martes, 6 de octubre de 2026

Gustavo Scaglione se va de Rosario por seguridad: el contraste con el relato de sus medios

El empresario de medios Gustavo Scaglione decidió radicarse en Buenos Aires por temor a la inseguridad, según contó este martes el periodista Roberto Caferra durante su editorial en Radiópolis, por Radio 2. La decisión se conoce en medio de una escalada de violencia vinculada con el fútbol rosarino y después de la aparición de mensajes intimidatorios contra periodistas de distintos medios y una mención a su nombre en la cancha de Newell’s.

El contraste expone una situación incómoda: mientras desde sus medios concentra buena parte del relato y la inseguridad ocupa un lugar acotado en la agenda, el propio empresario habría optado por alejarse de la ciudad hasta sentirse seguro para regresar.

"Me voy de Rosario hasta que me garanticen seguridad", le dijo Scaglione a Caferra, según relató el periodista al aire. El empresario, propietario del diario La Capital y uno de los principales referentes del sector de medios de la ciudad, habría decidido trasladarse junto a su familia a Buenos Aires hasta que considere que estén dadas las condiciones para regresar.

El episodio se produce en un momento de creciente tensión entre sectores vinculados a Rosario Central y Newell’s. En los últimos días se registraron agresiones y episodios de violencia relacionados con la rivalidad entre ambos clubes, una situación que volvió a poner en discusión el límite entre la pasión deportiva y la violencia.

Durante el partido entre Newell’s y Lanús, disputado este sábado en el Coloso del Parque, se exhibieron en las tribunas banderas con mensajes contra el diario La Capital. Una de ellas decía: "La Crapital, cómplice del silencio, diario sin aliento", mientras que otra sostenía: "Con los milicos tranzaste, con el poder te arrodillaste".
 
Este es el editorial de Roberto Caferra:
Arrancábamos esta mañana con una apertura, una editorial sobre la guerra en el fútbol. Vivimos en una ciudad que está atravesada no por las alegrías que da el deporte, sino por las tensiones que propone esta confrontación política que tienen las instituciones deportivas.

Hay una institución que está, digamos, creyendo que el camino está ligado a la política y está armando parte de sus blindajes alrededor de la política. Y bueno, todos, a ver, los hombres y la política se involucran con los clubes.

Ayer, cuando vi el partido de Rosario Central con Banfield y vi la bandera de "Todos Unidos Triunfaremos", insisto con que hay un sector de la hinchada de Central que está laburando políticamente, no solamente deportivamente con el club, sino políticamente. Quiere decir que el club también sea un vehículo ideológico, de discusión ideológica sobre el futuro de la Argentina. Y eso está clarísimo porque esa bandera tiene una contratación que no es convicción solamente, sino también hay una cuestión de dinero.

Esa bandera no es inocente en la hinchada de Central. "Todos Unidos Triunfaremos" remite a la Marcha Peronista y está ligado básicamente a eso. La genética de la hinchada de Central tuvo que ver con la Resistencia Peronista de los 60 y haberla manifestado y haberla expuesto de la manera que se expuso a la historia de esa hinchada.

Bueno, se cantó la Marcha Peronista en la época de la dictadura de Onganía, después en los 70, con el Tula, con el Perón que no podía llegar. Bueno, hay una cuestión cultural que liga al fútbol con ese sector popular de la Argentina, cuando el fútbol era una herramienta de lo popular.

Hoy es otra cosa: es un negocio fastuoso, donde sus protagonistas ganan en dólares, los contratos salen en dólares y nos proponen también un diálogo tenso, en donde los futbolistas son tan solo meros espectadores de ese diálogo tenso.

Ayer empezó el juicio por el crimen de Ivana Garcilazo, donde tres docentes descerebrados, bajo los efectos de las drogas, el alcohol o la propia demencia de la pasión por el fútbol, salieron a tirarle piedras a la gente que festejaba y una piedra termina con la vida de una mujer que festejaba con su bocinita de la moto la victoria de un partidito de fútbol. Digo un partidito porque era un partidito de fútbol.

No importa quién ganó, no importa quién perdió. Va a importar siempre la vida de Ivana Garcilazo. Y el considerado responsable dijo que no había sido él, que había sido el otro. Y seguramente en la guerra que vamos a tener en las calles de la ciudad de Rosario, con las camisetas de Central y Newell’s sin poder usarse libremente en las calles por miedo...

Ayer lo decía la hermana de Ivana Garcilazo: ella no puede transitar con tranquilidad las calles de Rosario cuando tiene alguna indumentaria de Central o de Newell’s. Le pasa a todos, ¿eh? Vos, con un pantaloncito de Newell’s, no llevás a tu hijo a caminar por Boulevard Avellaneda, aunque sea un miércoles a la tarde. Lo mismo pasa con una camiseta de Central en el Parque Independencia.

No vas, porque hay una frontera. No tenemos fronteras geopolíticas, tenemos fronteras estúpidamente deportivas.

Ayer me decía el dueño de esta empresa, Gustavo Scaglione —lo cito porque es una persona que hace más de diez años que está involucrada en el negocio de la comunicación—, que se va a vivir a Buenos Aires definitivamente con su familia. Se quiere ir; inclusive alentó a su familia a irse del país en estos días. Y me lo dijo con seriedad.

En realidad, uno trata, por más que sea el dueño de la empresa, y las razones del jefe las conozco de antes de ingresar a la empresa, en las tribunas de Gimnasia y Esgrima de Rosario, viendo cómo su hijo era el capitán del equipo de rugby de Gimnasia.

A Gustavo Scaglione no le importa el fútbol, le importa nada. Fue tan solo una excusa, inclusive, para algunas chicanas. Es hincha de Newell’s, su hijo y su familia también.

Y me dijo: "No vuelvo más a Rosario hasta que no me garanticen seguridad".

Entonces le pregunto —esta es una conversación informal que develo porque me parece que es un síntoma—: un empresario que ha crecido mucho en los últimos tiempos decide no participar más de la escena social rosarina, por lo menos en estas semanas, hasta que no se calme el asunto de esta guerra estúpida entre los clubes de la ciudad.

Ayer, un fletero que, evidentemente, estaba trasladando a gente con camiseta de Newell’s, fue maltratado en la calle. Podía haber alguien muerto, claro que sí. Después del caso de Ivana, cualquiera que camine por la calle y reciba un piedrazo puede morir.

Ya nos demostraron que una piedra en la mano es un arma mortal. Entonces, podía haber fallecido el fletero en el accidente o en la provocación. Digo en el accidente porque, si la piedra lo hubiera desmayado y hubiera colisionado, hubieran sucedido cosas y podría haber terminado trágicamente. Por suerte, no pasó.

Como la hincha de Central que termina con una piedra, lo que motivó el avance de la Policía en búsqueda de los agresores hace algunos días atrás.

Pero si las autoridades de las instituciones deportivas no asumen la responsabilidad política que tienen con el tema, si las autoridades, obviamente, que están a cargo de la seguridad pública no asumen también la responsabilidad sobre este tema, el fútbol va a ser una excusa para la muerte en la ciudad de Rosario. O para el terror, como decía ayer la hermana de Ivana Garcilazo, que no puede caminar por la calle si no es con miedo.

O como me decía ayer Gustavo Scaglione, que se va de la ciudad hasta que esto no se calme, porque no puede entender que haya una bandera contra el diario La Capital en una de las instituciones del club, acusando al diario. Él es el dueño del diario La Capital también. ¿Cuánto falta para que un demente vaya y ataque a un periodista por escribir tal o cual cosa?

Una volanteada en donde mencionan a algunos colegas, en donde mencionan inclusive a algunos empresarios, entre los cuales está el propio Gustavo Scaglione, pero también está un gran amigo, Martín Arribillaga, CEO del Grupo Boing. Personas muy correctas, independientemente de las humoradas que el fútbol nos ha permitido construir alrededor de sus resultados.

Pero esto es un tema para las autoridades. Autoridades de las instituciones deportivas, autoridades de las instituciones de la política, aquellos que están preocupados por la distribución judicial, que también han puesto, desde la Justicia, mucha energía para tratar de ordenar esto. Y en esto hay nombres y apellidos muy concretos, en donde se ha trabajado intensamente por esto.

Que a mí una persona con mucho poder me diga: "Che, me voy de Rosario hasta que esto no se calme, porque tengo miedo de que le pase algo a mis hijas, a mí, a mi familia", me resulta un síntoma muy peligroso.

La intolerancia, cuando empieza a ser parte de la escena social y termina uno acostumbrándose al intolerante, a la cara de traste como inicio, pero que termina siendo agresivo en el final del camino...

Vos ves que un docente, que es capaz de entregar su cuerpo, su organización personal, para ir a dar clase a Cabin 9 —tenés que dar clase en Cabin 9—, tiene un compromiso académico. No lo hace una persona por dinero: ir a dar clase a una escuela en los márgenes de la ciudad lo hace por un compromiso de transformación muy grande.

Y que, de golpe, esa persona honorable se transforme en un monstruo, capaz de ir a tirar piedras a una esquina porque no le gustó un resultado deportivo, es tremendamente contagioso. Esa enfermedad es contagiosa.

Entonces, es un grito para la autoridad. Y la autoridad es el capitán del equipo, el que forma a juveniles, el que va...

Me dijeron que el fin de semana hubo un clásico entre Central y Newell’s en un predio de la ciudad, en donde quienes fueron a jugar la pasaron mal: los técnicos, los jugadores y demás, por la tensión que ya tiene ese encuentro.

Si no paramos esto, lo que era Rosario, la capital del deporte hasta hace un ratito, con la euforia muy feliz que hubo de los Juegos Sudamericanos, se va a transformar en una locura.

Y yo creo que esto es responsabilidad de las autoridades que conducen también las instituciones deportivas. También las instituciones deportivas.

A nadie le sirve el humo en este tiempo. Y si hay otro plan, que es utilizar el fútbol para hacer política institucional, que lo digan. Que lo digan.

Que sean honestos con eso. "Vamos a utilizar las tribunas de nuestra institución para hacer una unidad básica, para hacer un comité radical. Y lo vamos a hacer. Y vamos, desde cada uno, a disputar. Y uno apoyará a tal funcionario, el otro apoyará a tal adversario. Y transformaremos las calles de la ciudad de Rosario en Gaza, en donde a piedrazos nos vamos a matar los unos a los otros".

Esto está pasando. No es que no pasa.

Porque la Justicia hoy está dirimiendo si tres personas que tiraron piedras y mataron a una jovencita que festejaba una victoria van a estar 30 años presos.

Por eso. No importa quién tiró la piedra que terminó con Ivana. Pero los fiscales creen que esas personas merecen 30 años de prisión.

Pero muchos tienen piedras en la mano. Falta muy poquito para que empiecen a tirarlas.

Muy poquito.
El comunicado del Sindicato de Prensa Rosario que publicó La Capital:
Escuchá el relaro de Roberto Caferra: