domingo, 5 de septiembre de 2010

Rosental Alves: "Los medios deben aparcar su arrogancia"

Rosental Calmon Alves, consultor digital de medios y catedrático de periodismo, escuchó la expresión "revolución digital" por primera vez en el año 1987 y se dijo: "Este es el camino". Gurú iberoamericano del periodismo en la Red, el clarividente periodista y catedrático brasileño desentraña las claves de lo que se nos viene encima: lo que él llama el ecosistema de medios
Por: Joseba Elola
Alves es un gurú en plena crisis existencial. A sus 58 años, tras una década epatando a sus audiencias, tras años de labor "evangelizadora" entre periodistas escépticos ante los formidables cambios que vaticinaba, se encuentra con que la revolución digital ya está aquí. Cada vez quedan menos escépticos que arqueen las cejas durante sus conferencias. "Estoy muy acostumbrado a hablar con dinosaurios. Pero ahora los dinosaurios ya se dieron cuenta de que si siguen en Jurassic Park, van a extinguirse", dice este brasileño afincado en Tejas que habla un español perfecto con leve acento mexicano. Bueno, un momento: estas palabras las pronuncia el señor Rosental Calmon Alves, gran teórico del periodismo en red, mayúsculo gurú iberoamericano del advenimiento de la cosa Internet, hombre adelantado a su tiempo que en 1987 escuchó por primera vez al profesor Andrew Lippman pronunciar las palabras "revolución digital", y se dijo: "Este es el camino".
Sí, fue en 1987. Al joven Rosental le llamaban Rosentélex por sus inclinaciones tecnológicas. Su primera computadora portátil, recuerda, data del año 1983. Pues bien, fue en 1987 cuando, como estudiante en la Universidad de Harvard, oyó las dos palabras mágicas pronunciadas por Lippman, profesor del prestigioso MIT, el Massachusetts Institute of Technology. Cuatro años más tarde, Alves creaba en su Brasil natal una web para brokers. Y en 1995, como miembro del comité directivo del Jornal do Brasil, lanzaba la primera edición electrónica de este periódico centenario que, esta misma semana, ha dejado de imprimirse en papel para convertirse en diario exclusivamente accesible en línea.
Consultor de empresas de comunicación a lo largo y ancho del mundo para el desarrollo de nuevos medios, es presidente de la red de cátedras de Comunicación de la Unesco y organiza todos los años uno de los foros más calientes del periodismo en línea, lugar donde se atisban las nuevas tendencias, punto de encuentro de profesionales de todo el mundo: el Simposio Internacional de Periodismo Online de la Universidad de Tejas.
Cómodamente sentado en un sofá del hotel Lisboa Plaza, adonde acude para participar en una conferencia, Alves carraspea y empieza a hablar de un cambio de paradigma total. Vivimos en la sociedad del prosumer, o sea, del productor-consumidor de contenidos, explica. El consumidor ya no es un ser pasivo que recibe la información empaquetada por otros. La información ya no circula en paquetes cerrados, sino en unidades abiertas, en flujos que se distribuyen por la Red. Nos enfrentamos a una lógica totalmente distinta de la de la sociedad industrial.

Y esa nueva lógica, ¿adónde nos conduce?
Yo soy ciberentusiasta, pero no soy un ciberutópico. La creación de la sociedad en red abre camino a una democratización de la información como nunca se pudo imaginar. Fenómenos como la Wikipedia, el movimiento open source -código abierto, software distribuido gratuita y libremente-, las redes sociales, o el e-gobierno, o sea, la transparencia de los gobiernos que se impone poco a poco, nos conducen a una democratización mayor, hacia un mundo mejor. Pero también hay un lado siniestro, oscuro: la utilización de todos estos mecanismos para evitar esa democratización. Estos mecanismos pueden ser usados para el bien y para el mal.

Los periódicos desempeñaron y desempeñan un papel de control de poder, capitanean el periodismo de investigación. En la medida en que el papel vaya convirtiéndose en algo residual, ¿se mantendrá ese periodismo?
Yo creo que sí. El capitalismo es lo suficientemente dinámico, flexible y adaptativo; y la existencia de una prensa libre es tan importante en la sociedad que soy optimista, vamos a encontrar una fórmula de mantener este papel del periodismo libre e independiente. Pero será distinto. Espero que sea mejor, incluso. Estamos atravesando una revolución con muy pocos precedentes históricos, es comparable con la que produjo Gutenberg. Pero una revolución no es rápida, está llena de procesos evolutivos complejos. El periódico impreso no se va a acabar de un día para el otro.

¿Cuándo se acabará?
No sé. No tengo una bola de cristal, pero creo que los periódicos en papel seguirán existiendo en 2020. El papel será una parte secundaria de una plataforma digital multimedia fuerte. Viviremos en un ecosistema de medios completamente diferente. En la era industrial no es que no hubiera información, pero estaba muy centralizada. Hubo un diluvio digital fortísimo que está inundando y creando caos, desorganizándolo todo, pero también creando la base biológica del nuevo ecosistema, donde están naciendo una enorme cantidad de nuevos organismos. Estamos pasando de los medios de masas a la masa de medios. Pasamos del sistema media-céntrico al yo-céntrico, donde el individuo se transforma en un microorganismo al tener el poder de comunicarse, de intercambiar información, de redistribuir, de mezclar cosas, de hacer sus propios vídeos y colgarlos para que los vean miles de personas. El periodismo va a sobrevivir a eso, pero de una forma diferente. Cuanto antes pueda adaptarse, mejor.
Alves tiene un carrete que da gusto verlo. Arranca a hablar y emerge el conferenciante que habita en él. Hombre inquieto, da la sensación de que le incomoda un momento de silencio o un instante de inactividad. Es de los que no paran. Confiesa que siempre le gustó hacer varias cosas a la vez. "Siempre fui un workaholic [adicto al trabajo]", dice, y le brillan esos ojos negros y despiertos que tiene.
Su carrera como periodista arranca cargada de rimas. "Rosental, reportero policial de O Jornal, ¿tudo legal? [¿todo bien?]". Era su frase cuando hacía la ronda de llamadas a todos los distritos policiales de Río de Janeiro para ver cómo andaba la cosa. Así empezó, a los 16 años, de la mano de su primo, como reportero de sucesos del Jornal do Brasil. Ya por aquel entonces se tiraba horas y horas trabajando en el diario. Como periodista, ha pasado por todo. Fue corresponsal en México, donde escribió sobre las redes del narcotráfico; fue corresponsal en Madrid, en el año 1978... Todo esto antes de abrazar la revolución digital y empezar a recorrer mundo con su labor evangelizadora.
Se muestra muy esperanzado con la emergencia de nuevos microorganismos. Le interesa particularmente la fuerza que en Estados Unidos está tomando el periodismo sin fines de lucro. Señala iniciativas online como la del Texas Tribune: preocupado por la ausencia de periodismo de investigación, un mecenas puso un millón de dólares -776.000 euros- sobre la mesa y recaudó otros tres millones más -2,32 millones de euros-, además de conseguir contribuciones de más de 1.500 personas que aportaron 90 dólares -70 euros- de media cada una. Con ese capital, puso en marcha un equipo de primer nivel y creó una unidad de periodismo caro y de calidad. "Este tipo de iniciativas complementarán al periodismo con fines de lucro en el nuevo ecosistema", asegura. Habla del Voice of San Diego, que creó un brazo de periodismo de investigación sin fines de lucro; y por supuesto, de Propublica, la exitosa iniciativa liderada por el ex Wall Street Journal Paul Steiger que se hizo con el último Premio Pulitzer de periodismo de investigación.
También confía en las posibilidades del llamado data driven journalism, el periodismo que busca en grandes bases de datos. "El acceso instantáneo a bases de datos, por ejemplo, de los gobiernos, nos permitirá ver cómo es administrado el dinero público", ilustra, "esa es una de las conquistas de la democracia moderna, y lo va a ser cada vez más".

Los periódicos, en su gran mayoría, parecen replicar sus contenidos tradicionales en la Red, reproducen la lógica del papel. Da la sensación de que el lenguaje de Internet está aún por descubrir, que seguimos muy atados a la era Gutenberg.
Sí, el lenguaje de Internet está por descubrir; o está por juntar todo lo que se descubrió. Pero no son los periodistas los que van a descubrir el lenguaje de Internet, son los usuarios. En el sistema media-céntrico del pasado, los descubrimientos los hacían los medios, que creaban productos y los probaban para ver si funcionaban o no. Ahora es la Red quien tiene el poder de la innovación. Las empresas de comunicación están siguiendo a la gente, no es al revés. Lo que se crea en las redes sociales, la producción de los aficionados, los blogs, determinan lo que está por venir. La principal diferencia entre Google y los medios convencionales es que Google trabaja a partir de la perspectiva del usuario; y las empresas de medios trabajan desde la perspectiva de los productos. Diseñan productos y acuden al usuario para preguntarle: "¿Cómo puedo mejorar mi producto?", en vez de ir directamente a ver qué es lo que está haciendo el usuario, cómo reacciona, qué produce y qué consume. Es una lógica nueva, y pienso que la innovación y el nuevo lenguaje van a salir de allí.

Crear redes sociales alrededor de los medios, como ha hecho El País, que acaba de poner a caminar su propia red social, Eskup, ¿forma parte de esa nueva lógica?
Claro que forma parte, es intentar adoptar esa lógica. Pero, una vez más, en eso, los medios llegamos tarde. Véase la fuerza que adquiere un medio como Twitter, y en lo que se ha convertido en dos o tres años. Los medios tradicionales van a seguir llegando tarde porque no consiguen romper la dificultad de la innovación. En primer lugar, porque tienen muchos compromisos con el statu quo: la primera preocupación de un periódico es no canibalizar el papel, por ejemplo. Eso supone una gran limitación. ¿Acaso es mejor que otros canibalicen en vez de canibalizarse uno mismo? Esta es la receta para un suicido: si alguien va a canibalizar tu producto, mejor que seas tú mismo el que lo haga. Los medios están sufriendo los efectos de unas tecnologías disruptivas, una ruptura tecnológica que afecta profundamente a su actividad. Es necesario tener una distancia para poder actuar con fuerza. Hace unos días almorcé con el editor jefe de uno de los principales periódicos de Estados Unidos y le pregunté: "Cuando hablo con directores de medios de países donde aún no se ha producido esa ruptura, ¿qué consejo debería darles?". "Que crean, lo primero, en la web", me dijo. "Que no tarden tanto como nosotros en entender que el futuro es digital y que, aunque no haya ganancia ahora, es necesario aprovechar mientras todavía los medios tradicionales dan dinero para aplicar una parte sustancial de este dinero a los medios digitales. Que entiendan la tecnología y que tengan más tecnólogos en el equipo".

¿Caminamos hacia un futuro de periodistas-programadores? La sección de tecnología de The New York Times tiene una gran reputación por su equipo de programadores...
Sí, The New York Times tiene un equipo de 10 personas en el departamento de noticias interactivas. Todos muy jóvenes, y la mayoría de ellos con formación de programadores. Pero más allá de eso, The New York Times es un periódico en el que, hace poco más de un año, el editor jefe dijo: "Ya no somos más una empresa de periódicos, somos una empresa de tecnología". Hay que entender que la revolución digital está transformando productos en plataformas. Un periódico es una plataforma digital. Y tiene que ser entendido de esta manera, como un automóvil, que ya no es más un auto, es una plataforma digital móvil que transmite y recibe información todo el tiempo de forma digital. Será así cada vez más, el auto va a manejarse a sí mismo, apretaremos un botón y diremos: "Quiero ir a casa". Y el auto te llevará a casa.
Queda tiempo para picar algo rápido antes de la conferencia y optamos por el bufé del hotel. Alves apuesta por un arroz con carne y espinacas. Acaba de empezar una dieta que le ha prescrito su médico, pero llegados los postres, no puede sustraerse a los encantos de un delicioso pastel de nata. Cuenta que le inquietan los movimientos que hay en la Red dirigidos hacia el pago de contenidos. "Hay un peligro de que los años dorados de una web libre terminen", se lamenta.
Se muestra confiado con respecto a la publicidad: "En los próximos tres años va a crecer la publicidad online. Se acaba la conspiración de la publicidad barata en la Red. Online, se llega a más gente", dice. Y se despide a lo grande: "Los medios tradicionales tienen que aparcar la arrogancia de las últimas décadas. La arrogancia del poder que da tener las llaves de la puerta. Los medios tienen que abrazar la revolución digital y aceptar que los individuos se apoderen de la Red, intentar sobrevivir en el nuevo ecosistema. La información pasa a ser algo abierto, ya no es una información final, como antes, que se cierra y se publica. La información pasa a ser un proceso dinámico en la búsqueda de la verdad".

De frente y perfil
Rosental C. Alves, 'gurú digital', brasileño, 58 años.
Lleva años trabajando como consultor en medios de todo el mundo para asesorarles en su tránsito hacia el mundo digital. Director del Knight Center for Journalism in The Americas en la Universidad de Tejas. Organiza en Austin el Simposio Internacional de Periodismo Online, foro en el que se analizan todas las últimas tendencias.
En vanguardia: creó en 1991 el primer servicio de noticias online brasileño para brokers y la primera edición digital de Jornal Do Brasil, del que formó parte como miembro del comité directivo.
Su pronóstico: La publicidad entrará con fuerza en los medios digitales en los próximos tres años e insuflará el aire que necesitan.
Él: Tiene cuatro hijos y es un adicto al trabajo total: su tiempo libre lo dedica, dice, a navegar por Internet.

Foto:
Miguel R. Fernandes
Fuente: Diario El País

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