domingo, 20 de agosto de 2006

Mirá vos...

Versión libre de una reunión en Aire Libre.

Formas del pan, secreto de las cosas
Raúl González Tuñón

Martes, 18:10. La reunión de comisión comienza con diez minutos de retraso. Es increíble. Nunca, claro, es menos de media hora. Cediendo un resquicio a mi vanidad, me pregunto: ¿Será un avance de la puntualidad de antaño en desmedro de la impuntualidad de hoy? Embalado, avanzo: Los sesentistas-setentistas, ¿estaremos cambiando hábitos ochenta-noventistas?. No logro enfervorizarme, me lo impide un modesto ataque autocrítico, en dos movimientos:

1.- Si sólo fuera respeto al horario...

2.- Nosotros: ¿No tendríamos que cambiar algunos hábitos?.

Además, sigo firme en la nueva costumbre que inauguré hace dos días: no confundir más golondrina con verano; por lo tanto decido esperar antes de sacar conclusiones; por otra parte, no se trata de una competencia, sino de intentar una nueva síntesis; me digo y sé que es un lugar común tan repetido como desvirtuado, pero suelo enunciarlo para que no crean que soy de esos sesentistas que se pasan jurando que esa generación de militantes no tiene igual; faltaba más, no soy de ésos. Bueno, a veces...

Hoy la reunión promete ser tranquila, aprovecharé para observar gestos, actitudes, palabras que me ayuden a conocer mejor a mis sorprendentes compañeros, algunos conocidos de varios años, otros casi flamantes, todos activistas de esta especie de isla solidaria, que no solitaria, que es Aire Libre, Radio Comunitaria, Centro de Comunicación y Educación Popular, y varias cosas más. Entonces, ya está decidido: hablar poco, escuchar mucho y mirar atentamente hasta la mínima expresión para traducirla en ideología, sabiendo los riesgos de toda traducción, incluyendo las que se ocultan bajo el rótulo de interpretaciones.

Hemos juntado tres mesas tipo de café para lograr una rectangular; me acomodo en la del medio para ver mejor a todos. A mi izquierda, se sienta Estela, a mi derecha, Jaquelin; en las puntas y del otro lado de las mesas se han sentado, en el sentido de las agujas del reloj, los históricos: Luisa, Beto, Claudia, Poyo, Claudio. Qué gente macanuda, me digo para mí y dejo para alguna oportunidad decírselos a ellos, que no se la crean demasiado... Pero sí, son buenos; años y años de esfuerzo e imaginación, lograron que, paso a paso, se pasara de transmitir desde diversas cocinas caseras a hacerlo desde este local, propio y comunitario, que nos cobija. Han trabajado mucho y bien. Los escucho.

Luisa, tesorera, después de retar al Poyo, pide la palabra para informar acerca del estado de las cuentas; detalla rigurosamente los gastos, plantea las necesidades para la próxima actividad y reta al Poyo, ya que no recordaba si lo había hecho. Anuncia que el balance está algo atrasado, pero que tuvo una reunión con el joven que lleva los libros y le exigió que pusiera el trabajo al día. Como el chico se puso triste, en seguida lo invitó a comer, pobre muchacho... Por la voluntad y el cariño que pone en cada tarea, esta mujer podría haber militado en los sesenta, en los setenta, le susurro a Estela; claro, ya lo pensé, responde (casi siempre la misma respuesta, casi siempre me sorprende mi lentitud).

Beto, informa de su viaje a Mar del Plata, donde fue invitado para participar de un Seminario sobre producción radial. Después de dejarnos boquiabiertos con su despliegue de tecnicismos, nos informa de cambios en la programación, y la marcha del informativo mañanero, con dos o tres salidas de 9 a 12, contando con la ayuda desde exteriores del formidable Daniel, el que no se enoja nunca. Beto sabe más de lo que parece, pienso, siempre me sorprende, tanto por sus trabajos como por su cuidada elegancia. Hoy, por ejemplo, su pantalón deportivo 1993 luce un agujero nuevo, redondo, perfecto; así también sorprende la vistosidad del cordel con que sujeta su negra cabellera; aprovechando que gira la cabeza para responder a Claudio, que estaba en desacuerdo por las dudas, veo con sorpresa que el sujetador del pelo no es otra cosa que el cordón de su zapatilla 1991; pienso: mañana viene el evaluador belga que mandó la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica, y una duda me atornilla: ¿cambiará el cordel para el pelo, o dejará la zapatilla medio desprendida? No sé por qué, apuesto por esta última posibilidad. Además de la actitud militante, por este desapego por la ropa y actitudes anti frívolas este pibe parece setentista, casi digo. Pero no, a ver si cae mal, o piensan que uno tiene fijaciones con determinada época...

Claudia pide atención, atención, (faltó que dijera niños) para informarnos acerca de un nuevo programa de capacitación, que se sumará a los de operadores radiales, de computación, de diseño gráfico, etc. Creo entender que éste es para buceo marítimo con tendencia comunicacional hacia los delfines, programa que están dibujando, perdón se excusa, armando conjuntamente con el Poyo y Jaquelin, que asiente con la cabeza para que no creamos que es charlatana.

Aunque pensando en otros tiempos me distraigo, podría jurar que la docente irredenta prosigue así: si logramos que aprueben el programa informa con firmeza desconocida en ella, tan tímida nuestra red de pescados inteligentes crecerá y crecerá, se exalta (raro tan modosita). Fíjense, chicos nos dice cediendo al vicio profesional que con este programa redondearíamos una propuesta en educación comunicacional que parte de la tierra y llega al mar expandiéndose por el aire, que es libre, y si es libre es nuestro, concluye apasionadamente, cosa que me asombra en ella, tan medida y retraída. A falta de mar, concluye el informe, los trabajos prácticos se harán en el río, en jurisdicción de la isla El Espinillo; por supuesto, ella supervisará todo personalmente, para lo cual esos ejercicios prácticos se deberán hacer entre las 3 y 5 de la mañana, lapso en que no tiene nada que hacer. Voluntad no le falta, precisamente. Que no me digan que esta mina no es setentista pura, casi digo; pero me callo, no vaya a ser que me acusen de publicitar el voluntarismo...

El Poyo, después de cebar un mate y dárselo, como siempre, al que tiene al lado (¿en qué ranchada lo habrá aprendido?, me pregunto a diario), nos cuenta que ayer estuvo el Secretario de Comunicaciones de Surinam, según creí entender, y este mediodía el presidente de una asociación de radios intergalácticas, según registré. Por supuesto, después de hablar con él y con Claudia, ambos visitantes se sintieron en deuda con la radio, con los pobres, con el planeta, lloraron arrepentidos por ser tan egoístas y se ofrecieron a donar dos horas por día de trabajo voluntario; Jaquelin quedó encargada de elaborar un programa a distancia, apropiado para ellos; Poyo estableció una línea de comunicación directa con los dos, les pasó la carpeta de programación para la mañana y espera que, al menos, saquen un decreto de necesidad y urgencia para que no paguemos impuestos, ni en Surinam, ni en Marte. Ah, sigue, recién se acaba de ir la concejala que busca barrio. Por último comenta también sin reírse que cierto Instituto ha prometido responder a nuestra propuesta, sin falta, la semana próxima, como todas las semanas.

Advierto que he comenzado a conocer las costumbres de Poyo. Sí; antes que lo dijera, yo sabía que en estos días estuvieron personajes importantes. Lo supe por su aspecto y su indumentaria. Aclaro: Poyo se inscribe en la misma línea de elegancia de Beto, pero sólo que más selectivamente. Se afeita y se peina cuando su pareja se lo exige, selectivamente. Como estaba solo, esa pista me hizo fácil imaginar lo probable de las visitas a la radio. La otra pista era el calzado: si lo llaman para algún reportaje televisivo (fue a varios) o viene a la radio algún personaje público de relevancia, él se pone las ojotas playeras que le regalara el Negro Nuñez en el 85, cuando lo llenaba de buena ideología. Poyo es un gran organizador, no descuida ningún flanco, ni desprecia ningún aporte, me dice Estela aprovechando que el ruido del mate que logró expropiar amortigua el sonido de su voz; sí, le escribo por no tener mate; nos hubiera venido bien hace treinta y cinco años; además, no quiero comparar, pero ideológicamente, éste es de los nuestros; por la edad podría ser ochentista, pero no le es. Ojo: seguimos sin decirlo, para que nadie crea (o sospeche) que somos de los que insisten en levantar posturas ideológicas semejantes a las que nos empujaban a cambiar el mundo hace más de treinta años, o que nos preocupamos en descubrir hermandades ideológicas en todos los que nos caen bien; ¿nosotros?, no, para nada, apenas somos cronistas...

Jaquelin en un esfuerzo de oratoria que nos deja perplejos, habla tres minutos y medio casi sin parar; nos cuenta de los progresos de los cursos que se brindan, destacando la muy buena onda de los capacitadores; agrega no puedo jurarlo pero estoy casi seguro que se ha planteado una campaña para aumentar la cantidad de cursos y avisa: todo aquel que se acerque será convocado a enseñar algo, interdisciplinariamente. «A capacitar se ha dicho», es la consigna de la hora; si no entendí mal, propone que Fernando, que es diseñador gráfico, dé cursos de oratoria, y ahí no sé; y que Cris, todóloga inquieta de a mil por hora, enseñe yoga reflexivo. Vaya a saber a quién le propondrá dar baile flamenco radial... Mientras ruego que no sea a mí, escucho el susurro de Estela: esta piba no es noventista para nada; me hace acordar a... Cierto, tal vez un poco más flaca...

Claudio, hasta esta reunión encargado de las actas, es rigurosamente honesto; literalmente: le pone ausente sin aviso al que no venga, así se rumoree que el susodicho esté en terapia intensiva, o dedicando sus esfuerzos a subir la escalera caracol que lleva a la biblioteca cargando 2.324 libros. Eso sí, hay que reconocerlo: en la reunión no estaban y el acta debe decir la verdad; como cronista es veraz y la verdad, se sabe, es inflexible. Luego señaló los 245 errores que cometimos en los últimos 3 años, y concedió 4 aciertos parciales que se dieron en el mismo lapso. ¿Por qué será tan concesivo? juego mentalmente. Este crítico-autocrítico sí que nos hubiera venido bien en los sesenta-setenta. Excelente periodista, tiene uno de los mejores programas de informaciones y comentarios; estoy buscando la forma de decírselo sin darle oportunidad a que me diga que no está de acuerdo. Hoy, dijo dos chistes seguidos: nos paramos y aplaudimos emocionados. Él, apenas se sonrojó. Grande, maestro, te incorporamos a la lista, pero no te lo vamos a decir; para no provocar discusiones epocales...

En el cierre de la reunión, distribuimos algunas tareas que se anotan cuidadosamente: Claudia les pide (es un decir...) a Bernardo y a Nicolás que repartan volantes propagandizadores de nuestras actividades. Los convence para que cubran un pequeño espacio: desde el río hasta Circunvalación hacia el oeste, hasta el arroyo Saladillo en el sur, hasta el control para el norte; claro, empezando a las seis de la mañana (hora que en general los chicos ya están desayunados y peinados, listos para el aporte). Estos pibes también pintan lindo, empiezo pero me freno porque ya, antes que se vaya, debo chantajear hábilmente al Poyo para que, aprovechándome de su compañerismo, nos arrime hasta Córdoba y Solís, con lo cual nos ahorramos media hora. En los pocos minutos que dura el viaje, hablamos de... la radio, claro; mejor, de Aire Libre.

Ya en el 110, comentamos la reunión con Estela y concluimos remedando a Fellini en que la nave va. Nosotros, que hace ya varios años la abordamos en plena navegación, tratamos de acompasar nuestro ritmo al del conjunto y, remada más, remada menos, creemos haberlo logrado. En casa, mientras brindábamos por la isla solidaria y sus constructores, el diálogo fue sencillo y breve:

Estamos bien en la radio.

Y, con esta gente...

La organización no es muy ortodoxa, no está diseñada en ningún manual, pero funciona.

Y..., tal vez que de esta manera se manejan las radios comunitarias...

¿Vodecí?. Mirávo... (Somos rosarinos)

Estaba pensando... ¿cuando se hable de cuestiones ideológicas, les decimos que podemos jurar que por su comportamiento son, propiamente, sesentistas-setentistas?

Ni en joda, vamos a parecer unos veteranos nostálgicos forzando semejanzas. Mejor y como anunciar estoy seguro es síntoma de polémico certecismo les comentamos: nos parece que ustedes representan la buena onda del nuevo siglo. Total, no mentimos.

Cierto, para qué alardear; de últimas, con otras formas, es el mismo pan...

Mirá vos...

Relato de Manuel Suárez, compañero de trabajo de nuestra casa.
© 2001 - Aire Libre

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