jueves, 3 de julio de 2008

Historia

Por: Alejandro Wall
Veía el otro día el plenario de presidentes del Mercosur donde algunos son más simpáticos que otros, más allá de que no confío en ninguno, porque así soy: desconfiado. No importa.
Pensaba mientras escuchaba -dos acciones que puedo realizar a la vez sin problemas- que cada uno de los que estaban ahí tenía una historia en sus espaldas.
Sin entrar en cómo terminaron una vez que tomaron el poder, en las barbaridades que hicieron después, uno podía ver a Lula, un obrero, líder sindical, perseguido por la dictadura, con varias luchas encima -y algunas muchas agachadas-; a Evo, indígena, pobre y cocalero, dirigente de los oprimidos por las minorías blancas bolivianas; a Hugo, militar, soldado sublevado, bolivariano; a Tabaré, médico, socialista, frenteamplista, hincha de Progreso; a Michelle, madre, divorciada, socialista, perseguida por Pinochet -"una quebrada", me dictan. A Nicanor no lo ví y total qué importa si ya se va.
Y llegué a Cristina. Cristina. Sí, Cristina. La historia de Cristina. ¿Tiene historia Cristina?
Qué difícil debe ser tener que reinventarse, no poder contar que te enriqueciste durante la dictadura militar; que hacías negocios mientras tus compañeros desaparecían; que elogiaste una década que ahora denostás; que nunca estuviste, como dijo Néstor; que miraste para otro lado con los indultos. La historia de Cristina está hecha desde el poder. De ahí, de inventarte un pasado, ¿cómo se vuelve? ¿Tu pasado no habla de vos? ¿Se puede manipular un pasado, ocultarlo? ¿Será por eso este gobierno? Digo.

Vía Parediario

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