la noche y que sea detenida porque no se puede transitar en ese horario", describió. Desde su mirada, eso atenta contra libertades elementales.

Para explicar la gravedad institucional de esas medidas, apeló a una comparación contundente: los estados excepcionales sólo deberían existir ante situaciones extremas, como guerras o catástrofes. Aplicarlos en barrios urbanos, argumentó, supone naturalizar restricciones incompatibles con la vida democrática.

Cárceles, aislamiento y derechos humanos: "Si excede la privación de libertad, es venganza"
Pero quizá el tramo más intenso de su análisis apareció cuando abordó las modificaciones previstas para la ley de ejecución de la pena privativa de la libertad. Allí el debate dejó de centrarse únicamente en garantías procesales y se trasladó hacia las condiciones humanas dentro de las cárceles santafesinas.

Oliver fue categórico: "La modificación de la ley 14.243 es terrible". Esa norma regula el régimen penitenciario y la ejecución de la pena privativa de libertad. Y enseguida planteó una definición conceptual que atraviesa toda su postura. Para él, la pena legítima que impone el Estado es la privación de la libertad. Todo lo que exceda eso se convierte en venganza.

Reconoció que existen presos de alto perfil que organizaron delitos desde las cárceles y que el Estado debe tomar medidas de control. Sin embargo, insistió en que ninguna política penitenciaria puede vulnerar pactos internacionales ni derechos fundamentales.

La posibilidad de aislamientos extremos aparece como uno de los puntos más sensibles. Oliver cuestionó que un detenido pueda salir apenas media hora cada quince días. "Eso atenta contra derechos fundamentales", afirmó.

A partir de allí, el diputado desplazó la discusión hacia un terreno menos visible en el debate público: las condiciones reales de detención y la corrupción dentro del sistema penitenciario. Según sostuvo, el gobierno evita discutir esos problemas estructurales y prefiere endurecer castigos.
 
El sistema penitenciario y los "nichos de corrupción" que nadie discute
"Lo que hay que hacer es combatir los nichos de corrupción", planteó. Y agregó que también resulta indispensable mejorar las condiciones laborales del personal penitenciario, además de las condiciones de vida de los detenidos.

Cuando habló de la cárcel de Las Flores, el tono de Oliver se volvió especialmente duro. Describió como "inhumanas" las condiciones tanto para los presos como para quienes trabajan allí. A su entender, el deterioro del sistema penitenciario termina reproduciendo más violencia y más criminalidad.

La cárcel, dijo, debería ser un espacio donde una persona pueda reinsertarse socialmente después de cumplir una condena. Pero las condiciones actuales producen exactamente lo contrario: "Salen delincuentes profesionales y con mejores condiciones para delinquir".

Una cárcel nunca debería ser el infierno
En ese contexto, también cuestionó la carga simbólica de llamar "El Infierno" a una nueva cárcel próxima a inaugurarse. Para Oliver, esa denominación no es inocente. Expresa una concepción punitiva basada en la humillación y la degradación antes que en la resocialización.

"Una cárcel nunca debería ser el infierno", sostuvo. Y detrás de esa frase apareció una discusión mucho más profunda sobre el sentido mismo del castigo en democracia.

A lo largo de toda la entrevista, Oliver insistió en que el debate no puede reducirse a una confrontación entre garantismo y mano dura. Según explicó, la verdadera discusión es hasta dónde una sociedad está dispuesta a resignar derechos fundamentales en nombre de la seguridad.

El diputado cree que el proyecto oficial avanza peligrosamente sobre esa frontera. Y teme que, en nombre de una demanda social legítima frente a la violencia y el narcotráfico, se terminen naturalizando mecanismos de excepción que luego resulten difíciles de revertir.

En su lectura, el riesgo es doble. Por un lado, habilitar abusos policiales y judiciales. Por otro, degradar progresivamente el sistema democrático bajo la idea de que ciertas garantías son obstáculos para combatir el delito.
 
El debate que viene en la Legislatura santafesina
Por eso insiste en que el debate legislativo debe darse con profundidad y sin apresuramientos. "Vamos a discutirlo", aseguró varias veces durante la conversación. También reclamó explicaciones concretas del gobierno sobre algunas de las medidas más extremas incluidas en la reforma.

Mientras tanto, el oficialismo mantiene firme su decisión de avanzar. El proyecto ya comenzó a generar fuertes controversias políticas, jurídicas y sociales en Santa Fe. Y el gobierno insiste en que necesita aprobar estas herramientas para consolidar su estrategia de seguridad.

Oliver, sin embargo, observa otro escenario posible. Uno donde el endurecimiento penal termine habilitando prácticas que la democracia argentina construyó precisamente para evitar. Su advertencia atraviesa toda la entrevista como un hilo conductor: cuando las garantías constitucionales comienzan a relativizarse, el problema deja de afectar solamente a quienes delinquen. El alcance termina siendo mucho más amplio.

Porque, según repite, el Código Procesal Penal no fue pensado para proteger criminales. Fue diseñado para proteger ciudadanos. Y en esa definición, insiste, se juega buena parte de la calidad democrática de una sociedad.

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El cantor, el exilio y la voz popular: la historia de Horacio Guaraní según Enrique Llopis

En una entrevista en Señales (Aire Libre Radio Comunitaria), el músico y escritor Enrique Llopis repasa su libro El exilio de Horacio Guaraní, donde reconstruye la vida del cantor popular, su construcción identitaria, la persecución de la Triple A y los años de destierro en Venezuela, México y España. Entre memoria personal, investigación histórica y cultura popular, el relato traza una genealogía de la canción argentina.

Un libro sobre el cantor y su exilio
En Señales, el cantautor rosarino Enrique Llopis fue presentado como una de las voces más comprometidas de la canción popular argentina. Compositor y autor de una obra extensa vinculada a la memoria cultural y las luchas populares, Llopis llegó con un nuevo libro bajo el brazo: El exilio de Horacio Guaraní. Identidad y lucha de un cantor popular, una investigación que se detiene en la vida, el compromiso político y los años de destierro de una figura central del folclore argentino.

El libro se detiene especialmente en una etapa decisiva en la biografía de Guaraní: la persecución política, las amenazas de la Triple A y el exilio que lo llevó a atravesar Venezuela, México y España, lejos de la Argentina pero sin romper el vínculo con una identidad popular que, según se desprende del libro, lo acompañó de manera persistente incluso en la distancia.

La relación de Llopis con la obra de Guaraní no es reciente. A fines de los años noventa había publicado Cantor enamorado, un disco homenaje en el que eligió rescatar la faceta más romántica del llamado "Potro", buscando ampliar una figura que muchas veces había quedado reducida exclusivamente a la canción de protesta. Esa misma línea de lectura vuelve ahora en el libro, aunque con un foco más político e histórico.

Hamlet Lima Quintana y la formación de una mirada
El músico recordó que este trabajo se inscribe en una serie más amplia de investigaciones personales sobre artistas con los que no solo compartió admiración, sino también vínculos concretos de vida y trabajo. La serie, explicó, se abrió simbólicamente tras la muerte del poeta Hamlet Lima Quintana, con quien sostuvo una relación de más de veinticinco años. A partir de ese vínculo inicial, fue accediendo a otras figuras de la poesía y la canción popular, muchas de las cuales en su juventud le resultaban lejanas desde Rosario, cuando la idea de vivir de la música apenas comenzaba a insinuarse como posibilidad.

Llopis recordó también aquellos primeros encuentros con Lima Quintana en peñas estudiantiles organizadas a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, donde el poeta aparecía rodeado de estudiantes y militantes culturales. En ese tiempo, la relación era más bien afectiva y comunitaria: asados, mateadas previas, conversaciones informales. Con los años, ese vínculo inicial se transformó en trabajo compartido y amistad sostenida, en un intercambio que, por la diferencia generacional, también funcionó como una puerta de acceso a otros mundos de la cultura popular.  
"Regalito" y la construcción de un mito popular
En ese recorrido personal apareció también la figura de Horacio Guaraní, a quien Llopis conocía desde Rosario, cuando el artista visitaba con frecuencia el Teatro El Círculo. Allí, gracias a un vecino que trabajaba como acomodador, él y un grupo de amigos lograban ingresar a los conciertos de quien ya era un referente indiscutido del folclore. En ese recuerdo aparece incluso una de sus canciones emblemáticas, Regalito, alrededor de la cual Llopis recupera una historia poco conocida.

Según relata, existe una anécdota que ubica la primera grabación de esa obra en manos de una soprano china de la ópera de Pekín, quien la había interpretado en el Teatro Colón durante una visita artística. En aquella presentación, fuera de programa, la cantante habría elegido una canción argentina como gesto de homenaje, algo habitual en artistas que viajan y toman repertorios locales para dialogar con el público anfitrión. La pieza elegida fue justamente Regalito, cantada en castellano, en un momento en que Guaraní aún no tenía el reconocimiento que alcanzaría después.

El episodio adquiere, en el relato de Llopis, un tono casi fundacional: un compositor todavía desconocido intentando hacerse escuchar desde la sala, mientras su obra comenzaba a circular sin su control directo. Incluso, recuerda, Guaraní contaba que en aquella ocasión sintió la frustración de no poder gritar desde la butaca que esa canción le pertenecía.

Identidad, nombre y origen: Eraclio y Horacio Guaraní
A partir de allí, el relato se desplaza hacia la construcción de identidad del propio Horacio Guaraní. Su nombre real, Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo, aparece como punto de partida de una historia atravesada por adopciones, desplazamientos y revelaciones familiares. El apellido Rodríguez proviene de la familia que lo crió luego de una infancia marcada por el abandono y la adopción informal, mientras que el nombre artístico "Horacio Guaraní" surge de una deformación afectiva del trato cotidiano: un italiano que lo llamaba Horacio en lugar de Eraclio, y la posterior recuperación consciente del origen indígena que él mismo descubrió ya de adulto.

Ese descubrimiento, según reconstruye Llopis, no fue menor. El propio Guaraní habría recibido de su madre la confirmación de que su linaje biológico lo vinculaba con pueblos originarios guaraníes, una revelación que no solo reordenó su historia personal sino que también operó como toma de posición simbólica y política. Desde entonces, el nombre artístico dejó de ser un apodo para convertirse en una afirmación de identidad.

El libro también recupera el contexto histórico en el que esa afirmación se vuelve significativa: una Argentina donde lo indígena ocupaba un lugar de invisibilidad estructural, incluso por debajo del gaucho en la jerarquía cultural dominante. En ese sentido, Llopis traza un paralelo con la obra temprana de Atahualpa Yupanqui, quien con apenas dieciocho años ya había compuesto Camino del indio, introduciendo por primera vez la figura del indígena en la canción popular como sujeto visible.

Caminar por la soledad junto a la vida de un amigo
En esa línea, el exilio de Guaraní aparece no solo como una consecuencia política de la persecución —marcada por amenazas de la Triple A y el clima represivo de la época— sino también como una prolongación de esas tensiones identitarias. El destierro en Venezuela, México y España no lo alejó de su obra, pero sí lo colocó en una situación de distancia forzada respecto de la tierra que, a pesar de todo, seguía siendo el centro de su producción simbólica y afectiva.

En España, donde el exilio de Horacio Guaraní había extendido su voz lejos de la Argentina, Enrique Llopis lo vivió de cerca, sin mediaciones. No lo reconstruye desde archivos ni testimonios ajenos: lo cuenta como experiencia compartida, como convivencia. "Hay cosas que no me las contaron, yo las compartí con él", sintetiza al recordar aquel tiempo en el que el artista y el símbolo coincidían en la vida cotidiana.

Desde esa cercanía, Llopis describe a Guaraní no como un cantor famoso en el sentido convencional, sino como una figura cuya dimensión simbólica desbordaba la categoría misma de artista. Su presencia, sostiene, atravesaba incluso las fronteras ideológicas. No era extraño —recuerda— que personas que no coincidían con sus ideas políticas lo admiraran igualmente, al punto de que incluso policías que debían detenerlo esperaban a que terminara de cantar para pedirle un autógrafo antes de llevarlo preso. En un tiempo sin teléfonos móviles ni registros inmediatos, la figura de Guaraní se construía en la memoria directa, en la escena viva.

Esa potencia, agrega, se traducía en algo concreto: la capacidad de arrastrar públicos y definir destinos culturales. Su sola presencia en un escenario, explica Llopis, podía garantizar el éxito de un festival y, de hecho, contribuyó a la supervivencia de numerosos encuentros folklóricos que aún hoy existen. No era solo un número artístico dentro de una grilla, sino una toma de posición colectiva.  
Rosario: un fiero combate (y no era por leprosos ni canallas)
Para ilustrarlo, el músico retrocede a un episodio vivido en Rosario, en el Club Provincial, a fines de los años sesenta. Aquella noche coincidieron en el escenario Horacio Guaraní y Roberto Rimoldi Fraga, en un festival que reunía figuras centrales del folclore como Daniel Toro, Los Trovadores, Los Fronterizos, Los Chalchaleros y el Chango Rodríguez. El público, recuerda, quedó dividido en bandos casi irreconciliables.

La tensión no era solo musical. Rimoldi Fraga era leído como un cantor de perfil nacionalista, en un contexto donde ese término estaba cargado de disputas políticas e interpretaciones contrapuestas. Llopis insiste en que esa lectura simplificada del nacionalismo como sinónimo de derecha responde a una "trampa del léxico" que no se corresponde con la historia política latinoamericana, donde lo nacional estuvo muchas veces ligado a proyectos de liberación. En esa clave, menciona experiencias como el Frente de Liberación Nacional en distintos países de África y América Latina, para subrayar que las categorías europeas no siempre explican las dinámicas del continente.

Aquella noche en Rosario terminó en violencia. Hubo gritos, sillazos y enfrentamientos entre sectores del público. El festival derivó en una pelea generalizada. En medio del caos, la organización llegó a cortar el sonido a Guaraní, pero él, lejos de retirarse, continuó cantando a capela desde un escenario más bajo, acercándose físicamente a la gente. Esa imagen, dice Llopis, condensa una época y una grieta cultural que ya estaba instalada mucho antes de volverse palabra recurrente.

En medio del relato, el músico rosarino recupera también otra dimensión de su propia relación con la obra de Guaraní: la que se centra en su costado amoroso. Aquella línea fue incluso el punto de partida de un proyecto discográfico impulsado por el productor Julián "Pelusa" Navarro, arreglador de figuras internacionales como Roberto Carlos, Julio Iglesias y Los Pimpinela, junto a Flavio Petrini, músico rosarino radicado en Estados Unidos.

La canción popular como historia política
El proyecto proponía revisar el repertorio de Guaraní desde sus canciones de amor. La idea inicial sorprendió al propio Llopis, que en un principio dudó: reducir la obra del cantor a ese aspecto parecía insuficiente. Sin embargo, la revisión de su catálogo lo llevó a otra conclusión. Guaraní tenía más de 450 canciones registradas, y una gran mayoría, afirma, pertenecía al universo amoroso, aunque el imaginario público lo haya fijado principalmente como "cantor de protesta".

Esa tensión entre obra real e imagen pública es uno de los ejes que Llopis desarrolla en su libro. Desde su perspectiva, la llamada "canción de protesta" no es una anomalía moderna ni un producto de la industria discográfica, sino la continuación de un hilo histórico profundo en la canción argentina. Ese recorrido se remonta a las guerras de independencia, a las guerras civiles del siglo XIX, a las coplas populares y a los cantos que circulaban como forma de comunicación política y social.

En esa genealogía aparecen los payadores como cronistas orales, los músicos que acompañaban al Ejército de los Andes —que llegó a contar con más de 250 cantores y músicos— y hasta episodios bélicos como la Zamba de Vargas, asociada originalmente a la figura de Felipe Varela. Incluso en ese contexto, recuerda, la música funcionaba como herramienta de batalla: se cantaba para acompañar el combate, para levantar la moral de los soldados, y en algunos casos los músicos eran fusilados tras los enfrentamientos.

Ese hilo conductor atraviesa también el siglo XIX con los cielitos patrióticos, las vidalitas, las composiciones unitarias y federales, y llega hasta obras fundacionales como el Martín Fierro. En esa continuidad, sostiene Llopis, se inscribe la canción popular argentina contemporánea y, en particular, la figura de Horacio Guaraní, cuya obra no solo retoma esa tradición sino que la resignifica.

Para el músico rosarino, Guaraní representa dos inflexiones decisivas: la incorporación del indígena como sujeto de la canción popular y la consolidación de una obra donde lo político, lo social y lo amoroso no aparecen como dimensiones separadas, sino como parte de un mismo entramado expresivo que atraviesa toda la historia de la música argentina.

Una obra que sigue viva
En el tramo final de la conversación el relato de Enrique Llopis se concentra en dos núcleos que terminan de delinear el mapa afectivo e histórico de su libro El exilio de Horacio Guaraní. Identidad y lucha de un cantor popular: la dimensión temprana de la obra del cantor y las marcas profundas de su exilio.

Llopis reconstruye allí una escena que remite a los primeros registros discográficos de Guaraní. Aquella canción fue grabada en 1936 con el auspicio de una entidad rosarina llamada El Mangrullo, una agrupación cultural presidida por Estanislao Zeballos. Según detalla, fue esa institución la que financió las primeras ocho grabaciones de Guaraní para el sello Odeón, en un tiempo en el que las ediciones discográficas incluían menciones explícitas a los auspiciantes, como la yerbatera Martín, ubicada en la zona de Mendoza y Ayacucho en Rosario.

En ese mismo universo cultural aparece otra figura inesperada: Romildo Risso, un poeta uruguayo radicado en Rosario y autor de versos populares como "¿Por qué no engraso los ejes?". Llopis lo menciona como parte de una red de vínculos entre la ciudad y la canción popular rioplatense, donde las fronteras entre músicos, poetas y trabajadores culturales se volvían porosas y productivas.

En esa genealogía, el músico rosarino vuelve sobre la segunda gran marca que, a su entender, transforma la historia del folclore: la irrupción de Guaraní en la década del 40 con una canción que rompe el paisaje idílico y costumbrista dominante. "Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas", recuerda, como una frase que sintetiza un cambio de paradigma. A partir de allí, sostiene, se abre una línea de continuidad entre Atahualpa Yupanqui y Guaraní, aunque desde trayectorias distintas, pero atravesadas por una misma sensibilidad social.
Entre la consagración y la descalificación
Llopis también se detiene en el modo en que la industria musical intervino sobre esas figuras: primero descalificando, luego comercializando y finalmente volviendo a descalificar. En el caso de Guaraní, recuerda las etiquetas contradictorias que se le adjudicaban —"gritón", "desafinado", "zurdo", o incluso las acusaciones cruzadas sobre su posicionamiento político— mientras su popularidad crecía de manera sostenida, incluso en medio de las críticas.

Ese crecimiento, sin embargo, contrasta con la dimensión más dolorosa de su vida: el exilio. Para Llopis, ese destierro resulta especialmente significativo porque interrumpe el vínculo directo entre el artista y un pueblo que lo acompañaba de manera masiva. La expulsión del país, subraya, constituye una de las experiencias más traumáticas posibles para un creador cuya obra estaba profundamente anclada en lo popular.

Antes del golpe: la violencia paraestatal
El relato precisa además una aclaración temporal clave: Guaraní no se exilia con el golpe de Estado de 1976, sino en septiembre de 1974, en el contexto previo del accionar de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA). Llopis reconstruye ese clima a partir de una serie de atentados y persecuciones que comienzan a escalar desde comienzos de la década. Entre ellos menciona el atentado contra el senador Hipólito Solari Yrigoyen, y el asesinato de figuras como Rodolfo Ortega Peña y el padre Carlos Mugica, en un escenario de violencia política creciente.

En ese contexto, recuerda, la AAA emite en marzo de 1974 una serie de amenazas directas contra artistas e intelectuales. Entre los primeros nombres señalados figuran Nacha Guevara, Norman Briski, Luis Brandoni, Héctor Alterio y el propio Horacio Guaraní, quienes se ven obligados a partir al exilio.

Castro Urdiales: la vida cotidiana del exilio
El propio Guaraní atraviesa entonces una secuencia de salidas forzadas: primero Venezuela, luego México, donde no logra replicar la masividad de su popularidad argentina, y finalmente España, a través de una invitación de la cantante Nati Mistral. En Madrid se reencuentra con otros exiliados como Héctor Alterio, Alfredo Zitarrosa y Marián Farias Gómez, en una comunidad artística marcada por el desarraigo.

La última etapa del exilio se sitúa en Castro Urdiales, en el norte español, que se convierte en un espacio de vida compartida entre artistas, músicos y amigos. Allí, Llopis recuerda haber coincidido con Guaraní durante su propia estadía en Europa junto a Hamlet Lima Quintana y otros artistas rosarinos, en un período atravesado también por la dictadura argentina y la circulación de exiliados culturales.

En ese mismo lugar, el exilio se vuelve cotidiano: ensayos, bares, espectáculos y conversaciones nocturnas conviven con el recuerdo del país lejano. Llopis evoca incluso la presencia de artistas como Carlos Alonso, marcado por el secuestro y desaparición de su hija Paloma, en una trama donde el dolor político argentino se replica en el exterior bajo otras formas.

1978: música, política y Mundial en el exilio
Castro Urdiales, sin embargo, no es solo un refugio: también es un punto de continuidad artística. Allí, durante el Mundial de 1978, se cruzan música, política y vida cotidiana. Entre giras, presentaciones en bares y encuentros informales, Guaraní sostiene su actividad musical mientras se mueve entre distintos países, llegando incluso a viajar a Israel, desde donde habría seguido la final del Mundial.

El exilio, en la reconstrucción de Llopis, no es un paréntesis sino una herida prolongada. Se inicia antes del golpe de Estado, se profundiza con la violencia paraestatal y se extiende hasta mediados de los años setenta, dejando una marca irreversible en la biografía del cantor.

Ya hacia el cierre, el relato vuelve a la actualidad del libro. La obra, explica, comenzará a circular en Paradoxa Libros —en Mendoza 923, en Rosario— y tendrá presentaciones en distintos puntos del país, entre ellos Buenos Aires, en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), y Venado Tuerto, donde existe un museo dedicado a Guaraní que resguarda objetos personales que el propio artista cedió en vida.

También se menciona la posibilidad de presentaciones en Luján, donde se proyecta la construcción de un anfiteatro que llevaría el nombre del cantor, y en Rosario, aunque todavía sin sede definida. En ese mapa de circulaciones, Alto Verde aparece como un lugar especialmente significativo para Llopis, no solo por su vínculo con Guaraní, sino por una donación concreta: una cámara frigorífica destinada a pescadores de la zona, como parte de un gesto de apoyo a la economía local.

Una voz que sigue en la memoria popular
El cierre de la conversación vuelve sobre la figura del artista más allá de la anécdota. Llopis insiste en que, aunque las historias personales ayudan a iluminar su vida, lo central sigue siendo su obra, su potencia poética y su lugar en la historia de la canción popular. Recuerda entonces la dificultad de elegir repertorios en homenajes, precisamente porque casi todas sus canciones eran éxitos y porque su obra, lejos de ser marginal o secundaria, se expandió de manera continua en la memoria colectiva.

La última imagen es coral: el reconocimiento de colegas, las canciones compartidas, los homenajes en Cosquín y la persistencia de un repertorio que sigue circulando entre músicos como una herencia viva. En ese punto, el relato ya no pertenece a la entrevista sino a una constelación más amplia: la de una vida atravesada por la música, el exilio y la persistencia de una voz que, incluso lejos del escenario, siguió siendo central en la cultura popular argentina.

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