La preocupación llevaba meses creciendo entre vecinos y vecinas del barrio Las Malvinas. Lo que para muchos era un pequeño bosque urbano, un refugio natural construido durante décadas en el predio de la ex Fecovita, aparecía amenazado por el avance del proyecto inmobiliario Tres Vías, impulsado por la empresa Bauen Pilay. Los temores terminaron de confirmarse cuando, en apenas dos horas y con el trabajo de palas mecánicas, ese paisaje desapareció.
La escena dejó una imagen difícil de olvidar para quienes la presenciaron. Los árboles no fueron extraídos ni trasladados. Fueron derribados y destruidos. Vecinos que observaban desde la calle vieron cómo las máquinas enganchaban los troncos desde arriba y arrancaban ejemplares que llevaban décadas, e incluso más de un siglo, formando parte de la identidad del barrio.
La escena dejó una imagen difícil de olvidar para quienes la presenciaron. Los árboles no fueron extraídos ni trasladados. Fueron derribados y destruidos. Vecinos que observaban desde la calle vieron cómo las máquinas enganchaban los troncos desde arriba y arrancaban ejemplares que llevaban décadas, e incluso más de un siglo, formando parte de la identidad del barrio.
Entre los árboles eliminados había jacarandás de más de cincuenta años, moras blancas, paltas, ceibas, yuchanes colorados y blancos centenarios, además de pinos y cipreses que, según denuncian los residentes, superaban ampliamente los cien años de vida. Para quienes habitan la zona, no se trataba solamente de árboles aislados, sino de un corredor biológico consolidado, un pulmón verde que funcionaba como refugio para aves, mariposas y otras especies.
La controversia gira en torno al desarrollo urbanístico previsto para el predio ubicado entre Carballo, Estrada y Don Orione, donde se proyecta la construcción de dos torres de cuatro pisos y un edificio de veintiún pisos. Aunque los vecinos reconocen que el emprendimiento puede representar un avance urbano, cuestionan la ubicación elegida y el costo ambiental que implica su ejecución.
La controversia gira en torno al desarrollo urbanístico previsto para el predio ubicado entre Carballo, Estrada y Don Orione, donde se proyecta la construcción de dos torres de cuatro pisos y un edificio de veintiún pisos. Aunque los vecinos reconocen que el emprendimiento puede representar un avance urbano, cuestionan la ubicación elegida y el costo ambiental que implica su ejecución.
Desde principios de año comenzaron a revisar documentación relacionada con la obra. Analizaron planos, ordenanzas y estudios vinculados al proyecto. En ese recorrido detectaron lo que consideran una omisión central: la ausencia de un informe de impacto ambiental.
La vecina Erika Wild se convirtió en una de las principales voceras del reclamo. Según relató en Señales, desde enero un grupo de residentes viene solicitando información sobre el proyecto Tres Vías, aprobado por el Concejo Municipal en 2023. En ese proceso, afirmó, encontraron una serie de irregularidades que despertaron preocupación.
Wild sostiene que la ordenanza municipal 8.814 establece la obligación de presentar un informe de impacto ambiental para emprendimientos emplazados en terrenos superiores a los 2.000 metros cuadrados. Según su interpretación, el proyecto de Pilay encuadra claramente dentro de esa exigencia, no sólo por la superficie del lote sino también por la altura prevista para una de las torres, superior a los 66 metros y ubicada en una zona donde, según indicó, esa escala de construcción no estaba contemplada originalmente.
La vecina Erika Wild se convirtió en una de las principales voceras del reclamo. Según relató en Señales, desde enero un grupo de residentes viene solicitando información sobre el proyecto Tres Vías, aprobado por el Concejo Municipal en 2023. En ese proceso, afirmó, encontraron una serie de irregularidades que despertaron preocupación.
Wild sostiene que la ordenanza municipal 8.814 establece la obligación de presentar un informe de impacto ambiental para emprendimientos emplazados en terrenos superiores a los 2.000 metros cuadrados. Según su interpretación, el proyecto de Pilay encuadra claramente dentro de esa exigencia, no sólo por la superficie del lote sino también por la altura prevista para una de las torres, superior a los 66 metros y ubicada en una zona donde, según indicó, esa escala de construcción no estaba contemplada originalmente.
La vecina recordó que en marzo mantuvieron reuniones con la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, y con Mora Peiró, coordinadora general de la Secretaría de Planeamiento. Según contó, los funcionarios se comprometieron a brindar una devolución sobre el planteo realizado, respuesta que —asegura— nunca llegó.
El reclamo vecinal fue tomando forma institucional. El 31 de marzo presentaron una solicitud para revisar el proyecto urbanístico argumentando que omitía información esencial sobre el ecosistema existente en el lugar. Allí señalaron la presencia de árboles adultos, especies nativas y ejemplares de gran valor ambiental que, entienden, debían ser protegidos.
La cuestión llegó incluso al Concejo Municipal. El 27 de abril, Wild participó de una reunión de la Comisión de Ecología y Ambiente para exponer la situación. Lo hizo acompañada por vecinos del barrio Las Malvinas, representantes de asociaciones vecinales y miembros de la agrupación ambientalista Protegiendo Nuestros Árboles Rosario.
El reclamo vecinal fue tomando forma institucional. El 31 de marzo presentaron una solicitud para revisar el proyecto urbanístico argumentando que omitía información esencial sobre el ecosistema existente en el lugar. Allí señalaron la presencia de árboles adultos, especies nativas y ejemplares de gran valor ambiental que, entienden, debían ser protegidos.
La cuestión llegó incluso al Concejo Municipal. El 27 de abril, Wild participó de una reunión de la Comisión de Ecología y Ambiente para exponer la situación. Lo hizo acompañada por vecinos del barrio Las Malvinas, representantes de asociaciones vecinales y miembros de la agrupación ambientalista Protegiendo Nuestros Árboles Rosario.
En aquella presentación solicitaron que cualquier avance del proyecto estuviera precedido por una evaluación ambiental integral y la elaboración de un informe de impacto ambiental. También reclamaron garantías para la preservación del arbolado y la fauna existente, la revisión del cumplimiento de la ordenanza Nº 7.349 vinculada a la plazoleta Cosme Budislavich y la apertura de instancias de participación vecinal.
Los vecinos argumentaron además que la ordenanza Nº 10.582, sancionada a fines de 2023 y vinculada al desarrollo urbanístico de Pilay, no contemplaba adecuadamente el ecosistema urbano de alto valor ambiental existente sobre calle Don Orione. Señalaron que hasta el momento no se había evaluado la pérdida de biodiversidad, el impacto climático y térmico, el valor paisajístico y patrimonial del sector ni las consecuencias urbanas y sociales para el barrio.
Los vecinos argumentaron además que la ordenanza Nº 10.582, sancionada a fines de 2023 y vinculada al desarrollo urbanístico de Pilay, no contemplaba adecuadamente el ecosistema urbano de alto valor ambiental existente sobre calle Don Orione. Señalaron que hasta el momento no se había evaluado la pérdida de biodiversidad, el impacto climático y térmico, el valor paisajístico y patrimonial del sector ni las consecuencias urbanas y sociales para el barrio.
Sin embargo, según Wild, todas las gestiones terminaron chocando contra una pared. Asegura que el expediente quedó atrapado en disputas políticas y que nunca prevaleció la decisión de revisar la información presentada. "Nunca primó el sentido común", resumió.
La preocupación se intensificó a comienzos de junio. El día 9 los vecinos volvieron a presentar un pedido para que el Ejecutivo exigiera formalmente el informe de impacto ambiental. También realizaron reclamos a través del sistema municipal 147. Según relató Wild, recibió llamados de funcionarios y concejales preguntando por qué insistían con una denuncia sobre un terreno privado. La respuesta fue siempre la misma: más allá de la titularidad del predio, existía una ordenanza que obligaba a presentar estudios ambientales previos.
La vecina también aseguró haber intentado comunicarse con el intendente Pablo Javkin, quien, según contó, le prometió revisar la situación y responder posteriormente. Esa respuesta tampoco habría llegado.
La vecina también aseguró haber intentado comunicarse con el intendente Pablo Javkin, quien, según contó, le prometió revisar la situación y responder posteriormente. Esa respuesta tampoco habría llegado.
Paralelamente, los vecinos mantuvieron reuniones con representantes de la empresa. Incluso dialogaron con Mario Eduardo Schujman, uno de los socios fundadores de Bauen Arquitectura en Rosario. Habían acordado un nuevo encuentro junto a integrantes del área de Planeamiento para esa misma semana. Pero antes de que la reunión se concretara, las máquinas ingresaron al predio.
Para los residentes, la rapidez de la intervención no fue casual. Wild sostiene que la empresa aceleró la remoción total del arbolado porque se encontraba bajo creciente presión por los cuestionamientos vinculados al informe ambiental y al reclamo vecinal.
La agrupación Protegiendo Árboles Rosario respaldó públicamente esa denuncia. En un comunicado sostuvo que en apenas dos horas desaparecieron ejemplares que formaban parte de un corredor biológico histórico sobre calle Don Orione. También cuestionó tanto a la constructora como al Municipio por haber permitido la intervención.
La indignación se mezcló con la tristeza durante la jornada de la demolición. Mientras las topadoras avanzaban, los vecinos observaban cómo desaparecía un paisaje que había acompañado la historia reciente del barrio. Algunos gritaban desde la vereda para que detuvieran los trabajos. Otros registraban con sus teléfonos lo que consideraban una pérdida irreparable.
Wild describió el episodio como un "ecocidio". Dijo que los pájaros parecían desorientados, sin saber dónde posarse después de que el bosque desapareciera. Contó que sólo quedó en pie un árbol de palta, ubicado precisamente en el sector donde está prevista la apertura de una calle, y que teme que también sea removido.
La vecina insistió en que el reclamo nunca fue únicamente ambiental. Para quienes habitan el sector, esos árboles también representaban una parte de la memoria colectiva del barrio. Eran una referencia histórica, un espacio de encuentro y un elemento fundamental del paisaje cotidiano.
Por eso, lejos de dar por terminada la discusión, los vecinos anticipan nuevas acciones. Exigen que se haga público el informe de impacto ambiental que, según sostienen, nunca fue presentado. También reclaman que no se autorice la continuidad de la obra hasta esclarecer esa situación y que cualquier compensación sea extraordinaria y proporcional al daño causado.
Entre las alternativas planteadas aparecen reforestaciones masivas, cesiones de terreno para espacios verdes y medidas de reparación que contemplen la magnitud de la pérdida ambiental. Consideran que la desaparición de árboles centenarios no puede compensarse con intervenciones simbólicas.
La polémica adquiere además un tono paradójico. Mientras la empresa promociona el proyecto Tres Vías como una propuesta asociada a la sustentabilidad, los espacios verdes y el contacto con la naturaleza, los vecinos sostienen que su concreción implicó precisamente la eliminación de uno de los ecosistemas urbanos más valiosos de la zona norte de Rosario.
Al caer la mañana, cuando las máquinas ya habían terminado su trabajo, lo que durante años había sido un bosque urbano quedó reducido a un terreno despejado. Para los vecinos, la sensación era la de haber perdido mucho más que árboles. "En dos horas desaparecieron más de cien años de historia natural", resumieron desde la agrupación ambientalista.
La discusión, sin embargo, sigue abierta. Ya no se trata solamente de un emprendimiento inmobiliario. Lo que quedó planteado es un debate más amplio sobre el modelo de ciudad, los límites del desarrollo urbano y el lugar que ocupan el patrimonio ambiental y la participación ciudadana en las decisiones que transforman el territorio.
"La importancia ambiental del lugar era conocida", remarcaron desde la organización. Recordaron que durante meses se realizaron gestiones ante organismos públicos, reuniones con funcionarios y conversaciones con representantes empresariales para intentar preservar al menos una parte del patrimonio natural existente. Sin embargo, aseguran que dos días después de uno de esos encuentros se ordenó la tala total. "Fue un engaño. Fue una burla", señalaron.
La indignación se mezcló con la tristeza durante la jornada de la demolición. Mientras las topadoras avanzaban, los vecinos observaban cómo desaparecía un paisaje que había acompañado la historia reciente del barrio. Algunos gritaban desde la vereda para que detuvieran los trabajos. Otros registraban con sus teléfonos lo que consideraban una pérdida irreparable.
Wild describió el episodio como un "ecocidio". Dijo que los pájaros parecían desorientados, sin saber dónde posarse después de que el bosque desapareciera. Contó que sólo quedó en pie un árbol de palta, ubicado precisamente en el sector donde está prevista la apertura de una calle, y que teme que también sea removido.
La vecina insistió en que el reclamo nunca fue únicamente ambiental. Para quienes habitan el sector, esos árboles también representaban una parte de la memoria colectiva del barrio. Eran una referencia histórica, un espacio de encuentro y un elemento fundamental del paisaje cotidiano.
Por eso, lejos de dar por terminada la discusión, los vecinos anticipan nuevas acciones. Exigen que se haga público el informe de impacto ambiental que, según sostienen, nunca fue presentado. También reclaman que no se autorice la continuidad de la obra hasta esclarecer esa situación y que cualquier compensación sea extraordinaria y proporcional al daño causado.
Entre las alternativas planteadas aparecen reforestaciones masivas, cesiones de terreno para espacios verdes y medidas de reparación que contemplen la magnitud de la pérdida ambiental. Consideran que la desaparición de árboles centenarios no puede compensarse con intervenciones simbólicas.
La polémica adquiere además un tono paradójico. Mientras la empresa promociona el proyecto Tres Vías como una propuesta asociada a la sustentabilidad, los espacios verdes y el contacto con la naturaleza, los vecinos sostienen que su concreción implicó precisamente la eliminación de uno de los ecosistemas urbanos más valiosos de la zona norte de Rosario.
Al caer la mañana, cuando las máquinas ya habían terminado su trabajo, lo que durante años había sido un bosque urbano quedó reducido a un terreno despejado. Para los vecinos, la sensación era la de haber perdido mucho más que árboles. "En dos horas desaparecieron más de cien años de historia natural", resumieron desde la agrupación ambientalista.
La discusión, sin embargo, sigue abierta. Ya no se trata solamente de un emprendimiento inmobiliario. Lo que quedó planteado es un debate más amplio sobre el modelo de ciudad, los límites del desarrollo urbano y el lugar que ocupan el patrimonio ambiental y la participación ciudadana en las decisiones que transforman el territorio.
Escuchá el testimonio completo:






