jueves, 1 de enero de 2026

Cuando silenciar a la prensa se vuelve política de Estado

El año 2025 dejó un saldo sangriento para la libertad de expresión: periodistas asesinados, medios asfixiados y un poder que ve en la verdad a su principal enemigo, advierte La Opinión, el diario en español más leído de Estados Unidos, fundado en 1926 en Los Ángeles y la Agencia The Associated Press. Los ataques a la prensa revelan una estrategia global de silenciamiento que amenaza la democracia y deja a los ciudadanos indefensos frente al abuso del poder.

La libertad de prensa necesita más aliados
Quie­nes ama­mos la liber­tad de expre­sión debe­mos hacer­nos el firme pro­pó­sito de com­ba­tir y denun­ciar los ata­ques con­tra los medios de comu­ni­ca­ción, que tuvie­ron en 2025 uno de sus años más per­ni­cio­sos.

Desde las trin­che­ras de los con­flic­tos y las ofi­ci­nas de los gobier­nos así como desde la indus­tria misma, los gol­pes reci­bi­dos por los comu­ni­ca­do­res han sido devas­ta­do­res.

Afirma el Comité para la Pro­tec­ción de los Perio­dis­tas que por lo menos 126 per­so­nas vin­cu­la­das a los medios -85 de ellas debido a los bom­bar­deos en Gaza- fue­ron ase­si­na­das en 2025.

Esto, ade­más en un clima de casi total impu­ni­dad en donde los crí­me­nes come­ti­dos que no se pagan se con­vier­ten en el abono de nue­vas vio­la­cio­nes que tam­poco lle­ga­rán ante la jus­ti­cia.

En EEUU, la lle­gada al poder de una Admi­nis­tra­ción de corte fas­cista y con una enorme ten­den­cia a la cen­sura, ha con­ver­tido a los perio­dis­tas en su ene­migo público número uno, acu­sán­do­los de difun­dir noti­cias fal­sas cuando no siguen la narra­tiva ofi­cial y pre­sio­nán­do­los con la ame­naza de millo­na­rias deman­das por con­te­ni­dos que no se adhie­ren al gusto de Trump.

Dife­ren­tes reglas de juego en la cober­tura de ins­ti­tu­cio­nes clave como el Pen­tá­gono y mar­gi­na­miento de ser­vi­cios que se nie­gan a lla­mar al Golfo de México como Golfo de Amé­rica solo dan la idea de que el juego de la Casa Blanca sigue un libreto de corte dic­ta­to­rial salido de los mis­mos manua­les que se usa­ban en la Ale­ma­nia Nazi.

Parte de la pro­ble­má­tica con­siste en que la gente de la calle poco sabe de esta estra­te­gia demo­le­dora: según el Cen­tro de Inves­ti­ga­ción Pew, solo 36% de los esta­dou­ni­den­ses afirma estar al tanto de esta nociva rela­ción entre el Gobierno y la prensa.

Masi­vos recor­tes a medios públi­cos como la cadena NPR y un pano­rama eco­nó­mico rece­sivo en el que las inver­sio­nes publi­ci­ta­rias sufren la incer­ti­dum­bre creada por el vai­vén del tema tari­fa­rio impul­sado por la misma Admi­nis­tra­ción, com­ple­tan un pano­rama deso­la­dor.

Las reac­cio­nes de la mayo­ría de los medios y la socie­dad a los comen­ta­rios del pre­sen­ta­dor Jimmy Kim­mel tras la muerte del acti­vista de dere­cha Char­lie Kirk son ape­nas un rayo de luz en una noche de tinie­blas. La soli­da­ri­dad de los defen­so­res de la pri­mera enmienda gana bata­llas peque­ñas en medio de esta san­grienta gue­rra.

Un informe de Muck Rack y Rebuild Local News regis­trado por la agen­cia AP da cuenta de que en 2002 había 40 perio­dis­tas por cada 100.000 habi­tan­tes en EEUU, mien­tras que hoy esa cifra es ape­nas poco más de ocho.

Lo cierto es que quie­nes pier­den con una prensa ata­cada somos todos.

Sin unos medios inde­pen­dien­tes que fis­ca­li­cen los abu­sos, quie­nes estén mejor conec­ta­dos con los gobier­nos son quie­nes tie­nen carta blanca para hacer lo que mejor les parezca, desa­for­tu­na­da­mente y como ocu­rre muchas veces, en per­jui­cio del bien común.

Este año que ya comenzó defen­da­mos nues­tros medios, apo­yé­mos­los mani­fes­tán­do­nos y com­prando su con­te­nido. Solo ellos nos pro­te­ge­rán cuando los abu­sos de los pode­ro­sos ven­gan por noso­tros. Y cui­dé­mo­nos de la pro­pa­ganda del Gobierno.

2025, un año difícil para los periodistas, con pocas esperanzas de mejora
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con reporteros antes de embarcar en el Marine One, en la Casa Blanca, el 19 de diciembre de 2025, en Washington

Por: David Bauder, AP
Desde casi todas las perspectivas, 2025 ha sido un año difícil para cualquiera que se preocupe por la libertad de prensa.

Es probable que sea el año más letal jamás registrado para periodistas y trabajadores de medios de comunicación. El número de agresiones a reporteros en Estados Unidos casi iguala el de los últimos tres años juntos. El presidente de Estados Unidos reprende a muchos de los que le hacen preguntas y llamó "cerdita" a una mujer. Y las filas de quienes realizan este trabajo continúan reduciéndose.

Es difícil pensar en una época más oscura para los periodistas. Así lo afirman muchos, como Tim Richardson, exreportero del Washington Post y director del programa de periodismo y desinformación de PEN America. "Se puede afirmar con seguridad que el ataque a la prensa durante el último año ha sido probablemente el más agresivo que hemos visto en tiempos modernos."

Seguimiento de asesinatos y agresiones a periodistas
A nivel mundial, las 126 personas de la industria de los medios de comunicación asesinadas en 2025 hasta principios de diciembre igualaron el número de muertes en todo 2024, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), y el año pasado se batió un récord. Los bombardeos israelíes en Gaza causaron 85 de esos decesos, 82 de ellos de palestinos.

"Es extremadamente preocupante", dijo Jodie Ginsberg, directora general del CPJ. "Desafortunadamente, no se trata solo del número de periodistas y trabajadores de medios asesinados, sino también de la falta de justicia o de que se rindan cuentas por esos asesinatos".

"Lo que sabemos tras décadas de trabajo es que la impunidad genera impunidad", agregó. "Así que el fracaso a la hora de abordar los asesinatos de periodistas crea un entorno en el que esos asesinatos continúan."

El Comité para la Protección de los Periodistas estima que hay al menos 323 reporteros encarcelados en todo el mundo.

Ninguno de los fallecidos este año era de Estados Unidos. Pero trabajar en suelo estadounidense también ha sido peligroso. Se han reportado 170 agresiones a periodistas en el país este año, 160 de ellas a manos de las fuerzas de seguridad, según el U.S. Press Freedom Tracker. Muchas de estas denuncias proceden de la cobertura de las medidas de control migratorio.

Es imposible ignorar la influencia de Trump, que con frecuencia se enoja con la prensa al tiempo que interactúa con los reporteros más que ningún otro presidente que se recuerde, respondiendo con asiduidad a sus llamadas telefónicas.

"Trump siempre ha atacado a la prensa", dijo Richardson. "Pero durante el segundo mandato, lo ha convertido en acciones gubernamentales para restringir, castigar e intimidar a los periodistas."

Periodistas aprenden pronto que tienen una lucha entre manos
The Associated Press lo aprendió rápidamente, cuando Trump limitó el acceso de la agencia para informar sobre él después de negarse a seguir su iniciativa para renombrar el Golfo de México. Esto dio comienzo a una batalla legal que sigue sin resolverse. Trump también ha cerrado acuerdos con las televisoras ABC y CBS News en demandas sobre noticias que no le gustaban, y tiene demandas abiertas contra The New York Times y Wall Street Journal.

Molesto desde hace tiempo por lo que considera un sesgo contra los conservadores en los noticieros de PBS y NPR, Trump y sus aliados en el Congreso recortaron la financiación a la radiodifusión pública en su conjunto. El presidente también ha tomado medidas para cerrar organizaciones gubernamentales que transmiten noticias a todas partes del mundo.

"Estados Unidos es un gran inversor en el desarrollo de medios de comunicación, en medios independientes en países que tienen poco o ningún medio independiente, o como fuente de información para personas en países donde no hay medios libres", indicó Ginsberg. "La eliminación de Radio Free Europe, Radio Free Asia y la Voz de América es otro golpe a la libertad de prensa a nivel mundial."

Otros en la Casa Blanca siguen el ejemplo de Trump, como cuando su oficina de prensa eligió el día después de Acción de Gracias para lanzar una web para quejarse de los medios o reporteros que creen que son injustos.

"Es parte de esta estrategia general que estamos viendo en ciertos gobiernos, en particular en Estados Unidos, para tachar a todos los periodistas que no se limitan (a repetir) la narrativa del gobierno de noticias falsas, como dudosos, como sospechosos, como criminales", manifestó Ginsberg.

El secretario de defensa de Trump, Pete Hegseth, ha retratado a los periodistas como figuras oscuras que merodean por los pasillos del Pentágono para descubrir secretos clasificados como justificación para imponer reglas restrictivas a la cobertura informativa.

Eso ha dado lugar al ejemplo más notable de la respuesta de los reporteros: la mayoría de los medios convencionales renunciaron a sus credenciales para trabajar en el Pentágono en lugar de aceptar las normas, y siguen publicando informaciones a pesar de no trabajar desde allí. The New York Times ha presentado un recurso para tratar de revocar las reglas. El periódico también se defiende públicamente cuando es atacado por el presidente, como cuando se quejó de la cobertura acerca de su estado de salud.

A pesar del esfuerzo más organizado contra la prensa, la población apenas lo ha percibido. El Centro de Investigación Pew dijo que el 36% de los estadounidenses reconoció a principios de año haber oído hablar sobre la relación entre el gobierno de Trump y la prensa, frente al 72% que afirmó lo mismo a la misma altura de su primer mandato.

Las encuestas muestran sistemáticamente que los periodistas nunca han sido populares, y es posible que susciten poca simpatía cuando su trabajo se complica.

"Realmente el daño recae sobre la población, ya que depende de los reportes independientes para entender y escrutar las decisiones que están siendo tomadas por la oficina más poderosa del mundo", explicó Richardson.

Algunos motivos para el optimismo
En su conjunto, el sector de la información lleva más de dos décadas en fase de reestructuración debido, en gran medida, a un colapso en el mercado publicitario, y cada año se multiplican las noticias sobre despedidos como consecuencia de ello. Una de las estadísticas más desalentadoras del año apareció en un reporte de las organizaciones Muck Rack y Rebuild Local News: en 2002, había 40 periodistas por cada 100.000 personas en Estados Unidos y, este año, la cifra se ha reducido a poco más de ocho.

Preguntados por si hay razones para ser optimista, tanto Ginsberg como Richardson señalaron la aparición de algunas organizaciones de noticias locales independientes, brotes de esperanza en un paisaje árido, medios como el Baltimore Banner, Charlottesville Tomorrow en Virginia y Outlier Media en Michigan.

Por mucho que sean ridiculizados en el Estados Unidos de Trump, el influyente director general de Axios, Jim VandeHei, señaló recientemente en una columna que los reporteros de los medios convencionales siguen trabajando duro y son capaces de establecer la agenda del país con sus reportes.

Como dijo a la AP: "Con el tiempo, con suerte la gente recuperará el sentido común y dirá: 'Oye, los medios, como cualquier otra cosa, son imperfectos, pero, hombre, es bueno tener una prensa libre'".

Fotos: Alfred Yaghobzadeh, Abaca Picture Alliance - AP Foto, Julia Demaree Nikhinson, archivo
Fuentes: Diario La Opinión, The Associated Press