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lunes, 24 de noviembre de 2025

La inteligencia artificial es un potencial monstruo de Frankenstein, advierte Comisionado de la ONU

Los derechos humanos corren el riesgo de ser las primeras víctimas del despliegue de la inteligencia artificial generativa, alertó el lunes Volker Turk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, advirtiendo sobre el potencial negativo de dichos sistemas
El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk (foto), advirtió este lunes sobre los peligros que para las libertades fundamentales puede entrañar el mal uso de la inteligencia artificial (IA), advirtiendo que "tiene el potencial de convertirse en un moderno monstruo de Frankestein".

"Sin las debidas salvaguardias y regulaciones, los sistemas de IA tienen el potencial de convertirse en un moderno monstruo de Frankenstein, como en la famosa novela de Mary Shelley, concebida a pocos kilómetros de aquí", señaló en la jornada inaugural del Foro de Empresas y Derechos Humanos, que se celebra esta semana en la sede europea de la ONU en Ginebra.

Türk defendió que la IA generativa "tiene un enorme potencial, pero su explotación con fines puramente políticos o económicos puede manipular, distorsionar y distraer".

"Las amenazas a varios derechos humanos, incluidos la privacidad, la participación política, la libertad de expresión y el trabajo, son claras y evidentes", advirtió el jefe de derechos humanos de Naciones Unidas.

"Cuando los poderosos gigantes tecnológicos introducen nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial generativa, los derechos humanos pueden convertirse en la primera víctima", afirmó Türk.

Ante ello, alertó, "los gobiernos tienen la responsabilidad de unirse para evitar ese desenlace y las empresas pueden elegir un camino distinto, como algunas ya han hecho, aprovechando esta oportunidad para desarrollar tecnologías digitales que promuevan los derechos humanos y sirvan al bien público".

Otro modelo de negocio que criticó fue el de las plataformas de redes sociales, que "ya está alimentando la polarización, el extremismo y la exclusión", algo ante lo cual, advirtió, muchos países no encuentran el modo de hacerle frente.

En el comienzo de su alocución, aseguró que desde que las Naciones Unidas nacieran hace 80 años el poder de las corporaciones "ha aumentado de forma considerable, basado en gran medida en la acumulación de riqueza personal y empresarial en manos de unos pocos actores".

En algunos casos, afirmó, "este poder supera al de las economías de países enteros" y "si no está limitado por la ley, puede conducir al abuso y a la subyugación".

Türk agregó que los desequilibrios de poder corporativo también se manifiestan en la crisis climática y que "los pobres resultados logrados en la COP30 en Belém ilustran este punto".

"La industria de los combustibles fósiles está generando beneficios enormes mientras devasta algunas de las comunidades y países más pobres del mundo", afirmó Türk, quien pidió que haya una "verdadera rendición de cuentas por esta injusticia". 

Cuando la inteligencia artificial amenaza derechos y libertades
La inteligencia artificial (IA) son algoritmos que simulan capacidades humanas, como aprender o resolver problemas, y se ha vuelto central en nuestra vida diaria. Si bien promete eficiencia y simplificación, también conlleva riesgos importantes, especialmente si no existe una regulación adecuada.

Entre los principales riesgos asociados a la IA se encuentran la discriminación y los sesgos, con sistemas de reconocimiento facial y algoritmos judiciales que pueden generar resultados injustos contra minorías y grupos vulnerables; el uso militar de drones y sistemas autónomos, que plantea dilemas éticos y riesgos de escalada de conflictos; y el desempleo y la desigualdad, derivados de la automatización creciente. Además, la falta de transparencia en herramientas de “caja negra” puede llevar a decisiones críticas sin explicación clara; la desinformación, mediante deepfakes (videos, audios o imágenes falsos que parecen reales) y bots (cuentas automatizadas que amplifican mensajes en redes sociales), amenaza la democracia y aumenta la polarización social; y el impacto ambiental de entrenar modelos de IA genera una huella de carbono significativa. Por último, la concentración de poder en unas pocas grandes empresas tecnológicas les otorga un control casi monopólico sobre el desarrollo de la IA y los datos de los usuarios.

Además, unas pocas grandes empresas tecnológicas —Google, Apple, Facebook, Microsoft, Amazon y sus equivalentes chinos— concentran el control sobre el desarrollo de la IA y los datos de los usuarios, lo que les da un poder desproporcionado sobre la sociedad y plantea riesgos sobre la libertad y la equidad.
Foto: Fabrice Coffrini - AFP Archivos
Fuentes: Agencia EFE y Señales

miércoles, 18 de junio de 2025

Rosario: Rechazan demanda contra Google por publicaciones vinculadas a presunto abuso sexual cometido por abogado

La Justicia Federal de Rosario rechazó la demanda del abogado que pretendía que se eliminen páginas web que lo vinculaban con un caso de abuso, ya que no logró acreditar la falsedad de la denuncia. El hombre, que representaba a un famoso futbolista, alegó que era todo falso y que el expediente penal se archivó
La Cámara Federal de Rosario confirmó el rechazo de la demanda que un abogado interpuso contra Google, en la que solicitó el bloqueo, desindexación y eliminación de enlaces que lo asociaban a una acusación de abuso sexual contra una menor que cometió suicidio. El letrado pretendía desvincular su nombre de una publicación en una página web y otra en Facebook, alegando que nunca fue denunciado ni imputado en sede penal y que la causa respectiva fue archivada.

La acción fue desestimada en primera instancia. Se estimó que las publicaciones en cuestión se referían a hechos de interés público, en particular por tratarse de una denuncia de abuso contra una menor de edad, encuadrable en el marco de violencia de género. Señaló que la libertad de expresión goza de una protección reforzada cuando se trata de información relacionada con temas que trascienden el interés privado, y que solo podría restringirse si se acredita de forma clara la ilicitud del contenido, lo que, a su juicio, en este caso no ocurrió.

El abogado apeló el fallo, alegando que si bien la publicación que se encontraba alojada en el sitio original había desaparecido, posteriormente fue publicada en otra website. Adujo que ello no modificaba el perjuicio causado. Solicitó que, en caso de revocación de la sentencia dictada, se incluyera la desindexación del vínculo referenciado. En cuanto a los agravios formulados, adujo que el fallo se alejaba del criterio de ponderación de la Corte al evaluar los derechos en pugna.
La sentencia recordó el precedente Denegri, al señalar que si bien no se trataba de una censura previa —pues la noticia fue publicada años atrás—, el pedido de eliminación de los resultados indexados implicaba una grave restricción a la libre circulación de información.
En su análisis de fondo, la Cámara observa que, "(…) la importancia del rol que desempeñan los motores de búsqueda en el funcionamiento de Internet resulta indudable y que bajo ese punto de vista el derecho de expresarse a través de Internet fomenta la libertad de expresión tanto desde su dimensión individual como colectiva: "Así, a través de Internet se puede concretizar el derecho personal que tiene todo individuo a hacer público, a transmitir, a difundir y a exteriorizar o no hacerlo- sus ideas, opiniones, creencias, críticas, etc. Desde el aspecto colectivo, Internet constituye un instrumento para garantizar la libertad de información y la formación de la opinión pública".

Agrega que, "(…) la censura previa aplica para aquellos casos donde se pretende desindexar ciertas direcciones y hacer cesar su repetición, atento que ello impediría el acto comunicacional de interés público y aclaró que en materia de bloqueo se podría aceptar con carácter absolutamente excepcional con fundamento en la acreditación de la ilicitud de los contenidos y del daño sufrido. Que ante las tensiones entre el derecho al honor y la protección de la libertad de expresión, este Tribunal sostiene que esta última goza de una protección más intensa siempre que se trate de publicaciones referidas a funcionarios públicos, personas públicas o temas de interés público".

Comprueba que, "(…) que concluir que por el mero paso del tiempo la noticia o información que formó parte de nuestro debate público pierde ese atributo, pone en serio riesgo la historia como también el ejercicio de la memoria social que se nutre de los diferentes hechos de la cultura, aun cuando el pasado se nos refleje como inaceptable y ofensivo para los estándares de la actualidad. En todos los casos es necesario demostrar todos los presupuestos de la acción descriptos en los considerandos precedentes. Maxime teniendo en cuanta que como se señaló precedentemente las publicaciones efectuadas en Facebook fomentaron el debate de sus seguidores quienes comentaron transmitiendo su apoyo".

La Cámara concluye que, "(…) el actor en sus agravios no invocó ni acreditó la supuesta ilicitud de la denuncia. Lo resuelto en el expediente penal, no acreditaba la falsedad de la publicación que pretendía eliminar. La emisión de juicios de valor u opiniones sobre ciertos hechos sucedidos respecto de la menor no hacen a cuestiones que estén comprendidos en la esfera de la intimidad o la vida privada del actor, máxime cuando en la publicación de Facebook otros participantes realizaron apreciaciones de diversa índole que dan cuenta de un debate de ideas respecto del contenido de esa denuncia. A su vez, resulta determinante valorar que el actor ni siquiera intimó a la madre de la menor a que rectificara la información o quitara lo denunciado en sus redes sociales".

En mérito de lo expuesto, la Cámara desestimó el recurso y confirmó el fallo impugnado en todas sus partes, con costas para la recurrente.

Fuente: Diario Constitucional

jueves, 17 de abril de 2025

Publicidad digital: Google, poder y abuso en la era del algoritmo

La sentencia asegura que, durante más de una década, el gigante tecnológico ha abusado de su posición vinculando servicios para anunciantes en su plataforma.

Google monopolizó el mercado de la publicidad en internet, dictaminó una jueza federal de Estados Unidos, al considerar que los demandantes probaron que el gigante de la tecnología había realizado una serie de acciones "anticompetencia" para conseguir sus objetivos.

La administración de Joe Biden había llevado a Google ante un tribunal federal de Virginia en enero de 2023 y el juicio se celebró en noviembre de 2024.

"Google emprendió deliberadamente una serie de acciones anticompetencia para adquirir y mantener el poder monopólico" de la publicidad en línea, determinó la jueza federal Leonie Brinkema.

Qué pasó con Google y el monopolio
"Durante más de una década, Google vinculó su servidor de publicación de anuncios y los intercambios de anuncios mediante condiciones contractuales e integración tecnológica, lo que permitió a la empresa establecer y proteger su posición de monopolio en estos dos mercados", prosiguió.

Para Brinkema, la compañía "aseguró su monopolio imponiendo políticas anticompetitivas a sus clientes".

De esta forma, concluyó, Google causó un "daño significativo" a sus clientes y había impedido que el resto pudiera competir.

La juez dio a la empresa siete días para presentar un calendario de medidas correctivas. Google anunció el jueves que recurrirá la sentencia.

"Hemos ganado la mitad del caso y vamos a recurrir la otra mitad", declaró en un comunicado Lee-Anne Mulholland, vicepresidenta de Asuntos Reguladores de Google.
El departamento de Justicia ha calculado que el servidor de anuncios de Google controla el 87% del mercado de Estados Unidos y el 91% del mercado global.
"Triple monopolio"
El nuevo gobierno de Donald Trump puede dar un giro de 180 grados a este caso.

El presidente sugirió en octubre pasado, en la recta final de la campaña de cara a las presidenciales de un mes después, que no era partidario de fragmentar Google, ya que esto afectaría a Estados Unidos en la escena internacional.

El gobierno de Biden sostenía que Google controla el mercado de la publicidad en internet lo que aprovecha para cobrar precios inflados y repartirse los ingresos de forma desleal.

Según la acusación, el grupo hacía servir programas informáticos de gestión de publicidad considerados esenciales por la mayoría de los sitios web.

"Google tiene un triple monopolio", argumentó en la vista el representante del Departamento de Justicia, Aaron Teitelbaum.

La abogada de Google, Karen Dunn, denunció la mala interpretación de la ley por parte del Departamento.

La empresa se defendió diciendo que las acusaciones se basaban en una versión anticuada de Internet, ignorando el contexto actual, en el que también se colocan anuncios en los resultados de las búsquedas, las aplicaciones móviles y las redes sociales.

En otro juicio, un jurado de un tribunal federal de Washington declaró a Google culpable de prácticas anticompetitivas en las búsquedas por internet.
Fuente: Agencia AFP

miércoles, 16 de abril de 2025

Multimillonarios, algoritmos y censura: el nuevo rostro del poder

Por: Damián Tuset Varela*
En pleno siglo XXI, la información circula a velocidades inimaginables, y con ella el poder de influir en la opinión pública se ha concentrado en manos de unos pocos. Grandes tecnológicas y sus dueños multimillonarios han asumido el rol de titiriteros en el escenario digital, orquestando la narrativa global y decidiendo, en muchas ocasiones, quién tiene voz y quién queda relegado al silencio.

Este fenómeno, tan sorprendente como inquietante, nos lleva a cuestionar: ¿Quién es el verdadero artífice de nuestra libertad de expresión?

Un nuevo orden en la comunicación digital
Hace apenas unas décadas, la comunicación era un terreno más descentralizado. Los medios tradicionales, a pesar de sus limitaciones, competían en un mercado relativamente plural. Sin embargo, con la irrupción de plataformas como Google, Facebook, Twitter y Amazon se ha gestado un nuevo orden en el que los algoritmos son los nuevos guardianes de la información. Estos sistemas deciden, casi de manera invisible, qué contenidos merecen llegar a la audiencia y cuáles se pierden en un mar de datos.

En este nuevo ecosistema, cada clic se convierte en un voto y cada “me gusta” en una señal de aprobación. Pero ¿Qué sucede cuando estos votos están siendo manipulados o filtrados por intereses corporativos? La capacidad de estas empresas para moldear el flujo de información plantea serias dudas sobre la verdadera pluralidad del debate público. Al controlar qué se muestra y qué se oculta, se ejercita un poder sin precedentes en la configuración de la opinión social.

Los titanes del ciberespacio y sus estrategias
Detrás de estas plataformas se encuentran figuras multimillonarias, capaces de influir no solo en el mercado, sino en la esfera política y social a nivel global. Estos titanes del ciberespacio no se limitan a ser simples empresarios; son estrategas que, mediante campañas de relaciones públicas y una sofisticada gestión de datos, logran imponer una visión del mundo que, en ocasiones, favorece sus propios intereses.

Podemos imaginar este proceso como un gran tablero de ajedrez donde cada movimiento digital está cuidadosamente calculado. Los algoritmos actúan como piezas invisibles que, al unísono, determinan el destino de los discursos públicos. ¿Hasta qué punto se está sacrificando la diversidad de ideas en pos de un sistema que privilegia ciertos puntos de vista sobre otros? La concentración del poder en un puñado de manos plantea la inquietante posibilidad de que la libertad de expresión se transforme en un privilegio accesible solo para quienes forman parte de este selecto grupo.

La delgada línea entre moderación y censura
Uno de los argumentos más recurrentes en defensa de la moderación de contenidos es la necesidad de combatir la desinformación y los discursos de odio. Sin embargo, este mecanismo protector puede convertirse en una espada de doble filo. ¿Dónde queda el límite entre la protección de la comunidad y la restricción injustificada del debate? Cada política de moderación, cada algoritmo de filtrado, puede funcionar como un cortafuegos que, en lugar de salvar, termina reprimiendo voces críticas y alternativas.

Esta paradoja es el epicentro de un debate ético y geopolítico de enormes dimensiones. Mientras algunos defienden que la censura digital es un mal necesario para mantener el orden y la seguridad en el entorno virtual, otros alertan que, sin una supervisión adecuada, este poder puede degenerar en un medio para controlar la opinión pública y limitar el pluralismo democrático. La pregunta persiste: ¿estamos dispuestos a sacrificar la diversidad de ideas en nombre de una supuesta seguridad digital?

Implicaciones geopolíticas y el futuro de la democracia
El impacto de estas decisiones va más allá del ámbito tecnológico; afecta directamente a la geopolítica global. En un mundo en el que las fronteras tradicionales se desdibujan, el control de la información se convierte en una herramienta de poder comparable a la influencia militar o económica. Los gobiernos y organismos internacionales se ven obligados a replantear sus estrategias y marcos regulatorios para adaptarse a esta nueva realidad.

La influencia de las grandes tecnológicas y sus dueños multimillonarios se extiende a la arena internacional, donde se disputan narrativas que pueden alterar el equilibrio de fuerzas entre naciones. La capacidad para moldear la opinión pública tiene implicaciones directas en elecciones, políticas públicas y, en última instancia, en la consolidación o el debilitamiento de las democracias modernas.

¿Cómo podemos asegurar que el control de la palabra digital no se convierta en una herramienta de opresión, sino en un instrumento de libertad y empoderamiento ciudadano?

Hacia un diálogo y una regulación efectiva
Ante este panorama complejo, resulta imprescindible fomentar un diálogo abierto entre gobiernos, empresas y sociedad civil. La transparencia en la moderación de contenidos, la rendición de cuentas por parte de las grandes tecnológicas y la creación de marcos regulatorios claros son pasos esenciales para garantizar que la libertad de expresión no se vea comprometida. La descentralización del control y la promoción de estándares éticos globales pueden ser la clave para equilibrar el poder en la era digital.

Además, es fundamental que la comunidad científica y los expertos en tecnología participen activamente en este debate. Estudios recientes señalan que el uso de algoritmos en la difusión de información puede generar sesgos inadvertidos que refuerzan estereotipos y limitan la diversidad de opiniones.

Por ello, la colaboración interdisciplinaria entre tecnólogos, politólogos, sociólogos y legisladores es crucial para diseñar un futuro en el que la innovación tecnológica y la protección de los derechos fundamentales convivan en armonía.

La era digital nos enfrenta a un reto sin precedentes: el control de la libertad de expresión en manos de grandes tecnológicas y multimillonarios. Este nuevo orden, que se impone a través de algoritmos y políticas internas, redefine el panorama de la comunicación y la geopolítica mundial. Si bien la innovación nos ha acercado y empoderado, también nos ha expuesto a riesgos de concentración del poder y censura encubierta.

*Investigador en Derecho Internacional Público e IA. Tutor Máster Relaciones Internacionales y Diplomacia UOC, UOC - Universitat Oberta de Catalunya
Fuente: The Conversation

miércoles, 20 de noviembre de 2024

Los medios abandonan el barco sin rumbo en el que se ha convertido la red X

Por: Ana Zafra Arroyo, Investigadora FPU y profesora de Fotoperiodismo e Imagen Digital, Universidad de Málaga
"Adiós, X. Fue bonito mientras duró" podría ser el comienzo de una despedida entre los medios como el español La Vanguardia o el británico The Guardian y el antiguo Twitter. Aparentemente, se trataba de una relación con futuro. La plataforma ofrecía diálogo directo con los usuarios, fuentes más accesibles, seguimiento de la actualidad al minuto… ¿Qué podría salir mal?

En 2009, Twitter pasó de 5 a 71 millones de usuarios y el atractivo de aquel pajarito azul no pasó desapercibido para los medios más innovadores. El Instituto Reuter, un centro de investigación referente en el estudio del periodismo, mencionó en su informe anual de 2012 la estrategia del periódico The Guardian orientada a explotar el potencial de redes como Twitter.

En aquel momento, su encuesta cuantificó que un 43 % de los jóvenes utilizaba plataformas como Facebook y Twitter. Uno de cada cuatro contenidos eran noticias integradas en un flujo constante de comentarios, enlaces, imágenes y vídeos. Poco más de una década más tarde, el diario británico The Guardian ha anunciado su marcha de X porque "las desventajas pesan más que los beneficios".

Han sido años intensos de relación en los que prácticamente todos los medios han dedicado ingentes recursos económicos y humanos para adaptar sus contenidos, interactuar con los lectores o idear nuevos formatos. Pero fenómenos como la desinformación, el extremismo y la conspiración han intoxicado el ambiente de X hasta el punto de provocar el éxodo de los garantes de un debate veraz.

Algunos expertos en la materia no comparten la decisión de abandonar. Según Ramón Salaverría, "el lugar donde es más necesario una información de calidad es donde predomina la desinformación".

El principio del fin o cuando Elon Musk se adueñó de Twitter
Cuando Elon Musk compró Twitter en 2022, lo llamó X y su color corporativo dejó de ser azul para volverse negro, que paradójicamente es el color del luto. La red despidió a casi el 80 % de sus trabajadores y suprimió el departamento que moderaba los contenidos. Ante un panorama tan preocupante, caras visibles de la UE como Enmanuel Macron exigieron una mayor regulación.

Las deficiencias en la transparencia de los sistemas algorítmicos o en la moderación de contenidos eran evidentes. Pero, con la Digital Service Act (DSA) y la Digital Market Act (DMA) recién aprobadas, Musk trasladó a la opinión pública la idea de que regular las redes restringe la libertad de expresión. En la actualidad, X está siendo investigada por incumplimiento de la DSA y ha abandonado el Código de buenas prácticas en materia de desinformación.

Este código fue una medida autorregulatoria. Según la UE, “corresponde a los signatarios decidir qué compromisos suscriben y es su responsabilidad garantizar la eficacia de la aplicación de sus compromisos”. Sin embargo, este mecanismo tiene una eficacia muy cuestionada. Además de la autorregulación, existen otras formas de gobernanza no centradas en el Estado. Por ejemplo, el denominado modelo de "múltiples partes interesadas" o multistakeholder, en inglés.

Estos modelos se han considerado una mejor práctica en la gobernanza de internet por parte de la UE ya que no se relacionan con medidas represivas. Pero los modelos de múltiples partes interesadas poseen algunos inconvenientes. La participación de las plataformas en ocasiones es superficial, privilegia a ciertos actores sobre otros e incluso puede deberse más a consideraciones de relaciones públicas que a un cambio de actitud.

Hasta la DSA y la DMA, la estrategia había sido evitar la regulación a toda costa. Aunque, en el contexto actual, las empresas tecnológicas se han dado cuenta de que su mejor opción es la denominada como "cooperación preventiva", es decir, participar en el proceso legislativo para terminar con leyes que sean lo más débiles y flexibles posibles para ellas.

Redes sociales donde no hay ley
Así, X, Google o Facebook se han consagrado en las legislaciones actuales como servicios intermediarios con escasa o nula responsabilidad editorial. No están sujetas, por regla general, a las obligaciones derivadas de la legislación sobre medios de comunicación. Esto es, normas deontológicas para la profesión periodística, reglas sobre responsabilidad editorial de contenidos, financiación, estatus fiscal, derechos de autor e ingresos por noticias.

La digitalidad ha desdibujado los límites de qué es un medio y qué es un pseudomedio, qué es información veraz y qué es una desinformación, qué es libertad de expresión y qué es derecho a la información.

Usuarios anónimos, influencers y periodistas difunden contenidos a través de grandes plataformas que se benefician de costes de distribución bajos y monetizan contenido creado por otros. Los contenidos, que pueden ser tanto teorías de la conspiración como información veraz, circulan por X en condiciones desiguales, pues los sistemas algorítmicos premian la viralidad característica de desinformaciones. De momento, las normas europeas no asustan al propietario de X.

La desconfianza hacia las noticias, las instituciones, el discurso antistablishment y la conspiración acaban de situar a Donald Trump en el Gobierno de los EE. UU. Musk, que siempre abogó por la no intervención en las redes, ahora tiene un asiento reservado en el Gobierno de los EE. UU. Desde ahí podrá seguir controlando hacia dónde soplan los vientos mientras los medios de comunicación referentes comienzan a abandonar este barco sin rumbo.
Fuente: The Conversation 

martes, 24 de septiembre de 2024

El Presidente de Paraguay, inaugurará la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa en Argentina

En 2018, el expresidente Mauricio Macri fue el encargado de cerrar el encuentro sobre libertad de prensa que se llevó a cabo en Salta durante cuatro días, Javier Milei no participará. Jaffer Zaidi, vicepresidente de alianzas de noticias de Google, también estará presente
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, abrirá la 80ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se celebrará en Córdoba, Argentina, entre el 17 y el 20 de octubre próximo.

La participación del mandatario paraguayo subraya la relevancia del evento, que abordará temas cruciales como el impacto mutuo entre el deterioro democrático y las libertades de prensa y expresión, la sostenibilidad de los medios y los retos que plantea la inteligencia artificial en el periodismo.

Jaffer Zaidi, vicepresidente de alianzas de noticias de Google, también se suma a la convocatoria para aportar su visión sobre el papel de Google en la evolución de la prensa en la era digital. Su participación refuerza el enfoque de la SIP en analizar las oportunidades y desafíos que las nuevas tecnologías ofrecen a los medios de comunicación en todo el continente.

Precisamente a la luz de los profundos avances tecnológicos de los últimos seis años, la SIP actualizará la Declaración de Salta sobre Libertad de Expresión en la Era Digital, que fue aprobada también en Argentina, durante la 74ª Asamblea realizada en la ciudad de Salta en 2018. El nuevo texto buscará reflejar el compromiso continuo de la SIP con la libertad de expresión ante los desafíos de las nuevas tecnologías, y en especial de la inteligencia artificial.

Bajo el lema "Periodismo del presente, periodismo del futuro", la asamblea contará con la participación de reconocidos editores, como Marty Baron, exdirector de The Washington Post, quien ofrecerá su perspectiva sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos, a realizarse el martes 5 de noviembre.

El relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Pedro Vaca, se referirá al reciente informe de la CIDH sobre "Inclusión digital y gobernanza de contenidos en internet". Y Gina Chua, editora ejecutiva de la startup de noticias Semafor, se presentará en un panel sobre inteligencia artificial aplicada al periodismo.

El programa preliminar está disponible en este enlace.

Durante el evento, se entregarán los premios SIP a la excelencia periodística, en sus 13 categorías, con los que la organización distingue trabajos periodísticos de excepcional calidad producidos por reporteros y medios de comunicación del continente.

Además, el Gran Premio a la Libertad de Prensa, concedido este año al Periodismo en el Exilio, honrará a colegas y medios de comunicación de América Latina que fueron deportados o forzados a desplazarse o emigrar debido a la violencia, las amenazas y la persecución por parte de grupos criminales, funcionarios corruptos y gobiernos autoritarios. Este premio destaca la resiliencia y el compromiso continuo de periodistas y medios con la verdad, pese a afrontar circunstancias extremadamente difíciles.

El Gran Premio Chapultepec, la distinción más alta de la organización, se otorgará en 2024 al Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). Este premio resalta "la encomiable labor a favor de las libertades de prensa y expresión y su dedicación a la promoción y defensa de los derechos humanos, principios esenciales recogidos en la Declaración de Chapultepec". La CEO del CPJ, Jodie Ginsberg, recibirá la distinción.

La SIP también distinguirá al Centro Knight para el Periodismo en las Américas, con el premio Gran Amigo de la Prensa. Este reconocimiento se debe al papel fundamental del Centro en la formación y el desarrollo de periodistas en América Latina y el Caribe, para fortalecer así las bases de un periodismo libre e informado. Rosental Calmon Alves, su fundador y director, recibirá el premio.

El miércoles 16 está prevista, además, una actividad previa en la Universidad Siglo 21 — con sus instalaciones de avanzada diseñadas sobre un master plan trazado por el reconocido arquitecto César Pelli— para analizar junto a académicos de esa casa de estudios los retos que el contexto plantea al management de los medios.

Las inscripciones siguen abiertas y los interesados pueden registrarse en este enlace. Detalles adicionales sobre el evento, o consultas específicas, deben ser dirigidas a la Sra. Paola Dirube, pdirube@sipiapa.org. El hotel Quinto Centenario será sede del evento y las reservas están disponibles en este enlace.

La SIP es una entidad sin fines de lucro dedicada a la defensa y promoción de la libertad de prensa y de expresión en las Américas. Está compuesta por más de 1.300 publicaciones del hemisferio occidental; y tiene sede en Miami, Estados Unidos.

martes, 6 de agosto de 2024

Histórico fallo judicial contra el gigante tecnológico: Google es un monopolio

Un juez falló el lunes que el omnipresente motor de búsqueda de Google ha estado explotando ilegalmente su posición dominante para aplastar la competencia y reprimir la innovación, en una decisión que podría sacudir internet y poner en aprietos a una de las empresas más conocidas del mundo.

La decisión del juez federal Amit Mehta se produce casi un año después del inicio de un juicio que enfrenta al Departamento de Justicia con Google.

Después de revisar una gran cantidad de pruebas que incluían testimonios de altos ejecutivos de Google, Microsoft y Apple durante las 10 semanas de juicio el año pasado, Mehta emitió su decisión, tres meses después de que las dos partes presentaran sus alegatos finales a principios de mayo.

"Después de haber considerado y sopesado cuidadosamente el testimonio de los testigos y la evidencia, el tribunal llega a la siguiente conclusión: Google es un monopolio y ha actuado como tal para mantener su monopolio", escribió Mehta en su fallo de 277 páginas. Dijo que el dominio de Google en el mercado de las búsquedas es prueba de su monopolio.

Google "disfruta de una cuota del 89,2% del mercado de servicios de búsqueda general, que aumenta hasta el 94,9% en los dispositivos móviles", dice el fallo.

La decisión representa un duro revés para Google y su empresa matriz, Alphabet Inc, que se habían mantenido firmes en su argumento de que su popularidad se debía al deseo abrumador de los consumidores de utilizar un motor de búsqueda tan bueno en lo que hace que se ha convertido en sinónimo de buscar cosas en internet. El motor de búsqueda de Google procesa actualmente unos 8,500 millones de consultas diarias en todo el mundo, casi el doble que hace 12 años, de acuerdo con un estudio reciente publicado por la empresa de inversiones BOND.

En un comunicado, el fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, describió la decisión como "una victoria histórica para el pueblo estadounidense".

"Ninguna empresa está por encima de la ley, y el Departamento de Justicia seguirá aplicando nuestras leyes contra las prácticas contrarias a la competencia", agregó.

En una declaración de su presidente de Asuntos Globales, Kent Walker, Alphabet estimó que la decisión "reconoce que Google propone el mejor motor de búsqueda". "Pero concluye que no deberíamos estar autorizados a hacerlo fácilmente disponible", y "en estas condiciones vamos a apelar", añadió.

¿Se acerca el fin de la supremacía de Google?
Además de decretar que Google actuó de forma ilegal, la demanda del Departamento de Estado reclamaba que se obligue a la compañía a cesar en sus supuestas prácticas de abuso de posición dominante y que se adopten las "medidas estructurales necesarias" para reparar cualquier daño anticompetitivo. Aunque no especifica cuáles deberían ser esas decisiones.

En el dictamen de más de 200 páginas hecho público este lunes, el juez Mehta del Tribunal de Distrito de Columbia, nombrado en 2014 por Barack Obama, se limita a establecer su responsabilidad y no aborda a qué sanciones podría enfrentarse ahora el gigante de Silicon Valley.

Los expertos barajan la posibilidad de que esto allane el camino a un segundo juicio en el que se establezcan las medidas a tomar, y tampoco se descarta que Google recurra el fallo ante un tribunal de apelaciones.

Sea como fuere, eso no resta relevancia al fallo. Ya al presentar la demanda, el Departamento de Justicia comparó el caso con otros juicios antimonopolio cuyos resultados marcaron un hito.

En concreto, con el de AT&T de 1974, que llevó a la partición del gigante telefónico una década después, y con el de 1998 de Microsoft en el mercado de las computadoras personales, por abusar de la posición de dominio de su sistema operativo Windows para imponer su navegador Explorer.

En este último, el juez dictó inicialmente la ruptura de Microsoft, aunque tras presentar un recurso, el caso se cerró con un acuerdo con el gobierno.

Sea como fuere, a la escisión de AT&T en 1984 se le atribuye haber allanado el camino a la moderna industria de la telefonía móvil, mientras que a la lucha con Microsoft se le atribuye haber abierto espacio a Google y otros en internet.

Este no es ni el primero ni el último de los procesos legales que enfrenta Google. Ya en enero el fiscal general de EE.UU., Merrick Garland, anunció otra demanda, en esa ocasión por el supuesto abuso de posición dominante en el mercado de la publicidad digital.

Por otra parte, en la Unión Europea el gigante tecnológico ha recibido las tres multas más altas de la historia por prácticas anticompetitivas.

Fuentes: Agencia AP, Señales y BBC

sábado, 11 de mayo de 2024

"No estamos en venta, no pusimos una lata arriba del canal", dice Darío Turovelzky, CEO de Telefe

"Los cambios en la industria ya no se dan de un año para otro, son cada 15 días. Es una gimnasia que tenemos con mi equipo de trabajo. Si no tenés la capacidad de adaptarte, quedás afuera", dice Darío

Entró a Telefe por primera vez en 1998 para trabajar como asistente de producción de "Hola, Susana" y hoy es máximo responsable del canal; durante su gestión, que comenzó en 2016, nunca perdió un mes con la competencia
Por: Jorge Martínez Carricart
Hace días Telefe cumplió 76 meses de liderazgo ininterrumpido entre los canales de televisión abierta. "En esta gestión logramos la diferencia más alta de la historia con nuestros competidores", dice Darío Turovelzky (48). Su cargo, según su tarjeta de presentación, es "Executive Vice President de Broadcast y Estudios de América Latina para Paramount Global". La versión abreviada dice "CEO de Telefe y Chilevision". Es, en definitiva, el responsable de todo lo que sucede en "el canal de las pelotas". Tanto en la parte artística como en la gestión administrativa. Además, es la única cara conocida fuera del staff de talentos. Si algo sucede en Telefe, lo llaman a él. Y si alguien quiere comprar el canal, también. Hoy tiene 1373 empleados a cargo y en un breve paseo por los estudios da la sensación de conocerlos a todos, que podría llamarlos por su nombre sin errar uno.
Dario Turovelzky en la puerta de Telefe, uno de los dos canales de aire de Paramount en la región. El otro es Chilevisión, que también depende de su gestión
El escenario actual de la industria del entretenimiento, y de la televisión en particular, es el más complejo de su historia. "Nadie puede decir con certeza hacia dónde va el negocio", dirá más adelante Turovelzky. Los grandes líderes se guían con señales y van aprendiendo de sus errores (que suelen costar millones de dólares). Hasta hace meses, por ejemplo, se multiplicaban las plataformas de streaming por todo el mundo guiados por la estela maravillosa de la pionera, Netflix. Hoy algunas de esas plataformas parecen en retirada y/o buscan alianzas que mantengan a flote su operación. Los canales de cable, con su propuesta "en línea", ya no pueden competir contra el consumo "on demand". Y los infantiles perdieron definitivamente la pulseada con Youtube. Al mismo tiempo, cada vez cobran mayor fuerza las plataformas AVOD (AdvertisingBased Video on Demand) y los canales FAST (Free AdSupported Television), gratis y con publicidad. Todo esto sin mencionar a los otros competidores: Tik Tok, Twich, Instagram, X, los influencers y los canales en Youtube, tipo Olga y Luzu, que ya adoptaron el formato de la "vieja televisión", con sus grillas de programación invadidas por talentos formados en el mainstream. Entre todos, cada uno con sus armas, se disputan la misma audiencia y la misma pauta publicitaria.

"Antes, todas las compañías vendíamos contenido a terceros. Vos veías series nuestras en canales de la región o en Netflix, por ejemplo. Cuando las compañías grandes presentaron sus propias plataformas dijeron ‘todo lo nuestro se queda en casa’. Después aparecieron los CFO’s de las compañías y dijeron: ‘Muchachos, ¿quién paga la fiesta esta? ¿Cómo recuperamos la que dejamos de ganar por la venta de contenido y toda la que se están gastando en nuevas producciones?’. Te hablo de billions (por miles de millones) de dólares. Como todo es cíclico, ahora volvemos a las bases: volvemos a vender contenido y vemos que la televisión abierta no murió, que sigue siendo un medio por excelencia. Son ups and downs y mucho aprendizaje. No todo es gloria. Y los cambios ya no se dan de un año para el otro, sino cada quince días. En nuestra industria tenemos tatuadas tres palabras: adaptabilidad, flexibilidad y resiliencia. Creo que es algo que a los latinos se nos da bien. Si no tenés capacidad de adaptarte, te quedás fuera. Telefe es líder entre los canales de televisión abierta, pero también tiene la comunidad social más grande de Argentina. Hoy la competencia está en todos lados", asegura Darío.
Con La Tora y Diego Poggi en el "stream room" de Telefe. "Tenemos la comunidad digital más grande de la Argentina", dice Turovelzky

Hace días, en reunión con anunciantes, presentó la programación para segunda mitad de 2024. Susana Giménez condujo el evento: habló del regreso de su programa después de cinco años y contó que Telefe volverá a producir ficción.

Va a ser el único canal de televisión abierta en producir ficción, Darío.
Si fuese por mí, me encantaría tener tres ficciones al año. Es cierto que la diversificación de plataformas y la demanda hace que la gente se disperse un poco en ese aspecto. Hay tanta oferta de contenido que ya perdés lo atractivo de quedarte viendo algo, vas saltando de serie cada dos capítulos… Nos propusimos volver con algo que realmente llame la atención y genere un vínculo emocional. Telefe tiene algo que conecta. Me senté con Sebastián Ortega, le dije "tenemos que volver a hacer los éxitos que hacíamos, con Graduados, Cien días para enamorarse, Educando a Nina… Tenemos que volver con eso". ¿Cómo? Ya lo veremos, empezamos recién en un etapa de preproducción. Tenemos que lograr un contenido que tenga impacto, que genere un vínculo emocional con la gente, con talentos amados y un gran guion... Y la producción tiene que alcanzar los más altos estándares de calidad: sin desmerecer lo anterior, ya no podés mostrar los empalmes de los decorados o maquillajes mal hechos.

El título de la nueva ficción, "El extraño de pelo largo", genera que por sí solo un vínculo emocional. ¿Tiene fecha de lanzamiento?
No, estamos recién en una etapa de preproducción. Seguramente empecemos a producir este año, con vistas a estrenar el año que viene.

Hace días, en un encuentro con anunciantes, Susana anunció su vuelta a la televisión, con un programa semanal, todos los domingos, después de cinco años.
Sí, vuelve. Todos los domingos, dijo ella, que es más programadora que todos nosotros. Susana siempre busca la vuelta para sorprender y adaptarse al público joven. Porque el que veía a Susana la va a seguir viendo, pero el desafío es captar nuevas audiencias.
Con Susana Giménez. Justamente, en el programa de la diva Turovelzky comenzó su carrera en Telefe. Fue en 1998, como asistente de producción. 26 años más tarde, la acompaña en su regreso a la televisión con el clásico programa de los domingos.

Escuchaste las críticas por Gran Hermano: dicen que desborda de violencia, que desentona en "el canal de la familia".
Cuando tenés un proyecto con semejante performance y con toda la generación de contenido alrededor, en una industria que está bastante magra, todos quieren… (piensa) Como diría Moria: "se cuelgan". Nosotros tenemos que cuidar la imagen del canal. La marca tiene muchos valores: ser positivo, inclusivo, innovador, cuidar la familia, talentos amados… Hay proyectos que se corren un poco de ese eje para un lado y otros que se corren para el otro lado. Gran Hermano en el mundo siempre tiene pequeñas variaciones. Hoy lo ve gente de todas las edades y en la generalidad nadie te dice: "me está perjudicando lo que pasa". Están los haters de Twitter…

¿Se habló internamente? ¿Fue un tema para vos?
Por supuesto. Hablamos de todos los casos. Puede pasar con Masterchef si tiran la comida… Permanentemente estamos iterando en cómo hacemos para que los valores que transmitimos reflejen los de Telefe.

Finalmente, ¿se hace la película de Los Simuladores?
Sí, claro. Tenemos el guion escrito. Deberíamos empezar a preproducir y a rodar este año.
"Hoy se cumplen 76 meses, poco más de 6 años, de liderazgo ininterrumpido. Sin perder un solo mes. Hace más de 30 años que Telefe gana años completos. Hubo un año, en la transición entre Claudio Villarruel y Marisa Badía, que se perdió, pero fue mínimo", dice Darío

"Telefe no está en venta, pero hay muchos interesados"
Canal 11 fue el último canal de aire porteño en ser privatizado. Lo compró, en enero de 1990, el conglomerado Televisión Federal S.A. Dos meses más tarde adoptó su nombre definitivo: Telefe. En mayo de 2000 Telefónica se hizo cargo de sus acciones, en una operación que incluyó otros medios. En noviembre de 2016 apareció en escena el gigante norteamericano Viacom, que pagó 345 millones de dólares por el canal. Dos años más tarde, Viacom se fusionó con CBS. En 2022 la empresa VaicomCBS adoptó el nombre de Paramount para potenciar su plataforma de streaming, Paramount+.

Hoy el futuro del canal se debate en medios de comunicación y redes sociales. ¿Se vende Telefe? Hay poca información al respecto. Es posible construir, a partir de los mencionados en crónicas, una larga lista de posibles compradores. "Pero nadie nos llamó para preguntar sobre estos rumores de venta, son todas especulaciones", dice el responsable de prensa del canal. Ahora, responde Darío Turovelzky:

¿Telefe está en venta?
Es de público conocimiento que, a nivel global, la industria está pasando por un momento complejo. En ese contexto, se habla de empresas que quieren comprar la operación de Paramount en el mundo. Se menciona a Sony, Apolo, Skydance… en un momento también apareció NBC. Infinidad de opciones. Y eso, cuando lo analizan los otros players, dicen: "Esta empresa está en pleno proceso de venta, de fusión, de desprenderse de assets; yo voy y pregunto por Telefe". No estamos en venta, no pusimos una lata arriba del canal, pero aparecieron oferentes atraídos por el éxito. Después la compañía analiza, en todo su esquema global, si vale la pena o no desprenderse de Telefe o de Chilevisión. Vos me preguntás si Telefe está en venta y la respuesta es no, no estamos en venta.

Escuchaste los rumores, mencionan una larga lista de interesados.
Sí, escuché todo. En un momento apareció Mercado Libre…

Ahora dicen que es inminente el desembarco del Grupo Werthein (dueños de, entre otras empresas, Direct TV, Sky y Torneos y Competencias).
Lo leí, se repitió mucho en estos días. Que pudieron haber sido oferentes, no tengo dudas. Ahora, que lo hayan comprado, eso está más que lejos... La transformación que está atravesando Paramount a nivel global desprende alertas que atraen posibles inversores. Mañana vos me decís que tenés inversores atrás y querés comprar Telefe, yo te comunico con la gente de "merges & acquisitions" (fusiones y adquisiciones). ¿Eso significa que estoy en venta? No, eso quiere decir que vos querés comprarlo.
Turovelzky en el TOM (Technical Operations Management), corazón de Telefe, donde entran las señales al canal y se comprueba su calidad. 

También se habló, dentro de la industria, del regreso de los Yankelevich, Gustavo y Tomás, padre e hijo, junto a un grupo inversor.
(ríe) Tengo una relación divina con Gustavo, es uno de mis mentores. Y trabajé también con Tomás. Pero si yo te digo la cantidad de oferentes que hubo…

Entonces, concretamente, aparecieron interesados en comprar Telefe.
Sí, y todos pasaron por mí. Nadie me contactó pensando que yo iba a tomar la decisión, claro. Pero sabían que yo podía contactarlos con los Estados Unidos. Y es lo que hice. Después, allá analizan. Está ahí el punto.

Lo del Grupo Werthein, insisto, parece inminente.
Imagino que arrancó con Gran Hermano, por la asociación que hicimos con Direct TV. También por los derechos de la Copa América y de la Selección, que lo hacemos en coproducción con Torneos. No obstante, quizá, Grupo Werthein apareció como oferente… Ahora, que lo compró, que ya se cerró la transacción, eso no existe.

También hay señales que alimentan los rumores de venta. Por un lado, parte de la operación de Paramount+ se fue del país. Y por otro lado, entiendo que Telefe está recuperando su librería (sus contenidos), sacándola del catálogo de Paramount, en una suerte de división de bienes anticipada…
No, pará. Paramount sigue estando. Lo que sucede, como dijo Bob Bakish, es que vamos a hacer un cambio de estrategia en los contenidos a nivel global. El 90 por ciento de la gente que consume Paramount+ ve franquicias de Hollywood y IP’s (propiedad intelectual) reconocidos como Yellowstone, Top Gun, Tortugas Ninjas… Y hoy, cuando todas las empresas de la industria tienen que mostrar rentabilidad, se preguntan para qué producir contenido regional que requiere una gran inversión no solo de contenido sino también en marketing cuando las audiencias que te están mirando prefieren los contenidos que vienen de Hollywood. Entonces, circunstancialmente, vamos a reducir esos contenidos locales para la plataforma Paramount+. No obstante, los territorios que tienen televisión abierta, como Telefe, van a seguir generando contenido local. Y por otro lado, al día de hoy, seguimos vendiendo nuestros contenidos juntos.
Darío Turovelzky está casado con Sofía Soldati y tiene cuatro hijos.

"La televisión abierta está más viva que nunca"
Darío Turovelzky llegó a Telefe en 1998. Su primer trabajo en el canal fue como asistente de producción de Hola, Susana. En aquellos años felices, el rating del programa superaba cómodamente los 40 puntos. "Había tres medidores en esa época: Mercados y Tendencias, IPSA e Ibope. El show del chiste hacía 45, 52 o 48 puntos, de acuerdo a la medición. Obviamente Luis Cella se quedaba siempre con el número más alto, como haríamos todos. Era genial", recuerda Darío.

Hoy Gran Hermano, éxito indiscutido de la televisión, ronda los 20 puntos.
Pero a los 20 de puntos de hoy le tenés que sumar todo el ecosistema digital. Hoy gracias a Gran Hermano y a lo que tenemos en Telefe, somos la comunidad más grande de la Argentina en consumo de horas, videoviews y unique users… más que cualquier stream digital. En este contexto de tanta oferta, de tanta plataforma, donde todo es competencia, no sé si estos 20 puntos no son más que los 40 de ayer.

Decís que la audiencia que falta está repartida en el ecosistema.
Sin lugar a dudas. Hoy no existe en ningún, por lo menos en Argentina, un programa como Gran Hermano que tiene solo en AMBA más de 2 millones de personas viendo un contenido. Y la diferencia de performance que tenemos con los otros canales no existe en casi ningún lugar del mundo. En una tendencia global de decrecimiento, a Telefe nos miran de otra manera.

¿Tus hijos ven televisión abierta?
Tengo 4 hijos, de todas las edades. Tienen 18, 15, 8 y 6. Funcionan como un buen termómetro. Cuando viene la de 15 y me habla de "Furia", "La Voz" o menciona a "tal participante"… Mi pregunta es: "Lara, ¿dónde viste esto?". Suele responder: "Vi los primeros programas en Telefe, en aire, y seguí en tiktok, twich, Instagram, a través de influencers". Y te juro que sabe más que el propio productor de Gran Hermano. Ahí te das cuenta de que es el contenido lo que vale, que cuando es bueno llega a todos los puntos de contacto que usan los jóvenes.

Si los chicos no ven televisión abierta, ¿creés que van a descubrirla alguna vez? Porque si no logra seducirlos, tiene fecha de defunción…
Yo creo mucho en la tracción de los contenidos. Pensá, en los últimos cinco años, la cantidad de contenidos que lanzaron los streamers: billions de dólares en el mundo. Ahora decime 10 que recuerdes... Te perdés. ¿Cuál te conecta emocionalmente? Seguro que hay alguno... Pero cuando entrás en un contenido con un alcance tan fuerte como La Voz, Graduados, la película de Los Simuladores... Ahora vuelve Survivor y en el inconsciente colectivo todavía está Piqui, la chica que hace 20 años se dejó ganar en el juego final… Yo creo que a fuerza de buen contenido mi hijo se va a acercar a la televisión. El otro día me llamó para decir "Pá, me acabo de enterar que tenés la Copa América". Evidentemente, el conecta desde los deportes, y va a venir a ver el torneo a Telefe. Mi hija quizá se acerque desde Masterchef…

Se suponía que el refugio de la televisión lineal iba a ser el vivo, especialmente los deportes y las noticias.
Sí, 100 por ciento. También en el entretenimiento.

Sin embargo ya hay plataformas que transmiten deporte en vivo, hay talk shows en vivo, hay periodistas que hacen sus entrevistas exclusivamente en redes sociales…
Es cierto. Si tuviera la bola de cristal… La verdad es que nadie tiene claro hacia dónde va. Pero estoy convencido de que la fuerza que tiene la televisión abierta no la tienen los streamers. En nuestras tandas publicitarias están todas las fintech, todas las plataformas de streaming… al principio necesitaban ir a buscar nicho, pero cuando se dieron cuenta de que en Wall Street lo que impactaba no era el crecimiento de los suscriptores sino la rentabilidad, en vez de ir con la cañita fueron con el mediomundo. Mercado Libre, Netflix, Amazon, Disney, Max… Todos están en la tanda de Telefe y también orgánicamente en nuestros proyectos. Antes nos miraban como el dinosaurio viejo y hoy nos vienen a buscar para ver qué podemos hacer juntos.
"Hoy dos compañías grandes (por Disney y Espn) quieren brindar un servicio de streaming juntos. Pareciera que al fin de cuenta van a quedar pocas plataformas, quizá tres conglomerados", arriesga Turovelzky no sin antes aclarar que "no tengo la bola de cristal"

¿Cómo impacta el crecimiento de los canales de streaming, como Olga y Luzu, en la torta publicitaria? ¿Le quitan anunciantes a la televisión abierta?
Hoy el impacto es mínimo. Los pesos pesados de la torta publicitaria en digital son Meta y Google, otro tipo de jugadores.

Los canales de streaming están cada vez más parecidos a la televisión abierta.
Es así. Vienen a buscar las figuras, los contenidos, las propiedades intelectuales que saben que conectan con la gente emocionalmente. Hoy en nuestro streaming tenemos una grilla casi al mismo nivel de lo que es una grilla de televisión abierta. Estamos produciendo 1600 horas... Algunos son contenidos que reaccionan a la televisión abierta, a Gran Hermano y al fútbol, y otros son contenidos exclusivos.

¿Es disparatado pensar que el día de mañana todos canales abiertos, cable, streamers y youtube van a competir en una misma pantalla?
Es probable. Para eso también tenés que darle al usuario una experiencia mucho más amigable técnicamente. Hoy es inviable. Y después tenés que unificar todo bajo una misma medición: hoy los digitales se miden por ComScore y Kantar Ibope mide lo lineal… La industria trata de amalgamar todo esto pero aun no lo ha logrado. Cada streamer tienen su propia metodología de medición, la que más le conviene.

Las plataformas explotaron, tuvieron una auge parecido al de las "puntocom", y hoy parecen estar buscando su real dimensión. Gigantes de la industria, que llegaron para comerse la cancha, hoy buscan fusiones para salvar su negocio.
Estamos imaginando… Creo que hay un tema de ser lo más eficiente en la rentabilidad de estas compañías, cómo captar audiencias con contenidos que realmente tengan relevancia, y en cómo darle una experiencia diferente al usuario. Hoy dos compañías grandes (por Disney y Espn) quieren brindar un servicio de streaming juntos. Pareciera que al fin de cuenta van a quedar pocas plataformas, quizá tres conglomerados. En términos económicos, es poca la gente que tiene la capacidad de tener más de dos servicios. Y a eso sumale una plataforma de otro tipo, como Spotify. Es inviable. Se habla mucho de bundle (reunir en un manojo) de diferentes plataformas: pagás más pero tenés todo en una. Creo que va por ese camino.
Fotos: Alejandro Guyot, The Grosby Group
Fuente: La Nación

domingo, 11 de febrero de 2024

Somos humildes siervos de los señores de la nube: bienvenidos al tecnofeudalismo

Un nuevo capital mutante ha matado y sustituido al capitalismo: el capital en la nube. No fabrica cosas, sino que se compone de dispositivos concebidos para modificar nuestro comportamiento. Y le va de maravilla.
Por: Yanis Varoufakis, Ex ministro de Finanzas de Grecia
Miremos hacia donde miremos, estamos presenciando el triunfo del capital. En almacenes, fábricas, oficinas, universidades, hospitales públicos, medios de comunicación, incluso en el espacio, pero también en el microcosmos de las semillas patentadas. ¿Cómo me atrevo, entonces, a afirmar que el capitalismo ha muerto asesinado? ¿Quién lo ha matado? La respuesta es de una ironía deliciosa: el capitalismo ha muerto asesinado por su propia mano: por el capital.

Si estoy en lo cierto, lo preocupante no es lo que la Inteligencia Artificial (IA) nos vaya a hacer en el futuro, sino lo que ya ha hecho: el capital ha llegado a ser tan dominante y ha mutado en una variante tan tóxica que, como un virus estúpido, ha acabado matando a su anfitrión, el capitalismo, para sustituirlo por algo muchísimo peor.

Este nuevo capital mutante que ha matado al capitalismo vive en la famosa nube, así que llamémoslo capital en la nube.

El capital en la nube, por supuesto, no vive realmente en la nube, sino en la Tierra; reside en equipos conectados en red, granjas de servidores, torres de telefonía móvil, programas, algoritmos basados en inteligencia artificial y en el fondo de nuestros océanos, donde se extienden incontables kilómetros de cables de fibra óptica.

A diferencia de lo que ocurre con los medios de producción del capital tradicional, como los motores de vapor o los robots industriales modernos, que son medios fabricados, el capital en la nube no fabrica cosas, sino que está compuesto por dispositivos concebidos para modificar el comportamiento humano. Eso es lo que son Alexa de Amazon o el Asistente de Google: un medio de modificación del comportamiento construido precisamente para eso. Es una máquina, una pieza del capital, a la que entrenamos para que nos entrene para que la entrenemos para que ella decida qué queremos. Y, una vez decidido lo que queremos, la misma máquina nos lo vende directamente, sin pasar por los mercados.

Por si fuera poco, esa misma máquina consigue que sostengamos la enorme red de modificación del comportamiento a la que pertenece con nuestro propio esfuerzo, de forma voluntaria y gratuita. Cuando publicamos reseñas, valoramos productos o publicamos en la red vídeos, diatribas y fotos, estamos ayudando a reproducir el capital en la nube sin recibir un céntimo por nuestro trabajo. La máquina, en definitiva, nos ha convertido en siervos de la nube. Mientras tanto, en las fábricas y los almacenes, los mismos algoritmos que modifican nuestro comportamiento y nos venden productos se utilizan —normalmente, mediante dispositivos digitales en la muñeca del trabajador— para hacer que trabajen más deprisa, dirigirlos y vigilarlos minuto a minuto.

Impresiona ver de qué forma el capital en la nube consigue desempeñar cinco funciones que antes estaban fuera del alcance del capital tradicional. Capta nuestra atención. Fabrica nuestros deseos. Nos vende directamente, sin pasar por los mercados tradicionales, lo que nos ha hecho desear. Fomenta el trabajo proletario en los centros de trabajo. Y crea una ingente mano de obra gratuita (los siervos de la nube).

¿A alguien le extraña que los propietarios de este capital en la nube —llamémoslos los nubelistas— tengan un poder hasta ahora inimaginable para obtener una plusvalía gigantesca de los proletarios, un volumen incalculable de trabajo no remunerado de casi todo el mundo y, de los capitalistas vasallos, unas rentas de la nube inconcebibles? ¿Cómo no van a ser mucho más poderosos de lo que pudieron ser jamás Henry Ford o Rupert Murdoch?

“Un momento”, me dirán. “¿En qué se diferencia Jeff Bezos de Henry Ford? ¿No son todos monopolistas?”. No. Amazon.com no es una empresa capitalista monopolista. En el momento en que entramos en amazon.com hemos salido del capitalismo. Es cierto que es un sitio lleno de compradores y vendedores, así que es una enorme plataforma comercial, pero no es un mercado. El dueño de todo es un hombre llamado Jeff, que es muchísimo más que un monopolista.

Jeff no posee las fábricas en las que se producen los artículos que los capitalistas tradicionales no tienen más remedio que vender en su plataforma. Lo que sí posee es el algoritmo que decide qué productos vemos, el mismo algoritmo que nosotros hemos entrenado para que nos conozca a la perfección y nos empareje con un vendedor —al que también conoce a la perfección— de forma que cada emparejamiento tenga las máximas probabilidades de permitirle a Jeff extraer el mayor margen posible del vendedor por cada cosa que se compra: hasta el 40% de lo que pagamos.
Un edificio con un anuncio de Google Cloud, la filial de Google para tecnología almacenada en la nube, en San Francisco, en abril de 2019

La mente se revuelve ante una explotación de tal dimensión y tan radicalmente nueva. El mismo algoritmo que ayudamos a entrenar en tiempo real para que nos conozca de arriba abajo modifica nuestras preferencias y administra la selección y la entrega de los productos que van a satisfacer esas preferencias. Si dos personas escriben “bicicletas eléctricas” en amazon.com, obtendrán recomendaciones totalmente diferentes. Es como si, en un mercado o centro comercial tradicional, las dos personas caminasen una al lado de la otra, mirando en la misma dirección, pero viendo cosas distintas en función de lo que el algoritmo de Jeff quiere que vea cada una.

Todos los que entramos en amazon.com navegamos en un aislamiento construido por el algoritmo, como si estuviéramos en un panóptico en el que no podemos vernos unos a otros sino solo el algoritmo que todo lo ve o, para ser más exactos, lo que el algoritmo nos permite ver para sacar el máximo dividendo de la nube, la versión actual de la renta que los señores feudales cobraban por las tierras a sus vasallos y sus campesinos.

Esto no es capitalismo. Señoras y señores, bienvenidos al tecnofeudalismo.

El capitalismo, no lo olvidemos, tenía dos pilares: los mercados y los beneficios. Por supuesto, los mercados y los beneficios siguen estando omnipresentes. Pero el capital en la nube los ha desplazado del centro de nuestro sistema socioeconómico, los ha empujado hacia los márgenes y los ha reemplazado.

Los mercados, el medio en el que se desarrolla el capitalismo, se han visto sustituidos por feudos en la nube, plataformas de comercio digital como amazon.com o Alibaba que, como hemos visto, parecen mercados, pero no lo son.

¿Y los beneficios, que son el combustible del capitalismo? Pues los han sustituido sus antecesoras feudales: las rentas. En concreto, las rentas de la nube, una nueva forma de alquiler que hay que pagar por el acceso a esos feudos o plataformas digitales.

¿Cómo surgió el capital en la nube? Nació a finales de los años noventa, cuando el internet original, que era un bien común —funcionaba como una zona libre de capitalismo—, aquel internet 1.0, por así decir, cayó en manos de las grandes empresas tecnológicas que estaban naciendo, que lo privatizaron.

¿Quién pagó los billones de dólares que costó fabricar y acumular el capital de la nube con tanta rapidez en manos de unos pocos nubelistas? Lo sorprendente es que fueron, sobre todo, los bancos centrales de los países del G-7. ¿Cómo es posible? Pues por accidente, o, para ser más exactos, por culpa de la crisis.
David Limp, vicepresidente de dispositivos de Amazon, anuncia el nuevo Echo Dot, de la asistente digital Alexa, en Seattle, Estados Unidos, el 20 de septiembre de 2018
Tras el hundimiento del sector financiero en 2008, los banqueros centrales imprimieron nada menos que 35 billones de dólares para rescatar a los bancos mientras nuestros gobiernos sometían al pueblo a duras medidas de austeridad. Los capitalistas fueron suficientemente astutos como para prever que la gente no iba a tener un céntimo y no iba a poder comprar sus productos. Así que, en lugar de invertir, llevaron el dinero del banco central a la Bolsa y a los mercados de bonos, donde compraron acciones, bonos y, de paso, yates, arte, bitcoins, NFT y cualquier “activo” que pillaron.

Los únicos capitalistas que realmente invirtieron en capital fueron los dueños de las grandes tecnológicas. Por ejemplo, nueve de cada diez dólares que se invirtieron en crear Facebook procedían de ese dinero de los bancos centrales. Así se financió el capital en la nube y así se convirtieron los nubelistas en nuestra nueva clase dirigente.

Como consecuencia, el verdadero poder hoy no lo tienen los dueños de maquinaria, edificios, ferrocarriles, compañías telefónicas o robots industriales. Estos anticuados capitalistas terrestres siguen obteniendo plusvalías del trabajo asalariado, pero ya no son los que mandan. Se han convertido en vasallos de los propietarios del capital en la nube, de los nubelistas. En cuanto a los demás, hemos vuelto a nuestra antigua condición de siervos y contribuimos a la riqueza y el poder de la nueva clase dominante con nuestro esfuerzo no remunerado, que se añade al trabajo asalariado que hacemos cuando tenemos la posibilidad.

¿Todavía no están convencidos? Ya, es difícil dejar atrás la palabra capitalismo. Los liberales no son los únicos para los que es como el agua para los peces. Los socialistas también necesitamos sentir que nuestro propósito en la vida es derrocar al capitalismo. Resulta difícil aceptar que el capital se nos ha adelantado y lo ha sustituido por algo peor. De hecho, mis amigos de izquierdas son los que más intentan disuadirme y convencerme de que sí, puede que el capital en la nube sea importante, pero “esto sigue siendo capitalismo, colega”.

Amazon está lleno de compradores y vendedores, pero no es un mercado, el dueño de todo es Jeff Bezos

Llamémoslo capitalismo rentista o capitalismo monopolista, me sugieren. Pero no es suficiente. El alquiler de la nube no es como el alquiler del suelo, porque exige una enorme inversión en nuevas tecnologías. Y tampoco son rentas procedentes de un monopolio, porque Bezos y Zuckerberg no monopolizan mercados para vender lo que fabrican (como hacían Ford y Edison), sino que han sustituido a los mercados y no están interesados en fabricar nada (a diferencia de Ford y Edison).

¿Qué tal capitalismo de vigilancia? Tampoco. Los nubelistas no se limitan a utilizar algoritmos para lavarnos el cerebro en nombre de los anunciantes en un entorno capitalista. No, el capital en la nube se reproduce gracias a nuestro trabajo gratuito, explota directamente el trabajo asalariado y exprime las rentas de la nube de los capitalistas vasallos en plataformas comerciales que no son mercados. Esto no es capitalismo, señores.

¿Pero qué pasa con la afirmación de que el tecnofeudalismo es parasitario del sector capitalista integrado en él? Es verdad. Si los capitalistas convencionales se extinguieran, los nubelistas desaparecerían, incapaces de cobrar rentas de la nube a los fabricantes. ¿Y qué? Cuando el capitalismo acabó con el feudalismo, los capitalistas pasaron a ser parásitos de los terratenientes, en el sentido de que, sin tierras privadas que produjeran alimentos, el capitalismo habría desaparecido. Ahora, el sector capitalista tradicional también alimenta el tecnofeudalismo, pero los que dominan son el capital y las rentas de la nube.

El concepto de tecnofeudalismo demuestra que el hecho de que los trabajadores del automóvil y los enfermeros se organicen, aunque sigue siendo esencial, es insuficiente. Aclara lo que va a costar movilizarse contra el cártel de los combustibles fósiles cuando nuestros medios de comunicación funcionan gracias a un capital en la nube preparado para envenenar a la opinión pública. Explica por qué el paso a los coches eléctricos ha provocado la desindustrialización de Alemania, a medida que los beneficios de la ingeniería mecánica de precisión se sustituyen por los dividendos que obtienen los propietarios del capital en la nube dedicados a observar las rutas y los hábitos de los conductores. De repente tiene mucho más sentido la decisión de Elon Musk de comprar Twitter, como interfaz entre sus acciones de capital mecánico en Tesla y SpaceX y el capital en la nube. La nueva guerra fría entre Estados Unidos y China, especialmente desde que empezó la guerra de Ucrania, se explica como la repercusión de un enfrentamiento de fondo entre dos tecnofeudalismos con rentas de la nube, uno en dólares y el otro en yuanes.

¿No es alucinante? Todos esos avances científicos increíbles, esas fantásticas redes neuronales y esos programas de inteligencia artificial inimaginables, ¿para conseguir qué? Para crear un mundo en el que, mientras la privatización y el capital de riesgo vacían nuestro entorno de toda la riqueza física, el capital en la nube se dedica a vaciar nuestros cerebros. Para que podamos ser dueños individuales de nuestra mente, debemos ser dueños colectivos del capital en la nube. Cuando hayamos recuperado nuestra mente, podremos trabajar todos unidos para encontrar la manera de crear un nuevo capital común en la nube. Será rematadamente difícil, pero es la única forma de conseguir que nuestros artefactos basados en la nube dejen de ser un medio fabricado para modificar el comportamiento y se conviertan en un medio para la colaboración y la emancipación humanas.

Siervos de las nubes, proletarios de las nubes y vasallos de las nubes del mundo, ¡uníos! No tenemos nada que perder, salvo nuestras cadenas mentales.

Yanis Varoufakis (Falero, Grecia, 1961) es economista, ensayista, activista y político. Fue Ministro de Finanzas en Grecia y es cofundador junto a Bernie Sanders de la Internacional Progresista (IP). Este es un texto escrito por él para ‘Ideas’ al hilo del lanzamiento de su último libro, Tecnofeudalismo.
Fotos: Oscar Wong / Getty Images - Michael Short - Bloomberg / Grant Hindsley -  AFP/Getty Images
Fuente: Diario El País

jueves, 30 de noviembre de 2023

Canadá llegó a un acuerdo con Google sobre la ley de noticias en línea

Por: Daniel Thibeault, David Cochrane, Darren Major 
Google y el gobierno de Canadá llegaron a un acuerdo en su disputa sobre la Ley de Noticias en Línea que vería a Google continuar compartiendo noticias canadienses en línea a cambio de que la empresa realice pagos anuales a las compañías en el rango de los $100 millones.

Fuentes informaron a Radio-Canadá y CBC News el miércoles pasado que se había alcanzado un acuerdo. La ministra de Patrimonio, Pascale St-Onge, confirmó la noticia el miércoles por la tarde.

"Muchos dudaban de que tuviéramos éxito, pero yo estaba segura de que encontraríamos una manera de abordar las preocupaciones de Google", dijo a los periodistas fuera de la Cámara de los Comunes. El gobierno federal y Google acordaron el marco regulatorio a principios de esta semana, según una fuente gubernamental familiarizada con las negociaciones, dijo a Radio-Canada.
El gobierno federal había estimado a principios de este año que la compensación de Google debería ascender a alrededor de $172 millones. Google estimó el valor en $100 millones.

Negociaciones simplificadas
Además de las demandas financieras, Google había expresado preocupaciones sobre lo que el portavoz Shay Purdy llamó "problemas estructurales críticos" con la Ley de Noticias en Línea, también conocida como Proyecto de Ley C-18.

La empresa dijo que no aceptaría un modelo de negociación obligatorio impuesto para las conversaciones con las organizaciones mediáticas canadienses, prefiriendo tratar con un único punto de contacto.
Las nuevas regulaciones permitirán a Google negociar con un solo grupo que representará a todos los medios, lo que permitirá a la empresa limitar su riesgo de arbitraje. Kent Walker, presidente de asuntos globales de Google, agradeció a St-Onge por abordar las preocupaciones de la empresa.

"Nos complace que el Gobierno de Canadá se haya comprometido a abordar nuestros problemas fundamentales con el Proyecto de Ley C-18", dijo Walker en un comunicado.

Las reglas se agregarán al marco legislativo C-18, que debe ser revelado a mediados de diciembre.

Google aún estaría obligado a negociar con los medios y firmar un acuerdo. El gigante digital también podría agregar contribuciones de servicios adicionales, que aún no se han especificado.

Google había amenazado con bloquear el contenido de noticias canadiense en sus plataformas como resultado de la legislación. Pero a diferencia de Meta, que puso fin a sus conversaciones con el gobierno el verano pasado y dejó de distribuir noticias canadienses en Facebook e Instagram, Google no ha bloqueado las noticias en Canadá.

¿Un trato con descuento?
Ante la amenaza de Google de dejar de distribuir noticias canadienses, el gobierno parece haber suavizado su posición.

Pero la fuente gubernamental argumenta que un acuerdo constituye una victoria y una ganancia neta para los medios canadienses. El marco de una negociación única probablemente sirva de ejemplo para otros países, agregó la fuente.

St-Onge dijo que el acuerdo con Google podría reabrirse si otros países introducen su propia legislación y alcanzan acuerdos más favorables con el gigante tecnológico.

El primer ministro Justin Trudeau dijo que el acuerdo era "una muy buena noticia".

"Después de meses de mantenernos firmes, de demostrar nuestro compromiso con el periodismo local, con periodistas independientes fuertes que reciben pago por su trabajo... Google ha aceptado apoyar adecuadamente a los periodistas, incluido el periodismo local", dijo camino al periodo de preguntas del miércoles. El Proyecto de Ley C-18 se aplica a plataformas digitales con 20 millones de usuarios mensuales únicos y ingresos anuales de $1 mil millones. Solo Meta y Google cumplen con esos criterios.

Las conversaciones de Meta con el gobierno no se han reanudado. Cuando se le preguntó si esas negociaciones podrían reabrirse, St-Onge dijo que depende de Meta.

"Esto [acuerdo con Google] muestra que esta legislación funciona", dijo. "Ahora le toca a Facebook explicar por qué está dejando su plataforma a la desinformación en lugar de sostener nuestro sistema de noticias".

Un portavoz de Meta le dijo a CBC News que no planea permitir noticias en sus plataformas en Canadá mientras esté en vigencia la Ley de Noticias en Línea.

"A diferencia de los motores de búsqueda, no extraemos noticias de Internet para colocarlas en los feeds de nuestros usuarios y hemos dejado en claro desde hace mucho tiempo que la única manera en que podemos cumplir razonablemente con la Ley de Noticias en Línea es poniendo fin a la disponibilidad de noticias para las personas en Canadá", dijo el portavoz en un correo electrónico. Jeff Elgie, CEO de Village Media, que opera 25 sitios web de noticias comunitarias en todo el país, dijo que estaba contento de que Google hubiera llegado a un acuerdo con el gobierno. Pero agregó que podría haber sucedido antes si el gobierno hubiera indicado desde el principio que permitiría a las grandes tecnológicas negociar con un colectivo único de medios en lugar de hacerlo individualmente.

"Hemos creado un fondo fijo, o un modelo de fondo, que ahora se distribuirá centralmente por una unidad de negociación, en proporción al número de periodistas que tienen los miembros. Lo que pensamos que debería ser y lo que Google y Meta pensaron que debería ser desde el principio", dijo.

"Si la Ley hubiera dicho eso desde el principio, creo que todos habrían estado contentos. Meta no se habría ido. Esto habría sucedido mucho más rápido". Como organización de noticias, CBC/Radio-Canada podría ver un beneficio financiero bajo el C-18, que incluye un requisito para que CBC proporcione un informe anual sobre cualquier compensación por noticias que reciba de operadores digitales.

St-Onge dijo el miércoles que la elegibilidad de CBC bajo el proyecto de ley será más clara cuando se publiquen las regulaciones antes de que el proyecto de ley entre en vigencia el 19 de diciembre.

Leon Mar, director de relaciones con los medios de CBC, recibió con agrado el acuerdo del gobierno con Google.

"Este acuerdo marca un paso muy importante hacia la construcción de un ecosistema de noticias saludable para los canadienses", dijo Mar en un comunicado de prensa. "Esperamos con interés los próximos pasos en estas discusiones".
Fuente: CBC Radio Canadá

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