martes, 27 de octubre de 2026

El INTA exoneró a Virginia Aparicio, la investigadora que estudió la exposición a plaguicidas

La resolución del organismo le atribuye irregularidades en el desarrollo del proyecto internacional SPRINT, que analizó la presencia de múltiples plaguicidas en muestras humanas y ambientales. En una entrevista con Señales, Aparicio había reconstruido otra dimensión del caso: la interrupción de la investigación en Argentina, la suspensión de la devolución colectiva de resultados a los voluntarios y las consecuencias que, advierte, puede tener la sanción para la libertad de investigación científica.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) resolvió exonerar a Virginia Carolina Aparicio, ingeniera agrónoma e investigadora que desarrolló durante décadas su trabajo en la Estación Experimental Agropecuaria de Balcarce y coordinó la participación argentina en SPRINT, un proyecto internacional dedicado a estudiar la exposición múltiple a plaguicidas. La decisión, formalizada mediante la resolución RESOL-2026-366-APN-CD#INTA, firmada el 26 de octubre, fundamenta la sanción en presuntas irregularidades administrativas, metodológicas y vinculadas con el manejo de información de la investigación.

Pero el expediente disciplinario es apenas una parte de una historia que Aparicio reconstruyó en una entrevista con Señales. Allí explicó los objetivos y resultados de SPRINT, relató cómo se interrumpió la participación argentina y cuestionó que la discusión institucional haya desplazado la atención de los datos producidos y de las preguntas científicas que el proyecto buscaba responder.

La resolución del INTA no establece que la sanción se deba a los resultados sobre plaguicidas. Sí sostiene que Aparicio incurrió en faltas graves en la ejecución del proyecto y considera que su conducta encuadra en las causales de exoneración previstas en el régimen de empleo público. La investigadora, por su parte, advierte que el desenlace puede desalentar futuras investigaciones sobre cuestiones ambiental y socialmente sensibles.

Una investigación sobre la exposición a plaguicidas
Aparicio comenzó a trabajar en el INTA en 1997. Su trayectoria científica estuvo ligada inicialmente al estudio del suelo y el agua y a los efectos que las sustancias utilizadas en la producción agropecuaria pueden tener sobre los recursos naturales. Con la incorporación de equipamiento especializado, su equipo pudo avanzar en el análisis de plaguicidas y ampliar las preguntas hacia los alimentos, el ambiente y la exposición humana.

Ese recorrido desembocó en SPRINT, un proyecto financiado por la Unión Europea a través del programa Horizonte 2020, con un presupuesto internacional de 15 millones de euros y la participación de instituciones de diez países europeos y Argentina. Su objetivo era estudiar la exposición simultánea a múltiples plaguicidas y producir herramientas que contribuyeran a reducir la dependencia de estas sustancias en los sistemas de producción.

En Argentina, el relevamiento incluyó a 73 voluntarios de diez partidos del sudeste bonaerense. Participaron personas que trabajaban con plaguicidas, habitantes de localidades rurales y residentes de ciudades sin vinculación laboral directa con la actividad agropecuaria. Se analizaron muestras de sangre, orina y materia fecal, además de otras matrices relacionadas con el ambiente y la vida cotidiana.

Según los resultados que Aparicio describió en Señales, el estudio permitió detectar más de 200 plaguicidas de uso actual en distintas matrices. Entre las muestras humanas analizadas en el país, el glifosato apareció en una proporción estimada de entre el 84 y el 86 por ciento de los participantes.

La investigadora subrayó que la exposición no se limita a quienes aplican productos en el campo. También puede producirse a través de los alimentos, el agua, el aire y el contacto con el ambiente. Aclaró, a la vez, que detectar una sustancia no demuestra por sí solo que haya provocado una enfermedad: para evaluar sus posibles consecuencias es necesario investigar las dosis, la duración de la exposición, las mezclas de compuestos y sus efectos.

Uno de los aportes que destacó fue precisamente la posibilidad de estudiar exposiciones simultáneas, en lugar de analizar cada producto de manera aislada. Ese conocimiento podía servir como punto de partida para nuevas investigaciones toxicológicas y para evaluar alternativas productivas que redujeran el uso de plaguicidas.

La interrupción argentina y los resultados pendientes
En la entrevista con Señales, Aparicio contó que la participación argentina en SPRINT se interrumpió en 2023. Según su relato, no recibió una explicación concreta que permitiera comprender esa decisión. También señaló que la salida no llegó a formalizarse ante el consorcio internacional y que el proyecto continuó hasta febrero de 2026 con el INTA todavía integrado al conjunto de instituciones participantes.

La interrupción tuvo consecuencias para los voluntarios que habían aportado muestras y datos personales. Aparicio explicó que, una vez recibidos los análisis realizados en Europa, comenzó a preparar informes individuales para que cada participante conociera los resultados de sus propias muestras. Esa devolución individual se fue concretando, pero no llegó a realizarse la reunión colectiva en la que estaba previsto presentar y discutir los hallazgos generales.

Según relató, el INTA le pidió suspender ese encuentro en 2023. La investigadora describió la decisión como una frustración para quienes habían participado de manera voluntaria y altruista, con la expectativa de contribuir a una investigación de interés público.

Aparicio también contó que algunos participantes pudieron reunirse a puertas cerradas con el entonces nuevo director nacional del organismo para reclamar la continuidad del proyecto. De acuerdo con su testimonio, el interés de los voluntarios no se limitaba a conocer los resultados: también querían que la investigación avanzara hacia el estudio de alternativas y posibles soluciones al problema de la exposición a plaguicidas.

La resolución disciplinaria aborda, sin embargo, otros aspectos de la ejecución del proyecto. Esas observaciones administrativas constituyen el fundamento formal de la exoneración y no deben confundirse con una evaluación científica de los hallazgos.

Qué objeta el INTA
Entre los principales cuestionamientos, el organismo sostiene que José Luis Costa, pareja conviviente de Aparicio y exinvestigador del INTA, desempeñó funciones operativas de hecho junto a ella sin contar con una designación o autorización institucional formal. También objeta que Costa figurara en la documentación del proyecto como una persona autorizada a consultar información de los participantes, incluso sin disponer de códigos de acceso, lo que, según el INTA, comprometía la confidencialidad de los datos.

La resolución considera que la situación implicó un trato favorecedor y que no fue formalmente informada a las instancias institucionales y éticas correspondientes. El organismo sostiene que el conocimiento que pudiera tener la coordinación internacional del proyecto sobre la participación de Costa, así como su condición de voluntario no remunerado, no reemplazaban las autorizaciones exigidas.

Otro de los cuestionamientos se refiere al circuito de análisis de las muestras humanas. El INTA afirma que se modificó el esquema previsto para realizar análisis locales y se optó por enviarlas a laboratorios del exterior, en los Países Bajos, sin contar con las aprobaciones institucionales que consideraba necesarias. También señala que se sustituyó el comité de ética previsto inicialmente por otro sin autorización formal.

En su descargo, según reseña la resolución, Aparicio argumentó que la tramitación ante el comité inicialmente contemplado podía demandar entre 90 y 180 días, un plazo incompatible con el calendario de toma de muestras. El organismo objetó que esa consulta y la demora invocada no estuvieran documentadas de manera suficiente.

La resolución también identifica inconsistencias en la documentación sobre la composición de la muestra de voluntarios. El protocolo contemplaba 72 participantes distribuidos en tres grupos de 24, mientras que otros registros consignaban 73 personas y cantidades diferentes para productores, vecinos y consumidores. Para el INTA, no quedó debidamente reconstruida la correspondencia entre las categorías, los criterios de selección y las muestras analizadas.

Un cuarto eje se relaciona con un requerimiento judicial. En agosto de 2023, el Juzgado de Garantías del Joven N.º 1 de Mercedes solicitó información sobre los estudios individuales realizados en el marco de SPRINT. Aparicio respondió invocando la falta de autorización institucional y el consentimiento de los participantes, pero el INTA sostiene que no puso los registros a disposición de las áreas jurídicas y administrativas competentes para que pudieran examinar la documentación bajo reserva y elaborar una respuesta. La resolución menciona que, en octubre de ese año, el juzgado calificó la contestación del organismo como "evasiva y ambigua".

La investigadora había explicado en Señales la importancia de proteger la información personal de los voluntarios y garantizar que cada participante pudiera conocer sus propios resultados. Ese planteo no resuelve por sí mismo la controversia administrativa: el punto central de la objeción del INTA es si la documentación estuvo disponible para las autoridades que debían responder el requerimiento judicial, con las salvaguardas correspondientes.

Los gastos y la responsabilidad administrativa
La resolución también consigna ingresos por 5.661.483,83 pesos y gastos por 5.527.359,58 pesos, con un saldo de 134.124,25 pesos. Dentro de las erogaciones, identifica 4.007.884,42 pesos vinculados con envíos internacionales de muestras, equivalentes al 70,79 por ciento de los ingresos registrados. Entre ellos menciona una factura de World Courier SA por 1.688.445,82 pesos, correspondiente a julio de 2022.

El propio acto administrativo advierte que esas cifras no constituyen, por sí solas, prueba de un perjuicio fiscal. La determinación de eventuales consecuencias económicas y de su monto queda pendiente de la rendición final del proyecto y de las actuaciones que pudieran corresponder para establecer responsabilidades financieras.

Además de disponer la exoneración de Aparicio, el INTA ordenó comunicar los antecedentes a la Oficina Anticorrupción para que evalúe si existen elementos que ameriten otras actuaciones. Esa comunicación no equivale a una condena penal ni acredita por sí misma la comisión de un delito.

La resolución también rechaza los planteos de nulidad y discriminación formulados por la investigadora. En el mismo expediente, otros agentes recibieron sanciones de suspensión, mientras que varios fueron absueltos o quedaron exentos de responsabilidad.

El temor a que el caso desaliente otras investigaciones
En Señales, Aparicio expresó preocupación por las consecuencias que la sanción puede tener más allá de su situación personal. La exoneración supone la pérdida de su puesto en la administración pública y pone en riesgo la continuidad de una carrera científica construida durante décadas. Pero, según planteó, también puede enviar una señal al resto del sistema de investigación: que abordar temas controvertidos puede comprometer el futuro profesional de quienes los estudian.

"En vez de combatir ciencia con más ciencia", lamentó, el conflicto se concentra en el procedimiento administrativo y en las responsabilidades de quienes participaron del proyecto, mientras quedan pendientes nuevas preguntas sobre la exposición a plaguicidas y sus posibles efectos.

La investigadora no planteó que los resultados de SPRINT demostraran automáticamente daños a la salud. Su argumento fue que la información reunida debía servir para profundizar los estudios, identificar las mezclas de sustancias más frecuentes y avanzar en la evaluación de sus efectos. También defendió la posibilidad de reducir el uso de plaguicidas sin asumir que eso implique necesariamente producir menos, mediante un seguimiento más preciso de las plagas y alternativas de manejo agronómico.

La resolución del INTA fundamenta la exoneración en presuntas faltas graves vinculadas con el funcionamiento administrativo del proyecto, la confidencialidad de los datos, los procedimientos de aprobación y la respuesta a un requerimiento judicial. El relato de Aparicio pone el foco en el contexto científico de la investigación, su interrupción y la información que, sostiene, quedó sin una instancia colectiva de presentación y debate.

Ambas dimensiones deben ser examinadas sin confundir sus alcances. Las objeciones administrativas del organismo no constituyen, por sí mismas, una refutación de los resultados científicos de SPRINT. Del mismo modo, la relevancia social de estudiar la exposición a plaguicidas no elimina la obligación de cumplir los protocolos institucionales, éticos y de protección de datos.

Lo que queda planteado es una discusión sobre cómo se investigan y se gestionan los temas de interés público dentro de los organismos científicos estatales: qué responsabilidades corresponden a cada participante, cómo se resguardan los derechos de los voluntarios y qué mecanismos garantizan que los resultados puedan ser evaluados, comunicados y utilizados para orientar nuevas investigaciones.

Para Aparicio, el objetivo es que los datos reunidos no queden archivados en medio del conflicto. La pregunta que atraviesa su historia sigue abierta: qué hace una sociedad con el conocimiento que produce cuando ese conocimiento permite examinar prácticas extendidas y formular preguntas relevantes para el ambiente, la producción de alimentos y la salud.
Foto: Tierra Viva

lunes, 26 de octubre de 2026

Viviana Giacaman Sarah es la nueva relatora especial para la Libertad de Expresión de la CIDH

La periodista y politóloga chilena asumirá el cargo el 1 de diciembre de 2026, tras un proceso de selección en el que participaron 145 postulantes. Cuenta con más de 20 años de experiencia en libertad de expresión, derechos humanos y gobernabilidad democrática. 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) designó a Viviana Giacaman Sarah como nueva titular de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE), tras un proceso de selección cuya decisión fue remitida al secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), quien manifestó su conformidad con el nombramiento.

De nacionalidad chilena, Giacaman Sarah es periodista y politóloga, y cuenta con una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown. Su trayectoria profesional supera las dos décadas e incluye labores en los ámbitos de la libertad de expresión, los derechos humanos y la gobernabilidad democrática.

Desde la sociedad civil, lideró programas de protección a periodistas en 15 países y mantuvo una colaboración sostenida con la CIDH y su Relatoría Especial para la Libertad de Expresión. También se desempeñó como jefa de una oficina nacional de las Naciones Unidas y ocupó responsabilidades en comunicación estratégica en el Ministerio Secretaría General de Gobierno de Chile.

Su experiencia incluye, además, la movilización de recursos, la formación de coaliciones y el desarrollo de estrategias de comunicación.

Asumirá el cargo en diciembre
La nueva relatora especial electa asumirá sus funciones el 1 de diciembre de 2026. Según informó la CIDH, la selección se realizó conforme a los criterios establecidos en la convocatoria publicada el 15 de abril de este año y a las normas reglamentarias de la Secretaría General de la OEA.

De acuerdo con el artículo 15 del Reglamento, la Relatoría Especial depende de la CIDH, coordina su labor con la Secretaría Ejecutiva de la Comisión y tiene su sede en Washington, D. C.

La Comisión también agradeció la participación de las 145 personas que se postularon al cargo, así como los aportes de organizaciones de la sociedad civil y Estados que presentaron un total de 258 cartas y observaciones durante la consulta pública del proceso de selección.

El mandato de la CIDH
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos es un órgano principal y autónomo de la OEA, cuyo mandato se fundamenta en la Carta de la organización y en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Su función es promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en las Américas, además de actuar como órgano consultivo de la OEA en esta materia. Está integrada por siete miembros independientes, elegidos por la Asamblea General de la organización a título personal, sin representar a sus países de origen o residencia.

La designación de Giacaman Sarah marca el inicio de una nueva etapa al frente de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, un mecanismo dedicado a promover y proteger este derecho fundamental en la región.
Foto: El Mostrador
Fuente: Comisión Interamericana de Derechos Humanos

Lula promete regular las plataformas digitales y apuesta por la soberanía tecnológica de Brasil

Tras ser reelegido presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva anticipó que la regulación de las grandes tecnológicas, el combate a la desinformación y el desarrollo de una inteligencia artificial propia ocuparán un lugar central en su próximo mandato. La estrategia busca reducir la dependencia tecnológica del exterior, aprovechar el potencial energético brasileño y fortalecer las capacidades nacionales en infraestructura digital e innovación.

Lula da Silva señaló que impulsará una agenda de regulación digital, soberanía tecnológica y reindustrialización tras imponerse en las elecciones brasileñas del domingo 25 de octubre. En su discurso de victoria, el mandatario cuestionó la influencia de las grandes empresas tecnológicas sobre los procesos democráticos, reclamó que los delitos cometidos en internet reciban un tratamiento equivalente al de aquellos que ocurren fuera del entorno digital y anticipó que la comunicación digital tendrá un protagonismo mayor en la gestión que comenzará en 2027.

"Vamos a tener que regularlas", afirmó Lula al referirse a las plataformas digitales y a lo que describió como una injerencia externa durante la campaña electoral. El presidente sostuvo que Brasil no puede aceptar que empresas tecnológicas de alcance global acumulen ganancias millonarias sin asumir sus responsabilidades tributarias.

"No es posible que no tengamos conciencia de que un delito en el mundo digital tiene que ser tratado igual que un delito en la vida real", señaló. En la misma intervención, cuestionó que compañías de enorme poder económico intenten dirigir el resultado electoral de un país.

El planteo no se limita a una discusión sobre los contenidos publicados en redes sociales. La regulación anunciada se inscribe en una agenda más amplia que incluye la soberanía sobre los datos, la infraestructura de telecomunicaciones, el desarrollo de inteligencia artificial (IA), la capacidad industrial brasileña y el posicionamiento internacional del país frente a las principales potencias tecnológicas.

Un programa de gobierno que ya contemplaba la soberanía digital
Las declaraciones de Lula durante su discurso de victoria retoman lineamientos que ya estaban presentes en su programa de gobierno. El documento propone fortalecer la soberanía digital de Brasil mediante la construcción de un ecosistema tecnológico nacional, con capacidades propias de procesamiento y almacenamiento de datos y desarrollo de inteligencia artificial.

Entre las medidas previstas se encuentran el desarrollo y la operación de supercomputadoras por parte de instituciones nacionales, junto con la expansión de centros de datos y otras infraestructuras destinadas a la IA. La propuesta contempla, además, salvaguardas socioambientales para evaluar las consecuencias de estas inversiones, incluidos sus efectos sobre el sistema eléctrico y las comunidades locales.

El objetivo es que la expansión de la infraestructura digital no se limite a atraer inversiones extranjeras, sino que contribuya a consolidar capacidades científicas, tecnológicas y productivas dentro del país. En esa perspectiva, la soberanía digital comprende tanto el control y la gestión de los datos como la posibilidad de desarrollar tecnologías propias y reducir la dependencia de proveedores internacionales.

El plan también incluye el desarrollo de un modelo de lenguaje en portugués, orientado a responder a las necesidades y problemáticas de Brasil. La iniciativa estaría acompañada por una plataforma nacional que proporcione los datos necesarios para entrenar ese sistema, con el objetivo de fortalecer la capacidad local de investigación y desarrollo en inteligencia artificial.

La propuesta se vincula con un debate más amplio sobre la representación lingüística y cultural en los modelos de IA. Desarrollar herramientas adaptadas al portugués brasileño y a las particularidades sociales, económicas e institucionales del país podría ampliar sus aplicaciones en la educación, los servicios públicos y la actividad productiva.

Su implementación, sin embargo, requerirá resolver cuestiones relacionadas con la calidad y la gobernanza de los datos, la protección de la privacidad, los costos computacionales y la disponibilidad de profesionales especializados.

En materia de regulación, el programa plantea que el entorno digital debe quedar sujeto a las leyes brasileñas, proteger los derechos fundamentales y responder al interés público. También contempla la regulación de las plataformas de juegos y de otros entornos digitales.

Estos lineamientos permiten situar el anuncio de regular las grandes plataformas dentro de una estrategia más extensa: establecer reglas para los actores que operan en el ecosistema digital y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades nacionales para participar en su construcción.

La relación entre ambos objetivos será determinante para la política tecnológica del próximo gobierno. La regulación apunta a definir las responsabilidades y los límites de las empresas que operan en Brasil, mientras que la inversión en supercomputadoras, centros de datos y modelos de inteligencia artificial busca ampliar las alternativas tecnológicas disponibles en el país.

El desafío será articular estas medidas con la política industrial, la educación y la transición energética, de modo que la infraestructura digital contribuya al desarrollo nacional sin trasladar costos desproporcionados a las comunidades o al sistema eléctrico.

La disputa por las plataformas y la integridad electoral
La regulación de las plataformas digitales aparece como uno de los principales desafíos políticos de la nueva gestión de Lula, en un escenario en el que las redes sociales, los sistemas de recomendación algorítmica y las herramientas de inteligencia artificial intervienen cada vez más en la formación de la opinión pública.

Durante su discurso, Lula vinculó su triunfo con la resistencia a la desinformación y a lo que describió como una injerencia externa a través de las plataformas. También afirmó que la elección representó una derrota para la mentira y el negacionismo.

Las declaraciones se produjeron en un contexto de cuestionamientos al funcionamiento de los sistemas de distribución y moderación de contenidos políticos. Durante la campaña, Meta —empresa propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, entre otros servicios— quedó bajo escrutinio por fallas que afectaron contenidos y cuentas vinculados con la contienda electoral.

La controversia incluyó denuncias sobre la visibilidad de publicaciones favorables a Lula, problemas con herramientas de inteligencia artificial y la desactivación temporal de la cuenta publicitaria del candidato. La empresa atribuyó los episodios señalados a problemas técnicos, afirmó haber corregido las fallas y negó haber favorecido deliberadamente a una candidatura.

Estos antecedentes alimentaron las denuncias de interferencia digital y las exigencias de explicaciones a las plataformas. Sin embargo, es necesario distinguir entre los problemas técnicos reportados, las acusaciones de las campañas y la existencia de una eventual intervención deliberada en el resultado electoral.

Por el momento, el discurso de victoria establece una orientación política, pero no constituye por sí mismo un proyecto de ley ni permite determinar el alcance definitivo de las normas que impulsará el Ejecutivo.

Soberanía digital: desarrollar una inteligencia artificial brasileña
El segundo eje de la estrategia es reducir la dependencia tecnológica del país. Lula planteó que Brasil debe desarrollar capacidades propias en inteligencia artificial y evitar que su futuro productivo quede condicionado por tecnologías creadas en el exterior.

"Queremos enseñar más matemática, más ingeniería, porque no quiero seguir dependiendo de una inteligencia artificial china o estadounidense. Quiero crear una brasileña", afirmó.

La declaración conecta la política educativa con la estrategia industrial. El desarrollo de modelos de IA exige profesionales especializados, investigación científica, capacidad de procesamiento, acceso a datos, infraestructura energética y empresas capaces de transformar los avances tecnológicos en productos y servicios.

En ese sentido, la apuesta por ampliar la enseñanza de disciplinas vinculadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas —conocidas como STEM— se presenta como una condición para construir capacidades nacionales a largo plazo.

Brasil ya cuenta con antecedentes institucionales en esa dirección. El Plan Brasileño de Inteligencia Artificial (PBIA), presentado en 2024, estableció una hoja de ruta para ampliar las capacidades nacionales en esta materia. A su vez, la política industrial Nova Indústria Brasil (NIB) incorporó la innovación, la modernización productiva y el desarrollo de sectores estratégicos entre sus prioridades.

El desafío será traducir esos lineamientos en resultados concretos: investigación sostenida, formación de profesionales, infraestructura de procesamiento y almacenamiento, acceso a datos de calidad y desarrollo de empresas capaces de competir en el mercado tecnológico.

Crear una IA brasileña no implica necesariamente prescindir de todas las tecnologías extranjeras. Supone, en cambio, ampliar la capacidad del país para desarrollar, adaptar y controlar herramientas estratégicas, y reducir su vulnerabilidad frente a proveedores externos.

La ventaja energética como instrumento geopolítico
Uno de los elementos más relevantes del planteo de Lula es la relación entre la disponibilidad energética de Brasil y su aspiración de convertirse en un actor tecnológico de mayor peso internacional.

"Tenemos que aprovechar el potencial energético de un país que tal vez sea el que tenga más capacidad de energía renovable para traer los centros de datos necesarios para almacenar también nuestros datos en Brasil", sostuvo.

La referencia apunta a una oportunidad estratégica: atraer centros de datos, ampliar la infraestructura de computación y procesamiento y utilizar la matriz energética brasileña para sostener servicios digitales y aplicaciones de inteligencia artificial.

Los centros de datos son instalaciones que alojan servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de procesamiento. Su expansión es fundamental para entrenar y operar modelos de IA, administrar grandes volúmenes de información y ofrecer servicios digitales a empresas, gobiernos y usuarios.

Pero estas instalaciones también demandan grandes cantidades de electricidad, redes de telecomunicaciones robustas, sistemas de refrigeración, agua y conexiones confiables. En ese escenario, la disponibilidad de energía renovable puede convertirse en una ventaja competitiva para Brasil, siempre que las inversiones se acompañen de una planificación adecuada de la infraestructura y de controles ambientales.

La estrategia plantea, además, una cuestión de soberanía: no alcanza con recibir inversiones extranjeras para alojar servidores en territorio brasileño. El desafío consiste en conseguir que esa infraestructura fortalezca las capacidades locales de investigación, procesamiento de datos, innovación y producción industrial.

De lo contrario, el país corre el riesgo de convertirse en un proveedor de energía y espacio físico para compañías internacionales, sin capturar una proporción equivalente del valor generado por la economía digital.

La discusión también involucra el destino de la capacidad de procesamiento instalada en el país, el acceso de las instituciones brasileñas a esos recursos y las condiciones bajo las cuales los datos se almacenan y utilizan. La localización física de los servidores, por sí sola, no garantiza el control efectivo sobre la información ni sobre las tecnologías que la procesan.

Redata y los incentivos para atraer centros de datos
Dentro de esa estrategia se inscribe el Régimen Especial de Tributación para los Servicios de Centros de Datos, conocido como Redata, sancionado en septiembre de 2026 mediante la Ley 15.504. El régimen establece incentivos fiscales para promover inversiones en infraestructura digital y fortalecer las cadenas tecnológicas nacionales.

La norma contempla beneficios tributarios para la adquisición de determinados equipos destinados a la instalación, modernización y ampliación de centros de datos. A cambio, las empresas beneficiarias deben asumir compromisos de inversión en investigación, desarrollo e innovación, además de destinar una parte de su capacidad de procesamiento, almacenamiento y tratamiento de datos al mercado brasileño.

La ley también incorpora objetivos de sostenibilidad y eficiencia hídrica, así como incentivos para favorecer la distribución regional de las inversiones. Algunos parámetros operativos dependen de la reglamentación correspondiente.

La implementación del régimen será determinante para evaluar su alcance. La efectividad de los incentivos dependerá de las condiciones de acceso, las obligaciones asumidas por las empresas beneficiarias y la capacidad del Estado para verificar que las inversiones se traduzcan en beneficios productivos concretos.

La discusión también involucra el impacto fiscal de las exenciones, la disponibilidad de electricidad para otros sectores económicos y la necesidad de evitar que la expansión de los centros de datos genere presiones ambientales o territoriales.

En este sentido, el desafío del gobierno será compatibilizar la atracción de capitales con una política industrial que promueva empleo calificado, investigación local, transferencia de conocimientos y una mayor participación de proveedores brasileños.

El Redata constituye así uno de los instrumentos concretos de esa estrategia, aunque sus resultados dependerán de la aplicación efectiva de la ley y de la capacidad de vincular los incentivos tributarios con el desarrollo tecnológico nacional.

Una disputa por el lugar de Brasil en la economía digital
La agenda tecnológica tiene también una dimensión geopolítica explícita. En su discurso, Lula afirmó que Brasil no acepta ser "el patio trasero de nadie" y planteó la necesidad de abandonar una posición periférica en las decisiones internacionales.

La aspiración trasciende la regulación de las plataformas. Involucra la capacidad de Brasil para desarrollar tecnologías propias, participar en las cadenas de valor de la economía digital y aprovechar sus recursos energéticos para atraer inversiones sin renunciar a sus objetivos industriales.

La reelección de Lula abre una nueva etapa para esa agenda, pero los anuncios políticos no garantizan por sí solos una mayor autonomía tecnológica. El resultado dependerá de la capacidad del gobierno para convertir sus propuestas en inversiones, investigación, formación profesional y producción nacional, sin descuidar la protección de los datos, la competencia y los costos ambientales.

La disputa de fondo no consiste únicamente en atraer infraestructura digital o establecer reglas para las grandes plataformas, sino en determinar qué parte del conocimiento, del valor económico y de las decisiones estratégicas permanecerá en Brasil.
Foto: Agencia Brasil
Fuentes: Agencia Brasil, Folha de S.Paulo, Señales

domingo, 25 de octubre de 2026

Parque Independencia: el desafío de proteger un paisaje cultural irremplazable

Una iniciativa impulsada en el Congreso busca declarar al Parque Independencia de Rosario como Paisaje Cultural Nacional, con el objetivo de fortalecer la protección de su patrimonio histórico, arquitectónico, forestal, artístico y ambiental. Inés Testoni, integrante de la ONG Protegiendo Nuestros Árboles Rosario, explicó en Señales el estado del proyecto, recordó sus antecedentes legislativos y convocó a la ciudadanía a respaldar una propuesta que busca preservar uno de los espacios públicos más emblemáticos del país.

El Parque Independencia es mucho más que un espacio verde. Su historia, sus jardines, sus esculturas, su arquitectura, sus museos y sus instalaciones deportivas conforman un patrimonio que trasciende los límites de Rosario y adquiere relevancia para todo el país. Sin embargo, ese valor histórico, cultural y ambiental convive desde hace tiempo con las presiones del crecimiento urbano, la expansión del cemento y las intervenciones que modifican el paisaje. Frente a ese escenario, un proyecto de ley presentado en el Congreso de la Nación busca otorgarle un reconocimiento que permita fortalecer su protección y proyectar su preservación hacia el futuro.

Ubicado en una zona central de Rosario, el Parque Independencia se extiende entre la calle Moreno, al norte; la avenida Ovidio Lagos, al sur; la avenida Pellegrini, al este; y el bulevar 27 de Febrero, al oeste. Atravesado por el histórico bulevar Oroño, este amplio espacio verde reúne instituciones deportivas y educativas, museos, jardines y propuestas recreativas que lo convierten en uno de los principales puntos de encuentro de la ciudad.

En este contexto, la iniciativa propone declarar al Parque Independencia como Paisaje Cultural Nacional, en el marco de la Ley 12.665, con el objetivo de reconocer formalmente el valor excepcional de un patrimonio en el que confluyen dimensiones históricas, paisajísticas, ambientales, arquitectónicas, urbanísticas, forestales, artísticas, deportivas, recreativas, culturales y sociales.

Inés Testoni, integrante de la organización no gubernamental Protegiendo Nuestros Árboles Rosario, explicó que la propuesta retoma una iniciativa anterior destinada a revalorizar la importancia del parque, no solamente para Rosario y la región, sino también para la Argentina. Junto con integrantes de Amigos del Parque Independencia, la organización se comunicó con el diputado nacional Diego Giuliano para explorar la posibilidad de que el proyecto volviera a tener estado parlamentario. La iniciativa fue retomada y, según precisó Testoni, se encuentra actualmente en una de las comisiones de la Cámara de Diputados de la Nación.

El proyecto lleva las firmas de los diputados Diego Giuliano, Agustín Rossi, Caren Tepp y Germán Martínez. Sus fundamentos plantean que la protección del parque debe contemplar la totalidad de sus componentes y no limitarse a la conservación de edificios, monumentos o sectores aislados. La propuesta busca reconocer jurídicamente la relación entre naturaleza, arquitectura, historia, urbanismo y prácticas sociales que se ha construido a lo largo de más de un siglo.

Para Testoni, conseguir que la iniciativa vuelva a ingresar en la agenda legislativa constituye un paso importante, pero también resulta necesario ampliar el acompañamiento social y lograr que la ciudadanía conozca su alcance. La tarea de las organizaciones consiste ahora en difundir el proyecto y promover el respaldo de los rosarinos y las rosarinas, para que los representantes legislativos comprendan la importancia que tiene esta declaración para la comunidad.

Un antecedente legislativo y una nueva figura de protección
La iniciativa tiene antecedentes que se remontan a 2006, cuando los diputados Agustín Rossi, Silvia Augsburger, Alberto Beccani, Hermes Binner y Eduardo Di Pollina presentaron un proyecto para declarar al Parque Independencia Monumento Histórico Nacional. Aquella propuesta, recordó Testoni, no consiguió el apoyo necesario para prosperar.

El nuevo proyecto retoma aquel expediente, identificado como 4937-D-2006, pero propone avanzar hacia una figura de protección más amplia. En lugar de considerar el parque exclusivamente como un monumento histórico, busca reconocerlo como un paisaje cultural, una categoría que permite contemplar la integración de sus componentes naturales y construidos, así como las prácticas y los usos sociales que le dieron forma a lo largo del tiempo.

Los fundamentos de la iniciativa señalan que el desarrollo del derecho del patrimonio cultural, el derecho ambiental y el derecho administrativo permite avanzar hacia un régimen de conservación integral. En ese marco, la reforma introducida por la Ley 27.103 a la Ley 12.665 incorporó nuevas categorías de protección patrimonial, entre ellas la de Paisaje Cultural Nacional.

Esta figura permite reconocer bienes cuyo valor no reside exclusivamente en una construcción o un monumento particular, sino en la interacción entre el ambiente natural, la intervención humana, la historia, la arquitectura, el urbanismo y las prácticas sociales. El Parque Independencia, sostiene el proyecto, representa precisamente esa unidad patrimonial.

Desde su creación, a comienzos del siglo XX, el predio fue concebido como el gran espacio público de Rosario. Con el paso de las décadas, se convirtió en un ámbito de encuentro ciudadano, recreación, deporte, cultura, educación y memoria colectiva. Su identidad se construyó a partir de la convivencia entre espacios verdes, instituciones culturales, instalaciones deportivas, esculturas, jardines y otros elementos que forman parte de la historia urbana de la ciudad.

El Parque Independencia es mucho más que uno de los grandes pulmones verdes de Rosario: es un territorio donde conviven la historia, el deporte, la cultura, la educación y la recreación. En su entorno se encuentran el Museo Histórico Provincial Julio Marc y el Museo de la Ciudad y, en sus inmediaciones, el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino. También forman parte de este paisaje los clubes Newell’s Old Boys, Gimnasia y Esgrima y Atlético Provincial, junto con el Hipódromo, el Estadio Municipal Jorge Newbery, el predio ferial de la ex Rural y el Instituto Superior de Educación Física N.º 11 (ISEF), referente en la formación de profesores de Educación Física.

Entre senderos, jardines y espacios de encuentro, el Rosedal, el Jardín Francés, el Laguito y las Aguas Danzantes ofrecen algunas de las postales más características del parque, mientras que El Jardín de los Niños suma una propuesta lúdica y educativa para las infancias. Así, entre tribunas, aulas, museos, canchas, rosales y juegos, el Independencia reúne distintas formas de habitar la ciudad y constituye un espacio donde se entrelazan generaciones, memorias y experiencias cotidianas.

La propuesta legislativa considera que esta combinación de elementos convierte al Independencia en uno de los conjuntos patrimoniales urbanos más importantes de la Argentina. Su relevancia, por lo tanto, excede el interés local y justifica una protección de alcance nacional.

El valor ambiental frente al avance urbano
La dimensión ambiental ocupa un lugar central en el reclamo de las organizaciones que impulsan la iniciativa. Para Testoni, el parque constituye un patrimonio arbóreo invaluable e irreemplazable, además de representar uno de los principales pulmones verdes de Rosario.

La preocupación se relaciona con una problemática que afecta a numerosos espacios naturales de la ciudad: el avance del cemento, las intervenciones urbanísticas y una concepción del espacio público que, en ocasiones, parece considerar las áreas verdes como superficies disponibles para nuevos proyectos.

Testoni advirtió que algunas intervenciones pueden resultar atractivas o responder a necesidades legítimas, pero cuestionó que se desarrollen sobre espacios cuyo valor ambiental exige una consideración especial. «Lo que nosotros planteamos es no sobre los espacios verdes, en este caso no sobre el Parque Independencia», explicó, al señalar que la discusión no pasa necesariamente por rechazar toda iniciativa urbana, sino por definir dónde se lleva adelante y qué consecuencias puede producir.

El arbolado del parque adquiere todavía mayor importancia frente al cambio climático, el aumento de las temperaturas y el fenómeno de las islas de calor urbanas. La expansión de la ciudad y la creciente concentración de personas someten a los espacios verdes a nuevas exigencias, al mismo tiempo que aumentan la necesidad de contar con lugares capaces de ofrecer sombra, alivio térmico y contacto con la naturaleza.

El parque cumple una doble función: es un patrimonio natural que necesita ser protegido y, a la vez, un espacio indispensable para la calidad de vida de quienes habitan Rosario. Su arbolado, sus jardines y sus áreas de recreación ofrecen un respiro frente a una ciudad cada vez más urbanizada y concurrida.

En los fundamentos del proyecto, esta dimensión se vincula con el derecho de todos los habitantes a un ambiente sano, reconocido por la Constitución Nacional, y con el deber de las autoridades de preservar el patrimonio natural y cultural para las generaciones presentes y futuras. También se invocan los principios de prevención, precaución, desarrollo sostenible y equidad intergeneracional, junto con la protección del interés público y de los bienes afectados al uso común.

La declaración propuesta busca, de este modo, reconocer que preservar el Parque Independencia no significa únicamente conservar un espacio histórico, sino también proteger una infraestructura ambiental esencial para Rosario, especialmente frente a los desafíos derivados del cambio climático, la expansión urbana y la creciente presión sobre los espacios públicos.
Qué cambiaría con la declaración

Uno de los aspectos centrales de la iniciativa es el fortalecimiento de los mecanismos de protección patrimonial. El artículo primero establece la declaración del Parque Independencia como Paisaje Cultural Nacional para favorecer su conservación, preservación y guarda. El segundo asigna a la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, la instrumentación de las medidas necesarias para cumplir la ley.

El texto también contempla la participación de los organismos competentes de la provincia de Santa Fe y de la Municipalidad de Rosario. En su tercer artículo, invita a ambas jurisdicciones a dictar normas complementarias y coordinar acciones destinadas a garantizar la preservación integral del parque.

Los fundamentos aclaran que la declaración no busca alterar las competencias constitucionales de la provincia ni del municipio sobre la administración del predio. Por el contrario, proponen un esquema de cooperación entre los distintos niveles del Estado, en línea con el régimen previsto por la Ley 12.665, para fortalecer la conservación de los bienes protegidos.

El proyecto sostiene, además, que las actuaciones sobre el parque deberían responder a objetivos de conservación, restauración, mantenimiento o recuperación patrimonial, preservando la integridad y autenticidad del conjunto y evitando intervenciones que alteren su identidad histórica y paisajística.

Consultada sobre los efectos que podría tener la declaración, Testoni consideró que un reconocimiento de estas características permitiría prestar mayor atención a los controles, las auditorías y los presupuestos, además de incorporar una perspectiva de largo plazo en las decisiones urbanísticas.

La preocupación surge de un escenario en el que, según describió, distintos sectores de Rosario están cada vez más urbanizados, cementados y concurridos. Aunque se trata de una problemática extendida, el Parque Independencia presenta características que lo convierten en un caso particular: la magnitud de su arbolado, su valor histórico y cultural y su condición de espacio de uso público hacen que cualquier pérdida pueda tener consecuencias difíciles de revertir.

La protección propuesta busca establecer una base institucional para que las decisiones sobre el parque contemplen el valor del conjunto y no se limiten a evaluar cada intervención de manera aislada. La intención es que su preservación forme parte de una política pública sostenida, capaz de trascender las coyunturas y los cambios de gestión.

La participación ciudadana como parte de la protección
Para las organizaciones que acompañan el proyecto, el reconocimiento legislativo debe ir acompañado de una participación activa de la comunidad. Testoni considera fundamental que los ciudadanos conozcan la iniciativa, comprendan qué está en juego y respalden a quienes trabajan para conservar el patrimonio ambiental y cultural de la ciudad.

En esa dirección, Protegiendo Nuestros Árboles Rosario y Amigos del Parque Independencia convocaron a una jornada abierta para el sábado 31 de octubre, de 15 a 19, en las inmediaciones de la Casita del Lago, en la zona de bulevar Oroño y avenida Pellegrini. La actividad fue planteada como una celebración del avance legislativo del proyecto y, al mismo tiempo, como una oportunidad para acercar a la población a la importancia del arbolado y del patrimonio del parque.

La programación contempla la participación de feriantes y propuestas destinadas tanto a las infancias como a los adultos. A las 16 está prevista una charla sobre la importancia del arbolado para las infancias, con el propósito de promover desde edades tempranas el conocimiento y el cuidado de los árboles.

También se organizará una recorrida breve por los alrededores de la Casita del Lago para que los chicos y las chicas puedan observar de cerca los ejemplares del parque, conocer sus características y reflexionar sobre la necesidad de preservarlos para las generaciones futuras.

La jornada incluye, además, una muestra y una clase de folclore en el predio de la Casita del Lago. El cierre estará dedicado a una de las actividades más valoradas por quienes conocen el trabajo de la organización: una recorrida por los árboles del Parque Independencia a cargo de la ingeniera agrónoma Ángela Villademoros, referente nacional e internacional en arboricultura urbana, gestión ambiental y preservación del arbolado público en Rosario.

La elección de ese cierre refleja la importancia que las organizaciones atribuyen al conocimiento del patrimonio natural. Reconocer los árboles, aprender sobre sus características y comprender su función constituye una manera de fortalecer el vínculo entre la ciudadanía y el parque. La educación ambiental aparece así como una herramienta para que las nuevas generaciones puedan valorar y defender aquello que reciben como parte de una historia colectiva.

La actividad tendrá, además, un objetivo concreto: reunir firmas para expresar el respaldo ciudadano al proyecto de ley. La intención es que los diputados y las diputadas que tienen la posibilidad de acompañar la iniciativa sepan que cuentan con el apoyo de una comunidad interesada en preservar el Parque Independencia.

Testoni destacó la necesidad de que la población conozca la propuesta y acompañe el trabajo de las organizaciones, que sostienen de manera constante acciones de difusión y defensa del arbolado. La recuperación del estado parlamentario representa una oportunidad, pero su avance dependerá también de la capacidad de instalar el tema en la agenda pública y de demostrar que existe un interés social en alcanzar una protección más amplia.

Un patrimonio que trasciende generaciones
La iniciativa vuelve a poner en discusión qué ciudad se quiere construir y qué elementos de su identidad deben preservarse frente a las transformaciones del presente. En una Rosario que crece y se modifica, el Parque Independencia reúne valores que no pueden medirse únicamente por la superficie que ocupa ni por los edificios que alberga. Su importancia reside también en la relación entre naturaleza, historia, arquitectura, deporte, recreación y vida comunitaria.

Los fundamentos del proyecto definen su preservación como una decisión de política pública destinada a proteger un bien colectivo cuya relevancia trasciende generaciones y jurisdicciones. Declararlo Paisaje Cultural Nacional significaría, desde esa perspectiva, fortalecer el patrimonio cultural argentino y contribuir a garantizar que el espacio continúe siendo público, abierto, accesible y disfrutable para quienes viven hoy en la ciudad y para quienes la habitarán en el futuro.

Para Testoni, el desafío consiste en conseguir que el valor del parque, ampliamente reconocido por quienes lo recorren y disfrutan, se traduzca en herramientas institucionales capaces de protegerlo de manera sostenida. La declaración no resolvería por sí sola todas las tensiones entre conservación y desarrollo urbano, pero permitiría establecer un marco de referencia más amplio para evaluar las intervenciones y defender la integridad del conjunto.

La convocatoria de las organizaciones, por eso, no se limita a una actividad recreativa ni a una campaña de firmas. Es también una invitación a reconocer el Parque Independencia como parte de un patrimonio compartido, cuya conservación depende tanto de las decisiones políticas como del compromiso de la sociedad.

"Celebrar el parque y apoyarlo para que tenga cada vez más protección", resumió Testoni al cerrar la convocatoria.

Detrás de esa frase se concentra el sentido de una iniciativa que busca que el Parque Independencia deje de ser considerado únicamente un espacio disponible para nuevas intervenciones y sea reconocido, en toda su complejidad, como un paisaje cultural y ambiental irremplazable. La apuesta es que su historia, sus árboles, sus instituciones y su condición de lugar de encuentro sigan formando parte de la vida de Rosario, con garantías de preservación que alcancen también a las generaciones futuras.

De los insultos a la hoguera: la escalada de Milei contra la prensa desata una alarma institucional

La Academia Nacional de Periodismo contabilizó 862 expresiones y publicaciones agraviantes contra trabajadores de prensa entre enero y octubre de 2026 y advirtió que a los insultos presidenciales se sumó una amenaza de muerte. El Sindicato de Prensa Rosario convocó a resistir la violencia estatal y defender la democracia, mientras FoPeA alertó sobre una escalada sin precedentes en el discurso del mandatario. AdEPA, dirigentes opositores y Patricia Bullrich también cuestionaron los dichos presidenciales. El trasfondo es la investigación por la criptomoneda $LIBRA y una discusión que excede el enfrentamiento con determinados periodistas: la responsabilidad institucional del Presidente y las condiciones para ejercer la libertad de prensa.

La frase fue pronunciada en un escenario político, ante un auditorio afín al Gobierno, pero sus consecuencias desbordaron rápidamente ese ámbito. Durante la cena anual de la Fundación Faro, el presidente Javier Milei volvió a arremeter contra periodistas que investigaron el caso de la criptomoneda $LIBRA y afirmó que quienes consideraba responsables de atacarlo eran unos "hijos de puta" que "se tienen que quemar en la hoguera". La expresión, acompañada de otras descalificaciones, provocó una nueva ola de rechazos y reabrió una discusión de fondo sobre la violencia verbal desde el poder, la libertad de expresión y la calidad de la democracia argentina.

Las reacciones de las organizaciones periodísticas adquirieron especial relevancia por la coincidencia de sus advertencias. La Academia Nacional de Periodismo puso el foco en la acumulación de agravios y en la gravedad de la referencia a la hoguera; el Foro de Periodismo Argentino (FoPeA) denunció una escalada en la hostilidad presidencial contra la prensa; y el Sindicato de Prensa Rosario (SPR) reclamó poner un freno a las agresiones y defender la libertad de expresión. La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (AdEPA), por su parte, recordó que las diferencias deben resolverse mediante argumentos y no con insultos.

Los cuestionamientos también llegaron desde distintos espacios políticos. La Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente Renovador repudiaron las declaraciones, mientras que Patricia Bullrich, presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, tomó distancia de la frase utilizada por Milei y sostuvo que las críticas deben responderse con argumentos.

La coincidencia entre estos pronunciamientos no elimina las diferencias políticas entre sus emisores, pero sitúa la controversia en un terreno que excede el enfrentamiento entre el Gobierno y determinados medios: las consecuencias de los ataques desde el poder sobre quienes investigan, informan y cuestionan a las autoridades.

La Academia Nacional de Periodismo: 862 expresiones y una amenaza de muerte
Bajo el título "La violencia institucional afecta a la democracia", la Academia Nacional de Periodismo difundió una solicitada en la que contabilizó 862 expresiones y publicaciones dirigidas contra periodistas entre enero y octubre de 2026. El registro reúne insultos del mandatario y contenidos de terceros que compartió en sus redes sociales.

La recopilación incluye calificativos como "operadores", "mentirosos", "basuras", "ensobrados", "corruptos", "sicarios" y "delincuentes". La entidad advirtió que, a la sucesión de agravios, se sumó una amenaza de muerte, en referencia a la expresión pronunciada durante el acto de la Fundación Faro.

El planteo de la Academia busca mostrar que el episodio no constituye un hecho aislado, sino que se inscribe en una dinámica de confrontación sostenida. La preocupación apunta al peso específico que adquieren las palabras cuando provienen de quien ocupa la Presidencia y a sus posibles consecuencias sobre el ejercicio profesional del periodismo.

La discusión no supone que las críticas de un presidente a una cobertura periodística sean ilegítimas por definición. El problema aparece cuando la respuesta abandona la discusión sobre los hechos y se convierte en una descalificación reiterada de las personas, especialmente cuando incluye imágenes de castigo físico contra quienes son señalados por su trabajo.

El Sindicato de Prensa Rosario: "La libertad de expresión no se negocia"
El Sindicato de Prensa Rosario (SPR) también repudió la escalada de insultos y amenazas contra periodistas y formuló un reclamo que amplía el foco de la controversia: la naturalización de la violencia política contra quienes expresan críticas al poder.

El comunicado de la organización comienza con una pregunta que atraviesa todo el pronunciamiento: "¿Hasta cuándo seguirá la violenta escalada del presidente Javier Milei contra las y los periodistas con insultos y amenazas por difundir información que lo molesta?".

El sindicato extiende luego el interrogante más allá de la actividad periodística y advierte sobre las consecuencias de normalizar acciones que, según expresa, ofenden la integridad de periodistas, artistas, opositores y referentes sociales.

"¿Hasta cuándo se seguirán naturalizando acciones que ofenden a la integridad no sólo de periodistas, sino de artistas, opositores, referentes sociales?", plantea el texto.

El SPR también interpela a la oposición legislativa por su respuesta ante los ataques presidenciales y por la responsabilidad de los representantes parlamentarios frente a un clima de confrontación que, según advierte, repercute sobre el conjunto de la sociedad.

"¿Hasta cuándo la oposición legislativa tolerará tantos ataques que se derraman sobre nuestra sociedad convirtiendo la convivencia en un estar peligroso?", cuestiona el comunicado.

La declaración concluye con un llamado explícito a la movilización cívica y a la defensa de los derechos democráticos: "Digamos basta. Plantemos bandera de dignidad, opongamos resistencia a la violencia estatal, defendamos en serio la democracia. La libertad de expresión no se negocia".

El pronunciamiento introduce una dimensión sindical y social en el debate. Para el gremio, el problema no se limita a los agravios contra profesionales concretos ni a la relación entre el Presidente y las empresas periodísticas: involucra el clima en el que se desarrollan las expresiones críticas y la posibilidad de que la hostilidad se extienda a otros sectores de la vida pública.

FoPeA: "El Estado tiene la obligación de proteger a los periodistas, no de convertirlos en blanco"
El Foro de Periodismo Argentino advirtió sobre una "escalada sin precedentes" en el discurso de Milei contra periodistas. Su pronunciamiento puso especial énfasis en la identificación pública de profesionales y en el contexto en el que el Presidente utilizó la expresión de la hoguera.

FoPeA señaló que, durante la cena de la Fundación Faro, el mandatario mencionó por sus nombres a Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodríguez, Natalia Volosin y Luis Novaresio. Inmediatamente después, pronunció la frase sobre la falta de piedad hacia quienes calificó de "hijos de puta" y afirmó que debían quemarse en la hoguera.

Para la organización, el señalamiento individualizado, seguido de expresiones que evocan un castigo violento, representa un salto cualitativo en la hostilidad oficial hacia la prensa.

"Más allá de la intención que se le atribuya, ese lenguaje legitima la violencia contra quienes informan y expone a los colegas señalados a riesgos concretos frente a terceros", advirtió FoPeA. Y formuló una definición central sobre las responsabilidades estatales: "El Estado tiene la obligación de proteger a los periodistas, no de convertirlos en blanco".

La entidad también cuestionó las acusaciones de Milei contra los profesionales que cubrieron el caso $LIBRA. Horas antes de su discurso, tras conocerse su sobreseimiento en la causa, el Presidente había calificado a esos periodistas de "ensobrados, mercenarios de la mentira y fabricantes seriales de operaciones" en su cuenta oficial de X. En el mismo mensaje extendió sus descalificaciones a otros profesionales y acusó al Grupo La Nación de haber utilizado el caso para presionar al Gobierno.

FoPeA consideró especialmente grave atribuir la recepción de pagos ilegítimos a periodistas identificados sin presentar pruebas que respalden esa acusación. El señalamiento adquiere otra dimensión cuando procede de la máxima autoridad del país, por su capacidad de amplificación y por la repercusión que puede generar entre sus seguidores.

El foro aclaró, además, que respeta las decisiones judiciales y no se pronuncia sobre el fondo del expediente. Sin embargo, sostuvo que el sobreseimiento de los investigados no convierte automáticamente en falsa la cobertura periodística de una causa que durante más de un año y medio involucró al Presidente, a su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y a otros funcionarios y particulares.

Informar sobre una investigación judicial de interés público, señaló la entidad, constituye un ejercicio legítimo del periodismo y no puede ser descalificado como una operación por el solo hecho de que sus resultados no coincidan con la posición del Gobierno.

FoPeA también enumeró otros episodios de octubre en los que Milei insultó o descalificó a periodistas, entre ellos María Eugenia Duffard, Jesica Bossi, Fernán Saguier, Joaquín Morales Solá, Jorge Liotti, Pagni y Novaresio. Sumó la descalificación dirigida a la periodista española Julia Molina durante una actividad en Madrid.

A partir de esa secuencia, la organización convocó a dirigentes políticos de todos los sectores, legisladores e instituciones de la República a pronunciarse sin ambigüedades. Su advertencia fue que el silencio también puede contribuir a naturalizar la hostilidad contra la prensa.

El foro expresó su solidaridad con los periodistas señalados y reclamó al Presidente que cese de inmediato la estigmatización. "La libertad de prensa no es un privilegio del sector, sino una garantía para toda la ciudadanía", sostuvo.

AdEPA: las críticas deben responderse con argumentos
La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas también rechazó los agravios pronunciados durante la cena de la Fundación Faro. Su declaración puso el acento en la necesidad de preservar un debate público en el que las discrepancias se tramiten mediante argumentos y refutaciones.

"La réplica, la refutación y la aclaración nunca deberían ser reemplazadas por el insulto y el agravio en una sociedad democrática que tolera el disenso y la crítica", expresó AdEPA.

La entidad estableció así una distinción entre discutir el contenido de una investigación y descalificar a quienes la realizan. Un funcionario puede cuestionar una publicación, refutar datos o responder a una denuncia, pero esa discusión requiere argumentos y no debería convertirse en una sucesión de ataques personales.

La advertencia resulta especialmente significativa en una controversia originada por una investigación judicial de interés público. La decisión de sobreseer a un funcionario no elimina el derecho de los medios a examinar sus actuaciones, del mismo modo que la cobertura periodística no exime a los medios de verificar sus afirmaciones y rectificar eventuales errores.

Amnistía Internacional llevará los ataques ante la CIDH y la ONU
La escalada de hostilidad contra la prensa también motivó la intervención de Amnistía Internacional, que anunció que denunciará ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) los nuevos ataques de Javier Milei contra periodistas que cubrieron el caso $LIBRA. La organización advirtió que las expresiones presidenciales no pueden reducirse a una disputa entre el mandatario y determinados profesionales, porque involucran las condiciones para ejercer la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a acceder a información de interés público.

Durante su discurso en la Fundación Faro, Milei señaló por sus nombres a Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodríguez, Natalia Volosin y Luis Novaresio, a quienes calificó de "ensobrados, corruptos, mercenarios de la mentira y fabricantes seriales de operaciones". Luego afirmó que "los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta". Para Amnistía Internacional, la combinación de señalamientos individualizados, descalificaciones y referencias a una violencia extrema profundiza un clima de intimidación hacia quienes investigan y cuestionan al poder.

"Cuando el presidente señala públicamente a periodistas y utiliza imágenes de violencia para referirse a quienes cuestionan su gestión, contribuye a generar un clima de intimidación que puede habilitar nuevas agresiones", sostuvo Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina. La organización remarcó que la investidura presidencial implica una responsabilidad especial en la protección de la prensa y en la preservación de un debate democrático en el que las críticas puedan expresarse sin hostigamiento.

La advertencia se apoya, además, en un contexto de deterioro de las condiciones para ejercer el periodismo. Según el Monitoreo de Libertad de Expresión de FOPEA, durante 2025 se registraron 278 ataques contra periodistas, un 55% más que el año anterior y la cifra más alta desde el inicio del relevamiento, en 2008. El informe atribuyó a Milei 119 de esos hechos y contabilizó también 139 casos de discursos estigmatizantes, 20 demandas contra periodistas y 28 restricciones de acceso a la información.

La preocupación por la situación argentina ya había llegado a la CIDH. El 19 de noviembre de 2025, Amnistía Internacional participó junto con organizaciones de derechos humanos, entidades periodísticas y sindicatos de prensa en una audiencia en la que se denunciaron agresiones, violencia en línea, acoso judicial y ataques durante la cobertura de protestas. Según la organización, la Comisión solicitó al Estado información sobre las medidas de prevención y protección y manifestó interés en realizar una visita al país.

Amnistía Internacional sostiene que las autoridades deben prevenir la violencia contra periodistas y evitar discursos que aumenten los riesgos para quienes informan, incluso cuando sus investigaciones resulten críticas o incómodas para el Gobierno. El hostigamiento, advierte, puede producir un efecto que excede a las personas directamente señaladas: desalentar nuevas investigaciones, favorecer la autocensura y restringir la circulación de información relevante para el control democrático del poder.

La decisión de llevar los episodios ante organismos internacionales amplía el alcance de la controversia. Ya no se trata solamente de las respuestas que generan los insultos presidenciales dentro del sistema político y periodístico argentino, sino también de las obligaciones del Estado en materia de libertad de expresión y de las garantías que debe ofrecer a quienes investigan e informan sobre la actuación de sus autoridades.

Bullrich tomó distancia y la oposición reclamó frenar los agravios
Las declaraciones de Milei también provocaron cuestionamientos en el ámbito político. La presidenta del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, defendió el derecho del mandatario a responder a las críticas, pero cuestionó el lenguaje utilizado.

"Las críticas se responden con argumentos", sostuvo. Y agregó que la referencia a quemar periodistas en la hoguera era una expresión "muy fuerte" y "muy dura", que cruzaba un límite en la discusión pública.

Bullrich recordó que quienes ejercen funciones de gobierno deben aceptar el escrutinio de la prensa: "Defender la libertad también es respetar a los que nos cuestionan. El poder siempre está bajo escrutinio".

La Unión Cívica Radical, por su parte, consideró que el mandatario había "pasado todos los límites" y sostuvo que los agravios presidenciales no pueden naturalizarse. El Frente Renovador recordó que la recuperación de la democracia implicó dejar atrás la persecución, la violencia política y la intolerancia.

También se expresaron referentes del PRO, entre ellos María Eugenia Vidal, quien afirmó que la libertad no se defiende desde una hoguera, sino con respeto y coherencia.

Las reacciones exhibieron un cuestionamiento que no quedó restringido a un único espacio opositor. Incluso dentro del oficialismo hubo una diferenciación entre la posibilidad de contestar a los periodistas y el uso de expresiones que evocan la violencia física.

El caso $LIBRA, detrás de la embestida presidencial
El detonante inmediato de las declaraciones fue la causa $LIBRA, la controversia que estalló el 14 de febrero de 2025, cuando Milei promocionó en su cuenta de X una criptomoneda vinculada con un proyecto privado que se presentaba como una iniciativa para financiar emprendimientos.

Después de la publicación presidencial, el valor del activo subió y luego se desplomó, con pérdidas para inversores y ganancias para algunas billeteras vinculadas al proyecto. El episodio dio lugar a denuncias y a una investigación sobre la operatoria, las relaciones entre sus promotores y el alcance de la intervención presidencial.

Entre los aspectos examinados estuvieron los contactos con el empresario estadounidense Hayden Mark Davis y las comunicaciones relacionadas con Mauricio Novelli. También se investigaron sospechas sobre posibles pagos indebidos y eventuales vínculos con funcionarios del entorno presidencial.

Según los antecedentes judiciales citados para esta nota, el 23 de octubre de 2026 el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi sobreseyó a Javier Milei, a Karina Milei y a otros investigados, luego de que el fiscal Eduardo Taiano solicitara el cierre de la causa. La resolución consideró que los hechos denunciados no encuadraban en los delitos investigados y que no se había acreditado un engaño concreto que permitiera configurar una estafa.

El sobreseimiento debe distinguirse tanto de las denuncias formuladas durante la investigación como de las preguntas políticas que el episodio dejó abiertas. Las sospechas no pueden presentarse como delitos probados, pero la decisión judicial tampoco vuelve ilegítimo el trabajo periodístico que examinó la promoción de la criptomoneda y sus consecuencias.

Ese es uno de los puntos centrales del enfrentamiento: los ataques presidenciales se dirigieron contra profesionales que cubrieron un asunto de interés público que involucró al propio jefe de Estado. La discusión no se limita, por tanto, a cómo Milei interpreta el resultado judicial, sino también al modo en que responde a quienes investigaron y difundieron información sobre el caso.

Del desacuerdo a la estigmatización
La violencia verbal en la política no se mide únicamente por la dureza de una palabra. También importan la reiteración de los ataques, la identificación de sus destinatarios, el contexto en que se pronuncian y la posición institucional de quien los emite.

Cuando un presidente presenta a periodistas críticos como "ensobrados", "mercenarios" o "sicarios", desplaza la discusión desde el contenido de sus investigaciones hacia la supuesta ilegitimidad de quienes las producen. Si, además, los identifica públicamente y emplea expresiones asociadas con un castigo físico, la controversia adquiere una dimensión adicional.

Esto no significa que toda crítica presidencial constituya una amenaza concreta ni permite afirmar, sin evidencia, que cada mensaje vaya a derivar en una agresión física. Pero sí explica por qué las organizaciones periodísticas advierten sobre los riesgos de legitimar la hostilidad contra profesionales identificados por su trabajo.

Las redes sociales contribuyen a amplificar esa dinámica. Los mensajes más agresivos pueden concentrar la atención, profundizar la polarización y trasladar la discusión desde los datos de una investigación hacia la confrontación entre grupos políticos. El resultado es que la controversia original corre el riesgo de quedar desplazada por una disputa sobre la legitimidad de quienes informan.

El desafío democrático no consiste en eliminar la confrontación política ni en exigir que los funcionarios renuncien a defenderse. Consiste en preservar la diferencia entre la refutación y la intimidación, entre la crítica a una publicación y la deshumanización de sus autores.

Una discusión que excede al periodismo
La cuestión de fondo es cómo impedir que la agresión se convierta en una forma habitual de comunicación entre el poder y quienes lo fiscalizan. La libertad de prensa no depende de que una investigación concluya con una condena judicial ni de que una cobertura resulte favorable a las autoridades. Depende de que los periodistas puedan investigar, preguntar y publicar información de interés público sin que el desacuerdo se transforme en intimidación.

La controversia abierta por Milei deja una pregunta que atraviesa todos los comunicados: qué condiciones necesita una democracia para que quienes investigan al poder puedan ejercer su tarea sin convertirse en destinatarios de campañas de hostilidad.

El Presidente tiene derecho a defenderse, cuestionar una investigación y contestar a sus críticos. Ese derecho no elimina su responsabilidad por las palabras que elige ni vuelve irrelevantes las consecuencias de sus expresiones.

La libertad de prensa no consiste en que los periodistas estén de acuerdo con el Gobierno. Consiste, precisamente, en que puedan investigarlo, cuestionarlo y publicar información de interés público. Cuando la confrontación desde la Presidencia incorpora insultos y referencias a la violencia física, la defensa de esa libertad deja de ser una cuestión exclusivamente sectorial y pasa a involucrar al conjunto de la sociedad.

sábado, 24 de octubre de 2026

Virginia Aparicio: cuando la ciencia encuentra respuestas incómodas

¿Qué pasa cuando la ciencia encuentra respuestas que incomodan? ¿Qué ocurre cuando una investigación detecta plaguicidas en muestras humanas y, en lugar de abrir un debate público sobre sus implicancias, termina poniendo bajo la lupa a quien investigó?

Estas preguntas atraviesan la entrevista realizada en Señales a Virginia Aparicio, ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias e investigadora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Durante la conversación, Aparicio reconstruyó su trayectoria científica, explicó los principales hallazgos del proyecto internacional SPRINT y se refirió al procedimiento administrativo que enfrenta tras la interrupción de la participación argentina en la investigación. También abordó las vías de exposición de la población a los plaguicidas, las alternativas para reducir su utilización y las consecuencias que este caso podría tener para la libertad de investigación y el futuro de la ciencia pública.

Con más de dos décadas de trabajo dedicadas al estudio de los plaguicidas, su presencia en el ambiente y las alternativas productivas para reducir su utilización, Aparicio desarrolló buena parte de su trayectoria en la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Balcarce. Nacida en San Cayetano, en el sudeste bonaerense, construyó una carrera científica centrada en el cuidado de los recursos naturales y en una discusión que excede los límites de la actividad agrícola: cómo se producen los alimentos, qué sustancias circulan en el ambiente y cuáles pueden ser las consecuencias de esa exposición para los seres vivos, incluidos los seres humanos.

Nacida en San Cayetano, en el sudeste bonaerense, Aparicio comenzó su vinculación profesional con el INTA en 1997. Desde entonces, su investigación se orientó al cuidado de los recursos naturales, en particular el suelo y el agua, y al impacto que los productos utilizados en la agricultura pueden tener sobre ellos. Ese recorrido la llevaría a coordinar el capítulo argentino de SPRINT, un proyecto internacional financiado por la Unión Europea que estudió la exposición simultánea a múltiples plaguicidas en personas, animales, vegetales y distintas matrices ambientales.

Los resultados obtenidos en el país mostraron que la exposición no se limita a quienes manipulan directamente estos productos en el campo. También puede alcanzar a habitantes de pequeñas localidades rurales y de ciudades sin actividad agropecuaria directa. En las muestras humanas analizadas en Argentina, el glifosato apareció en una proporción elevada de los participantes, estimada en alrededor del 84 al 86 por ciento, según los resultados difundidos.

Sin embargo, la historia de la investigación tomó un rumbo inesperado. En 2023 se interrumpió la participación argentina en el proyecto y Aparicio quedó involucrada en un procedimiento administrativo del INTA que, según ha denunciado, podría derivar en su exoneración de la administración pública. Su situación despertó pronunciamientos de sectores científicos, sindicales y sociales, que expresaron preocupación por las posibles consecuencias del caso para la libertad de investigación y la comunicación de resultados científicos.

Para comprender cómo llegó hasta allí, es necesario volver al comienzo de su recorrido, cuando el interrogante no era todavía la presencia de plaguicidas en el organismo humano, sino el destino de las sustancias utilizadas en los sistemas agrícolas.

Del suelo y el agua a los plaguicidas
Aparicio es ingeniera agrónoma y, desde que se recibió, orientó su trabajo al cuidado de los recursos naturales. El suelo y el agua fueron sus primeros objetos de estudio, junto con el impacto que los insumos empleados en la producción agropecuaria podían tener sobre ambos. Su formación doctoral se concentró en el transporte vertical de nitratos, un compuesto que, al desplazarse a través del suelo, puede alcanzar las aguas subterráneas.

La elección de ese tema respondió también a una limitación concreta de la investigación científica en aquel momento: el laboratorio no contaba con el equipamiento necesario para medir plaguicidas. Por eso, su doctorado se enfocó en otro insumo químico utilizado en la agricultura, los nutrientes, y en una pregunta decisiva para la región pampeana: si esas sustancias podían afectar el agua subterránea de la que se abastece buena parte de la población.

La preocupación no era menor. Investigar qué ocurre con los productos que ingresan al suelo permite comprender si permanecen en las capas superficiales, si se desplazan hacia otras zonas o si pueden llegar a los reservorios de agua. En una región donde la producción agropecuaria tiene un peso central, conocer esos procesos resulta fundamental para evaluar las consecuencias ambientales de las prácticas productivas.

El escenario comenzó a cambiar cuando el INTA pudo adquirir un equipo de cromatografía líquida de ultra alta resolución acoplada a espectrometría de masas, conocido como UPLC-MS/MS. Se trataba de una tecnología de alto costo, que Aparicio estimó en aproximadamente 500.000 dólares, y que abrió la posibilidad de medir plaguicidas, entre ellos el glifosato.

Con ese equipamiento, la investigación pudo avanzar sobre una dimensión hasta entonces más difícil de estudiar. Ya no se trataba solamente de comprender el comportamiento de los nutrientes, sino de identificar y seguir la presencia de sustancias utilizadas para controlar malezas y plagas, y analizar los procesos que determinan su distribución en el ambiente.

A partir de esas mediciones, Aparicio y su equipo comenzaron a comprender mejor cómo se desplazan los plaguicidas y qué implicancias puede tener su presencia para la biodiversidad y los recursos naturales. La investigación fue ampliando progresivamente su horizonte: del suelo y el agua pasó también a los alimentos que llegan a la mesa de la población.

Los residuos de plaguicidas podían aparecer incluso en productos destinados al consumo humano. Esa constatación permitía advertir que el problema no necesariamente terminaba en el lote donde se aplicaba una sustancia. Los productos químicos utilizados en la producción agrícola podían seguir distintos recorridos ambientales y alcanzar otros componentes de los ecosistemas.

La pregunta, entonces, se volvía más amplia. Si esas sustancias circulaban por el ambiente y podían dejar residuos en los alimentos, ¿hasta dónde llegaba la exposición? ¿Quiénes estaban expuestos, en qué medida y a qué combinaciones de productos? Para responder esos interrogantes era necesario superar el estudio de sustancias aisladas y observar lo que ocurría en escenarios reales, donde numerosos compuestos podían coexistir.

SPRINT: una investigación sobre la exposición múltiple
El proyecto SPRINT comenzó a gestarse entre mediados de 2018 y fines de 2019, a partir de una articulación entre instituciones estatales europeas y el INTA. La propuesta fue presentada en la plataforma Horizonte 2020 de la Comisión Europea y obtuvo aprobación y financiamiento por 15 millones de euros.

Su objetivo principal consistía en acelerar el desarrollo y la incorporación de formas de protección de los cultivos que permitieran disminuir la dependencia de las moléculas de síntesis química utilizadas para controlar plagas y malezas. La iniciativa se vinculaba con una orientación de la política pública europea que buscaba transformar los sistemas alimentarios y reducir el uso de plaguicidas.

En ese contexto, la estrategia europea conocida como "De la granja a la mesa" planteaba reducir su utilización en un 50 por ciento para 2030. Argentina se sumó al proyecto con la posibilidad de producir conocimiento y construir herramientas que contribuyeran también a disminuir el uso masivo de estos productos en sus propios sistemas productivos.

La participación argentina tenía especial relevancia por las características de su agricultura y por la magnitud del uso de plaguicidas para el control de plagas y malezas. Conocer cómo se distribuyen esas sustancias, qué combinaciones aparecen en cada ambiente y qué efectos pueden producir constituye un paso necesario para diseñar alternativas de manejo y evaluar sus resultados.

Según explicó Aparicio, uno de los principales hallazgos de SPRINT fue comprobar la existencia de una exposición múltiple de la naturaleza y de los seres vivos a distintos plaguicidas. Los seres humanos, como parte de esos sistemas, también están expuestos a esa combinación de sustancias.

El proyecto permitió medir más de 200 plaguicidas de uso actual en muestras ambientales, animales, vegetales y humanas. La amplitud del relevamiento hizo posible observar un fenómeno que los análisis centrados en un único compuesto pueden dejar parcialmente fuera de campo: en condiciones reales, la exposición no necesariamente ocurre a una sola sustancia, sino a distintas moléculas que pueden encontrarse de manera simultánea.

Esa diferencia es importante. Conocer la presencia de un plaguicida aporta información sobre una parte del problema; identificar múltiples sustancias permite aproximarse con mayor precisión a las condiciones en las que viven los organismos y a las mezclas que podrían influir en su salud. El paso siguiente consiste en investigar qué efectos tienen esas combinaciones, en qué circunstancias se producen y cuáles son sus consecuencias.

Para Aparicio, la posibilidad de estudiar esas mezclas constituye uno de los aportes centrales de SPRINT. Los resultados no cierran la discusión sobre los efectos de los plaguicidas, sino que ofrecen una base para formular nuevas preguntas y orientar investigaciones posteriores.
Del campo a la ciudad: un gradiente de exposición

En Argentina, el estudio incluyó a 73 voluntarios de localidades del sudeste de la provincia de Buenos Aires. La selección de los participantes buscó representar distintas situaciones de exposición, desde personas que trabajaban directamente con plaguicidas hasta habitantes de ciudades sin vinculación laboral con la actividad agropecuaria.

El relevamiento comprendió diez partidos bonaerenses: Balcarce, General Alvarado, General Pueyrredón, Tandil, Benito Juárez, Necochea, Lobería, San Cayetano, Tres Arroyos y Coronel Dorrego.

En esos territorios se convocó a personas que vivían en el campo y aplicaban plaguicidas, así como a otras que desarrollaban prácticas agroecológicas. También participaron habitantes de pequeñas localidades, frecuentemente denominadas pueblos fumigados, y residentes de ciudades donde la actividad cotidiana no estaba ligada directamente a la producción agropecuaria.

La diversidad de perfiles permitió establecer un gradiente de exposición. En un extremo se encontraban quienes manipulaban plaguicidas y vivían en el entorno rural; en el otro, personas que residían en áreas urbanas y no realizaban actividades agrícolas. Entre ambas situaciones existían distintas formas de contacto potencial con las sustancias estudiadas.

La distinción era relevante porque la exposición no depende únicamente del trabajo con estos productos. Como señaló Aparicio, una persona que vive en una ciudad y no tiene ninguna actividad agropecuaria también podría estar expuesta a través de lo que come, bebe y respira.

El estudio incorporó muestras humanas de sangre, orina y materia fecal, que permitieron identificar distintas sustancias en los participantes. Entre los resultados difundidos, el glifosato apareció en una proporción elevada de las muestras humanas analizadas en el país: aproximadamente entre el 84 y el 86 por ciento, según los resultados comunicados.

El dato puso en evidencia la amplitud de la presencia de ese herbicida entre las personas estudiadas. Sin embargo, la detección de una sustancia no equivale, por sí sola, a demostrar que haya provocado una enfermedad o un daño determinado. Para establecer posibles consecuencias sanitarias es necesario estudiar, entre otros factores, las dosis, las vías de exposición, su duración, las características de cada individuo y los efectos de las mezclas de productos.

La relevancia del hallazgo reside también en la posibilidad de avanzar hacia esas preguntas. Si se conocen las sustancias que aparecen en las personas y se identifican los contextos productivos en los que se utilizan, es posible investigar con mayor precisión cuáles son las combinaciones presentes en cada sistema y qué efectos podrían tener sobre los organismos vivos.

En ese sentido, SPRINT no se limitó a medir residuos. Su planteo buscó construir una base de información que permitiera relacionar las prácticas agrícolas, la distribución ambiental de los plaguicidas y las distintas formas de exposición humana. El desafío posterior es transformar esos datos en conocimiento capaz de orientar decisiones sobre producción, ambiente y salud.

Más allá de las muestras: economía, políticas públicas y nuevas herramientas
La investigación también abordó dimensiones que excedían el análisis químico de las muestras. El proyecto permitió avanzar en el estudio económico de las prácticas de producción vigentes y en la evaluación de escenarios en los que se redujera el uso de plaguicidas.

La cuestión económica resulta central en cualquier intento de transformar los sistemas productivos. Disminuir la dependencia de determinadas sustancias exige conocer qué alternativas existen, cuáles son sus costos y qué condiciones permitirían incorporarlas sin perder de vista la sustentabilidad de la producción.

Por eso, SPRINT buscó generar información que ayudara a evaluar distintos escenarios y a comprender las implicancias de una transición hacia formas de protección de los cultivos menos dependientes de los productos químicos de síntesis. El objetivo no consistía solamente en documentar la exposición, sino también en contribuir a pensar qué cambios podrían reducirla.

El proyecto avanzó, además, en el análisis de políticas públicas vinculadas con la reducción esperada del uso de plaguicidas. La experiencia europea y la participación argentina permitieron abordar el problema desde una perspectiva que conectaba la investigación científica con las decisiones sobre los modelos de producción.

Otro de sus resultados fue la construcción de una caja de herramientas metodológicas para estudiar la exposición de los seres vivos a los plaguicidas y analizar sus posibles efectos sobre la salud. Esa dimensión es importante porque contar con métodos de medición y procedimientos comparables permite ampliar las investigaciones, mejorar la calidad de la información y facilitar que distintos equipos científicos estudien problemas similares.

Aparicio describió SPRINT como un proyecto amplio e interesante, que aportó una cantidad considerable de información al sistema científico internacional. La diversidad de sus líneas de trabajo —desde las mediciones ambientales y humanas hasta el análisis económico y las herramientas para evaluar escenarios de reducción— permitió abordar la problemática desde múltiples ángulos.

En conjunto, los resultados plantean una discusión que no puede reducirse a la presencia o ausencia de un compuesto en una muestra. La exposición a plaguicidas se vincula con las prácticas productivas, las características del ambiente, las vías de contacto de las personas y la posibilidad de desarrollar alternativas que reduzcan el uso de estas sustancias. Comprender esa trama requiere investigación sostenida, recursos tecnológicos, cooperación entre instituciones y capacidad para comunicar los hallazgos.

Cuando la investigación se convierte en una disputa
La historia de SPRINT en Argentina, sin embargo, no terminó con la producción de esos resultados. En 2023 se interrumpió la participación argentina en el proyecto y Aparicio quedó involucrada en un procedimiento administrativo del INTA que podría derivar en su exoneración de la administración pública, según ha denunciado.

Su situación abrió una discusión sobre el lugar de la ciencia pública y las condiciones en las que se investiga y comunica el conocimiento. Distintos sectores científicos, sindicales y sociales expresaron su preocupación por el caso y por las posibles consecuencias que podría tener para la libertad de investigación.

La controversia desplaza el foco desde los resultados científicos hacia las condiciones institucionales que permiten obtenerlos, discutirlos y comunicarlos. ¿Qué ocurre cuando una investigación encuentra sustancias en muestras humanas? ¿Cómo debe actuar un organismo público frente a resultados que pueden generar controversias en torno a las prácticas productivas? ¿Qué garantías necesitan los investigadores para continuar su trabajo y compartir sus conclusiones?

Son preguntas que no pueden resolverse únicamente a partir de una medición de laboratorio. Involucran también la transparencia de los procedimientos, el funcionamiento de las instituciones científicas y la posibilidad de que los resultados sean evaluados mediante el debate público y el intercambio entre especialistas.

El caso de Aparicio plantea, en ese sentido, una preocupación que excede su trayectoria individual. La investigación sobre plaguicidas exige continuidad, equipamiento costoso, equipos especializados y tiempo para construir series de datos que permitan comprender procesos ambientales complejos. Interrumpir esos recorridos puede afectar no solo a quienes los llevan adelante, sino también a la capacidad colectiva de producir información relevante para la sociedad.

La ciencia necesita formular preguntas, contrastar hipótesis y comunicar aquello que encuentra, incluso cuando los resultados abren debates difíciles. Eso no significa que cada hallazgo deba interpretarse como una prueba definitiva de daño, ni que las conclusiones científicas estén exentas de discusión. Significa que los datos deben poder analizarse, cuestionarse y ampliarse mediante procedimientos científicos, sin que la controversia reemplace a la investigación.

En el caso de SPRINT, los resultados sobre la presencia de plaguicidas en distintas matrices ambientales y humanas constituyen un punto de partida para profundizar el conocimiento. La detección de glifosato en una elevada proporción de los participantes argentinos es un dato relevante, pero comprender sus implicancias exige investigaciones adicionales sobre exposición, dosis, mezclas y posibles efectos. La respuesta no está en clausurar las preguntas, sino en sostener las condiciones para que puedan ser investigadas.

Virginia Aparicio llegó al estudio de los plaguicidas desde una preocupación por el suelo y el agua, los recursos naturales que habían orientado su formación y su trabajo desde el comienzo. Con el tiempo, ese camino la llevó a observar cómo las sustancias utilizadas en la agricultura circulan por el ambiente, pueden aparecer en los alimentos y alcanzan también a personas que no tienen contacto directo con las aplicaciones.

SPRINT amplió esa mirada al reunir mediciones, metodologías y perspectivas económicas en una investigación internacional sobre la exposición múltiple. Sus resultados permitieron describir un escenario más complejo que el de una sustancia aislada o un único ámbito de contacto, y abrieron nuevas líneas para estudiar los efectos de las mezclas y las posibilidades de reducir el uso de plaguicidas.

Pero la trayectoria de esa investigación también dejó al descubierto otra cuestión: el conocimiento científico depende de la existencia de instituciones capaces de sostenerlo y de garantizar que sus resultados puedan ser examinados y discutidos.

La pregunta que atraviesa esta historia, por lo tanto, no se limita a qué sustancias aparecen en las muestras humanas ni a qué proporción de los participantes estuvo expuesta al glifosato. También se refiere a las condiciones necesarias para conocer mejor aquello que afecta al ambiente y a la salud.

Porque una sociedad necesita información confiable para evaluar sus prácticas productivas, discutir sus riesgos y decidir qué cambios está dispuesta a impulsar. Y para obtener esa información necesita científicos que puedan investigar, equipos que permitan medir y organismos públicos que sostengan la producción de conocimiento.

Cuando la ciencia encuentra respuestas incómodas, el desafío no debería ser silenciar las preguntas, sino profundizar la investigación, examinar las evidencias y abrir el debate sobre sus consecuencias. En esa tensión entre los datos, las instituciones y el derecho de la sociedad a conocer se inscribe hoy la historia de Virginia Aparicio.

Las huellas invisibles: cómo se exponen las personas a los plaguicidas
La investigación no se limitó a identificar qué sustancias estaban presentes en las muestras humanas. Uno de los objetivos de SPRINT fue comprender cómo se relacionaban esos hallazgos con la vida cotidiana de los participantes y qué vías podían explicar la exposición a los plaguicidas. Para ello, el proyecto combinó análisis de laboratorio con información sobre los hábitos, las prácticas domésticas y los contextos en los que vivían las personas estudiadas.

SPRINT reunió a diez países europeos y a Argentina, cuya participación se concentró en el sudeste de la provincia de Buenos Aires. Además de los voluntarios que aportaron muestras biológicas, participaron grupos vinculados con distintos eslabones de la cadena productiva y con los sectores de la salud y la educación. Estas personas intervinieron en talleres, respondieron consultas y compartieron sus perspectivas sobre las alternativas disponibles para reducir el uso de plaguicidas, así como las necesidades que debían atenderse para que esa reducción fuera posible.

El proyecto buscó conocer no solo qué alternativas se estaban diseñando, sino también cómo eran percibidas por quienes podían llevarlas adelante o verse afectados por ellas. La transición hacia una producción menos dependiente de los productos químicos, entendían los investigadores, no podía pensarse al margen de las experiencias, las dificultades y las demandas de los distintos actores sociales.

En paralelo, los voluntarios que participaron de los análisis entregaron muestras de sangre, orina y materia fecal, además de realizarse un hisopado nasal. También utilizaron pulseras durante siete días y recolectaron el polvo de sus viviendas a lo largo de ese mismo período. Estos procedimientos permitieron reunir información de distintas matrices y aproximarse a las sustancias con las que las personas podían entrar en contacto en sus actividades habituales.

Pero las muestras, por sí solas, no alcanzaban para comprender el contexto de cada resultado. Por eso, los participantes respondieron una serie de preguntas sobre sus costumbres y su vida cotidiana. Se indagó, por ejemplo, si pelaban las frutas antes de consumirlas, si acostumbraban ventilar sus casas, si dejaban los zapatos afuera al regresar del exterior y si preferían comer las frutas y verduras crudas o cocidas. También se consultó sobre la presencia de enfermedades y sobre el uso de plaguicidas en el ámbito doméstico, tanto para controlar insectos y hormigas como para combatir parásitos u otras plagas en las mascotas.

Cada una de esas respuestas aportaba elementos para contextualizar los resultados analíticos. La ventilación de una vivienda, los hábitos alimentarios, el contacto con el polvo y el uso de productos para el control de plagas domésticas forman parte de un escenario más amplio que permite investigar cómo se distribuyen las sustancias y por qué vías pueden llegar a las personas.

Uno de los procedimientos más reveladores consistió en solicitar a un grupo más reducido de participantes una porción de los alimentos y las bebidas consumidos durante un día completo. La recolección incluyó el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena, antes de la toma de las muestras de orina.

El análisis de ese conjunto de alimentos y bebidas permitió detectar un número importante de plaguicidas. Para Virginia Aparicio, el resultado aportó evidencia sobre una de las posibles vías de ingreso de estas sustancias al organismo: la alimentación. La exposición, sin embargo, no se limita a lo que se consume. También puede producirse por el sistema respiratorio y a través del agua ingerida.

De este modo, la investigación permitió observar que las personas pueden entrar en contacto con los plaguicidas por diferentes vías y que esas vías pueden coexistir. No se trata únicamente de la exposición directa de quienes trabajan en el campo o aplican productos químicos, sino también de posibles contactos vinculados con el ambiente y las actividades cotidianas.

Una mezcla de sustancias, una pregunta todavía abierta
Entre los resultados más relevantes de SPRINT apareció una cuestión que, para Aparicio, constituye un desafío central para la salud pública: la exposición simultánea a múltiples plaguicidas durante períodos prolongados.

La investigadora explicó que las personas pueden estar expuestas crónicamente a pequeñas concentraciones de distintas sustancias. Esa exposición, sostenida a lo largo del tiempo, plantea interrogantes que no pueden responderse estudiando cada compuesto de manera aislada.

El primer paso consiste en identificar cuáles son los plaguicidas que aparecen con mayor frecuencia y qué mezclas se repiten en los distintos sistemas productivos. Con esa información, es posible diseñar estudios toxicológicos específicos, tanto en animales como en personas, para investigar qué sucede cuando varias sustancias actúan simultáneamente.

Una de las preguntas fundamentales es si los efectos de una mezcla pueden ser mayores que la suma de los efectos individuales de sus componentes. En toxicología, ese fenómeno se conoce como sinergia. También es necesario investigar si determinadas sustancias potencian los efectos de otras o si, en algunas circunstancias, pueden contrarrestarlos.

Para Aparicio, se trata de una línea de investigación especialmente importante que todavía requiere mucho desarrollo a escala internacional. Conocer qué sustancias se combinan habitualmente y cómo interactúan permitiría avanzar en la comprensión de los riesgos asociados a las exposiciones reales, que no siempre se corresponden con las condiciones simplificadas de los ensayos sobre un único producto.

Ese conocimiento podría orientar, a futuro, estrategias de prevención de algunas enfermedades y contribuir al diseño de políticas de salud pública más precisas. No se trata de atribuir automáticamente una enfermedad a la presencia de un plaguicida, sino de construir evidencia capaz de identificar posibles relaciones, comprender los mecanismos involucrados y evaluar las condiciones en las que determinados efectos pueden producirse.

Aparicio entiende estos avances como etapas sucesivas en la construcción de conocimiento científico de alcance global. Primero es necesario identificar las sustancias presentes, después comprender cuáles son las mezclas más frecuentes y, finalmente, estudiar sus efectos y las posibilidades de reducir la exposición. Cada etapa depende de la anterior y requiere continuidad en la investigación.

La devolución que no llegó
Una vez obtenidos los resultados analíticos de las muestras que habían sido enviadas a Europa, Aparicio comenzó a preparar informes individuales para cada uno de los voluntarios argentinos. La intención era que cada participante pudiera conocer los resultados correspondientes a sus propias muestras y, al mismo tiempo, organizar una reunión colectiva para presentar y discutir los hallazgos generales.

La devolución individual llegó a concretarse a medida que los informes estuvieron disponibles. La reunión grupal, en cambio, nunca se realizó. Según relató la investigadora, el INTA le pidió suspender ese encuentro en 2023, cuando estaba prevista la comunicación de los resultados a quienes habían participado del estudio.

La decisión generó decepción entre los voluntarios. Su participación había sido voluntaria y altruista, motivada por la posibilidad de contribuir a una investigación orientada al bien común. Habían entregado muestras biológicas, compartido información sobre su vida cotidiana y dedicado tiempo a un proyecto del que esperaban obtener conocimientos relevantes para comprender la exposición a plaguicidas.

La suspensión de la reunión significó, según Aparicio, que la institución en la que habían depositado su confianza les impidiera completar una parte importante de esa experiencia: conocer los resultados colectivos y participar de la discusión sobre sus implicancias.

Para los participantes, sin embargo, la preocupación no se limitaba a recibir información sobre los análisis. Cuando asumió el nuevo director nacional del INTA, algunos voluntarios que pudieron trasladarse hasta la Estación Experimental de Balcarce participaron de una reunión a puertas cerradas con él. Allí plantearon la necesidad de dar continuidad al proyecto.

Conocer los resultados grupales seguía siendo importante, pero, según recordó Aparicio, a los voluntarios les preocupaba todavía más que la investigación pudiera continuar. SPRINT contaba con financiación para avanzar y, una vez construido un diagnóstico sobre la exposición, existía la posibilidad de trabajar sobre las soluciones.

El interés de los participantes apuntaba precisamente a ese paso: que el conocimiento producido no quedara reducido a un conjunto de análisis, sino que permitiera investigar alternativas para abordar la problemática de los plaguicidas. Querían saber qué estaba ocurriendo, pero también contribuir a que se hiciera algo con esa información.

La interrupción de la participación argentina dejó pendiente esa continuidad. Y con ella quedó abierta una pregunta sobre el vínculo entre las instituciones científicas y las personas que colaboran con sus investigaciones: qué responsabilidad asumen los organismos públicos cuando una comunidad aporta voluntariamente datos y muestras para producir conocimiento destinado a mejorar la vida colectiva.

Un proyecto avalado por la institución, una sanción en discusión
La salida argentina de SPRINT es uno de los puntos sobre los que Aparicio reconoce no tener una explicación concreta. Según señaló, la información que recibió no resultó suficiente para la coordinación internacional del proyecto. Desde el INTA se solicitó que la institución dejara de participar, pero esa salida nunca llegó a formalizarse.

El proyecto internacional continuó hasta febrero de 2026 con el INTA todavía integrado al consorcio, de acuerdo con lo relatado por la investigadora. Al mismo tiempo, los participantes argentinos quedaron involucrados en un procedimiento administrativo, pese a que la iniciativa había contado con el aval institucional.

Para Aparicio, esa contradicción debería ser explicada por las propias autoridades del organismo. Por un lado, se solicitó interrumpir la participación argentina; por otro, se inició un sumario a quienes habían formado parte de una investigación que la institución había respaldado. La investigadora insistió en que no dispone de una respuesta concreta que permita comprender las razones de esa decisión.

El procedimiento administrativo que enfrenta podría derivar en su exoneración de la administración pública. La posibilidad de una sanción de esa magnitud, sostiene, no afecta solamente su futuro profesional: también puede transmitir un mensaje al resto del sistema científico.

La exoneración es la sanción más grave dentro de la escala disciplinaria aplicable a los empleados públicos. Aparicio describió sus posibles consecuencias en términos personales y profesionales: significaría perder su lugar como investigadora en el sistema científico nacional y ver interrumpida una trayectoria construida durante décadas.

Pero su preocupación no se limita a lo que pueda sucederle individualmente. Considera que avanzar hacia una sanción de ese tipo contra una investigadora que participó en un proyecto avalado por la institución puede generar temor entre sus colegas y fomentar la autocensura.

Cuando investigar un asunto complejo y socialmente sensible puede poner en riesgo la continuidad de una carrera, otros científicos podrían optar por no abordar determinadas preguntas, evitar temas controvertidos o limitar la comunicación de resultados. Para Aparicio, ese efecto debilitaría al sistema científico nacional y reduciría su capacidad de buscar respuestas a problemas que afectan a la sociedad.

La investigación científica requiere condiciones para trabajar sobre asuntos difíciles, contrastar hipótesis y comunicar hallazgos, incluso cuando estos abren discusiones incómodas. Si la posibilidad de una sanción se convierte en un obstáculo para emprender ese trabajo, el daño potencial no recae únicamente sobre una persona: alcanza a la producción de conocimiento y a la capacidad de las instituciones públicas para responder a demandas sociales.

Aparicio considera que el ejemplo que deja este caso es perjudicial para todos. Investigar cuestiones vinculadas con los plaguicidas implica abordar tensiones entre prácticas productivas, intereses económicos, preocupaciones ambientales y demandas sanitarias. Precisamente por esa complejidad, entiende que la respuesta institucional debería permitir que el conocimiento se discuta y se amplíe, en lugar de desalentar a quienes intentan producirlo.

Producir mejor no significa producir menos
Aparicio rechaza que investigar los efectos de los plaguicidas implique adoptar una posición contraria al campo o a la producción agropecuaria. La posibilidad de reducir la utilización de productos químicos, sostiene, no debe confundirse con una disminución inevitable de la producción.

Uno de los resultados que destacó de SPRINT fue la observación de que, en términos generales, productores agropecuarios europeos y argentinos utilizaban cantidades superiores a las recomendadas en los marbetes de los productos. Según explicó, en algunos casos las dosis empleadas podían multiplicar por diez o por veinte las indicadas en las etiquetas.

El marbete es la etiqueta que acompaña al producto y establece las indicaciones de uso, incluidas las dosis recomendadas por unidad de superficie o volumen. Las diferencias señaladas por Aparicio apuntan a una posibilidad concreta de reducción: revisar las cantidades aplicadas y evitar usos que excedan las recomendaciones correspondientes. La magnitud de esas diferencias, no obstante, depende del producto y de las condiciones específicas de aplicación.

La investigadora plantea que una reducción del uso puede comenzar con medidas de seguimiento y control. En lugar de aplicar plaguicidas de manera automática o siguiendo un calendario fijo, propone monitorear la presencia de plagas y malezas, evaluar los umbrales de daño y decidir las intervenciones en función de las necesidades reales del cultivo.

A esa estrategia se suman herramientas de manejo integrado de plagas y otras prácticas agronómicas, como la modificación de la distribución espacial de los cultivos y el uso de estrategias de sombreado que contribuyan al control de organismos no deseados. La combinación de alternativas permite pensar en sistemas de producción menos dependientes de las aplicaciones químicas.

Para Aparicio, ese es precisamente el campo de acción de las ciencias agronómicas. La disciplina no debería limitarse a promover o facilitar la venta de insumos, sino poner su conocimiento al servicio de las decisiones que se toman en cada lote. Observar, medir, diagnosticar y seleccionar las estrategias adecuadas forma parte de una ingeniería agronómica que puede contribuir a reducir el uso de plaguicidas sin plantear una falsa oposición entre producción, salud y ambiente.

La cuestión, entonces, no es elegir entre producir alimentos o proteger los recursos naturales. Se trata de investigar cómo producirlos de manera que se reduzcan las exposiciones evitables, se preserve la calidad ambiental y se utilicen los insumos de forma más racional.

SPRINT aportó información para abordar ese desafío, tanto a través del estudio de las sustancias presentes en el ambiente y en las personas como mediante la evaluación de escenarios económicos y alternativas de reducción. Para Aparicio, ese conocimiento debería servir como punto de partida para mejorar las prácticas y diseñar respuestas concretas.

Combatir ciencia con más ciencia
Después de años de investigación, la principal preocupación de Aparicio no es solamente su futuro laboral. Lo que más le inquieta es que los resultados obtenidos sobre una cuestión de salud pública global no estén siendo atendidos como considera necesario.

En lugar de concentrar los esfuerzos en estudiar los hallazgos, ampliar las investigaciones y buscar soluciones, observa que la discusión se ha desplazado hacia el sumario administrativo, la posibilidad de sancionar a quienes participaron del proyecto y el cuestionamiento de sus resultados. Para ella, ese desplazamiento implica perder de vista el objetivo fundamental de la investigación: producir información que permita comprender los problemas y actuar sobre ellos.

"En vez de combatir ciencia con más ciencia", lamentó, el sistema se concentra en un procedimiento que podría terminar afectando la trayectoria de una investigadora y la continuidad de una línea de trabajo. Su preocupación es que, mientras el conflicto institucional ocupa el centro de la escena, las preguntas sobre la exposición a plaguicidas permanezcan sin la atención necesaria.

Aparicio considera que esa situación deja a los ciudadanos en una posición de vulnerabilidad frente a un Estado que debería protegerlos. Desde su perspectiva, la institución no respetó suficientemente a los voluntarios que colaboraron con la investigación ni garantizó las condiciones necesarias para que los investigadores pudieran desarrollar su trabajo.

La consecuencia, advierte, es un debilitamiento del entramado social que hace posible el progreso científico y la construcción de políticas públicas. La investigación requiere confianza entre las instituciones, los científicos y las personas que participan de los estudios. También necesita que los resultados puedan convertirse en herramientas para mejorar las condiciones de producción de alimentos y proteger el ambiente.

Su objetivo, insiste, es que el conocimiento generado no quede archivado ni se pierda en una disputa administrativa. Los datos deberían servir para comprender mejor la exposición a los plaguicidas, orientar nuevas investigaciones y contribuir a producir alimentos saludables en un ambiente saludable.

Por eso, cuando habla de estar en "modo lucha", Aparicio se refiere a la necesidad de evitar que su caso se convierta en un ejemplo disuasorio para otros científicos. Quiere que la información producida sea valorada, que se investigue lo que todavía no se sabe y que los resultados puedan utilizarse para mejorar la vida de la población.

La historia vuelve así a la pregunta que atraviesa toda su trayectoria: qué hace una sociedad con los datos que obtiene cuando investiga un problema que afecta a su ambiente y a su salud. La presencia de plaguicidas en las muestras no constituye, por sí sola, una demostración de enfermedad, pero sí representa información relevante para orientar nuevas preguntas, evaluar las vías de exposición y estudiar los posibles efectos de las mezclas a largo plazo.

La respuesta científica requiere más mediciones, mejores estudios toxicológicos, seguimiento de las prácticas productivas y alternativas que reduzcan la dependencia de estos productos. También exige que las instituciones públicas puedan sostener investigaciones cuyos resultados, sean cuales sean, deben someterse al análisis riguroso y al debate abierto.

Para Aparicio, el desafío consiste en que el trabajo realizado durante años no se transforme en un antiejemplo para la comunidad científica. Que estudiar problemas complejos no sea motivo de temor, sino una tarea reconocida y necesaria. Y que los datos reunidos gracias a la colaboración de decenas de personas puedan convertirse en conocimiento útil para la sociedad.

Porque conocer las sustancias a las que estamos expuestos es apenas el comienzo. El paso siguiente consiste en comprender sus efectos, reducir los riesgos que puedan identificarse y construir políticas públicas capaces de proteger a la población sin renunciar a una producción agropecuaria sustentable.

En esa tarea, la ciencia no debería ser parte del problema por atreverse a formular preguntas. Debería ser una de las herramientas fundamentales para encontrar respuestas.

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