domingo, 31 de enero de 2010

Tomás Eloy Martínez, 1934 - 2010

El escritor y periodista Tomás Eloy Martínez falleció esta mañana a los 75 años de edad, víctima del cáncer que lo había perseguido durante varios años.
Nacido en San Miguel de Tucumán en 1934, tuvo una larga trayectoria como periodista, novelista y crítico de cine, además de haber trabajado en importantes medios argentinos como el diario "PáginaI12" y el semanario "Primera Plana".
Fue columnista de los diarios La Nación, The New York Times y El País de España. También escribió libretos de cine y televisión, y fue crítico cinematográfico, además de integrar el equipo de dirección del semanario Primera Plana. También dirigió la Opinión Cultural y la revista Panorama. Entre 1975 y 1983 vivió exiliado en Caracas, Venezuela, donde fue editor del Papel Literario del diario El Nacional (1975-1977) y asesor de la Dirección de ese mismo diario (1977-1978). Allí fundó El Diario de Caracas, del que fue director de redacción (1979). En 1991 participó en la creación del diario Siglo 21 de Guadalajara, México, que salió durante siete años, hasta diciembre de 1998.
En junio de 1991 creó el suplemento literario Primer Plano del diario PáginaI12 de Buenos Aires, que dirigió hasta agosto de 1995. Desde mayo de 1996 es columnista permanente del diario La Nación de Buenos Aires y de The New York Times Syndicate, que publica sus artículos en doscientos diarios de Europa y las Américas.

"Afirmemos nuestro derecho a reclamar un mundo que no se parezca a ningún otro; pongamos nuestra palabra de pie para ayudar a crearlo." Tomás Eloy Martínez
Vivió gran parte de su vida en Estados Unidos, donde dirigió el Programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, en New Jersey, siendo profesor distinguido de la institución. Es uno de los Maestros de la Fundación Nuevo Periodismo.
Entre sus principales novelas figuran “Santa Evita”, traducida a más de 30 idiomas, y “La novela de Perón”, basadas en las vidas del presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1955 y 1973-1974) y su segunda esposa, Eva Perón, en las que combinó elementos de la ficción y la realidad.
Hace ya tiempo descubrí, no sin sorpresa, que los azares del periodismo me acercaban con persistencia al tema de la muerte. Hace 1965 supe, en Hiroshima y Nagasaki, que un hombre puede morir indefinidamente y que la muerte numerosa que al principio pareció intolerable y que luego fue aceptada con indiferencia y hasta olvido. Así lo perdimos... Tomás Eloy Martínez, Lugar común la muerte
Asimismo fue el autor de otras muchas novelas como “El cantor de tango”, “La mano del amo”, “El vuelo de la reina” y “Purgatorio”, la colección de relatos “Lugar común la muerte” y el relato periodístico “La pasión según Trelew”, además de escribir libretos de cine y televisión.
Martínez decía que: "La literatura si no es desobediencia no es. La literatura, como el periodismo, son centralmente actos de transgresión, maneras de mirar un poco más allá de tus límites, de tus narices. Todo lo que he escrito en la vida son actos de búsqueda de libertad. Nada me daba más placer -cuando publicaba mis primeros artículos en La Gaceta de Tucumán- que mi madre le dijera a mis hermanas: "Tenemos que ir a misa a rezar por el alma de Tomás, que está totalmente perdida"

El exilio
“La dictadura tuvo un efecto muy nocivo, muy venenoso en mi país, y cercenó muchas de las dignidades periodísticas de ese tiempo, no sólo en Argentina, también en Chile... Y yo pasé ese tiempo en Venezuela, en el exilio. En aquella época no existía la posibilidad de acceder a la lectura diaria del periodismo en otro país. En la distancia se veía que aquel proceso que se vivía en Argentina era dictatorial, y atrozmente dictatorial. Recuerdo que a los pocos días de estar en El Nacional de Caracas, donde me acogieron, me pidieron una crónica sobre Argentina. La titulé Una larga marcha entre los escombros; recogía ahí los nueve puntos de la Junta Militar, que condenaba a la ciudadanía a la obediencia ciega. Me decían: "Te equivocas, Videla es el bueno; ha triunfado la línea más civilizada del Ejército, hay una línea más perversa..." La había, pero Videla había preparado arteramente la matanza completa de toda conciencia de la sociedad”.
"Cuando volvés al hogar del que te fuiste, pensás que cerraste el círculo pero te das cuenta de que tu viaje fue sólo de ida. Del exilio nadie regresa... El despojamiento de los afectos es terrible. Te fuerzan a ser otro. Y en esa 'otredad' te pierdes" Tomás Eloy Martínez en su novela “El Purgatorio”
El anonimato, una peligrosa impunidad
Ante el periodismo, ante lo que vendrá, siento una cierta perplejidad; las formas de lectura están cambiando vertiginosamente y el periodismo de papel se está convirtiendo en un vehículo incómodo para la lectura. Mucha gente prefiere las versiones on-line de los periódicos, y yo les encuentro un riesgo, sobre todo en los comentarios a las noticias o a las opiniones. Por un lado, hay una libertad necesaria para escribir y para expresarse con soltura. Por el otro, el anonimato de los posteos abre el camino a una peligrosidad impunidad. No me preocupan tanto los descuidos y malos tratos a que se somete el lenguaje, que es nuestra herramienta esencial. Me preocupa más que se lea mal y que esa ligereza en la lectura derive en una ligereza en la acusación. El anonimato encubre una cierta infamia, encubre a veces sentimientos deleznables. Esto no es el periodismo, por supuesto; es una perversión del periodismo, pero es algo para lo cual el periodismo es un vehículo en este momento.
"Es una meditación sobre el país, sobre su pasado y sobre su futuro, sobre las ilusiones de grandeza que tuvimos y sobre la frustración de esa ilusión a partir de 1930, con la quiebra de la continuidad democrática" Tomás Eloy Martínez sobre su libro "El Suelo Argentino"
El periodismo un acto de servicio
Yo parto del hecho de que el periodismo es ante todo un acto de servicio, un servicio al lector. Con el periodismo tú le sirves a un lector; le presentas una realidad con la mayor honestidad posible, con los mejores recursos narrativos y verbales de que dispones. Pero en todo momento tienes que dejar bien claro que esa es la realidad que tú has visto, en cuya veracidad confías... En tanto periodistas, en tanto intelectuales, nuestro papel, como siempre, es el de testigos. Somos testigos privilegiados. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas..., se lo respeta con la información precisa. A la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta. Si el periodista transa con el Poder, si se vuelve cómplice de la mentira y de la injusticia, destroza el mejor argumento de su legitimidad y el único escudo de su fortaleza... traiciona la fe del lector. En la ficción, en cambio, tienes que dejar en evidencia que esos datos que das no son confiables. Por eso puso debajo del título de Santa Evita la palabra novela.
¿Cómo seducir, usando un arma tan insuficiente como el lenguaje, a personas que han experimentado con la vista y con el oído todas las complejidades de un hecho real?. Tomás Eloy Martínez en El periodismo vuelve a contar historias
Ezequiel Martínez, el hijo de Tomás Eloy, escribió: "En su discurso de agradecimiento por el Premio Ortega y Gasset a la trayectoria periodística que le concedieron en España, dijo: 'Aunque a la palabra se le impongan cerrojos y diques, se seguirá abriendo paso como el agua, fortalecida por la adversidad'. Esa palabra, adversidad, no es casual. A él le tocaron casi todas: la injusta adversidad del exilio, la de la pérdida de un ser amado, la de la enfermedad… Quisiera terminar con una confesión. Cuando era chico, jugaba a ser como él. Lo acompañaba a las redacciones donde trabajaba y lo veía tipear con devoción las teclas de su máquina de escribir. Me gustaba imitarlo cuando revisaba las pruebas de imprenta o cuando se concentraba buscando datos en algún archivo de hojas amarillentas. A veces, si le prometía silencio y compostura, me permitía escoltarlo en sus entrevistas, que luego transformaba en piezas periodísticas que parecían cuentos de ficción. Narraba la realidad con las herramientas de la imaginación. Y yo sabía que de grande quería hacer eso. Yo quería, como quieren todos los chicos, ser como mi papá."

Fotos: TelAM y Uly Martín, El País
Fuentes: Archivo Señales, agencias, Diario El País

Aquellos años de "La dolce vita"

A los 50 años de su estreno, una exposición en el Museo Nacional del Cine de Turín recupera la época y el escándalo de la película de Fellini, que anticipó en varias décadas la caída de Italia en el vacío. El periodista Indro Montanelli calificó en aquel entonces el filme como "una obra cumbre del cine y el periodismo"
Por: Miguel Mora
Hace medio siglo justo, una noche de enero de 1960, Federico Fellini invitó a Indro Montanelli a su casa romana para enseñarle la película que acababa de hacer. Un par de días después, el siempre frío periodista dejó su apasionado testimonio, la primera crítica del filme, en un texto memorable que publicó Il Corriere della Sera. "Fellini no alcanza cotas menos altas de las que Goya tocó en la pintura", escribió Montanelli. "Nuestro cine no ha producido jamás nada comparable a esta película. No estamos aquí en el cinematógrafo. Estamos ante un gran fresco, ante algo excepcional, no porque represente más o mejor lo que se ha hecho hasta ahora en la pantalla, sino porque va netamente más allá, violando todas las reglas y convenciones".
Imposible resistirse a seguir citando a la biblia. Montanelli consideró La dolce vita una doble cumbre: del cine y del periodismo: "Fellini, antes de ser cineasta, ha sido periodista. Y se sirve precisamente de un periodista para coser los episodios del filme, describiéndolos a través de otros tantos sucesos de crónica que le conducen a la exploración de la sociedad romana en todos sus estratos y barrios, desde el palacio del Príncipe hasta las cuevas intelectuales de Via Margutta, al apartamento de los nuevos ricos de Parioli, a los cafés de Via Veneto, a los tugurios de las paseantes de la periferia y los baldíos terrenos de las chabolas del cinturón subproletario".
"Ecco, aquí entramos en mi oficio, y sobre la exactitud del relato me siento autorizado a manifestarme", proseguía. "Muchos negarán esa exactitud, y esperamos que lo hagan de buena fe, es decir, creyendo francamente que el retrato es arbitrario. Pero yo con toda honradez debo decir que si Mastroianni, que interpreta al protagonista, hubiese sabido contar con el bolígrafo, para un periódico del que yo fuese director, las mismas cosas que ha contado con la cámara de Fellini, y con la misma fidelidad, yo le triplicaría el sueldo".
Permitan todavía un par de píldoras más, para terminar el saqueo: "¡Dios mío, qué tristeza, qué miseria, esos discursos, esas caras, esa falsedad! ¿Somos nosotros, esos tipos?", se preguntaba Montanelli. "Sí, somos nosotros, Dios nos perdone. Ésas son las cosas que decimos (y que no pensamos) cuando estamos juntos. Ésas son nuestras mentiras. Ésas, nuestras vanidades. Ésas, las mujeres que giran alrededor nuestro, o sobre las que nosotros giramos, que tienen todo dudoso, hasta el sexo. No, el retrato de esta sociedad no mejora cuando pasa del palacio del Príncipe al salón de la poeta o al estudio de la pintura. Cambia de estilo. Pero sigue en la mezquindad, en lo dialectal, en lo falso".
Once meses antes, el 16 de marzo de 1959, a las 11.35 de la mañana, la claqueta cortaba el aire para rodar la primera escena: Marcello Mastroianni seguía a Anita Ekberg por la cúpula de San Pedro, reconstruida en Cinecittà como casi todo lo demás. Anitona bañándose en la Fontana de Trevi, una de las secuencias más célebres de la historia del cine, fue rodada un mes más tarde, con nueve grados, según anota Íñigo Domínguez, el corresponsal que más sabe de cine italiano (y otras cosas) en Roma.
Cuando se estrenó, una vez pasada la censura, la película generó controversia salvaje. Dolió su verdad profunda y profética, que anticipó en 30 años la caída del país en el vacío, ese retrato fragmentario de las vísceras de una sociedad frívola, aburrida, decadente y cínica. La retransmisión de los milagros a la carta, la homosexualidad reprimida, el bienestar que anticipó el boom del consumo, la superficialidad de la prensa moderna que se empieza a entregar al cotilleo encarnada en el disoluto Mastroianni, casi mudo y desencantado paparazzo -ahí se acuña la palabra-, vagamente alter ego de Fellini...
Todo ello suscitó el escandalazo que había pronosticado Montanelli. El preestreno en el Capitol de Milán fue apoteósico. Hubo pitos e insultos, y un disidente escupió a Fellini en el cuello. En Roma fue peor. Una viejecita se apeó de su Mercedes en Piazza di Spagna, dando manotazos al chófer, y se colgó de la corbata de Fellini para gritarle: "¡Antes atarse una piedra al cuello y tirarse al mar que dar este escándalo!", recuerda Domínguez.
El Vaticano se sumó enseguida a la condena de la lucidez con artículos anónimos en L'Osservatore Romano, lo que contribuyó a la expansión internacional del filme. Salvo en España, donde se estrenaría con 20 años de retraso, en 1980. Fellini, Mastroianni, Anita Ekberg, los guionistas Ennio Flaiano y Tullio Pinelli (que vivió 100 años), incluso el músico Nino Rota, pasaron a ser considerados "pecadores públicos".
Fellini, quitándose importancia, explicaba así la película: "Sólo quería decir que, pese a todo, la vida tiene una dulzura profunda, innegable".
Esa misma ternura marcó su relación con Mastroianni, recuerda Barbara Mastroianni, la hija mayor del actor. "Eran muy amigos y se parecían mucho, se entendían al vuelo, siempre estaban bromeando y nunca se contaban las desgracias", dice. "En el trabajo eran absolutamente cómplices. Mi padre era muy reservado y no hablaba mucho de sus cosas, pero adoraba a Fellini, había entre ellos una gran simbiosis. Recuerdo que cuando rodaron Ginger y Fred, muchos años después, Papá vino a casa muerto de risa porque Fellini había metido una parodia de Berlusconi, el Comendatore Lombardone". Era 1986: el periodista seguía trabajando.
Hoy, en el Museo Nacional del Cine de Turín, una maravillosa exposición, Los años de la Dolce Vita, rinde tributo a aquellos días dorados y, sobre todo, a aquellas noches y aquellas amanecidas. Por un lado, hay 130 alegres fotos callejeras del paparazzo Marcello Geppetti, que muestran a Roma convertida en un plató a cielo abierto. Media ciudad vivía del cine y la otra media rezaba. Culpa, ambas cosas, del beato proteccionista Giulio Andreotti, que obligó a las productoras americanas a reinvertir las taquillas en territorio nacional. Geppetti capta a todas las estrellas de ese tiempo. Se agolpaban literalmente en los cafés de Via Veneto (hoy vacíos y prohibitivos, y algunos en manos de la N'drangheta) que habían inspirado a Fellini la idea de La dolce vita en el verano de 1958.
Cinecittà era la casa de Fellini. Allí se celebró el superfuneral, en 1993, poco antes de que Lombardone consumara su escalada. Barbara Mastroianni, que fue ayudante de sastra en E la nave va y le llamaba siempre signor Fellini, recuerda que su padre volvió a casa enfermo aquel día. "Le molestó toda aquella parafernalia que montaron, decía que Federico no la habría aprobado. No sabía que a él se la harían también poco después".
En la exposición de Turín se pueden ver también 28 imágenes muy raras, oscuras y poéticas, que tomó durante las pausas del rodaje Arturo Zavattini, hijo del escritor Cesare Zavattini y operador del filme. En su ensayo para la muestra, el eximio crítico Tullio Kezich, amigo y biógrafo de Fellini desaparecido el año pasado, escribía estas sabias líneas: "En la Cámara gritaban los fascistas y en los púlpitos los curas llamaban a rezar por Fellini. Sólo los jesuitas de Milán le defendieron, y fueron enviados al exilio". Y concluía: "Casi se echa de menos aquella Italietta en la que por una película presuntamente inmoral, en la que no había siquiera la sombra de un desnudo femenino, se rompían amistades, se desencadenaban batallas y se agotaban los periódicos".

Créditos de las fotos:
Anita Ekberg:
Riama-Pathe/The Kobal Collection/Pierluigi
Federico Fellini y Marcello Mastroianni: Arturo Zavattini


Fuente:
Diario El País

Un paseo por la Cartagena donde vive Gabo

Homenajeado en Cartagena por la Real Academia Española, un Gabo de ochenta años bailó vallenatos en la calle hasta la madrugada. Así lo recuerda Ángeles Maestretta*.
Era miércoles en la noche. El lunes había sido la gran fiesta. El temblor, la reticencia, las palabras de los amigos, la voz de García Márquez contando el cuento del cómo de sus cuentos ante un público entregado a entregarle todo el cariño de mundo. En Cartagena. Un millón de ejemplares de Cien años de soledad publicados por la Real Academia de la Lengua y una celebración de sus pares como no ha recibido ningún otro escritor vivo. Nada más arduo para él que aquel revuelo y nada más diáfano y alegre. Cayeron del techo miles de papeles amarillos y tantos aplausos como podían caber en el teatro. Justo ahí, en la ciudad iluminada y ardiente que es Cartagena.
Luego, cuando se fueron los reyes de España, el Presidente de Colombia, el presidente Clinton y el aire que al moverlos cambia nuestro aire, una calma de mar suelto y horizonte claro se instaló en el salón de la casa. El Gabo estaba tumbado en un sillón blanco, vestido de blanco y con el gesto preso de la blanca inocencia que da el sentirse querido y libre al mismo tiempo. Ya pasó y no pasó nada, parecía oírse por la casa en calma.
Las visitas comieron carimañolas y arepas con huevo, vino con burbujas y agua de guayaba. La dueña de la casa contó historias de amor y barbarie. El dueño volvió en sí para mirar las cosas con el arraigo suave con que las mira. En Cartagena.
El siguiente miércoles salieron para cenar en un sitio cálido y legendario llamado La Vitrola. Estaban ahí varios de los enfiestados de la semana. En Cartagena.
La mesa se aprieta contra dos ventanas que hacen esquina. Es para ocho comensales, pero resguardó el hambre de diez. El salón da a la muralla y a una calle angosta, como son las calles de la Cartagena colonial. Pasaba la gente y metía sus ojos como sin querer por el vidrio que avisaba fiesta. Al rato se acercó un mesero: que ahí hay una señora preguntando si puede tomarle a usted una foto con su hijo. Gabo dijo que sí y la señora entró con un niño gordito y apenado hasta el sonrojo. Tomó la foto.
Se fue dando un abrazo. Luego llegó a la puerta una mujer que preguntó si podían llevarle un libro a don Premio para que le pusiera una firma. Don Premio dijo que sí firmaba, que pasara la señora. Al rato había en el lugar una respetuosa peregrinación a cuentagotas que no cesó hasta que la noche amenazó con volverse madrugada y llegó la hora de dormir, si es que hay alguna en semejante coloquio de ciudad.
Afuera empezó entonces un estrépito de gallos y charolas provocado por un grupo de músicos tocando el vallenato conocido y reconocido como La gota fría. Vuelto a nacer a las tres de la mañana, don Premio, que hacía un minuto parecía cansado, se echó a bailar a media calle, en Cartagena.

“Me lleva él o me lo llevo yo,
pa’ que se acabe la vaina.
Moralito a mí no me lleva,
porque no me da la gana”.
Uno de los más célebres y viejos compositores de vallenatos, Emiliano Zuleta Baquero, compuso esta canción que trata de dos cantantes que se retan para saber quién es el mejor. Y eso del “me lleva él o me lo llevo yo” es la breve y aterradora reflexión de uno de ellos. “Y cuando me oyó cantar/ le cayó la gota fría”, dice quien se da por ganador.
La guaraguacha es un instrumento de metal parecido a un rallador de queso al que se rasca con una suerte de peine inmenso de dientes muy largos. Solo el hombre que lo hacía sonar, escandalizaba como un baterista con veinte platillos. Había un acordeón que todo lo rige cuando suena un vallenato y varias guitarras, chicas y grandes. Cantaba el que podía y todos pudieron. Una boruca que arrancaba el alma tomó la esquina de la ciudad amurallada. Don Premio bailaba con los brazos extendidos hacia adelante y la sonrisa mejor que se le vio en toda la semana. Una sonrisa que por fin resolvía su timidez desatándola.
Y todo el que andaba la calle se echó al bailongo. Hasta un par de fotógrafos, unos turistas desvelados, los meseros que iban cerrando el lugar y los últimos comensales que iban saliendo al aire tibio de la noche. “Es que esto es lo mío”, dijo don Premio y alguien, que bailaba cerca, pensó que todo lo otro también era suyo. Toda la otra celebración, la solemne, la de la Academia, la de sus pares, todo se lo había ido ganando con la música de su propia invención. No porque sea don Premio ni porque esa fuera la semana de su fiesta, sino porque es un hombre que está feliz en este planeta y que contagia la sorpresa y el fervor con que vive. Y algo va y viene de la música suya a la música nuestra.
¿Por qué García Márquez? Si uno es escritor, ¿por qué no cantar “me lleva él y me lo llevo yo”? Ni modo, y qué bueno. Aunque al leerlo, algunas veces nos caiga ‘la gota fría’, y haya que ponerse a darle vueltas al cómo tenerlo cerca y escribir haciéndose cargo de que algo suyo hay bajo el aire de nuestras alas, aunque nuestro vuelo y nuestro baile tengan que ser distintos. En su mismo siglo nos tocó vivir, bailar con él y bailar con nuestros propios ángeles.
Difícil y prodigioso ser escritor al mismo tiempo que don Premio. Que me lleve él y me lo llevo yo, vale cantar para vivir cerca de él, sin agobiarse. ¿Quién sabe qué mal quiso compensar la fortuna cuando puso en el siglo veinte la vida y los milagros del Gabo García Márquez? ¿Quién sabe de dónde sale el genio? ¿Quién la razón por la cual el destino nos lo acerca, como al agua? Que las estrellas lo adivinen, a nosotros nos tocó atestiguarlo.
Ver a García Márquez andar el mundo con sus ojos en vilo y sus palabras en el aire ha sido uno de los grandes prodigios que nos ha dado el siglo. No se juega con el amor ni con la historia ni con los cuentos de la tierra y el río. O se juega para ganarles, como ha hecho el Gabo. De semejante triunfo hemos sido testigos sus lectores, que siempre somos sus amigos.
Leer a García Márquez y quererlo es algo que sucede al mismo tiempo. Uno lo admira con la misma naturalidad que a las jacarandás, y del mismo modo se acerca a su prodigio. Lo quiere como a la Luna, porque, como la Luna, le pertenece a cada quien de distinto modo y a todos tanto como quieran gozarla. Ahí está.
Es un escritor generoso y cercano como no hay otro. Nadie ha sido tan pródigo con su talento y tan drástico con su audacia. En marzo del 2007 cumplió ochenta años, como podría cumplir tres mil.
No sé si haya existido un tiempo en el que los humanos estuvieran orgullosos de su especie, sé que el espejo que ha puesto García Márquez frente a nuestros ojos nos asombra con los seres excepcionales que encuentra para regalárnoslos. Sé que las palabras con que ha dicho el mundo lo mejoran, lo alumbran, nos lo devuelven aliviado de sí mismo.
Solo él sabe cómo lo hace, solo nosotros cuánto se lo agradecemos. Eso y la serenidad con que vive, como si no le pesara el aire.
Nunca lo he visto aburrido, ni siquiera a las cuatro de la mañana, cuando tras una cena larga, repite, a petición popular y como por primera vez, un soneto de Lope:
“Suelta mi manzo, mayoral extraño, pues otros tienes tú de igual decoro; deja la prenda que en el alma adoro, perdida por tu bien y por mi daño”.
Poesía de la Edad de Oro; es lo suyo y es él. Nunca está harto de andar en la fiesta de vivir entre los demás, como los demás. No lo he visto ni una vez hablando mal de alguien y le tiene paciencia a la tarde, a la música de otros, al tiempo en que firma, por casualidad, en el lugar más inesperado, cientos de libros en una hora.
Leerlo es quedar presos de él, encantados igual que estarán nuestros nietos y sus descendientes y todo el que sobreviva al calentamiento global y a cualquier otro cataclismo. Solo que nosotros, los desaforados habitantes de estos siglos, hemos compartido con él sus milagros, sabemos cómo son las cucharas, la música y el arroz en sus años y los nuestros.
¿Quién gobernaba España mientras Cervantes escribía El Quijote? ¿Quién gobernaba Viena mientras Mozart hacía prodigios con la música que le cruzaba la imaginación? ¿Quién gobernaba Florencia mientras Leonardo se preguntaba cómo volar? No importa. Ya nadie se acuerda, nadie siente en su piel ni las guerras ni los desafíos de tales señores. En cambio, cada día y todos los días, algo de la estirpe de estos genios arropa nuestra vida. Lo mismo sucederá con García Márquez.
¿Quién gobernaba nuestro mundo mientras él, niño pintando la pared en su casa de pueblo, periodista, náufrago, testigo imaginario y presencial, marido de Mercedes, genio y cómplice de todos nosotros, lo contaba? Tampoco se sabrá.
En cambio cómo eran los hombres, los peces de oro, las mujeres de lumbre, las piedras, la música, los eclipses, las dichas y desdichas que cuenta el único clásico vivo que conocemos, se sabrá para siempre. Y alguien, algún poeta después de la siguiente era glacial, terminará una cena con amigos repitiendo: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

*¿Quién es Ángeles Mastretta?
Escritora y periodista, nació el 9 de octubre de 1949 en Puebla, México. Es egresada de la carrera de Comunicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ejerció el periodismo. Como narradora, su primera novela, Arráncame la vida, ha sido llevada al cine en el 2008. En 1997, su novela Mal de amores obtuvo el premio Rómulo Gallegos. Mujeres de ojos grandes, Puerto libre y El cielo de los leones son otras de sus obras.

Texto y fotos: Diario El Universo

Genera debate la intención del gobierno de Ecuador de crear un diario gubernamental II

En El Telégrafo hay desacuerdo por otro diario gubernamental
Se reunió la Junta de Accionistas. La cita duró más de ocho horas. Se debía tratar el proyecto de un nuevo periódico y la renuncia de su gerente.
La Junta de Accionistas de El Telégrafo coincidió ayer con la publicación de tres posturas en defensa de la gestión como diario público. La Dirección, el quipo de Redacción y los columnistas de opinión discrepan con un periódico gubernamental, propagandístico, que se haga con la misma infraestructura del matutino.
En la mañana, en los bajos del diario, se notó la expectativa de otros medios, incluso de los trabajadores por conocer la decisión de los accionistas. Ellos se reunieron en la sala de sesiones con el gerente general, Álex Camacho. La convocatoria pública se hizo el 20 de enero pasado y estaba previsto conocer y resolver los nuevos proyectos del diario, así como el informe de la política de tiraje, precio y circulación.
Ayer se reunió la Junta de Accionistas. La cita duró más de ocho horas. Se debía tratar el proyecto de un nuevo periódico y la renuncia de su gerente.
La Junta de Accionistas de El Telégrafo coincidió ayer con la publicación de tres posturas en defensa de la gestión como diario público. La Dirección, el quipo de Redacción y los columnistas de opinión discrepan con un periódico gubernamental, propagandístico, que se haga con la misma infraestructura del matutino.
En la mañana, en los bajos del diario, se notó la expectativa de otros medios, incluso de los trabajadores por conocer la decisión de los accionistas. Ellos se reunieron en la sala de sesiones con el gerente general, Álex Camacho. La convocatoria pública se hizo el 20 de enero pasado y estaba previsto conocer y resolver los nuevos proyectos del diario, así como el informe de la política de tiraje, precio y circulación.También el estado del proyecto de la nueva planta y el ejercicio económico de 2009. El último punto era la renuncia del gerente y, si era el caso, el nombramiento de su reemplazo. Entre los trabajadores se conoció que Camacho laboró hasta ayer, pero no se pudo obtener la versión oficial.
Hasta el cierre de esta edición no se dieron detalles sobre las resoluciones, pero se informó que el lunes se darían declaraciones.
Una de las secretarias del matutino entregó a los periodistas de otros medios la edición de ayer, en la que se publicaron las diferentes opiniones.
En la página 2, en el espacio ‘Desde la mesa de redacción’, el director, Rubén Montoya, calificó como “una dura prueba” las decisiones que el principal accionista, el Ministerio de Telecomunicaciones, debía tomar en relación a conformar un nuevo medio.
“Con un proceso consolidado (que incluye una necesaria Ley de Comunicación), los medios públicos deben ser administrados y dirigidos por la sociedad”.
Se pregunta ¿cuál creen que es la casa de un medio público? Esto a propósito de los comentarios de “que las cosas malas se lavan en casa” y que no es malo discrepar.
Montoya fue el primero en oponerse públicamente a la intención del Régimen de sacar un nuevo diario, con la infraestructura de El Telégrafo. Dijo que ya hay un equipo de 10 personas a cargo del proyecto, a pesar de que el Directorio no lo había aprobado.
Ayer, él no participó en la Junta de Accionistas, pues estuvo fuera del diario toda la mañana.
En la edición de ayer, en la página 9, también se publicó una carta de la Redacción, que tiene el respaldo y fue pagado por 63 firmantes, como señala el aviso.
“Somos profesionales que, aunque podríamos trabajar en otra empresa, decidimos hacerlo aquí porque creemos en el proyecto inicial de un medio público”.
La reflexión de los periodistas, fotógrafos, diseñadores y editores se da también por el nuevo diario. “Se piensa implementar, amparado por El Telégrafo, por ahora con el mismo presupuesto, y presumiblemente con los mismos recursos humanos, pero ya no con la visión del medio público”.
Mientras, en la página 11 hay una carta de los columnistas. “Cualquier decisión o iniciativa que tienda a vincular a estos medios con actividades de promoción y difusión del gobierno de turno supondría un retroceso”.

Los antecedentes
La Agencia de Garantía de Depósitos (AGD) traspasó sus acciones al Ministerio de Finanzas en agosto del 2007. Esa Cartera tenía el 98% de las acciones.
En noviembre, la ministra de Finanzas y entonces presidenta de la Junta de Accionistas del diario, María Elsa Viteri, pidió la renuncia al gerente Álex Camacho.
Desde mediados de diciembre, el mayor accionista es el Ministerio de Telecomunicaciones.
Diario El Telégrafo cambió su diseño y contenido hace dos años. Desde entonces se publica en tamaño berlinés, con el carácter de un medio público. Las obras civiles para la nueva rotativa se ejecutan. El presupuesto es de USD 17 millones.

Fuente: Diario El Comercio


Más repercusiones en las páginas de El Telégrafo

¿A dónde va El Telégrafo?
Por: Jeannine Zambrano. Columnista, jzambrano@telegrafo.com.ec
Se ha dicho hasta el cansancio que El Telégrafo es un medio público. Lo ha proclamado el Gobierno; lo ha defendido su directiva, sus periodistas, su cuerpo editorial, sus lectores. Pero parece que pocos entendemos –o estamos tratando de entender- cuáles son los compromisos y la dimensión de un medio verdaderamente público; porque ni el Gobierno, ni los medios, ni muchos ciudadanos lo comprenden.
Lo público, degradado hasta más no poder por nuestra historia política de despojo de ciudadanía, es apenas asumido como lo opuesto a lo privado. No se logra ver que se trata del ejercicio de la ciudadanía, en su sentido ulterior de conciencia y ética social, que no es ni lo meramente gubernamental ni lo estatal. ¿Cómo aspirar entonces a que se defienda la existencia de medios públicos?
El Gobierno, mediante decreto ejecutivo, convirtió a Ecuador TV y a Radio Pública en empresas públicas, con un directorio integrado por un delegado del Ministro de Telecomunicaciones, la Senplades y la Secretaría de Comunicación. Un directorio de gobierno atenta contra la autonomía de los medios públicos.
Para que estos puedan construirse -porque en eso están, en pleno proceso de construcción-, la Ley de Comunicación debe rescatarlos de la camisa de fuerza de la Ley de Empresas Públicas, en la que se habla, por ejemplo, de “funcionarios de carrera”, y en la que se concibe –como es lógico- que la administración y dirección esté conducida por el Gobierno. Si esto no ocurre, si los medios públicos siguen siendo entendidos como una empresa más del Estado, si no son administrados independientemente y con miras a cumplir sus fines ciudadanos, están condenados al fracaso.
En el caso de El Telégrafo, la Junta de Accionistas acaba de aprobar medidas para oficializar al nuevo diario gubernamental, con el presupuesto y en la infraestructura de ET. De nada han servido los argumentos que defienden la naturaleza pública de ET, que se pervierte al mezclarse con un diario controlado por el Gobierno, sea o no propagandístico. El Gobierno no logra distinguir entre un medio público, uno estatal y uno gubernamental. Hace poco, el Vicepresidente saludó a ANDES, la agencia noticiosa del Gobierno, como un medio público. No: es una agencia gubernamental. No puede mantener una agenda independiente e imparcial, como ingenuamente proclamaba Moreno, pues su misión –legítima- es informar desde la perspectiva de Gobierno.
También los medios privados llevan su cuota. Cuando se refieren a los canales incautados, canales estatales, como medios públicos, están enredando a la audiencia. Cuando citan, sin cuestionarlo, al académico Teodoro Bustamante que habla de El Ciudadano como medio público, están confundiendo, una vez más, al medio de gobierno con el público. ¿Será que el Ecuador no está listo aún para tener medios públicos? Si l@s ciudadan@s no toman la posta de su defensa y construcción, si no logran ver –y me permito hablar en nombre de El Telégrafo-, los esfuerzos denodados por construir un periodismo ciudadano, entonces tendremos que esperar sentados a ver pasar el cadáver y que el presente se escriba en renglones torcidos. La historia juzgará.

Medios públicos
Por: Xavier Flores Aguirre, Editorialista, xavier.flores@telegrafo.com.ec
Este 29 de enero, 34 editorialistas de este diario publicamos una carta abierta en la que sostenemos que el desarrollo y consolidación de los medios públicos es una decisión acertada para “la gran tarea de diversificar y democratizar la oferta informativa” y que para la obtención de dichos propósitos es “condición indispensable” que el medio público tenga “independencia informativa respecto del poder político”. En este sentido, quienes firmamos esa carta abierta somos críticos de “la intención de algunos funcionarios del Gobierno Nacional de crear un órgano de difusión oficial […] cobijado bajo la infraestructura de diario El Telégrafo” porque “esta cercanía de hecho entre un medio público y un órgano de difusión y propaganda oficial podría comprometer el proceso y afectar notablemente las posibilidades de consolidación de diario El Telégrafo como medio público”.
La idea de un medio público está a contramano de la experiencia histórica y de una parte de las ideas que predominan (en buena medida, por la profusa difusión de las mismas en los medios de comunicación privados) en el ámbito de la comunicación social. Suelen escucharse críticas acerbas sobre el trabajo periodístico de El Telégrafo; sin perjuicio de que algunas de esas críticas sean razonables, tengo la impresión de que la gran mayoría de las mismas se las hace desde un sesgo prejuicioso que habla mal (de la capacidad intelectual o de la intención) del emisor del comentario y no empaña al destinatario de sus dichos.
Las críticas deben sostenerse en hechos ciertos que sirvan de premisas para el debate: esos hechos ciertos son los que suelen encubrirse en los prejuicios propios de la torpeza o la mala leche.
Hecho cierto, por ejemplo, es la intención política que motivó la publicación de nuestra carta abierta. Al respecto, valga precisar que el Gobierno tiene el legítimo derecho de crear y desarrollar un medio gubernamental que represente sus intereses; pero lo que sí resulta nefasto para la tarea de “diversificar y democratizar la oferta informativa” es que en la creación de ese medio gubernamental se irrespete la autonomía administrativa y financiera de diario El Telégrafo.
Ahora, en buena medida, ese eventual irrespeto sucede por la ausencia de una regulación precisa en materia de medios públicos, cuya “creación” y “fortalecimiento” en aras de fomentar “la pluralidad y la diversidad en la comunicación”, valga recordarlo, es obligación del Estado, de conformidad con el artículo 17 de la Constitución. Esa regulación de los medios públicos debería garantizar su autonomía con relación al poder político y económico, establecer las directrices de su gestión, programación y fiscalización, así como determinar las atribuciones de un órgano colegiado deliberativo y representativo de la sociedad que sea el encargado de cumplirlas. Si es redactada en esos términos, esa regulación servirá de salvaguarda para eventuales pretensiones políticas de afectar la necesaria autonomía de los medios públicos. Esta regulación merece un robusto debate en la actual Comisión Ocasional de Comunicación y, ulteriormente, en el pleno de la Asamblea Nacional.

Fuente: Diario El Telégrafo


Ver anteriores:
Genera debate la intención del gobierno de Ecuador de crear un diario gubernamental, El Gobierno de Ecuador confunde un medio público con uno gubernamental

Venezuela "zona de desastre para la libertad de expresión"

Tres gremios de la prensa de Venezuela declararon hoy al país "zona de desastre" para la libertad de expresión y para el ejercicio libre del periodismo y denunciaron lo que llamaron "persecución gubernamental" contra dos comunicadores.
El Colegio Nacional de Periodistas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y el Círculo de Reporteros Gráficos emitieron un comunicado en el que se indica que "no es tiempo de cobardes" sino "de ejercer nuestra ciudadanía con integridad y dignidad".
Ello, tras remarcar que no fomentan ni auspician la violencia porque "no creemos en agendas conspirativas ni creemos necesaria la confrontación fratricida para que nuestros sueños se hagan realidad", algo de lo cual el Gobierno del presidente venezolano, Hugo Chávez, ha achacado en las últimas horas a dos comunicadores.
Los gremios expresan "total solidaridad y respaldo" a Miguel Ángel Rodríguez y Laureano Márquez, acusados por el Gobierno de efectuar llamamientos a la violencia a través de la emisora de televisión y el diario en los que trabajan, respectivamente.
Aunque en su comunicado los tres gremios llaman al Gobierno "a reflexionar y rectificar", lo acusan de pretender "desaparecer o ahorcar a los medios con posturas críticas (a la gestión de Chávez), cortar las fuentes de trabajo y perseguir judicialmente, con argumentos amañados, a colegas y compañeros".
Agrega que los medios de comunicación del país "han servido a través de los periodistas como testigos y voceros de la ciudadanía para denunciar problemas que afectan las condiciones de vida de todos", lo que constituye "un deber al que no vamos a renunciar".
"Preocupados por el estado de derecho y el cumplimiento de la ley, condenamos enérgicamente la represión contra los estudiantes, las universidades autónomas, los empresarios, los periodistas y los medios de comunicación, el cerco sistemático existente en Venezuela a todo lo que no vista de rojo, a través de la institucionalización de la violencia selectiva fomentada desde el poder", añade.
El presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CoNaTel), Diosdado Cabello, dijo el pasado 21 de enero que entregó en la Fiscalía un vídeo del programa televisivo de Rodríguez en el cual, junto al presidente de la Federación de Cámaras Empresariales (FedeCámaras), Noel Álvarez, usan "un juego de palabras para llamar a que la solución en Venezuela debe ser militar", sostuvo.
"Que el entrevistado y el entrevistador respondan por sus acciones, nosotros cumplimos con nuestra responsabilidad pidiendo la investigación penal", señaló ese día Cabello, que también es ministro de Infraestructura y Obras Públicas.
Adicionalmente, la estatal agencia de noticias ABN dio cuenta de que el ministerio de Comunicación e Información emitió un comunicado para anunciar que pedirá a la Fiscalía sancionar al opositor diario caraqueño Tal Cual por un texto de humor de su editorialista Laureano Márquez que ocupó su portada de este viernes.
Valiéndose de fotografías de incidentes callejeros, del presidente cubano, Fidel Castro; del nicaragüense, Daniel Ortega, y otras, y bajo el titular "Venezuela sin Esteban (en alusión a Chávez)" y evidenciando un "clásico libreto fascista", según el ministerio, Márquez reseñó imaginariamente un país post Chávez.

Comunicado de los gremios de prensa
Los comunicadores sociales somos gente de palabra y conocemos el valor y su poder. No fomentamos ni auspiciamos la violencia; no creemos en agendas conspirativas, no creemos necesaria la confrontación fratricida para que nuestros sueños se hagan realidad.
El mensaje que emana de esta asamblea es un rotundo voto de censura quienes pretenden desaparecer o ahorcar a los medios con posturas críticas, cortar las fuentes de trabajo, perseguir judicialmente, con argumentos amañados, a colegas y compañeros.
Los medios de comunicación venezolanos: radio, prensa, televisión, páginas web han servido a través de los periodistas como testigos y voceros de la ciudadanía para denunciar problemas y que afectan las condiciones de vida de todos: la emergencia eléctrica, la ausencia de justicia, la escasez de agua, la devaluación, la caída de los salario, el aumento de los precios de bienes y servicios y la inseguridad. Ese es nuestro trabajo y nuestro deber. Un deber al que no vamos a renunciar.
Preocupados por el estado de derecho y el complimiento de la ley, condenamos enérgicamente la represión contra los estudiantes, las universidades autónomas, los empresarios, los periodistas y los medios de comunicación, el cerco sistemático existente en Venezuela a todo lo que no vista de rojo, a través de la institucionalización de la violencia selectiva fomentada desde el poder. Rojos y no rojos formamos parte del mismo país.
Dentro de nuestra lucha, irrevocablemente pacífica, reiteramos que estamos resteados con la defensa de la Constitución Nacional. Dentro de ella, los valores inscritos en el ámbito de nuestros deberes profesionales: la libertad de información, la libertad de protesta, el espíritu critico la pluralidad de pensamiento; así como el derecho sagrado al trabajo.
Valores irrespetados por el Ejecutivo a través del cierre de radios, televisoras y amenazas directas hacia los medios impresos. Condenamos las leyes manipuladas, los cierres de emisoras, las agresiones a nuestros colegas en las calles.
No es tiempo de cobardes. Es tiempo de ejercer nuestra ciudadanía con integridad y dignidad. Llamamos al gobierno a reflexionar y rectificar. Con todo lo dicho, el CNP, el SNTP y el CREV, junto a sus seccionales existentes en todo el país, expresan su total solidaridad y respaldo a favor de nuestros colegas Miguel Angel Rodríguez y Laureano Márquez.

Fuente: Agencia EFE

sábado, 30 de enero de 2010

Se pregunta Barcelona:

Clic en las imágenes para ampliar
(La tapa no me animé a colgarla. Está muy buena!)

Laurence Lessig: "El periodismo es un bien público y necesita financiación institucional"

El profesor de Harvard propone la tecnología como herramienta de fiscalización política
Por: Rosa J. Cano
Padre de las licencias creative commons, alternativa al copyright menos restrictiva y adaptada por cada autor, entusiasmó en Campus Party con su concepción de la cultura. "Brasil es el país más importante del mundo para el futuro de la cultura digital", dijo como aperitivo de muchas más píldoras que escandalizarían a muchos dirigentes de la cultura española.
En Brasil es muy diferente, el Secretario Ejecutivo del Ministerio de Cultura de Brasil, Alfredo Manevy, propone una reforma de su ley completamente opuesta a la que se baraja en España. "Nuestro copyright es antiguo y cerrado. Claro que queremos defender los derechos de autor, porque no es sólo una cuestión moral, sino también económica, pero sí vemos internet como un derecho básico; como la luz y el agua. Nuestra intención es debatir, sin prisa, pero aprobar una ley que dé acceso a todos los brasileños y se permita la copia privada", insiste este ministro interino con aire hippie.
Añade que, lo contrario sería un paso atrás: "En la Universidad hay libros agotados que hacen falta pero es ilegal copiar. En un país de 200 millones de habitantes los libros salen con una tirada de 5000 ejemplares. En Brasil el 90% de la población no va a la bibliotecas, cines y teatros. Con internet sí podrán conocer la cultura. En los últimos años se ha creado una clase media con más de 40 millones de habitantes. No los podemos traicionar cerrándoles las puertas. Esto no es un país de 40 millones de piratas, sino de gente con ganas de conocer".
El joven ministro se mostraba tajante: "El camino no es cerrar la tecnología sino cambiar la gestión económica. Hay un flujo de dinero bajo la red que los intermediarios del pasado no nos dejan ver. Hay que mirar el conjunto, no el ombligo".
Con políticos con esta implicación en la red, es normal que Laurence Lessig se sienta como en casa y vaya un paso más allá en sus ideas, si ha conseguido que muchos artistas publique sus obras con algunas cláusulas que les permiten compartir, ¿por qué no hacer lo propio con los laboratorios médicos? Todavía no se ha adentrado en este campo, pero no parece que lo descarte: "Una de las cosas grotescas del sistema de sanidad que propone Obama es que no se contempla una bajada del precio de los medicamentos. Eso sólo lo han conseguido parcialmente Brasil e India".
Una vez popularizadas las licencias copyleft se propone un nuevo reto: fiscalizar la transparencia política haciendo uso de la tecnología. "Las donaciones que esperan una votación favorable a cambio no se pueden considerar como tales. Se está haciendo mucho daño a las instituciones y nos vamos dar cuenta cuando sea demasiado tarde" se lamentaba.
Una primer paso para esta transparencia pasa por la liberación de datos. Las acciones de Open Government son cada vez más comunes. Con la llegada de Barack Obama, la Casa Blanca pasó a crear contenidos en Creative Commons para ayudar a difundir sus vídeos, fotos y discursos, siempre que no se haga negocio con ello. En su opinión, esta medida se queda corta: "Sólo es un paso, faltan más. Los gobiernos son lentos pero el dinero influye en la política, tendría que poner mecanismos de control porque afecta a la sociedad lo que decida en ecología, salud o educación".
Poco amigo de los conservadores de Estados Unidos no se pudo aguantar al preguntar por su opinión en la guerra entre News Corp. y Google. La compañía de Rupert Murdoch no quiere que las noticias de sus medios aparezcan en el buscador más conocido. "Personalmente, me encantaría que Fox News dejase de aparecer en los resultados cuando hago una búsqueda. Creí que Google lo dejaría pasar, sin embargo, se han involucrado y es algo justo. El nuevo periodismo es un reto del siglo XXI", insistía, "¿Cómo vamos a saber si los periodistas hacen bien su trabajo si no se les da sustento?".
En su defensa de los valores democráticos apoyó la idea de dar financiación pública e institucional a los medios, "porque hacen una labor social. Sin los medios libres y con periodistas formados no se entiende la democracia".

Fuente: Diario El País

La Jornada: Firma mexicana hizo una venta ilegal en Argentina

Denuncia el gobierno la transacción
Por: Stella Calloni
El gobierno argentino ha denunciado ante la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) la venta realizada por la empresa mexicana Corporación Interamericana de Entretenimientos (CIe) de varias radios a una sociedad en la que tiene control el empresario Raúl Moneta, de dudosa trayectoria en tiempos del gobierno de Carlos Menem (1989-1999) y que está en la mira de la justicia.
En la denuncia consta que la transacción viola el artículo 45, inciso 2 de la nueva ley, que limita a dos la cantidad de licencias de modulación por frecuencia (FM) que puede tener una misma "persona de existencia visible o ideal" ya sea por ser titular o tener participación en las sociedades titulares de licencias de servicios de radiodifusión,
El grupo CIE, señalan aquí "ya se encontraba fuera de los parámetros de la nueva ley, porque excedía la cantidad de licencias que ésta prevé por licenciatario."
Además como empresa extranjera está impedida por otro artículo de realizar este tipo de acciones y en la Ley de Radiodifusión, existía un impedimento legal para que las emisoras estuviesen controladas por personas físicas, jurídicas y extranjeras.
Ni la mayor excepción a esta regla, que es la llamada Ley Clarín o Ley de Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales, sancionada en 2003, permite que una empresa con más del 30 por ciento de capital extranjero controle un medio de comunicación.
Ante esta situación el Comité Federal de Radiodifusión (ComFeR) había ordenado CIE vender antes de fines de 2010, pero cuando esta semana se conoció el anuncio de la empresa que anunciaba la venta del grupo de radios integradas por FM Rock & Pop, Metro, FM Blue, AM Splendid, San Isidro Labrador, entre otras, ya hubo una serie de movimientos periodísticos y tanto Página 12, como el diario Crítica de esta capital informaron sobre las características del comprador, un hombre de oscura historia legado a poderosos grupos extranjeros, entre otras y por lo tanto esta transacción no estaba permitida por la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Se saltaron además varios pasos legales, como que la autoridad de aplicación no fue informada y además de acuerdo al artículo 41 de la ley 26.522 "las autorizaciones y licencias de servicios de comunicación audiovisual son intransferibles".
En todo caso, como analiza "red Eco Alternativo" si como excepción se autorizara la transferencia de acciones o cuotas partes de las licencias, esta debe estar sujeta a una previa comprobación por la autoridad de aplicación, que además debe expedirse por medio de resolución sobre la autorización o rechazo de la transferencia.
La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, es muy precisa al referirse a que los titulares de licencias, ya sean personas físicas o los socios de una empresa, deben poder demostrar el origen de los fondos comprometidos en la inversión y no haber sido condenados por delito doloso.
“La sociedad que compró las emisoras está compuesta por Matías Garfunkel, un joven empresario que es uno de los directivos de la firma BGH y se le adjudica estar en pareja con la hija del ex presidente Menem.
Su socio, Raúl Moneta, tiene un perfil más extenso. Vivió la década del menemismo del lado del poder, haciendo negocios que lo llevaron a la justicia en más de una oportunidad” señala la investigación de Red Eco Alternativo.
Moneta estuvo seis meses como prófugo de la Justicia, por el vaciamiento de los bancos República y Mendoza, además de acusación por lavado de dinero.
Nunca ha dado cuenta de los fondos que utilizó para sus negociados y ahora acaba de hacer una compra que a todas luces es ilegal, y será difícil para los directivos de CIE explicar que no conocían ni ellos ni sus abogados la legislación argentina.
Lo cierto es que el tema es clave aquí, cuando esta venta que resulta ilegal pasa a formar parte de una serie de acciones corporativas de los grandes medios de comunicación, que como se denuncia aquí, “intentan golpear la nueva Ley de Medios, que reemplazó a la arbitraria e injusta ley de la pasada dictadura militar, que "impedía la verdadera democratización en las comunicaciones".

Fuente:
Diario La Jornada

Carta abierta, debate y desmentida....

A todos los periodistas del Grupo Clarín
Presente
Estimados colegas:
Los que abajo firmamos somos periodistas y comunicadores de todo el país, algunos conocidos por el gran público, otros simplemente por los colegas y algunos completamente desconocidos, pero todos orgullosos de esta profesión que elegimos llenos de optimismo.
El motivo de esta carta es apelar a la reflexión y la conciencia de todos ustedes que, a sabiendas o no, colaboran con sus artículos, sus escritos, sus columnas y sus comentarios con la furiosa e irracional campaña de debilitamiento, desprestigio y derrocamiento de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lanzada por el directorio del grupo y su CEO, el señor Héctor Magneto.
Sabemos, porque ha tomado estado público, que todos ustedes son sometidos diariamente a un proceso de adoctrinamiento y presiones, para que la actividad intelectual por la cual han sido contratados, sirva de manera exclusiva - cualquiera sea la sección o especialidad periodística en la que desarrollen su labor- a la finalidad arriba descripta. Para ello, denigran por todos los medios la acción de gobierno; calumnian, insultan y descalifican a la señora presidenta, al ex presidente Néstor Kirchner y a los funcionarios y políticos del oficialismo e, incluso, a cualquier simpatizante del mismo; ocultan de manera sistemática los aciertos, las obras de gobierno y las intervenciones presidenciales; generan un clima de zozobra, angustia y miedo en la sociedad; esconden los signos de recuperación económica, para generar desesperanza y crispación; agigantan y repiten hasta el cansancio las malas noticias, las desgracias, los crímenes y delitos, para dejar la sensación y el efecto de sentido de que todo ello es culpa del gobierno y la presidenta. Estas son, entre otras del mismo tenor, las tareas a las que están, suponemos, obligados a realizar. Como todos ustedes saben, todo lo aquí enumerado atenta tanto contra los principios éticos que rigen nuestra profesión, como contra los más elementales conceptos de lo que es el periodismo y la comunicación.
Creemos que, de una manera u otra, deben reaccionar frente a esto. ¿Pretenden ustedes pasar a la historia como los oficiales y soldados que, cumpliendo órdenes, lograron el desprestigio y la destitución de una presidente constitucional argentina, votada por el 45% de la ciudadanía? ¿Están dispuestos a aceptar que sus hijos, el día de mañana, lean en los libros de historia que ustedes, sus padres, fueron la fuerza de choque, el grupo de tareas que pretendió llevarse puesta a una presidenta? ¿Con qué cara los mirarán cuando ellos pregunten, después de la escuela, qué hicieron cuando un grupo de millonarios monopólicos intentó con mentiras y manipulaciones destituir a un gobierno democrático y popular?
No tendrán posibilidad de recurrir a la Obediencia Debida y explicar a sus hijos que sólo seguían órdenes, porque este mismo gobierno contra el que sus patrones los lanzan, derogó esa falacia y mandó a prisión a quienes la argumentaron.
Sabemos que entre ustedes hay algunos –pocos- que han elegido un camino sin retorno, que les han hecho creer que eran ligeros para que corran, y hoy son verdaderos y concientes oficiales del Estado Mayor golpista, antidemocrático y monopólico. Pero no todos son Nelson Castro, Marcelo Bonelli, Ricardo Kirchbaum o Morales Solá, cuyos siderales honorarios los convierten en sicarios, cómplices y gustosos de la infamia.
Entre ustedes hay muchos, la mayoría, que están avergonzados del papel que el odio y el revanchismo políticos les están haciendo jugar, a cambio de un sueldo, imprescindible –es cierto-, pero que no alcanza para comprar la dignidad y la honra, colegas periodistas.
Los abajo firmantes los instamos a rebelarse contra esta perversa maniobra. Protesten, resistan y, si es necesario, renuncien y denuncien a sus patrones destituyentes. Una profesión que tiene a Mariano Moreno como paradigma no puede ser mancillada por un plato de sopa.

Comisión Directiva de Faro de la Comunicación
Hugo Barcia, Presidente, Gustavo Granero, Vicepresidente
Vocales: Julio Fernández Baraibar, Enrique Masllorens, Mariana Baranchuk, Mario Paulela, Santiago Plaza, Javier González
Adhesiones: Orlando Barone, Jorge Rachid, Gustavo Bulla, Martín Piqué, Ricardo Hotvaht, Fernando Braga Méndez, Pedro Lantieri, Lilia Ferreira, Norberto Colominas, Gabriel Fernández Dante López Foresi, Oscar Rovito, Osvaldo Frances, Juan Manuel Rapacioli, Roberto Baschetti, Nelson Marinelli, Gloria Beretervide... siguen las firmas.


La Naranja de Prensa:

Apoyar un gobierno agotado no es una salida para los trabajadores de Clarín
Una solicitada denominada “Carta Abierta a los trabajadores de Clarín” con la firma de FATPren, el Foro de la Comunicación y otras organizaciones kirchneristas apareció en varios diarios el 29 de enero. La misma interpela a los trabajadores del diario por colaborar con “la furiosa e irracional campaña de debilitamiento, desprestigio y derrocamiento de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lanzada por el directorio del grupo y su CEO, el señor Héctor Magneto”.
Por ese motivo, los firmantes señalan que los trabajadores del pulpo mediático deben “reaccionar frente a esto (el ataque al gobierno)”. Es más, los “instan (¡) a rebelarse contra esta perversa maniobra. Protesten, resistan y, si es necesario, renuncien y denuncien a sus patrones destituyentes”.
Es cierto que los trabajadores de Clarín deben “rebelarse” contra su patronal pero no en apoyo de un gobierno que se encuentra en una carrera furiosa por pagar la deuda externa para “volver al mercado de capitales”, es decir, endeudarse aún más.
De ninguna manera pueden poner su fuerza en la defensa de un gobierno que se ha caracterizado por la defensa irrestricta de los Roggio, Cristóbal López, Werthein, etc, y que más allá de uno que otro exabrupto verbal no ha hecho nada en defensa de los trabajadores de ese campo de concentración que es el grupo Clarín.
Todo lo contrario, en 2004, el gobierno puso a la Infantería a desalojar y reprimir la ocupación que los trabajadores gráficos le hacían a Noble y Magnetto, mientras que hoy deja hacer al "monopolio" que persiste en no reconoce a la Comisión Interna de Canal 13/TN y tampoco reincopora a los delegados despedidos, a pesar de los fallos favorables en la Justicia en ese sentido.
Peor aún resulta que uno de los firmantes e impulsores es nada menos que Granero, el secretario general de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPren), quien debería proponerse organizar sindicalmente a los trabajadores del diario para pelear contra los atropellos patronales y no instarlos a renunciar, abandonando toda posibilidad de pelea presente o futura.
Evidentemente como la mira de los firmantes está puesta en la pelea del kirchnerismo con Clarín antes que en los intereses de los trabajadores del diario, la orientación es que se produzca (si pueden conseguirlo) algo de escándalo con alguna renuncia aunque el resultado sea la desmoralización de los que sigan trabajando en el diario y no suponga un solo paso en la organización de los compañeros.
La salida a las terribles presiones patronales, a los retiros voluntarios compulsivos, a la precarización laboral, a los bajos salarios y a la manipulación de la labor periodística se encuentra en la organización independiente de los trabajadores en defensa de sus intereses, no los de un gobierno agotado.
Peleemos porque los trabajadores de Clarín puedan tener una Comisión Interna. Por la defensa de la CI de Canal 13. Ningún despido. Aumento salarial urgente. Por la plena vigencia del Estatuto del Periodista.

Desmentida al Faro de la Comunicación
Ni con el gobierno, ni con el monopolio de Clarín. Con los trabajadores del diario
"Ante la información que me hicieran llegar algunos compañeros al lugar donde me encuentro de vacaciones respecto de una supuesta firma mía a una solicitada de un llamado "Faro de la comunicación", de apoyo al gobierno kirchnerista y de ataque al grupo Clarín y a los trabajadores de ese diario en particular, quiero aclarar que no firmé ese escrito y ni siquiera sabía de su existencia. Desconozco quien y con que intenciones quizo colocarme en un terreno oficialista.
"Muchos compañeros del gremio conocen mis posiciones políticas y sindicales que nada tienen que ver con el monopolio de Clarín, explotador de sus trabajadores, represor a ultranza de la actividad sindical y censurador de los compañeros que trabajan en el multimedios. Y tampoco con el gobierno que mantiene al 40% de la población por debajo de la línea de pobreza y respalda a la burocracia sindical contra toda manifestación de independencia de los trabajadores (Subte, Radio Nacional, Aeronavegantes).
Aunque la solicitada merece una crítica más amplia, resulta en primer lugar inaceptable que los firmantes reales de la misma hagan recaer sobre los trabajadores de Clarín la responsabilidad de la línea editorial del diario y que los inciten a renunciar a sus trabajos. Más grave aún resulta esto cuando uno de los firmantes e impulsores es nada menos que Graneros, el secretario general de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPren), quien debería proponerse organizar sindicalmente a los trabajadores del diario para pelear contra los atropellos patronales y no instarlos a renunciar, abandonando toda posiblidad de pelea presente o futura.
Los trabajadores del multimedios han dado pruebas varias de que no se resignan a la represión de los Noble y Magneto y han dado batallas enormes contra la patronal y por la defensa de su organización (Clarín, Canal 13). Evidentemente como la mira de los firmantes está puesta en la pelea del kirchnerismo con Clarín antes que en los intereses de los trabajadores del diario, la orientación es que se produzca (si pueden conseguirlo) algo de escándalo con alguna renuncia aunque el resultado sea la desmoralización de los que sigan trabajando en el diario y no suponga un solo paso en la organización de los compañeros".

Nelson Daniel Marinelli / DNI 11.613.789

La empresa mixta Albanisa, vinculada a Ortega, compra canal de televisión nicaragüense con fondos venezolanos

Albanisa es 51% de Venezuela y 49% del Estado de Nicaragua, representado por Petronic. La Constitución y las leyes prohíben sociedades y sobre todo medios con mayoría de capital extranjero. “Qué tiene de malo eso, Alba vino para quedarse, es un proyecto de país y construir un país no es poca cosa”, expresó el venezolano Paniagua, hablando como de una Nicaragua en fideicomiso
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El gerente general de la sociedad ALBA de Nicaragua, S.A, Albanisa, el venezolano Rafael Paniagua, confirmó ayer que fueron fondos de esa firma los que financiaron la compra de Televisora Nicaragüense S.A., Telenica Canal 8.
Albanisa es una sociedad en que el 51% del capital es de Venezuela y el 49% del Estado de Nicaragua, representado por Petronic.
Paniagua accedió a conversar personalmente con El Nuevo Diario ayer y ratificó lo que este medio publicó desde inicios de diciembre del año pasado: que la televisora había sido adquirida por el grupo económico ligado a la pareja presidencial, pero con mayoría accionaria venezolana.
“Es cierto que compramos Canal 8 y qué tiene de extraño que aparezca ALBA-TV, y qué tendría de extraño más adelante apareciera ALBA-Ferrocarril, y luego ALBA-Líneas Aéreas; qué tendría de extraño que aparezca ALBA-Salud, yo no le vería nada de extraño”, dijo Paniagua (en la foto inferior).
El giro en el perfil noticioso e informativo de Canal 8 se ha visto en tan sólo la primera semana que el orteguismo tomó el control del medio, pues se transmiten reportes internacionales de la cadena Telesur, de la que es socio el hijo de la pareja presidencial Juan Carlos Ortega Murillo, y el periodista oficialista William Grisgby, apareció con su programa “Sin Fronteras”, en lugar de “Esta Noche” de Carlos Fernando Chamorro. En los cortes comerciales aparecen las viñetas en las que habla el presidente Daniel Ortega en diversas actividades.

Confirma que fueron 10 millones de dólares
La entrevista con el gerente General de Albanisa fue corta, se dio a orillas del busto José Martí, en las cercanías de la Laguna de Tiscapa, hasta donde llegó Paniagua para poner una ofrenda foral al héroe nacional y poeta cubano, a propósito del 157 aniversario de su natalicio.

¿Cuánto pagó Albanisa por Canal 8?
“No tengo el dato exacto, esta mañana consulté casualmente, pero no lo tengo en detalle”, admitiendo que el comprador fue Albanisa.

Nosotros hemos informado que la suma que pagaron por Canal 8 fue de diez millones de dólares, ¿es cierto?
“Por ahí (es la cifra), pero a lo mejor, por lo menos en este momento no te podría decir con exactitud, yo vine la semana pasada de Venezuela, me ha costado ponerme al día de un montón de cosas y ese detalle no lo tengo así como tú lo quieres”.

El gerente General de la polémica firma no entró en detalles importantes de la transacción, entre ellos, cómo se hizo la negociación en la que no caben testaferros ya que Albanisa es 51% venezolana.
Tampoco mencionó cómo es que Albanisa siendo una sociedad anónima en la que Petróleos de Venezuela S.A, Pdvsa, tiene el 51 por ciento de las acciones y la Empresa Nicaragüense de Petróleos, Petronic, el 49, pudo haber obtenido las acciones de Telenica, cuando la Constitución política establece en su artículo 68, que “el Estado vigilará que los medios de comunicación social no sean sometidos a intereses extranjeros o al monopolio económico de algún grupo. La ley regulará esta materia”.

La ley lo prohíbe
La Ley de Telecomunicaciones y Correos y el Código de Comercio en General prohíbe que extranjeros tengan más del 50 por ciento de las acciones de un medio de comunicación en su poder.
Ayer intentamos hablar con el presidente Ejecutivo de Telcor, Orlando Castillo, para conocer su posición frente a lo que sería un choque con la más alta norma del país, pero no respondió su celular.

“Nos están construyendo”
Le preguntamos a Paniagua que si todo lo que hacen es normal y legal a como dice, entonces porqué se maneja en secreto la identidad de los nuevos dueños y cada detalle de la operación. El respondió: “En realidad, la gente tiene su opinión, nosotros tenemos la nuestra y nosotros estamos haciendo nuestro trabajo, y lo único que puedo asegurarte es que el ALBA vino para quedarse, porque el proyecto nuestro, es un proyecto de país y construir un país no es poca cosa, sino un proyecto de nación y yo invito a la gente de Nicaragua a que nos acompañe en ese proceso”.

Críticas
La empresa mixta Alba de Nicaragua S.A. (Albanisa), está vinculada al presidente Daniel Ortega y a su esposa, Rosario Murillo quien además es la encargada de manejar el aparato de comunicación del Estado.
El periodista Carlos Fernando Chamorro es el director, editor y conductor del programa de análisis político y periodismo de investigación Esta semana, retransmitido hasta el domingo pasado por el Canal 8 de la televisión de Managua.
Chamorro denunció, a través de reportajes de investigación, la utilización de la justicia que el mandatario nicaragüense hace para favorecer a su círculo íntimo. Esos reportajes demostraron que personeros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el partido de Ortega, mantienen una red de extorsiones en el poder judicial para chantajear a empresarios. Esta denuncia pública, conocida como el caso Tola, hizo que el Gobierno levantara cargos contra Chamorro, acusándole de lavado de dinero; interviniera sus oficinas, y que la justicia amenazara con la cárcel al periodista, amenaza que no prosperó.
La semana pasada, un portavoz del Gobierno dijo a Carlos Fernando Chamorro que si quería podía mantener su programa en el Canal 8. Chamorro respondió a esa oferta el domingo en un emotivo discurso de despedida de los telespectadores: "Hoy ratifico ante la sociedad nicaragüense que no deseo ser socio o colaborador del señor Ortega, directa o indirectamente, ni en sus negocios económicos ni en sus negocios políticos, que buscan ayudarle a limpiar su imagen autoritaria".
Ortega mantiene su gestión bajo el secretismo más estricto, y las instituciones del Estado violan las leyes de acceso a la información vigentes en este país. La justificación es que los "medios de la derecha", como los llama el mandatario, quieren desestabilizar su Gobierno.
Y es así como, en ese contexto de intimidación, hasta ahora ninguna cadena de televisión nacional ha accedido a alojar el programa de Carlos Fernando Chamorro, a pesar de que Esta semana es uno de los de mayor audiencia del país. Ningún dueño de medios quiere correr el riesgo de que Ortega les cierre el negocio.
Periodistas y políticos de oposición han denunciado al Gobierno sandinista por pretender acaparar los medios de comunicación con la adquisición del Canal 8, que trasmitía programas críticos con la política del Ejecutivo.
La oposición nicaragüense ha acusado a Ortega de usar los fondos que genera el acuerdo petrolero con Venezuela y que no están presupuestados, para "hacer negocios partidarios" y enriquecerse a la sombra del poder.
Fuente: El Nuevo Diario, Agencia EFE, Diario El País
Ver más: Nicaragüa: La venta de un Canal de televisión reabre debate sobre patrimonio del presidente Ortega 

viernes, 29 de enero de 2010

Otra vez despidos en el Diario Crónica

En el día de la fecha la empresa editora del Diario Crónica despidió a más de 20 compañeros trabajadores de prensa, persistiendo en su objetivo de alcanzar los 150 despidos.
En el día de la fecha la empresa editora del Diario Crónica despidió a 20 compañeros trabajadores de prensa, superando largamente su manifestado objetivo de alcanzar los 150 despidos, ya que ya ha rescindido 130 contratos laborales en el sector gráfico y otros 30 en prensa.
En un marco en el que el Gobierno Nacional “aportó” a los dueños del diario Crónica 128 millones de pesos con el supuesto fin de salvaguardar los puestos de trabajo, los integrantes del Grupo Olmos –hermanos Raúl y Alejandro a la cabeza- pretenden “minimizar costos” y solo abonar el 50 por ciento de las indemnizaciones, ya que la empresa vuelve a argumentar en los telegramas de despido el artículo 241 del Procedimiento Preventivo de Crisis, que nunca fue homologado por el Ministerio de Trabajo.
Por este motivo los trabajadores de prensa del Diario Crónica estamos de paro por tiempo indeterminado, ratificando lo votado en todas las asambleas por unanimidad: ante cualquier despido la respuesta inmediata será el paro.
Convocamos a todos los trabajadores de prensa del Diario Crónica y a todos los compañeros del gremio que deseen acompañarnos a concentrarnos los días sábado 30 y domingo 31 de enero a las 16 horas en las puertas del diario, Bartolomé Mitre 760 de esta ciudad. Asimismo, el próximo lunes 1 de febrero a las 11 nos concentraremos en la Plaza Roma , situada en avenida Leandro N. Alem entre Lavalle y Tucumán, desde donde marcharemos a la sede del Ministerio de Trabajo.

Comisión Interna de Prensa
Diario Crónica


Foto: MAS

Según el cristal con que se mire IV...

Para TelAm la renuncia de Redrado no existe, Crítica lo ve debilitado y sin apoyo y Clarín lo presenta criticando al gobierno...

Sobre esto Redrado dijo: si la renuncia no existe es que todavía sigo siendo presidente..
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La izquierda radical, acusada de querer controlar los medios en Latinoamérica

Cierres de cadenas de televisión, creación de medios oficiales, leyes para impedir "mentir" a los medios... Liderados por el presidente venezolano, Hugo Chávez, dirigentes de la izquierda radical en América Latina buscan reglamentar la prensa, según opositores y ONG's.
Por: Marina De Russé
En Venezuela, la cadena RCTV, acusada por Chávez de apoyar un intento de golpe de Estado en su contra en 2002, fue suspendida el 24 de enero por no retransmitir los largos discursos del mandatario, tal y como obliga una reciente ley.
El ministro y presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CoNaTel), Diosdado Cabello, incluso calificó la cadena de "porquería".
Su cierre desencadenó grandes manifestaciones en las que murieron dos personas y el presidente del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), William Echeverria, estimó "la democracia en peligro".
Estados Unidos, Canadá, Francia, España, directores de prensa, opositores venezolanos y ONG como Human Rights Watch (HRW) o Reporteros sin Fronteras (RSF), que habla de "guerra mediática", también criticaron la suspensión.
RCTV ya había perdido su licencia 'hertziana' en 2007. Otra cadena crítica con el gobierno, Globovisión, se encuentra igualmente amenazada mientras que 34 medios audiovisuales fueron cerrados el pasado año por "irregularidades administrativas".
Este incremento en el control de los medios se aprecia igualmente en Ecuador o Bolivia, miembros clave de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un bloque antiliberal creado en 2004 por Venezuela y Cuba.
"Cada uno de estos gobiernos se ha dado cuenta de que el poder que tienen los medios es muy fuerte, y por lo tanto aspiran a sacar partido de ello", constata el analista ecuatoriano Mauro Cerbino, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Esta ruptura "es también producto de la necesidad de reemplazar viejas leyes que en su mayoría fueron elaboradas durante las dictaduras en los 70", estima.
En Venezuela, una ley de 2004 que regula la difusión de programas violentos o de carácter sexual, también obliga a las cadenas "nacionales" -al menos 30% de los contenidos producidos en Venezuela- a difundir los discursos del presidente.
Chávez se lanzó así en una recomposición del paisaje mediático, mientras que según la Conatel, "27 familias poseen más de 32% del espectro radiofónico".
El mandatario creó una red de medios oficiales sin precedentes. "Seis televisoras, dos circuitos de radio, más de 150 páginas 'web', una agencia de noticias, un satélite y una imprenta", detalla Marcelino Bisbal, editor de un libro sobre el control de los medios.
En Ecuador el proceso es más reciente pero el tono es similar: la prensa es un poder "mediocre, corrupto y mentiroso", asegura el presidente del país, Rafael Correa, elegido en 2006.
El país acaba de crear su primera agencia de prensa oficial y un proyecto de ley que sanciona los "monopolios" (una "ley mordaza" según la oposición) está en proceso de debate en el Parlamento.
A fines de diciembre, la cadena opositora Teleamazonas fue suspendida durante tres días por el organismo público de telecomunicaciones. El Gobierno desmintió toda intervención, sin convencer a la oposición.
En Bolivia, el presidente del país, Evo Morales, reelegido por amplia mayoría en diciembre, también multiplicó los encontronazos con los medios controlados por grupos cercanos a la oposición de derecha.
Y mientras que el sector sigue rigiéndose por una ley de imprenta que data de 1925, Morales anunció el lunes que el Gobierno estudia la forma de controlar los medios " para que no mientan".

En la foto de AFP:
Activistas de una ONG protestan frente a la embajada de Venezuela en Tegucigalpa
Fuente: AFP

Genera debate la intención del gobierno de Ecuador de crear un diario gubernamental I

El Telégrafo cita a los accionistas
La Junta de Accionistas de Diario El Telégrafo sesiona hoy en Guayaquil. Aunque no está confirmada la hora, uno de los principales puntos a tratar es la intención de crear un nuevo órgano informativo del Gobierno, bajo el paraguas del matutino guayaquileño.
La Junta de Accionistas de Diario El Telégrafo sesiona hoy en Guayaquil. Aunque no está confirmada la hora, uno de los principales puntos a tratar es la intención de crear un nuevo órgano informativo del Gobierno, bajo el paraguas del matutino guayaquileño.
En una entrevista con El Comercio, el director de El Telégrafo, Rubén Montoya, indicó que el nuevo periódico tendría un corte propagandístico.
“Pero para ejecutarlo ha ordenado que parte del presupuesto inicial, para el diseño del proyecto y las instalaciones en donde trabajen, colabore diario El Telégrafo. Estoy en contra de esa disposición”, dijo en la entrevista.
Según Montoya, la orden preocupó al Directorio de El Telégrafo, que en su sesión del 11 de diciembre de 2009, pidió que se suspenda cualquier contratación referente a ese proyecto.
También mencionó que conversó con el Ministro de Telecomunicaciones y Sociedad de Información, Jorge Glass, quien también participaría de la sesión prevista para hoy. “Me ha dejado la mejor impresión posible. Y un espacio de reflexión será la próxima Junta de Accionistas del próximo viernes (hoy)”.
Se conoció que hoy se publicará un comunicado de la Redacción del diario, en el que dan su apoyo para que El Telégrafo se mantenga como un diario público, entregado a la ciudadanía.
Mientras, en la página de Facebook, ayer circuló una invitación para unirse al grupo ‘Por un verdadero periodismo público apoyamos a El Telégrafo’. La convocatoria menciona el proyecto del nuevo diario. “Las intenciones del Gobierno Nacional de crear un periódico de corte popular con los recursos, personal e infraestructura de El Telégrafo pone en riesgo su autonomía e independencia.
Defendamos el proyecto del primer diario público, que en sus dos años de existencia le ha abierto las puertas a grupos y agendas que no figuran en otros medios”. Hasta las 17:00 de ayer, se registraron 195 seguidores en el grupo.

Fuente: El Comercio

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El debate dentro del diario El Telégrafo
El Director del diario a sus lectores:
Luchas que trascienden
Rubén Montoya Vega
Cuando usted lea estas líneas, el proyecto del primer diario público del Ecuador estará pasando una dura prueba: el ministro de Telecomunicaciones (o su delegado) decidirá -en nombre del Gobierno- si bajo el paraguas de El Telégrafo puede planearse y ejecutarse un diario popular, oficial. O si no debe hacerse así... Ojalá sea lo segundo y redireccionen su legítimo proyecto.
Quienes hemos levantado este proceso (cientos ya, enriquecidos en el crecimiento y en la lucha) sabemos que a pesar de los prejuicios y los odios, de las envidias y las ignorancias, vale la pena (¡y la alegría!) entregarle nuestro mejor tiempo y aliento. Porque creemos que todo lo trascendente cuesta, y todo lo que ES, es lucha... (pero de la verdadera, no la que solo esconde defensa de intereses y privilegios).
Creemos que son los tiempos germinales de este esfuerzo que tiene por fin dar a los ciudadanos un medio que nunca tuvieron... y merecen. Después, con un proceso consolidado (que incluye una necesaria Ley de Comunicación), los medios públicos deben ser administrados y dirigidos por la sociedad: hacia allá deben ir. Esa es parte de nuestra tarea... No es una pelea menor y hay que darla a la luz del día, maravilloso signo de estos tiempos nuevos, en que la democracia -creo- es muchísimo más que una palabra desvencijada y hueca.
Y para quienes piensan que “las cosas malas se lavan en casa”, hay que decirles primero que no es ‘cosa mala’ discrepar. Y luego habrá que preguntarles: ¿cuál creen que es la casa de un medio público?... A esa casa en la que creemos y por la que hemos luchado, le debemos gratitud y cuentas. Y ambas se hacen con transparencia... Se imprime

Fuente: El Telégrafo

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Los trabajadores del Diario El Telégrafo en un aviso que pagaron:
Carta pública de la redacción de El Telégrafo
El periodismo ciudadano no soluciona los problemas sociales, facilita soluciones. Esa es una de las premisas con las que un día, en la década de los ‘90, en los Estados Unidos, nació el también denominado periodismo cívico, participativo y público.
En nuestro país, esta experiencia no tiene antecedentes. Si bien la actual etapa de diario El Telégrafo apareció como iniciativa del presente Gobierno, tanto su proceso de construcción cuanto su funcionamiento actual están sujetos a su razón de ser: constituirse en el Primer Diario Público del Ecuador.
En este proceso nos hemos unido fotógrafos, periodistas, editores, el departamento de infografía y de diseño. Somos profesionales que, aunque podríamos trabajar en otra empresa, decidimos hacerlo aquí porque creemos en el proyecto inicial del diario público. Estamos convencidos de que es indispensable, necesario y urgente instaurar otro tipo de periodismo en el país. Un periodismo que, entre otras cosas, no sacralice a la información oficial y que no responda a ningún interés hegemónico.
Un periodismo que contribuya a la construcción de la esfera pública. Que visibilice las realidades de una sociedad tan compleja y diversa como la nuestra. Lo hacemos sin ninguna presión, sin ninguna afiliación política y sin más interés que el de hacer un trabajo profesional.
Estamos conscientes de que el proyecto del diario público todavía se encuentra en una etapa muy temprana y que necesita de un proceso de maduración. Sabemos que concebir así al periodismo implica dar un giro de 180 grados en la forma de entender a este oficio. No solo desde la perspectiva de los mismos periodistas -la mayoría formados en la práctica de medios privados-, sino también desde la del público lector, cuya única alternativa a la agenda de los medios tradicionales se reducía a la crónica roja, al mundo visto desde lo político o lo económico y a contenidos de farándula. No desconocemos la importancia de esta visión del periodismo y el papel que ha jugado. El periodismo público no es la panacea, pero si un esfuerzo en la búsqueda de encontrar nuevas rutas hacia la verdad, abriendo el debate y generando cambios.
Este cambio debe también ser comprendido por quienes de una u otra forma contribuyen a que el proyecto pueda llevarse a cabo. Un verdadero periodismo público no puede estar comprometido con los auspiciantes de un medio y mucho menos con alguna institución estatal. Un diario público, aún cuando se financie con fondos contemplados en el Presupuesto General del Estado, no se constituye de ninguna manera en una vocería gubernamental, sino en el espacio de los ciudadanos. En última instancia, la misión del periodista que trabaja en un medio público, es de dar voz a los que no la tienen.
De ahí que para nosotros tenga sentido el trabajo que hace El Telégrafo.
En secciones como Retrato, Diversidad, Zona Ciudadana, Sociedad, el Portafolio Gráfico o las entrevistas del Fin de Semana, encuentran voz aquellos personajes anónimos que construyen al Ecuador desde su quehacer diario. Las ediciones de Séptimo Día dan prioridad a géneros como la crónica y el reportaje, a través de los cuales se da cuenta de realidades desconocidas pero igual de importantes. El espacio que en el diario se ha reservado para la Cultura nos recuerda que las sociedades se definen mejor a través de su producción material intangible, porque en ella se revela lo más profundo de quienes las componen. También la sección económica abre un espacio para las iniciativas comunitarias y nuevos emprendimientos; no se detiene en el anuncio oficial de las propuestas, sino que trasciende a las necesidades y a la búsqueda de soluciones.
La página editorial es la muestra palpable del respeto a la diversidad de opinión y pensamiento. Algo similar pude decirse de Sociedad, Quito Metropolitano y Metrópoli Guayaquil.
Todas estas reflexiones vienen al caso debido a que, en los últimos días, hemos conocido de un proyecto que desde las altas esferas del Gobierno se piensa implementar, amparado por El Telégrafo, por ahora con el mismo presupuesto, y presumiblemente con los mismos recursos humanos, pero ya no con la visión del medio público, sino con la de un medio gubernamental.
Como profesionales esto nos preocupa, porque hasta ahora el Gobierno ha dado muestras de respetar el trabajo sin interferir con imposiciones de agenda o de otro estilo. Pretender construir un nuevo medio sobre las aún inacabadas bases de un proyecto inédito de periodismo público, es echar tierra sobre él; es enterrarlo.
Cerramos esta carta pública a la espera de una reflexión. De haber nuevos medios gubernamentales, éstos deben tener otro espacio y otra conducción, porque su fin no es del medio público, El Telégrafo. No mezclemos un proyecto histórico con un deseo coyuntural; porque se estaría acabando con las razones por las cuales en principio le apostamos al diario en el que trabajamos.
Como Redacción El Telégrafo, seguimos firmes voluntaria y profesionalmente en torno del diario público. Lo hacemos con la convicción de que al final la verdad nos hará libres.

La Redacción de Diario El Telégrafo

Ecuador, 28 de enero de 2010.
Este artículo fue respaldado y pagado por 63 firmantes

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Los columnistas del Diario El Telégrafo a sus lectores en una carta abierta:
Quito, 27 de enero de 2010
Señores Junta de Accionistas de Diario El Telégrafo
Señores Miembros del Directorio de Diario El Telégrafo
C.C.: Rubén Montoya Vega, director de El Telégrafo
Carol Murillo Ruiz, subdirectora

La historia ecuatoriana, así como la de muchas sociedades contemporáneas, registra la importancia de los medios de comunicación y del periodismo como espacios de construcción del discurso y el debate públicos. Podemos decir que, a la par de la cultura política, responsable del modo de organización social, se ha desarrollado una cultura periodística, responsable del modo de entender las relaciones sociales.
En el Ecuador, la cultura periodística -cuyos elementos vertebradotes son: propiedad, condiciones de producción y prioridades informativas de los medios- se ha desarrollado exclusivamente en el ámbito de los medios privados. Por ello, la creación de medios públicos ha sido una de las iniciativas más acertadas del actual Gobierno en la gran tarea de diversificar y democratizar la oferta informativa y devolver a ésta su condición de bien público.
No obstante, el desarrollo y consolidación de los medios públicos tienen como condición indispensable su independencia informativa respecto del poder político. Cualquier decisión o iniciativa que tienda a vincular a estos medios con actividades de promoción y difusión del gobierno de turno supondría un retroceso, no solo en la cultura periodística sino también en las posibilidades de democratización del espacio mediático en el país.
En las últimas semanas ha trascendido, por diversos espacios informativos, la intención de algunos funcionarios del Gobierno Nacional de crear un órgano de difusión oficial que, valga recordarlo, no es ni remotamente lo mismo que un medio público. En principio, ese no es el problema, puesto que el Gobierno está en su derecho de informar sobre su desempeño y el de sus funcionarios. El problema radica en que ese medio nacería, como lo han advertido varias fuentes, cobijado bajo la infraestructura de diario El Telégrafo. Esta cercanía de hecho entre un medio público y un órgano de difusión y propaganda oficial podría comprometer el proceso y afectar notablemente las posibilidades de consolidación de diario El Telégrafo como medio público.
De este modo, la sociedad recibiría un mensaje contradictorio sobre la naturaleza y los alcances del proyecto de medios públicos y podría interpretar que el mismo Gobierno que abrió la posibilidad de construir un espacio de discusión e información desde el interés de ciudadanos y ciudadanas, ahora pretende manejar y controlar esos mismos medios que contribuyó a crear. Adicionalmente, en el marco de la campaña instrumentada en contra de la regulación de la actividad de los medios de comunicación, este mensaje, con seguridad, será capitalizado a su conveniencia -es decir de modo perverso- por los medios privados.
Por ello, quienes colaboramos con El Telégrafo, desde una posición crítica e independiente del poder político, expresamos nuestra preocupación por este proyecto que, según información de dominio público, está próximo a concretarse. Expresamos, además, nuestro apoyo a la existencia y consolidación de medios públicos, como El Telégrafo, orientados a ofrecer información periodística al servicio del interés ciudadano antes que del gubernamental.
Firman 34 columnistas de diario El Telégrafo

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