domingo, 15 de marzo de 2026

Odiocracia: el clima que empujó al exilio a una periodista en la Argentina de Milei

Dejó Argentina tras denunciar amenazas de los poderosos. En su último libro reflexiona sobre "la odiocracia", un sistema que "hace que las personas se culpen entre sí"
Por: Raquel Miralles
Luciana Peker (Argentina, 1973) es periodista y escritora. Ha desarrollado su carrera profesional dando voz a las mujeres y defendiendo los derechos de los colectivos más vulnerables en su país natal, pero en su último libro se desvía ligeramente de estos temas -aunque todo está relacionado- para poner el foco sobre otra cuestión que le interesa y le afecta: el odio.

Por ese sistema del odio, que ha bautizado como "la odiocracia", tuvo que salir de su país y pedir asilo en España, donde reside desde el año 2023, por amenazas relacionadas con su labor periodística.

Está en Valencia para dar una charla sobre la diversidad y la igualdad en el marco del deporte, invitada por la organización de los Gay Games que se celebrarán en la capital del Turia este verano.

Recibe a El Español para reflexionar sobre el odio, pero también sobre la masculinidad, el movimiento feminista y el avance de las ideas ultras en el mundo, especialmente en Argentina.

Afirma que "viene del futuro", que conoce de primera mano cómo afecta esta maquinaria de la hostilidad y el rencor en las personas, especialmente con los colectivos más vulnerables. Cuenta su experiencia para que pueda "servir como espejo" a España y que la ciudadanía "actúe antes de que sea demasiado tarde".

"Impera ahora un sistema de odio que pone como enemigos a las personas trans, a las mujeres y a la diversidad sexual", asegura. Insiste en la idea de que no se refiere a la derecha tradicional con la que "puedes coincidir o no, pero que sigue unas reglas claras".

Para hacer frente a esta hostilidad, aboga por la unidad y también un poco por el pragmatismo. "Hay que cuidarse", afirma y denuncia que las mujeres que alzan la voz, las que luchan de manera visible por la igualdad, sufren grandes campañas de desprestigio y de violencia que las lleva a la "autocensura".

"Las que discuten y las que hablan se quedan rotas y solas", subraya. Este es su caso. Y el de muchas otras. Por ello, lamenta que estamos en un momento de "desempoderamiento" y vaticina que los hombres están volviendo a ocupar todas las esferas públicas, con marcados liderazgos masculinos, tanto en la derecha, como en la izquierda.

"Está todo monopolizado por varones. Le llamo la machópolis y las mujeres tenemos que prevenirlo a tiempo", señala.

Sobre esta machópolis en la que el machismo es transversal y afecta a todo el arco parlamentario, como el caso Errejón en Sumar, el de Paco Salazar en el PSOE o el del alcalde de Móstoles del PP, asegura que "los varones ultras odian los avances de las mujeres, mientras que los de izquierdas, nos subestiman".

En esta línea, expresa su "sorpresa" de que todos estos casos sean posteriores a la ola feminista que se dio en los años 2017 y 2018.

En ese momento, según explica, se dio un cambio de escenario y el feminismo y la igualdad empezaron a formar parte del debate público y "la mayoría de casos que se destaparon de hombres de izquierdas en España son de varones que sabían lo que hacían y querían una revancha".

"Lo que yo veo es una reacción de los hombres que no soportan la interpelación de las mujeres. No soportaron escuchar a las mujeres", alega.
Acaba de publicar su último libro, La odiocracia. Al fondo a la derecha. ¿Qué es la odiocracia?
Es un sistema de odio que se expresa en el avance de ideas ultras. Quiero ser muy respetuosa con la pluralidad, porque no tiene que ver con un partido o el otro o la alternancia a la que estamos acostumbrados, pero sí con sistemas muy ultras.

Es un sistema que ya atenta contra la democracia como sistema político de convivencia y que genera confrontaciones sociales muy fuertes.

La odiocracia no se basa en que hay un poder que odia y que ejerce su odio contra algunas personas, sino en hacer que las personas se odien entre sí, se culpen entre sí y ejerzan ese odio. Todos terminamos siendo víctimas del odio de los demás, teniendo miedo e inhibiéndonos.

Es una sociedad que entiende la indignación y la rabia no como movilización para intentar reclamar una sociedad mejor, sino para desquitarnos con quién creemos que nos está quitando algo.

¿Por qué triunfa tanto el odio, especialmente entre los más jóvenes?
Creo que los chicos, entre la desorientación de la interpelación feminista y la falta de acceso a empleos, a viviendas, están agarrando esta idea del odio como una idea que les pertenece y que les da una motivación. Y es muy peligroso por el efecto social y porque también es algo que les va a perjudicar.

La sociedad incentiva a los varones a hacer cosas que son odiantes, pero a la vez les castiga por ello. Hay que intentar hacer todo lo posible para frenar este fenómeno y, en ese sentido, creo que el deporte puede tener una gran función contenedora.

¿Cómo se combate este sistema de odio que describe?
Es un enorme desafío. Hay que tener perspectiva histórica, tanto en los derechos de las mujeres, como de la diversidad sexual y ver que logramos muchísimas cosas en poco tiempo. Sin embargo, esto se está gestando y creando desde hace décadas y con mucha unidad entre los sectores ultras. En España está pasando algo más grave de lo que se nota.

No hay una fórmula mágica. En lo personal, cada una tiene que elegir las batallas cuando quiere y cuando puede. Hay que cuidar a las que hablan, hay que autocuidarse y hay que estar unidas, que parece una frase hecha, pero si nos quedamos solas y fragmentadas la tarea es imposible.

Estamos en un momento en que la sociedad está polarizada y esto afecta al movimiento feminista, que ha tenido en los últimos años fuertes debates, como el relativo a las mujeres trans. ¿Cuál es el futuro del feminismo?
No existe hoy un feminismo sin las personas trans, para mí no hay ni un margen de duda. Yo creo en una unidad que respete a los seres humanos por encima de todas las cosas y en una unidad que no es un lobby que defiende derechos específicos.

El feminismo hoy, y el 8 de marzo lo demuestra, es el único movimiento que tiene marchas multitudinarias en España, en México, en Argentina, en Francia, con gobiernos de un punto o del otro.

Es el único movimiento social internacional que hoy implica valores humanos y en un mundo que ya no tiene reglas, la esperanza es el potencial de ese movimiento. Es el único que disputa no solamente el fascismo, sino un mundo que ya no valora los derechos humanos y en el que ya no hay derecho internacional ni reglas democráticas.

Si hay gente que todavía piensa que la humanidad se puede salvar, somos las mujeres y las diversidades marchando juntas hacia un modelo mejor.
Exilio a España
A finales del año 2023, Peker tomó una de las decisiones más difíciles de su vida, una decisión que todavía le pesa. Exiliarse de su país debido a una serie de amenazas de muerte y a un hostigamiento sistemático vinculado, según explica, a su defensa de los derechos de las mujeres en Argentina.

Los ataques se intensificaron por apoyar públicamente a la actriz argentina Thelma Fardin, que denunció al actor Juan Darthés por violación. También por una noticia en la que relacionaba que la liberación de las armas en su país podía aumentar el número de feminicidios.

Peker denunció que las amenazas provenían de una estructura organizada con presuntos vínculos con sectores políticos y militares. En la causa judicial, se detectó que algunas denuncias en su contra se iniciaron desde una dirección IP vinculada a la Fuerza Aérea.

"Quedó demostrado que hubo un grupo orquestado para hostigarme y amenazarme", subraya. En este punto, la escritora y activista lamenta la "impotencia de la justicia para detener los ataques digitales".

Peker, a través de su experiencia personal de exilio, advierte que España enfrenta ataques organizados contra la libertad de expresión y la diversidad. Considera que "ver lo que pasa en otros países y cómo avanzan los grupos violentos es bueno para actuar antes de que sea demasiado tarde".

"La inacción, la indiferencia o el silencio son pegarse un tiro en el pie", manifiesta.

En su caso, posicionarse y alzar la voz le ha pasado factura hasta el punto de tener que abandonar su país.

Fue y es muy difícil, pero al demostrarse esta orquestación que yo nunca me hubiera imaginado supe a lo que me enfrentaba. Consideré que para poder seguir escribiendo y seguir hablando con libertad no era posible hacerlo desde ese lugar de amenazas.

La violencia digital contra las mujeres cada vez es mayor, sin que parezca que llegue una solución.

Estoy completamente a favor de una mayor regulación y control de las redes sociales. Si no se regulan no habrá democracia.

Yo lo que hice fue poner una denuncia, pero ni la justicia ni las leyes están a la altura. De hecho, los tecnofeudalistas le están diciendo a Donald Trump que la Unión Europea no puede ni ponerles una multa porque si no amenaza con aranceles.

Esa locura en la que estamos es la que hace tener ansiedad a una mujer. Además, estas agresiones no están ligadas a la hombría clásica, que tenía privilegios, pero también obligaciones. Esto es solo odio.

¿Qué le parece la herramienta que presentó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para medir el discurso de odio en las redes sociales?
En el último mes en España, y no es casual por los ataques de Elon Musk a Sánchez o a Montero. Hay una reacción de las periodistas y del gobierno para frenar los discursos de odio e intentar que la sociedad tenga una alarma y los intentos de hacer algo son buenos. Mejor hacer algo a no hacer nada, frente al autoritarismo se necesita autoridad.

De todas maneras, la herramienta no es para frenar el odio, sino que es para el diagnóstico. El diagnóstico de donde hay más odio ya lo sabemos, es decir, no es una medida contra el odio, sino para diagnosticar un odio que ya está diagnosticado.

Los diagnósticos pueden sumar puntos para el debate, pero decir que las redes transmiten odio no es suficiente. No es cierto que X sea mucho peor que Instagram, ni que sea tan fácil irse o que haya redes nuevas que reemplacen a las antiguas con otros modos. Es una medida simbólica, pero que se queda muy corta con lo que está pasando. Además, anunciar que se está haciendo algo puede generar impotencia; las acciones tienen que ser más profundas y concretas.

Está en Valencia en el marco de la celebración de los Gay Games. ¿La diversidad y la igualdad es todavía una asignatura pendiente en el deporte?
Creo que el deporte tiene algunas asignaturas pendientes y además importa mucho, porque si hay un mandato social es hacer deporte.

Cuando yo tenía 15 años iba a la cancha del Boca, que es el club más popular de Argentina, a la Barra Brava donde estaban los hombres más tradicionales, por decirlo así. Y era el lugar más seguro para las mujeres.

Esa hombría era violenta con los otros, de enfrentamiento y no la defiendo, pero sí que creo que esta sobrerreacción de odio actual no tiene que ver con la hombría tradicional, que tenía costos muy altos, pero también responsabilidades.

Lo que hay hoy es una simulación de hombría a la que lo único que le queda es el odio, pero sin responsabilidades. No es protectora, no es proveedora, es puramente odiante.
Fuente: El Español

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