martes, 17 de mayo de 2011

Víctor Hugo Morales: "En Argentina no solo hay libertad de prensa, hay libertinaje"

Víctor Hugo Morales recibió a La República en el estudio desde el cual hace años mantiene vivo el vínculo con Uruguay a través de los centenares de compatriotas que lo escuchan en las mañanas de Radio Continental
Por: Hernán Reyes 
Han sido semanas de mucha exposición para él a raíz de la defensa que hace de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (o ley de medios), que le ha valido varias críticas de buena parte de los medios argentinos y lo llevó a renunciar a la Academia Nacional de Periodismo, donde son mayoría los representantes de los grandes medios.
Referente ineludible de la cultura uruguaya y también argentina, Morales dejó en claro su postura sobre el periodismo en la región, habló de ese lazo que nunca se corta con la patria de origen y explicó por qué estuvo a punto de volver a Uruguay en 1999 pero no pudo por la "intolerancia".


Muchos periodistas sostienen que es difícil hacer periodismo en la Argentina de hoy por las críticas que hay desde el gobierno. ¿Es así? 
Ellos dicen que es imposible hacer periodismo en la Argentina, ¿pero por qué? ¿Qué problema hay para decir lo que queramos hoy en día? Si las críticas a la presidenta son cada vez más fuertes... Yo también sentí esa confusión entre crítica y ataque a la libertad de expresión alguna vez, cuando me fui del canal público (N. de R.: se refiere a su salida del canal estatal en 2006 por diferencias con la línea editorial), pero estaba equivocado. Porque mis jefes me reprochaban o me criticaban algo, y yo sentía que eso limitaba mi libertad de expresión. Pero cuando un medio prescinde de mí, ¿ataca a la libertad de expresión, o es una situación laboral? Lo mismo me pasó en empresas de derecha. Y ninguno limitó mi libertad de expresión, porque yo seguí diciendo lo que quería; simplemente prescindieron de mis servicios. Hoy tenemos no sólo libertad, sino libertinaje de expresión, en el sentido de decir que la presidenta está loca o sugerirlo en tapas de diario. Pero no cabe ningún tipo de duda de que en la Argentina se goza la libertad de decir lo que se quiera.

Algunos hablan de las críticas a periodistas, es cierto, pero hay otros argumentos, como el reparto de publicidad del Estado... 
Es que hay muchas cosas que se juntan, como la distribución de la pauta oficial y su asignación no del todo clara, y que afecta únicamente al diario "Perfil". Pero tampoco hay un criterio universal ni "recomendado" ­y esto me lo reconoció el propio jefe de la Sociedad Interamericana de Prensa, la SIP­ a seguir en la materia. Lo que pasa es que esos temas, que siempre estuvieron en la discusión con todos los gobiernos, están insertos en medio de la discusión profunda que hay entre el Estado y los medios privados que han abusado de su posición dominante y que han acogotado la democracia. Es un hecho que en Uruguay no sucede, es difícil de explicar el monopolio en el que se ha convertido "Clarín". Y en ese contexto todo lo que se discute desde esos medios está sobreactuado.

¿Parte de ese aprendizaje que mencionaba hace que los medios tengan cada vez menos credibilidad? Según el Instituto Verificador de Circulación, las ventas de "Clarín" cayeron 66.000 ejemplares los domingos y 42.000 en la semana durante el último año. 
Es que cada vez les va peor a ellos y mejor al gobierno. El gran beneficio que ha tenido esta administración, más allá de una gestión que como cualquier otra tiene claros y oscuros, es que ha quedado claro que la confrontación es con los periodistas y los medios. En Uruguay, Mujica se puede enojar un día con un diario o con otro, pero no va a ocurrir que el gobierno tenga como adversario a un diario, sino que la oposición es, como corresponde, un partido político.

Hay dos temas que están especialmente en el centro del debate en ambos países, no solo en sí mismos sino en cómo son tratados por los medios, que son la inseguridad y la participación de menores en hechos delictivos. ¿Qué opina del rol del periodismo en estos casos? 
Es indispensable como periodistas tener una medida ética en nuestro comportamiento. Si los secuestros se producen una sola vez y no a lo largo de todo un día, ¿por qué repetirlos insistentemente? Lo que ha enfermado a las sociedades, más allá de las luchas políticas de los medios, es que los canales necesitan alimento para llenar 24 horas de programación, especialmente en el cable. Entonces se les vuelve una necesidad meter la cámara en la casa de un tipo que se está por tirar del balcón o en una toma de rehenes que les llenan cuatro horas de programa. Más insólito aún cuando es TN el canal que está prendido en las casas y redacciones uruguayas. Y el problema es que a lo que era un descalabro por una falta de ética y estética, se sumó un interés político por demostrar una sociedad desquiciada por la violencia. Estamos viviendo una etapa de absoluta desvergüenza en el comportamiento de los medios. Cada vez que hay un asesinato en sociedades con millones de personas como las nuestras te lo repiten hasta el hartazgo. ¿Es eso todo lo que pasa en un país?

En Argentina el gobierno habló de "sensación" de inseguridad y lo criticaron. ¿Cuál es la influencia de los medios, si la hay, en el tema de la sensación del delito? 
Sucede que Argentina y Uruguay son casos distintos a lo que pasa en el resto de América Latina, ya que nuestras sociedades tienen una percepción mucho mayor de la inseguridad de la que realmente hay y la culpa la tienen los medios. Nadie camina por la calle esquivando balaceras ni hay delitos todo el tiempo. ¡Y lo dijo hasta la BBC de Londres en un informe reciente, pero no lo publican! Esto viene de una construcción mediática que antes respondía a la explotación del morbo y lo amarillo, que ocurrió toda la vida. Siempre existió en cada país una revista específica dedicada al tema, acotada, y algunas bien hechas en lo suyo. Pero ahora eso se convirtió en una revista televisiva de morbo las 24 horas del día.

Usted ha sido crítico alguna vez de cómo esa forma de mostrar algunos temas tiende a omitir las condiciones de desigualdad que llevan a cometer esos delitos. ¿Sigue pensando eso?
¡Claro! El gran tema de la violencia es en realidad cómo ellos esconden las causas. Porque los dueños de los grandes medios te mandaron neoliberalismo durante diez años, dejaron sin trabajo a millones de hombres en la mejor edad de laburo, sus hijos nacieron en hogares de desocupados y crecieron rodeados de marginación y resentimiento. Y no dicen ni una sola palabra al respecto. Y acá sí hay diferencias entre Argentina y Uruguay, porque en Uruguay las expectativas son más moderadas socialmente. La gente se arregla con dos pantalones y un traje para los domingos, hay una visión más acotada, no nos sentimos desgraciados si no podemos salir a comer a un restaurante todos los sábados. En esta sociedad argentina, en cambio, las expectativas son muy superiores, de la ropa que te tenés que poner y los bienes materiales a los que tenés que acceder. Te sopapean con los logros y los sueños que vos no conseguís, te convierten en un resentido. Y después desligan eso de la violencia, cuando esta sociedad tiene un 10% de la violencia que podría tener si fuera por la frustración que tratan de instalar. Y te lo demuestran los números del resto de América Latina. Todo esto está puntillosamente ignorado por los medios. Por eso a la gente hay que ayudarla a entender el problema, darle un contexto de por qué suceden esos delitos. Uno puede tener errores como periodista en el tratamiento de un tema. Pero otra cosa es un diario o un canal permanentemente dándote manija siempre con lo mismo, y lamentablemente hay periodistas que hacen obediencia debida del dictado interesado de los dueños de los medios.

Usted se refiere a "Clarín" como "monopólico" mientras que la Justicia todavía tiene que pronunciarse sobre un aspecto legal (el artículo 161 de la ley de medios) que lo obligaría a desprenderse de varios de sus medios para ajustarse al nuevo escenario de participaciones de mercado. ¿Qué opina de este punto? 
Ese artículo es crucial para que no haya posiciones monopólicas. Porque lo que está mal es que las posiciones dominantes crean una verdad que se instala rápidamente y sostienen con su poder monopólico. En Uruguay no hay un caso así porque ningún medio tiene el 90% del mercado del cable o es dueño del papel que usa el resto de los diarios. Hay una verdad, digamos, pero no está monopolizada por ninguno, sino que la tiene un rato cada uno de los diarios. Un día uno con más incidencia, otro día otro, y así, de una forma democrática. En Uruguay todavía existe saludablemente un juego periodístico de intereses muy equilibrados, con lo cual la democracia de los medios está salvaguardada. Porque cuando un diario se convierte en el dueño de la verdad tiene un poder de fuego que se extiende a los demás medios. La mayor alegría que yo he vivido en Argentina en estos 30 años fue el día que el gobierno abrió fuego contra "Clarín". Y eso que este país me ha dado cosas cada segundo de mi vida.

"El rico uruguayo es distinto"
"Aquí aprendemos a querer muchísimo todo lo argentino, porque perdemos esa mirada un poco provinciana que tenemos sobre el tipo del "pago grande". Nosotros en Uruguay miramos mucho, y mal, al porteño de Punta del Este, ricachón, que efectivamente suele ser despreciable en general. El rico uruguayo es distinto, porque como hay menos movilidad social, hay menos nuevos ricos y los ricos están desde siempre. En cambio la Argentina tiene mucho nuevo rico. Entonces ese comportamiento de ese tipo de Punta del Este termina siendo eso que nosotros interpretamos por el argentino. Pero acá en Buenos Aires está lleno de tipos con solidaridad, con ganas de darte una mano, creativos, fantasiosos. El porteño, en todo caso, es quizá menos esencial que el uruguayo en las amistades que se da", dijo.

¿Usted también vino a cumplir sueños?
Mi caso fue distinto y tuvo más que ver con un desafío profesional. Había llegado a un punto de mi carrera en el que pensé que el medio chico que es de por sí el Uruguay se me había achicado demasiado y me sentía asfixiado. Pero no es el caso de la mayoría, que viene a buscar trabajo, y a varios les va mucho mejor que allá. Y si no les va del todo bien, por lo menos no les va tan mal como al inmigrante de otro país al que le va mal y encima es discriminado. El uruguayo no es discriminado porque ni siquiera se sabe bien quién es uruguayo. Tenés que hablar un rato, largar algún uruguayismo, hasta que se dan cuenta.

¿Y volvería a Uruguay? 
Por supuesto. De hecho estuve por volver en 1999, pero me jugó en contra el aviso que hice para el Frente Amplio por entonces. Ojo, no me arrepiento para nada y estoy orgulloso. Es que en esa época me iba muy bien y por primera vez se había creado una relación económica más o menos equilibrada entre Uruguay y Argentina, y había pensado en vivir allá. Pero cuando hice el aviso se rompió fuertemente la relación con una parte de la sociedad, especialmente de la derecha, y recibí unas 2.000 cartas de la gente. Las que leí, te puedo asegurar, eran el mayor destrato al que se puede someter a un ser humano, llenas de intolerancia.
Fuente: Diario La República

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