domingo, 21 de junio de 2026

Colombia en segunda vuelta: entre dos modelos antagónicos de país

Con más de 41 millones de personas habilitadas para votar, Colombia enfrenta una elección presidencial decisiva en un escenario polarizado. Dos proyectos con visiones opuestas del Estado, la economía y la democracia se disputan el rumbo del país para los próximos cuatro años
Simpatizante de Ivan Cepeda en un mitín

Por: Ivonne Picof, desde Colombia para Señales
Este 21 de junio Colombia se prepara para vivir la segunda vuelta presidencial, en la que la ciudadanía deberá escoger quién sucederá al presidente Gustavo Petro durante el próximo periodo de cuatro años. De acuerdo con el censo electoral de la Registraduría Nacional del Estado Civil, más de 41 millones de personas están habilitadas para votar. En la primera vuelta, realizada en mayo, participaron aproximadamente 23 millones de electores, y se espera que en esta nueva jornada ese nivel de participación pueda incrementarse.

Se trata de una segunda vuelta en un país profundamente dividido, atravesado por dos proyectos políticos que no solo compiten, sino que encarnan visiones antagónicas sobre el Estado, la economía, la seguridad y la democracia. No es simplemente una contienda electoral: es también la expresión de dos lecturas distintas -y en muchos casos irreconciliables- sobre los problemas estructurales de Colombia.

Un país partido en dos proyectos
En las semanas entre la primera y la segunda vuelta, las campañas han reorientado sus esfuerzos hacia la búsqueda de nuevos apoyos. Por un lado, la campaña de Abelardo de la Espriella ha intentado sostener su liderazgo obtenido en la primera vuelta e incluso ampliarlo. Por el otro, la candidatura de la izquierda socialdemócrata de Iván Cepeda ha concentrado sus esfuerzos en reducir la distancia y remontar el resultado inicial.

Los mapas electorales de la primera vuelta dejaron una lectura clara de la polarización territorial. En ciudades como Bogotá, Cali, Barranquilla y Cartagena, la mayor votación se inclinó hacia Iván Cepeda. En contraste, Medellín -y en general Antioquia- se consolidó como un bastión fuerte de la derecha, donde Abelardo de la Espriella obtuvo su mayor respaldo.

Esta división territorial no es menor: refleja también diferencias sociales, económicas y culturales profundas que atraviesan al país y que se expresan con fuerza en las urnas.

Reacomodos, apoyos y transferencias de voto
Un elemento clave de esta segunda vuelta está en la redistribución de apoyos obtenidos en la primera jornada electoral. La candidata Paloma Valencia, quien alcanzó cerca del 7% de los votos, se convirtió en un factor relevante en la reconfiguración del mapa electoral.

Aunque su respaldo oficial se ha orientado hacia la campaña de Abelardo de la Espriella, distintos analistas han advertido que no necesariamente todos sus votantes migrarán automáticamente hacia esa candidatura. La transferencia de votos no es mecánica, y depende de afinidades programáticas, ideológicas y de la relación con cada campaña.

De hecho, en las semanas posteriores a la primera vuelta, ha sido limitado el protagonismo público de Paloma Valencia en actos de campaña junto a Abelardo de la Espriella, lo que también ha alimentado interpretaciones sobre la solidez real de esas adhesiones.

Una campaña marcada por la derecha radical
En este nuevo tramo de la contienda, la campaña de Abelardo de la Espriella ha profundizado una narrativa que se identifica con sectores de la derecha radical internacional. Su discurso ha estado atravesado por referencias recurrentes a la seguridad, el orden y el uso de la fuerza como eje central de su propuesta de gobierno.

Uno de los elementos más discutidos de su programa es la insistencia en el derecho al porte de armas como mecanismo de protección ciudadana, junto con la promesa de restablecer el orden público mediante medidas de mayor contundencia estatal. En esa lógica, la seguridad aparece como eje articulador de toda su propuesta política.

La campaña, bajo el lema de "la patria milagro", también ha mostrado una fuerte cercanía simbólica y política con Estados Unidos, lo que ha generado debates sobre el grado de dependencia o alineamiento internacional que podría asumir un eventual gobierno suyo.

A ello se suma un punto particularmente sensible: Abelardo de la Espriella posee doble nacionalidad —colombiana, italiana y estadounidense— y realizó un juramento de lealtad a Estados Unidos, lo que ha abierto interrogantes sobre posibles conflictos de interés en caso de asumir la presidencia, considerando que la Constitución establece la obligación de defender los intereses del Estado colombiano por encima de cualquier otro.
Abelardo de la Espriella, en el Valle del Cauca

Libertad de prensa, judicialización y tensión institucional
Otro aspecto que ha generado controversia es su trayectoria como abogado, en la que ha impulsado acciones judiciales contra decenas de periodistas con los que ha tenido desacuerdos. Este hecho ha sido interpretado por distintos sectores como una señal de alerta frente a la libertad de prensa y la libertad de expresión en el país.

En un contexto como el colombiano, atravesado por décadas de conflicto armado y tensiones políticas, el rol de la prensa y la protección de la pluralidad de voces se consideran pilares fundamentales de la democracia. Por ello, cualquier antecedente de judicialización sistemática del periodismo genera preocupación en sectores de opinión.

A esto se suma su postura frente a la protesta social. En distintas intervenciones ha manifestado poca tolerancia hacia las movilizaciones ciudadanas, lo que ha sido interpretado como una posible inclinación hacia modelos de control más estrictos del orden público.

Estas preocupaciones se intensifican si se tiene en cuenta el antecedente reciente del estallido social, en el que múltiples organizaciones de derechos humanos denunciaron la vulneración de derechos fundamentales durante las protestas, especialmente contra jóvenes, estudiantes universitarios y líderes sociales.

Estado laico, religión y visión de país
Otro punto de debate gira en torno a la relación entre religión y Estado. En el discurso de la campaña de Abelardo de la Espriella se ha otorgado un lugar central a la religión como elemento orientador de la vida pública, lo que ha despertado alertas en sectores que defienden la estricta separación entre Iglesia y Estado establecida en la Constitución de 1991.

Para sus críticos, la posibilidad de introducir una visión religiosa como eje de gobierno podría tensionar el carácter laico del Estado colombiano y abrir la puerta a nuevas formas de exclusión en un país profundamente diverso.

En el plano económico, también han surgido propuestas como la eventual dolarización de la economía, una medida que ha sido presentada como alternativa de estabilización, pero que al mismo tiempo es vista por otros sectores como un riesgo de pérdida de soberanía monetaria y fiscal.

Experiencia política y cuestionamientos al pasado reciente
Abelardo de la Espriella, quien no ha ocupado cargos de elección popular previamente, ha apoyado parte de su proyección política en figuras de su entorno, entre ellas su fórmula vicepresidencial, a la que se le atribuye experiencia en la gestión pública.

Desde sectores críticos se ha señalado la gestión de gobiernos anteriores en los que algunos de sus aliados ocuparon cargos ministeriales, especialmente durante el periodo del expresidente Iván Duque, en el contexto del estallido social. Se les atribuyen decisiones polémicas en materia económica y social, así como impactos en indicadores como inflación, desempleo y manejo de activos estratégicos del Estado.

Iván Cepeda: derechos humanos y Estado social de derecho
En el otro extremo de la contienda se ubica la candidatura de Iván Cepeda, filósofo y defensor de derechos humanos, con una trayectoria extensa en el Congreso de la República y en la defensa de víctimas del conflicto armado.

Su propuesta se estructura alrededor del fortalecimiento del Estado social de derecho, la lucha contra la corrupción, la reforma agraria y ambiental, y la protección del patrimonio cultural y natural del país. También plantea el fortalecimiento de los derechos de las mujeres y de las poblaciones históricamente vulneradas.

Uno de los ejes centrales de su campaña es la idea de un acuerdo nacional, entendido como un espacio de concertación entre distintos sectores políticos, sociales y económicos para abordar los problemas estructurales del país.

Acuerdo nacional, garantías democráticas y adhesiones
La propuesta del acuerdo nacional ha permitido, según distintos sectores, despejar temores sobre interpretaciones más radicales de su programa, como la posibilidad de una asamblea constituyente, tema que había generado inquietud en algunos sectores del centro político y del progresismo.

En este contexto, han surgido apoyos relevantes desde distintos ámbitos. Figuras políticas como Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, han expresado razones para respaldar su candidatura en esta segunda vuelta, aunque sin una adhesión partidista plena. También se han sumado liderazgos juveniles y estudiantiles, entre ellos Jennifer Pedraza, quienes han manifestado públicamente su intención de voto.

Estas adhesiones se explican, en parte, por la percepción de garantías democráticas y de respeto por la oposición política dentro de su eventual gobierno, algo que distintos sectores consideran fundamental en una democracia pluralista.

Observación electoral y garantías del proceso
En medio de un contexto político altamente polarizado, las autoridades electorales han anunciado un amplio dispositivo de observación para la jornada electoral. Se prevé la participación de más de 16.000 observadores nacionales e internacionales, incluyendo delegaciones de países de América Latina y Europa.

Asimismo, organizaciones de observación electoral y campañas políticas han incrementado la presencia de testigos en los puestos de votación, con el objetivo de garantizar transparencia y trazabilidad en el conteo de votos.

La fuerza pública también tendrá un despliegue significativo en distintas regiones del país, especialmente en zonas rurales y apartadas, con el fin de garantizar condiciones de seguridad para el ejercicio del derecho al voto.

Un país ante una decisión estructural
Más allá de los nombres propios, esta segunda vuelta presidencial plantea una decisión de fondo sobre el modelo de país. Por un lado, una propuesta que insiste en el orden, la seguridad y el fortalecimiento de medidas de control estatal. Por el otro, una apuesta centrada en la expansión de derechos, el fortalecimiento institucional y la búsqueda de acuerdos amplios.

El resultado de esta elección no solo definirá un gobierno, sino también el tono del debate democrático en los próximos años. En un país marcado por décadas de conflicto, desigualdad y tensiones políticas, la expectativa central es que el proceso electoral se desarrolle en condiciones de tranquilidad, seguridad y respeto por la voluntad ciudadana.

La democracia colombiana se juega, una vez más, no solo la elección de un presidente, sino la posibilidad de sostener —o redefinir— el equilibrio entre sus distintas fuerzas políticas y sociales.
Fotos: Santiago Saldarriaga AP - Campaña Addle

Ver también: Colombia: el legado de Gustavo Petro en disputa

sábado, 20 de junio de 2026

Fernando Borroni: "Estamos frente a la aventura de un hombre solo"

Fernando Borroni presentará en Rosario su libro Coronados de odio y reflexionó en Señales sobre el significado político y cultural del fenómeno Milei, el avance de las nuevas derechas, el papel de los medios y la necesidad de construir una nueva épica colectiva para el futuro argentino
Fernando Borroni es escritor, periodista y docente. Con una extensa trayectoria en medios radiales y televisivos, se ha consolidado como una de las voces más reconocidas del periodismo político argentino. Profesor de radio y periodismo en la Universidad Nacional de La Plata y cofundador de la Escuela Popular de Medios Comunitarios Homero Manzi, ha combinado a lo largo de su carrera la práctica periodística con la formación y la reflexión crítica sobre la comunicación y la política.

Es autor de los libros La inquisición neoliberal, Victorias populares, Lo dicho a tiempo y, más recientemente, Coronados de odio. La Argentina de Milei en un mundo de ultraderechas y neocolonialismo. Actualmente conduce los programas Sin lugar para los débiles en C5N y No Se Desesperen por Radio 10.

Reconocido, entre otras distinciones, con el Premio a la Cultura Arturo Jauretche y en dos oportunidades con el Premio Oesterheld al mejor editorialista del año, Borroni ha desarrollado una mirada singular sobre los procesos políticos y culturales de la Argentina contemporánea.

En Coronados de odio, su último libro, analiza el fenómeno Milei en el marco de una transformación global marcada por el avance de las nuevas derechas. Allí explora el papel del odio como herramienta de construcción política, la crisis de los lazos colectivos y las disputas culturales que atraviesan nuestras sociedades, al tiempo que recupera la memoria, la solidaridad y la acción colectiva como horizontes posibles frente al presente.

Hoy, en Señales, conversaremos con él sobre estas ideas, los desafíos que plantea el tiempo que vivimos y las preguntas que abre su más reciente trabajo.

Hay una idea central que es no sólo analizar cómo llegó Milei o por qué llegó Milei, sino qué significa Milei hoy en la Argentina, en el medio de una ultraderecha que avanza y de un proceso neocolonial que se está dando en distintas partes del mundo

Milei como síntoma de una crisis más profunda

Fernando, hay una idea central que no pasa solamente por analizar cómo llegó Milei o por qué llegó Milei, sino por comprender qué significa Milei hoy en la Argentina, en medio del avance de una ultraderecha y de un proceso neocolonial que se está desarrollando en distintas partes del mundo.
Sí, es así. El libro intenta reflexionar y analizar que Milei es mucho más que nuestro presidente. Es mucho más que la resultante de una mala gestión del gobierno del Frente de Todos o de una mala gestión del propio Mauricio Macri. Milei significa mucho más.

De alguna manera, Milei es la expresión de una humanidad -y particularmente de una sociedad argentina- que evidentemente ha cambiado y sigue cambiando. Vivimos tiempos atravesados por una enorme derrota cultural que encontró en Milei una de sus expresiones. Milei es el resultado de una sociedad que está rompiendo sus vínculos, de unos valores que, de alguna manera, han comenzado a ser trastocados por los antivalores que representa este gobierno.

Milei es la resultante de un mercado que se ha instalado por encima del bien común; de una economía que ha dejado de tener a los seres humanos como centro; de una educación que también ha dejado de ponerlos en el centro; y de una cultura en la que el ser humano ha perdido esa centralidad.

Entonces, entender por qué Milei es hoy lo que es implica asumir una causalidad múltiple. Eso es algo que trato de señalar en el libro, sin esquivar las particularidades de nuestro país ni las razones por las cuales llegó a la Presidencia. Pero también intento hacer el esfuerzo de comprender que Milei representa mucho más, en términos de humanidad, de lo que solemos creer.

Y eso nos va a exigir, cuando llegue el posmileísmo, otro tipo de compromiso.

El libro como espejo: explicarnos a nosotros mismos

Con lo cual, ¿este libro no intenta explicar a Milei o intenta explicar algo más profundo que Milei?

Yo creo que intenta explicarnos a nosotros mismos. Intenta explicar nuestros errores, nuestras ausencias y por qué el odio volvió a convertirse en una forma de construir sociedad. En realidad, habría que decir de destruir sociedad.

¿Cuántas veces se dijo que el amor es un valor político? Si el amor es un valor político, el odio es un disvalor de la propia política. Sin embargo, existe. Ya sabemos lo que ha significado el odio a lo largo de la historia de la humanidad y, en la Argentina, lo que ha significado el odio contra el peronismo y contra las clases populares.

Entonces, cuando pensamos por qué Milei en la Argentina, yo creo que Milei representa una suerte de nuevo 19 y 20 de diciembre de 2001, pero invertido. El 19 y 20 de diciembre fue una implosión social que terminó con el grito de "que se vayan todos", producto del cansancio frente a una política que nos hacía vivir mal desde hacía años; si se quiere, desde el comienzo mismo de la democracia.

Me decía: el 19 y 20 de diciembre fue esa implosión social que terminó de la manera en que terminó y que, de algún modo, se orientó hacia lo popular. Pero, ¿cuál era la clave de aquel proceso? Más allá de los motivos, era la despolitización, el desprecio hacia la política.

Aquel "que se vayan todos" de 2001 se transformó en 2023 en el "vamos a terminar con la casta". La casta fue la síntesis de una nueva despolitización. Otra vez, una parte importante de la sociedad apareció enojada con la política y despreciando a la política.

Y, en lugar de derivar en una implosión social —porque no hubo corralito—, ese proceso terminó con la elección de una persona que estaba por fuera de las lógicas políticas, institucionales y democráticas tradicionales. En ese sentido, el triunfo de Milei también fue una expresión del "que se vayan todos", aunque esta vez canalizada hacia la derecha.

Por eso creo que hay un punto de quiebre comparable entre ambos momentos históricos.  
Los medios como actores centrales del poder

¿Qué lugar ocupan hoy -porque de esto nos ocupamos nosotros, y vos también mucho- algunos medios de comunicación en la disputa de esta batalla cultural? ¿Son actores centrales o simplemente reflejan algo más profundo?

No, son centrales. Son absolutamente centrales. No hay Javier Milei sin Eduardo Feinmann, no hay Javier Milei sin Esteban Trebucq, no hay Javier Milei sin Luis Majul, no hay Javier Milei sin Alejandro Fantino.

Del mismo modo que no había dictadura sin Clarín o sin La Nación. No podemos pensar a la sociedad como si estuviera compuesta por estamentos estancos. No hay Cristina presa sin la Corte, sin la Justicia, por supuesto, pero tampoco sin Clarín.

Vos lo sabés, ustedes lo saben tanto como yo: los medios son, ante todo, instrumentos que disputan poder. Y los grandes medios disputan poder real; no disputan cuestiones menores.

Vos recordarás aquella anécdota que cuenta Rodolfo Terragno sobre una reunión con Héctor Magnetto. Cuando fue a hablar en representación del gobierno de Alfonsín, Terragno le preguntó: "¿Pero usted se quiere quedar con el gobierno? ¿Quiere ser presidente?". Y Magnetto le respondió: "Presidente, puesto menor".

Bueno, esa es una disputa que sigue vigente.

Si bien Milei es, en gran medida, una construcción de las redes sociales, también es cierto que Clarín no construyó a Milei. Clarín construyó a Macri, no a Milei. Ahora bien, lo que sí está claro es que el antiperonismo es tan fuerte en algunos medios, y el antikirchnerismo tan extremo, que terminan justificando —muchas veces también por dinero— medidas de este gobierno que resultan injustificables a los ojos de cualquier persona.

Quitarles recursos a las personas con discapacidad y luego reprimirlas en una plaza; hacer lo mismo con los jubilados. Son situaciones que no deberían ser defendibles desde ningún punto de vista ni bajo ninguna ideología. Sin embargo, en este país somos capaces de reivindicarlas desde ciertos medios de comunicación.

Ahí está su papel. Son voceros. Son quienes van construyendo sentido. Son quienes trabajan todos los días para hacerle creer a la gente que es mejor comer una o dos milanesas menos, o hacer dos comidas por día en lugar de cuatro, con tal de que no vuelva el peronismo. Después podrá haber más o menos milanesas, pero eso no importa: intentan convencerte de que no importa.

Por eso digo que son fundamentales.

Individualismo, pandemia y transformación cultural

Decir que hoy predomina lo individual sobre lo colectivo, ¿es una construcción del poder o también una transformación social mucho más amplia que se está dando?
Yo creo que ambas cosas van de la mano. Y, además, creo que es un fenómeno mucho más amplio.

Es mucho más amplio porque no es algo exclusivamente local. No son casualidades aisladas: Milei en la Argentina, Trump en Estados Unidos, Ayuso en Madrid, el avance de la derecha más conservadora en Chile, la posibilidad de que vuelva a ganar la derecha en Colombia después de un gobierno importante como el de Petro, o lo que representa Vox en España. Quiero decir: es un fenómeno que se está dando a escala mundial.

Y en eso también tuvo mucho que ver la pandemia. Yo creo que la pandemia es una de las bases del triunfo cultural circunstancial de las derechas. Digo circunstancial porque las derrotas y las victorias culturales siempre lo son.

¿Por qué? Porque si el gran discurso de la derecha, en términos sociales, consiste en afirmar que el gran problema que tenés en la vida es el otro —porque el otro te puede quitar el trabajo, porque el otro te puede robar, porque el otro puede tener aquello que vos deseás y no tenés, porque el otro es el riesgo y la amenaza—, y que, en definitiva, vos podés salir adelante solo gracias a tu mérito, con la meritocracia por encima de todo, la pandemia terminó consolidando esa idea.

Y la consolidó, en cierto sentido, con una experiencia real detrás. ¿Por qué digo esto? Porque durante la pandemia el riesgo efectivamente era el otro. Todos lo vivimos. Todos lo sufrimos. Vos te cuidabas, te aislabas, y aun así podías contagiarte por contacto con otra persona que no había tomado los recaudos necesarios o que simplemente había tenido la mala suerte de contagiarse.

Entonces apareció una lógica muy fuerte de individualismo: tenías que cuidarte vos. No podías estar con otros. La idea del cuidado colectivo existía, por supuesto —si todos usaban barbijo, si todos tomaban precauciones—, pero la sensación dominante era otra. La posibilidad concreta de enfermarse o morir, y de contagiarse a través de un otro conocido o desconocido, hizo que el repliegue sobre uno mismo fuera algo real. Y también fue real la percepción del otro como riesgo.

El mundo salió de esa experiencia con una lógica de "sálvese quien pueda", porque la pandemia, en muchos aspectos, fue vivida de esa manera.

Y en la Argentina también vimos expresiones de eso. Llegaron las vacunas y, sin embargo, el "sálvese quien pueda" era tan fuerte que aparecían manifestaciones absurdas, como personas disfrazadas con flotadores en algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires o quienes sostenían que las vacunas eran perjudiciales.

Por eso digo que también somos resultado de todo ese proceso.

El cambio cultural global

Ese cambio cultural del que hablás, ¿tenemos que identificarlo con el proceso que atravesamos durante la pandemia?
Sí, yo creo que sí.

A ver, la derecha siempre tuvo como objetivo construir este tipo de sociedades, pero la pandemia profundizó ese proceso. Hay algo de la experiencia humana que significó la pandemia que muchos no terminamos de elaborar ni de comprender del todo; me incluyo, por supuesto.

Si volvemos algunos años atrás -ya pasaron seis años desde 2020-, lo que vivimos fue realmente aterrador. Yo recuerdo tener que ir a la radio, tener que ir al canal. En ese momento trabajaba en la radio con Víctor Hugo, y la verdad es que tenía miedo, porque después volvía a mi casa, con mis hijos y mi familia. También tuve amigos cercanos que fallecieron. En definitiva, atravesé situaciones que nos tocaron a todos.

Y también estaban las imágenes que veíamos permanentemente. Te lo digo como colega: desde los programas periodísticos, todas las tardes esperábamos que llegara el momento de conocer la cantidad de contagios. ¿Se acuerdan de lo que era eso? Era algo demencial. Absolutamente demencial.

Esa experiencia no pasó sin dejar huellas. Nos pasó por encima, sin dudas, pero también contribuyó a moldear parte de lo que somos hoy. Había desconcierto, miedo, incertidumbre. Todo eso dejó marcas.

Ahora bien, también hay que decir que Milei llega en 2023. No es una consecuencia inmediata ni automática de la pandemia. Pero forma parte de una resultante más amplia.

¿Por qué? Porque durante aquellos años Milei crecía en las redes sociales. Era uno de los contenidos que circulaban permanentemente. En un contexto donde gran parte de nuestra vida transcurría frente a las pantallas, su figura fue ganando visibilidad de manera constante.

El sujeto odiante

Ese sujeto social se fue construyendo. ¿De qué manera? Porque ya no parece organizarse alrededor de derechos o de proyectos colectivos, sino a partir del rechazo al otro.
Bueno, ahí en el libro hablo de lo que llamo el "sujeto odiante".

Es decir, un sujeto que es capaz de constituirse como actor social a partir de aquello que desprecia, de aquello que margina, a partir del odio.

Al fin y al cabo, la Argentina de hoy, a grandes rasgos, tiene al peronismo como el gran movimiento político. Y el otro gran movimiento es el antiperonismo. Yo no vengo del peronismo, pero me parece importante señalarlo. El movimiento antiperonista es, en buena medida, un movimiento regulado por el desprecio. Es un movimiento que se organiza alrededor de la idea de que el otro no tenga derechos porque no quiero que se parezca a mí.

Es un movimiento regulado a partir del odio.

Entonces, el sujeto odiante es aquel que se constituye y se reconoce a sí mismo por diferenciación con el otro.

Es como quienes dicen: "Yo soy apolítico, no me meto en política. No me gusta que se hable de política. No me interesa discutir sobre el Estado y el mercado. No me interesa hablar de educación pública. No me interesan los medios. No me informo. Pero K no soy".

Bueno, ahí aparece algo muy significativo. Es alguien que dice: "No entiendo demasiado, no sé bien quién soy, no sé qué quiero ni qué puedo hacer, pero sí sé qué es lo que desprecio".

Y desde ahí vota. Desde ahí se organiza políticamente. Y eso muchas veces lo lleva a votar en contra de sus propios intereses.

Uno puede decirle: "Pero durante tal gobierno vivías mejor, tenías más derechos que ahora". Y la respuesta puede ser: "Sí, es verdad. Pero no los voto ni loco".

Ahí aparece un sujeto regulado por una emocionalidad negativa que, entre otras cosas, es el odio.

Y esa emocionalidad es también una emocionalidad violenta. Por eso, en el libro sostengo que el voto a Milei es, en gran medida, un voto en emoción violenta: un voto atravesado por el enojo, por el desprecio y por el rechazo.
Milei como fin de etapa


Con lo cual, ¿Milei es la causa de la crisis o es el resultado de una crisis previa de representación política, cultural y social?
No, yo creo que Milei es la expresión de esa crisis. Milei es consecuencia. Milei no es el principio de nada.

Milei es el fin de una etapa. No sé cuándo terminará esa etapa, pero creo que Milei representa un punto de llegada más que un punto de partida.

A veces digo que Milei es como Frankenstein: le fuimos agregando pedazos y terminamos construyendo a Frankenstein. Después habrá que ver cuándo muere políticamente, por supuesto. Pero lo importante es entender que Milei es un final, no un comienzo.

Aunque, claro, también podría decirse que todo final es el principio de otra cosa.

El 19 y 20 de diciembre de 2001 fueron el final de un proceso. La promesa de 1983, aquella idea de que con la democracia se come, se cura y se educa, no alcanzó los resultados esperados. Después llegaron los años noventa, con el salariazo y la revolución productiva, que terminaron siendo una gran estafa. Más tarde vino la Alianza con la promesa de terminar con la corrupción y representar lo nuevo. Todo eso implosionó en 2001.

Por eso digo que el 2001 fue el fin de una etapa.

Luego, en 2003, comenzó otra con Néstor Kirchner. Un proceso que incluyó el gobierno de Néstor y los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, que tuvieron crecimiento y transformaciones importantes, pero que también atravesaron tensiones y desgastes. A eso se sumó el gobierno de Mauricio Macri, que considero pésimo, y luego el gobierno de Alberto Fernández, que considero malo.

En todo ese recorrido hubo un desgaste acumulado. Empezó a crecer una sociedad más violenta. Aparecieron los escraches al kirchnerismo, las imágenes de cacerolazos donde se exhibía a Cristina Kirchner ahorcada, personas celebrando la muerte de Néstor Kirchner, versiones que sostenían que Néstor ni siquiera estaba en el cajón, operaciones mediáticas y persecuciones políticas. Todo eso fue generando un clima de época.

A eso se agregaron también características propias de la forma de gestionar de Cristina: una presencia política muy intensa, muy fuerte, muy confrontativa y con una intervención permanente en la discusión pública.

Y, finalmente, llegaron dos gobiernos que profundizaron la crisis económica.

Todo eso termina produciendo una nueva implosión.

¿Qué comenzará después de Milei? No lo sé. Lo que sí espero es que sea algo muy distinto de esto.

El libro no termina en el diagnóstico. También intenta pensar qué vamos a hacer después de Milei. Si el odio es el motor de esta etapa, ¿cuál debería ser la épica capaz de reemplazarlo?
Bueno, justamente esa es una de las preguntas que también me hago en el libro.

La verdad es que no tengo una respuesta cerrada. Lo que sí sé es que existe la necesidad de construir una nueva épica.

Si la épica de los comienzos de la democracia fue creer en la democracia y construirla, si aquella primavera democrática constituyó una épica colectiva, entonces hoy tenemos que animarnos a construir algo nuevo.

Es como decía el Pepe Mujica, de quien también hablo mucho en el libro: no se vive de la nostalgia ni de los recuerdos; se vive de porvenir.

Nosotros tenemos que ser capaces de construir lo que viene con lo mejor de lo que somos y con lo mejor de lo que hemos hecho.

La memoria no es volver al pasado. Nosotros no somos pasado: somos memoria. Y la memoria es el ejercicio político de recordar aquello que fuimos capaces de hacer y que fue maravilloso para nuestro pueblo. Pero también es el ejercicio político de reconocer aquello que no fuimos capaces de hacer y que, sin embargo, sabíamos que debíamos hacer.

Todo eso tenemos que traerlo al presente.

Yo estoy embarcado en una pequeña campaña comunicacional: por favor, no digamos más la palabra "volver". Estoy cansado de escucharla. No se trata de volver; se trata de construir el futuro.

Construir el futuro con aquello que somos no implica olvidar. Claro que vamos a seguir defendiendo la justicia social. Pero quizás podamos hablar de justicia social de otra manera, en un lenguaje que otros puedan comprender, con otras tonalidades, con otra poesía, especialmente para llegar a una juventud a la que no estamos llegando.

El kirchnerismo les dio a los jóvenes la posibilidad de votar a los 16 años. Pero después, en gran medida, los abandonó.

Yo quiero construir algo nuevo. Y para mí lo nuevo excede a los partidos políticos.

Creo que debemos avanzar hacia una lógica de frentes amplios, como ocurre en muchos lugares del mundo. Frentes capaces de reunir distintas tradiciones políticas y de construir un liderazgo que pueda conducirlos.

Pero ese frente tiene que ser claramente más amplio que el peronismo.

Ahora bien, ¿el peronismo quiere construir un frente más amplio junto a sectores de izquierda? No. ¿La izquierda quiere construir un frente junto a sectores del peronismo? Tampoco. ¿Existen sectores del peronismo que desprecian al progresismo? Sí.

Entonces, si seguimos actuando de esa manera, nos vamos a cansar de perder elecciones.

Acción colectiva, poder y liderazgo

Y que esa construcción sea producto de una acción colectiva.
Siempre. Siempre.

Ahora bien, una cosa es la construcción colectiva y otra es la conducción política. En un frente no mandan todos al mismo tiempo. La característica de los frentes es que existe una mesa donde se escucha, se discute y se construyen síntesis. Pero, finalmente, hay una conducción.

Por eso nadie puede exigirle a otro que ejerza un poder prestado.

Ahí tenés, entre otras cosas, parte de la discusión que hoy existe entre Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner. Es una situación penosa, genera dolor, y espero que ambos encuentren una respuesta. Más allá de que también existen agrupaciones e intereses que trabajan para impedir esa unidad.

Pero nadie puede exigirle a Axel que construya poder político a partir de un poder prestado por Cristina. Y Cristina lo sabe.

Para mí, Cristina sigue siendo la mejor líder y la mejor estadista que ha tenido la Argentina. Pero también tiene que comprender que la última gran experiencia de poder delegado fue el gobierno de Alberto Fernández. Y el poder no se presta.

Si Axel quiere ser presidente, tiene que construir su propio poder político. Eso no significa romper con Cristina. Significa construir una síntesis junto a ella. Y, al mismo tiempo, implica que Cristina entienda que llegó el momento de Axel.

Además, para que Cristina recupere plenamente su libertad política y personal —algo que muchos deseamos—, hay que ganar las elecciones.

Por eso me parecen desacertadas algunas propuestas que circulan, como las de Miguel Ángel Pichetto cuando plantea que el Congreso podría votar la nulidad de la condena. Eso no existe. Si ni siquiera se consiguen los votos para frenar determinadas leyes, ¿cómo se conseguirían para una medida de ese tipo?

Sinceramente, no sé quién puede creer en ese planteo. Pero eso corre por mi cuenta.

Me parece que necesitamos ser más sensatos y comprender la dimensión del desafío que tenemos por delante.

Porque, sinceramente, si la discusión para construir una alternativa a Milei termina siendo Pichetto; si la discusión pasa por si Guillermo Moreno se lleva bien o mal con Axel Kicillof; si la salida consiste en el espacio político que armó Eduardo Duhalde, entonces estamos mirando el problema por el lugar equivocado.

No. Así no.

Tenemos que pensar algo verdaderamente nuevo.

Por último, te comento que recién terminó el acto oficial por el Día de la Bandera aquí, en nuestra ciudad. Estuvo presente el Presidente de la Nación. Su discurso fue interrumpido en un par de ocasiones por un pequeño grupo de militantes que lo vitoreaba desde cierta distancia. Sin embargo, Milei no los saludó. Terminó el acto, dio la vuelta y se retiró directamente. Ignoró a quienes lo habían estado esperando desde temprano. No eran muchos, pero eran sus propios simpatizantes. Ni siquiera se acercó para un saludo.
Y creo que así va a seguir siendo. Cada día que pase va a estar más aislado.

Nosotros tenemos un presidente que está aislado. Y digo esto con cuidado, porque los periodistas muchas veces hemos utilizado esa expresión para describir situaciones políticas coyunturales. Pero en este caso creo que el aislamiento de Milei excede lo político y lo social.

Tengo la impresión de que Milei vive dentro de su propia lógica, dentro de su propia cabeza.

Recuerdo que, pocos días después de que asumiera, tuve la oportunidad de hablar con Cristina Fernández de Kirchner. Le pregunté frente a qué tipo de gobierno estábamos, porque Milei no me parecía un fenómeno político convencional.

Y Cristina me respondió una frase que me quedó grabada: "Estamos frente a la aventura de un hombre solo".

Esa fue su definición: la aventura de un hombre solo.

Y agregó algo más. Dijo que era un hombre sin pasado político compartido, sin una estructura de vínculos que funcionara como límite o como referencia permanente. La reflexión apuntaba a que, cuando una persona tiene hijos, amigos, una trayectoria política colectiva o compañeros de camino, existen interlocutores capaces de decirle: "Pará, esto no lo podés hacer", o de recordarle una historia común y determinadas responsabilidades.

Según aquella mirada, Milei carecía de esos anclajes.

Por eso creo que Cristina sintetizó muy bien su interpretación cuando habló de la aventura de un hombre solo.

Recuerdo también que le pregunté hacia dónde podía conducirnos esa situación. Y me respondió algo que me impactó: "Podemos caminar hacia una tragedia, y solo una chispa podría detenerla".

Lo interpreté como la posibilidad de que algún acontecimiento desencadenara un proceso diferente.

Ahora bien, no sé cuál podría ser esa chispa. No sé si llegará ni si efectivamente ocurrirá algo así.

Lo que sí creo es que estamos frente a la aventura de un hombre solo. Y que, con el paso del tiempo, ese hombre parece estar cada vez más solo.

Milei y la "aventura de un hombre solo"

Que encima elige como vocero, por ejemplo, a una persona con la cual mantuvo disputas y fuertes enfrentamientos en 2018, 2019 y 2020, y hoy va a ser su mano derecha a la hora de comunicar.
¿Tal cual? Se le dijo "inútil", pero bueno, también a Bullrich la mató. Yo creo que ya no le podemos pedir nada más a Milei. Nos gobierna el rey loco. Pero ojo, no con una locura que lo haga impune, no. El "rey loco" en el sentido de que es capaz de cualquier cosa.
Estamos frente a la aventura de un hombre solo.
Cada vez más solo.
La presentación del libro Coronados de odio. La Argentina de Milei en un mundo de ultraderechas y neocolonialismo, de Fernando Borroni, publicado por Editorial Marea en la colección Historia Urgente, se va a presentar en Rosario el próximo viernes 26 de junio a las 19.30 horas en el Centro Cultural Atlas, en calle Mitre 645.

Y cómo dice el libro: "A 50 años del golpe cívico militar, seguimos diciendo: Memoria, Verdad y Justicia El silencio no es opción, capitular mucho menos"
Escuchá la entrevista completa con Fernando Borroni, incluye el tema La Argentina no se vende de Milva Claudia:

Fragmentos de Coronados de odio:
Introducción
"Odiar lo suficiente"
"Aún no odian lo suficiente a los periodistas", afirmó en más de una oportunidad el presidente de la Nación, Javier Milei. Insistió de tal forma con esta sentencia que evidenció su estrategia política. No era la expresión de un hombre que tan solo tiene un encono personal con el periodismo, va mucho más allá que un desencuentro violento con el oficio de informar. Es la expresión de una emocionalidad que ha regulado su accionar y lo ha transformado en toda una política.

Menos importante es el sujeto de su oración, sí lo es su predicado. "Yo odio, tú odias, él odia, nosotros odiamos, vosotros odiáis, ellos odian", y así yo me hago más fuerte. Esta es la conjunción verbal y la acción política de todo poder autoritario, aunque no todos lo expresen a viva voz.

La fragmentación social, a partir de una emoción tan visceral como irracional como esta, puede llevar a una sociedad y a sus dirigentes a lugares impensados, todos dañinos para el bien común. Odiar es la causa y el camino, es la finalidad y el motor. Odiar como motivación del ser. Odiar al periodismo, a la militancia, al kirchnerismo, al Estado, a la llamada cultura woke.

El odio como razón de poder, como una forma de desvinculación permanente con el entorno, cualquiera sea este. Desvincularse a través del desprecio y del rechazo hacia lo distinto, hacia lo plural, hacia lo de todos. Él y un entorno de confianza conformando el "adentro", y el odio y la desconfianza conformando el afuera.

Si el amor es un valor político, como ciertamente lo es, capaz de conducir un accionar social, el odio también puede serlo. El odio requiere solo del impulso y una consigna mínima que lo despierte; el amor exige mucho, muchísimo más. No todo el mundo es capaz de amar, pero quizás sí de odiar.

El neoliberalismo es culturalmente exitoso cuando logra que las sociedades se ordenen a partir del descrédito y el maltrato hacia el otro, adjudicándole a ese otro el carácter de amenaza y riesgo latente, con motivos suficientes para justificar su persecución como autodefensa. Pero el poder neoliberal no olvida digitar a quién odiar. No es al azar, no se odia a cualquiera, se odia a quien el poder formateó como "sujeto susceptible de ser odiado". Son los más débiles, a quienes a primera vista les sobraran razones imputables para serlo.

La sociedad neoliberal detesta al oprimido en lugar de presentarle batalla al opresor; esta ecuación es fundante en el poder de la derecha. Por eso Arturo Jauretche decía: "La multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor".

Sin embargo, en estos tiempos de expectativas exageradas, muy por encima de las realidades en las que hoy se vive, están quienes, siendo parte de esa multitud, desean imperiosamente dejar de serlo y, para empezar, buscan diferenciarse repitiendo el discurso de esa minoría que custodia sus privilegios.

El odio entre pares, próximos, parecidos socialmente hablando, es equivocar el enemigo y es la piedra fundacional de la batalla cultural. El odio social es el odio de una comunidad que no se tolera a sí misma y responsabiliza a un otro construyendo en su imaginario que lo que "no puede", es porque "no le dejan". Este impedimento, según su propia fantasía, funciona como puntapié inicial de la carrera hacia el odiar.

Por eso el presidente libertario repite como un mantra esa frase: "Aún no odian lo suficiente…". Pero, ¿cuánto será lo suficiente?

Este texto intenta recorrer el sentir de estos tiempos en los que "odiar" parece ser la clave para entender por qué sucede lo que sucede y por qué se naturaliza esto que sucede. Políticas económicas, culturales, comunicacionales y sociales delimitan el mapa de gobierno y el orden geopolítico que también nos gobierna.

El mundo está atravesado, como hacía tiempo no lo estaba, por un rencor, un resentimiento, un aborrecimiento capaz de volver a los orígenes mismos de la civilización. El peronismo en Argentina, los inmigrantes en Estados Unidos, los refugiados en el viejo continente, los desposeídos en cuanto rincón del planeta se hagan visibles, son a quienes hay que "exterminar" para construir lo nuevo.

En fin, un mundo lleno de "enemigos" que el poder hegemónico impuso para que los individuos, en su cotidianidad invisible, ejecuten la tarea inquisidora.

Si para Juan Bautista Alberdi gobernar era "poblar", para Juan Domingo Perón era "crear trabajo" y para Mauricio Macri era "decir la verdad", para Javier Milei gobernar es "odiar".

Insisto, ¿cuánto odio será suficiente?

Esa es la pregunta urgente a responder, porque en su respuesta está la interpelación directa a nuestra acción u omisión política.
Capítulo I
La Patria suicidada
Estábamos en el día a día, la plata que no alcanzaba, el duelo por ese maldito virus y el dolor por Matías. ¿Te acordás de Matías o te olvidaste? Se lo llevó el Covid con 40 años, sanísimo.

¿Te olvidaste del horror que vivimos esos días? ¡Yo no! No puedo. Nunca podré. Perdí demasiada gente querida.

La cuarentena de mierda, los pibes sin clases, que las vacunas no, que las vacunas sí, que ¡quedate en casa! Los números de los muertos y contagiados en la televisión, cada día, como carteles luminosos en grandes marquesinas.

Vivíamos con terror, ¿te olvidaste?, y con dos mangos para todo, sin un peso. Macri nos hizo pelota, es cierto, pero Cristina eligió al inútil de Alberto. Que volvían mejores, que ellos sabían, y no sé cuántas boludeces más… ¿Qué van a saber? ¡Una mierda sabían! Todo fue peor.

De eso hablábamos, Mercedes, de eso… ¿o te olvidaste? ¿O preferís convencerte de que aquí no pasó nada?

Así eran nuestros días, así estábamos esos años. Cuatro años cayendo de poquito a poco, cada mañana sin saber si llegábamos vivos a la noche. La pandemia nos rompió y hubo que armarse otra vez, con lo que nos quedaba y a remarla, como toda la maldita vida en este país.

Vos y yo estábamos hartos, ¿o no? No me hagas así con la cabeza. ¡Si era así! Estábamos can-sa-dos de siempre lo mismo y siempre los mismos. Y bueno, apareció este loco y qué sé yo. ¿Quién iba a creer que ganaba? Decía boludeces, nadie creía que las iba a hacer.

¡No lo va a hacer, no lo va a hacer!, me decía Juanca, el carnicero. Miralo hoy, no vende nada. Votamos a alguien por lo que “no iba a hacer”, francamente increíble.

Pero, ¿a quién ibas a votar? Ahora no te hagas la desentendida… Enojados, repodridos, así estábamos. Al fin y al cabo, siempre nos tuvimos que romper el lomo, con cualquier gobierno. ¡No pongas caras! Fue así.

¡Mirá a tu hija y a tu nieta! ¿Qué futuro tienen? ¡Laburar, Mercedes, laburar! No queda otra y los políticos van a seguir robando como siempre. Es así, siempre fue igual…

¿Cómo que no? Sí. Siempre fue igual.
Casi sin darnos cuenta
¿Los pueblos se suicidan?

Es un interrogante incómodo, interpela, o al menos debería hacerlo. ¿Cuánto es el daño que somos capaces de hacernos a nosotros mismos como sociedad? Por acción u omisión, en plena conciencia o por una inconciencia temeraria, ¿hasta qué profundidad podemos apuñalar nuestro propio cuerpo?

¿Qué características propias de un suicida tenemos como sociedad?

Muchos afirman que los suicidios encierran una corajuda decisión en plena conciencia de los actos; otros argumentan todo lo contrario, que semejante acto sintetiza un momento de enorme debilidad y cobardía en el sujeto que se quita la vida. Lo concreto es que la psiquis de quien toma una decisión semejante sigue siendo materia de investigación.

Con los pueblos puede que suceda algo similar. Es difícil determinar si la conciencia se impone frente a las decisiones colectivas, en tanto "conciencia colectiva", o es la irresponsabilidad del "todo me da lo mismo", la mera repetición de los discursos del poder, o la despolitización y la desmemoria impuesta las que nos llevan al borde del abismo.

Podemos preguntarnos también si los pueblos se suicidan o simplemente se equivocan cuando, por ejemplo, eligen para conducir los destinos de su país a personas probadamente corruptas, que en más de una oportunidad estafaron al pueblo argentino, o a aquellas cuyas promesas y acciones vienen de la mano de lo irracional.

¿Puede ser apenas un error votar a un gobierno que de antemano te notifica que llevará a cabo el mismo ajuste que se ejecutó al menos tres veces en la corta historia de nuestro país, y que en todas dejó tendales de pobreza, riquezas nacionales extranjerizadas, una matriz productiva nacional quebrada y una patria agonizando cultural y políticamente?

¿Podemos darle la ventaja de asumirlo como una equivocación? ¿Es quizás ignorancia, desmemoria? ¿Qué es?

A esta altura del partido no entender que la memoria es una condición política indispensable en todo sujeto social es injustificable. En estos tiempos, no asimilarnos como sujetos políticos, lo queramos o no, es una ingenuidad peligrosa.

Sin embargo, así es, así somos.

En otro de mis libros (La Inquisición Neoliberal) hablé sobre la ignorancia que nos abruma como sociedad. Me referí a la idea de "ignorancia de clase" o una "clase de ignorancia".

Debemos asumir que la ignorancia es, en muchos casos, una decisión política enmascarada en una mirada ideológica que reposa en la despolitización como una virtud social.

En muchas comunidades del mundo se convive con un conjunto de ideas y conceptos que hacen a la conformación de una sociedad profundamente ignorante. El poder busca dominar a las sociedades precarizando el discurso y vaciando el debate político. El éxito del modelo cultural del poder dominante no es otro que el desentendimiento de lo colectivo, de sus mecanismos y de la conciencia crítica.

La ignorancia es, entonces, en muchos casos, una imposición del poder que busca sujetarnos con las cadenas del desconocimiento.

Pero existe también una ignorancia por la que se elige o se opta. Ejemplo de esto es el "no te metás", el "todos son lo mismo", "nada va a cambiar", "gobierne quien gobierne yo tengo que trabajar". Estas síntesis infundadas las repiten quienes prefieren ignorar para llevar menos carga en la soledad de su camino, creen refugiarse en un lugar de comodidad que los mantiene a salvo; sin embargo, no están haciendo otra cosa que entregar sus propias voluntades.

Es una ceguera por la cual optan en la falacia de que su mundo individual nada tiene que ver con el colectivo, el plural.

La ignorancia política por elección es una conducta suicida y representa la cumbre del éxito de la cultura neoliberal.

No querer profundizar en la información, no suscribirse al mundo del espíritu crítico, no tener vocación de interpelar, son conductas que hablan de cierto hacinamiento intelectual.

No dudar nunca de nada o dudar de todos bajo los preceptos del poder es ignorar.

La ignorancia como elección es toda una ideología que se apoya sobre ideas falaces, llenas de lugares comunes, que se reiteran como muletillas y que, mediante su repetición sistemática, conforman una matriz de pensamiento: "Yo soy apolítico", "todos los políticos son una manga de chorros", "el pasado ya fue", "los planes son para mantener vagos", son todas frases que denotan un posicionamiento politizado, disfrazado de antipolítica.

Están convencidos de que cuanto más alejados estén de los problemas sociales y las disputas políticas que estos generan, más tiempo tienen para dedicarle a su mundo propio y abonan su cuota social repitiendo lo que esgrimen aquellos a los que quieren parecerse.

Este sector, transversal en términos de las clases sociales a las que comúnmente nos referimos, se contenta con ser un simple vocero del pensamiento de los otros. Un fenómeno que se exacerba cuando, al vociferar afirmaciones ajenas, se sienten parte de una posición social (a la cual no pertenecen y a la que difícilmente accedan) que idealizan y desean fervorosamente habitar.

Son, al menos en su decir, aquello que en su cotidianidad no son.

Sería algo así como: "No soy como ellos, no vivo como lo hacen ellos, pero al menos puedo decir lo que ellos dicen, y me alcanza".

Ignoran que no existe mayor desprecio por el mundo propio que desconocer lo que pasa en el "ajeno". No hay "adentro" posible si no se convive solidaria y justamente con el "afuera".

La reivindicación de lo individual es la madre de todas las ignorancias, porque solo con la ruptura de los lazos entre los parecidos es que se puede avanzar sobre los derechos del pueblo.

No me refiero a esa enorme porción de pueblo que luego de una exagerada pero inevitable jornada laboral mal paga, se deja absorber por la televisión como una vía de escape y que carece del tiempo para nutrirse de lo que sucede allí afuera.

No me refiero a quienes no llegan a cumplir con las desconsideradas exigencias que conlleva conocer los tiempos políticos y mediáticos.

No hablo, al fin y al cabo, de quienes sufren la imposibilidad de tener tiempo para ello porque son víctimas de la marginalidad de un modelo que pretende que lo ignoremos todo.

No son precisamente las clases bajas las que "eligen" ignorar, justamente ellas no.

La ideología de la ignorancia a la que hago referencia echa sus raíces sobre una profunda insensibilidad y florece en la soberbia.

Ignorar para "vivir mejor, con tranquilidad" debe ser de las mayores estupideces del ser humano.

La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento, sino el hecho de negarse a adquirirlo.

Lo más perturbador y peligroso de este tipo de ignorante social es que ignora su propia ignorancia.
Fotos: Gentileza Fernando Borroni

TV Pública: recuerdos de una época y relato de un desmantelamiento

Tras más de dos décadas en la TV Pública, un productor repasa su historia y su desencanto
Por: Jorge Bernárdez*
Recorrí ese pasillo de la foto incontables veces desde 2003. Entramos con mi amigo y socio creativo Luciano Di Vito para llevar adelante un programa documental que se llamó Vida y vuelta, un ciclo que mezclaba historias de vida con situaciones extremas, como la de un navegante solitario o la de la extraña de las botas rosas, un relato que combinaba política, tráfico de armas, sexo y familias de alta alcurnia en los agitados años setenta.

Entrar al entonces Canal 7 para hacer programas documentales fue una elección. Veníamos de la actividad privada y pagamos algún derecho de piso inevitable, pero una vez que aprendimos a dominar a ese animal mitológico, mitad ministerio y mitad medio de comunicación, logramos que se nos respetara.

Trabajar en esos estudios, donde siempre había alguien dispuesto a contar historias de programas míticos, era una fiesta. Ese canal que muchos creen fácil de transformar en una BBC criolla tiene en su haber hitos para los medios y para la historia argentina. Tanto es así que la primera emisión del canal registró los festejos del 17 de octubre de 1951.

Trabajamos con Felipe Pigna porque Vida y vuelta necesitaba una cara visible, un anfitrión que funcionara como narrador para el espectador. Tiempo después, ese ciclo mutó en Lo pasado pensado.

Luego llegaron otros proyectos: participamos de los festejos del Bicentenario, produjimos magazines, formamos parte de Médicos por naturaleza, un programa médico sin chivos de laboratorios —toda una rareza—, realizamos efemérides escritas por Jorge Dorio y locutadas por Marcela Pacheco. La actividad del canal era frenética.
Ni siquiera la llegada del gobierno del PRO detuvo del todo ese impulso, aunque en esos años se intentó reducir la planta y vender el edificio, algo bastante difícil de llevar adelante por razones que exceden largamente el tema de estas líneas. El canal del Estado era una usina de creatividad y también de broncas. Pero en esa avenida de la foto, la avenida del trabajo, había que andar con cuidado para que no te pasara por encima una escenografía. El otro pasillo importante del canal lleva el nombre de Jaime Yankelevich, pionero de la televisión argentina. Es el más conocido porque allí se grabaron desde ficciones hasta notas para el noticiero.

El canal era un pequeño pueblo. Tenía un jardín de infantes llamado Piluso, una sucursal bancaria, una confitería, un kiosco y un consultorio médico que, la última vez que visité, tenía roto el aparato para tomar la presión.

Desde la llegada del actual gobierno, los trabajadores del canal vieron deteriorarse un patrimonio que pertenece a todos los argentinos. Salarios congelados, falta de producción, mantenimiento deficiente de la tecnología. No se sorprendan si un día simplemente deja de salir al aire. Desde la dirección existe una invitación permanente a aceptar el retiro voluntario, una propuesta que para muchos resulta insuficiente. El clima interno se volvió enrarecido: faltan estímulos, capacitación, ideas y varias áreas quedaron devastadas.

De emitir las clases de Ricardo Piglia sobre Jorge Luis Borges o producir documentales científicos, se pasó a llenar la pantalla con tarotistas, programas que promocionan medicamentos de dudoso origen, chimentos y un noticiero cuyo decorado fue pintado de violeta, el color asociado al partido gobernante.

Hoy se vive en el canal un clima de resentimiento alimentado por el maltrato de quienes lo conducen. Funcionarios que parecen despreciar tanto a los trabajadores como a la propia idea de un canal público. Cuando la ecuación me cerró, decidí irme y aceptar el retiro voluntario. Trabajé en ese canal con ganas, orgulloso de muchas de las cosas que logramos producir. Fue una experiencia extraordinaria mientras duró. Pero en los últimos dos años la lucha contra el boludo —una batalla que siempre se pierde— se volvió insalubre. Se produce poco, no se gana plata, tampoco prestigio, y ni siquiera queda el consuelo de divertirse haciendo lo que a uno le gusta.

Me voy dejando amigos y compañeros que, a pesar de todo, siguen sacando al aire, como pueden, un canal que quienes hoy lo administran parecen odiar. Y me queda una duda. Tal vez la destrucción sistemática del patrimonio público merezca algo más que resignación. Tal vez merezca una denuncia por mal desempeño contra los funcionarios responsables de llevar adelante ese desguace.
*Periodista y escritor
Fuente: Diario Perfil

jueves, 18 de junio de 2026

El Gobierno condiciona la compra de Telefónica por Telecom y exige desprenderse de 6 millones de usuarios

La Autoridad Nacional de la Competencia impuso una serie de condiciones para aprobar la operación. Entre ellas, la cesión de millones de clientes, devolución de espectro y apertura de infraestructura a un nuevo operador.

El Gobierno nacional advirtió que la adquisición de Telefónica Móviles Argentina por parte de Telecom, empresa perteneciente al Grupo Clarín, solo podrá concretarse si la compañía cumple con una serie de condiciones destinadas a evitar una concentración excesiva en el mercado de las telecomunicaciones.

La decisión fue adoptada por el Tribunal de Defensa de la Competencia (TDC), órgano decisor de la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC), sobre la base de un informe técnico elaborado por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENaCom). Según el organismo, las medidas buscan impedir la conformación de una posición dominante que afecte la competencia y perjudique a los usuarios.

Entre las principales exigencias impuestas a Telecom se encuentra el desprendimiento de casi el 50% de su cartera de clientes móviles. La empresa deberá transferir alrededor de 6 millones de usuarios, junto con la infraestructura asociada, a un nuevo competidor del sector. La cesión se distribuirá estratégicamente entre el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la Región Norte y la Región Sur.

Además, Telecom deberá garantizar durante dos años el acceso de un nuevo operador a su infraestructura, espectro radioeléctrico, sistemas y condiciones de interconexión, con el objetivo de asegurar la continuidad y calidad de los servicios mientras desarrolla su propia red.

Otra de las condiciones establece la devolución de 130 MHz de espectro radioeléctrico. La medida incluye una restitución inmediata de 60 MHz a nivel nacional, devoluciones adicionales en zonas de alta concentración y la puesta a disposición del remanente en el mercado secundario para que pueda ser utilizado por otras empresas.

En el segmento de internet fija, la compañía también deberá ceder clientes en aquellas localidades donde la participación de mercado resultante de la operación supere el 50%.

De acuerdo con la evaluación oficial, la adquisición podría haber concentrado cerca del 70% de los servicios de telecomunicaciones en un único grupo económico. Con las medidas impuestas, esa participación se reduciría a aproximadamente el 50%.

Desde la ANC señalaron que la operación solo será viable si se implementan todas las condiciones establecidas, con el objetivo de preservar un mercado abierto, competitivo y con mayores opciones para consumidores, empresas y potenciales competidores.

Telecom informó la resolución al mercado
En un Hecho Relevante enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), Telecom Argentina informó que fue notificada de la resolución del Tribunal de Defensa de la Competencia que aprobó, con condicionamientos, la adquisición del control exclusivo de Telefónica Móviles Argentina y sus subsidiarias.

La compañía precisó que deberá transferir una base mínima de 6 millones de clientes de telefonía móvil, distribuidos en 4 millones en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y 2 millones en el resto del país, junto con los derechos de uso de espectro radioeléctrico necesarios para la prestación competitiva del servicio.

Además, indicó que deberá transferir 211.400 abonados de internet residencial en 28 localidades de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y Río Negro. La resolución también contempla obligaciones conductuales en los segmentos de servicios corporativos y mayoristas.

El Hecho Relevante fue suscripto por la apoderada de Telecom Argentina, Andrea V. Cerdán, quien señaló que tanto la resolución como su anexo serán publicados por la Autoridad Nacional de Defensa de la Competencia.
Clarín reflejó lo que dice el gobierno y cuestionó la medida:
En tanto, Milei sigue con su tuit fijado:

lunes, 15 de junio de 2026

Del conflicto a la propuesta: el Almacén de las Tres Ecologías imagina una nueva etapa junto al río

Durante más de una década, el Almacén de las Tres Ecologías fue mucho más que un espacio de comercialización cooperativa en la costa rosarina. Nacido al calor de la economía solidaria, el ecologismo y la autogestión, se convirtió en un punto de encuentro para productores, cooperativas, organizaciones sociales, artistas, estudiantes y vecinos que encontraron allí una experiencia concreta de construcción colectiva.

Inspirado en el concepto de las "Tres Ecologías" del filósofo y activista francés Félix Guattari, el proyecto buscó articular el cuidado del ambiente, la promoción de relaciones económicas solidarias y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios. Durante once años, el espacio albergó ferias, talleres, encuentros culturales, radios abiertas, presentaciones de libros, muestras artísticas y actividades educativas, además de sostener una red de comercio justo que vinculó a cientos de productores y organizaciones de la región.

Tras la finalización anticipada de la cesión de uso por parte del municipio, las organizaciones que impulsaron el Almacén decidieron transformar el conflicto en una oportunidad para pensar una nueva etapa. Así nació una propuesta que no solo busca recuperar la experiencia construida, sino ampliarla y proyectarla hacia nuevos desafíos.

El nuevo anteproyecto propone desarrollar, en el sector conocido como la Pérgola, un espacio construido mediante técnicas de bioconstrucción que recupere saberes ambientales y comunitarios. Allí funcionarían un nuevo Almacén de las Tres Ecologías, destinado al comercio justo cooperativo y ecológico, y un Observatorio Ciudadano del Río Paraná, concebido como un ámbito de participación, educación, investigación y sensibilización sobre la realidad del río y los humedales.

La iniciativa convoca a cooperativas, organizaciones ecologistas, movimientos sociales, sindicatos, organismos de derechos humanos y unidades académicas a construir una experiencia colectiva que fortalezca el acceso democrático a la ribera, promueva la economía solidaria y contribuya al cuidado de uno de los bienes comunes más importantes de la región.

Más que una recuperación de lo perdido, la propuesta busca abrir una nueva etapa: un espacio donde la producción, la cultura, la educación ambiental y la participación ciudadana vuelvan a encontrarse, reafirmando que otra forma de habitar la ciudad, la economía y la naturaleza sigue siendo posible.

La idea comenzó a tomar forma en medio de las negociaciones abiertas tras el conflicto por el desalojo del espacio que ocupaba el Almacén. Según relata en Señales David Gabay, integrante del proyecto, durante los meses posteriores al cierre se sucedieron reuniones entre las organizaciones, el Ejecutivo municipal y el Concejo Municipal, con la presidenta del cuerpo, María Eugenia Schmuck, desempeñando un rol de mediación.

En ese proceso, sostiene Gabay, nunca apareció desde el Ejecutivo una propuesta que ofreciera una solución concreta para la continuidad del proyecto ni para las organizaciones que lo integraban. Sin embargo, en una de las últimas reuniones de la mesa de diálogo surgieron distintas alternativas. Algunas fueron descartadas rápidamente, pero una en particular despertó interés tanto entre varios concejales como entre las propias organizaciones.

La propuesta se centra en la recuperación de la Pérgola, un sector actualmente sin uso ubicado sobre la costanera central, lindero al galpón donde funcionó el Almacén de las Tres Ecologías y junto al actual Mercado del Río. Se trata de una amplia explanada abierta que conserva las bases y cimientos de antiguos galpones ya desmantelados.

Para Gabay, el proyecto no representa simplemente una relocalización. Por el contrario, considera que puede convertirse en una iniciativa "hasta superadora del proyecto en sí mismo". La propuesta contempla la construcción de nuevos espacios mediante técnicas de bioconstrucción, una metodología que, además de ser ambientalmente sustentable, se encuentra estrechamente vinculada con los principios que dieron origen al Almacén.

El corazón de la iniciativa sería un nuevo Almacén de las Tres Ecologías, posiblemente de dimensiones más reducidas que el antiguo espacio del galpón, pero con capacidad para albergar a las organizaciones actuales y sumar nuevas cooperativas y emprendimientos de la economía social. Allí continuarían desarrollándose las actividades que marcaron la identidad del proyecto durante más de una década: ferias, encuentros culturales, radios abiertas, talleres y espacios de intercambio comunitario.

Pero el anteproyecto incorpora además una dimensión novedosa. Junto al almacén se prevé la construcción de un salón de usos múltiples que funcionaría como Observatorio Ciudadano del Río Paraná. La intención es crear un espacio público, abierto y gratuito desde donde rosarinos y visitantes puedan observar el río mientras participan de actividades educativas, talleres, charlas y paneles vinculados con la historia, la relación de la ciudad con su costa y los principales desafíos ambientales de la región.

La propuesta apunta a abordar temas como los humedales, la conservación ambiental, la explotación de los recursos naturales y el impacto de la hidrovía sobre el ecosistema del Paraná. Gabay imagina el observatorio como una experiencia construida junto a organizaciones ambientalistas de Rosario y la región, capaz de combinar contemplación, formación y participación ciudadana.

"La observación del río tiene que estar acompañada por una formación y una educación sobre lo que significa el Paraná", explica. En su visión, el proyecto recupera una discusión histórica sobre la relación de Rosario con su frente costero y busca generar conciencia sobre problemáticas que hoy atraviesan el debate público.

Uno de los aspectos centrales de la propuesta es el sistema constructivo elegido. Frente a la idea frecuente de que la bioconstrucción remite a edificaciones precarias, Gabay insiste en que se trata de una técnica ancestral ampliamente probada. El método combina barro, paja y madera, utilizando paneles estructurales y distintos recursos para consolidar los materiales y garantizar la estabilidad de las construcciones.

Según describe, las edificaciones resultantes poseen terminaciones similares a las de cualquier construcción convencional: pueden ser revocadas, pintadas y decoradas, manteniendo al mismo tiempo ventajas ambientales y energéticas. Como referencia menciona experiencias desarrolladas en el Museo Gallardo y en la Granja La Carolina, organización integrante del Almacén, donde ya se construyeron espacios utilizando estas técnicas.
Además, el proyecto contempla la incorporación de paneles solares para el abastecimiento energético y sistemas de calefacción ecológica, como las denominadas estufas rocket. Gabay destaca que este tipo de construcciones ofrecen un buen comportamiento térmico, conservando frescura durante el verano y manteniendo el calor en invierno.

Por esas razones considera que la propuesta expresa de manera coherente la filosofía del Almacén de las Tres Ecologías. "Sería totalmente ecológico", resume, al tiempo que subraya que se trata de estructuras sólidas, duraderas y relativamente sencillas de mantener a lo largo del tiempo.

Sin embargo, la presentación del anteproyecto también aparece atravesada por la disputa aún abierta con el municipio respecto de las razones que motivaron el desalojo del espacio original. Gabay cuestiona duramente los argumentos oficiales que señalaron problemas de mantenimiento e instalaciones eléctricas deficientes.

Según afirma, las organizaciones elaboraron una respuesta técnica en la que documentaron años de gestiones realizadas para resolver distintas cuestiones estructurales heredadas, especialmente vinculadas a la infraestructura eléctrica. También remarcaron las numerosas mejoras efectuadas de manera autónoma y autogestiva, con recursos propios y sin aportes municipales.

Desde su perspectiva, muchas de las dificultades señaladas por el municipio ya existían antes de que el Almacén ocupara el galpón. Durante años, asegura, solicitaron acompañamiento institucional para resolverlas sin obtener respuestas concretas.

Por eso recuerda con particular indignación lo ocurrido el 30 de enero, cuando se produjo el desalojo. Gabay sostiene que el ingreso al lugar fue intempestivo y unilateral. Incluso cuestiona la explicación oficial centrada en supuestos riesgos eléctricos. "Lo primero que ingresaron al local cuando rompieron los candados fueron bolsas de cemento. Yo creo que ningún problema eléctrico se arranca con bolsas de cemento", ironiza.

A su entender, las inconsistencias del procedimiento obligaron posteriormente al municipio a abrir una instancia de negociación. En ese marco surgió la actual mesa de diálogo, donde comenzó a discutirse la posibilidad de una salida consensuada.

Con ese objetivo, el anteproyecto ya fue presentado ante el Concejo Municipal y compartido con organizaciones sociales, ambientales, sindicales, cooperativas y de derechos humanos para recibir aportes y sumar respaldos institucionales. La intención es llegar a una próxima reunión de la mesa de diálogo con un amplio abanico de avales que fortalezca la viabilidad de la propuesta.

Más allá del conflicto, las organizaciones buscan instalar una discusión de fondo sobre el uso de los espacios públicos ribereños, el papel de la economía solidaria y la necesidad de construir nuevas formas de vinculación entre ciudad y naturaleza. En ese horizonte, la recuperación de la Pérgola aparece no solo como una alternativa para continuar una experiencia histórica, sino como la posibilidad de crear un proyecto más amplio, capaz de integrar producción cooperativa, educación ambiental, cultura y participación ciudadana frente al río Paraná.

Lejos de imaginarse como un espacio meramente contemplativo, el Observatorio Ciudadano del Río Paraná aspira a convertirse en una herramienta de monitoreo participativo, educación ambiental y apropiación colectiva de la ribera. La propuesta contempla un salón de usos múltiples abierto y gratuito donde puedan desarrollarse talleres, muestras fotográficas, exposiciones documentales, proyecciones audiovisuales, charlas y actividades de formación impulsadas junto a organizaciones ambientalistas de Rosario y la región.

La iniciativa también busca abrir sus puertas a escuelas, instituciones educativas y grupos de visitantes interesados en conocer más sobre la realidad ambiental del Paraná. La idea es que el observatorio funcione como un espacio de encuentro donde se aborden cuestiones vinculadas a los humedales, la biodiversidad, la barranca, la fauna y la flora del río, así como también los grandes debates contemporáneos sobre el uso de los recursos naturales y el impacto de la actividad económica sobre los ecosistemas.

Gabay sostiene que una de las principales motivaciones del proyecto es contribuir a que la ciudadanía recupere una relación más profunda con el río. A su entender, muchas veces el Paraná es percibido únicamente como una vía de navegación o un corredor para el transporte de mercancías, cuando en realidad constituye un sistema natural complejo que alberga una enorme riqueza ambiental. Por eso considera fundamental generar instancias de formación que permitan comprender qué ocurre tanto en la superficie como debajo de sus aguas, cuáles son los desafíos que enfrenta y qué implicancias tienen decisiones estratégicas como el desarrollo de la hidrovía.

En ese sentido, el observatorio también pretende convertirse en un ámbito de discusión pública sobre las tensiones entre crecimiento económico y preservación ambiental. Temas como la declaración de los humedales como patrimonio natural, los proyectos de conservación, la creación de áreas protegidas y los impactos de la infraestructura portuaria formarían parte de una agenda permanente de actividades.

Para los impulsores del proyecto, la propuesta dialoga además con una transformación histórica de Rosario. Durante décadas, amplios sectores de la costa permanecieron cerrados o inaccesibles para la ciudadanía. La apertura progresiva de la ribera permitió que los rosarinos recuperaran el vínculo con el río, una relación que, según Gabay, todavía necesita profundizarse. El objetivo es abandonar definitivamente aquella imagen de una ciudad que vivía de espaldas al Paraná y promover una participación más activa en el cuidado y disfrute de uno de sus principales bienes comunes.

Esa mirada también atraviesa algunas de las discusiones actuales sobre el uso del espacio público costero. Gabay cuestiona iniciativas que, a su juicio, privilegian modelos de acceso restringido o con lógica comercial, y plantea que la prioridad debería ser fortalecer espacios abiertos, públicos y accesibles para toda la ciudadanía. Desde esa perspectiva, el observatorio aparece como una herramienta para democratizar el conocimiento sobre el río y fomentar una relación más consciente con el territorio.

La defensa del proyecto se apoya también en la experiencia acumulada por el Almacén de las Tres Ecologías durante sus once años de funcionamiento. Gabay afirma que se trató de una experiencia singular en el país: un espacio municipal cedido a organizaciones cooperativas, sociales y autogestivas que asumieron de manera autónoma su administración y desarrollo. A través de redes de comercio justo, el almacén logró conectar producciones agroecológicas y cooperativas de distintas provincias, acercando a Rosario productos elaborados por organizaciones campesinas y emprendimientos de la economía social de Córdoba, Mendoza, Salta y otras regiones.

Pero la experiencia trascendió ampliamente la dimensión comercial. El espacio se consolidó como un punto de encuentro cultural y educativo donde convivieron artistas, estudiantes, docentes, investigadores y vecinos. Entre las iniciativas que recuerda Gabay aparecen las radios abiertas, los recitales, las presentaciones artísticas, las muestras culturales y los proyectos desarrollados junto a la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Humanidades y Artes.

Uno de los ejemplos más visibles de ese trabajo colectivo fueron los murales realizados en el frente del galpón, impulsados por el artista Emilio Haro Galli junto a estudiantes de Bellas Artes. También menciona las denominadas Fiestas del Fuego, encuentros que reunían a ceramistas de distintos puntos del país para compartir técnicas, exhibir producciones y generar espacios de formación abiertos a estudiantes y trabajadores del sector.

Esa combinación de economía solidaria, cultura, educación y participación comunitaria es la que las organizaciones buscan preservar. Por eso, pese a la pérdida del espacio físico, el colectivo que impulsó el Almacén asegura que continúa trabajando unido. La presentación del nuevo anteproyecto es, precisamente, una muestra de esa continuidad.

Mientras se desarrollan las negociaciones, las organizaciones mantienen una feria dominical sobre la costa, en la zona de Roca y el río. Allí sostienen la presencia pública del proyecto y ofrecen un espacio de comercialización para productores y emprendedores que hoy enfrentan un contexto económico complejo. La feria funciona, además, como un símbolo de resistencia y visibilidad. "Si nos vamos de ese espacio, nos invisibilizamos", resume Gabay.

La expectativa ahora está puesta en una nueva convocatoria de la mesa de diálogo y en la posibilidad de sumar apoyos institucionales que permitan concretar la iniciativa. Los impulsores del proyecto sostienen que la ciudad necesita preservar espacios destinados a la economía social dentro de la costanera central y advierten sobre el riesgo de que esos ámbitos sean reemplazados exclusivamente por emprendimientos privados.

Desde esa mirada, el anteproyecto para la Pérgola no representa únicamente una solución al conflicto actual. También expresa una discusión más amplia sobre el modelo de ciudad, el uso del espacio público y el papel de las organizaciones sociales en la construcción de políticas urbanas. Para quienes lo impulsan, Rosario tiene la oportunidad de volver a posicionarse como una referencia en materia de participación ciudadana, ecología y economía solidaria, recuperando el espíritu innovador que durante años caracterizó a las experiencias más emblemáticas de la ribera.
Presentación de un anteproyecto para recuperar y ampliar el espacio

En paralelo a las instancias de diálogo abiertas tras el conflicto por el cierre del Almacén de las Tres Ecologías, las organizaciones que integran este espacio de la economía social avanzaron en la elaboración de una propuesta alternativa para su continuidad y crecimiento. Con el acompañamiento de cooperativas, sindicatos, unidades académicas y organizaciones socioambientales, este jueves 18 a las 12, en la Mesa de Entradas del Concejo Municipal, presentarán el "Anteproyecto de Bioconstrucción Almacén de las 3 Ecologías + Observatorio del Río Paraná".

La iniciativa surge luego de los hechos ocurridos el 30 de enero, cuando el municipio intervino el predio donde funcionaba el Almacén y dio por finalizado de manera anticipada el convenio de cesión. A partir de entonces, las organizaciones lograron constituir una Mesa de Diálogo en el Concejo Municipal, ámbito en el que comenzó a gestarse esta propuesta.

El proyecto no solo plantea la restitución del Almacén de las Tres Ecologías como espacio de comercio justo y economía solidaria, sino también la creación de un Observatorio Ciudadano del Río Paraná. Para ello, propone reutilizar la explanada conocida como "La Pérgola", un antiguo galpón portuario ubicado en Costanera y Presidente Roca, donde mediante técnicas de bioconstrucción inspiradas en saberes de pueblos originarios se levantarían dos salones: uno destinado a la actividad cooperativa y otro orientado al monitoreo participativo de la situación del río y los humedales.

Según sus impulsores, el futuro observatorio funcionaría además como un espacio abierto para reuniones de organizaciones socioambientales, actividades educativas con escuelas y propuestas de turismo ecológico. Entre los aspectos destacados del anteproyecto señalan que no implicaría costos para el municipio, ya que las cooperativas asumirían la autoconstrucción y el mantenimiento del lugar; garantizaría acceso público y gratuito a la costa; y sería financiado mediante recursos propios y herramientas de la economía solidaria.

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domingo, 14 de junio de 2026

La huida: una historia de amor, exilio y supervivencia que vuelve para contar una generación perdida

La noche anterior al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 está atravesada por un silencio inquietante. Así comienza La Huida, la novela de Adriana de la Fuente que dio origen a la nueva película dirigida por Miguel Mirra. Ese clima de incertidumbre es apenas el preludio de una tragedia que cambiará para siempre la vida de Elena y Fran, una joven pareja rosarina que, como tantos otros argentinos, descubrirá que el terrorismo de Estado también venía por ellos.

Al día siguiente del golpe, recuerda De la Fuente, los protagonistas creen que nada les ocurrirá. No habían cometido ningún delito. Fran había participado en una huelga obrera, algo que en democracia constituye un derecho constitucional. Elena, por su parte, ni siquiera tenía militancia política. Sin embargo, la irrupción de la dictadura parte sus vidas en dos. Tras un tiempo de espera y de planes frustrados, la única salida posible será escapar.

La novela reconstruye entonces un largo recorrido por distintos países de Sudamérica. Brasil, Colombia y otros destinos se convierten en estaciones de una travesía marcada por la incertidumbre, el desarraigo y la necesidad de sobrevivir. Aunque el libro adopta la forma de una novela y juega con recursos de la ficción para sostener la trama, De la Fuente aclara que los hechos centrales son reales y están inspirados en su propia experiencia.

Esa dimensión autobiográfica fue precisamente uno de los aspectos que más atrajo a la productora Susana Moreira cuando el proyecto cinematográfico comenzó a tomar forma. Según explica en Señales, la película recupera la historia de una generación que quedó profundamente marcada por el terrorismo de Estado. Una generación que, en muchos casos, fue truncada, silenciada o expulsada de su propio país. Para Moreira, esa experiencia merecía ser contada.
Pero La Huida no se limita a la reconstrucción de un contexto histórico doloroso. También es una historia de amor y de crecimiento personal. Allí reside, según la productora, uno de los principales valores de la obra: mostrar cómo sus protagonistas lograron seguir adelante sin dejarse vencer por el desaliento. A lo largo del camino encuentran personas que los ayudan, tejen nuevos vínculos y descubren formas de resistir. "Lo político es lo humano también", sostiene Moreira al reflexionar sobre una película que nunca separa la historia íntima de los procesos colectivos.

Carlos Gabriel conoce esa historia desde adentro. Hoy está jubilado después de haber trabajado durante 27 años para la Agencia Espacial Europea en Holanda, Alemania y España. Actualmente colabora ad honorem con una organización internacional dedicada a promover la ciencia en países en desarrollo y dirige un programa de fortalecimiento de capacidades que organiza cursos de ciencias espaciales en distintos lugares del mundo.

Sin embargo, cuando ocurrió el golpe era apenas un muchacho de 19 años.

"A nosotros el golpe nos agarró a los 19 años", recuerda. Trabajaba como obrero industrial en la zona de Villa Constitución y había participado en una gran huelga obrera. La persecución comenzó incluso antes de la dictadura, pero se intensificó inmediatamente después del 24 de marzo de 1976. Las fuerzas represivas lo buscaron en distintos lugares. Allanaron la casa de su madre, la de su padre y la de su suegro. Su padre fue detenido. Él y Adriana se habían casado apenas dos meses antes.

La huida comenzó entonces como una necesidad urgente. Durante nueve o diez meses recorrieron distintos países latinoamericanos intentando sobrevivir. Se dedicaron a la artesanía y vivieron de trabajos ocasionales. "Malvivimos de la artesanía", resume Carlos al recordar aquellos meses de incertidumbre por Brasil y Colombia.
Décadas después, la experiencia regresó convertida en cine. Para él, participar del proyecto fue una experiencia profundamente emotiva. Destaca especialmente el trabajo realizado junto a Miguel Mirra y recuerda con entusiasmo el preestreno realizado en Cañada de Gómez (foto), donde la sala estuvo colmada y la recepción del público fue cálida. Tras la proyección, una charla de casi cuarenta minutos permitió intercambiar reflexiones con los espectadores, quienes expresaron su emoción y reconocimiento hacia la historia narrada.

Para Miguel Mirra, la película también representa una oportunidad para volver sobre una generación frecuentemente olvidada. A casi cincuenta años del golpe, el director cree que los jóvenes pueden encontrar en La Huida una puerta de entrada a una historia colectiva que todavía interpela al presente.

Mirra habla de una "generación perdida". Una generación atravesada primero por la epidemia de poliomielitis y luego por otra tragedia aún más devastadora: la dictadura militar, con sus desapariciones, asesinatos y exilios. Él mismo se reconoce parte de ese grupo. Por eso observa con preocupación la escasa presencia de jóvenes en algunas de las proyecciones recientes. Lo interpreta como un síntoma de una crisis profunda de memoria.

"La ruptura que produjo la dictadura la seguimos viviendo día tras día", afirma. Una fractura que todavía atraviesa la vida política, social y cultural del país.

Sin embargo, lejos de quedarse en la nostalgia o en el diagnóstico pesimista, Mirra encuentra en la historia de Elena y Fran una enseñanza central: la decisión de no rendirse.

Más que una película sobre el exilio o la identidad, considera que La Huida es una película sobre la resistencia. Sobre la capacidad de seguir adelante cuando todo parece derrumbarse. "No rendirse" es una idea que atraviesa gran parte de su obra y que aquí reaparece con fuerza. Los protagonistas pudieron construir un futuro lejos de la Argentina y lejos de los ideales por los que habían luchado, pero sin perder su integridad.

Esa misma determinación se reflejó durante el rodaje. La producción enfrentó enormes limitaciones materiales y debió recrear distintos escenarios latinoamericanos con recursos modestos. España pudo filmarse en locaciones reales, incluso en la casa donde vivieron los protagonistas. Pero Brasil y Colombia representaban un desafío mucho mayor para una producción independiente.

La Amazonia fue recreada en el Delta del Paraná, cerca de Tigre. Algunas escenas ambientadas en Colombia se resolvieron en Rosario y en Cañada de Gómez. Incluso las secuencias vinculadas al Caribe encontraron una versión local en la playa del Club Rosario Central, conocida popularmente como "Caribe Canalla", en la costa rosarina. Fue un trabajo artesanal, basado en la búsqueda permanente de espacios capaces de transmitir la atmósfera de aquellos lugares.
Mirra atribuye gran parte del resultado al compromiso del elenco, especialmente a la joven actriz que interpreta a Elena, a quien define como extraordinaria, y al aporte de actores experimentados que ayudaron a reconstruir la historia narrada originalmente en la novela.

Dentro de su extensa filmografía vinculada a los derechos humanos y las luchas sociales, La Huida ocupa un lugar singular. A diferencia de muchos de sus trabajos anteriores, no se trata de un documental tradicional. La película combina reconstrucción ficcional y testimonios reales de los protagonistas, explorando nuevas formas narrativas que el director espera seguir desarrollando en futuros proyectos.

La historia concluye donde comenzó: en la memoria de quienes atravesaron aquellos años. El tráiler de la película ofrece un adelanto de esa tensión permanente entre el miedo y la esperanza. Elena reprocha a Fran haber ocultado aspectos fundamentales de su vida: su militancia, su trabajo como obrero, la participación en la huelga, los allanamientos. "Yo no les mentía, simplemente no les contaba la verdad", dice.

La voz de la protagonista recuerda también la sensación de desconcierto de aquellos días. Todos sabían que algo iba a ocurrir, pero nadie imaginaba la magnitud del horror que se avecinaba. En medio de la incertidumbre, intentaba convencerse de que todo saldría bien. Sin embargo, la realidad era otra: habían gastado todo el dinero en los pasaportes, no tenían recursos para viajar ni para alimentarse, y el futuro aparecía completamente abierto.

En uno de los momentos más intensos del relato, Elena observa cómo la desesperación amenaza con quebrar a Fran. Entonces comprende algo esencial. La rabia se transforma en compasión, pero también en miedo. Porque, en medio de la persecución, la pobreza y el exilio, había una certeza que no podían permitirse perder: Fran no podía venirse abajo.

Quizás allí resida el corazón de La Huida. No sólo en el relato de una persecución política ni en la reconstrucción de una época oscura de la historia argentina, sino en la obstinación de dos jóvenes que, cuando todo parecía perdido, eligieron seguir adelante.

El estreno en Rosario de La Huida, tendrá lugar el jueves 18 de junio a las 20:30 en El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120), con entrada gratuita. La función contará con la presencia del director Miguel Mirra, la productora Susana Moreira y los protagonistas Adriana de la Fuente y Carlos Gabriel, junto al elenco integrado también por Emilia Cabrera y Serafín Klarich, en una proyección especial que reúne a parte del equipo de esta producción nacional de fuerte anclaje histórico y personal.

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