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miércoles, 17 de marzo de 2021

A 50 años de su lanzamiento: llega una edición especial de "Las venas abiertas de América Latina"

Para celebrar los cincuenta años de la aparición de "Las venas abiertas de América Latina", la editorial que publica toda la obra de Eduardo Galeano lanzará una edición especial que tendrá un formato más grande, márgenes para anotaciones y en su interior viñetas del ilustrador Tute, quien las diseñó a lo largo de 2020 especialmente para este aniversario.

El 13 de abril de 2021 se cumplirán seis años de la muerte del escritor uruguayo y para acompañar el lanzamiento del mítico libro la editorial Siglo XXI compartirá durante todo el mes videos de distintos referentes de la cultura leyendo fragmentos de la obra. El primero de estos famosos lectores es el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.

Eduardo Germán María Hughes Galeano nació en Montevideo. Usó para firmar sus obras literarias el primer nombre y el apellido materno. En su irónica "Autobiografía completísima" -tres breves párrafos- escribió: "Nací el 3 de setiembre de 1940, mientras Hitler devoraba media Europa y el mundo no esperaba nada bueno".

El editor Carlos E. Díaz de Siglo XXI cuenta que un año antes de que Galeano muriera "en el verano de 2014 habíamos cerrado hasta el último detalle de ‘El cazador de historias’". En este libro póstumo publicado en 2016, el narrador confiesa: "En 1970, presenté "Las venas abiertas de América Latina" al concurso de Casa de las Américas, en Cuba. Y perdí. Según el jurado, ese libro no era serio. En el 70, la izquierda identificaba todavía la seriedad con el aburrimiento", escribía Galeano sobre su mayor éxito editorial.

"Las venas abiertas de América Latina" se publicó poco después del certamen "y tuvo la fortuna de ser muy elogiado por las dictaduras militares, que lo prohibieron", escribe Galeano y agrega: "La verdad es que de ahí le viene el prestigio, porque hasta entonces no había vendido ejemplares, ni la familia lo compraba", se sincera en "El cazador de historias".

Para la escritora argentina Ana María Shua ‘Las venas abiertas de América Latina’ fue el libro que la conquistó "ese recuento exaltado, conmovedor, de la piratería que arrasó nuestro continente. Fue para mi generación una certificación, una esperanza y un himno. Desde entonces, todos fuimos o quisimos ser Galeano".
Escribí Las venas para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién? ¿Culpa de Dios, culpa de la naturaleza? ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto, ser deshecha? Este libro fue escrito con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Sé que pudo resultar sacrílego que este manual de divulgación hable de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas. Creo que no hay vanidad en la alegría de comprobar, al cabo del tiempo, que Las venas no ha sido un libro mudo.
Eduardo Galeano
Freidemberg destacó en esa oportunidad que este libro icónico "fue como un despertar, cuyos ecos resuenan todavía". Y precisó: "Sorprende advertir, salvo algunas afirmaciones coyunturales, hasta qué punto lo que dice está vigente medio siglo después, pese a que tanta agua y tanta sangre corrieron desde entonces. Hasta qué punto, frente a la siempre urgente realidad que nos toca, vuelve a abrirnos los ojos, a plantarnos en lo que, fuera de toda sanata, es nuestro ahora y nuestro acá".

"Las venas abiertas de América Latina" se leyó fervorosamente en las cárceles durante los primeros seis meses de la dictadura uruguaya: "Los censores uruguayos -se burló alguna vez Galeano- al ver el título, creyeron que estaban frente a un tratado de anatomía, y los libros de medicina no estaban prohibidos. Poco duró el error".

En 1976, luego del último y más sanguinario golpe de estado en Argentina, el nombre del escritor fue agregado a la "lista negra" de artistas e intelectuales prohibidos por el "Proceso de Reorganización Nacional". El escritor se debió exiliar de nuevo, esta vez en España, donde empezó a escribir "la acusación literaria más poderosa del colonialismo en las Américas", su famosa trilogía "Memoria del fuego", compuesta por los libros: "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986).

En el transcurso de 2021 la editorial también hará promociones en librerías de todo el país, obsequiaran anotadores, bolsas, posters especialmente elaboradas para el aniversario y generarán varias instancias para celebrar, recordar y pasar buenos momentos junto a las lectoras y lectores.
Fuente: TelAm

miércoles, 15 de abril de 2015

Eduardo Galeano se fue de viaje

Por: Ezequiel Fernández Moores
"Becho toca el violín en la orquesta -canta Alfredo Zitarrosa por la radio del taxi-, cara de chiquilín sin maestra". El vino y la alegría del veranito de 2011 en Piriápolis invitan al coro. "Y la orquesta no sirve, no tiene, más que un solo violín que le dueleeee". "El Violín de Becho" termina y Eduardo Galeano, otra vez, me comenta uno de los últimos goles de Leo Messi, que acaba de ganar su cuarto Balón de Oro. La noche se eterniza en el gran balcón de la habitación del Hotel Argentino. Libros, cine, música, Latinoamérica y vida. Y otra vez Messi. Galeano dice que nunca antes vio algo así. A la mañana siguiente, recostado debajo de la sombrilla, mientras los nietos juegan al voley en la pileta y en los altoparlantes suena música setentista de Los Náufragos ("¿A qué estamos jugando?"), Messi reaparece en la charla. Diez meses después, obvio, se entusiasma como pibe con juguete nuevo cuando Fernando Signorini, ex preparador físico de la selección, le lleva la 10 de la Argentina autografiada por Messi: "Para Eduardo con afecto". Messi, por supuesto, dominó aquella cena de cinco horas en Il Gran Caruso, en Palermo Hollywood. Galeano amaba el fútbol.

"¿Qué pasión popular no es objeto de manipulación?" "¿Existe algo que no sea negocio?" Galeano abre en 1997 en Copenhague el Congreso de Deportes Play the Game. Habla de muertes en los estadios. Y de los campeonatos "empobrecidos" de Sudamérica, porque Europa, otra vez, se lleva nuestras riquezas. "El Norte y el Sur -afirma- jamás se miden en igualdad de condiciones, ni en el fútbol ni en nada, por muy democrático que el mundo diga ser". Cuenta al auditorio europeo que, en América Latina, "la fe nos dura". Porque el fútbol, dice, "sigue siendo una religión nacional" y "cada domingo esperamos que nos ofrezca algún milagro". ¿Tiene el fútbol "la culpa de los crímenes que se cometen en su nombre?" Los "ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente" lo ignoran. Los intelectuales de derecha lo ven como la prueba de que "el pueblo piensa con los pies". Y los de izquierda como "el culpable de que el pueblo no piense". Pero "a la realidad de carne y hueso, este desprecio ni le va ni le viene". Porque "las emociones colectivas -sigue Galeano- se hacen fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas". Una bandera de su querido Nacional cubría ayer su féretro en la ceremonia del Palacio Legislativo. "El fanatismo -aclaraba sin embargo Eduardo- es enemigo de la diversidad, y yo creo en la diversidad". Era, entonces, "un mendigo del buen fútbol". Siguió deleitándose con Messi hasta diez días antes de morir. "El fútbol -me contaba su amigo y periodista Ángel Ruocco ayer en el velatorio previo- ayudó a sobrellevar los últimos momentos más duros".

Nos conocimos en 1994. Eduardo preparaba un libro sobre la historia del fútbol. La historia según Galeano, claro. Una combinación de periodismo, antropología, mitos, curiosidad, bella narración y sensibilidad popular. De supuestas verdades ocultas y de supuestas mentiras que contaban supuestas verdades. "El fútbol a sol y sombra" es su mejor declaración de amor a la pelota. Guardo el libro con tela adhesiva que protege un lomo vencido y páginas que se salen cuando lo abro. Me sorprendo al advertir anotaciones con lápiz. Pertenecen a Juan José Sebrelli, que lo precisó para la reedición en 1998 de "La Era del Fútbol", una diatriba contra el deporte que Galeano amaba. El libro futbolero de Eduardo recibió en estas horas tantas menciones como el célebre "Las venas abiertas de América Latina". Cuando Hugo Chávez ("ese extraño dictador que gana elecciones") se lo regaló a Barack Obama en una Cumbre de 2009, Galeano, buscado por toda la prensa, rechazó hasta dónde pudo los pedidos de nota. "Recién llegado de México -me escribe- me encuentro con un bombardeo de pedidos de entrevistas, súbitamente convertido en uno de esos abominables bichos llamados best-sellers". Temió, en la intimidad, que el regalo de Chávez pudiera ser una edición trucha. Galeano estaba lejos del intelectual aséptico. Fue coherente y claro para elegir siempre en qué equipo y en qué cancha jugar. Hasta el último de sus días. Lo buscaban otra vez en 2012 para contrabalancear a Mario Vargas Llosa, que abría la Feria del Libro. Como buen uruguayo, Eduardo le escapó nuevamente al ruido. Esa misma tarde, estaba en Buenos Aires. Cuidaba a una nieta.

En 2013 me invitó a participar de "Fútbol Pasión", una serie de trece capítulos para la TV pública. Liliam Thuram, capitán de la Francia campeona mundial de 1998 en París, me expresó su admiración por Galeano. También desfilaron, entre otros, Johan Cruyff, Dino Zoff, Carlos Alberto, José Luis Chilavert, Jorge Valdano, Osvaldo Ardiles y Horacio Elizondo. Eduardo lamentó la baja de Diego Maradona. No habían podido verse en noviembre de 2009, en plena eliminatoria mundialista en Montevideo, porque Galeano estaba en Europa. Tampoco fue posible para Fútbol Pasión. A Diego le explotó una de sus tormentas en los días de la posible entrevista. "Gracias por entenderme", lo saludó el lunes Maradona, al enterarse de su muerte. Galeano definía a Diego como un "Dios sucio, porque está lleno de barro humano". No entendía el caos del fútbol argentino: "¿Podrás en pocas líneas -me pidió años atrás- lograr que yo comprenda este incomprensible lío del fútbol argentino, San Grondona, la Santísima Virgen AFA, la tele que transmite apasionantes partidos que se disputan sólo en las tribunas, el pueblo que sufre y espera, la pelota que rueda, esta pasión que no se puede comparar pero sí se puede comprar? Socorro suplico". Y literalmente se encerraba cuando llegaba un Mundial. "Te escribo con los muñones, porque en vísperas de la inauguración -me respondió en Sudáfrica 2010- me he comido las uñas, los dedos y las manos".

"Los dragones del mal", como Eduardo le decía al cáncer, ya habían aparecido. Su energía no era la misma y en el programa hubo que reordenar esquemas. "Disfrutémoslo", le dije a Matías Naccarato, productor clave. "Para qué perfumar a la flor", decía Eduardo, cuando creía que no hacía falta agregar más, fiel a la máxima de que "las palabras deben ser mejores que los silencios". Naccarato atesora los chanchitos dibujados que le regalaba Eduardo, el agradecimiento invariable cada vez que le acercaba un vaso de agua o café ("apenas cortado y sin azúcar, por favor"), las anécdotas que repetía pero que "cada vez contaba mejor", el cigarrillo ("en mis noches de exilio fue uno de mis grandes compañeros, no me arrepiento de ningún cigarrillo que fumé en la vida"). Y que un jugador no era bueno. "¡Era jugador y medio!". En el programa reiteró su admiración eterna por Obdulio Varela "El Negro Jefe". Pero también por el arquero brasileño Barbosa, el vencido. Siempre eligió los indignados a los indignos. Y recordó al Maracanazo como "la jodida tentación de dormir el sueño de la eterna nostalgia. Porque la nostalgia -decía- es más cómoda que la esperanza".

Casualidad, o no, debí viajar el fin de semana a Montevideo. "Ya no vuelve Ezequiel", me avisan el viernes, cuando se decide la última internación. Fui a Malvín, su barrio. Unos años antes, en una sus caminatas interminables, Eduardo se detuvo para ver un partido de fútbol callejero. Los pibes que lo vieron a lo lejos dijeron "mirá a Picasso". Picasso nos pintó mejor que nadie al deporte que sacaba lo peor y lo mejor del alma humana. Cómo podía ser explotado y manipulado. Y cómo podía servir de alivio y de esperanza.

Fernando (Signorini) me había pedido que le entregara a Eduardo su libro ("Fútbol, llamado a la Rebelión - La deshumanización del deporte"). "Para Eduardo -dice la dedicatoria que Galeano jamás pudo leer- porque es un elocuente ejemplo de que, con tipos como él, la utopía del maravilloso mundo que anhelamos estará siempre a nuestro alcance". Fernando quería darle el libro personalmente. "Ando algo congestionado", le había respondido Eduardo, apenas días antes de morir. Viajo a Piriápolis. Me siento también en el Café Brasilero, de 1877, su "oficina" en la Ciudad Vieja de Montevideo. Fingiendo no saber nada, le pregunto a la empleada hace cuánto que Galeano no va por ahí. "Venía siempre, pero cuando reapareció después de mucho tiempo le pregunté por qué ya no venía tanto". "¿Y qué te contestó?", le dije. "Me respondió que estaba de viaje".
Ilustración: Sebastián DomenechFuente: canchallena

El último adiós a Galeano
Por: Ricardo Scagliola
Una multitud despidió a Eduardo Galeano en el Palacio Legislativo
Una lluvia ininterrumpida caía anoche sobre los alrededores de la Avenida de las Leyes mientras una incesante fila de personas aguardaba su momento en las escalinatas para despedir a Eduardo Galeano.
La capilla ardiente del escritor se instaló, puntual, a las 15.00, con la presencia del vicepresidente Raúl Sendic. Además de familiares, artistas y personalidades de la cultura como Joan Manuel Serrat (que viajó especialmente al país), Daniel Viglietti, Washington Carrasco, Cristina Ferández, Eduardo Larbanois, el presidente Tabaré Vázquez, ministros de gobierno y embajadores de casi todos los países de la región, estuvieron presentes en el emblemático Salón de los Pasos Perdidos.

En silencio, como con una tristeza tranquila, gente de todas las edades y de distintas partes, brasileños, ecuatorianos, venezolanos y chilenos, pasaron por el Palacio Legislativo. Personas con bastones, madres con hijos adolescentes, jóvenes con pinta de rockeros, hombres de traje, incluso alguno vestido de gaucho. No faltaron senadores, diputados, ediles y candidatos a intendente de Montevideo de todos los pelos políticos. Una gigantesca corona de flores remarcaba la presencia, a la distancia, de la presidenta argentina, Cristina Fernández. En el homenaje que le realizó, Sendic definió a Galeano como “un don nadie entre todos los nadies”. Vázquez lo catalogó como el “expositor de la cruda realidad de América Latina” y “un gladiador que les puso voz a los más humildes”.

La ex vicecanciller Belela Herrera, a la que alguna vez Galeano definió como “la tora hembra más valiente y porfiada que todos los machos juntos”, permanecía con la mirada perdida frente al féretro, cubierto con el pabellón nacional. A la mañana, Herrera participó junto a la familia, sus hijos Claudio y Florencia, Viglietti y el ex embajador de Argentina Hernán Patiño Mayer, entre otros, en una ceremonia íntima realizada en la empresa Martinelli.

A media tarde, la ministra argentina de Cultura, Teresa Parodi, que viajó al país a pedido expreso de la presidenta Cristina Fernández, destacó a la diaria la conversación que mantuvo con la presidenta antes de partir hacia Montevideo. “Compartimos entre las dos la importancia de personas claras y coherentes como él, luminosas a la hora de la construcción ideológica de los pueblos para aferrarse a donde quieren ir. Escribió textos que son pilares de esta mirada de nosotros mismos, donde además los latinoamericanos queremos decir al mundo quiénes somos”.
El historiador Emir Sader, que viajó desde San Pablo, subrayó a la diaria que “Montevideo, Uruguay, América Latina, el mundo y todos los que luchamos por una sociedad sin discriminación, sin opresión, sin humillación, nos quedamos huérfanos, porque teníamos en él la mejor voz y la mejor sensibilidad”. Varios de quienes llegaron desde el exterior mostraban indignación, porque si bien el gobierno decretó “honores fúnebres”, Presidencia no firmó un decreto de “duelo nacional”. La ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, respondió a la diaria que “el duelo nacional está hecho acá con la presencia del presidente de la República, desconozco que haya un decreto”.

Sobre las 19.00 arribaba al Palacio Legislativo el vicepresidente de Venezuela junto a una de las hijas de Hugo Chávez, por quien el escritor siempre sintió admiración. Poco después llegaba desde Santiago de Chile el catalán Serrat. “Galeano fue uno de esos escritores que ha dado Uruguay. Con un lenguaje muy accesible fue capaz de explicar cosas muy importantes”, insistió.

Mientras se alternaban los aplausos y los silencios profundos, los ojos de varios de los referentes de la cultura, la sociedad y la política se llenaban de lágrimas, como en una peña triste. Las feministas, de las primeras en llegar con Lilián Celiberti a la cabeza, apenas podían contener el llanto. En ese momento también llegaba una nutrida delegación de la Armada Nacional. Su comandante, Leonardo Alonso, convocó en la mañana, mediante un “mensaje naval”, a todas las dependencias de la fuerza a concurrir al Palacio, con una representación de dos oficiales por unidad que pobló de viseras el salón principal del Parlamento.

Uno de ellos se sumó con su uniforme de gala y gorra de plato a la larga fila para finalizar, muy cerca de los deudos, haciendo el saludo militar de rigor. Minutos después confesaba a la diaria no haberlo leído, pero sí reconocer en Galeano “las raíces de donde venimos”. Algo de eso también ponía en valor el embajador de Venezuela, Julio Chirino, que escribió en el libro de condolencias su estima “por ser siempre el hombre de los sin palabras, de los sin abrazos”.

Ayer, casi todos mencionaban dos de sus libros: Las venas abiertas de América Latina (1971) y El libro de los abrazos (1989). Una mujer que viajó desde Young destacaba la “tristeza amable” que Galeano llevaba en los ojos. Lo creman mañana.
Fuente: La Diaria
Ver anterior: Eduardo Germán María Hughes Galeano 1940 - 2015

jueves, 23 de diciembre de 2010

Eduardo Galeano fue galardonado con el premio Vázquez Montalbán de periodismo deportivo

El escritor uruguayo Eduardo Galeano resultó ser ayer el ganador de la séptima edición del Premio Manuel Vázquez Montalbán en el género de periodismo deportivo, según anunció el jurado en Barcelona. Galeano, autor de "El fútbol a sol y sombra", en el que recorre la historia de los mundiales, obtuvo el galardón internacional que el colegio de periodistas de Cataluña entrega desde 2004
El fútbol a sol y sombra (1995) ­que el mes pasado fue reeditado con el agregado de nuevos textos que se refieren al campeonato mundial de fútbol realizado este año en Sudáfrica­ es un clásico en el periodismo deportivo español.
En este libro, el escritor compatriota reúne episodios y personajes que le permiten describir glorias y miserias de un deporte cuyos efectos trascienden a lo sucedido en un estadio de fútbol.
Galeano es también el autor de "Las venas abiertas de América Latina" (1970), obra de culto para la izquierda latinoamericana, y de "Memorias del fuego" (1986), ambas traducidas a más de veinte idiomas.
Dice Galeano en su libro: "La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.
En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.
El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.
La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía".


Fuente: Diario La República

domingo, 3 de enero de 2010

Galeano: "Obama está pecando contra la esperanza que él mismo despertó, en su país y en el mundo"

Escritor e intelectual uruguayo. Elogia un redescubrimiento latinoamericano que busca recuperar la dignidad y la diversidad
Por: Ana Delicado
El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano se consagró hace casi 40 años con el libro Las venas abiertas de América Latina, la obra que el presidente venezolano, Hugo Chávez, escogió para regalarle a su homólogo estadounidense, Barack Obama. Pero la fascinación que Galeano despierta perdura hasta hoy. Un testimonio cotidiano de esa admiración: durante la entrevista, que se realiza en un café de Buenos Aires, un hombre se acercó con discreción con su hija y se sentó en una mesa cercana para poder escucharle. Su último libro, Espejos, habla de un mundo contradictorio que tiene miedo de mirarse, y de reconocerse.

¿Cómo define América Latina?
Es una tierra de encuentros de muchas diversidades: de cultura, religiones, tradiciones, y también de miedos e impotencia. Somos diversos en la esperanza y en la desesperación.

¿Cómo incide esa variedad en el presente?
En estos últimos años hay un proceso de renacimiento latinoamericano en el que estas tierras del mundo comienzan a descubrirse a sí mismas en toda su diversidad. El llamado descubrimiento de América fue, en realidad, un encubrimiento de la realidad diversa. Este es el arcoiris terrestre, que ha sido mutilado por unos cuantos siglos de racismo, de machismo y de militarismo. Nos han dejado ciegos de nosotros mismos. Es necesario recuperar la diversidad para celebrar el hecho de que somos más que lo que nos dijeron que somos.

¿Esa diversidad puede ser un impedimento para la integración?
Creo que no. Toda unidad fundada en la unanimidad es una falsa unidad que no tiene destino. La única unidad digna de fe es la unidad que existe en la diversidad y en la contradicción de sus partes. Hay una triste herencia del estalinismo y eso que llamaron socialismo real a lo largo del siglo XX que ha traicionado la esperanza de millones de personas justamente porque impuso ese criterio, el de que la unidad es la unanimidad. Se confundió así la política con la religión. Se aplicaron criterios que eran habituales en los tiempos de la Santa Inquisición, cuando toda divergencia era una herejía digna de castigo. Eso es una negación de la vida. Es una suerte de ceguera que te impide moverte porque el motor de la historia humana es la contradicción.

¿La diversidad puede establecer caminos de vida irreconciliables?
No siempre. En cualquier caso, no hay que tenerle miedo a la verdad de la vida. Hay que celebrarla, porque lo mejor que tiene la vida es su diversidad. El sistema que domina el planeta nos propone una opción muy clara. Hay que elegir, a ver si querés morirte de hambre o de aburrimiento. Yo no me quiero morir de ninguna de las dos. El sistema dominante de hoy nos impone una verdad única, una única voz, la dictadura del pensamiento único que niega la diversidad de la vida y que por lo tanto la encoge, la reduce a la casi nada. Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que él alberga, y eso vale a su vez para América Latina. Lo mejor de ella es la cantidad de Américas que contiene.

Hablaba de un redescubrimiento latinomericano. ¿Un ejemplo?
Bolivia, con Evo Morales, ha redescubierto su diversidad con mucha dignidad y con el orgullo de decir: "Somos diversos, y somos indígenas. Pero no sólo indígenas. Somos diversos". Claro que Bolivia es un país como Paraguay, y hasta cierto punto Uruguay, sometido en cierta medida al peso avasallante de los vecinos grandes, y sobre todo de Brasil, que hoy por hoy se opone a que en el Banco del Sur cada país tenga un voto.

¿Cuál es la fuerza de ese proyecto?
El Banco del Sur es la base financiera de la unidad latinoamericana, un proyecto de Chávez, por cierto. Nace como una respuesta a la dictadura financiera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, en donde no rige el sistema de "un país, un voto". Los votos dependen del capital invertido: tanto dinero, tantos votos, de modo que el Fondo está dirigido por cinco países, y el Banco por ocho, aunque uno se llame Mundial y el otro Internacional.

¿Se puede recuperar un funcionamiento democrático?
Es muy difícil, por la sencilla razón de que la democracia ha sido más formal que real en los procesos históricos latinoamericanos; y en las democracias, para que lo sean de verdad, no tienen que regir relaciones verticales o jerárquicas, donde hay un mandón y un mandado. Tienen que ser horizontales, solidarias, entre iguales capaces de respetarse y reconocerse, porque la verdad es que no nos conocemos. Tenemos que conocernos para empezar a reconocernos, para saber todo lo que podemos aprender del otro. Desde la conquista española hemos sido entrenados por imperios sucesivos para la ignorancia mutua, para el divorcio y el odio mutuo. La especialidad latinoamericana es la guerra de vecinos.

Brasil puede argumentar que, puesto que es más grande, debe tener más voz.
Eso parte de la base de que la grandeza coincide con lo grandote. Mi experiencia me enseñado que la grandeza no habita lo grandote. Está escondida en la gente anónima, en el día a día que parece insignificante e indigno de atención. Lo grandote suele ser muy mezquino y de alma chiquita. No quiero decir que Brasil tenga alma chiquita, pero no hay que confundir dónde está la grandeza brasileña, que reside en alguna de sus gentes peor tratadas.

¿Héroes anónimos?
En una charla me preguntaron cuál era mi héroe preferido. Yo dije: "El día que me iba al aeropuerto para iniciar este viaje tomé un taxi, y estuve conversando con el conductor. El taxista trabajaba en el taxi entre 10 y 12 horas, pero después tenía otro empleo. Dormía entre tres y cuatro horas por día para dar de comer a sus hijos. Para él no existían los domingos, ni se acordaba de qué eran". Ese es mi héroe preferido.

Decía antes que el motor de la historia humana es la contradicción. ¿Cree que hay contradicciones dañinas?
No tiene por qué ser así. Toda contradicción es una señal de movimiento. Lo que sí hay son injusticias objetivamente dañinas. En América Latina, el abismo que separa a los que tienen de los que necesitan, a la minoría dominante de la mayoría dominada, es cada vez mayor. Esta es una región desigual en un mundo cada vez más injusto, donde los hambrientos superan los 1.000 millones de personas.

¿Observa hoy día un cambio significativo en América Latina?
Sí. Está ocurriendo algo muy lindo, que es una suerte de exorcismo colectivo de los viejos demonios. Y de algunos nuevos también. Uno de los que dejó la herencia colonial fue la cultura de la impotencia, que te mete la idea en la cabeza de que "no se puede". Y eso vale para los países pobres y para los ricos. Porque Venezuela es un país objetivamente rico, tiene petróleo, pero tiene metido adentro ese concepto de la impotencia contra el que ahora se intenta luchar. Es difícil, porque la cultura del petróleo te entrena para comprar y no para crear.

¿Qué quiere decir?
Te entrenan con la idea de que no hay que tomarse el trabajo de crear las cosas si se las puede consumir comprando. Es la cultura de consumo, no de creación. Nace de la cultura de la impotencia, que es la peor de las herencias coloniales. Te enseña a no pensar con tu cabeza, a no sentir con tu propio corazón, y a no moverte con tus propias piernas. Te entrena para andar en silla de ruedas, para repetir ideas ajenas y para experimentar emociones que no son las tuyas.

¿Son diferentes las izquierdas de América Latina?
Hay de todo, por suerte, justamente porque somos diversos. Por eso es muy injusto generalizar, sobre todo cuando la generalización proviene de miradas ajenas, que miran juzgándote, y juzgándote te condenan. Hay un complejo de superioridad que tienen los países dominantes en el mundo, que se sienten en condiciones de obligar a los demás a rendir exámenes de la democracia, que son los grandes maestros para decidir quién es demócrata y quién no, qué procesos están bien y cuáles están mal. Y cuando esos profesores de democracia vienen a juzgarnos, a mirarnos desde afuera y a condenarnos de antemano, están ejerciendo un derecho de propiedad que es uno de los derechos más repugnantes de todos.

¿Qué diferencia hay entre los presidentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia?
Muchas, porque son expresiones de tres países diferentes. La lista de diferencias es interminable. Pero no es tan interminable la lista de las coincidencias de países que están buscando caminos de liberación después de siglos de opresión y de negación de sí mismos. Son experiencias diferentes de tres países que deciden dejar de escupirse al espejo, dejar de odiar su propia imagen, dejarse de mirar con los ojos de los que los desprecian.

¿Qué papel cumple Brasil en esto?
Uno muy importante, pero el problema es la tentación de una palabra abominable: el liderazgo. Todos los países se atribuyen la intención de ejercerlo y esto genera relaciones contaminadas por el orden jerárquico que niega la igualdad de derechos. Yo no quiero que nadie sea mi líder. No quiero mandar ni ser mandado. No nací para obedecer. Nací para ejercer mi libertad de conciencia. No puedo aceptar la idea de que entre las personas o entre los países haya conductores o conducidos. Hay que ir hacia una sociedad de veras libre.

¿Qué opina de la reelección presidencial?
No me gusta mucho, porque implica cierto apego al poder y eso no es aconsejable en ningún ámbito. El poder en sí, aunque sea un poderito, envenena bastante el alma. Sé que hay que ejercerlo, pero sabiendo que es peligroso. El poder genera monarquías, poderes absolutos, voces que sólo escuchan sus propios ecos incapaces de escuchar otras voces.

¿De dónde procede ese intento de perpetuarse en el liderazgo?
En Europa esto lo atribuyen a la herencia del caudillismo en América Latina, al subdesarrollo, a la ignorancia, a nuestra tendencia al populismo y a la demagogia. Pero hay que asomarse a la historia de los países dominantes para ver hasta qué punto ellos han estado sometidos a la voluntad, por ejemplo, de un tipo complemente loco como Hitler. Es inverosímil: en el país más culto de Europa, millones de personas lo aclamaban. Y los líderes de ahora, ¿qué tienen que venir a enseñarnos? Uruguay tiene una democracia más antigua que la mayoría de los países europeos. Y en materia de derechos humanos, conquistó antes que Estados Unidos y que muchos países europeos la jornada laboral de ocho horas, el derecho al divorcio, y la educación gratuita y obligatoria.

¿Por qué no hay apenas relación entre América Latina y África?
Es un escándalo. Eso proviene del sistema educativo y de los medios de la comunicación. En la mayoría de países de América Latina hay una influencia africana enorme: en la cocina, el deporte, el lenguaje, el arte. Y sin embargo nosotros, de África, no sabemos nada.

¿Por qué?
Por racismo. Sabemos lo que nuestros amos de siglo en siglo han querido que supiéramos, y de nosotros ignoramos casi todo porque a ellos les convenía. Por ejemplo, no les convenía que supiéramos que aquellos esclavos que llegaron de África cargados como cosas traían sus dioses, sus culturas. De todos modos, el desvínculo con África que nació del racismo y la explotación esclava no es latinoamericano, sino de todas las Américas. Por eso me pareció digna de celebración la elección de Obama, aunque luego lo que ha hecho no me convence demasiado.

¿Qué representa Obama?
Uno de mis maestros, don Carlos Quijano, solía decir: "Todos los pecados tienen redención. Todos menos uno. Es imperdonable pecar contra la esperanza". Con el tiempo aprendí cuánta razón tenía. Lamentablemente, Obama está pecando contra la esperanza que él mismo supo despertar, en su país y en el mundo. Aumentó los gastos de guerra, que ahora devoran la mitad de su presupuesto. ¿Defensa contra quién, en un país invadido por nadie, que ha invadido y sigue invadiendo a casi todos los demás? Y, para colmo, ese chiste de mal gusto de recibir el Nobel de la Paz pronunciando un elogio de la guerra.

¿Cuáles son, en su opinión, los miedos del siglo XXI?
El arte de narrar nació del miedo de morir. Está en Las mil y una noches. Cada noche, Sherezade iba cambiando un cuento por un nuevo día de vida. Pero también creo que el miedo de vivir es peor que el miedo de morir. Y me parece que el asunto, en este mundo y en este tiempo, es ese: el miedo de recordar, el miedo de ser, el miedo de cambiar. O sea: el miedo de vivir.

¿Ve un ejemplo de ese miedo en la Cumbre de Copenhague?
Los asesinos del planeta derraman de vez en cuando alguna lágrima, para que la platea sepa que también tienen su corazoncito. Pero es puro teatro. Bien saben que los modelos de vida de hoy, que ellos imponen, son modelos de muerte. Me pregunto a qué planeta se mudarán estos elegidos del Señor cuando terminen de exprimir la Tierra hasta la última gota.

Foto: Marta Jara

Fuente: Diario Público

domingo, 25 de octubre de 2009

Palabras para las vísperas

Versión del discurso pronunciado en el Obelisco de Montevideo, en el cierre de la campaña contra la ley de impunidad, la noche del 20 de octubre
Por: Eduardo Galeano
Hoy el pueblo uruguayo elige nuevo gobierno. Al mismo tiempo, en las mismas urnas, se somete a plebiscito la posibilidad de liberarnos de dos palos metidos en la rueda de la democracia.
Uno de esos palos es el que impide el voto por correo de los uruguayos que viven en el extranjero. La ley electoral, ciega de ceguera burocrática, confunde la identidad con el domicilio. Dime dónde vives y te diré quién eres. Los uruguayos de la patria peregrina, en su mayoría jóvenes, no tienen derecho de voto si no pueden pagarse el pasaje. Nuestro país, país de viejos, no sólo ha castigado a los jóvenes durante años, negándoles trabajo y obligándolos al exilio, sino que además les sigue negando el ejercicio del más elemental de los derechos democráticos. Nadie se va porque quiere. Los que se han ido, ¿son traidores? ¿Es traidor uno de cada cinco uruguayos? ¿Traidor o traicionado?
Ojalá los uruguayos acabemos de una vez con esta discriminación que nos mutila.
Y ojalá acabemos también con otra discriminación todavía peor, la ley de impunidad, Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, bautizada con ese nombre rocambolesco por los especialistas en el arte de no llamar a las cosas por su nombre.
La Corte Suprema de Justicia acaba de dictaminar que esa ley viola la Constitución. Desde mucho tiempo antes se sabía que también viola nuestra dignidad nacional y nuestra vocación democrática. Es una triste herencia de la dictadura militar. que nos ha condenado al pago de sus deudas y al olvido de sus crímenes.
Sin embargo, hace veinte años, esta ley infame fue confirmada por un plebiscito popular. Algunos de los impulsores de aquel plebiscito estamos reincidiendo ahora, y a mucha honra: perdimos, por muy poco pero perdimos, y no nos arrepentimos. Creemos que aquella derrota nuestra fue en gran medida dictada por el miedo, un bombardeo publicitario que identificaba a la Justicia con la venganza y anunciaba el apocalipsis, larga sombra de la dictadura que no quería irse; y creemos que nuestro país ha demostrado, en estos primeros años de gobierno del Frente Amplio, que ya no es aquel país que el miedo paralizaba.
Eso creemos, digo, y ojalá no me equivoque.
Ojalá triunfe el sentido común. El sentido común nos dice que la impunidad estimula al delincuente. El golpe de Estado en Honduras no ha hecho más que confirmarlo. ¿Quién puede sorprenderse de que los militares hondureños hayan hecho lo que han venido haciendo desde hace muchos años, con el entrenamiento del Pentágono y el visto bueno de la Casa Blanca?

La lucha contra la impunidad, impunidad de los poderes y los poderitos, se está desarrollando en los cuatro puntos cardinales del mundo. Ojalá nosotros podamos contribuir a desenmascarar a los defensores de la impunidad, que hipócritamente ponen el grito en el cielo ante la inseguridad pública, aunque bien saben que los ladrones de gallinas y los navajeros de barrio son buenos alumnos de los banqueros y los generales recompensados por sus hazañas criminales.
Ojalá hoy la mayoría de los votos confirme nuestra fe en una democracia sin coronitas, ni las coronitas del uniforme militar, ni las coronitas del dinero.
Ojalá podamos envolver esta ley en papel celofán, en un paquete bien atado, con moño y todo, para enviársela de regalo a Silvio Berlusconi. Este gran mago de la impunidad universal, que ha atravesado más de sesenta procesos y no conoce la cárcel ni siquiera de visita, nos agradecerá el obsequio y seguramente sabrá encontrarle alguna utilidad.
Ojalá.
Lo único seguro es que, pase lo que pase, la historia continuará, y continuará el incesante combate entre la libertad y el miedo.
Yo suelo invocar una palabra, una palabra mágica, una palabra abrepuertas, que es, quizá, la más universal de todas. Es la palabra abracadabra, que en hebreo antiguo significa: Envía tu fuego hasta el final.
Y pase lo que pase, seguirán ardiendo los caminantes de la justicia. De puro porfiados.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Eduardo Galeano afirma: "los libros me escriben"

"No lo sé, porque los libros me escriben" responde categórico el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano cuando se le pregunta cómo será la próxima obra de su producción, la que seguirá a "Espejos", publicada en 2008.
"Ellos van creciendo de adentro hacia afuera y de abajo hacia arriba; me recorren el cuerpo desde los pies", dijo a EFE, con motivo de su paso por España para recoger la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes y el Premio Amigo de los Niños, de la ONG "Save the Children", ambos en Madrid.
"Voy escribiendo cuando la mano me pica, esos libros van creciendo y haciéndose a su manera, hasta que en cierto punto saltan a la boca y piden: 'ábrete, quiero darme a los demás'", relata el autor de "Las venas abiertas de América Latina" o "El libro de los abrazos", entre otras.
Pese a sus discusiones con su compatriota y "maestro" Juan Carlos Onetti, quien decía que escribía para sí mismo, Galeano defiende que "a partir del momento que uno publica, se dirige a otros".
"Este mundo nos organiza para el desvínculo y uno escribe a partir de la certeza de que el vínculo es posible. Uno escribe para comulgar con otros", asevera.
El narrador montevideano aspira a escribir en "lenguaje sentipensante", palabra que aprendió de los pescadores de la costa colombiana y que resume la capacidad "de sentir y de pensar" a través de las palabras.
Galeano presume de escribir a mano, como le enseñó Onetti, y reconoce que tiene "una relación física" con el libro, por lo que es "incapaz" de leerlo en pantalla. "Para mí, tiene que tener un papel que huele, crujir; tengo que ser capaz de apretarlo contra mi pecho y sentirlo bajo el brazo", dice.
Menciona otros dos nombres ilustres, Mario Benedetti y Julio Cortázar, amigos ya desaparecidos, como "los dos casos más insólitos de generosidad" que recuerda en el gremio de escritores, que es "muy egoísta y muy de pavos reales" "Ambos sentían alegría cuando a otros les iba bien. Celebraban los éxitos ajenos", recuerda.
Y no le tiembla la voz al afirmar que Idea Vilariño, desaparecida como Benedetti este año, es "al margen de géneros, es lo mejor que produjo la poesía uruguaya en su historia".
"Creo que es autora de los poemas de amor más bellos que se han escrito en Latinoamérica: espléndidos, desolados, desoladores, atormentados, apasionados", comenta, al tiempo que recuerda que "si no hubiera nacido mujer, habría triunfado".
Concienciado con el mundo de los niños y preocupado por su educación, porque ésta "va desvinculando al niño de la naturaleza y eso es lo peor que puede ocurrir, porque acabará siendo un adulto desvinculado de la vida", Galeano reconoce que éstos le devuelven "las ganas de vivir" cuando él las pierde.
"Esa mirada mágica es algo que debemos tratar de defender en la medida de lo posible", reclama y recuerda que los niños viven en la "libertad de creer que la naturaleza es sagrada". "Luego eso se pierde, sometidos a una educación que desacraliza la naturaleza, la convierte en fuente de ganancias y objeto de usos", indica.
Sobre las nuevas tecnologías, el escritor reconoce que, pese a sus reticencias iniciales, internet se convirtió en algo para "la multiplicación de la vida o de las voces alternativas que transmiten energía de vida en un mundo organizado para la muerte", a sus ojos.
Al respecto de las relaciones virtuales, Galeano destaca que "no es culpa de las máquinas", sino del sistema actual "que te enseña a desconfiar del prójimo, que es una amenaza", por lo que "la relación virtual es menos peligrosa que la carnal".
A pocas semanas para las elecciones generales en Uruguay, considera que los cinco años de gobierno del Frente Amplio "han sido positivos en muchas cosas".
"Lo bueno que tiene es su diversidad y tenemos que cuidar celosamente el derecho de poder expresar esa diversidad sin que sea confundida con la herejía", declara.
Y, entre premios y homenajes en España, que fue uno de sus países durante el exilio en la época de la dictadura uruguaya, sigue buscando -y encontrando- "compatriotas y contemporáneos sin hacer caso de las fronteras del mapa y las fronteras del tiempo".

Foto: european pressphoto agency

Fuente: Agencia EFE

viernes, 10 de julio de 2009

Los mapas del alma no tienen fronteras

Por Eduardo Galeano*
Texto del discurso que el escritor y periodista Eduardo Galeano pronunció el 9 de julio de 2009 en la embajada argentina en Montevideo, al ser condecorado con la Orden de Mayo de la República Argentina y transmitido por la agencia IPS.
Permítanme agradecer esta ofrenda que estoy recibiendo, que para mí es un símbolo de la tercera orilla del río. En esa tercera orilla, nacida del encuentro de las otras dos, florecen y se multiplican, juntas, nuestras mejores energías, que nos salvan del rencor, la mezquindad, la envidia y otros venenos que abundan en el mercado.
Aquí estamos, pues, en la tercera orilla del río, argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos, rindiendo homenaje a nuestra vida compartida, y por lo tanto estamos celebrando el sentido comunitario de la vida, que es la expresión más entrañable del sentido común.
Al fin y al cabo, y perdón por irme tan lejos, cuando la historia todavía no se llamaba así, allá en el remoto tiempo de las cavernas, ¿cómo se las arreglaron para sobrevivir aquellos indefensos, inútiles, desamparados abuelos de la humanidad? Quizá sobrevivieron, contra toda evidencia, porque fueron capaces de compartir la comida y supieron defenderse juntos. Y pasaron los años, miles y miles de años, y a la vista está que el mundo raras veces recuerda esa lección de sentido común, la más elemental de todas y la que más falta nos hace.
Yo tuve la suerte de vivir en Buenos Aires, en los años setenta. Llegué corrido por la dictadura militar uruguaya, y me fui corrido por la dictadura militar argentina.
No me fui: me fueron. Pero en esos años comprobé, una vez más, que aquella prehistórica lección de sentido común no había sido olvidada del todo. La energía solidaria crecía y crece al vaivén de las olas que nos llevan y nos traen, argentinos que vienen y van, uruguayos que vamos y venimos. Y en el tiempo de las dictaduras, supimos compartir la comida y supimos defendernos juntos, y nadie se sentía héroe ni mártir por dar abrigo a los perseguidos que cruzaban el río, yendo para allá o desde allá viniendo.
La solidaridad era, y sigue siendo, un asunto de sentido común y por lo tanto era, y sigue siendo, la cosa más natural del mundo. Quizá por eso su energía, la siempreviva, fue más viva que nunca en los años del terror, alimentada por las prohibiciones que querían matarla. Como el buen toro de lidia, la solidaridad se crece en el castigo.
Y quiero dar un testimonio personal de mi exilio en la Argentina.
Quiero rendir homenaje a una aventura llamada "Crisis", una revista cultural que algunos escritores y artistas fundamos con el generoso apoyo de Federico Vogelius, donde yo pude aportar algo de lo mucho que me había enseñado Carlos Quijano en mis tiempos del semanario "Marcha".
La revista "Crisis" tenía un nombre más bien deprimente, pero era una jubilosa celebración de la cultura vivida como comunión colectiva, una fiesta del vínculo humano encarnado en la palabra compartida. Queríamos compartir la palabra, como si fuera pan.
Los sobrevivientes de aquella experiencia creadora, que murió ahogada por la dictadura militar, seguimos creyendo lo que entonces creíamos. Creíamos, creemos, que para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo, y que el punto de partida de una cultura solidaria está en las bocas de quienes hacen cultura sin saber que la hacen, anónimos conquistadores de los soles que las noches esconden, y ellos, y ellas, son también quienes hacen historia sin saber que la hacen. Porque la cultura, cuando es verdadera, crece desde el pie, como alguna vez cantó Alfredo Zitarrosa, y desde el pie crece la historia. Lo único que se hace desde arriba son los pozos.
La dictadura militar acabó con la revista y exterminó muchas otras expresiones de fecundidad social. Los fabricantes de pozos castigaron el imperdonable pecado del vínculo, la solidaridad cometida en sus múltiples formas posibles, y la máquina del desvínculo continuó trabajando al servicio de una tradición colonial, impuesta por los imperios que nos han dividido para reinar y que nos obligan a aceptar la soledad como destino.
A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, sálvese quien pueda, pero el sentido común, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar. La esperanza todavía tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen común y nuestros asombrosos espacios de encuentro.
Yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizás ésa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe. Reconocerme en los demás, reconocerme en mi patria y en mi tiempo, y también reconocerme en mujeres y hombres que son compatriotas míos, nacidos en otras tierras, y reconocerme en mujeres y hombres que son contemporáneos míos, vividos en otros tiempos.
Los mapas del alma no tienen fronteras.

*Escritor y periodista, autor de Las venas abiertas de América Latina, Memorias del fuego y Espejos/Una historia casi universal entre otros. Uruguay.

viernes, 8 de mayo de 2009

Disculpen la molestia

Por: Eduardo Galeano
Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

domingo, 5 de abril de 2009

Eduardo Galeano: "Los planes del G20 son un chiste de humor negro"

El escritor uruguayo calificó de "chiste de humor negro" la decisión del G20 de destinar un billón de dólares a los organismos financieros internacionales para enfrentar la crisis. En su opinión significa "burlarse de los burlados", sentenció.
"Me han dicho que los van a canalizar a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Es un chiste de humor negro, sin duda, no puede ser verdad", afirmó.
Esa medida es "para burlarse de los burlados, para echar sal sobre la herida porque eso no me lo puedo tomar yo en serio", afirmó.
Galeano ha participado estos días en varios actos en la capital mexicana para promocionar su último libro, Espejos, una colección de seiscientos relatos reales con la que pretende condensar la historia de la humanidad.
Según el escritor y activista, la decisión del G20 no tiene lógica porque, de entrada, el FMI y el BM "no son organismos internacionales".
"En primer lugar porque hay una potencia que tiene derecho en los dos, que es Estados Unidos. Y en segundo lugar porque las decisiones las toman en el Fondo Monetario cinco países y en el Banco Mundial ocho".
Por esta razón, Galeano considera que ninguno de los dos expresa "la voluntad del mundo", sino la de "los amos del mundo, que son los que están empujando al planeta al abismo".
"Son los que nos han impuesto a nosotros, los del sur del mundo, a través justamente del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, nos han impuesto la religión del mercado, han hecho puré el Estado, han hecho mierda el Estado en los países del sur y nos han obligado a bailar salsa al ritmo de la orquesta del Titanic", opinó.
Además, Galeano consideró que "con toda la plata que le están dando a los culpables de la bancarrota universal, recompensándolos por el desastre que ellos mismos ocasionaron, con todo ese dinero se podría acabar con el hambre en el mundo".
"Dar de comer a los hambrientos de aquí a la eternidad con postre incluido", matizó, al ser consultado sobre un informe de la ONG Oxfam previo a la cita del G20, según el cual con los 8.420 billones de dólares de dinero público comprometidos por los gobiernos del mundo rico para el rescate del sector bancario podría eliminarse la pobreza mundial durante los próximos cincuenta años.
"Se queda corto", agregó sobre esa hipótesis. De la cumbre de Londres, lo único que le pareció positivo fue que "al parecer se han puesto de acuerdo todos en que hay que acabar con el secreto bancario".
En ese sentido se refirió a una polémica surgida en los últimos días en su país, cuando el precandidato presidencial del oficialista Frente Amplio, José Mujica, mostró su disposición a levantar el secreto bancario si es elegido presidente.
En respuesta salió el ex ministro de Economía Ignacio de Posadas, quien rechazó esa posibilidad arguyendo que el secreto bancario "es un derecho humano", recordó Galeano. "Una frase inmortal para la antología de la infamia", dijo el escritor uruguayo.
En referencia a su libro Espejos, explicó que al principio se sintió "muy asustado" al descubrir los derroteros por los que le estaba llevando.
"Era un proyecto tan loco que yo mismo me asusté hasta que me acordé de una canción de Pedro Infante que dice 'Tan grande no puede ser este mundo si cabe en cinco letras", y eso me estimuló", ironizó.
"Lo que hace el libro es burlarse de las fronteras del tiempo y el mapa, salta de un tiempo al otro y de un lugar al otro con toda fluidez, con toda naturalidad, tratando de contar la historia grande desde la historia chica", explicó sobre la obra el autor de Las venas abiertas de América Latina.

Fuente: EFE
Foto: Bernardo Pérez, El País

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ojalá

Por Eduardo Galeano
¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?
Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.
Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?
Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.
¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?
La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.
¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?
Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.
¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?
Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.
¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?
Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.
¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?
Me temo que sí, pero ojalá que no.
¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?
Me temo que no, pero ojalá que sí.
¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.

Fuente: PáginaI12

sábado, 20 de septiembre de 2008

Eduardo Galeano:"Todo lo que sé lo aprendí en los cafés"

El escritor uruguayo, cuya obra ha indagado el pasado latinoamericano en busca de las claves que explican el conflictivo presente de la región, toma en Espejos, su nuevo libro de misceláneas y ensayos breves, el punto de vista de los excluídos para reflexionar sobre personajes históricos y problemas actuales. En esta entrevista habla de su pasado como periodista, de los autores que lo marcaron y confiesa que, aún hoy, le teme a la página en blanco

Por Jorge Urien Berri
Mil historias guardan los 131 años del Café Brasilero, y la que cuenta Eduardo Galeano antes de empezar la entrevista calza como metáfora de su obra. Para sus entrevistas impone invariablemente este café de la Ciudad Vieja, que desde 1877 fue una confitería elegante que decayó en antro portuario y cerró hace 26 años. "El último de los mohicanos de los cafés donde me formé. Yo no tuve educación formal. Seis años de primaria -cuenta el escritor uruguayo- y uno de liceo [secundaria]. Todo lo que sé lo aprendí en los cafés que ya no están, escuchando a los narradores anónimos, que me enseñaron a contar lo que ocurrió de tal manera que vuelva a ocurrir. Sólo el Brasilero sobrevivió." Sobrevivió gracias al recuerdo y la voluntad. "Quienes lo compraron durante la dictadura hicieron lo mismo que la dictadura: lo vaciaron y se llevaron todo, hasta las maderas del piso se llevaron. Pero este café tiene la singularidad de que después fue reconstruido con las viejas fotos y los recuerdos de sus clientes de antes. Los recuerdos son nuestros."
Un rescate similar emprendió Galeano hace cuarenta años con la dolorosa historia de América latina, con sus mitologías y leyendas, para explicar y dar sentido desde el pasado a nuestro convulsionado presente. Esa reconstrucción literaria del pasado en función del presente ocupa los mejores de sus casi cuarenta libros y empezó en 1971 con Las venas abiertas de América Latina, un ensayo documentado atravesado por la narración. A partir de 1982, los tres tomos de Memoria del fuego lo muestran en posesión de un estilo propio y de un género aun más propio que transforma una enorme masa documental y bibliográfica en textos muy breves que amalgaman narración, ensayo y poesía.
En Espejos. Una historia casi universal (Siglo XXI), su último libro y best seller como los anteriores, ese estilo alcanza la perfección, y el rescate del pasado con miras al presente se extiende a la historia, las religiones y las mitologías de todo el mundo. Pero, como siempre en la literatura, el punto de vista importa mucho, y en Espejos y sus antecesores la perspectiva y el factor de selección de las historias son, como desarrolla en la charla, "lo no dicho, la historia de los nadies, de los ninguneados, que es donde están las voces que más vale la pena escuchar. El punto de vista de los excluidos, de los no nombrados, de las mujeres, los negros, los indios, el Sur del mundo, los judíos, los gitanos, los despreciados y perseguidos. Viendo la historia desde ese punto de vista, te enterás de una cantidad asombrosa de historias que hay que contar".
Galeano venía al Café Brasilero todos los días desde sus 19 años, cuando ya era jefe de redacción de Marcha , legendario semanario de izquierda fundado y dirigido por Carlos Quijano, que funcionaba a una cuadra de aquí. A los 68 años, hoy ostenta el carné de Socio n° 1 del Brasilero, con derecho a un café gratis por día, y su foto cuelga en la pared junto a la de otros uruguayos ilustres. Durante la entrevista lo fotografían con celulares desde las mesas y algunos se acercan a saludarlo. Galeano es una celebridad que no tiene reparos en confesar que, pese a sus cuarenta libros, aún sufre de pánico a la página en blanco.

-¿Guarda buenos recuerdos de Quijano y de Marcha?
-Aprendí muchas cosas con él. Nunca vi algo igual, era el director y fundador de Marcha y se enojaba cuando venían avisos.

-¿Por qué? ¿Robaban espacio?
-Robaban espacio a la expresión de las ideas. Cada vez que venía un aviso seductor, Quijano se ponía furioso y lo echaba a los escobazos. En Marcha estuve en dos períodos, porque en el medio dirigí dos años y pico un diario de la izquierda independiente, ...poca , y volví a Marcha pero ya sin un trabajo fijo allí. Quijano me llamaba el hijo pródigo. "Mi querido hijo pródigo", encabezaba las cartas desde su exilio en México, donde murió de pena. Se había enojado muchísimo cuando me fui a dirigir ...poca .

-Además del periodismo, ¿escribía ficción?
-Publiqué una novela a los 21 años, bastante mala, Los días siguientes , muy pavesiana, y dos o tres libros que son como una prehistoria literaria, pero no me lo tomaba en serio porque me sentía periodista, amaba el mundo de las redacciones y las imprentas. Yo era jefe de redacción de Marcha y suena de lo más impoluto, pero yo me enchastraba de tintas de la cabeza a los pies porque armábamos Marcha al viejo estilo: hierro, linotipos, plomo. Fue a partir de Las venas abiertas de América Latina cuando me empecé a tomar en serio este asunto de escribir libros y ahora me gusta más que escribir artículos.

-¿Cuánto tardó en escribirlo?
-Tres meses. Pero estuve recogiendo materiales durante cuatro años. La escritura me llevó noventa noches y litros de café.

-¿Sólo escribía de noche?
-Sí, porque de día trabajaba en otras cosas. Cuando los libros son verdaderos te escriben, nacen de adentro hacia afuera. El libro se fue armando dentro de mí y la verdad es que no me costó mucho la escritura. Ahora, con el paso del tiempo, soy cada vez más exigente y puedo llegar a suicidarme si puse una coma fuera de lugar. ...se fue un libro hecho con las urgencias del trabajo periodístico.

-¿Y el trabajo del día no lo desconcentraba para escribir a la noche?
-Tenía muy clara en la cabeza la arquitectura de ese libro, como también me pasó después con los otros. Cuando uno tiene resuelta la estructura básica, mágicamente los ladrillitos van cayendo en su lugar. No se sabe cómo ocurre, pero ocurre y las palabras encuentran su sitio. Pero me cuesta muchísimo escribir, eso sí. Cada vez más.

-¿Por qué?
-El tiempo no me ha facilitado la escritura, sino que me la ha hecho más difícil porque me he puesto más exigente.

-¿Corrige mucho?
-Muchísimo, reescribo una cosa diez, quince veces. Cada uno de esos textos chiquitos es el resultado de un proceso muy complicado de sacrificios sucesivos, de palabras que mueren y caen en el camino.

-Se nota.
-Una noche, Juan Carlos Onetti me dijo que las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio. Y eso para mí ha sido siempre una especie de lema. Onetti me decía que era un proverbio chino. Yo pensé que era un invento suyo porque el viejo era muy mentiroso y, para dar prestigio a sus palabras, invocaba siempre fuentes inobjetables: "En la Grecia antigua...". Pero hace poquito descubrí que es un proverbio hindú.

-¿Entonces eran mucho más largos esos textos breves?
-Muchísimo. Se va de decir poco con mucho a decir mucho con poco. Al revés de los que creen que ya que no somos profundos tenemos que ser complicados, lo mío es un viaje hacia la desnudez del texto y la palabra, la palabra desnuda.

-Es interesante cómo funde historia, ensayo, ficción y poesía. ¿Emprendió ese proceso adrede o se fue dando?
-Se fue dando, en la medida en que uno también a lo largo de la vida va tratando de reunir sus pedazos. Padecemos un sistema del desvínculo que nos ha condenado a la especialización, a la fractura, al divorcio de las partes que a uno lo integran. Durante mi infancia, por ejemplo, el divorcio del cuerpo y el alma. Tuve una infancia muy católica, me enseñaron a no confundir la bella con la bestia, el alma con el cuerpo. Y me costó unos cuantos años enterarme de que somos "almuerpos" o "cuerpalmas", y que tal divorcio no existe o no debería existir.

-¿Los católicos lo formaron?
-Sí, yo era muy católico y muy místico de chico. Después fui descubriendo otros desvínculos obligatorios, como el pasado y el presente. Espejos está escrito para demostrar que el pasado y el presente son barajas que vienen muy mezcladas y que todo lo que ocurrió remite a lo que ocurre, y lo que ocurre proviene de alguna parte.

-Es permanente en su obra la vuelta o remisión al presente.
-Claro, el libro fue escrito para tratar de comprender un poco mejor el mundo en el que vivimos y para tratar de recuperar los espléndidos colores del arco iris humano, mutilados por culpa del machismo, racismo, elitismo, militarismo y no sé cuántos "ismos". Y lo mismo con los géneros literarios. A medida que iba avanzando en este oficio de escribir, me daba cuenta de que lo que iba haciendo era cada vez menos clasificable porque trataba de integrar lo que estaba desintegrado, de borrar las fronteras entre los géneros literarios y no darles bola a los guardias aduaneros que son los especialistas en literatura, los expertos, los ideólogos.

-Mientras lo hacía, ¿sabía que transitaba un camino nuevo?
-Nunca tuve mucha conciencia. Lo hacía, y era lo que más se parecía a lo que quería decir. Fui buscando cómo salvar la distancia entre el deseo y el mundo, entre lo que quería decir y lo que podía decir. Iba redescubriendo un lenguaje que era el mío e integraba todos los lenguajes.

-Se supo escritor con Las venas abiertas...
-Sí. Como te digo, estaba muy enganchado con el mundo mágico de las imprentas y las turbulencias de las redacciones, me encantaba ese ambiente fraternal que se vivía. Ahora es más frío, cada uno delante de su computadora. Cuando dirigí ...poca , era un diario de chiquilines. Fui su director a los 22 años y nadie cobraba.

-¿No?
-No, todos vivíamos de otras cosas. Yo hacía todo, la página editorial, el horóscopo, a veces la crónica deportiva, policial, lo que viniera, y cuando terminábamos a las dos de la mañana, separábamos los escritorios y nos poníamos a jugar al fútbol en la redacción. Evoco esos años como una fiesta incesante. A veces terminábamos con el fútbol y si estábamos de humor, nos íbamos a beber unos tragos por ahí y a ver amanecer a la rambla. Y después cada uno se tenía que ir a trabajar a algún lado porque el diario no pagaba. Ahí aprendí cosas que me marcaron para siempre. El viejo Quijano, que tenía un estilo de hidalgo caballero y por eso lo llamaban don Quijano de la Marcha, una vez me dijo una frase que me sonó retoriquísima: "Vos tenés una cara que ya se ve que vas a morir pecando. Hacé lo que quieras, pero nunca peques contra la esperanza, porque todos los pecados tienen redención, menos el pecado contra la esperanza". Con los años aprendí cuánta razón tenía. Ese consejo maravilloso debería figurar como una orden en los despachos de los políticos y periodistas, de los que tenemos algo que ver con la influencia sobre la opinión pública o el poder.

-¿Cómo fue la convivencia del periodismo y la literatura?
-Nunca distinguí el periodismo de los libros. Son formas de expresión literaria. El periodismo escrito es una forma de literatura, pero la diferencia fundamental entre el género periodístico y el literario es el tiempo de elaboración. El periodismo tiene urgencias que a veces son enemigas de la calidad, y el libro te permite trabajar los textos con más tiempo y cariño.

-Para sus libros, maneja primero una enorme masa documental y de información. En Espejos aclara que de haber incluido las fuentes bibliográficas, el volumen se habría duplicado.
-A veces son documentos o información que tienen que ver con la historia y a veces con el presente. Pero cada historia que escucho -porque en general cuento cosas que han ocurrido, que ocurren-, trato de confirmarla o de explorarla más a fondo, y proviene de esta libretita enana que siempre llevo en el bolsillo. ¿Ves? [Muestra una libretita ínfima.] Anoto cosas que leo o que me llaman la atención. Mirá qué hermoso esto del escritor gallego Álvaro Cunqueiro sobre el exilio: "Cada hombre lleva una isla en la nostalgia a la que sueña con regresar. Cuando en esa isla llueve, llueve en su corazón". También comentarios de fútbol, soy muy futbolero: "Las lágrimas riegan las mejillas del Titán Palermo", de una transmisión de un partido en el que ganó Boca. Muchas de esas cosas después se convierten en textos. Otras no.

-Acá empiezan sus libros.
-Acá, y después van al papel y después a la computadora en versiones donde vuelvo a reelaborar. Esto es de ayer, un grafiti en la playa del Buceo: "No pegues a los niños, ahora portan armas".

-¿Cómo selecciona el material?
-Trato de entrar en el pasado sólo cuando lo siento presente, cuando en lo que ocurrió siento vibraciones que no son pasadas sino presentes. El desafío es: a ver cómo hago para contar esto que ocurrió y lograr que ocurra cuando lo cuento. Es el hígado el que me lo dice, no un criterio racional. Siento que eso me da un golpecito en la espalda y me dice: "Oiga, oiga, ¿no le gustaría contarme?"

-¿Y su obra de ficción?
-Poca cosa, te digo. Ya me siento muy lejos de eso.

-¿Por qué?
-Me siento mucho más cómodo trabajando con la realidad y tratando de revelar las realidades que la realidad esconde, porque la realidad es real en la vigilia y también en el sueño y la pesadilla. Hay muchas realidades dentro de la realidad y el desafío de revelarlas me atrae más que la imaginación pura y desprendida. Hice, sí, libros de ficción, pero no es en lo que más me reconozco.

-¿Por eso no regresó a la ficción?
-Me parece que la realidad humilla a la ficción. La realidad es una señora tan loca y tan capaz de poesía que no se puede competir con ella. Es preciso tratar de conversar con ella para que te cuente lo que le pasa y uno es un intérprete. Yo no cuento las cosas como las recibo, las reelaboro muchísimo, las recreo. En lo que escribo desde hace ya unos años siempre hay un material de verdad, de cosa ocurrida o que ocurre. A veces es historia, a veces es tiempo presente, sin que los separe una frontera.

-De la ficción le quedó el trabajo del texto y la cadencia poética.
-Sí, pasé por todos los géneros antes de intentar un género de géneros, una síntesis del lenguaje humano. Es mi lenguaje más mío, sí. Y Espejos es mi espejo también. De todos mis libros es el que quizá siento más redondo, pero...

-¿Más que Memoria del fuego?
- Memoria del fuego es una obra más trabajada y trabajosa, fueron casi diez años, tres tomos y mil y pico de historias hasta el presente. Fue una tentativa de abarcar la historia de América y la mamá de Espejos, que trató de abarcar aquello que me llamara y me dijera algo, y, sobre todo, el desafío de revelar lo escondido, lo no dicho, la historia de los nadies, de los ninguneados, que es donde están las voces que más vale la pena escuchar.

-¿Usted escribió poesía?
-No, poesía como verso, no.

-Porque en Espejos hay una poesía latente.
-Está como metida en la prosa, el hálito poético proviene de la poesía que la realidad contiene. Es un modo de expresar las cosas para que puedan ser compartidas en un acto de comunión entre iguales.

-¿Por qué entre iguales?
-Porque ésa es una de las pocas cosas en las que no coincido con Julio Cortázar, que fue mi amigo entrañable y maestro. ...l hablaba del lector hembra y todas esas cosas. Y no, nada de eso, el lector no es pasivo nunca. Cuando es verdadero, el lector crea contigo, es un diálogo que después convierte el libro en cosa de él o de ella, ya no tuya. El libro deja de pertenecerte y se incorpora al que lo lee, y dentro del que lo lee se va convirtiendo en otra cosa.

-Regalamos un libro que nos gustó como si fuera propio y nos expresara.
-Seguro, es una parte de mí: me doy. Al libro le encanta que lo regalen y hasta que lo roben.

-¿Está trabajando en algún libro o proyecto?
-No. Ahora estoy en el puerperio, como una recién parida. Uno queda atado al libro por un tiempo. Después ya vendrá otra cosa, no sé. La sensación al principio es de pánico al vacío. Cuando estás muy enganchado con una tarea creadora y el libro que creció dentro de vos ya salió, lo mirás desde afuera como algo que te pertenece pero ya no, que es tuyo pero no del todo, y eso te produce un poco de pánico, ¿sabés?

-¿Después de haber publicado casi cuarenta libros?
-Sí, sí, igual. Pánico, pánico: ahora no voy a poder escribir nada más, me quedé vacío, para qué voy a vivir. Ese pánico quizás es la prueba de que estoy de veras vivo. Como el pánico que siento ante la hoja en blanco...

-¿En serio?
-Es el mismo pánico que sentí a los 14, 15 años, cuando empecé a intentar escribir y a publicar alguna cosita en los semanarios socialistas. Me daba un pánico tremendo la hoja en blanco, me hacía temblar las rodillas. Y ahora también. Y es la prueba de que, más allá de la edad, sigo teniendo esa energía juvenil, porque el miedo indica que uno está muy metido en lo que hace, si no, no tendrías miedo de no poder hacerlo. Hay una responsabilidad en el oficio de escribir que no depende de si se escribe un artículo, una canción, un guión, una novela, sino del hecho de que esas palabras, si se imprimen, se dirigen a otros e influyen en otros.

-En el periodismo ya no está muy generalizada la conciencia de esa responsabilidad.
-No, y tampoco en algunas formas de expresión puramente literarias, por ejemplo, en las ciencias sociales.

-Y en algunas obras de ficción.
-Sí, eso es una regla de juego del mundo moderno, donde todo existe por un ratito. Ya no hay la intención de escribir para después, se escribe para el instante y eso en periodismo es legítimo e inevitable, pero en otras formas de expresión literaria ya no funciona.

-¿Qué opina del periodismo actual?
-Los espacios de independencia se han ido encogiendo muchísimo. Hubo una concentración de poder enorme en el mundo periodístico. El derecho de informar está cada vez en menos manos y eso implica un nivel de manipulación que antes no existía y que lo practica la televisión más que la prensa escrita. Pero también en la prensa se manipula. Hugo Chávez y Evo Morales triunfaron en plebiscitos revocatorios, Evo por más del 67% de los votos, y eso contradice lo que la prensa más influyente del mundo dice de los dos personajes: que son dictatoriales e impopulares. Imaginate si Bush hubiera hecho un plebiscito revocatorio.

-¿Cómo ve el proceso uruguayo? Usted firmó hace poco en contra de la ley de caducidad para juzgar los crímenes de la dictadura.
-Sí, y hace ya muchos años fui miembro de la comisión que promovió el voto contra la misma ley y perdimos por muy poquito. Era un país recién salido de la dictadura, todavía enfermo de miedo. Esperemos que haya cambiado. La ley de caducidad contradice la ley internacional y algunos principios éticos en el Estado, porque autoriza el crimen siempre que se obedezca la orden de los mandos.

-Obediencia debida.
-Una especie de obediencia debida, con el agravante de que aquí, bajo ese manto, han metido incluso atrocidades. ¿Quién puede haber ordenado secuestrar a la nuera de Juan Gelman, traerla embarazada al Uruguay y matarla después de parir para entregar a su hija a un policía? Ésa fue una de las muchas atrocidades incluidas en la ley. Y el principio de que pueda caducar la pretensión punitiva es inmoral porque la impunidad estimula al delincuente.

-Uruguay no tenía tradición de dictaduras.
-Y fue la gran cámara de torturas de la dictadura.

-¿Por qué?
-Por la proporción de torturados.

-¿En relación con la población?
-Sí, en eso sí que fuimos campeones mundiales. Ojalá lleguemos a impedir que el Uruguay sea un santuario de impunidad.

-Cuando lo nombraron primer Ciudadano Ilustre del Mercosur, el único presidente que no lo felicitó fue Tabaré Vázquez. ¿Hay alguna enemistad?

-Que yo sepa, no. Ahora, por qué el gobierno uruguayo fue el único ausente, habría que preguntárselo al gobierno uruguayo. No tengo la menor idea. Bueno, los tiempos de la Santa Inquisición han quedado atrás. No sé, no entiendo.

-¿Tal vez porque usted fue crítico de la pastera Botnia?
-Sí, y no sólo de Botnia. Me parece que no funciona ese modelo de convertir a Uruguay, que es un país pequeño, en un centro de producción de celulosa de empresas gigantescas para el mercado internacional. Eso reproduce el viejo esquema de explotación que ha sido la triste historia de estas tierras latinoamericanas, que han vivido al servicio de las necesidades ajenas, donde la explotación de los recursos naturales no ha dejado más que agujeros y fantasmas porque cuando se agotan, se van sin decir adiós y si te he visto no me acuerdo. ¿Qué pasa con este proyecto celulósico? La materia prima devora el agua, y envenena la tierra y el aire, y eso a cambio de empleos que se prometen y nunca aparecen. Desde el principio estuve en contra porque no creo en el deber de obediencia sino en la libertad de conciencia, y si eso me crea problemas con mi gobierno, lo lamento por mi gobierno. Mil y una vez he expuesto discrepancias con Cuba y eso les ha caído muy mal a algunos camaradas excitados en el deber de obediencia, y no es lo mío. Si no les gusta, paciencia. Lo mismo con la ley de caducidad, porque el gobierno no apoya este movimiento por la derogación.

-¿Qué piensa del presente argentino? Usted vivió allí.
-Viví allí y además dirigí una revista.

-Crisis, que hizo historia.

-Estoy muy ligado a ese país y... preferiría no vender hielo a los esquimales, así que no voy a hablar a un medio argentino sobre la Argentina.

-A diferencia de la Argentina, el Uruguay es un país racional.

-Más o menos, no creas. Aquí somos locos que disimulan ser cuerdos. Este país tiene una capacidad de locura, pero todos nos disfrazamos. Es un país muy loco, loquísimo.

-¿Por qué?
-Loquísimo en la vida cotidiana y hasta en las actitudes del gobierno, porque ahora se le ha ocurrido la energía nuclear, y es un acto digno del manicomio porque al Uruguay le sobra viento y le sobra sol, ¿y nos van a instalar una central nuclear? ¿No ves que es un acto de locura?

-La Argentina las vende y puede hacerles precio.
-Y bueno, de loco a loco. Es como cuando entró un visitante al manicomio y se encontró con un señor que tenía el brazo sobre el pecho y aseguraba que era Napoleón Bonaparte. "¿Y quién se lo dijo?" "Me lo dijo Dios." Y otro loco que pasaba que por ahí protesta: "Yo jamás dije eso, jamás".

-De los escritores que usted trató en Uruguay, ¿cuál es el que más lo impresionó o marcó?
-Unos cuantos. Sería injusto mencionar a uno. En los primeros tiempos me instruyeron y ayudaron mucho Onetti, Benedetti, Martínez Moreno, Paco Espínola, la poesía de Idea Vilariño, tan poderosa y tan desnuda, ese lenguaje despojado. Y los de afuera.

-¿Quiénes?
-Rulfo. Creo que es el que más me influyó, es increíble ese hombre que supo callar.

-Y sólo escribió dos libros.
-Que además son libros finitos, pero en muy pocas páginas dijo todo lo que tenía que decir. Hizo el amor de la más alta manera y después se quedó dormido.

-Habrá sido horrible.
-Para él, sí. Se las arreglaba mintiendo. Fue un gran amigo y un gran tipo, y era imposible estar con él sin que se arrimara algún periodista a preguntarle qué estaba escribiendo. Entonces él mentía y así iba inventando novelas que no existían para sacárselos de encima. Pero no estaba escribiendo nada. Hay una dignidad del silencio. Es tan difícil competir con el silencio.

-¿Onetti lo influyó mucho?
-Sí, y me enseñó también, aunque yo hago un tipo de literatura muy diferente de la suya. Pero tengo una enorme admiración por él. Un gran escritor y un personaje insólito. A los 17, 18 años, le llevaba cosas que escribía y él tenía la paciencia de leerlas. Me decía: "Mirá, pibe, si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó, habría llegado a ser director de la banda del pueblo". Como para que yo me suicidara a la salida. Era un tiernito disfrazado de puercoespín, de falso puercoespín.

-Creó un personaje hosco.
-Claro, él tenía que decir cosas así porque su personaje era ése, el que fuma mirando las manchas de humedad del techo, el que toma vinos ordinarios que me hacían mear violeta. En la época en que yo iba a su departamento, era un peligro, porque eran vinos de cirrosis instantánea, y beber con Onetti era beber muchas horas. Decía barbaridades pero en el fondo era un tiernito. Siempre fue muy cariñoso conmigo y le estoy muy agradecido. Bueno, a él y a todos, Julio Cortázar ni que hablar, un amigazo y un tipo bárbaro, tan generoso. Cortázar y Mario Benedetti son casos raros, son los dos escritores más generosos que conocí. Porque en el zoológico humano, los escritores habitamos la jaula de los pavos reales y cuando te encontrás con un colega y te pregunta cómo te va, vos tenés que decirle "más o menos", porque si le decís "muy bien", en el acto el colega se va poniendo amarillo, verde y cae desplomado con un ataque al hígado. Hay que tener cuidado de no afectar la salud del prójimo. En cambio, Julio y Mario son excepcionalmente generosos y capaces de alegrarse cuando al otro le va bien. Y eso está prohibido en el mundo moderno, que te enseña a ver al prójimo como un competidor o un enemigo, como una amenaza, no una promesa. No sólo en la literatura. Pero bueno, yo escribo y me refiero a mi sindicato.

-¿Cómo es que un país pequeño y con poca población ha dado tantos y tan buenos escritores?
-Son los dos milagros: la literatura y el fútbol. ¿Cómo puede ser que un país que tiene la población de un barrio de Buenos Aires o San Pablo haya ganado dos campeonatos olímpicos y dos mundiales y tenga 247 jugadores jugando en distintos países del mundo? Es inexplicable.

-¿La melancolía del montevideano tendrá que ver con la propensión al arte?
-No sé, también con un fútbol más quieto. El jugador uruguayo recibe la pelota y medita, recuerda, piensa en su infancia. Claro, cuando hace el pase es tarde.

-¿Por qué con tantos buenos jugadores a su seleccionado le va tan mal?
-Porque se conocen en el avión. El fútbol es un deporte asociado y por eso Enrique Pichon-Rivière, que era un genio, descubrió y practicó el fútbol como terapia de la locura, porque el loco, desvinculado del mundo, se revinculaba en los equipos de fútbol que Pichon-Rivière organizaba con sus pacientes. Y él jugaba con ellos.

-¿Está leyendo algún libro ahora?
-Leo todo lo que me cae en la mano, leo las cosas más diversas y varios libros a la vez. De chico me gustaba Salgari, me lo sabía de memoria, y Onetti también, ése era un espacio común muy importante porque reconstruíamos historias de Sandokán o del Corsario Negro y entre los dos las íbamos delirando, él en la cama y yo sentado al lado.

-¿Fue a un colegio de curas?
-No, pero tuve una infancia muy mística. Conversaba con Dios como si fuéramos amigos. Y un día se me cayó por un agujerito del bolsillo. Creo que empecé a reconocerlo en los demás, o sea, que soy religioso a mi manera. Perdí la fe en la adolescencia. El sexo, el cuerpo, ¿no? Porque en aquel tiempo la enseñanza religiosa divorciaba completamente el cuerpo del alma. Creía, creía muchísimo, y de algún modo eso está; me reconozco en las religiones llamadas primitivas, las que tienen más comunión con la naturaleza.

-Se nota en su obra.
-Sí, soy un pagano. Una cosa es la religión como acto de fe legítimo y, para mí, respetabilísimo, porque yo también fui del gremio, y otra cosa es la religión como poder material y terrenal: religión es la mía y las demás son supersticiones. Cuando terminó la persecución de los cristianos en Roma, los cristianos empezaron a comerse a los leones y la Iglesia se convirtió en un poder imperial que en la Edad Media fue dueño de la tercera parte de las tierras de Europa.

-Se lo ve feliz.
-A veces soy, sí.

-O satisfecho.
-No, satisfecho no, eso nunca, pero feliz sí. A veces se me cae el optimismo al suelo y después lo levanto, y con la felicidad pasa lo mismo. Es una luz que te visita, se va, después vuelve.

-¿Qué siente cuando mira atrás y ve su obra? Sinceramente.
-Contesto honestamente: soy consciente de que he hecho una cosa que me parece que está bien y que di lo mejor de mí. Fui muy honesto en todo lo que escribí y dejo. Pero también estoy seguro de que el mejor de mis días es el que todavía no viví y el libro mejor es el que me está esperando en algún lugar escondido, misterioso.

-¿Es así, realmente?
-Sí, y nunca tuve, como tuvo Rulfo, la certeza de que ya había dicho lo que tenía que decir.

-¿Rulfo eso lo expresaba?
-Era muy complicado el tema, delicadísimo. Además, él había tenido un período de alcoholismo agudo en el que se caía por la calle y después pasó a la Coca- Cola. No se sabía nunca muy bien, pero creo que él tenía esa certeza por un lado muy satisfactoria y por el otro terrible, porque significaba que lo que había escrito valía la pena y lo que había sufrido para escribir aquello no había sido en vano, y terrible porque eso lo convertía en un... un muerto en uso de licencia, porque si ya había escrito lo que tenía que escribir, y él vivía para escribir, ¿qué le quedaba por delante? ¿Qué le quedaba?

-Tremendo.
-Eso era una fuente de angustia que lo atormentaba mucho y por eso me parece tan admirable la dignidad de su silencio, porque no era fácil. Podía haber escrito, tenía todas las editoriales a sus pies, y nunca cayó en la tentación y se mantuvo callado y dolido. Dolido del silencio que al mismo tiempo era un ejercicio admirable de la dignidad, una forma de creación, porque él escribía para adentro, ¿no? Para mí es el gran escritor latinoamericano del siglo XX, el mejor de todos. Y personalmente era un hombre que uno no se esperaba así, tímido, inseguro, chismoso. Le encantaba chismear.

-Como a casi todos los escritores.
-A él le encantaba, sí. Y a veces era muy temeroso. Pero bueno, yo siempre siento a la mañana que lo mejor que me puede ocurrir es lo que todavía no me ocurrió, y debe de ser por eso que me conecto muy bien con los jóvenes en las lecturas que hago. Me gusta escribir para los que vienen. ¿Viste la onda de desprecio a los jóvenes? Me repele profundamente. Hay una encuesta que indica que los jóvenes creen cada vez menos en la democracia en América latina, salvo en la Argentina, Uruguay y Costa Rica. Es muy fácil satanizarlos y decir que son unos cabezas huecas a los que todo les importa un carajo, incluida la política. ¿Y qué les ofrece la política? Es un ejercicio profesional de mentirosos, de acróbatas de circo, de lo que Luis Alberto de Herrera, un caudillo del Partido Nacional [Blanco] y un viejo muy pintoresco, llamaba "los redondos". [Lo imita con voz gangosa.] "No, ése no porque es redondo." Redondos eran los que de tanto darse vuelta habían quedado redondos. Y la política está llena de redondos. ¿En quién van a creer los muchachos si lo que se promete nunca coincide con lo que se hace y si se practica el doble discurso continuo? No creen porque les mienten, y los que les mienten después se enojan porque no les creen. El descrédito de la política nació de una realidad bastante deprimente. Los chicos se encuentran con un mundo donde no rige el sistema de valores que nos formó a nosotros y que no despreciaba a los perdedores y creía que la pobreza era fruto de la injusticia. Ahora, el perdedor y el fracasado son dignos del desprecio colectivo, falta que los escupan. Hoy es obligatorio el éxito y los chicos sienten esa presión exitista de que tienen que ganar. Aquella visión del mundo, común a mi generación, a la tuya, no demonizaba a los pobres, pero ahora resulta que son ineficientes y merecen su destino porque la ineficiencia tiene que ser castigada. Los jóvenes se asoman a un mundo implacable donde cada uno que está en la escalera empuja con el pie al otro para que se caiga. Es un mundo del desvínculo donde nadie se encuentra con nadie. A los jóvenes los acusan de vivir romances con las maquinitas. Será porque con la gente es complicado.

-¿Y qué hay que hacer?
-Hay que recuperar el sentido sagrado de la palabra. Vengo del Paraguay, que es un rarísimo caso en el que los vencedores hablan el lenguaje de los vencidos. El guaraní, la lengua de los indios, se convirtió en la lengua de la sociedad entera, y en lengua guaraní hay una palabra, ñe é , que significa a la vez alma y palabra. O sea: el que miente la palabra traiciona el alma. Esta identidad entre la palabra y el alma era y es la identidad central de la cultura indígena guaraní. En la parte del libro sobre la Triple Alianza digo que lo que sobrevivió a la hora del exterminio del Paraguay es la lengua, y según su leyenda mítica, esa lengua y los paraguayos nacen de la palabra que los nombra. Ellos son hijos de la palabra, y la palabra es sagrada. Los políticos, los escritores y todos los que trabajamos con la palabra tenemos que tener conciencia de ese carácter sagrado. La gran tarea de los políticos tendría que ser recuperar la honestidad necesaria para que les crean lo que dicen. No es lo que ocurre, lamentablemente.

-En la Argentina hasta los datos oficiales de la inflación son falsos.
-El lenguaje que usamos es un lenguaje de los poderes dominantes en el mundo, un lenguaje traidor de las palabras que emplea. Cuando se dice comunidad internacional, es un club de grandes banqueros y jefes guerreros. Para mí es terrible el descrédito de las palabras. Libertad, aquí, sigue siendo el nombre de una cárcel.

-Sí, en la localidad de Libertad.
-Es como una metáfora de todo.

-Orwelliano.
-Sí. Un gran poeta catalán, Salvador Espriu, tiene un poema muy hermoso dedicado a los jóvenes, que dice que él escribió "para guardaros el verdadero nombre de cada cosa". Hay que recuperar el verdadero nombre de cada cosa, y uno escribe tratando de hacerlo, porque si no, estás condenado a la mentira incesante.

-Se dice que la ficción es una especie de mentira...
-El arte siempre es así, una mentira que dice la verdad, y es curioso, porque es una paradoja.

-Sí, y en su obra es interesante cómo eso pega una vuelta. Usted parte de la verdad, le da forma literaria con la narración y termina en la verdad.
-Recupero lo que creo que es la verdad verdadera desde mi punto de vista, porque hay muchísimas verdades posibles dentro de cada verdad. Todo depende del punto de vista. Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía. Espejos intenta ver la historia -el tiempo que pasó y el que ocurre- desde el punto de vista de los excluidos, de los no nombrados, de las mujeres, los negros, los indios, el Sur del mundo, los judíos, los gitanos, los despreciados y perseguidos. Viéndola así, te enterás de una cantidad asombrosa de historias desconocidas que vale la pena contar, como si estuviéramos alrededor del fuego.

-¿Su interés por los desposeídos y los fracasados nace por algo en especial?
-Porque a lo largo de los años no he hecho más que confirmar que toda esta filosofía del éxito obligatorio impuesta por los amos del mundo nace de una gran mentira que consiste en suponer que ganan los mejores, y eso no es verdad. Ni han ganado ni ganan los mejores. Y mucha de la gente que tenía razón perdió, y mucha de la gente que decía la verdad terminó atada a un palo y quemada viva por la Inquisición. Cuando Giordano Bruno decía que la Tierra giraba alrededor del Sol y que el Sol era una de las estrellas, fue quemado vivo. La razón la tenía él y no los quemadores.

-Después se lo reivindicó.
-Sí, la historia siempre hace eso. Con cuatro siglos de atraso.

Televisión: Los jueves, a las 23,30, en el canal Encuentro, los seguidores del escritor uruguayo pueden ver su programa La vida según Galeano

Fotos (en el bar preferido de Galeano en Montevideo) Federico Guastavino

Fuente: adn
cultura

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