domingo, 14 de junio de 2026

La huida: una historia de amor, exilio y supervivencia que vuelve para contar una generación perdida

La noche anterior al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 está atravesada por un silencio inquietante. Así comienza La Huida, la novela de Adriana de la Fuente que dio origen a la nueva película dirigida por Miguel Mirra. Ese clima de incertidumbre es apenas el preludio de una tragedia que cambiará para siempre la vida de Elena y Fran, una joven pareja rosarina que, como tantos otros argentinos, descubrirá que el terrorismo de Estado también venía por ellos.

Al día siguiente del golpe, recuerda De la Fuente, los protagonistas creen que nada les ocurrirá. No habían cometido ningún delito. Fran había participado en una huelga obrera, algo que en democracia constituye un derecho constitucional. Elena, por su parte, ni siquiera tenía militancia política. Sin embargo, la irrupción de la dictadura parte sus vidas en dos. Tras un tiempo de espera y de planes frustrados, la única salida posible será escapar.

La novela reconstruye entonces un largo recorrido por distintos países de Sudamérica. Brasil, Colombia y otros destinos se convierten en estaciones de una travesía marcada por la incertidumbre, el desarraigo y la necesidad de sobrevivir. Aunque el libro adopta la forma de una novela y juega con recursos de la ficción para sostener la trama, De la Fuente aclara que los hechos centrales son reales y están inspirados en su propia experiencia.

Esa dimensión autobiográfica fue precisamente uno de los aspectos que más atrajo a la productora Susana Moreira cuando el proyecto cinematográfico comenzó a tomar forma. Según explica en Señales, la película recupera la historia de una generación que quedó profundamente marcada por el terrorismo de Estado. Una generación que, en muchos casos, fue truncada, silenciada o expulsada de su propio país. Para Moreira, esa experiencia merecía ser contada.
Pero La Huida no se limita a la reconstrucción de un contexto histórico doloroso. También es una historia de amor y de crecimiento personal. Allí reside, según la productora, uno de los principales valores de la obra: mostrar cómo sus protagonistas lograron seguir adelante sin dejarse vencer por el desaliento. A lo largo del camino encuentran personas que los ayudan, tejen nuevos vínculos y descubren formas de resistir. "Lo político es lo humano también", sostiene Moreira al reflexionar sobre una película que nunca separa la historia íntima de los procesos colectivos.

Carlos Gabriel conoce esa historia desde adentro. Hoy está jubilado después de haber trabajado durante 27 años para la Agencia Espacial Europea en Holanda, Alemania y España. Actualmente colabora ad honorem con una organización internacional dedicada a promover la ciencia en países en desarrollo y dirige un programa de fortalecimiento de capacidades que organiza cursos de ciencias espaciales en distintos lugares del mundo.

Sin embargo, cuando ocurrió el golpe era apenas un muchacho de 19 años.

"A nosotros el golpe nos agarró a los 19 años", recuerda. Trabajaba como obrero industrial en la zona de Villa Constitución y había participado en una gran huelga obrera. La persecución comenzó incluso antes de la dictadura, pero se intensificó inmediatamente después del 24 de marzo de 1976. Las fuerzas represivas lo buscaron en distintos lugares. Allanaron la casa de su madre, la de su padre y la de su suegro. Su padre fue detenido. Él y Adriana se habían casado apenas dos meses antes.

La huida comenzó entonces como una necesidad urgente. Durante nueve o diez meses recorrieron distintos países latinoamericanos intentando sobrevivir. Se dedicaron a la artesanía y vivieron de trabajos ocasionales. "Malvivimos de la artesanía", resume Carlos al recordar aquellos meses de incertidumbre por Brasil y Colombia.
Décadas después, la experiencia regresó convertida en cine. Para él, participar del proyecto fue una experiencia profundamente emotiva. Destaca especialmente el trabajo realizado junto a Miguel Mirra y recuerda con entusiasmo el preestreno realizado en Cañada de Gómez (foto), donde la sala estuvo colmada y la recepción del público fue cálida. Tras la proyección, una charla de casi cuarenta minutos permitió intercambiar reflexiones con los espectadores, quienes expresaron su emoción y reconocimiento hacia la historia narrada.

Para Miguel Mirra, la película también representa una oportunidad para volver sobre una generación frecuentemente olvidada. A casi cincuenta años del golpe, el director cree que los jóvenes pueden encontrar en La Huida una puerta de entrada a una historia colectiva que todavía interpela al presente.

Mirra habla de una "generación perdida". Una generación atravesada primero por la epidemia de poliomielitis y luego por otra tragedia aún más devastadora: la dictadura militar, con sus desapariciones, asesinatos y exilios. Él mismo se reconoce parte de ese grupo. Por eso observa con preocupación la escasa presencia de jóvenes en algunas de las proyecciones recientes. Lo interpreta como un síntoma de una crisis profunda de memoria.

"La ruptura que produjo la dictadura la seguimos viviendo día tras día", afirma. Una fractura que todavía atraviesa la vida política, social y cultural del país.

Sin embargo, lejos de quedarse en la nostalgia o en el diagnóstico pesimista, Mirra encuentra en la historia de Elena y Fran una enseñanza central: la decisión de no rendirse.

Más que una película sobre el exilio o la identidad, considera que La Huida es una película sobre la resistencia. Sobre la capacidad de seguir adelante cuando todo parece derrumbarse. "No rendirse" es una idea que atraviesa gran parte de su obra y que aquí reaparece con fuerza. Los protagonistas pudieron construir un futuro lejos de la Argentina y lejos de los ideales por los que habían luchado, pero sin perder su integridad.

Esa misma determinación se reflejó durante el rodaje. La producción enfrentó enormes limitaciones materiales y debió recrear distintos escenarios latinoamericanos con recursos modestos. España pudo filmarse en locaciones reales, incluso en la casa donde vivieron los protagonistas. Pero Brasil y Colombia representaban un desafío mucho mayor para una producción independiente.

La Amazonia fue recreada en el Delta del Paraná, cerca de Tigre. Algunas escenas ambientadas en Colombia se resolvieron en Rosario y en Cañada de Gómez. Incluso las secuencias vinculadas al Caribe encontraron una versión local en la playa del Club Rosario Central, conocida popularmente como "Caribe Canalla", en la costa rosarina. Fue un trabajo artesanal, basado en la búsqueda permanente de espacios capaces de transmitir la atmósfera de aquellos lugares.
Mirra atribuye gran parte del resultado al compromiso del elenco, especialmente a la joven actriz que interpreta a Elena, a quien define como extraordinaria, y al aporte de actores experimentados que ayudaron a reconstruir la historia narrada originalmente en la novela.

Dentro de su extensa filmografía vinculada a los derechos humanos y las luchas sociales, La Huida ocupa un lugar singular. A diferencia de muchos de sus trabajos anteriores, no se trata de un documental tradicional. La película combina reconstrucción ficcional y testimonios reales de los protagonistas, explorando nuevas formas narrativas que el director espera seguir desarrollando en futuros proyectos.

La historia concluye donde comenzó: en la memoria de quienes atravesaron aquellos años. El tráiler de la película ofrece un adelanto de esa tensión permanente entre el miedo y la esperanza. Elena reprocha a Fran haber ocultado aspectos fundamentales de su vida: su militancia, su trabajo como obrero, la participación en la huelga, los allanamientos. "Yo no les mentía, simplemente no les contaba la verdad", dice.

La voz de la protagonista recuerda también la sensación de desconcierto de aquellos días. Todos sabían que algo iba a ocurrir, pero nadie imaginaba la magnitud del horror que se avecinaba. En medio de la incertidumbre, intentaba convencerse de que todo saldría bien. Sin embargo, la realidad era otra: habían gastado todo el dinero en los pasaportes, no tenían recursos para viajar ni para alimentarse, y el futuro aparecía completamente abierto.

En uno de los momentos más intensos del relato, Elena observa cómo la desesperación amenaza con quebrar a Fran. Entonces comprende algo esencial. La rabia se transforma en compasión, pero también en miedo. Porque, en medio de la persecución, la pobreza y el exilio, había una certeza que no podían permitirse perder: Fran no podía venirse abajo.

Quizás allí resida el corazón de La Huida. No sólo en el relato de una persecución política ni en la reconstrucción de una época oscura de la historia argentina, sino en la obstinación de dos jóvenes que, cuando todo parecía perdido, eligieron seguir adelante.

El estreno en Rosario de La Huida, tendrá lugar el jueves 18 de junio a las 20:30 en El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120), con entrada gratuita. La función contará con la presencia del director Miguel Mirra, la productora Susana Moreira y los protagonistas Adriana de la Fuente y Carlos Gabriel, junto al elenco integrado también por Emilia Cabrera y Serafín Klarich, en una proyección especial que reúne a parte del equipo de esta producción nacional de fuerte anclaje histórico y personal.

La batalla por la Comedia Municipal: artistas buscan frenar “Yiya” y acusan al municipio de incumplir una ordenanza

Actores, actrices, dramaturgos y trabajadores de la cultura cuestionan la elección de Yiya, el musical para la edición 2026 de la Comedia Municipal Norberto Campos. Denuncian irregularidades en el proceso de selección, rechazan el contenido de la obra por considerarlo misógino y violento, y advierten que podrían recurrir a la Justicia para impedir su realización
El conflicto que sacudió al teatro rosarino

Lo que comenzó como una inquietud entre actores y actrices de Rosario terminó convirtiéndose en uno de los mayores conflictos culturales que atravesó la ciudad en los últimos años. Asambleas, comunicados públicos, reuniones institucionales y presentaciones ante el Concejo Municipal marcaron las últimas semanas de una controversia que tiene como epicentro la elección de Yiya, el musical para la duodécima edición de la Comedia Municipal Norberto Campos.

La decisión de la Secretaría de Cultura de Rosario generó el rechazo de amplios sectores de la comunidad teatral, que consideran que la obra elegida contradice el espíritu con el que fue creada la Comedia Municipal y vulnera los objetivos establecidos por la ordenanza Nº 8951, sancionada en 2012.

El reclamo fue impulsado por ACTUAR, la Asociación Argentina de Actores y Actrices Delegación Rosario, el Movimiento VEA Teatro Rosarino y artistas autoconvocados, quienes llevaron su preocupación hasta la Comisión de Cultura y Educación del Concejo Municipal.

Ante los concejales, los representantes del sector expresaron su desacuerdo con la elección de una producción desarrollada fuera de Rosario y reclamaron que se garantice el cumplimiento de la normativa que dio origen a la Comedia Municipal, concebida como una herramienta para fortalecer la producción teatral local y promover la construcción de una memoria cultural colectiva.

Para los artistas, la controversia no gira alrededor del género musical ni de una discusión sobre gustos estéticos. Lo que está en debate, afirman, son los criterios utilizados para seleccionar la obra y el modo en que se tomó la decisión.
 
Una ordenanza en disputa
Buena parte del conflicto se concentra en el procedimiento seguido por la Secretaría de Cultura.

Las organizaciones sostienen que la dependencia municipal incumplió la propia ordenanza que regula la Comedia Municipal al avanzar con la selección sin convocar a la Comisión Asesora prevista por la normativa.

Según denunciaron, la decisión se tomó de manera unilateral y sin generar instancias de debate con los distintos sectores teatrales de la ciudad.

En el comunicado difundido públicamente, los artistas calificaron la medida como "una expresión autoritaria más de esta gestión municipal que maneja de manera discrecional presupuestos y fondos públicos y que ya nos tiene acostumbrados a las irregularidades y a la falta de cumplimiento de concursos e instancias democráticas".

También cuestionaron que la obra elegida no dialogue con los objetivos planteados por la ordenanza, particularmente con el mandato de promover la construcción y el ejercicio de la memoria cultural colectiva.

La crítica se extendió a la política cultural de la actual gestión municipal. En el mismo documento sostuvieron que la convocatoria forma parte de "una serie de decisiones de una gestión a la que no le interesa generar y sostener de manera seria políticas públicas para el sector de las artes escénicas en particular y de la producción cultural en general".

Incluso afirmaron que la Secretaría de Cultura y Educación "funciona exclusivamente como una productora privada" y que privilegia la medición de audiencias masivas por sobre el desarrollo de políticas públicas destinadas al sector artístico.
 
Género, violencia y el corazón de la polémica
Sin embargo, la discusión administrativa es apenas una parte del conflicto.

Uno de los cuestionamientos más contundentes apunta al contenido mismo de Yiya, el musical.

Las organizaciones consideran que la obra reproduce discursos discriminatorios y naturaliza formas de violencia de género incompatibles con los principios que deberían orientar una producción financiada con fondos públicos.

La crítica cobró especial relevancia por producirse pocos días después de una nueva movilización de Ni Una Menos.

En ese contexto, los artistas consideraron "un atropello" que la obra incluya referencias a figuras asociadas a asesinatos y femicidios, entre ellos el odontólogo Ricardo Barreda, Carlos Robledo Puch y el Petiso Orejudo.

A su entender, lejos de construir una mirada crítica sobre esos personajes, el texto los presenta mediante recursos humorísticos que terminan banalizando la violencia.

"Dificulta la elaboración de preguntas incómodas acerca de la violencia, la manipulación, el ejercicio del poder, las desigualdades de género y la responsabilidad ética de los sujetos", señalaron.

Y fueron todavía más lejos al definirla como "un texto vetusto, con chistes chabacanos".

La asamblea de artistas encontró una imagen particularmente gráfica para sintetizar su rechazo: "Yiya, el musical es el parque acuático de la cultura. Una obra que no dialoga ni con los artistas, ni con la ciudadanía, ni con la época".

La reunión donde las posiciones quedaron enfrentadas
La tensión acumulada desembocó el viernes 12 de junio en una reunión realizada en la sede de la Secretaría de Cultura y Educación.

Del encuentro participaron representantes de ACTUAR, de la Asociación Argentina de Actores y Actrices Delegación Rosario, de la Escuela de Teatro y Títeres y del Movimiento VEA. Por parte del municipio estuvieron presentes el secretario de Cultura, Federico Valentini; la directora del Teatro de la Comedia, Carolina Garralda; Daniela Groppo, Federico Salafia y la abogada Carla Luccarini.

Según la minuta elaborada por los representantes del sector teatral, Valentini abrió la reunión explicando que había sido una decisión de la Secretaría que la edición 2026 de la Comedia Municipal estuviera dedicada al género comedia musical y afirmó que allí existía un punto de acuerdo.

Luego tomó la palabra Garralda, quien explicó que la elección de Yiya respondió a criterios técnicos. Según indicó, era el único musical disponible en Argentores Rosario que reunía las condiciones requeridas para la convocatoria. También señaló que se habían consultado otras obras del mismo género, pero que no se encontraban disponibles, y precisó que la compra de los derechos tuvo un costo de 30 mil pesos.

Sin embargo, cuando los representantes teatrales solicitaron documentación que acreditara la inexistencia de otras alternativas, la funcionaria reconoció que no contaba con constancias porque las consultas habían sido realizadas de manera telefónica.

Para los artistas, esa explicación terminó reforzando una de sus principales críticas: la ausencia de una instancia formal de análisis y debate.

La propia Garralda reconoció además que la Secretaría había solicitado colaboración a un trabajador con conocimientos en teatro musical para evaluar opciones, un dato que para las organizaciones puso en evidencia que nunca se convocó a la Comisión Asesora prevista por la ordenanza.
 
"A como dé lugar"
La discusión se volvió más áspera cuando el debate se trasladó al contenido de la obra.

Según la reconstrucción realizada por los participantes, los representantes teatrales insistieron en la existencia de discursos discriminatorios y violencia explícita dentro del texto.

Durante toda la reunión, aseguran, Valentini sostuvo reiteradamente que la obra se realizaría "a como dé lugar".

Los artistas plantearon que la obra carece de perspectiva de género y cuestionaron la decisión de sostenerla dentro de una política pública cultural. Según relataron, las respuestas oficiales redujeron el planteo a una cuestión moral, sin reconocer la dimensión ética y política de la discusión.

Ante la insistencia de los participantes, los funcionarios propusieron que el texto fuera revisado por la Secretaría de Derechos Humanos y Género de la Municipalidad. Los representantes teatrales respondieron que cualquier evaluación debería incluir también a organizaciones feministas y colectivos de derechos humanos.

La posibilidad de modificar el libreto también apareció sobre la mesa. Desde la Secretaría señalaron que podría gestionarse una autorización especial de los autores para adaptar algunos fragmentos de la obra. Sin embargo, los artistas argumentaron que una medida de ese tipo demandaría tiempos similares a los necesarios para abrir una nueva convocatoria.
 
El trabajo como rehén del conflicto
A medida que avanzó la reunión apareció otro tema que atraviesa silenciosamente toda la discusión: la precariedad laboral del sector.

La Comedia Municipal representa una de las pocas oportunidades de empleo sostenido para actores, actrices, directores y directoras de la ciudad. Durante seis meses, quienes integran la producción acceden a una remuneración estable en un contexto económico cada vez más complejo para la actividad teatral.

Por eso, varios participantes señalaron que la controversia no puede analizarse por fuera de esa realidad.

La actriz Carla Sacanni advirtió que quienes finalmente deberán sostener el espectáculo sobre el escenario serán los propios trabajadores de la escena. "Somos los actores, las actrices, los directores quienes vamos a poner el cuerpo", planteó al término del encuentro, y llamó a reflexionar sobre si el colectivo artístico está dispuesto a representar y legitimar el discurso que propone la obra.

Los artistas consideran que la necesidad laboral termina condicionando la libertad de elección de muchos trabajadores, obligándolos a aceptar proyectos con los que no necesariamente acuerdan desde el punto de vista ético o ideológico.
 
Un conflicto abierto
Lejos de desactivarse, el conflicto parece haber entrado en una nueva etapa.

Tras la reunión, la actriz Mayra Sánchez aseguró que la Secretaría rechazó el pedido de dar de baja la obra y confirmó que el proyecto seguirá adelante. Sin embargo, insistió en que todavía existe tiempo suficiente para revisar la decisión, seleccionar otro texto, realizar nuevos concursos de dirección y convocar un elenco sin vulnerar los principios que dieron origen a la Comedia Municipal.

Mientras tanto, las organizaciones continúan reuniéndose en asambleas y ampliando apoyos dentro del sector cultural. Entre las medidas que analizan figura incluso la presentación de un amparo judicial para intentar frenar la decisión del Ejecutivo municipal.

Más de una década después de su creación, la Comedia Municipal Norberto Campos se encuentra en el centro de una discusión que excede largamente una programación teatral. Lo que está en juego, sostienen quienes impulsan el reclamo, no es solamente la realización o no de una obra, sino el sentido mismo de una política pública construida durante años por la comunidad artística rosarina. La disputa, por ahora, permanece abierta.

Del despido a la reincorporación: la Justicia ordenó el regreso al PAMI Rosario de una dirigente que denunció irregularidades

Melina Gutiérrez, secretaria general de la Junta Interna de ATE en PAMI Rosario, obtuvo una medida cautelar que ordena su reinstalación mientras se tramita la causa por su despido. La dirigente sostiene que fue apartada tras denunciar presuntas irregularidades en la obra social y, en los últimos días, volvió a cuestionar designaciones de referentes libertarios en la estructura santafesina del organismo
Un fallo que restituye a una dirigente sindical

La Justicia laboral ordenó la reincorporación provisoria de Melina Gutiérrez al PAMI Rosario al considerar que su desvinculación se habría producido mientras se encontraba amparada por la tutela sindical y sin que previamente existiera una resolución judicial o administrativa que habilitara su exclusión de esa protección legal.

La medida fue dictada por el Juzgado Nacional del Trabajo N.º 77, que hizo lugar a una cautelar presentada por la trabajadora y el equipo jurídico de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). La resolución dispuso que el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP-PAMI) deberá reinstalarla en su puesto de trabajo hasta que exista una sentencia definitiva sobre el fondo de la cuestión.

En el fallo, el magistrado sostuvo que existe verosimilitud en el derecho invocado por la dirigente sindical. Gutiérrez se desempeña como instrumentadora quirúrgica en el Policlínico PAMI II de Rosario y cuenta con mandato vigente hasta octubre de 2027 como secretaria general de la Junta Interna de ATE en el organismo.

Según la demanda, desde el 31 de marzo de este año se le negó la asignación de tareas, situación que la trabajadora consideró una vulneración de la tutela sindical prevista en los artículos 48 y 52 de la Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales.

La resolución también destacó que la impugnación de la elección sindical promovida por la empleadora ante la Secretaría de Trabajo todavía no cuenta con una decisión definitiva, por lo que no puede considerarse desvirtuada la protección gremial. Además, el juzgado observó que la cesantía se habría producido sin que el empleador promoviera previamente el procedimiento judicial sumarísimo exigido por la legislación para excluir la tutela sindical.

Respecto del peligro en la demora, el magistrado señaló que mantener apartada a una representante gremial durante la tramitación del proceso podría ocasionar un daño irreparable al ejercicio de la representación sindical y afectar la libertad sindical, un derecho de jerarquía constitucional reconocido por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y por convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La sentencia también resolvió una cuestión de competencia. El juzgado entendió que el PAMI, por su condición de ente público no estatal, no se encuentra alcanzado por las restricciones introducidas por la Ley 27.802 para determinados organismos estatales. En la misma línea, consideró inaplicable la Ley 26.854 sobre medidas cautelares contra el Estado.

La orden judicial establece que el organismo deberá reinstalar a Gutiérrez dentro de los tres días posteriores a la notificación, bajo apercibimiento de aplicar astreintes, es decir, multas económicas en caso de incumplimiento.

La mirada de la dirigente tras la resolución
La decisión judicial fue recibida con satisfacción por la conducción sindical de ATE. Para Gutiérrez, la medida representa un respaldo no sólo a su situación particular sino también a la actividad gremial.

En diálogo con el programa Señales, de Aire Libre Radio Comunitaria, la dirigente afirmó que el fallo constituye "una buena bocanada de oxígeno" para los trabajadores y sostuvo que confirma lo que el sindicato venía denunciando desde el momento de su despido.

La secretaria general de la Junta Interna recordó que el 31 de marzo fue apartada de sus funciones y vinculó esa decisión con denuncias que venía realizando sobre la gestión del organismo. Entre ellas, mencionó supuestos desvíos de cápitas hacia prestadores privados, situación que, según afirmó, formaba parte de una serie de cuestionamientos impulsados desde la representación gremial.

Gutiérrez aseguró además que durante los meses posteriores a su desvinculación continuó participando de las actividades sindicales, recorriendo hospitales y acompañando reclamos de los trabajadores del sector. En ese sentido, interpretó la resolución judicial como una ratificación de la vigencia de las garantías que protegen la representación gremial.

Denuncias por nombramientos en la estructura santafesina del PAMI
En la misma entrevista, la dirigente también se refirió a una denuncia presentada por ATE Rosario respecto de recientes designaciones dentro de la estructura santafesina del PAMI.

Según informó el sindicato, el director ejecutivo del organismo, Esteban Leguízamo, firmó el pasado 2 de junio una serie de nombramientos que incluyeron a dirigentes y referentes vinculados a La Libertad Avanza en distintas localidades de la provincia.

Entre los designados aparecen Néstor Aramayo, referente libertario de Recreo; Lucas Iovaldi, dirigente del espacio en Gálvez; Lucía Alasino, excandidata a concejal en Sastre; Aldana Trocca, vinculada a la actividad política de María Juana; y Gonzalo Vasalo, referente partidario de San Guillermo, quienes quedaron al frente de distintos Centros de Atención Personalizada (CAP).

También fue trasladado Juan Manuel Da Rocha, dirigente de La Libertad Avanza en la ciudad de Santa Fe, a un área relacionada con el vínculo institucional con organizaciones de jubilados y pensionados.

Desde ATE sostienen que se trata de incorporaciones a planta permanente con Categoría B, una jerarquía asociada a funciones de conducción intermedia. Gutiérrez cuestionó que las designaciones respondan a criterios políticos antes que a la experiencia profesional requerida para la gestión de prestaciones sanitarias y sociales.

"Romina Diez está haciendo la misma maniobra de las elecciones anteriores", sostuvo la dirigente durante la entrevista radial, en referencia a la principal referente de La Libertad Avanza en Santa Fe.

El reclamo por la situación de los hospitales
Las críticas de la conducción gremial también alcanzan la situación de los efectores de salud dependientes del PAMI en Rosario.

Según explicó Gutiérrez, el Policlínico PAMI I tendría actualmente alrededor de 14 camas menos disponibles en el área de guardia, mientras que en el PAMI II permanece cerrado el segundo piso, lo que representa cerca de 20 camas fuera de servicio.

La dirigente cuestionó la explicación oficial que atribuye la situación a obras de refacción y sostuvo que el problema estaría vinculado a la falta de personal. En ese sentido, afirmó que no se producen incorporaciones de trabajadores asistenciales desde 2021 y señaló que más de 400 empleados continúan esperando la regularización de su situación laboral después de años de servicio.

También planteó que las recientes incorporaciones denunciadas por el sindicato no corresponden a médicos, enfermeros, mucamos ni personal asistencial, perfiles que considera prioritarios para afrontar el incremento de la demanda sanitaria durante el período invernal.

Un conflicto que sigue abierto
Mientras espera la notificación formal para regresar a su puesto de trabajo, Gutiérrez considera que la resolución judicial representa un respaldo a la actividad sindical y a los reclamos que viene sosteniendo la organización gremial dentro del organismo.

Sin embargo, el conflicto está lejos de cerrarse. La causa principal sobre la legalidad de su desvinculación continúa en trámite y las denuncias cruzadas entre la conducción del PAMI y los representantes sindicales mantienen abierto un escenario de tensión que combina discusiones laborales, cuestionamientos sobre la gestión y disputas políticas en torno al funcionamiento de la principal obra social de los jubilados argentinos.
 
Escuchá el testimonio de Melina Gutierrez:

Ver también: Despido en el PAMI Rosario: un caso individual que expone un conflicto estructural

Rosario: En dos horas desapareció un siglo y medio de historia verde

La preocupación llevaba meses creciendo entre vecinos y vecinas del barrio Las Malvinas. Lo que para muchos era un pequeño bosque urbano, un refugio natural construido durante décadas en el predio de la ex Fecovita, aparecía amenazado por el avance del proyecto inmobiliario Tres Vías, impulsado por la empresa Bauen Pilay. Los temores terminaron de confirmarse cuando, en apenas dos horas y con el trabajo de palas mecánicas, ese paisaje desapareció.

La escena dejó una imagen difícil de olvidar para quienes la presenciaron. Los árboles no fueron extraídos ni trasladados. Fueron derribados y destruidos. Vecinos que observaban desde la calle vieron cómo las máquinas enganchaban los troncos desde arriba y arrancaban ejemplares que llevaban décadas, e incluso más de un siglo, formando parte de la identidad del barrio.

Entre los árboles eliminados había jacarandás de más de cincuenta años, moras blancas, paltas, ceibas, yuchanes colorados y blancos centenarios, además de pinos y cipreses que, según denuncian los residentes, superaban ampliamente los cien años de vida. Para quienes habitan la zona, no se trataba solamente de árboles aislados, sino de un corredor biológico consolidado, un pulmón verde que funcionaba como refugio para aves, mariposas y otras especies.
La controversia gira en torno al desarrollo urbanístico previsto para el predio ubicado entre Carballo, Estrada y Don Orione, donde se proyecta la construcción de dos torres de cuatro pisos y un edificio de veintiún pisos. Aunque los vecinos reconocen que el emprendimiento puede representar un avance urbano, cuestionan la ubicación elegida y el costo ambiental que implica su ejecución.

Desde principios de año comenzaron a revisar documentación relacionada con la obra. Analizaron planos, ordenanzas y estudios vinculados al proyecto. En ese recorrido detectaron lo que consideran una omisión central: la ausencia de un informe de impacto ambiental.

La vecina Erika Wild se convirtió en una de las principales voceras del reclamo. Según relató en Señales, desde enero un grupo de residentes viene solicitando información sobre el proyecto Tres Vías, aprobado por el Concejo Municipal en 2023. En ese proceso, afirmó, encontraron una serie de irregularidades que despertaron preocupación.
Wild sostiene que la ordenanza municipal 8.814 establece la obligación de presentar un informe de impacto ambiental para emprendimientos emplazados en terrenos superiores a los 2.000 metros cuadrados. Según su interpretación, el proyecto de Pilay encuadra claramente dentro de esa exigencia, no sólo por la superficie del lote sino también por la altura prevista para una de las torres, superior a los 66 metros y ubicada en una zona donde, según indicó, esa escala de construcción no estaba contemplada originalmente.

La vecina recordó que en marzo mantuvieron reuniones con la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, y con Mora Peiró, coordinadora general de la Secretaría de Planeamiento. Según contó, los funcionarios se comprometieron a brindar una devolución sobre el planteo realizado, respuesta que —asegura— nunca llegó.

El reclamo vecinal fue tomando forma institucional. El 31 de marzo presentaron una solicitud para revisar el proyecto urbanístico argumentando que omitía información esencial sobre el ecosistema existente en el lugar. Allí señalaron la presencia de árboles adultos, especies nativas y ejemplares de gran valor ambiental que, entienden, debían ser protegidos.
La cuestión llegó incluso al Concejo Municipal. El 27 de abril, Wild participó de una reunión de la Comisión de Ecología y Ambiente para exponer la situación. Lo hizo acompañada por vecinos del barrio Las Malvinas, representantes de asociaciones vecinales y miembros de la agrupación ambientalista Protegiendo Nuestros Árboles Rosario.

En aquella presentación solicitaron que cualquier avance del proyecto estuviera precedido por una evaluación ambiental integral y la elaboración de un informe de impacto ambiental. También reclamaron garantías para la preservación del arbolado y la fauna existente, la revisión del cumplimiento de la ordenanza Nº 7.349 vinculada a la plazoleta Cosme Budislavich y la apertura de instancias de participación vecinal.

Los vecinos argumentaron además que la ordenanza Nº 10.582, sancionada a fines de 2023 y vinculada al desarrollo urbanístico de Pilay, no contemplaba adecuadamente el ecosistema urbano de alto valor ambiental existente sobre calle Don Orione. Señalaron que hasta el momento no se había evaluado la pérdida de biodiversidad, el impacto climático y térmico, el valor paisajístico y patrimonial del sector ni las consecuencias urbanas y sociales para el barrio.
Sin embargo, según Wild, todas las gestiones terminaron chocando contra una pared. Asegura que el expediente quedó atrapado en disputas políticas y que nunca prevaleció la decisión de revisar la información presentada. "Nunca primó el sentido común", resumió.

La preocupación se intensificó a comienzos de junio. El día 9 los vecinos volvieron a presentar un pedido para que el Ejecutivo exigiera formalmente el informe de impacto ambiental. También realizaron reclamos a través del sistema municipal 147. Según relató Wild, recibió llamados de funcionarios y concejales preguntando por qué insistían con una denuncia sobre un terreno privado. La respuesta fue siempre la misma: más allá de la titularidad del predio, existía una ordenanza que obligaba a presentar estudios ambientales previos.

La vecina también aseguró haber intentado comunicarse con el intendente Pablo Javkin, quien, según contó, le prometió revisar la situación y responder posteriormente. Esa respuesta tampoco habría llegado.
Paralelamente, los vecinos mantuvieron reuniones con representantes de la empresa. Incluso dialogaron con Mario Eduardo Schujman, uno de los socios fundadores de Bauen Arquitectura en Rosario. Habían acordado un nuevo encuentro junto a integrantes del área de Planeamiento para esa misma semana. Pero antes de que la reunión se concretara, las máquinas ingresaron al predio.

Para los residentes, la rapidez de la intervención no fue casual. Wild sostiene que la empresa aceleró la remoción total del arbolado porque se encontraba bajo creciente presión por los cuestionamientos vinculados al informe ambiental y al reclamo vecinal.

La agrupación Protegiendo Árboles Rosario respaldó públicamente esa denuncia. En un comunicado sostuvo que en apenas dos horas desaparecieron ejemplares que formaban parte de un corredor biológico histórico sobre calle Don Orione. También cuestionó tanto a la constructora como al Municipio por haber permitido la intervención.
"La importancia ambiental del lugar era conocida", remarcaron desde la organización. Recordaron que durante meses se realizaron gestiones ante organismos públicos, reuniones con funcionarios y conversaciones con representantes empresariales para intentar preservar al menos una parte del patrimonio natural existente. Sin embargo, aseguran que dos días después de uno de esos encuentros se ordenó la tala total. "Fue un engaño. Fue una burla", señalaron.

La indignación se mezcló con la tristeza durante la jornada de la demolición. Mientras las topadoras avanzaban, los vecinos observaban cómo desaparecía un paisaje que había acompañado la historia reciente del barrio. Algunos gritaban desde la vereda para que detuvieran los trabajos. Otros registraban con sus teléfonos lo que consideraban una pérdida irreparable.

Wild describió el episodio como un "ecocidio". Dijo que los pájaros parecían desorientados, sin saber dónde posarse después de que el bosque desapareciera. Contó que sólo quedó en pie un árbol de palta, ubicado precisamente en el sector donde está prevista la apertura de una calle, y que teme que también sea removido.

La vecina insistió en que el reclamo nunca fue únicamente ambiental. Para quienes habitan el sector, esos árboles también representaban una parte de la memoria colectiva del barrio. Eran una referencia histórica, un espacio de encuentro y un elemento fundamental del paisaje cotidiano.
Por eso, lejos de dar por terminada la discusión, los vecinos anticipan nuevas acciones. Exigen que se haga público el informe de impacto ambiental que, según sostienen, nunca fue presentado. También reclaman que no se autorice la continuidad de la obra hasta esclarecer esa situación y que cualquier compensación sea extraordinaria y proporcional al daño causado.

Entre las alternativas planteadas aparecen reforestaciones masivas, cesiones de terreno para espacios verdes y medidas de reparación que contemplen la magnitud de la pérdida ambiental. Consideran que la desaparición de árboles centenarios no puede compensarse con intervenciones simbólicas.

La polémica adquiere además un tono paradójico. Mientras la empresa promociona el proyecto Tres Vías como una propuesta asociada a la sustentabilidad, los espacios verdes y el contacto con la naturaleza, los vecinos sostienen que su concreción implicó precisamente la eliminación de uno de los ecosistemas urbanos más valiosos de la zona norte de Rosario.

Al caer la mañana, cuando las máquinas ya habían terminado su trabajo, lo que durante años había sido un bosque urbano quedó reducido a un terreno despejado. Para los vecinos, la sensación era la de haber perdido mucho más que árboles. "En dos horas desaparecieron más de cien años de historia natural", resumieron desde la agrupación ambientalista.

La discusión, sin embargo, sigue abierta. Ya no se trata solamente de un emprendimiento inmobiliario. Lo que quedó planteado es un debate más amplio sobre el modelo de ciudad, los límites del desarrollo urbano y el lugar que ocupan el patrimonio ambiental y la participación ciudadana en las decisiones que transforman el territorio.

Escuchá el testimonio completo:

El debate que desborda una manzana: vecinos y especialistas alertan sobre cambios en el entorno del Monumento Nacional a la Bandera

La discusión por la modificación del Área de Protección Histórica reabrió una disputa sobre patrimonio, planificación urbana y participación ciudadana. Referentes vecinales, urbanistas y especialistas advierten en Señales que la iniciativa podría alterar uno de los paisajes más emblemáticos de Rosario y reclaman mayor debate público antes de avanzar con cambios normativos
La discusión sobre la modificación del Área de Protección Histórica (APH) del entorno del Monumento Nacional a la Bandera volvió a instalarse en la agenda pública de Rosario. En ese debate participan activamente referentes vecinales y especialistas que desde hace años siguen de cerca la preservación del patrimonio urbano de la ciudad. Entre ellos se encuentran Ilka Luetich Podestá, presidenta de la Vecinal Monumento Nacional a la Bandera y una de las voces más visibles en la defensa del entorno histórico del monumento y Diego Kleiner, vecino del sector e integrante de distintas acciones ciudadanas vinculadas al seguimiento de proyectos urbanísticos que impactan en la zona.

La controversia comenzó a raíz de una excepción urbanística impulsada para habilitar una construcción en el entorno del monumento. Diego Kleiner recordó que los vecinos se enteraron de manera repentina de la iniciativa, presentada inicialmente por un particular a través del Ejecutivo municipal y luego trasladada al Concejo Municipal. Según explicó, el proyecto contemplaba la construcción de un edificio que, técnicamente, ni siquiera podía ser considerado una torre, ya que se apoyaría sobre las medianeras, una característica que, a su entender, agrava aún más el impacto urbano al extender la superficie edificada.

Lo que en un principio se presentó como una excepción terminó derivando, según los vecinos, en una propuesta de modificación normativa de alcance mucho mayor. Kleiner señaló que la excepción original no habría conseguido los apoyos necesarios debido a que algunos concejales cuestionaban el uso de esa herramienta. Sin embargo, la situación dio un giro cuando el expediente avanzó bajo la forma de un proyecto de modificación de ordenanza. "Nos encontramos con otro agravio", sostuvo, al advertir que ya no se trataba de una excepción puntual sino de un cambio en las reglas urbanísticas vigentes.

La manzana que mira al río
Vecino de la zona de Santa Fe y Buenos Aires, Kleiner explicó que el problema excede cualquier afectación particular. Lo que está en discusión, afirmó, es una modificación normativa que alcanzaría prácticamente a toda la denominada Manzana 99, delimitada por avenida Belgrano, Santa Fe y Buenos Aires. Ese triángulo urbano constituye, según describió, la presentación visual del Monumento Nacional a la Bandera hacia el río Paraná.

La preocupación radica en que la propuesta oficial alcanzaría casi la totalidad de esa manzana, actualmente comprendida dentro del Área de Protección Histórica del Parque Nacional a la Bandera, con excepción de un pequeño sector. De aprobarse el cambio normativo, advirtió, podrían construirse edificios de hasta 35,5 metros de altura frente al monumento.

Para los vecinos, las consecuencias serían múltiples. Kleiner enumeró impactos directos sobre las viviendas linderas, vinculados a la alteración de los vientos, la pérdida de asoleamiento, el aumento de las sombras y la sobrecarga de servicios urbanos que ya presentan dificultades. Mencionó problemas recurrentes de provisión de agua y energía eléctrica, y sostuvo que una mayor densificación agravaría una infraestructura que actualmente muestra señales de saturación.

Sin embargo, consideró que la cuestión más relevante trasciende los inconvenientes cotidianos. A su juicio, el principal riesgo es la afectación del Área de Protección Histórica del Monumento a la Bandera. "Es la parte más vieja y la que tenemos que preservar de nuestra ciudad", explicó. Si ese entorno se transforma radicalmente, agregó, Rosario corre el riesgo de perder una porción fundamental de su identidad urbana e histórica.

Kleiner remarcó además que el monumento constituye un espacio de cohesión social para toda la ciudadanía. Allí confluyen expresiones colectivas de distinto signo político, deportivo y cultural. "Más allá de cómo nos afecta a los vecinos que vivimos cerca, afecta a toda la ciudadanía", sostuvo. Recordó que se trata del único monumento del mundo dedicado a una insignia nacional y destacó la enorme carga simbólica que representa para los rosarinos.

Patrimonio, identidad y símbolos nacionales
Sobre esa dimensión histórica profundizó Ilka Luetich Podestá. La dirigente vecinal recordó que el Monumento Nacional a la Bandera no sólo es una obra única por su escala, sino también porque está emplazado exactamente en el lugar donde Manuel Belgrano enarboló por primera vez la bandera argentina el 27 de febrero de 1812. Agregó además que el creador de la enseña patria residió durante un mes frente al actual monumento, en la vivienda de la familia Echevarría, donde vivía María Catalina Echevarría, reconocida por haber confeccionado la primera bandera.

Luetich Podestá, cuya vecinal abarca el sector comprendido entre Pellegrini, el río Paraná y calle San Martín, planteó que el debate excede una discusión urbanística. A su entender, involucra elementos constitutivos de la identidad nacional. Reflexionó sobre el papel que cumplen los símbolos en la construcción de una comunidad política y recordó que toda nación se articula alrededor de emblemas, héroes fundacionales y relatos de origen. La bandera, el escudo, el himno y la escarapela forman parte de ese entramado simbólico, señaló, por lo que cualquier intervención sobre el espacio que los representa adquiere una dimensión especialmente sensible.

También cuestionó el origen mismo del expediente. Para la dirigente, el pedido inicial de excepción constituía un privilegio otorgado a un particular y vulneraba el principio de igualdad ante la ley. "No hay que admitirlo", afirmó, al sostener que la normativa debe aplicarse de manera uniforme para todos los ciudadanos.

La presidenta vecinal expresó además su preocupación por el cambio de rumbo que tomó la iniciativa dentro de la administración municipal. Según indicó, en un corto lapso el expediente dejó de referirse a un caso puntual para convertirse en una propuesta de modificación integral del Área de Protección Histórica del Parque Nacional a la Bandera y también del Área de Protección Histórica de la Aduana. En ese contexto, interpretó que la discusión sobre el aumento de alturas parece responder más a una lógica inmobiliaria que a criterios de preservación patrimonial. "Es como si hubiera una lógica empresarial detrás de lo que estamos viendo", advirtió.

La ciudad que se planificaba con los vecinos
El debate, sin embargo, también reavivó una discusión más amplia sobre los mecanismos de construcción de la ciudad. Durante una actividad realizada en el Colegio de Arquitectura y Urbanismo Distrito 2 Rosario, donde se presentó un libro de la arquitecta Mirta Levín sobre las experiencias de planificación urbana de Rosario, surgieron reflexiones acerca de las formas históricas de participación ciudadana. Allí se recordó cómo, durante distintas etapas de gestión municipal, técnicos y vecinos trabajaban conjuntamente para definir prioridades urbanas y proyectar transformaciones consensuadas.

Entre las experiencias evocadas apareció uno de los primeros procesos de participación ciudadana desarrollados durante los inicios de la gestión de Hermes Binner en barrio San Francisquito. En aquella oportunidad, profesionales municipales se reunieron con los vecinos para conocer de primera mano las necesidades del sector. La demanda principal no fue una gran obra ni un emprendimiento emblemático: los habitantes reclamaron veredas y pasillos que les permitieran acceder con mayor facilidad al interior del barrio. A partir de esas conversaciones comenzaron a elaborarse los proyectos, en un ejemplo que los participantes del encuentro destacaron como una forma de pensar colectivamente la ciudad y definir, entre todos, qué Rosario se quiere construir.

Aquella experiencia de participación ciudadana fue evocada como un contraste con el presente. Durante meses, los vecinos no sólo habían discutido junto a los técnicos municipales cuáles eran las prioridades de su barrio, sino que también participaron de la ejecución de las obras. Sabían cuánto costaba cada intervención porque eran responsables de comprar los materiales y acompañar el proceso de construcción de veredas, pasillos y desagües. Cuando los trabajos concluyeron, el resultado fue mucho más que una mejora urbana: generó un sentido de pertenencia difícil de alcanzar cuando las decisiones llegan de manera unilateral. No era un proyecto impuesto desde arriba, sino una respuesta construida colectivamente a necesidades concretas.
Las voces de la planificación urbana

Esa reflexión sirvió de antesala para recuperar voces que, desde distintos ámbitos, vienen manifestando preocupación por el rumbo que ha tomado el debate urbanístico en Rosario.

Uno de esos testimonios fue el del diputado provincial Joaquín Blanco, quien, durante la presentación de un libro dedicado a las experiencias de planificación urbana rosarina, vinculó la discusión actual con un problema más profundo. Según sostuvo, Rosario atraviesa un momento en el que incluso cuestiones urbanísticas están siendo debatidas en la Justicia, una situación que, a su entender, revela la necesidad de liderazgos capaces de convocar y escuchar.

Blanco recordó que la ciudad fue durante décadas una referencia nacional por la articulación entre visión política, conocimiento técnico, participación ciudadana y gestión pública. Esa combinación, afirmó, permitió desarrollar transformaciones urbanas de gran profundidad. En ese sentido, advirtió que la política no puede sustituir el saber técnico, sino conducirlo democráticamente. Para el legislador, las decisiones urbanas sólo adquieren verdadero sentido cuando el conocimiento especializado forma parte central de la gestión pública.

La misma preocupación fue expresada por el arquitecto y urbanista Enrique García Espil, ex ministro de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, quien durante años observó de cerca la experiencia rosarina y reconoció la influencia que ejerció sobre otras ciudades del país.

García Espil admitió que observa con interés el crecimiento económico que experimenta Rosario, pero manifestó su inquietud ante la posibilidad de que ese desarrollo se traduzca en proyectos inmobiliarios de gran escala frente al Monumento Nacional a la Bandera. A su juicio, el crecimiento urbano no puede quedar librado exclusivamente a las lógicas del mercado. Debe formar parte de una planificación equilibrada, guiada por un Estado capaz de regular dónde y cómo se construye.

El urbanista sostuvo que una ciudad no debe permitir cualquier intervención en cualquier lugar. Por el contrario, debe orientar el crecimiento hacia los sectores que realmente lo necesitan y preservar aquellos espacios que poseen un valor histórico, simbólico o cultural irremplazable. La tarea pendiente, señaló, consiste precisamente en encontrar ese equilibrio entre desarrollo y preservación.

Las intervenciones de Blanco y García Espil resonaron con fuerza entre los vecinos que siguen de cerca la discusión. Para Ilka Luetich Podestá, ambas exposiciones reflejaron una sensación compartida por buena parte de quienes participaron de aquellas jornadas: la impresión de que muchas decisiones se están imponiendo sin el debate público necesario.

La dirigente recordó que la arquitecta Mirta Levín acompañó, junto a la Academia Nacional de Arquitectura y Urbanismo, la postura crítica expresada por el Colegio de Arquitectos frente al pedido de excepción original, oposición que se profundizó aún más cuando la discusión pasó a involucrar una modificación integral del Área de Protección Histórica.

Pero el debate no se limita a cuestiones patrimoniales. También involucra interrogantes sobre el modelo de ciudad y el acceso a la vivienda.

¿Más densidad o más especulación?
Luetich Podestá puso sobre la mesa una serie de datos que, según entiende, contradicen los argumentos oficiales acerca de la necesidad de aumentar la densidad urbana en el sector. Durante el período intercensal comprendido entre 2010 y 2022, señaló, la población de Rosario creció en aproximadamente 55.000 habitantes, mientras que el parque habitacional incorporó unas 100.000 viviendas nuevas.

La pregunta que surge, planteó, es por qué se insiste en promover nuevas construcciones de alta gama en una de las zonas más valiosas de la ciudad cuando existen indicadores que muestran un importante stock habitacional ocioso. Citó, en ese sentido, estimaciones que hablan de unas 32.000 viviendas vacías en Rosario.

Para la presidenta vecinal, el aumento de edificabilidad en el entorno del monumento no resolvería ningún déficit habitacional. Por el contrario, considera que podría contribuir al encarecimiento del suelo urbano, incrementar el valor del metro cuadrado y elevar los costos de alquileres y viviendas. El resultado, advirtió, sería una ciudad cada vez más inaccesible para amplios sectores de la población.

La paradoja se vuelve aún más evidente, sostuvo, cuando se observa la coexistencia entre miles de viviendas desocupadas y miles de personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad habitacional, incluyendo quienes viven en la calle.

Infraestructura bajo presión
A esos cuestionamientos se suman las dudas sobre la capacidad de la infraestructura urbana para soportar una mayor densificación. Luetich Podestá relató que reside junto al edificio de la Aduana y describió problemas que considera alarmantes. Mencionó, por ejemplo, la inundación del subsuelo del histórico inmueble, del que se extrajeron grandes cantidades de agua durante tareas de drenaje. Según relató, entre los líquidos extraídos también aparecieron aguas servidas, sin que hasta el momento existieran explicaciones satisfactorias por parte de las autoridades competentes.

Los problemas, aseguró, no se limitan a ese edificio. A medida que avanzan las conversaciones entre vecinos, aparecen otros casos de subsuelos anegados en distintos puntos del Bajo rosarino. A ello se suman antecedentes recientes vinculados a fallas energéticas, como la presencia prolongada de generadores de emergencia y la explosión de una central eléctrica ocurrida meses atrás.

Para los vecinos, todos esos episodios plantean una pregunta central: quién está planificando el crecimiento de la ciudad y sobre qué bases técnicas se lo está haciendo. "Si uno no mira la infraestructura de abajo y quiere irse para arriba, vamos a terminar muy mal", resumió Luetich Podestá.

La discusión volvió entonces al corazón del conflicto: el impacto que tendría la modificación normativa sobre uno de los espacios más emblemáticos de Rosario.

El Colegio de Arquitectos recurrió a una comparación gráfica para explicar su posición. Se preguntaron qué ocurriría si alguien propusiera construir una torre frente a la Torre Eiffel. A su entender, la respuesta sería inmediata en cualquier ciudad que valore su patrimonio. Por eso consideran que la posibilidad de levantar edificios de gran altura frente al Monumento Nacional a la Bandera constituye una alteración inadmisible de su entorno histórico y visual.

Luetich Podestá insistió en la necesidad de que voces calificadas provenientes del ámbito académico, profesional y patrimonial se sumen al debate. Pero también reivindicó el papel de los vecinos. Quienes habitan diariamente la zona, argumentó, poseen un conocimiento directo del territorio que debería ser reconocido en las instancias de decisión.

Incluso fue más allá. Consideró que en temas de semejante trascendencia la participación ciudadana debería tener carácter vinculante. No se trataría únicamente de escuchar opiniones, sino de incorporar efectivamente la voluntad de quienes conviven con las consecuencias de las decisiones urbanísticas.

Riesgo de una progresiva torreización de todo el sector histórico
En esa misma línea, cuestionó que modificaciones de semejante magnitud puedan resolverse mediante una mayoría simple dentro del Concejo Municipal. A su entender, alterar un área de protección histórica debería requerir consensos mucho más amplios, cercanos a una mayoría agravada de dos tercios.

La preocupación aumenta porque, según sostienen, si se modifica la protección histórica más importante de la ciudad, difícilmente puedan preservarse otras áreas patrimoniales en el futuro. "Si ya se toca el área de protección histórica más importante que tiene Rosario, ¿qué se puede esperar del resto de la ciudad?", fue una de las preguntas que atravesó la conversación.

Para los vecinos, la situación resulta aún más difícil de comprender porque Rosario ha sido históricamente reconocida por la calidad de sus políticas de planificación urbana. Desde la inauguración del Monumento Nacional a la Bandera, en 1957, gobiernos de distintas orientaciones políticas mantuvieron criterios de preservación que permitieron resguardar su entorno. Por eso observan con desconcierto que ahora sean emprendimientos privados quienes impulsen cambios que afectan uno de los principales símbolos urbanos de la ciudad.

La sensación predominante es que todavía no existen respuestas claras sobre las razones de la urgencia. Después de casi dos meses de debate, participación en comisiones, presentaciones públicas y audiencias, los vecinos aseguran que siguen sin conocer cuál sería el beneficio concreto para el conjunto de la ciudadanía. Esa falta de explicaciones, admiten, es una de las principales fuentes de incertidumbre y angustia.

A esa inquietud se suma otro elemento. Luetich Podestá recordó que en octubre del año anterior se aprobó un programa de sostenibilidad patrimonial destinado precisamente a brindar herramientas para la conservación de inmuebles protegidos. Entre esos mecanismos se encontraba el Derecho de Edificación Transferible (DED), una herramienta que permite compensar a propietarios de edificios patrimoniales mediante la transferencia de capacidad constructiva hacia otros sectores de la ciudad.

La existencia de ese instrumento alimenta una nueva pregunta: si la normativa patrimonial acababa de incorporar herramientas específicas para atender este tipo de situaciones, ¿por qué fue necesario avanzar tan rápidamente hacia un pedido de excepción?

Durante las investigaciones realizadas por los vecinos apareció además otro tema que consideran preocupante: el funcionamiento del Fondo de Preservación Urbanística. Según explicaron, se trata de un mecanismo creado por ordenanza para financiar acciones vinculadas al patrimonio urbano. Sin embargo, sostienen que existe muy poca información pública sobre su funcionamiento efectivo.

Los interrogantes son múltiples. Desconocen, por ejemplo, si continúa recibiendo aportes provenientes de la Tasa General de Inmuebles, cómo se calculan las compensaciones derivadas de mayores edificabilidades autorizadas y de qué manera se administran esos recursos. También cuestionan la escasa publicidad de los montos involucrados y la falta de información sobre el destino final de los fondos.

Según señalaron, en los últimos años el fondo habría sido subejecutado y una parte importante de los recursos se destinó a edificios públicos, cuando originalmente también contemplaba la preservación de inmuebles privados con valor patrimonial. Sobre todas estas cuestiones, afirman, todavía no han obtenido respuestas satisfactorias.

La falta de acceso a la información pública aparece así como otro de los ejes centrales del conflicto. Incluso los concejales de la oposición, sostienen, encuentran dificultades para acceder a datos más precisos.

Consultados sobre la posibilidad de mantener una reunión con el intendente, los vecinos admitieron que no la han tenido y expresaron sus dudas acerca de la voluntad política de revisar el proyecto. A su juicio, existe una decisión clara del Ejecutivo de impulsar la modificación normativa.

El interrogante sobre los estudios técnicos
Diego Kleiner insistió, además, en la ausencia de estudios técnicos que respalden la propuesta. Enumeró la falta de análisis de asoleamiento, conos de sombra, perfiles edilicios, vientos, volumetrías e impactos urbanos específicos. Para él, resulta llamativo que una iniciativa capaz de alterar de manera tan profunda un sector histórico de la ciudad avance sin contar con documentación técnica exhaustiva.

La comparación que utilizó fue contundente: aseguró que un trabajo práctico escolar suele contener más información que la presentada hasta el momento en el expediente. Esa carencia, sostuvo, empobrece el debate y dificulta la toma de decisiones fundamentadas.

Finalmente, volvió a aparecer la cuestión de la participación ciudadana. Tanto Kleiner como Luetich Podestá coincidieron en que los mecanismos de consulta se han ido degradando y que la opinión de los vecinos parece tener cada vez menos incidencia real sobre las decisiones que afectan su entorno.
Participación ciudadana y disputa política

En ese contexto recordaron un proyecto impulsado por el ex concejal Leonardo Caruana que propone otorgar carácter vinculante a la opinión de los vecinos cuando modificaciones urbanísticas excepcionales alteren significativamente las condiciones de vida de un barrio. Para quienes hoy encabezan la defensa del entorno del monumento, esa iniciativa representa una herramienta posible para equilibrar las decisiones técnicas, políticas y ciudadanas en discusiones que involucran la identidad misma de la ciudad.

A medida que avanzaba la discusión, la defensa del patrimonio aparecía cada vez menos asociada a la preservación de edificios aislados y más vinculada a una idea amplia de ciudad. Para los vecinos movilizados, el patrimonio no se reduce a una construcción determinada: involucra el paisaje urbano, la memoria colectiva y la propia identidad de Rosario.

En el caso del Monumento Nacional a la Bandera, esa dimensión adquiere una relevancia particular. Diego Kleiner insistió en que se trata de un espacio de cohesión social que trasciende cualquier pertenencia política, deportiva o ideológica. Es un lugar al que la ciudadanía vuelve una y otra vez para celebrar, reclamar, recordar o manifestarse. Precisamente por esa capacidad de convocar a todos, consideró que su preservación debería ser una causa compartida por el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, tanto Kleiner como Ilka Luetich Podestá perciben que, hasta el momento, han sido fundamentalmente los vecinos quienes han debido asumir la tarea de visibilizar la importancia del tema. Según les transmitieron distintos actores involucrados en la discusión, la movilización vecinal habría sido determinante para frenar, al menos provisoriamente, el avance de la iniciativa que busca flexibilizar las alturas permitidas dentro del Área de Protección Histórica del Parque Nacional a la Bandera.

La estrategia elegida para sostener esa resistencia ha sido la presencia permanente en los ámbitos institucionales donde se debate el proyecto. Cada semana, los vecinos asisten a las reuniones de la Comisión de Planeamiento y Urbanismo del Concejo Municipal. La decisión surgió después de múltiples encuentros con concejales de distintos bloques, quienes les recomendaron seguir de cerca cada instancia del proceso legislativo.

La lógica es simple: observar de primera mano cómo se desarrollan las discusiones y, al mismo tiempo, recordarles a los representantes políticos los compromisos asumidos públicamente. "Si alguien cambia su voto, después va a tener que mirarnos a los ojos", fue una de las reflexiones que sintetizó ese espíritu de vigilancia ciudadana.

Los vecinos denuncian además que el Ejecutivo intentó acelerar los tiempos de tratamiento del proyecto. Según relataron, la propuesta de modificación normativa fue incorporada un lunes y, casi de inmediato, se buscó convocar a una reunión conjunta con otras comisiones para habilitar su llegada al recinto apenas unos días después.

A juicio de quienes se oponen a la iniciativa, semejante velocidad resulta incompatible con la magnitud de la decisión que se pretende tomar. Modificar las reglas que protegen el entorno histórico del principal monumento de la ciudad, sostienen, requiere debates amplios, análisis rigurosos y participación ciudadana efectiva.

La sensación predominante es la de estar frente a un procedimiento que limita los tiempos necesarios para la deliberación pública. Los vecinos hablan de un proceso acelerado que dificulta el acompañamiento de la ciudadanía y restringe las posibilidades de intervenir en una discusión que consideran trascendental para el futuro urbano de Rosario.

Esa percepción de desigualdad también aparece cuando comparan el acceso que distintos actores han tenido a los espacios de decisión. Luetich Podestá sostuvo que los propietarios del inmueble que dio origen al conflicto lograron mantener reuniones con concejales mucho antes de que los vecinos pudieran hacerlo. Mientras tanto, relató, quienes representaban la oposición al proyecto debían atravesar múltiples requisitos administrativos para acceder a encuentros similares.

La dirigente también cuestionó el tratamiento mediático del tema. Considera que la difusión alcanzada por los impulsores de la iniciativa fue muy superior a la obtenida por los vecinos que intentan defender el área histórica. Por eso valoró especialmente los espacios de comunicación que permitieron amplificar una discusión que, según entiende, afecta a toda la ciudadanía y no únicamente a quienes viven en el entorno del monumento.

En ese contexto llegó incluso a utilizar una palabra que había escuchado recientemente y que, a su entender, describe el riesgo que enfrenta la ciudad: "urbicidio". El término, explicó, remite a la destrucción o degradación de los elementos que conforman la identidad urbana de una comunidad.

Pese a las tensiones, los vecinos reconocen que el proyecto todavía enfrenta obstáculos políticos. Según afirman, la iniciativa continúa sin reunir los consensos necesarios para abandonar la Comisión de Planeamiento y llegar al recinto con garantías de aprobación. Entienden que el oficialismo no avanzará mientras no tenga asegurados los votos suficientes y observan con atención los debates internos que atraviesan distintos bloques del Concejo.

Esa situación explica la decisión de mantenerse en estado de alerta permanente. La preocupación es que una eventual modificación del escenario político permita acelerar nuevamente el tratamiento de la propuesta.

Una discusión sobre el futuro de Rosario
Más allá del resultado inmediato de la discusión, el conflicto dejó instalada una pregunta de fondo acerca de la forma en que Rosario toma decisiones sobre su desarrollo urbano. Para quienes encabezan la defensa del Área de Protección Histórica, la discusión ya no se limita a la construcción de un edificio o a la altura permitida en una manzana determinada. Lo que está en juego es el modelo de ciudad, el valor asignado a la memoria colectiva y el lugar que ocupa la participación ciudadana en los procesos de planificación.

Por eso, al finalizar la conversación, tanto Luetich Podestá como Kleiner insistieron en una idea que atravesó todo el debate: defender el entorno del Monumento Nacional a la Bandera es también defender la identidad de Rosario. Y hacerlo implica reclamar algo que consideran tan importante como la preservación del patrimonio mismo: que la voz de los vecinos sea escuchada y tenga incidencia real en las decisiones que transforman la ciudad.

La entrevista concluyó con la promesa de continuar siguiendo un conflicto que, lejos de agotarse en una discusión técnica sobre alturas y edificabilidad, expone tensiones más profundas acerca del patrimonio, la planificación urbana y la relación entre el poder político y la ciudadanía. Quedó pendiente la participación del investigador patrimonial Pablo Mercado, cuya presencia había sido anunciada para aportar una mirada histórica especializada sobre las construcciones y los inmuebles que forman parte de uno de los paisajes urbanos más emblemáticos de Rosario. Su ausencia no impidió, sin embargo, que quedara en evidencia el núcleo de una disputa que hoy enfrenta dos visiones contrapuestas sobre el futuro de la ciudad.

Escuchá la entrevista completa:

Ver también: La disputa por el paisaje del Monumento: rechazan cambios en las áreas históricas protegidas, Construir ciudad, construir acuerdos: Rosario y el legado de una planificación que marcó una época

sábado, 13 de junio de 2026

El Impenetrable en pie de lucha: acampe Wichí contra el hambre y las muertes evitables

La lluvia cae fina sobre el acceso a Misión Nueva Pompeya y convierte el camino de tierra en una franja de barro espeso que obliga a caminar despacio, hundiendo los pies a pocos metros del pueblo. A los costados de la ruta, en el predio conocido como "La Balanza Vieja", el paisaje se detiene en una fila de carpas improvisadas, ollas negras y lonas tensadas contra el viento. No hay tránsito habitual: el ingreso está tomado por familias Wichí que decidieron quedarse hasta obtener respuestas.

Hace nueve días que el lugar dejó de ser un punto de paso para transformarse en un acampe por tiempo indeterminado. La consigna que lo ordena es directa: "Basta de hambre y muertes por tuberculosis".

El reclamo reúne a comunidades de Misión Nueva Pompeya, Fortín Belgrano, El Sauzal, El Sauzalito, Comandancia Frías, Tres Pozos, Vizcacheral y Wichí El Pintado. Todo se articuló tras una asamblea con legisladores de la Comisión de Pueblos Indígenas de la Cámara de Diputados del Chaco. Allí se decidió marchar, instalarse y no retirarse hasta obtener respuestas concretas.

"Hace mucho tiempo que venimos así", dice Mario Gómez, referente de la comunidad Wichí e integrante del Movimiento Originarios en Lucha, en diálogo con el programa Señales, mientras el humo de una olla popular se mezcla con la humedad del aire. "El problema que reclamamos es la salud, la alimentación, el agua y la luz".

La muerte de Sara Maldonado, una mujer wichí de 64 años, atraviesa el acampe como una herida reciente. Había sido trasladada de urgencia a Juan José Castelli por un cuadro pulmonar grave, pero no sobrevivió. "A veces hay médicos una semana y después ya no están más", señala Gómez. "Muchos hermanos Wichí mueren por falta de atención".

En el relato de las comunidades, la atención médica aparece fragmentada o directamente ausente. Las ambulancias no siempre llegan, los caminos se vuelven intransitables y los traslados pueden tardar horas o días. En ese tiempo, aseguran, se define la vida o la muerte. "Ya es tarde cuando llegan", repiten.

La tuberculosis ocupa un lugar central en las preocupaciones. Es una enfermedad tratable, pero sin controles sostenidos ni seguimiento sanitario se convierte en un riesgo permanente. "Muchos se mueren por esa enfermedad, que tiene cura, pero no hay controles médicos", insiste Gómez.

El hambre aparece como otra constante. Las familias reciben módulos alimentarios del programa provincial Ñachec —arroz, harina, polenta, azúcar, aceite, yerba, lentejas y leche en polvo—, pero en la práctica no alcanzan. "Duran uno o dos días y después no hay más para comer", describen.

En una localidad de unos cuatro mil habitantes, las mil cajas distribuidas periódicamente resultan insuficientes. Tampoco las asignaciones sociales logran compensar la situación. "Las cosas están muy caras", sostiene. "El hambre no espera", resume el referente.

Las comunidades reclaman también la reapertura de comedores y merenderos. "Queremos que los chicos puedan tomar leche", dicen, sin rodeos.

El acceso a la energía eléctrica se suma al cuadro de precariedad. Denuncian cortes por deudas acumuladas y sistemas de facturación que consideran arbitrarios. "Cobran lo que quieren, a veces sin controlar medidores", afirman. Cuando el servicio se interrumpe, quedan hogares enteros sin luz ni refrigeración, incluso en contextos de enfermedad.
El agua potable, aseguran, es otro derecho incompleto. Aunque existen acueductos en la región, muchas comunidades no tienen conexiones domiciliarias. "Los caños pasan cerca de las casas, pero no pueden conectarse", explican. Obtener agua implica caminar largas distancias o depender de tanques comunitarios.

En paralelo al acampe, las comunidades informan y actualizan la situación a través de redes sociales. El principal canal es el perfil de Instagram @luchasdelchaco, donde se difunden novedades, necesidades y formas de colaboración. Allí también circulan pedidos de donaciones para sostener la permanencia en el lugar.

"Un kilo de azúcar, un poco de yerba, cualquier ayuda sirve para aguantar esta lucha", dice Gómez, mientras señala el movimiento constante de vecinos que llegan con aportes.

Reclamo extendido y ausencia estatal
El reclamo no se limita a Misión Nueva Pompeya. Las comunidades sostienen que la misma situación se repite en distintos parajes del Impenetrable chaqueño, donde la falta de infraestructura y la distancia del Estado agravan las condiciones de vida.

"Pedimos médicos que puedan asistir a todo El Impenetrable", sintetiza Gómez.

La protesta es la continuidad de una reunión realizada el 4 de junio, en la que cerca de 250 pobladores, caciques y pastores dialogaron con integrantes de la Comisión de Pueblos Indígenas de la Legislatura chaqueña, presidida por el diputado Rodolfo Schwartz e integrada también por las legisladoras María Luisa Chomiak y Gladys González. Según Gómez, los legisladores recibieron el petitorio y se comprometieron a trasladar los reclamos, pero las respuestas concretas aún no llegaron.

También exigen la presencia de funcionarios provinciales en el territorio. "Que venga algún ministro o el mismo gobernador para que vea la situación que tenemos, porque es muy grave desde hace mucho tiempo", reclaman. Afirman que no han recibido respuestas directas ni instancias de diálogo recientes.

En ese marco, la figura del gobernador Leandro Zdero aparece como ausencia persistente en el relato comunitario. "Nunca estuvo o convocó a la comunidad", sostiene Gómez.
Judicialización del reclamo
El conflicto también se trasladó al plano judicial. Las comunidades impulsan una medida cautelar que obligue al Estado a garantizar agua potable y alimentos en el departamento General Güemes. La presentación es promovida por la defensora general adjunta del Poder Judicial, Gisela Gauna Wirz, quien impulsa acciones por la situación crítica en la región.

Distintos actores judiciales y sociales han caracterizado el escenario como un posible "exterminio silencioso", en referencia al deterioro sostenido de las condiciones de vida, salud y acceso a derechos básicos.

En paralelo, el Juzgado Civil y Comercial N.º 6 de Resistencia intimó al Gobierno del Chaco a informar qué acciones concretas está llevando adelante para garantizar el acceso al agua y la alimentación en Misión Nueva Pompeya, El Sauzalito, Fuerte Esperanza y otros parajes rurales.

El petitorio
El comunicado difundido por las organizaciones sintetiza los reclamos que sostienen el acampe.

En salud, exigen medicamentos, insumos hospitalarios, operativos móviles con especialistas, diagnósticos, tratamientos, internación en territorio y sistemas efectivos de traslado y seguimiento de pacientes.

En alimentación, denuncian malos tratos en la entrega de beneficios sociales y reclaman la apertura inmediata de comedores y merenderos en todos los niveles educativos.

Respecto de los servicios públicos, piden la suspensión de cortes de energía por falta de pago, la reconexión de familias sin suministro, la condonación de deudas acumuladas y la ampliación de redes eléctricas hacia zonas rurales.

En relación con el agua potable, solicitan la extensión de redes domiciliarias a todos los parajes excluidos.

En materia social, exigen la restitución de planes dados de baja, una renta mínima garantizada y actualización de montos de asistencia.

En el plano productivo, proponen la entrega de semillas y herramientas, capacitaciones para jóvenes y la creación de cooperativas de artesanías, yicas y trabajos en barro.

En educación, reclaman la creación de un anexo de nivel secundario y terciario en Fortín Belgrano y la incorporación de docentes bilingües interculturales en escuelas rurales y urbanas. Finalmente, exigen avanzar en la titularización de los territorios ancestrales del pueblo Wichí.

El acampe continúa
Bajo la llovizna persistente, las familias siguen en el mismo punto desde el inicio de la protesta. El barro crece con cada día y la permanencia se sostiene con donaciones de vecinos, organizaciones sociales, sindicatos y estudiantes.

"Un kilo de azúcar, un poco de yerba, cualquier ayuda sirve para aguantar esta lucha", repite Gómez.

El acampe se mantiene activo en "La Balanza Vieja". La escena, mientras tanto, no cambia: fuego, ollas, carpas y una espera que se mide en días sin respuesta.

"Lo único que falta es que se cumpla", dicen las comunidades.

Escuchá la entrevista completa:

Ver más: La Defensora Adjunta visitó el acampe del pueblo Wichí que reclama agua, alimentos y derechos básicos

Leila Guerriero: Indio

El rockero argentino transformó la desesperación en canciones que nos hicieron mal de tanto bien que nos hicieron
Seguidores del Indio Solari, en su homenaje de despedida en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, el pasado día 5

Por: Leila Guerriero
Se ha muerto un hombre. Era fino y peligroso. De aspecto seco, desértico, y una voz de diablo. En el escenario —con su banda, Los Redonditos de Ricota, en sitios lúgubres durante los ochenta, en predios a los que arrastraba a cientos de miles de personas tiempo después— tenía el aspecto de un obrero metalúrgico o de un monje. No hacía falta que impostara glamour con quienes íbamos a verlo. Era un dios hecho de aceite de motor y pavimento, y nos arrastró a su territorio desde que lo vimos por primera vez. A los tristes, los fundidos, los rabiosos, a los que siempre crujíamos, nos llevó más lejos. Hizo que a los 30, a los 40, a los 50, estuviéramos tan encendidos como a los 20. Yo estaba en Berna cuando se murió. Volví de una reunión de trabajo y, cuando llegué al hotel, encontré un mensaje del hombre con quien vivo que me daba aviso. Era viernes, 5 de junio de 2026. Habían pasado unos 40 años desde que lo vi por primera vez en un tugurio oscuro del barrio de Flores, Buenos Aires. Fue la banda de sonido de buena parte de mi vida. Si no sé qué hacer, ni cómo hacerlo, lo escucho cantar Había una vez, y esa parte que dice "los espíritus soplan si quieren, y vos que recién te enterás, tarde otra vez, mi amor" me recuerda que, a veces, no se puede hacer nada, que sólo hay que esperar. Cuando supe de su muerte —tenía párkinson, sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico en la madrugada—, caminé hasta un puente y me quedé mirando el río Aar. El mundo seguía andando, pero ese día anduvo menos. En Buenos Aires, sus fans se reunieron espontáneamente en la Plaza de Mayo. Desde el domingo, se inició un velorio público. Se formó una fila de siete kilómetros para despedirlo. Él le dio sentido a lo que no tenía sentido. Transformó la desesperación en canciones que nos hicieron mal de tanto bien que nos hicieron. Se llamaba —se llama— Carlos Alberto Solari. Nosotros, la tribu de su calle, le decíamos Indio. Le diremos siempre.
Foto: Nehuen Rovediello - Agencia EFE
Fuente: Diario El País

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