Mostrando las entradas con la etiqueta Debates. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Debates. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de agosto de 2026

El Concejo expuso una fuerte disputa por las garantías constitucionales en un debate sobre seguridad

El Concejo Municipal de Rosario aprobó por 16 votos a favor y 9 en contra un proyecto de beneplácito del concejal Damián Pullaro por el tratamiento en la Legislatura provincial de iniciativas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro en materia de seguridad. El legislativo apenas consignó la aprobación de la declaración en su web, pese al intenso debate que generó en el recinto
Pero detrás de una votación que, en apariencia, podía presentarse como una declaración institucional más, se desarrolló uno de los debates políticos más extensos y ásperos de la jornada, que había comenzado en la Comisión de Control, Convivencia y Seguridad Ciudadana. En Señales reconstruimos el debate a partir de las intervenciones de todos los bloques y escuchamos las distintas voces que tomaron la palabra en el recinto.

El expediente abrió una discusión que atravesó el sistema acusatorio, las facultades policiales, los controles judiciales, la política penitenciaria, la situación de las víctimas, los resultados del Plan Bandera, los antecedentes de las gestiones anteriores y hasta la utilización de los beneplácitos como herramienta política del Concejo.

La discusión dejó expuestas dos miradas prácticamente antagónicas: la del oficialismo, que defendió la necesidad de ampliar las herramientas estatales para enfrentar al crimen organizado, y la de buena parte de la oposición, que advirtió que algunas de las reformas en debate pueden afectar garantías constitucionales y terminar debilitando —en lugar de fortalecer— las investigaciones penales. También hubo posiciones propias dentro de esos espacios, con matices y cuestionamientos que atravesaron las distintas intervenciones.

El debate, además, tuvo cruces personales, referencias al pasado político de los distintos bloques, acusaciones de tergiversación y una discusión específica sobre la reciente reforma constitucional de Santa Fe.

"El Estado tiene que evolucionar a medida que el crimen evoluciona"
El debate comenzó con la intervención del concejal Damián Marcelo Pullaro, de Unidos por Rosario, autor del proyecto de beneplácito.

Pullaro planteó que el objetivo era poner en discusión iniciativas destinadas a fortalecer al Estado en materia de prevención, investigación y persecución del delito. Enumeró entre ellas modificaciones al Código Procesal Penal, a la Ley provincial 13.494 de protección y acompañamiento de víctimas, al fondo de recompensas, al sistema de inteligencia y análisis para la prevención del delito y a las herramientas para investigar los entornos digitales.

Su argumento central fue que las organizaciones criminales evolucionan y que el Estado debe hacerlo en la misma dirección.

También vinculó el debate con la política penitenciaria y cuestionó lo ocurrido durante la gestión provincial anterior. Sostuvo que los delitos habían continuado siendo ordenados desde las cárceles y que el retroceso de determinadas medidas penitenciarias había favorecido el crecimiento de la violencia.

Pero Pullaro llevó la discusión un paso más allá: reclamó que cada espacio político explicitara qué posición tenía sobre las reformas.

"Manifestémonos todos", fue, en esencia, su planteo. Y dirigió especialmente la mirada hacia Juan Monteverde, aunque este último no tuvo una intervención.

"Si vos decís que escuchás tanto a la gente, algo te tiene que decir la seguridad", le planteó Pullaro a Monteverde, en un tramo en el que también cuestionó las risas durante su exposición.

Para el autor del proyecto, el Concejo debía pronunciarse sobre una cuestión que atraviesa directamente a Rosario y no limitarse a discutir aspectos formales.

Esto viene a desmantelar un sistema acusatorio
La primera gran objeción llegó con Mariano Romero, del interbloque peronista, quien explicó el voto negativo de su espacio.

Romero sostuvo que el proyecto aprobado era, en su redacción, "inocuo", porque formalmente expresaba beneplácito por el tratamiento de iniciativas orientadas a fortalecer las herramientas estatales, algo con lo que —dijo— difícilmente alguien pudiera estar en desacuerdo.

Sin embargo, señaló que detrás de esa formulación estaba el proyecto impulsado por el gobernador Maximiliano Pullaro y enumeró varias de las reformas en discusión: cambios al reglamento policial, a la ejecución penal y al sistema procesal.

El eje de su intervención fue jurídico. Según Romero, las reformas no significarían simplemente una actualización de las herramientas de seguridad, sino un retroceso respecto del sistema acusatorio que Santa Fe había construido durante los gobiernos del Frente Progresista.

Advirtió particularmente sobre:
  • allanamientos sin orden judicial;
  • medidas coercitivas dispuestas por fiscales sin control judicial;
  • interrogatorios policiales durante las primeras etapas de una investigación sin presencia obligatoria de un defensor;
  • intervenciones de inteligencia policial sin control judicial;
  • facultades especiales para establecer zonas de intervención policial;
  • restricciones a la circulación y controles de acceso y salida en barrios;
  • y la posibilidad de demorar personas por averiguación de antecedentes durante 48 horas. 
Para Romero, el problema no era solamente la afectación de derechos. Sostuvo que una ampliación de facultades de este tipo podía terminar siendo contraproducente para la propia persecución penal.

Su argumento fue que las pruebas obtenidas mediante procedimientos ilegales podrían luego ser cuestionadas por las defensas y derivar en nulidades.

"Quien lleva adelante la acusación tiene que ser el fiscal", resumió, mientras reivindicó el principio según el cual el juez debe funcionar como tercero imparcial y controlar las medidas que afectan derechos.

En su lectura, el proyecto implicaría "desbaratar" un sistema que, según sostuvo, había sido construido para superar el modelo inquisitivo.

Quién puede atribuirse los resultados de la política de seguridad
Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, anunció el acompañamiento de su bloque al beneplácito, aunque cuestionó al oficialismo por no haber acercado la información que habían solicitado. Su intervención fue mucho más que una explicación del voto.

Aleart buscó colocar la discusión en una disputa política más amplia entre La Libertad Avanza, Unidos y el peronismo. Defendió las reformas impulsadas por el Gobierno nacional y sostuvo que existía una contradicción entre el apoyo de Unidos a herramientas de seguridad en la Legislatura y su posición durante la reforma de la Constitución provincial.

Mencionó la reiterancia, el régimen penitenciario de alto riesgo y el registro de huellas genéticas como herramientas que su espacio había intentado incorporar con rango constitucional.

También cuestionó al kirchnerismo y sostuvo que había votado en contra de distintas iniciativas nacionales vinculadas con seguridad.

Pero el tramo más político de su exposición llegó cuando presentó el Plan Bandera como una de las principales razones de la mejora de los indicadores de seguridad de Rosario.

Aleart sostuvo que el plan implementado durante la gestión de Patricia Bullrich y continuado por Alejandra Monteoliva había sido determinante para la caída de los homicidios y afirmó que "Rosario está pacificada y es producto del Plan Bandera, de las medidas firmes del presidente de la Nación".

A partir de allí, lanzó un desafío al oficialismo: si el Concejo estaba dispuesto a aprobar un beneplácito por las iniciativas provinciales, también debería pronunciarse sobre las políticas nacionales.

Enumeró, entre otras, la ley de reiterancia, el Registro Nacional de Datos Genéticos, el nuevo régimen penal juvenil, las medidas para impedir el uso de celulares en las cárceles y la resolución del Departamento de Estado estadounidense que modificó el nivel de alerta sobre Rosario.

La discusión, así, dejó de ser solamente provincial y se convirtió también en una disputa sobre quién podía atribuirse los resultados de la política de seguridad en la ciudad.

Este beneplácito no cambia la vida de nadie
La concejala Sabrina Prence, de Nación y Libertad, acompañó el proyecto, pero marcó una diferencia con el tono predominante de su anterior espacio La Libertad Avanza.

Prence también deslizó una crítica política al origen de este tipo de iniciativas. "Entiendo —y esto va sin ánimo de hacer quilombo— que por ahí son órdenes de arriba que reciben, que hay que presentarlos para seguir haciendo buena letra al gobierno provincial", planteó. La concejala cuestionó así que el Concejo termine utilizando su tiempo para celebrar un proyecto que todavía se encuentra en tratamiento en la Legislatura.

Su advertencia no apuntó solamente al contenido del expediente, sino también al papel del Concejo. Consideró que había que tener cuidado de no convertir los beneplácitos en una práctica para respaldar proyectos que todavía no son leyes y cuestionó que el cuerpo legislativo terminara "azotándose con ramos de flores cuando miramos al frente y realmente el país está hecho un desastre, la situación socioeconómica está hecha un desastre, la salud está que explota y nosotros no damos más".

Mientras el debate se concentraba en nuevas herramientas de seguridad, recordó que policías habían reclamado mejoras salariales y sostuvo que las fuerzas de seguridad necesitaban recursos básicos para cumplir su tarea.

Su crítica apuntó además a lo que definió como una "decadencia" de la política y de la calidad de los proyectos. Para Prence, el Concejo estaba corriendo el riesgo de aprobar una declaración que no modificaba la vida cotidiana de ningún rosarino: "Probablemente mañana nos terminen pegando todos porque van a decir: 'El Concejo aprobó un beneplácito para aplaudirle al gobernador Pullaro'. Y con justa razón nos van a pegar, porque realmente no se puede salir a caminar en Rosario sin ver a gente que la está pasando mal".

Y reclamó que la discusión sobre seguridad no se limitara a nuevas facultades represivas, sino que incluyera el fortalecimiento concreto de quienes deben enfrentar al crimen.

La contradicción con los propios criterios del oficialismo
Antonio Salinas, de Ciudad Futura, puso el foco en un aspecto diferente: la naturaleza misma del beneplácito.

Recordó que el oficialismo había sostenido reiteradamente que el Concejo no debía pronunciarse mediante beneplácitos o declaraciones sobre proyectos que todavía se encontraban en tratamiento en otras cámaras legislativas. Por eso consideró contradictorio que este expediente sí hubiera llegado al recinto.

También cuestionó la técnica legislativa. Según Salinas, el título, los vistos y los considerandos no coincidían exactamente con lo que finalmente decía la declaración.

"Lo que estamos debatiendo es el beneplácito por un debate", planteó, retomando uno de los argumentos que había formulado Romero.

Pero Salinas decidió llevar la discusión al terreno jurídico y profesional. Leyó en el recinto un comunicado del Colegio de Abogados de Rosario, institución que —remarcó— había quedado bajo conducción de sectores vinculados a Unidos y La Libertad Avanza.
El comunicado manifiesta su preocupación frente al proyecto de ley y que es su deber advertir que el mencionado proyecto, en los términos en que ha sido presentado, contiene disposiciones que importan un serio retroceso en materia de garantías constitucionales.

La seguridad pública es un objetivo legítimo y necesario, pero debe desarrollarse en el marco de los principios y garantías que sustentan al Estado de Derecho.

En este sentido, el debido proceso y la defensa en juicio mediante la asistencia letrada, independiente y de calidad, constituyen pilares fundamentales de los cuales no podemos apartarnos.
Leyó Salinas, para dejar en claro que las objeciones al proyecto no provenían solamente de la oposición política.

Los datos sobre violencia institucional
La intervención de Norma López, de Comunidad, fue una de las más extensas y argumentadas de la sesión. A diferencia de quienes habían centrado sus exposiciones en la naturaleza política del beneplácito, López comenzó intentando respaldar sus objeciones con datos y antecedentes institucionales.

Recordó que durante la discusión en comisión había sido cuestionada porque sus críticas al proyecto eran consideradas "opiniones" y no hechos verificables. Por eso, explicó, en el recinto iba a presentar información proveniente de organismos oficiales y de instituciones vinculadas con la Justicia y los derechos humanos.

Su primer eje fue la violencia institucional. Citó datos del Ministerio Público de la Defensa según los cuales durante 2025 se registraron 93 víctimas de torturas en cárceles de Santa Fe, con 189 hechos denunciados, y 218 víctimas de violencia policial en la vía pública. También mencionó que 39 personas denunciaron el armado de causas por resistencia a la autoridad y advirtió que solamente una parte de las víctimas se anima a denunciar formalmente por temor a represalias.

López vinculó esos datos con la situación del sistema penitenciario santafesino. Señaló que la provincia tenía una tasa de 351 personas detenidas cada 100.000 habitantes, por encima del promedio nacional, un déficit de alrededor de 3.000 plazas penitenciarias y 43 personas fallecidas bajo custodia durante 2025.

El segundo punto estuvo referido a Naciones Unidas. López citó las observaciones del Comité contra la Tortura de la ONU sobre hechos denunciados en la cárcel de Piñero y mencionó la existencia de reclamos para que el Estado argentino aportara información sobre esas situaciones.

También incorporó datos de la Correpi sobre muertes vinculadas con el aparato represivo estatal y los utilizó para sostener que la discusión sobre nuevas facultades para las fuerzas de seguridad no podía darse sin considerar los antecedentes recientes de violencia institucional.

Luego puso el foco en lo ocurrido después de la última ampliación de facultades policiales. Según relató, durante cinco semanas se produjeron cerca de 4.000 detenciones por falta de documentación, de las cuales solamente una persona tenía pedido de captura. Mencionó en ese punto la intervención del camarista Gustavo Salvador, quien, según su exposición, debió establecer límites judiciales frente a esas prácticas.

El cuarto eje fue el rechazo de sectores profesionales y jurídicos al proyecto. López citó a la Asociación de Abogados Penalistas de Rosario, cuyo presidente, José Nanni, había calificado la iniciativa como un "atropello autoritario". También mencionó al constitucionalista Óscar Blando y al camarista Gustavo Salvador como voces que habían expresado preocupación por las reformas.

A partir de allí llegó al núcleo de su planteo: la Constitución provincial. López sostuvo que las reformas impulsadas por el gobernador Maximiliano Pullaro podían entrar en contradicción con los artículos 14, 15 y 42 de la nueva Constitución santafesina: la prohibición de la tortura y los tratos crueles, la exigencia de orden judicial para ingresar a domicilios y la garantía del hábeas corpus.

También advirtió sobre una posible consecuencia económica. Citando las objeciones de los abogados penalistas, sostuvo que una eventual aprobación del proyecto podría derivar en una multiplicación de planteos de inconstitucionalidad y litigios contra el Estado, con un eventual costo que terminaría siendo afrontado por los contribuyentes.

Para López, por lo tanto, la discusión sobre seguridad no podía reducirse a más patrulleros, cámaras o facultades policiales. Reclamó un Estado capaz de perseguir el delito, pero sometido a controles y garantías democráticas.

¿Cuál es el modelo alternativo?
El concejal Fabricio Fiatti, también de Unidos, retomó la discusión desde una perspectiva política. Primero aclaró que no había realizado señalamientos personales y que cada concejal debía hacerse cargo de las organizaciones políticas a las que pertenece y de sus antecedentes de gestión.

Después defendió el modelo de seguridad provincial y municipal. Para Fiatti, el debate sobre seguridad es demasiado importante como para quedar reducido a una discusión formal sobre el expediente.

Defendió la política penitenciaria de alto perfil, la necesidad de evitar que los presos continúen manejando organizaciones criminales desde las cárceles y la importancia de dotar de herramientas al Ministerio Público de la Acusación.

Pero su pregunta principal estuvo dirigida a la oposición: "¿Cuál es el modelo alternativo?". Fiatti reclamó propuestas concretas y no solamente rechazos a las reformas.

También reivindicó la responsabilidad política del oficialismo y aseguró que el objetivo era continuar transformando el Estado hasta recuperar definitivamente la paz en Rosario.

El concejal cuestionó además la referencia histórica a la dictadura realizada durante el debate y consideró "absurdo" comparar un gobierno democrático con aquella etapa.

La defensa del modelo de seguridad
Anahí Schibelbein, de Unidos por Rosario, defendió el proyecto desde la experiencia cotidiana de comerciantes y vecinos. Se refirió a la caída de los homicidios y a la recuperación de espacios públicos, pero eligió como ejemplo el testimonio de un comerciante rosarino llamado Jorge.

Según relató, el hombre había tenido que trabajar durante años con las persianas bajas por temor a la violencia y ahora podía desarrollar nuevamente su actividad. Para Schibelbein, ese tipo de testimonios debía formar parte del debate tanto como las estadísticas.

También defendió las herramientas tecnológicas implementadas por el Ministerio de Seguridad y sostuvo que la recuperación de la ciudad no podía considerarse algo natural o permanente.

La concejala cuestionó a quienes, según su interpretación, habían tenido responsabilidades de gobierno durante los años más violentos y ahora criticaban las políticas que estaban permitiendo la recuperación de Rosario.

Su intervención reforzó uno de los argumentos centrales del oficialismo: la discusión no debía detenerse en las objeciones jurídicas al texto, sino considerar qué herramientas necesita el Estado para sostener la baja de la violencia.

No estamos acá para hacerle un cumpleañitos a nadie
Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, llevó la discusión nuevamente hacia la naturaleza del proyecto. "Los que no quisieron discutir el fondo son ustedes", sostuvo, en respuesta al oficialismo. "si uno lee la carátula, claramente era un beneplácito por la presentación y tratamiento del proyecto de ley, 

Para Gigliani, el problema estaba en que la carátula presentaba un beneplácito por un proyecto de ley "falta decir que presentó el gobernador Pullaro. ¿Quién lo presenta? El concejal Damián Pullaro, su hermano" y agregó que el texto se limitaba a expresar apoyo al tratamiento de iniciativas.

A su entender, eso dejaba al Concejo frente a una situación paradójica: aprobar un beneplácito por algo que no se estaba votando concretamente. "Nosotros no estamos acá para hacerle ningún cumpleañitos a nadie", resumió.

También cuestionó la utilización de las estadísticas como una competencia política y sostuvo que detrás de los números existen muertes y dolor.

Su intervención incorporó además otras dimensiones de la seguridad: salud mental, pobreza, desempleo, endeudamiento y violencia digital.

Gigliani sostuvo que Rosario necesita políticas públicas integrales y recordó episodios vinculados con el narcotráfico y la política provincial.

También defendió el sistema acusatorio y cuestionó específicamente la posibilidad de tomar declaraciones policiales sin abogado, allanar sin orden judicial o utilizar pruebas obtenidas ilegalmente.

Gigliani también puso el foco en la contradicción política del oficialismo: recordó que varias de las leyes que ahora se pretende modificar fueron creadas durante los gobiernos del Frente Progresista y que el actual intendente Pablo Javkin fue miembro informante de esas reformas en la Legislatura.

"Interpreto yo que en alguna especie de autocrítica están asumiendo que quieren dar marcha atrás", sostuvo. Para la concejala, esa situación explica parte de la incomodidad del oficialismo y cuestionó que el Concejo terminara aprobando un beneplácito que, según planteó, ni siquiera respaldaba explícitamente los proyectos presentados por el gobernador. "Están haciendo como que votan algo que en realidad no están votando", resumió.

Para ella, no se trataba de una discusión ideológica sino de respetar la Constitución y el Estado de Derecho.

Pullaro y López vuelven a cruzarse
Luego de las intervenciones opositoras, Damián Pullaro volvió a tomar la palabra. Su respuesta fue especialmente dura. Consideró "inaceptable" la comparación con la dictadura y sostuvo que las reformas no vulneraban garantías constitucionales.

"No es momento de ser blando, de ser tibio", afirmó, antes de reclamar una posición más firme frente al crimen organizado. También volvió a mencionar al gobierno de Omar Perotti y sostuvo que un retroceso en las políticas de seguridad podía volver a generar incrementos de violencia.

La discusión se volvió entonces más personal, con Pullaro cuestionando a quienes, según él, "hablan mucho y hacen poco".

López pidió nuevamente la palabra para aclarar su posición y respondió a los cuestionamientos que había recibido durante la sesión. Primero rechazó que su posición pudiera ser reducida a una identidad de "panperonismo", como había planteado Anahí Schibelbein. Y luego respondió directamente a Damián Pullaro y Fabricio Fiatti, quienes habían cuestionado su referencia a la última dictadura.

López aclaró que nunca había equiparado un gobierno constitucional con la dictadura cívico-militar-eclesiástica. Su comparación, explicó, apuntaba a advertir sobre las consecuencias de otorgar al Estado facultades represivas sin un marco constitucional adecuado.

También cuestionó la utilización permanente del "fantasma del peronismo y el kirchnerismo" para responder a las críticas y reivindicó el trabajo que distintos sectores políticos habían realizado acompañando a víctimas de delitos, incluso durante gestiones anteriores.

En ese punto intervino María Eugenia Schmuck para recordar que ella también había participado de ese acompañamiento.

López cerró esa parte de su exposición con una crítica política a Fiatti: sostuvo que el oficialismo había modificado el proyecto original de Pullaro porque no podía aprobarlo tal como había sido presentado y consideró que esos cambios habían mejorado su "espíritu democrático", aunque, a su entender, seguían sin incorporar las herramientas necesarias para una política de seguridad pública compatible con las garantías constitucionales.

Así, la intervención de López tuvo dos momentos claramente diferenciados: primero, una extensa argumentación basada en datos, antecedentes institucionales y normas constitucionales; después, las respuestas políticas a quienes habían cuestionado su posición. Esa estructura es importante porque muestra que su intervención no se limitó al cruce político: el núcleo de su rechazo estuvo en las consecuencias que, según planteó, podrían tener las reformas sobre los derechos y el funcionamiento del sistema penal.

Fiatti vuelve a cerrar filas
Finalmente, Fabricio Fiatti retomó la palabra. Reivindicó el modelo de seguridad de los gobiernos de Unidos y sostuvo que no podía existir resignación frente al crimen organizado.

Para el concejal, el objetivo era que las organizaciones criminales y sus integrantes estuvieran presos, pero también que las herramientas estatales permitieran proteger testigos, intervenir ante búnkeres, actuar frente a inmuebles usurpados y responder ante nuevas modalidades delictivas.

"Las líneas tienen que estar claras", sostuvo. Y volvió a plantear que el oficialismo estaba dispuesto a seguir realizando reformas para garantizar que los rosarinos pudieran volver a caminar y regresar a sus casas con tranquilidad.

Una votación que reflejó una división política más profunda
El cierre estuvo a cargo de la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, quien puso el expediente a consideración del cuerpo.

El resultado fue de 16 votos positivos y 9 negativos.

Más allá del resultado formal, el debate dejó varios ejes que excedieron ampliamente el texto del beneplácito:
  • La constitucionalidad de las reformas de seguridad y la tensión entre mayores facultades policiales y garantías individuales.
  • El sistema acusatorio, defendido por la oposición como una conquista institucional frente al viejo sistema inquisitivo.
  • El control judicial de las medidas policiales y fiscales, particularmente en allanamientos, detenciones, interrogatorios e inteligencia.
  • La política penitenciaria, con el oficialismo reivindicando el régimen de alto perfil y la oposición advirtiendo sobre los riesgos de ampliar facultades represivas.
  • La violencia institucional, con López aportando datos y antecedentes de organismos oficiales y organizaciones profesionales.
  • Los resultados de la política de seguridad en Rosario, con Unidos y La Libertad Avanza disputándose buena parte del reconocimiento por la baja de los homicidios.
  • El pasado de las gestiones anteriores, utilizado por el oficialismo para responsabilizar al peronismo por el crecimiento del crimen organizado, y por la oposición para recordar que las actuales leyes que se pretenden modificar fueron impulsadas por gobiernos del propio Frente Progresista.
  • La utilización de los beneplácitos, cuestionada incluso desde sectores que finalmente acompañaron el proyecto.
  • La relación entre seguridad y situación social, introducida por Prence y Gigliani a través de referencias a salarios, pobreza, salud mental, desempleo y endeudamiento.
  • Y, finalmente, la disputa sobre qué significa una política de seguridad democrática: para el oficialismo, un Estado con mayores herramientas para perseguir al crimen; para la oposición, un Estado fuerte pero sometido a controles judiciales y constitucionales.
El expediente terminó aprobado, pero la discusión mostró que el verdadero desacuerdo no estaba en si Rosario necesita seguridad ni en si el Estado debe combatir al crimen organizado. En eso hubo coincidencias.

La diferencia quedó planteada sobre hasta dónde puede llegar el Estado para hacerlo, quién debe controlar esas facultades y qué riesgos está dispuesto a asumir una sociedad que todavía tiene muy presente el pasado reciente de violencia, pero que también reclama respuestas concretas frente al delito.

Y esa discusión, a juzgar por la intensidad del debate en el recinto, recién comienza.

El Concejo Municipal apenas dejó constancia del resultado
El debate no aparece reflejado en la comunicación institucional del Concejo con la dimensión que tuvo en el recinto. Solo en su página web, perdido entre los distintos asuntos tratados durante la sesión, el cuerpo publicó apenas una breve referencia bajo el título "Seguridad pública".

Esa síntesis institucional consigna el resultado, pero omite prácticamente todo lo que convirtió al expediente en uno de los principales debates políticos de la sesión: las advertencias sobre posibles vulneraciones constitucionales, el cuestionamiento al sistema acusatorio, las facultades que podrían otorgarse a la policía, los allanamientos sin orden judicial, los interrogatorios sin defensor, las zonas de intervención policial especial, la política penitenciaria, los datos sobre violencia institucional, las críticas del Colegio de Abogados y las diferencias entre oficialismo, peronismo, Ciudad Futura, Iniciativa Popular y La Libertad Avanza.

Tampoco aparecen en esa comunicación los fuertes cruces políticos que atravesaron la discusión: la acusación de "tergiversación" formulada por Norma López; la crítica de Damián Pullaro a quienes consideró "blandos" o "tibios"; el reclamo de Fabricio Fiatti para que la oposición presentara un modelo alternativo de seguridad; el desafío de Juan Pedro Aleart al oficialismo para que acompañara también las políticas nacionales; ni la advertencia de Sabrina Prence sobre el uso de los beneplácitos.

Mucho menos aparece el resultado de la votación: 16 votos positivos contra 9 negativos.

En otras palabras, registra que el beneplácito fue aprobado, pero deja afuera buena parte de aquello que hizo sustancial la discusión: qué herramientas se le quieren dar al Estado para combatir el delito, qué límites deberían tener esas herramientas y qué riesgos implica avanzar sobre las garantías constitucionales. El resultado quedó publicado; el debate, prácticamente no.

Escuchá el debate completo:

domingo, 12 de julio de 2026

"La Argentina no puede convertirse en una plataforma de negocios": Gastón Borsini y la disputa por la tierra, la producción y el futuro del país

El presidente de la Confederación General de la Producción cuestiona la derogación de la Ley de Tierras, advierte sobre el avance de un modelo extractivo y reclama una mirada federal que contemple a productores, industrias y economías regionales. "El debate no es solamente sobre quién tiene una propiedad, sino sobre qué país queremos construir", sostiene
"No se trata de vender tierra: se trata de decidir qué país queremos construir"
Gastón Borsini, advierte sobre la posible derogación de la Ley de Tierras, cuestiona el modelo de grandes inversiones impulsado por el gobierno de Javier Milei y plantea que detrás de la discusión aparece una disputa más profunda: soberanía, producción y desarrollo federal.

Gastón Borsini preside la Confederación General de la Producción de la República Argentina y es uno de los referentes del Movimiento Productivo 25 de Mayo. Desde hace años trabaja junto a productores, cooperativas, organizaciones rurales y representantes de las economías regionales de todo el país.

En los últimos meses, su voz se transformó en una de las más críticas frente a distintas iniciativas impulsadas por el Gobierno nacional, especialmente en torno a la posible derogación de la Ley de Tierras, el avance del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y lo que define como un proceso de "uberización" del territorio argentino.

En diálogo con Señales, Borsini explicó el sentido de ese concepto, una expresión que, según aclaró, no busca atacar a una empresa tecnológica sino generar una imagen que permita comprender una discusión que considera central.

"'Uberizar' no se usa despectivamente ni para agredir a una empresa. Lo utilizamos para describir una situación y para que la gente entienda el mensaje que queremos transmitir: un país, un Estado, una Nación, no puede convertirse en una plataforma de negocios donde uno aprieta un botón y compra una cadena montañosa con un lago adentro, o consigue treinta años de exención impositiva", afirmó.

Según explicó, la elección de esa palabra busca llamar la atención sobre un proceso que, a su entender, muchas veces queda fuera de la discusión cotidiana.

Sin embargo, evitó responsabilizar a la sociedad por esa falta de debate. Para el dirigente, el problema no es la falta de interés sino la situación económica que atraviesan millones de personas.

"Hay quienes dicen que la población está anestesiada. Yo no lo creo. Gran parte de la gente está ocupada en recalcular su economía todos los días y muchas veces no le queda energía para detenerse unos minutos y analizar problemáticas que afectan al conjunto de los sectores", sostuvo.

Desde su mirada, la discusión sobre la Ley de Tierras fue presentada de manera equivocada, porque se la redujo a una disputa vinculada a intereses particulares.

"Acá no estamos defendiendo la tierra de uno o de varios productores que hacen soja, maíz o trigo. Lo que estamos intentando discutir es la soberanía sobre el territorio continental nacional", remarcó.

Borsini sostiene que el debate no debe centrarse solamente en quién es propietario de una superficie determinada, sino en qué ocurre con los territorios que contienen recursos estratégicos.

En ese sentido, recordó que la legislación vigente no surgió de manera casual y destacó el acompañamiento que tuvo de distintos sectores sociales, entre ellos excombatientes de Malvinas.

A su entender, ese respaldo demuestra que la discusión sobre la tierra tiene una dimensión que supera lo productivo y alcanza una cuestión de carácter nacional.

La disputa por el nombre de la reforma y el sentido de la Ley de Tierras
Uno de los puntos que más cuestiona Borsini es la forma en que el Gobierno presentó el proyecto destinado a modificar la normativa vigente.

Su crítica está puesta especialmente en el nombre elegido para la iniciativa: "Inviolabilidad de la Propiedad Privada".

Para el dirigente, esa denominación instala una discusión diferente a la que realmente está en juego.

"Es como decirle a la población que estamos creando una ley para que no le violen la propiedad privada. Pero eso ya está garantizado por la Constitución Nacional. Nadie quiere que se viole la propiedad privada. Los conflictos de ese tipo existen en todos los países y la Justicia tiene mecanismos para resolverlos", explicó.

Para el dirigente el problema no es la defensa de la propiedad privada, sino qué límites existen cuando una propiedad está vinculada a zonas consideradas estratégicas para el país.

"Hay una intención de confundir a la población para que no se preocupe o directamente no intente defender la legislación vigente", aseguró.

Borsini fue más allá y señaló al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, como uno de los principales impulsores de esa estrategia.

"Creo que el ideólogo, junto con su equipo de trabajo, es el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger", sostuvo.

Para el presidente de la Confederación, la discusión excede una cuestión sectorial.

"Lo que hoy se pone en juego es el modelo de desarrollo del país y el control sobre recursos estratégicos. La tierra no puede reducirse a una cuestión de propiedad individual, porque también tiene una dimensión vinculada a la soberanía nacional", planteó.

Inversiones: la diferencia entre capital y desarrollo productivo
En esa lectura, la discusión sobre la Ley de Tierras no puede separarse del debate sobre qué tipo de inversiones necesita Argentina.

Según explicó, el Gobierno plantea la llegada de capitales como uno de los principales objetivos de sus reformas, pero sostiene que la inversión debe analizarse desde una perspectiva más amplia.

"Cuando se habla de inversiones, desde el Gobierno bajan la línea de que todo lo que se está haciendo es para traer inversiones. Pero nosotros somos la Confederación General de la Producción, una entidad gremial empresaria, así que de inversiones sabemos", afirmó.

Desde su mirada, una inversión no es simplemente el ingreso de dinero a un territorio.

"Todos los años tenemos que producir, reinvertir, vivir, crear trabajo, generar desarrollo y generar arraigo en los pueblos para que los pibes no se vayan, para que sigan existiendo estaciones de servicio, para que sigan existiendo talleres. Eso es inversión", señaló.

Para el dirigente, esa definición es diferente a la lógica que atribuye al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

"Cuando vos le estás diciendo a un sector de magnates que manejan la tecnología, el extractivismo y la inteligencia artificial: 'les voy a dar todos los beneficios, les voy a dar una exención impositiva por treinta años y les voy a liberar todo el territorio nacional para que vengan a hacer lo que quieran', no estamos hablando de inversión", sostuvo.

A su entender, el punto central no es rechazar la llegada de capitales, sino discutir bajo qué condiciones se incorporan al desarrollo nacional.

"Estamos hablando de pérdida de soberanía y de decir: vengan a hacer de la Argentina lo que ustedes quieran", afirmó.

En esa línea, cuestionó que los proyectos vinculados al RIGI no incluyan, según su interpretación, compromisos suficientes en materia de empleo y desarrollo local.

"Que le digan a la población argentina: venimos a invertir esta cantidad de dinero para generar estos puestos de trabajo y acá van a haber mil, dos mil o tres mil familias que van a tener, por lo menos, cinco años de garantía laboral. Eso no existe en ninguno de los proyectos", señaló.

RIGI, recursos estratégicos y el debate sobre el extractivismo
Borsini aclara que no desconoce la existencia de proyectos productivos que se están desarrollando en distintas regiones del país. Menciona especialmente algunas iniciativas vinculadas a Neuquén y a la zona de Vaca Muerta, pero sostiene que esos casos no alcanzan para explicar el escenario general que, según su visión, se intenta instalar.

"Lo que hay son proyectos de marketing y publicidad del Gobierno. Se anuncia que vienen millones, mil millones, que viene todo, pero hasta ahora no se vio nada serio", afirmó.

Para el presidente de organización, la diferencia central está en distinguir entre una inversión que genera una cadena económica permanente y otra que solamente aprovecha recursos disponibles.

"Una cosa es la inversión productiva y otra cosa es este modelo que hoy se convierte en un modelo extractivista", sostuvo.

Desde esa perspectiva, considera que el debate sobre la Ley de Tierras debe analizarse junto con la discusión sobre los recursos naturales y el lugar que ocupará Argentina frente a los grandes capitales internacionales.

En ese marco, volvió sobre la Ley 26.737, conocida como Ley de Tierras, y explicó que, desde su mirada, la normativa no representa un obstáculo para la inversión extranjera sino una herramienta de planificación territorial.

"Lo que se está tratando de implementar es una derogación de la ley actual de tierras. Esta ley protege los lagos, protege la cadena montañosa, protege los ríos y los espejos de agua", explicó.

Su interpretación es que la legislación vigente establece límites para evitar que determinadas zonas estratégicas queden sin ningún tipo de regulación.

"La ley actual, pensando estratégicamente en una integración global, no prohíbe que un extranjero pueda venir a invertir en la Argentina", afirmó.

El dirigente recordó que la normativa permite que hasta un 15 por ciento del territorio continental pueda estar en manos extranjeras y señaló que, según los datos que maneja, actualmente ese porcentaje se encuentra por debajo de ese límite.

"Eso quiere decir que todavía faltaría, apelando a la ley actual, un diez por ciento para extranjerizar", explicó.

Sin embargo, plantea que la discusión no está en la cantidad de territorio disponible sino en cuáles son las áreas que quedan protegidas por la legislación.

"¿Qué pasa? Que faltando un diez por ciento para extranjerizar, igual los inversores o compradores de tierra no vienen porque no está dentro de ese diez por ciento lo que ellos buscan. La ley actual protege lagos, ríos y zonas cordilleranas, que es donde están las tierras raras, los minerales, el oro, el cobre", sostuvo.

Su planteo apunta a que ese es el verdadero eje del debate.

"Hay que ser claros con la población: esta gente no viene a comprar el territorio. Le interesa lo que hay en el territorio", afirmó.

Según su interpretación, una modificación de las reglas actuales podría generar un escenario donde determinados grupos económicos tengan mayor libertad para decidir el destino de recursos estratégicos.

"Compran la inviolabilidad de la propiedad privada. En mi propiedad privada hago lo que quiero, como quiero, con los cuidados que yo quiero. Y una vez que dejo todo explotado, me voy, lo dejo caer y que el Estado haga lo que quiera, porque yo ya saqué lo que tenía que sacar", sostuvo.

Por eso vuelve a utilizar la imagen de la "uberización".

"Es decirle a mil magnates de la tecnología: les estamos poniendo la plataforma continental argentina en un celular para que ustedes, desde su pantallita, puedan apretar dónde quieren invertir, en qué provincia quieren invertir y en qué departamento quieren invertir", afirmó.

"Eso es lo que nosotros llamamos la uberización de la economía nacional", concluyó.

El campo argentino: entre la concentración y la diversidad productiva
Borsini advierte que otro de los grandes problemas del debate económico argentino es la utilización de la palabra "campo" como si representara una única realidad.

Según explica, detrás de ese concepto conviven actividades, regiones y productores con situaciones muy diferentes.

"Cuando se habla del campo, todos piensan que estamos hablando de soja, maíz, trigo y la Bolsa de Comercio de Rosario, pero la verdad es que no es así", señaló.

Analiza el dirigente que esa mirada deja afuera a miles de familias y actividades productivas que sostienen buena parte del interior argentino.

"El campo es la frutilla de Coronda, la yerba de Misiones, la uva de Mendoza, San Juan o Salta. Es todo el territorio que produce alimentos para la población interna y también para exportar", afirmó.

Desde su perspectiva, es necesario diferenciar entre sectores porque no todos enfrentan los mismos problemas ni tienen las mismas necesidades.

"Hay que empezar a inventar palabras para referirnos a ciertos sectores. Está el sector granario, que es un sector totalmente concentrado y que hoy está representado por las cuatro entidades que conforman la Mesa de Enlace", explicó.

En su análisis, plantea que esa representación concentra buena parte de sus reclamos en la cuestión impositiva.

"Su único programa es pedir una quita de retenciones", sostuvo.

Frente a esa mirada, ubicó el trabajo de la entidad, que busca —según explicó— poner en discusión las dificultades de productores pequeños y medianos, cooperativas y economías regionales.

"Nosotros tratamos de visibilizar y generar políticas, generar diálogo con la política para interiorizarla sobre los verdaderos problemas que tienen todos esos sectores", señaló.

Uno de los puntos que más preocupa al dirigente es la pérdida de productores y la concentración creciente de la actividad.

A su entender, no alcanza con observar cuánto se produce si no se analiza quiénes producen y qué sucede con las comunidades donde esas actividades se desarrollan.

"Podés tener un número que te dice cuántas toneladas de soja se producen en Argentina, pero nosotros te estamos diciendo que la contrapartida de esas toneladas es que diez mil productores agropecuarios se caen del sistema año tras año", afirmó.

En esa línea, cuestionó que muchas veces el debate público se centre en los volúmenes de producción y no en la permanencia de las familias productoras.

"Muchos medios hablan de que hay que aumentar la producción, pero en ningún momento ponen el ojo en sostener a las familias productoras. Y ahí tenemos un riesgo: concentrar cada vez más la producción en muy pocos sectores", advirtió.

La preocupación central pasa porque esa concentración puede modificar incluso la estructura social del interior del país.

El temor, sostiene, es que Argentina avance hacia un modelo donde la producción aumente pero con menos actores y menos arraigo territorial.

La amenaza de una Argentina agroimportadora

El dirigente plantea que el riesgo no es solamente económico sino también cultural y estratégico.

Argentina, recordó, fue históricamente reconocida por su capacidad para producir alimentos.

Durante décadas se habló del país como una nación agroexportadora, aunque ese concepto generó discusiones sobre cómo se distribuían los beneficios de esa producción.

Sin embargo, Borsini advierte que el escenario futuro podría ser completamente diferente.

"Siempre se habló de la Argentina agroexportadora y eso muchas veces generó ruido en la población. Pero la realidad es que dentro de unos años podemos estar discutiendo una Argentina agroimportadora", afirmó.

Para el dirigente, que un país con las condiciones productivas de Argentina deba importar alimentos que puede producir internamente sería una contradicción profunda.

"Si no hacemos algo, dentro de un par de años vamos a estar discutiendo cómo importamos uva, cómo importamos naranja y cómo importamos alimentos que podemos producir acá", sostuvo.

Su preocupación no apunta solamente al sector agropecuario, sino al impacto que una pérdida de capacidad productiva tendría sobre las economías regionales y las comunidades vinculadas a ellas.

"Sería un ridículo para toda la población mundial", concluyó.

El potencial industrial argentino y el riesgo de una economía sin fábricas

En las exposiciones agroindustriales suele ponerse en primer plano la capacidad productiva argentina. Uno de los ejemplos más visibles es el denominado "triángulo de los fierros" del sur de Santa Fe, una región donde se concentra buena parte de la fabricación de maquinaria agrícola nacional, con localidades como Armstrong, Las Parejas y Las Rosas como protagonistas.

Para Gastón Borsini, esos encuentros muestran una fortaleza que debe ser cuidada, aunque advierte que detrás de esa imagen existe una realidad más compleja.

"Desde la Confederación y desde todos los sectores vinculados a la producción festejamos y celebramos que puedan hacerse estas mega exposiciones, que el industrial, el taller, el inversor y el argentino que produce puedan lucirse mostrando lo que fabrica", sostuvo.

Sin embargo, plantea que muchas empresas atraviesan una situación difícil y que, en algunos casos, la presencia pública no refleja completamente la realidad interna.

"Hay muchos que están haciendo una muy buena campaña de marketing para tratar de sostener ficticiamente algo que llevan en el corazón y no quieren dejar caer", afirmó.

Según explicó, detrás de esa situación hay fábricas con menor nivel de actividad, caída de ventas y reducción de estructuras laborales.

"Hay fábricas que están invirtiendo mucho en publicidad y tratando de mantenerse en las tapas de las revistas de producción, pero la verdad es que no están vendiendo nada. Y eso tenemos que aclararlo", señaló.

La apertura comercial profundiza ese escenario porque muchas industrias nacionales deben competir con productos importados sin las mismas condiciones, sostiene Borsini.

Uno de los puntos centrales de su crítica está relacionado con el ingreso de maquinaria extranjera, especialmente proveniente de China, y también con la posibilidad de incorporar equipos usados.

"Parte de la desregulación permite que entre maquinaria usada como si Argentina fuera un país que necesitara de esas máquinas", explicó.

En ese contexto, cuestionó la idea de que la incorporación de equipos más baratos siempre representa un beneficio.

"Una máquina usada a mitad de precio puede ser una buena noticia para algunos productores, pero hay que entender que esa es la contrapartida de no tener una industria nacional", afirmó.

Según su mirada, el problema aparece cuando una ventaja individual termina generando un costo colectivo.

"Yo puedo beneficiar a un productor que concentra tres, cuatro, cinco o seis mil hectáreas de soja, maíz y trigo, pero estoy dañando quizás a una localidad entera, a una industria entera que tiene cien, doscientos o trescientos empleados", sostuvo.

Para Borsini, el desarrollo no puede medirse solamente por la eficiencia económica de algunos sectores, sino por la posibilidad de generar trabajo y sostener comunidades.

"La economía es la administración de la casa y donde todos puedan llegar a tener un trabajo sustentable: llevar un plato de comida a la mesa, planear unas vacaciones, comprar bienes para su familia", afirmó.

Desde esa perspectiva, vuelve sobre el concepto que atraviesa toda la entrevista.

"Si beneficio a un solo sector de la economía, pero la contrapartida es que una industria cierre, deje doscientos empleados en la calle y esas personas tengan que ir a trabajar de Uber, ahí está justamente el título de lo que nosotros estamos queriendo decir: una uberización de la economía", sostuvo.

Otra mirada sobre la producción: entender las causas detrás de los números

Desde el espacio productivo, Borsini sostiene que una de las principales diferencias respecto de otras entidades productivas está en la forma de analizar los problemas.

Según explicó, no se trata de una cuestión de nombres o enfrentamientos institucionales, sino de una mirada diferente sobre la realidad económica.

"Nosotros no queremos hacer una diferenciación despectiva por el nombre o por la propaganda de la entidad. Pero sí tenemos una forma distinta de mirar las cosas", explicó.

Para ejemplificarlo, recordó una conversación con un periodista de un medio nacional que, según relató, le planteó que una problemática productiva necesitaba estar acompañada por estadísticas para poder ser publicada.

"Me dijo: 'Si vos no tenés números y estadísticas para desarrollar esa explicación técnica que me estás dando, no me van a dejar publicar la nota, por más que yo coincida en un cien por ciento con lo que estás diciendo'", contó.

Borsini considera que muchas veces el debate queda limitado al dato final y no analiza las causas que explican esos resultados.

"Nosotros queremos saber por qué están pasando ciertas situaciones y cómo solucionarlas", afirmó.

Para explicarlo utilizó una comparación con una problemática social.

"A mí no me interesa saber cuál es la tasa de suicidios que hay en la Argentina. Me interesa saber por qué se suicidan para saber cómo resolverlo", sostuvo.

Aplicado al sector productivo, su planteo es que una cifra positiva puede esconder problemas estructurales.

"Podés tener un número que te dice cuántas toneladas de soja se producen en Argentina, pero nosotros te estamos diciendo que la contrapartida de esas toneladas es que diez mil productores agropecuarios se caen del sistema año tras año", señaló.

Para el dirigente, esa mirada muchas veces no encuentra espacio en los grandes medios nacionales.

"Es muy difícil instalar una verdadera voz y lograr que esto se replique y se difunda", afirmó.

Por eso destacó el papel de los medios regionales y del interior.

"Si no fuese por el acompañamiento de medios como el de ustedes, las radios regionales y los portales regionales, esto no lo vas a ver en las pantallas de los canales que concentran la información nacional", sostuvo.

El reclamo a los legisladores y la búsqueda de una discusión federal sobre la tierra

La Confederación General de la Producción viene impulsando reuniones con funcionarios, diputados y senadores para instalar su postura sobre la Ley de Tierras y la situación de las economías regionales.

Borsini reconoce que hasta ahora esos contactos fueron informales y que buscan avanzar hacia un debate más institucional.

"Nosotros mantenemos diariamente diálogo con legisladores provinciales, con legisladores nacionales, con algún ministro y exministros. El problema es que son diálogos con una informalidad y una precariedad tremenda", explicó.

Por ese motivo, la entidad impulsa una coalición federal en defensa de la tierra, integrada por organizaciones productivas y otros sectores sociales.

"La coalición federal en defensa de la tierra está integrada por varias entidades y referentes de sectores productivos, excombatientes de Malvinas, parte de la Iglesia, exfuncionarios, diputados nacionales que trabajaron en la autoría de la ley actual y el Observatorio Nacional de Tierra", señaló.

El objetivo, explicó, es que los senadores puedan escuchar esos argumentos antes de definir una postura legislativa.

"Queremos que por lo menos escuchen cuáles son las opiniones de estos sectores, para que puedan tener un criterio de cómo piensa gran parte de la población que está interiorizada en este tema", afirmó.

Desde Santa Fe, puso especial atención en la posición de los representantes de la provincia.

Mencionó al senador Marcelo Lewandowski, quien según Borsini manifestó una postura contraria a la modificación de la Ley de Tierras, aunque aclaró que habrá que esperar el momento de la votación.

También cuestionó la falta de definiciones públicas de Carolina Losada y Eduardo Horacio Galaretto.

Sobre Losada, relató una situación que, según su interpretación, refleja una distancia con la realidad territorial santafesina.

"No lo digo despectivamente. Lo digo para que la gente pueda interpretar a qué nos referimos cuando hablamos de estar fuera de una realidad", aclaró.

En relación con Galaretto, cuestionó una respuesta recibida desde su entorno respecto del voto del senador. Le transmitieron que el legislador seguiría la decisión del bloque político al que pertenece.

"Nos dijeron que él iba a utilizar su voto según lo que el bloque le bajara como línea, porque él es médico, no entiende de esto y no puede tener un criterio propio", relató.

Para el dirigente, esa situación plantea un problema institucional.

"El título de senador o el cargo de senador no puede utilizarse solamente desde el oficio personal. No puede ser que porque mañana me eligen senador y soy productor agropecuario solamente voy a votar sobre lo que conozco y no voy a interiorizarme sobre otras problemáticas", afirmó.

Desde su mirada, quienes ocupan cargos legislativos tienen la responsabilidad de estudiar los temas sobre los cuales deben decidir.

"Por eso es necesario hablar con los tres senadores. No se trata solamente de una discusión política, sino de la responsabilidad que tienen quienes fueron elegidos para ocupar esos cargos", sostuvo.

Con ese planteo cerró la entrevista, insistiendo en que la discusión sobre la tierra, la producción y las economías regionales no debe limitarse a un sector específico, sino pensarse como parte del futuro económico y territorial de Argentina.

Escuchá la entrevista completa:

domingo, 13 de julio de 2025

La salida a la crisis de representación: piden una participación real en la reforma de la Constitución de Santa Fe

Gino Svegliati – Convencional Constituyente, director de Integración Territorial y Comunitaria del Ministerio de Cultura de Santa Fe y politólogo – dialoga en Señales en la antesala de la sesión inaugural del lunes 14 de julio a las 10, cuando se votará el reglamento y comenzarán a funcionar las comisiones. En esta entrevista, el convencional constituyente más joven de la reforma constitucional de Santa Fe, con 27 años, reflexiona sobre su rol generacional, los desafíos del proceso, la necesidad de una participación ciudadana real, los límites del debate con sectores conservadores y el potencial transformador de temas como salud mental, democracia digital y educación sexual. Con una mirada crítica pero constructiva, apuesta a que la nueva Constitución sea una herramienta para ampliar derechos y acercar la política a la ciudadanía.
Sos el convencional más joven de la Convención. ¿Cómo vivís el desafío de representar no solo a tu fuerza política, sino también a una generación que muchas veces no se siente escuchada por las instituciones?

Es un momento histórico. No hay una representación generacional amplia en la Convención. Está Candela Rodríguez de La Libertad Avanza, a quien vi un par de veces pero con quien aún no tuve la oportunidad de debatir. También está Lucila De Ponti, que ronda los 40 años. Pero en general, hay un vacío en cuanto a la voz de nuestra generación.

Desde mi lugar, fue una grata sorpresa —más que sorpresa, una alegría— saber que dentro del socialismo había un espacio para que una persona joven ocupe este rol. Y no se trata solo de una renovación de nombres o caras, sino de poder pensar el mundo con la mirada puesta en los próximos años, en las generaciones que vienen.

Hay que tener en cuenta que la reforma constitucional que estamos por encarar va a marcar no solo la vida política e institucional, sino también los derechos, las garantías y los vínculos sociales de la provincia durante las próximas décadas. Tal vez 20, 30 o 50 años. Y nuestra generación va a ser la que viva con más intensidad y por más tiempo esos cambios.

La constitución no cambia las cosas de un día para el otro, pero sí traza el horizonte hacia donde queremos que vaya el Estado. Por eso, asumo este desafío con mucha responsabilidad y con el entusiasmo de poder aportar una mirada que represente a quienes muchas veces no son tenidos en cuenta.

Ustedes en mayo lanzaron La previa de la reforma, un espacio abierto y participativo. ¿Qué conclusiones sacaron? ¿Qué se debatió?
La previa de la reforma fue una iniciativa que impulsamos junto a Daiana Gallo Ambrosis, también convencional constituyente, con la idea de abrir el debate a la ciudadanía antes del inicio formal de la Convención. Creemos que hubiese sido muy importante que todos los convencionales nos tomáramos este tiempo previo al 14 de julio para convocar a la sociedad. Lamentablemente, no fue así en todos los casos.

Desde nuestro lugar, pensamos esta instancia como una especie de “cabildeo” previo, donde la gente pudiera ser protagonista. Porque si no, el riesgo es que la reforma constitucional quede como un debate cerrado entre convencionales, ya sea desde posiciones personales o partidarias. Y nosotros creemos que ese músculo social, ese anclaje territorial, es clave para llevar al debate las ideas reales del pueblo santafesino.

En este camino recorrimos la provincia y conversamos con más de 1.500 personas. Generamos espacios similares a audiencias públicas, rondas de diálogo, comisiones temáticas. Trabajamos con centros de estudio, organizaciones sociales, y también recibimos propuestas de una gran variedad de actores que nos venían buscando para compartir proyectos y buscar acompañamiento.

La experiencia fue sumamente positiva. Estamos en proceso de sistematizar toda esa información, pero ya llevamos realizados unos 30 encuentros en distintos puntos de la provincia. Hablamos sobre temas como salud, educación, cultura, ambiente, juventudes, trabajo… una agenda muy diversa que refleja las preocupaciones y esperanzas de los santafesinos y santafesinas.

A partir del lunes, ¿habrá mecanismos de participación ciudadana que puedan incidir en el texto final de la reforma?
Sí. El lunes esperamos aprobar el reglamento que definirá la dinámica de funcionamiento de toda la Convención, y hay un consenso bastante amplio entre todos los espacios políticos sobre la importancia de que esta primera etapa sea abierta a la comunidad.

Esto significa, por un lado, que cualquier vecino o vecina, organización social, partido político o convencional podrá presentar proyectos para que sean considerados. Aún no se definió el plazo exacto, pero se estima que habrá una o dos semanas para la presentación de propuestas. Luego, las comisiones temáticas serán las encargadas de convocar a distintos actores e instituciones vinculadas a cada temática para enriquecer el debate.

Al menos, esa es la intención compartida: que esta Convención arranque con un proceso de escucha activa y participación amplia.
¿Podemos esperar en la nueva Constitución herramientas nuevas como plebiscitos, consultas populares vinculantes o revocatorias de mandato?
Seguramente sí. Hay una comisión que va a trabajar específicamente estos temas, que además están habilitados por la Ley de Necesidad de Reforma de la Constitución. Esa habilitación marca un sentido claro: repensar la democracia y abrir paso a mecanismos de participación directa.

Para mí, eso es fundamental. Hoy vivimos una crisis de representación profunda. Hay una porción importante de la ciudadanía que ya no se siente convocada a votar, o que no se ve representada por quienes elige. Y frente a eso, algunas respuestas desde la política son restrictivas: eliminar elecciones intermedias, votar menos, participar menos. Yo creo que eso va en contra de la democracia.

La salida a esta crisis no es menos participación, es más. Más política, más democracia, más herramientas reales de participación. Hablamos de plebiscitos, consultas populares, audiencias públicas, la posibilidad de que la ciudadanía presente proyectos de ley y que esos proyectos sean efectivamente tratados. Pero no como una formalidad, sino como una participación que tenga impacto y pueda cambiar las cosas.

Eso, creo, puede volver a generar vínculo entre la sociedad y la política pública. Porque son herramientas que devuelven poder a la gente, no solo para elegir representantes, sino también para opinar y decidir sobre los grandes temas que afectan a sus vidas y comunidades.

En distintas notas hablaste sobre salud, inteligencia artificial, juventudes, cultura. ¿Cuáles son los puntos que sí o sí tienen que tener mayor profundidad y estar en el nuevo texto constitucional?
Todos esos temas, y seguramente muchos más. Vamos a reformar de forma parcial más de 40 artículos, por lo tanto, es fundamental que haya un hilo conductor, una mirada común que atraviese todo el trabajo de la Convención. No creo que haya temas más o menos importantes en términos absolutos, pero sí es natural que cada convencional ponga el foco en aquellos temas que ha trabajado más o que lo tocan más de cerca.

En mi caso, hay algunos ejes que me parecen clave. Uno es la salud, sin dudas. Hoy no podemos seguir pensando la salud con el mismo enfoque de hace 60 años, centrado solo en lo biológico o lo físico. Necesitamos una mirada integral, que incluya la salud mental, la salud ambiental, incluso la salud animal. La salud mental en particular es urgente, sobre todo en las juventudes, donde se ve reflejada en cifras alarmantes de suicidios, que en muchos lugares ya superan incluso las muertes violentas. Lo mismo con el consumo problemático, las adicciones, la ludopatía. El Estado tiene que asumir un rol activo, con estructura, recursos, políticas públicas sostenidas y en articulación con organizaciones e instituciones que ya vienen trabajando en estos temas.

Otro eje importante es el mundo digital. Hoy muchos conflictos se trasladaron a lo virtual: el bullying, el acoso, el grooming. Y el Estado está prácticamente ausente en ese plano. Necesitamos un marco constitucional que reconozca la existencia de ese territorio digital, lo regule, lo proteja, y también promueva el acceso y la inclusión con eficiencia y transparencia.

También me parece fundamental que la nueva Constitución incluya una mirada más actualizada sobre salud sexual y educación sexual. En Santa Fe venimos con una tradición de trabajo en torno a la ESI, y sería muy importante que esa perspectiva quede consagrada en el texto constitucional, especialmente en el apartado educativo. Hoy estamos frente a problemáticas como el aumento de enfermedades de transmisión sexual —por ejemplo, la sífilis— que ya se vive como una pandemia silenciosa.

Entonces, creo que ese tipo de cuestiones tienen que quedar reflejadas. Y en definitiva, eso es lo que nos va a permitir tener una Constitución acorde a los tiempos que corren, que sirva como base sólida para los gobiernos que vengan. Una plataforma de acuerdos básicos que no se pueda romper con cada cambio de gestión, y que obligue a caminar en una dirección común.

Eso me parece lo más interesante: que podamos dejarle a la provincia —que ha tenido una estabilidad política importante— una Constitución moderna, robusta y consensuada, incluso en un país que en los últimos años ha sido tan inestable en esta materia.
Se presentó una propuesta firmada por distintas organizaciones sociales para que el nuevo Artículo 11 incluya el derecho a la comunicación, el acceso a la información pública, la distribución equitativa de la pauta oficial, y el respeto por la diversidad cultural y de pensamiento. ¿Cómo ves esta iniciativa?
La vi. Me la hizo llegar hace unos días la gente de la querida Biblioteca Popular Pocho Lepratti —Carlos Núñez y compañía— y también me llegó a través del Sindicato de Prensa de Rosario. Me parece una muy buena propuesta. Es justamente el tipo de iniciativas que deberían ingresar a la Convención cuando se habiliten las instancias de participación por parte de la comunidad.

Además, el respaldo de firmas le da una fuerza institucional muy importante. No es lo mismo que la idea la presente una sola persona que hacerlo con el apoyo de tantas organizaciones con años de trayectoria en el tema. Por eso creo que sería fundamental que puedan ser convocados a las comisiones temáticas correspondientes para exponer y defender sus planteos. Personalmente, coincido con la mayoría de los puntos y con el espíritu general de la propuesta.

Dicho esto, también creo que hay que tener en cuenta que la Constitución funciona como un paraguas, un marco general. El desafío será incorporar muchas de estas miradas ciudadanas e institucionales sin caer en una Constitución meramente declamativa o descriptiva. La clave está en que sea una Constitución clara, concreta, con fuerza normativa.

Y lo que no entre en esta reforma, no significa que se pierda. Una vez finalizada la Convención —que, si se extienden los plazos como se espera, será alrededor del 12 de septiembre— se abrirá una etapa clave: la de legislar. Tendremos que pensar y construir leyes que traduzcan el nuevo texto constitucional en políticas públicas efectivas.

Ese proceso también va a necesitar participación, ideas y continuidad. Probablemente haya puntos que queden afuera, nos va a pasar a todos. Pero lo importante es que podamos proyectar esa agenda en los próximos años y generar leyes que estén a la altura de los principios que se definan ahora.

De mi parte, todo el acompañamiento posible, y por supuesto, vamos a seguir en contacto para trabajar en esta propuesta y en otras que vayan surgiendo.
No es una cuestión de prejuicio, pero entre los 69 convencionales constituyentes uno puede notar una mayoría de personas —incluso dentro del espacio de Unidos— con ideas más cercanas a la derecha. Y eso preocupa, sobre todo respecto de muchos de los temas que hablamos hasta ahora. ¿Cómo te preparás para un debate que, en algunos casos, ni siquiera se quiere dar? Donde pareciera que ya hay frases hechas, bajadas de línea, sin espacio real para discutir.

Mirá, la experiencia que tengo dentro del bloque de Unidos —donde somos 33 convencionales— es que hay una fuerte diversidad interna. De esos 33, somos 7 socialistas, lo cual no es un número menor. Unidos es una coalición profundamente heterogénea, con una amplitud ideológica que, me animo a decir, es muy similar a la que se ve en el bloque del peronismo.

En el bloque peronista, por ejemplo, conviven figuras como Armando Traferri y Juan Monteverde, que expresan dos visiones muy distintas del panperonismo. Y en Unidos ocurre algo similar: hay posiciones que van desde la centroizquierda hasta sectores más cercanos al centro-derecha. En ese marco, lo que se construye son alianzas programáticas, no uniformidad.

Entonces, creo que el desafío está en cómo articulamos acciones estratégicas entre fuerzas que, a pesar de las diferencias, tienen voluntad de diálogo. El peronismo ha mostrado algunos gestos en ese sentido. Y me parece clave que, entre las fuerzas racionales —como me gusta decir— podamos construir una propuesta de Constitución que sea útil para la gente. En eso, tanto el socialismo como el radicalismo, e incluso sectores del peronismo, tienen mucho que aportar.

Ahora bien, también es cierto que va a haber complejidades. Particularmente con dos bloques: La Libertad Avanza y el espacio de Amalia Granata. Y lo digo con claridad, porque creo que no tienen una propuesta real de reforma constitucional. No creen que esta Constitución necesite aggiornarse, sino que, al contrario, entienden que la de hace 63 años ya era demasiado progresista para su época.

Entonces, su objetivo no es construir una nueva Constitución para el futuro, sino, muchas veces, operar políticamente, poner a Unidos en jaque, o incluso utilizar la Convención para disputar el liderazgo del gobernador. Y eso responde a intereses particulares, no al espíritu constituyente que debería guiar este proceso.

De todos modos, quiero destacar algo que me parece muy positivo: hoy hay un debate abierto, no solo entre partidos, sino también dentro de los bloques. Cada uno plantea públicamente lo que piensa, desde su historia, su ideología o su territorio. Y eso es sano. Ojalá el debate pueda realmente "convencionalizarse", es decir, que se dé con argumentos, con tiempo, con respeto, sin bajadas de línea cerradas desde un lado o el otro.

No le tengo miedo al debate. Creo que va a ser necesario tejer alianzas dentro de los bloques, entre bloques, y también con otras fuerzas. Porque si logramos que los temas importantes estén sobre la mesa, y que se discutan de verdad, va a haber muchas más posibilidades de que salgan adelante.

Y no comparto la idea de que haya una mayoría "de derecha". Porque tampoco hay una articulación real entre los sectores más duros, como La Libertad Avanza y Granata. Sabemos que incluso entre ellos hay tensiones internas fuertes. Así que, más que una mayoría ideológica cerrada, lo que veo es una composición diversa, con mucho por debatir y también con margen para construir consensos.
Hay temas que confluyen en varios ejes, como la salud sexual y la Educación Sexual Integral. Sabemos que ahí va a haber que dar batalla, y fuerte.
Sin duda, sin duda. Es un terreno donde hay que plantarse con mucha claridad. Pero también es cierto que ya tenemos un punto de partida importante: la Ley de Necesidad de Reforma establece un piso de discusión. Y dentro de Unidos —que somos la primera mayoría en la Convención— ese piso fue parte del acuerdo político que asumimos desde el comienzo.

Ese marco no solo define qué se puede discutir, sino que también marca un sentido. Por ejemplo, cuando se plantea que la Caja de Jubilaciones de los trabajadores provinciales no sea transferible, ahí hay un mensaje claro: hay temas que forman parte del consenso de base, y vamos a ir a fondo para garantizar que se sostengan.

Desde el bloque socialista venimos trabajando muy activamente para que ese piso no solo sea un límite, sino también una guía de avance. Y ahí quiero destacar el enorme trabajo que hicieron nuestros compañeros en la Cámara de Diputados para que esa ley saliera con un enfoque progresista. Gracias a eso, hoy tenemos una hoja de ruta que nos permite encarar esta reforma con responsabilidad y con una visión de futuro.

Así que no se trata de que puedan surgir sorpresas o "martes trece" en cada artículo. Porque si cada punto se debatiera como si no hubiera ley previa, la reforma perdería sentido. Al contrario, lo que estamos construyendo —y ojalá lo logremos— es una Constitución mejor que la actual, más moderna, más justa, más acorde al tiempo que vivimos. Y sin dudas, más progresista y mejor de la que hoy tenemos.
Convocatoria de la Multisectorial por una Reforma Constitucional con Participación Ciudadana
La Multisectorial por una Reforma Constitucional en Santa Fe, integrada por diversos colectivos de la sociedad civil, convoca a los medios de comunicación y a toda la población de la provincia a una conferencia de prensa que se realizará el lunes 14 de julio a las 9:30 horas en la explanada de la Legislatura provincial, ubicada en Av. Gral. López 3055, en la ciudad de Santa Fe.

En el marco del inicio de la Convención Constituyente, la Multisectorial proclama: "Nada sobre el pueblo santafesino sin el pueblo santafesino", posicionándose como Comunidad Constituyente y reclamando mecanismos efectivos de participación ciudadana.

El objetivo de esta conferencia es presentar el trabajo que vienen desarrollando los distintos colectivos que conforman la Multisectorial, para que la nueva Carta Magna santafesina incluya derechos humanos, feministas y transfeministas; los derechos de la comunidad LGBTI+; derechos ambientales, previsionales, laborales y sindicales; derechos culturales; así como los derechos de pueblos originarios y afrodescendientes, personas con discapacidad, y también el derecho a la ciudad, a la salud pública, a la educación, y de las infancias y juventudes.

lunes, 14 de febrero de 2022

Debate: Enfrentar el monopolio de la información fortalece la democracia

Si la alimentación, en parte determina nuestro estado de salud física y mental, podríamos inferir que socialmente, gran parte de las calorías que ingerimos, la aportan la inmensa información que nos llega a través de las distintas plataformas digitales -redes sociales, blog, portales web-, y las tradicionales como la gráfica, radio, TV y cine, adaptadas a las nuevas tecnologías.

Sin caer en el encantamiento de un relato bien contado, siempre es bueno hacer el ejercicio de analizar cada noticia que llama nuestra atención, cuestionar si tenemos la capacidad de digerir tal ingente cantidad de información, se perfila como un primer paso, pero, ¿Qué filtros usamos para analizarla? ¿Aceptamos todos los contenidos como la verdad revelada? ¿Somos seres críticos de las noticias que consumimos? ¿Estas nacen de manera espontánea o existen usinas encargadas de diseñar la agenda diaria? Por otro lado, ¿Cómo afecta al conjunto de la sociedad la construcción de la información? ¿Alguna vez, nos hicimos estas preguntas? Seguramente la respuesta es sí. Hay muchas más que podríamos pensar, pero a los fines prácticos, estas nos alcanzan para introducirnos en el tema.

De mi infancia recuerdo ser consumidor pasivo de programas radiales por la mañana, noticieros televisivos al mediodía, tarde y noche, el diario de los domingos y más tarde, testigo de la transformación que estos tendrían, en especial a partir de la década de 1990 con la privatización de los principales medios televisivos y radiales de Buenos Aires.

Ya como activo lector de noticias, y gracias al surgimiento de internet a mediados de la década de 1990, con el inconmensurable aporte de medios alterativos y alternativos, más un abanico de chats y foros de discusión que permitían conocer realidades parciales de otros países y continentes, sumado a la coyuntura político social de entonces, fui configurando un espíritu crítico sobre el papel de los medios.

Pero no fue hasta 2002, más específicamente en las horas posteriores a los crímenes de Kosteki y Santillán -26 de junio-, en la estación Avellaneda, y el ocultamiento de evidencia fotográfica que delataba el accionar de las fuerzas policiales en complicidad con los gobiernos nacional y de provincia de Buenos Aires, que la sociedad pudo dimensionar con mayor amplitud el papel de los principales medios formadores de opinión.

Si la crisis política de 2001 atravesaba a todos los poderes del Estado, y se palpaba cierto malestar social sobre el rol de los grandes medios, la “masacre de Avellaneda” no hizo más que profundizar la crisis de credibilidad de estos emporios mediáticos.

De esta manera, el nuevo siglo, con el devenir de las nuevas plataformas digitales, logró poner al desnudo el rol de las corporaciones mediáticas y dar luz a medios comunitarios que se multiplicaron por todo el país, dando voz a quienes no la tenían.

Fue una hermosa primavera, que, más allá de la “Ley de Medios”, herramienta fenomenal para el sostenimiento, mantenimiento y promoción de medios comunitarios, y la buena intención de hombres y mujeres de prensa en su compromiso por acercarse a la verdad, no pudo con el mercado de la comunicación, y la impronta a nivel mundial de las redes sociales, donde los algoritmos jugaron un papel central en la distribución de la información y el tablero político global, limitando la diversidad de la información que llega a nuestras pantallas, afectando la libre circulación de las noticias.

Si bien, en la actualidad, estos algoritmos están sufriendo cambios drásticos debido a los cuestionamientos de organismos no gubernamentales y organizaciones civiles, aún hoy, quienes somos usuarios de redes sociales, podemos advertir que hay noticias u opiniones que están vedadas en nuestras cuentas -o al menos no se muestran-, por tratarse de reflexiones o pensamientos opuestos a los nuestros.

En síntesis, estas líneas no buscan, aunque en principio así lo parezca, cuestionar el rol de los emporios mediáticos y redes sociales, que bien tienen ganadas las críticas.

La propuesta consiste en ejercitar el pensamiento crítico de cada noticia que llega a nuestras manos, sea afín o contraria a nuestros ideales. Desglosar la información, analizar su origen, a quién o quiénes afecta y/o beneficia. Pasar de ser consumidor a prosumidor de noticias, es una aspiración deseable, que invita a la construcción de una agenda colectiva y procura reflejar la variedad de pensamientos, lejos de lo que proponen las corporaciones mediáticas que monopolizan los temas de interés y los algoritmos, que terminan por aplastar la rica diversidad de ideas que existen en toda sociedad.

Finalmente, una comunidad que ponga en práctica el ejercicio transformador de pensar, será capaz de convertir esas calorías en nutrientes que nos permitan fortalecer la libertad de prensa y, en consecuencia, la democracia.
Secretaría de Comunicación
Partido Socialista de Río Negro

viernes, 15 de octubre de 2021

Elecciones 2021, capítulo Santa Fe: Sin todas las voces no es debate

"En estos días eltrestv está organizando un debate entre candidatos/as a diputados/as y senadores/as nacionales incluyendo solamente a 3 de las 9 fuerzas políticas que buscarán un lugar en el congreso de la nación este 14 de noviembre", alertó el Frente #SoberaníaPopular, criticó esta decisión y marcó: "sin todas las voces no es debate".
 
En un comunicado subrayaron: "La población santafesina se merece escuchar todas las propuestas, en pos de enriquecer el proceso democrático de elección".

El Frente que lleva a Carlos Del Frade como candidato señaló: "Lo más grave es que esto sucede en el marco de que los espacios en los medios de comunicación están monopolizados por las grandes estructuras partidarias que destinan gigantescas sumas de dinero para tener lugar en estos medios".
Para finalizar llamaron a las distintas fuerzas a acompañar esta propuesta: "porque sin todas las voces
#NoEsDebate". En redes varios preguntaron por que el canal público Santa Fe Canal no se ofreció para organizar los debates. Vale apuntar que desde la gestión de Omar Perotti el medio público levantó el programa periodístico Tres Poderes, dónde se daban esos espacios de intercambios de posturas, y el noticiero no brinda espacios para conocer las propuestas de todos los candidatos y las candidatas.

También, desde el Frente de Izquierda reclaman un debate con todos los candidatos y candidatas televisado por el canal público Santa Fe Canal (ex 5RTV) y los canales de aire de Rosario -ElTresTV y Telefe Rosario-, y en Santa Fe Litus TV, de la UNL y Telefe Santa Fe. La Universidad Nacional de Rosario, que viene de organizar un debate y junto a la Universidad Nacional del Litoral, lo pueden hacer", dijo Irene Gamboa, candidata a senadora por el Frente de Izquierda.

Otras Señales

Quizás también le interese: