Franco Oscari, integrante del MNCI, fue detenido en un operativo de la Policía Federal en Palma Sola que su defensa y organizaciones sociales denuncian como desproporcionado e irregular. La causa, impulsada por una denuncia por supuestas amenazas, se inscribe en un escenario más amplio de disputas territoriales, avance extractivo y criminalización de la protesta campesina en Jujuy
Franco Oscari, joven campesino del paraje Las Goteras, en la zona rural de Palma Sola, Jujuy, e integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), quedó detenido tras un operativo de la Policía Federal que, según su defensa y organizaciones sociales, se ejecutó de madrugada, con un despliegue considerado desproporcionado y en el marco de una causa judicial ordenada por el juez Ariel Lijo a partir de una denuncia por presuntas amenazas impulsada por la entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich.
El caso se inscribe en un escenario más amplio de conflictividad territorial en el norte jujeño, donde comunidades campesinas vienen sosteniendo disputas por la tierra frente al avance de proyectos extractivos y decisiones judiciales que, de acuerdo con el MNCI, en varios momentos habían resultado favorables a las familias del lugar. En ese contexto, la detención de Oscari fue leída por su entorno como un nuevo episodio de criminalización de la protesta rural. Mientras tanto, el joven permanece privado de su libertad en dependencias federales de San Salvador de Jujuy, a la espera de ser indagado, mientras su defensa reclama su liberación inmediata y cuestiona la legalidad del procedimiento.
En las horas posteriores a la detención se reconstruyó también un recorrido previo que sumó desconcierto: el traslado incluyó una parada en Tucumán que interrumpió el recorrido inicial, obligando luego a su retorno a Jujuy, en una secuencia que su entorno describe como confusa y sin información clara sobre los motivos del operativo.
Desde el lugar de detención en el que se encontraba en ese momento, el propio Oscari se presentó como "Franco Matías Javier Oscari" y relató que estaba alojado en la unidad federal de San Salvador de Jujuy, donde permanecía detenido por una denuncia que lo acusaba, según sus palabras, de supuestas amenazas contra Patricia Bullrich. En ese mismo mensaje, se definió como un "preso político" y apeló a la solidaridad pública, pidiendo empatía y apoyo para su liberación. Se describió a sí mismo como una persona de campo dedicada al trabajo rural y a la defensa de la soberanía ambiental, tanto en su vida personal como comunitaria, y reclamó de manera directa que "aboguen por su libertad".
El caso se inscribe en un escenario más amplio de conflictividad territorial en el norte jujeño, donde comunidades campesinas vienen sosteniendo disputas por la tierra frente al avance de proyectos extractivos y decisiones judiciales que, de acuerdo con el MNCI, en varios momentos habían resultado favorables a las familias del lugar. En ese contexto, la detención de Oscari fue leída por su entorno como un nuevo episodio de criminalización de la protesta rural. Mientras tanto, el joven permanece privado de su libertad en dependencias federales de San Salvador de Jujuy, a la espera de ser indagado, mientras su defensa reclama su liberación inmediata y cuestiona la legalidad del procedimiento.
En las horas posteriores a la detención se reconstruyó también un recorrido previo que sumó desconcierto: el traslado incluyó una parada en Tucumán que interrumpió el recorrido inicial, obligando luego a su retorno a Jujuy, en una secuencia que su entorno describe como confusa y sin información clara sobre los motivos del operativo.
Desde el lugar de detención en el que se encontraba en ese momento, el propio Oscari se presentó como "Franco Matías Javier Oscari" y relató que estaba alojado en la unidad federal de San Salvador de Jujuy, donde permanecía detenido por una denuncia que lo acusaba, según sus palabras, de supuestas amenazas contra Patricia Bullrich. En ese mismo mensaje, se definió como un "preso político" y apeló a la solidaridad pública, pidiendo empatía y apoyo para su liberación. Se describió a sí mismo como una persona de campo dedicada al trabajo rural y a la defensa de la soberanía ambiental, tanto en su vida personal como comunitaria, y reclamó de manera directa que "aboguen por su libertad".
Un operativo de madrugada en un paraje aislado
El joven también reconstruyó su origen territorial para contextualizar la situación: Las Goteras, explicó, es un paraje ubicado a unos 50 kilómetros de Palma Sola, en una zona de difícil acceso, donde el camino puede demandar alrededor de dos horas de recorrido campo adentro. Allí, según detalló, efectivos policiales llegaron específicamente para detenerlo. En ese mismo relato describió su vida cotidiana ligada a la producción agrícola y ganadera: el cultivo de papas, cebollas y ajo, la reciente cosecha de maíz, la crianza de chanchos, ovejas y vacas, la producción de leche y la recolección de miel en algunos casos. También mencionó su intento de volver a emprender una quinta junto a socios del territorio, en una economía de subsistencia atravesada por el trabajo familiar y comunitario. A ello sumó su trayectoria formativa, como exalumno de la Escuela Campesina de Santiago del Estero, su pertenencia histórica al MOCASE y su participación en la organización Tierra Fértil.
La reconstrucción del operativo aportada por su defensa profundiza el contraste entre ese mundo rural y el despliegue policial. La abogada María José Castillo describió que el 23 de junio, a las cinco de la madrugada, cuando todavía no había amanecido, personal de la Policía Federal ingresó al paraje Las Goteras mediante un allanamiento que calificó de violento. Según su relato, la irrupción incluyó el ingreso a la vivienda familiar, la reducción de las personas presentes —tiradas al piso durante el procedimiento—, el secuestro de teléfonos celulares y la detención de Oscari sin notificación previa ni explicación clara del motivo del operativo. La familia, sostuvo, se encontraba en un estado de absoluto desconcierto y temor ante una intervención que no había sido anticipada.
Castillo remarcó además la complejidad geográfica del territorio: para llegar a Las Goteras es necesario atravesar alrededor de 17 arroyos, en un paraje profundamente aislado, cercano al límite con la provincia de Salta, donde la presencia campesina convive con múltiples disputas por la tierra. En ese mismo lugar, señaló, la familia de Oscari atraviesa un conflicto territorial abierto. En ese marco, agregó un dato que suma dimensión al contexto: la madre del detenido había firmado el 17 de abril un amparo ambiental colectivo contra una empresa minera que extrae cobre en la zona de Palma Sola, actividad que, según denuncian, estaría generando daño sobre el bosque nativo.
La acusación judicial y el origen de la causa
La acusación judicial y el origen de la causa
Fue recién después de varias horas de incertidumbre, continuó la abogada, que lograron conocer el origen formal de la causa: una investigación radicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el juzgado del juez Ariel Lijo, vinculada a una denuncia de Patricia Bullrich por supuestas amenazas realizadas por Oscari a través de la red social Facebook. Para la defensa, ese encuadre resulta no solo llamativo sino "totalmente irregular y arbitrario", al considerar que la expresión en redes sociales no puede justificar una detención. En esa línea, sostuvo que una acusación por amenazas no debería implicar la privación de la libertad y cuestionó la validez del procedimiento desde su inicio.
Mientras la causa avanza en sede federal, Oscari continúa detenido en dependencias de la Policía Federal en Jujuy, a la espera de ser indagado. Su defensa insiste en que se trata de una detención injustificada y exige su liberación inmediata, en un caso que, entre el aislamiento del territorio, las disputas por la tierra y la intervención judicial a distancia, vuelve a poner en primer plano las tensiones entre criminalización, protesta rural y derechos en el norte argentino.
Gloria Mamani es una de las referentes campesinas e indígenas de la provincia de Jujuy. Integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y articulada también con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo –Vía Campesina–, su voz se inscribe en una trama más amplia de organizaciones rurales que en el norte argentino sostienen la defensa de la tierra, la soberanía alimentaria y los territorios comunitarios frente al avance del agronegocio, los proyectos extractivos y los intentos de desalojo. Productora rural de la zona de Palma Sola, Mamani forma parte de esas redes que, desde hace años, denuncian que los conflictos territoriales en Jujuy no son hechos aislados sino expresiones de una disputa estructural por el control de la tierra.
En ese contexto, la detención de Franco Oscari volvió a colocar en primer plano esas tensiones. Mamani lo define en Señales como un compañero del movimiento, un joven militante formado desde muy temprano en la militancia campesina, convencido —según su caracterización— de la soberanía alimentaria y de la necesidad de una reforma agraria integral y popular. Su recorrido, recuerda, incluye su paso por la Escuela Campesina de Santiago del Estero, en Quimilí, su participación en escuelas de memoria histórica, en campamentos latinoamericanos de jóvenes y en espacios internacionales vinculados a la CLOC y a la Vía Campesina. Ese trayecto político, sostiene, lo ubica dentro de una generación que articula la defensa del territorio con una lectura crítica del modelo económico vigente, al que describe como neoliberal y hostil hacia las comunidades rurales.
Minería, ambiente y conflicto territorial
Mientras la causa avanza en sede federal, Oscari continúa detenido en dependencias de la Policía Federal en Jujuy, a la espera de ser indagado. Su defensa insiste en que se trata de una detención injustificada y exige su liberación inmediata, en un caso que, entre el aislamiento del territorio, las disputas por la tierra y la intervención judicial a distancia, vuelve a poner en primer plano las tensiones entre criminalización, protesta rural y derechos en el norte argentino.
Gloria Mamani es una de las referentes campesinas e indígenas de la provincia de Jujuy. Integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y articulada también con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo –Vía Campesina–, su voz se inscribe en una trama más amplia de organizaciones rurales que en el norte argentino sostienen la defensa de la tierra, la soberanía alimentaria y los territorios comunitarios frente al avance del agronegocio, los proyectos extractivos y los intentos de desalojo. Productora rural de la zona de Palma Sola, Mamani forma parte de esas redes que, desde hace años, denuncian que los conflictos territoriales en Jujuy no son hechos aislados sino expresiones de una disputa estructural por el control de la tierra.
En ese contexto, la detención de Franco Oscari volvió a colocar en primer plano esas tensiones. Mamani lo define en Señales como un compañero del movimiento, un joven militante formado desde muy temprano en la militancia campesina, convencido —según su caracterización— de la soberanía alimentaria y de la necesidad de una reforma agraria integral y popular. Su recorrido, recuerda, incluye su paso por la Escuela Campesina de Santiago del Estero, en Quimilí, su participación en escuelas de memoria histórica, en campamentos latinoamericanos de jóvenes y en espacios internacionales vinculados a la CLOC y a la Vía Campesina. Ese trayecto político, sostiene, lo ubica dentro de una generación que articula la defensa del territorio con una lectura crítica del modelo económico vigente, al que describe como neoliberal y hostil hacia las comunidades rurales.
Minería, ambiente y conflicto territorial
Desde esa perspectiva, Mamani encuadra la detención de Oscari no como un hecho aislado, sino como parte de una conflictividad más profunda. En su lectura, el avance sobre los territorios campesinos se expresa en múltiples dimensiones: la presión del agronegocio, la expansión de proyectos mineros y los conflictos judiciales que, en reiteradas ocasiones, derivan en intentos de desalojo o en procesos de criminalización. "El agronegocio nos quiere despojar de nuestros lugares, de nuestros territorios donde producimos alimento", resume en su intervención, donde también subraya que, pese a las dificultades, las comunidades continúan produciendo alimentos y sosteniendo la vida rural.
En ese contexto, reconstruye el momento de la detención como un episodio de extrema violencia institucional. Según su relato, la irrupción policial se produjo el 23 de junio durante la madrugada, cuando Oscari se encontraba descansando junto a su familia en Las Goteras. La operación, afirma, no solo implicó el ingreso sorpresivo a un territorio aislado, sino también el impacto emocional inmediato sobre su entorno familiar. La escena, tal como la describe, fue vivida como "horrorosa" por la familia, en especial por la madre del joven, cuya salud se vio afectada por la incertidumbre sobre su paradero.
Uno de los ejes que Mamani enfatiza es la falta de información durante las primeras horas posteriores a la detención. Habla de una situación de "desaparición" en términos de desconcierto y ausencia de datos oficiales, en la que ni la familia ni las abogadas contaban con información clara sobre dónde había sido trasladado Oscari. Esa incertidumbre, relata, se extendió durante horas en las que incluso la madre del detenido debió ser contenida por descompensaciones reiteradas, mientras el entorno intentaba sostenerla sin respuestas concretas.
La dirigente campesina detalla además lo que considera múltiples irregularidades en el procedimiento: el ingreso nocturno sin información previa suficiente, la falta de comunicación inmediata sobre los motivos de la detención, la ausencia de notificación formal a la defensa en tiempo real y el traslado del joven sin aviso a su familia. Incluso menciona una situación posterior en la que, pese a que se habían acercado alimentos y pertenencias a la dependencia policial en San Salvador de Jujuy, se informó a los allegados que Oscari "estaba bien" y que no necesitaba nada, mientras en realidad ya había sido trasladado sin que su entorno lo supiera.
La secuencia se vuelve aún más confusa cuando, según su reconstrucción, la familia recién tomó conocimiento de la ausencia del detenido al momento de la visita formal, el jueves a las 14 horas. Para entonces, Oscari ya no se encontraba en la dependencia, sin que la defensa ni los familiares hubieran sido notificados de un traslado que incluso llegó a incluir su desplazamiento hacia Buenos Aires. Esa situación fue parcialmente revertida tras presentaciones judiciales de la defensa, que lograron frenar el avance del traslado, aunque la incertidumbre persistió en los días posteriores, con movimientos posteriores entre jurisdicciones que no siempre fueron informados de manera clara.
Traslados, incomunicación y un recorrido confuso
Mamani sostiene que todas estas decisiones se inscriben en resoluciones vinculadas al juez Ariel Lijo, quien habría ordenado el curso de la causa y, según la interpretación de la defensa, también el retorno del detenido a Jujuy tras las presentaciones judiciales. Sin embargo, advierte que incluso con esas resoluciones, la situación continuó siendo inestable, con traslados y reubicaciones que no siempre fueron debidamente comunicados, lo que profundizó la sensación de arbitrariedad.
Pero en su análisis, el caso excede lo estrictamente judicial. Mamani insiste en que no puede separarse la detención de Oscari del conflicto territorial que atraviesa Las Goteras y la zona de Palma Sola. Allí, recuerda, existía una orden de desalojo sobre las tierras donde vive la familia del joven, que había sido recientemente frenada por una presentación judicial que derivó en un fallo favorable para las comunidades el lunes 22, apenas un día antes de la detención.
A ese escenario se suma la dimensión ambiental del conflicto. La dirigente señala que la madre de Oscari forma parte de un amparo ambiental colectivo presentado el 17 de abril contra una empresa minera que explota cobre en las serranías de Santa Bárbara, bajo la razón social Mom Mining. Según su relato, se trata de un emprendimiento cuestionado por organizaciones locales por su impacto sobre el bosque nativo, en una zona donde —afirman— existen áreas clasificadas como protegidas en el ordenamiento territorial. También advierte que el avance minero ha llegado a regiones antes no intervenidas, ampliando el alcance de la explotación hacia zonas bajas de la provincia.
A la luz de ese contexto, las comunidades de Palma Sola sostienen que el proceso de autorización del proyecto presenta irregularidades, que no hubo consulta previa a los habitantes y que el emprendimiento se desarrolla en territorios ambientalmente sensibles. Para Mamani, este conjunto de factores permite comprender la detención de Oscari no solo como una acusación por supuestas amenazas en redes sociales, sino como parte de una disputa más amplia en la que convergen intereses económicos, judiciales y territoriales.
Así, la referente campesina cierra su intervención volviendo sobre esa idea central: que lo que está en juego en Las Goteras y en Palma Sola no es únicamente un conflicto puntual, sino la continuidad de un modo de vida campesino frente a procesos de concentración de la tierra y expansión extractiva que, según su mirada, amenazan tanto la producción de alimentos como la permanencia de las comunidades en sus territorios.
La mirada del MNCI: criminalización y modelo extractivo
Gloria Mamani vuelve a hablar desde la urgencia y la bronca contenida de quienes, desde hace años, sostienen la vida campesina en el norte jujeño mientras observan cómo los conflictos por la tierra se multiplican, se judicializan y, cada vez más, derivan en lo que describe como un proceso de criminalización sistemática de las comunidades indígenas y campesinas. Integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y articulada con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo –Vía Campesina–, la referente de Palma Sola enmarca la detención de Franco Oscari en ese entramado más amplio de disputa territorial, avance extractivo y presión sobre quienes producen alimentos en condiciones cada vez más adversas.
Para Mamani, lo que ocurre no es un hecho aislado sino la expresión de un proceso sostenido. Habla de criminalización cuando las comunidades reclaman por su propio territorio y lo vincula con una serie de agresiones cotidianas que, según describe, se han intensificado con el tiempo. Recuerda la exposición constante a fumigaciones con agrotóxicos en zonas rurales y periurbanas, incluso más allá de las temporadas tradicionales de aplicación. Antes, señala, los venenos se esparcían principalmente en verano, pero hoy —con la humedad y las variaciones climáticas— las fumigaciones se extienden durante todo el año, incluso en invierno, con el objetivo de acelerar procesos de secado para la cosecha. Esa dinámica, afirma, se traduce en un impacto directo sobre la salud, la producción y la vida de las familias campesinas.
La dirigente sostiene que, pese a haber obtenido fallos favorables en materia ambiental —incluso a nivel de la Corte Suprema en instancias previas de litigio cuando en la provincia no encontraban respuestas—, esas resoluciones no se cumplen en el territorio. Denuncia que las comunidades siguen siendo afectadas por las fumigaciones, que las plantas se pierden, que los animales enferman o mueren, y que incluso se registran ataques directos contra el ganado. En su relato, la violencia no es solo institucional o judicial, sino también material y cotidiana, en un entorno donde la producción de alimentos se vuelve cada vez más difícil de sostener.
Territorio, vigilancia y denuncias de persecución en zonas rurales
En ese contexto, reconstruye el momento de la detención como un episodio de extrema violencia institucional. Según su relato, la irrupción policial se produjo el 23 de junio durante la madrugada, cuando Oscari se encontraba descansando junto a su familia en Las Goteras. La operación, afirma, no solo implicó el ingreso sorpresivo a un territorio aislado, sino también el impacto emocional inmediato sobre su entorno familiar. La escena, tal como la describe, fue vivida como "horrorosa" por la familia, en especial por la madre del joven, cuya salud se vio afectada por la incertidumbre sobre su paradero.
Uno de los ejes que Mamani enfatiza es la falta de información durante las primeras horas posteriores a la detención. Habla de una situación de "desaparición" en términos de desconcierto y ausencia de datos oficiales, en la que ni la familia ni las abogadas contaban con información clara sobre dónde había sido trasladado Oscari. Esa incertidumbre, relata, se extendió durante horas en las que incluso la madre del detenido debió ser contenida por descompensaciones reiteradas, mientras el entorno intentaba sostenerla sin respuestas concretas.
La dirigente campesina detalla además lo que considera múltiples irregularidades en el procedimiento: el ingreso nocturno sin información previa suficiente, la falta de comunicación inmediata sobre los motivos de la detención, la ausencia de notificación formal a la defensa en tiempo real y el traslado del joven sin aviso a su familia. Incluso menciona una situación posterior en la que, pese a que se habían acercado alimentos y pertenencias a la dependencia policial en San Salvador de Jujuy, se informó a los allegados que Oscari "estaba bien" y que no necesitaba nada, mientras en realidad ya había sido trasladado sin que su entorno lo supiera.
La secuencia se vuelve aún más confusa cuando, según su reconstrucción, la familia recién tomó conocimiento de la ausencia del detenido al momento de la visita formal, el jueves a las 14 horas. Para entonces, Oscari ya no se encontraba en la dependencia, sin que la defensa ni los familiares hubieran sido notificados de un traslado que incluso llegó a incluir su desplazamiento hacia Buenos Aires. Esa situación fue parcialmente revertida tras presentaciones judiciales de la defensa, que lograron frenar el avance del traslado, aunque la incertidumbre persistió en los días posteriores, con movimientos posteriores entre jurisdicciones que no siempre fueron informados de manera clara.
Traslados, incomunicación y un recorrido confuso
Mamani sostiene que todas estas decisiones se inscriben en resoluciones vinculadas al juez Ariel Lijo, quien habría ordenado el curso de la causa y, según la interpretación de la defensa, también el retorno del detenido a Jujuy tras las presentaciones judiciales. Sin embargo, advierte que incluso con esas resoluciones, la situación continuó siendo inestable, con traslados y reubicaciones que no siempre fueron debidamente comunicados, lo que profundizó la sensación de arbitrariedad.
Pero en su análisis, el caso excede lo estrictamente judicial. Mamani insiste en que no puede separarse la detención de Oscari del conflicto territorial que atraviesa Las Goteras y la zona de Palma Sola. Allí, recuerda, existía una orden de desalojo sobre las tierras donde vive la familia del joven, que había sido recientemente frenada por una presentación judicial que derivó en un fallo favorable para las comunidades el lunes 22, apenas un día antes de la detención.
A ese escenario se suma la dimensión ambiental del conflicto. La dirigente señala que la madre de Oscari forma parte de un amparo ambiental colectivo presentado el 17 de abril contra una empresa minera que explota cobre en las serranías de Santa Bárbara, bajo la razón social Mom Mining. Según su relato, se trata de un emprendimiento cuestionado por organizaciones locales por su impacto sobre el bosque nativo, en una zona donde —afirman— existen áreas clasificadas como protegidas en el ordenamiento territorial. También advierte que el avance minero ha llegado a regiones antes no intervenidas, ampliando el alcance de la explotación hacia zonas bajas de la provincia.
A la luz de ese contexto, las comunidades de Palma Sola sostienen que el proceso de autorización del proyecto presenta irregularidades, que no hubo consulta previa a los habitantes y que el emprendimiento se desarrolla en territorios ambientalmente sensibles. Para Mamani, este conjunto de factores permite comprender la detención de Oscari no solo como una acusación por supuestas amenazas en redes sociales, sino como parte de una disputa más amplia en la que convergen intereses económicos, judiciales y territoriales.
Así, la referente campesina cierra su intervención volviendo sobre esa idea central: que lo que está en juego en Las Goteras y en Palma Sola no es únicamente un conflicto puntual, sino la continuidad de un modo de vida campesino frente a procesos de concentración de la tierra y expansión extractiva que, según su mirada, amenazan tanto la producción de alimentos como la permanencia de las comunidades en sus territorios.
La mirada del MNCI: criminalización y modelo extractivo
Gloria Mamani vuelve a hablar desde la urgencia y la bronca contenida de quienes, desde hace años, sostienen la vida campesina en el norte jujeño mientras observan cómo los conflictos por la tierra se multiplican, se judicializan y, cada vez más, derivan en lo que describe como un proceso de criminalización sistemática de las comunidades indígenas y campesinas. Integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y articulada con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo –Vía Campesina–, la referente de Palma Sola enmarca la detención de Franco Oscari en ese entramado más amplio de disputa territorial, avance extractivo y presión sobre quienes producen alimentos en condiciones cada vez más adversas.
Para Mamani, lo que ocurre no es un hecho aislado sino la expresión de un proceso sostenido. Habla de criminalización cuando las comunidades reclaman por su propio territorio y lo vincula con una serie de agresiones cotidianas que, según describe, se han intensificado con el tiempo. Recuerda la exposición constante a fumigaciones con agrotóxicos en zonas rurales y periurbanas, incluso más allá de las temporadas tradicionales de aplicación. Antes, señala, los venenos se esparcían principalmente en verano, pero hoy —con la humedad y las variaciones climáticas— las fumigaciones se extienden durante todo el año, incluso en invierno, con el objetivo de acelerar procesos de secado para la cosecha. Esa dinámica, afirma, se traduce en un impacto directo sobre la salud, la producción y la vida de las familias campesinas.
La dirigente sostiene que, pese a haber obtenido fallos favorables en materia ambiental —incluso a nivel de la Corte Suprema en instancias previas de litigio cuando en la provincia no encontraban respuestas—, esas resoluciones no se cumplen en el territorio. Denuncia que las comunidades siguen siendo afectadas por las fumigaciones, que las plantas se pierden, que los animales enferman o mueren, y que incluso se registran ataques directos contra el ganado. En su relato, la violencia no es solo institucional o judicial, sino también material y cotidiana, en un entorno donde la producción de alimentos se vuelve cada vez más difícil de sostener.
Territorio, vigilancia y denuncias de persecución en zonas rurales
En esa trama, la figura de Franco Oscari aparece nuevamente como parte de una generación militante que, según Mamani, se organiza para defender el territorio frente a ese avance. La referente retoma la idea de que su detención no puede entenderse sin el contexto de Las Goteras y Palma Sola, una zona de difícil acceso donde la geografía misma condiciona la vida diaria. Describe un territorio atravesado por arroyos, con pasos que requieren cruzar hasta 17 veces cursos de agua, con grandes rocas y caminos que en épocas de lluvia se vuelven intransitables. En esos períodos, explica, el acceso solo es posible a caballo o caminando, lo que profundiza el aislamiento de las familias que viven allí.
Sin embargo, contrasta esa dificultad estructural con la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad, que —según su relato— lograron ingresar de madrugada al paraje en un operativo que no sería un hecho aislado. Mamani menciona antecedentes recientes de presencia de camionetas sin identificación en la zona, en las que inicialmente se presentaron como personal de la Policía Federal y luego como supuestos trabajadores de un censo agropecuario. Esos episodios, ocurridos aproximadamente un mes o mes y medio antes de la detención, son interpretados por ella como parte de un patrón de vigilancia y hostigamiento previo.
En su testimonio, la dirigente insiste en que esta secuencia configura un escenario de persecución creciente sobre las familias campesinas. En ese sentido, retoma el caso de Oscari para subrayar el impacto humano de los traslados y la falta de información durante el proceso judicial. Según reconstruye, el joven fue movido entre distintas jurisdicciones -Jujuy, Tucumán y luego Salta Capital- sin notificación clara a su defensa ni a su familia, lo que generó desconcierto y angustia tanto en él como en su entorno. Mamani relata que, en una comunicación reciente, Oscari se encontraba emocionalmente afectado, desorientado por los traslados y por la incertidumbre sobre su situación procesal, lo que también impactó en su familia directa.
Detención, traslados y denuncia de arbitrariedad
En ese contexto, la abogada del caso habría confirmado que el joven se encuentra actualmente detenido en dependencias de la Policía Federal en la ciudad de Salta. Para Mamani, esta situación profundiza la sensación de arbitrariedad, no solo por los cambios de lugar, sino también por las condiciones en las que se producen, con incomunicaciones temporales y falta de información clara sobre su paradero.
El propio Movimiento Nacional Campesino Indígena difundió un comunicado en el que advierte que Oscari permanece detenido en la delegación de la Policía Federal en Salta Capital, un edificio que además tiene una carga histórica particular: allí funcionó un centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar, reconocido como sitio de memoria desde 2012. El texto también señala que el joven logró comunicarse con su abogada luego de dos días de incomunicación y que, pese a la situación de traslados y tensiones, se encuentra íntegro y firme, sosteniendo —según la organización— que su detención tiene carácter político.
Desde esa misma declaración se denuncia que cada traslado implica la pérdida de pertenencias enviadas por sus compañeros y compañeras, lo que es interpretado como una forma de maltrato adicional. Aun así, el movimiento sostiene que en cada lugar por el que pasó el detenido recibió acompañamiento de organizaciones campesinas y de derechos humanos, que mantienen la exigencia de su liberación inmediata y el pedido de que la causa sea radicada en la provincia de Jujuy, y no en Buenos Aires, como parte de una disputa más amplia sobre la jurisdicción y el tratamiento judicial del caso.
A partir de allí, la Coordinadora por la Libertad de Franco Oscari refuerza el reclamo con un mensaje político más directo, en el que denuncia lo que considera un accionar desproporcionado del Estado y exige el cese de lo que describe como prácticas de amedrentamiento y ensañamiento. El cierre de esa posición colectiva resume la consigna que atraviesa toda la disputa: la exigencia de "libertad ya" para Oscari y el rechazo a la intervención de las autoridades nacionales en los territorios campesinos de Jujuy.
Sin embargo, contrasta esa dificultad estructural con la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad, que —según su relato— lograron ingresar de madrugada al paraje en un operativo que no sería un hecho aislado. Mamani menciona antecedentes recientes de presencia de camionetas sin identificación en la zona, en las que inicialmente se presentaron como personal de la Policía Federal y luego como supuestos trabajadores de un censo agropecuario. Esos episodios, ocurridos aproximadamente un mes o mes y medio antes de la detención, son interpretados por ella como parte de un patrón de vigilancia y hostigamiento previo.
En su testimonio, la dirigente insiste en que esta secuencia configura un escenario de persecución creciente sobre las familias campesinas. En ese sentido, retoma el caso de Oscari para subrayar el impacto humano de los traslados y la falta de información durante el proceso judicial. Según reconstruye, el joven fue movido entre distintas jurisdicciones -Jujuy, Tucumán y luego Salta Capital- sin notificación clara a su defensa ni a su familia, lo que generó desconcierto y angustia tanto en él como en su entorno. Mamani relata que, en una comunicación reciente, Oscari se encontraba emocionalmente afectado, desorientado por los traslados y por la incertidumbre sobre su situación procesal, lo que también impactó en su familia directa.
Detención, traslados y denuncia de arbitrariedad
En ese contexto, la abogada del caso habría confirmado que el joven se encuentra actualmente detenido en dependencias de la Policía Federal en la ciudad de Salta. Para Mamani, esta situación profundiza la sensación de arbitrariedad, no solo por los cambios de lugar, sino también por las condiciones en las que se producen, con incomunicaciones temporales y falta de información clara sobre su paradero.
El propio Movimiento Nacional Campesino Indígena difundió un comunicado en el que advierte que Oscari permanece detenido en la delegación de la Policía Federal en Salta Capital, un edificio que además tiene una carga histórica particular: allí funcionó un centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar, reconocido como sitio de memoria desde 2012. El texto también señala que el joven logró comunicarse con su abogada luego de dos días de incomunicación y que, pese a la situación de traslados y tensiones, se encuentra íntegro y firme, sosteniendo —según la organización— que su detención tiene carácter político.
Desde esa misma declaración se denuncia que cada traslado implica la pérdida de pertenencias enviadas por sus compañeros y compañeras, lo que es interpretado como una forma de maltrato adicional. Aun así, el movimiento sostiene que en cada lugar por el que pasó el detenido recibió acompañamiento de organizaciones campesinas y de derechos humanos, que mantienen la exigencia de su liberación inmediata y el pedido de que la causa sea radicada en la provincia de Jujuy, y no en Buenos Aires, como parte de una disputa más amplia sobre la jurisdicción y el tratamiento judicial del caso.
A partir de allí, la Coordinadora por la Libertad de Franco Oscari refuerza el reclamo con un mensaje político más directo, en el que denuncia lo que considera un accionar desproporcionado del Estado y exige el cese de lo que describe como prácticas de amedrentamiento y ensañamiento. El cierre de esa posición colectiva resume la consigna que atraviesa toda la disputa: la exigencia de "libertad ya" para Oscari y el rechazo a la intervención de las autoridades nacionales en los territorios campesinos de Jujuy.
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